La historia me pertenece pero los personajes que aquí se presentan son propiedad de Stephanie Meyer, yo sólo los adapto en mi historia.
Capítulo X
Capítulo beteado por: Pichi LG
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Una vez dentro, y pasado el vergonzoso momento que al parecer causaba la diversión de Edward, me digné a hablar.
—Conduce, Cullen —dije fingiendo sonar molesta por su burla hacia mí.
Edward soltó una carcajada y encendió el auto, tan pronto como estuvo prendido arrancó; me giré en mi asiento hacia Marie, quedando mi espalda recargada en la puerta.
— ¿Y cómo te fue en la escuela, pequeña? —le pregunté a Marie, quien no había dejado de sonreír desde que había salido de la escuela.
—Muy bien, hoy en el recreo Aaron me regaló un chocolate, dijo que me daría uno siempre que su mamá le pusiera uno en su lunch —Edward soltó un gruñido bajo, y yo solo me reí quedamente. Probablemente era un padre celoso y sobreprotector—. Y cuando regresamos del recreo, la Señorita Ryder nos dijo que hiciéramos un dibujo de nuestra familia, y Adam compartió sus colores conmigo. Si quieres puedo enseñártelo cuando lleguemos a casa. —Terminó de decir Marie, aunque su historia me dejó confundida por lo que indagué—:
— ¿Adam? Creí que habías dicho… ¿Aaron? —pregunté no muy segura de recordar el nombre del niño que le había obsequiado el chocolate.
—Sí, dije Adam, él es otro niño de mi clase —respondió haciendo un ademán con la mano para restarle importancia a lo que decía, ese gesto que me recordó a un chica bajita con rasgos de duende. Seguramente de tanto convivir con ella se le habían pegado algunos de sus gestos habituales. Marie sería igual a su padre, sería una rompecorazones, Edward tendría un trabajo de tiempo completo: 'Evitar que los niños mancillaran a su pequeña'.
— ¡Oh! —No sabía qué más podía agregar, no después de que rememorara a mi mejor amiga. Edward notó el cambio en mi humor pero no mencionó nada, y agradecí por ello. Pasados unos cuantos minutos, entramos a un pequeño estacionamiento, Edward aparcó el auto y salió, esperé a que abriera mi puerta, como siempre hacía, y una vez fuera, cerré la puerta cuidadosamente. Esperé a que terminara de desabrochar el cinturón de Marie para que ella saliera y pudiésemos entrar al edificio.
Cuando empezamos a caminar, Marie tomó la mano de su padre y así hicimos el recorrido, subimos una pequeña escalinata y entramos por una puerta que daba al vestíbulo del edificio. Edward saludó al conserje y caminamos hacia el ascensor, yo sólo lo seguí en silencio. Una vez dentro del elevador, presionó el botón trece, que parecía ser el último piso. Miré hacia el borde superior de las puertas, en donde se encontraba el marcador de los pisos que íbamos pasando.
Una vez que llegamos, salí del ascensor y esperé que Edward me señalara el camino, aunque me di cuenta de que eso no era necesario porque en el estrecho corredor sólo había una puerta. Las paredes del corredor eran un poco más altas que las habituales, aunque desconocía la razón.
Edward se adelantó un poco y abrió la puerta, Marie entró corriendo mientras yo caminaba más tranquila, pero antes de entrar completamente, tomé mi tiempo para salir del asombro.
Justamente al frente de la entrada se hallaba una sala compuesta por un sillón largo de piel negro y dos sillones individuales del mismo tono, todos ellos rodeando una mesita de centro que resaltaba la modernidad del lugar. A un lado de la sala se encontraba un piano de cola igualmente negro, la pared tenía un enorme ventanal que se extendía hacia arriba acaparando dos pisos, eso era lo único que veía desde mi posición.
Cuando ingresé completamente pude tener una perspectiva de todo el apartamento, el cual bien podría doblarle el tamaño al mío. Era de dos pisos que se unían por unas escaleras modernas, colocadas estratégicamente en el centro, a la izquierda de ellas se podía observar una puerta blanca, que podría tratarse de una habitación cualquiera; a la derecha de las escaleras estaba una cocina muy sofisticada que se separaba por un desayunador, con tres sillas justo detrás de él, y delante de la cocina se encontraba un comedor para seis personas.
Seguí recorriendo con la vista el espacio en el que me encontraba, había un pequeño palco, al cual se accedía por una puerta ubicada justo en una de las esquinas del alojamiento, a un costado del hermoso piano.
La segunda planta tenía una balaustrada con líneas horizontales de metal y estaba compuesta por tres cuartos, dos de ellos, pude notar, tenían sustituidas las paredes delanteras por una especie de ventanal con persianas; las puertas de ambas se encontraban una junto a la otra.
La puerta del que parecía ser un estudio, por el enorme librero que se asomaba de entre el vidrio con las persianas recorridas, estaba en el extremo derecho. La puerta del siguiente cuarto estaba de lado izquierdo pero, a excepción de este, tenía las persianas entreabiertas, por lo que no supe a qué estaba destinado ese cuarto. La última puerta estaba al centro, y contrario a los dos cuartos anteriores, tenía paredes de concreto pintadas de un color arena, demasiado claro, los bordes inferiores como en toda la casa estaban pintados con un tono marrón, para hacer contraste. Todas las puerta al igual que la de abajo eran blancas.
— ¡Oh!, no imagino el valor de este lugar —dije más para mí misma, pero no contaba con que Edward lo escuchara.
—Es un regalo de Esme y Carlisle. Al inicio me negué pero al final terminaron convenciéndome, dijeron que era lo menos que se merecía su única nieta —dijo encogiéndose de hombros. Yo sabía cuán extravagantes podían ser los Cullen con sus regalos, recuerdo que en mi último cumpleaños me regalaron un Mercedes que, por las circunstancias, había tenido que dejar en Forks.
—Tiene una hermosa vista —dije acercándome al enorme ventanal, podía ver todo el Golden Gate Park y eso me encantó enormemente.
—Eso es lo mejor de este lugar —agregó asintiendo, dándome la razón. Noté que sonreía mirando hacia un lugar no específico. En ese momento, un torbellino tomó mi mano y jaló de mí en dirección a las escaleras.
—Sígueme, Bella. Tengo tantas cosas que enseñarte en mi cuarto… El abuelo Carlisle y la abuela Esme me regalaron un juego de té, si quieres podemos tomar un poco antes de comer… Coffee estará encantado de conocerte, es muy amigable, ya lo verás, le he hablado de ti mientras estabas aquí abajo —parloteó alegremente esa niña con rostro de ángel mientras me veía arrastrada por ella.
—Empezaré a preparar la comida, las llamaré en cuanto esté lista —dijo Edward antes de que llegáramos a las escaleras—. ¿Te sigue gustando el pescado, Bella? —preguntó. Me giré hacia él y asentí.
—Bien —dijo Edward y se dirigió a la cocina.
Comenzamos a subir las escaleras, para después caminar hacia la segunda habitación, las persianas daban una parcial vista del lugar. No fue hasta que entramos que pude observarla en su totalidad, era un cuarto con paredes pintadas de un rosa muy tenue resaltando los bordes con el mismo color pero con un tono más elevado, había una cama individual con una colcha de princesas, sobre ella había varias almohadas de distintos tamaños y formas. A la derecha se encontraba una mesita de noche con una lámpara, y pegado a la pared había un pequeño escritorio con algunos libros y colores regados sobre él, y un cesto de basura.
En el extremo opuesto había una puerta, no sabía con certeza si era una baño o una entrada a la habitación contigua, justo a un lado de la puerta había un armario e inmediato a este se encontraba un mueble no muy alto con diferentes compartimentos destinados a los juguetes; delante de él, había una mesa de té, con algunos muñecos sentados en una sillas que rodeaban a la misma.
A excepción de su escritorio, todo se encontraba prolijamente en orden, en las paredes sólo había algunas fotografías y unos cuantos dibujos pegados. Me acerqué a observarlos mejor y noté lo buena dibujante que Marie era para su edad.
—Ese dibujo de ahí es el que hice hoy en la escuela —dijo Marie, quien se había aproximado a donde yo estaba y señalaba uno de los tantos dibujos que estaban ahí. Me acerqué y mientras lo hacía recordé que ella había mencionado que ese dibujo era su familia, y la curiosidad me carcomió, pero no esperaba lo que estaba presente en el dibujo.
—Es papá, mamá y yo —explicó señalando a cada integrante mientras lo mencionaba, pero lo extraño del dibujo era el personaje que estaba representando a su mamá, pues este había sido sustituido por un ángel.
— ¿Por qué has dibujado a tu madre como un ángel? —le dije señalando en la imagen a quien yo hacía referencia.
—Porque mi mamá es un ángel. Papi me dijo que cuando yo estaba pequeña mamá murió y en el momento en que lo hizo subió al cielo y ahora es un ángel —Su mirada se había vuelto melancólica y me golpeé mentalmente por ser tan desconsiderada.
—Ahí es a dónde va la gente buena —dije sonriéndole y abrazándola delicadamente—. Tu mami siempre te vigila desde allá arriba, es tu ángel guardián, cariño —Finalice dándole un beso en el tope de la cabeza.
Un carraspeo interrumpió el momento, ambas nos giramos hacia dónde provenía y encontramos a Edward recargado en la puerta, mirando a Marie con tristeza, tenía que hacer algo para eliminar ese sentimiento de las miradas azul y verdina.
—Marie… —llamé— Terminando de comer, ¿quieres ir al parque? Podemos comer helado y jugar.
Asintió energéticamente respondiendo a mi cuestionamiento, su sonrisa nuevamente surcaba en su rostro y me felicité por arreglar las cosas, ya que había hecho una metida de pata enorme.
—Creí que aún había reservas en el refrigerador, pero había olvidado que hoy haría las compras, así que… ¿por qué no vamos a comer fuera? —propuso Edward cuya tristeza había desaparecido de su mirada y ahora sólo mostraba alegría y amor hacia su pequeña.
— ¡Sí! —gritó Marie antes de correr y abrazar a su padre. Edward la levantó y le plantó besos por toda la cara, provocando la risa cantarina de Marie.
Esperaba no volver a cometer una equivocación como la que había tenido con Marie, pero eso sólo había ocasionado que miles de pensamientos corrieran por mi mente… ¿Cómo había fallecido Tanya? ¿Tanya tenía que ver con lo que Edward me había dicho, en el parque, que me aclararía?... Tendría que hablar pronto con él.
Edward nos llevó a un local de pizza, nunca lo había visitado pero realmente eran de las mejores que había probado. Después de comer nos habíamos dirigido al parque donde compramos el helado que le había prometido a Marie.
— ¿Cuál es tu sabor favorito, Bella? —preguntó Marie mientras saboreaba su helado.
—Chocolate —dije sin pensar mucho en la respuesta, y antes de que pudiera preguntarle por su preferencia al helado, dio un gritito.
— ¡También es mi favorito y el de papá! —dijo sonriéndome.
—Tal vez algún día te llevé a un local donde está el mejor helado de chocolate del mundo —le sonreí de vuelta.
—Me gustaría… ¿A ti no, papá? —habló volteando a ver a Edward que sólo la observaba con adoración.
—Claro, cariño, un día de estos —le respondió. Tomó un mechón de su cabello que se había salido de su lugar y lo colocó detrás de su oído.
Después de que Marie terminara con su helado, corrió hacia los juegos infantiles, nosotros sólo nos quedamos en un banca donde podíamos vigilarla. Era una niña muy extrovertida, les hablaba a los demás niños que se encontraban ahí sin temor a ser rechazada.
Me encantaba esa etapa de la vida, en la que no tenías que preocuparte por nada, ni por un desamor ni por tener que preparar la cena a tu familia, absolutamente nada de qué preocuparse. Era lindo ver que ella estaba disfrutando mucho su infancia, y que a pesar de no tener a Tanya tenía a su padre, que la amaba infinitamente, cualquiera podía darse cuenta por la forma en que la miraba.
Era en este momento en el que agradecía a la familia Cullen, ellos siempre me incluían en sus planes. Carlisle y Esme nos llevaban de día de campo, jugaban con nosotros en el parque o me invitaban a cenar, siempre estaba incluida en sus planes.
Con Renée viajando todo el tiempo y con su fría actitud hacia mi, jamás pudimos hacer algo juntas. No tenía a nadie más de sangre directa, sólo Emmett, pero él no podía darme la figura paterna que yo esperaba pues sólo era dos años mayor y mi padre nos había abandonado antes de que yo naciera.
Emmet había convivido con él durante su primer año de vida, pero era poco probable que tuviera recuerdos de él. La razón por las que nos había abandonado era porque tenía una amante, según el testimonio de Renné. Jamás me había dado por buscarlo, si él había decidido hacer su vida y no se había preocupado por conocerme, creo que lo menos que podía hacer era mantenerme al margen.
—Estás muy pensativa —señaló Edward. Me giré para mirarlo y tenía el ceño fruncido—. ¿En qué piensas?
—En la nula relación con mi padre, jamás lo conocí pero, bueno… tú sabes eso —Regresé la vista al frente—. Me hubiera gustado que algunos de mis consaguíneos hubieran sido igual que tú con Marie, es una niña muy querida, además, agradezco enormemente a tus padres por tratarme como una hija más. No sé qué hubiera sido de mi sin todos ustedes. —Miré hacia donde estaba Marie, hablaba con un pequeño de cabello rubio.
Sin esperarlo, Edward me abrazó y me susurró al oído, provocando un escalofrío.
—Siempre serás parte de nuestra familia —Me dio un beso en la sien y continuó—: ¿Sabías que Esme esperó estos siete años por ti?... En Navidad siempre colocaba un plato extra —Eso no hizo más que hacer que me sintiera culpable y Edward lo notó—. Pero no te preocupes, ella jamás te culpó por nada, no estaba enterada del trato que Renée te daba. Cuando ella fue a cuestionarla sobre tu paradero dijo que no sabía nada de ti y que era mejor así, que ya regresarías y que sólo tratabas de llamar la atención. Esme no entendía por qué Renée no mostraba la preocupación que ella sentía, así que tuve que decírselo cuando huiste, y desde ahí, mi madre no volvió a hablar con Renée. No podíamos contratar a nadie que te buscara porque mi padre estaba atado de manos, todos lo estábamos, la razón de eso es… —Fue interrumpido bruscamente por Marie, quien llegó a nosotros corriendo.
— ¡Papá! ¡Bella! Vamos a jugar —dijo tomando mi mano y la de Edward a la vez—. Bella, recuerda que prometiste jugar conmigo —hizo los ojitos como Alice lo hacía cuando quería algo.
—Ya tendremos tiempo para que pueda contártelo todo —murmuró Edward, mientras éramos arrastrados por Marie, quien estaba entusiasta por la idea de jugar todos juntos.
Hola chicas, aquí les traigo un capítulo más.
Como leyeron al principio este capítulo fue BETEADO por Pichi LG, es el primero, pero ella pronto me ayudara a mejorar los primeros. Le agradezco mucho por pulir este capítulo. Las lectoras merecen que los trabajos tengan calidad.
Espero les haya gustado. El próximo es un EPOV.
Déjenme sus comentarios de lo que piensan del capítulo o del fic en general.
Les agradezco a cada una de las lectoras, a las que me siguen y a las fantasma.
Quiero agradecer especialmente a Tata XOXO por dejarme, cada semana, un review.
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¿Reviews?
Nos leemos.
G.
