—Ni hablar— dijo, arrastrando la frase con furia. —Sobre mi cadáver.
Shaoran había colocado a Sakura detrás de él para interponerse entre ambos. Si pensaba que lo dejaría hacer lo que quisiera estaba muy equivocado y no lo conocía tan bien como afirmaba. Ni en un millón de años le entregaría a su Sakura.
El cielo sobre ellos comenzaba a cubrirse con nubes negras y algo les decía que eso no era algo bueno. Estaban enfureciendo a esa cosa.
No era como si a él le importara mucho en verdad, no estaba dispuesto a negociar la vida de su esposa. El precio que pedía era demasiado alto.
—No tienes elección Shaoran Li, no existe otra manera de salvar esta ciudad.
Sakura apretó el agarre de su mano con la de él, su expresión entre preocupada y asustada no ayudaba a calmarlo tampoco. No había dicho una palabra hasta el momento y se preguntaba en qué estaría pensando, qué opinaba de todo aquello. Aunque estuviera de acuerdo él jamás se lo permitiría, si era necesario la ataría a la casa.
— ¿Por qué?— la oyó y volteó a verla de pronto. Sus ojos verdes se habían apagado y deseó abrazarla con todas sus fuerzas para impedir que la idea calzara en su mente. Ella no lo miró. — ¿Por qué yo?
—Porque no hay nadie más en esta ciudad dispuesto a hacerlo.
— ¿Por qué dices que yo lo estoy?
—Porque conozco tu ser, y sé que no dejarías que esta ciudad y sus ciudadanos queden reducidos a nada.
Sakura bajó la cabeza. Entonces su esposo dio un paso al frente, en ese momento estaba furioso y solo quería llevar a su familia a casa para que descansaran. No tenía ánimos para estar escuchando las ridiculeces que le estaba diciendo esa criatura, por ende dio por finalizada la discusión.
—Si uno de los usuarios no accede entonces no hay conjuro que hacer ¿Verdad?
—No puedes negarte, no estoy preguntando si quieren hacerlo, tienen que.
—Por supuesto que no, y no lo voy a hacer, no pienso sacrificar a mi esposa— el cielo oscurecido chispeó, como si estuvieran crispándole los nervios.
—Ustedes no son únicos, puedo reemplazarlos sin problemas, si te niegas entonces no me sirves.
—Reemplázame entonces, porque no lo voy a hacer.
Nada más terminar esa frase el suelo bajo el castaño se quebró y lo obligó a saltar para evitar quedar enterrado vivo. Aferró su espada y aprovechó el movimiento para atacar a la luz que quería tomar la vida de Sakura. Una fuerza que no vio lo empujó hasta golpearlo contra el suelo.
— ¡No!— gritó la de ojos verdes.
Vio cómo capturaban a sus guardianes y a sus hijos en una cúpula de tierra que se levantó sobre ellos como un manto oscuro. A Ryu lo inmovilizó de manera tal que ni siquiera pudo mover un dedo, parecía una estatua de piedra. Los demás se quedaron en sus sitios, alertas a lo que vendría ahora.
—Tú no nos estás consultando— comenzó Eriol, tratando de mantener el tono calmado. —Eso está claro, pero ¿Quieres obligarnos a sacrificar a una persona importante para nosotros? Entiende que no nos parece justo.
— ¿Qué parte del hecho de que sacrificar a una sola persona en lugar de a miles es lo que no parece justo?— silencio. —Para mí tiene mucho sentido.
—Eres un maldito— murmuró Shaoran desde donde estaba. —Tú no saldrías perdiendo en absoluto.
— ¿Haría las cosas más justas si así fuera?
El líder del clan Li volvió a arremeter contra la criatura pero a medio camino su cuerpo se detuvo por si solo y se elevó por los aires como si fuera capaz de volar. Por más que forcejeara no era capaz de moverse para escapar.
— ¡Shaoran! ¡Déjalo!— clamó Sakura.
De la luz que vislumbraban surgieron varias ondas brillantes, como si fueran disparos atravesaron al joven, dejando un sinnúmero de heridas a su paso, no eran graves pero comenzaron a sangrar.
Sakura se cubrió la boca, desesperada, pero no podía moverse, tal vez por miedo o por influencia de ese ser horrendo, pero había quedado adherida al suelo donde reposaban sus rodillas.
"¡Levántate! ¡Vamos! ¡Arriba!" Se instó mentalmente, poco a poco se fue incorporando.
Recomiendo escuchar: "Taiketsu" OST de Sakura Card captor.
— ¡Viento!— invocó, utilizando su báculo. La carta trajo a su amado de regreso a sus brazos, estaba inconsciente. —Shaoran... háblame...
Para su alivio abrió los ojos y la miró, cansado y frustrado.
—No pueden desobedecerme— lo oyeron. —Soy yo quien los provee de magia, si yo no lo deseo no la podrán utilizar, yo manipulo todo poder mágico sobre la tierra. Ahora sean obedientes y acepten sus destinos.
De aquellas nubes negras cayeron cuatro cadenas negras a la velocidad de un rayo, iban directo hacia ellos. Las evadieron de un salto.
Llegaron a la conclusión de que era a ellos a quien perseguía y que no lastimaría a los demás si se apartaban de ese sitio. Las cadenas eran infinitas y trataban de atraparlos por cualquier lugar donde se escondieran.
Atsushi corría tan rápido como podía con Hiyoriko a cuestas. No sabía por cuanto tiempo resistían de esa forma pero no había manera de que lo dejara atraparla. Por desgracia, al saltar sobre un árbol para esquivar la cadena, este lo atrapo envolviendo sus ramas alrededor de su cuerpo y lograron atrapar a la joven por su antebrazo derecho.
Fue arrastrada hasta el suelo donde un resplandor surgió de donde la tenían aferrada. Gritó del dolor, sentía como si la quemaran con hierro hirviendo.
Eriol se protegió con escudos hasta que sus poderes fueron anulados también y no le quedó más remedio que huir como el resto de sus amigos. Sakura lo quiso ayudar hasta que percibió que la habían bloqueado.
A ella la atraparon varias cadenas por las extremidades y la obligaron a arrodillarse justo enfrente de la criatura.
Eriol también fue capturado por su antebrazo izquierdo y dejó escapar un sonido lastímero cuando lo alcanzó el dolor agudo, igual que a la jovencita que era un usuario.
Shaoran se estaba defendiendo únicamente con su espada en vista de que sus hechizos no funcionarían. Hasta que una cadena se enrrolló en esta y se la arrebató de sus manos. Luchó un rato más por evadir hasta que lo alcanzaron, envolvió su abdomen y lo desplomaron en el suelo.
Los habían capturado.
—No los lastimes— suplicó ella, aún obligada a permanecer de rodillas frente a aquel ser. —No les hagas daño...
—No está dentro de mis obligaciones... tan solo sebo asegurarme de que harán lo que les pido.
—No estás pidiéndolo...
—Realmente no me interesa lo que ustedes opinen, soy quien debe mantener el equilibrio entre la magia y el mundo normal, si esta ciudad es destruida faltaría a mi deber.
—Ya ha quedado claro que no podemos vencerte, solo libéralos y déjanos tranquilos...
Fin de la canción.
—No me iré hasta que aceptes tu parte Sakura Kinomoto— ella lo miró, con expresión temerosa. —Deberás sacrificar tu vida y entregarme tu humanidad junto con tu poder.
Como no recibió una respuesta imprimió el mismo ardor en Shaoran hasta hacerlo gruñir del dolor. Sakura se volteó y quiso acercarse pero las cadenas que la sujetaron la arrastraron al suelo. Lo miró, asustada y furiosa, pero el temblor de su cuerpo hablaba del miedo que estaba sintiendo.
— ¡Lo haré! ¡Haré lo que me pides! ¡Solo déjalo!
Una cadena negra atrapó su cuello y la marcó también, no la oprimía, pero su calor dolía como si la abrazara un fuego ardiente.
Detrás de ella, en su espalda, aparecieron un par de alas negras, idénticas a las que había visto tantas veces en sus sueños con Apola. Era la marca de ese endiablado ser que la estaba obligando a dar su vida. Las miró comprendiendo de pronto muchas cosas, todo ese tiempo la joven había querido advertirle sobre lo que pasaría.
—Sakura Kinomoto, esta es la prueba que tendrás que pasar: en tu corazón ahora albergas odio y miedo por lo que estoy pidiendo que hagas, por lo tanto, cuando yo regrese aquí para demandar lo que has aceptado hacer por tu pueblo y tu ciudad, has de haber corregido eso, si en verdad transformas tus emociones y aceptas el sacrificio con amor y esperanza estas alas se volverán blancas y puras y podrás cumplir con tu deber y yo con el mío— la joven, más que asombrada, estaba aterrada. —Sin embargo, si no lo haces, entonces estarás demostrándome que no eres íntegra de corazón y que no me sirves como sacrificio, de ser así no podrás fusionarte conmigo y esta ciudad será devastada.
Una vez que lo vieron desaparecer todos fueron liberados de sus ataduras pero no conseguían las fuerzas para luchar, no había forma de ganarle a esa cosa.
Sakura se dejó caer al suelo, agotada y llorando desconsoladamente. ¿Qué era lo que le habían hecho? ¿Se merecía aquel castigo?
Ryu acomodó a Teo en su cama luego de dejar a su hermana en la correspondiente. Los pequeños continuaban dormidos debido al enorme esfuerzo que habían hecho durante la tarde y, aún sorprendido, se dijo que debían estar más que exhaustos. Los ánimos en la residencia Li estaban algo decaídos desde que habían regresado para tratar las heridas del grupo. No habían hablado mucho entre ellos por esa misma razón.
Se habían despedido de Hiyoriko y Atsushi cuando se sintieron lo suficientemente bien para regresar a sus casas. Ambos lucían igual que ellos así que lo más probable fuera que se reunieran con la jovencita al día siguiente, conociendo a su amigo y jefe imaginaba que los reuniría para que conversaran acerca de lo sucedido. Estaba seguro que no se dejaría avasallar tan fácilmente y que buscaría la manera de que todo saliera bien sin tener que sacrificar a nadie.
— ¿Cómo se encuentran?— escuchó a sus espaldas, era Mei Ling.
—Están cansados, es normal, no tienen ninguna herida por suerte— le contestó dándose la vuelta.
— ¿Y tú?
—Solo hirieron mi orgullo hoy, no tengo nada más— vio cómo se acercaba a él e inmediatamente quiso abrazarla, se la veía preocupada.
— ¿Qué fue... eso? ¿Por qué pasó lo que pasó hoy?
—Supongo que Sakura será la más indicada para explicarnos lo que sucede, yo tampoco entiendo demasiado, todo este asunto de los cofres y del futuro de Tomoeda me parecía tan irreal, hasta el día de hoy al menos.
—Ella está sentada en el jardín, no ha dicho una palabra, me preocupa que quiera hacer una tontería— Ryu sonrió.
—Se nota que eres familiar de Shaoran, ese gran tonto ya está sacando conclusiones precipitadas encerrado en su estudio, lo que necesita Sakura ahora es que le den su espacio y un poco de paz, debe estar digiriendo la noticia que recibió hoy, o tal vez no ¿Quién sabe?
Y era así.
El castaño estaba deambulando por toda la habitación, controlando la ira que sentía en su interior. Tenía las emociones fuera de control y sentía cómo su magia respondía a la tribulación, por lo que se instaba a guardar la calma.
Lo cierto era que le estaba costando mucho. No asimilaba aún lo sucedido durante la tarde y, menos que menos, la noticia de que planeaban usar a su esposa a su antojo. ¡Ni en un millón de años se la entregaría! El pensamiento produjo un nuevo golpe a su escritorio, al menos la madera oscura era lo suficientemente fuerte como para resistir sus enojos. Respiró profundamente para serenarse, así tuviera que volverse loco encontraría la manera de que Sakura no tuviera que dar su vida, los hechizos no eran únicos y había un sinfín de ellos, alguno debía existir si buscaban como debía ser. "No la voy a dejar hacerlo..." se repetía, mientras revolvía cada estante de su biblioteca.
La joven de ojos verdes se recostaba sobre el lomo de Kero que aún no regresaba a su forma de muñeco amarillo. Le acariciaba el pelaje dorado sin mucho ahínco en vistas de que estaba absolutamente deprimida. Habían sido muchas emociones y no estaba siendo capaz de digerirlas, de hecho había llorado un par de veces ya y era su guardián quien la animaba. Ella lo abrazaba como si fuera lo único que podría consolarla.
Le habían dicho que si no hacía algo Tomoeda y sus habitantes serían destruidos. Le parecía tan ridícula la idea, ridícula e inverosímil... no quería hacerlo. Contuvo un nuevo llanto cerrando los ojos con fuerza y enterrando el rostro en las costillas de Kero, como si así fuera a desaparecer la idea. Estaba asustada.
¿En verdad tenía que dejar su vida con Shaoran y sus hijos a cambio de salvar sus vidas? Pensándolo de esa manera no sonaba a locura, haría lo que fuera por protegerlos pero un lado egoísta de ella deseaba seguir viviendo para estar a su lado. Los amaba, no quería dejarlos, por supuesto que no.
—Sakurita... ya no llores...— escuchó que le decía el león. —Verás que todo saldrá bien.
Recomiendo escuchar: "A wish to the sky" de BigHeroPiano
Ella no contestó, porque no estaba tan segura de eso. Por primera vez en su vida, y firme a la idea de vivir día a día al máximo, deseaba regresar el tiempo atrás y detenerlo. A cuando los niños nacieron, o cuando cumplieron su primer año de vida, o a cualquier otro día maravilloso de su vida en el cual no tenía que preocuparse más que por cuidar de ellos y ser feliz a su lado.
Después de un rato de llorar se levantó dispuesta a no pensar más en el tema.
Rehusó el ofrecimiento de cenar que Mei Ling le hizo cuando cruzó el comedor y fue directo a ver a los niños. Entró en la habitación de cada uno y depositó un beso en sus frentes, feliz de tenerlos sanos y salvos durmiendo en sus camas. Derramó un par de lágrimas más en el camino a su alcoba e ingresó directamente en el cuarto de baño para ducharse. Quería dejar de llorar ¿Por qué no podía?
Más tranquila salió. Se encontró con que su esposo ya se había recostado y le daba la espalda. No le había dicho una palabra desde que habían logrado escapar del parque del rey pingüino. Se preguntaba si estaría enojado con ella por alguna razón. Decidió que no preguntaría, tal vez por la mañana podrían hablar tranquilos, tan solo se recostó a su lado pero, una vez acomodada, él se dio la vuelta y clavó sus ojos ámbar en ella, quien lo miró asombrada. Había creído que dormía.
—Solo... quiero saber una cosa...— ella solo asintió porque tenía la voz estrangulada. — ¿Tú sabías que te buscaba?
Negó con la cabeza y tragó saliva. Si hablaba estaba segura que lloraría, y no quería hacerlo. Él pareció relajarse y miró hacia el techo, como si estuviera intentando procesar una gran noticia.
—Por la manera en que te habló hoy... yo pensé...— volteó a mirarla otra vez. —Que tú estabas al tanto y me lo habías ocultado todo este tiempo... estaba enfadado, yo... no quiero perderte— como vio que sus ojos se cubrían de lágrimas que se derramaban por sí solas se acercó para abrazarla, había sido desconsiderado dejarla afrontar aquello sola. —No llores... Sakura, estoy aquí...
—Lo lamento...— dijo ella, con voz acongojada. —Lo siento tanto...
—No tienes que pedirme perdón, tú no has hecho nada ma-
—Escuchaba su voz— lo interrumpió de repente. —Desde hace algunas semanas...
— ¿Qué?— ella lo miró, desconsolada.
—Oía una voz... no sabía que era de él pero... la oía, todo el tiempo, solo decía mi nombre, y me llamaba... pero jamás lo relacioné con nada más que con mis sueños sobre Apola... si yo hubiese sabido... no quería preocuparlos— se cubrió el rostro con las manos. —Y ahora no sé qué hacer...
— ¿Qué hacer? ¡Nada!— volvió a abrazarla con más intensidad. Ella había estado afrontando todo aquello totalmente sola, se sintió un inútil y el peor esposo jamás existido. —No harás nada, tú no tienes porqué, así que no voy a permitirlo ¡No dejaré que te lleve! ¿Qué haría...? No... no hay manera... lo que él dijo no tiene importancia, vamos a buscar otra manera, juntos, así que no te preocupes por nada.
—E-Está bien...
—Tú solo prométeme que no lo harás...— silencio. — ¡Promételo Sakura!
—Lo prometo...— balbuceó ella como respuesta.
Se dejó abrazar hasta que se sintió mejor y se quedó totalmente dormida.
Shaoran la miró respirar pacíficamente casi sin parpadear. Temía que, si se quedaba dormido, se la arrebatarían y él no podría hacer nada al respecto. Aquella tarde, cuando más necesitaba de su magia, no había podido usarla, él era capaz de anularla, se había sentido tan inútil frente a ese poder tan grande. Si quería podía hacer lo que deseaba con todos ellos, aniquilarlos en un instante, o llevarse a su esposa en cualquier momento. Se consideraba afortunado por haber salido de allí sin más que un par de heridas que Ryu le había curado al llegar a la residencia Li. También de haber podido regresar con ella.
Había estado soportando muchas cosas sola. Estaba molesto porque no se las contara pero comprendía que lo había hecho por evitar preocuparlos. Su Sakura era la persona más fuerte que conocía, era capaz de mantener una sonrisa deslumbrante incluso llevando sobre sus hombros esa pesada carga.
Fin de la canción.
Le acarició el cabello, preocupado, la había visto llorar demasiado ese día. Deseaba poder borrar esa tristeza para siempre y solo verla sonreír, a ella y a sus pequeños hijos. También observó la marca negra que le había dejado impresa en la piel del cuello, igual que el dragón que él llevaba en el abdomen, era la prueba de que no los dejarían en paz. Solo ellos podían verla, puesto que su prima no parecía ser capaz, aquellos con magia únicamente.
Si era necesario no volvería a descansar hasta encontrar la manera de proteger Tomoeda sin sacrificar a Sakura.
— ¿Por qué? ¿Por qué no puedes dejarme tranquila ni siquiera en mis sueños?
La joven estaba arrodillada en el suelo y se cubría los oídos, tal vez si no lo escuchaba no sería real todo lo que le diría. Lo aborrecía por aquello que quería obligarla a hacer, no soportaba verlo allí también.
—Hay más información que debo darte...
— ¿Qué más quieres tomar de mí?
—Yo no deseo tomar nada de ti Sakura Kinomoto, lo que estoy haciendo es para mantener el equilibrio en el que ustedes los seres humanos viven— no hubo respuesta. —Quiero que comprendas la importancia de tu papel en esta lucha.
—Quieres mi poder, lo comprendo ya, ahora déjame tranquila...
—No es solo eso, insisto en que me prestes atención— ella lo miró, con lágrimas en los ojos. —Sé que ustedes piensan que estoy obteniendo algún tipo de satisfacción por lo que les he pedido, yo no poseo emociones como las de ustedes, así que espero que comprendan que se equivocan al pensar que estoy ganando algo con lo que hago.
— ¿Es cierto entonces que no existe otra manera?— se atrevió a preguntar ella, poniéndose de pie, su expresión era casi suplicante.
—No, no existe, si la hubiera ya la habría aplicado.
— ¿¡Esto ya pasó con anterioridad!?
—Ha pasado en el pasado, y volverá a suceder en el futuro, mientras sea mi existencia la poseedora de todo poder en el mundo, puesto que siempre existió y siempre existirá la ambición humana.
—Cielo santo...
—La persona que tuvo que realizar el sacrificio antes que tú aceptó el trato y, cuando llegó la hora, su corazón no era puro e íntegro. Quiero expresarte la importancia de que esto sea así cuando tú lo hagas— Sakura negó con la cabeza como si pudiera no aceptar esas palabras. —La elegí con el mismo criterio que usé contigo sin embargo aquella vez me equivoqué.
— ¿Qué sucedió?
—Huyó. Toda la ciudad fue destruida para convertirse en un manto de oscuridad absoluta, sus habitantes fallecieron por supuesto, y esa persona fue severamente castigada.
— ¿Castigada por temer?— había bajado la vista al suelo, molesta.
—Como he dicho antes, no estoy consultándoles.
— ¿Cuál fue el castigo?
—Yo tomaría su vida, y su siguiente encarnación tendría una vida llena de infortunios. Y así lo hice.
— ¿Por haber tenido miedo de sacrificarse? ¿Un precio tan elevado? No funcionan así nuestros corazones, no podemos borrar el miedo tan fácilmente como quieres, no podemos...
—Pues, por tu bien entonces espero que tú si puedas, o sufrirás el mismo destino.
— ¿Por qué no dijiste todo eso mientras estábamos en el parque hoy? No tenías porqué guardarte esa información hasta ahora ¿O sí?
—Porque es bien sabido que tus seres queridos no querrían que tú murieras, y yo no puedo permitir que te detengan, aceptes o no hacerlo, si tu corazón no acompaña a tu decisión, el hechizo no podrá realizarse, e igualmente serás castigada.
—Veo que aquí nada es muy justo.
—Puedes culpar a quienes están robando mi poder— diciendo esto desapareció totalmente, dejándola sola.
Al abrir los ojos se encontraba en su habitación. No se encontró con el par de ojos ámbar que esperaba sino que estaba a solas, se levantó para abrir las cortinas del cuarto e inspeccionar el día. Lucía frío y llovía, lo cual no ayudaba a elevar los ánimos. Se vistió sintiendo el cuerpo pesado y avanzó por los pasillos de su casa casi con la actitud de un alma en pena, ciertamente no tenía humor para nada y le hubiese gustado quedarse en cama un rato más, pero debía ir al templo Tsukimine para comenzar la jornada laboral.
Llegó a la cocina y se encontró con su esposo preparando el desayuno y los niños sentados a la mesa comiendo lo que les habían servido.
— ¡Mami!— saludó Shiori saltando de su silla y corriendo para abrazarle las piernas. Siempre había sido muy cariñosa, tanto que le arrancó una sonrisa. —Buenos días.
—Buenos días cariño.
Shaoran se dio vuelta y la miró con curiosidad y ansiedad. No había tenido una buena noche de sueño en vistas de que su esposa se rebullía en la cama constantemente, sabía que había estado soñando una vez más y se preguntaba con qué habría sido. Verla acuclillada y conversando con sus hijos mientras los acariciaba y destinaba hermosas sonrisas a ellos lo tranquilizaba un poco, pero sus ojos estaban apagados, él sabía a la perfección que aún no se encontraba del todo bien.
Le sirvió una taza de té con un poco de leche, como sabía que le gustaba, y lo depositó en la mesa.
—Mamá... ayer...— empezó Teo, apretando sus manos, nervioso. —Lo siento mucho.
— ¿Por haber despertado tus poderes? No tienes que sentirlo— lo abrazó, feliz y depositó un beso en su mejilla. —Estoy orgullosa de ti, ¿Tú no estás contento?
— ¡Lo estoy!— bajó la mirada. —Pero no quería causar problemas...
—Lo importante es que todo salió bien ¿Cierto? Ambos están sanos y salvos, es todo lo que me importa— lo miró, frunciendo el ceño un poco. —Pero no vuelvan a hacerme eso ¿De acuerdo? Me asusté mucho.
— ¿Te asustaste?— preguntó Shiori, sorprendida. —Pero mamá, tú nunca te asustas.
—A lo único que le temo es que a ustedes dos y a su padre les suceda algo malo, jamás lo permitiría...
Se quedó asombrada por sus propias palabras. Su familia vivía en esa ciudad, su padre, su hermano y todos sus amigos. Lo que él quería hacer era evitar que se perdieran vidas inocentes, vidas como podrían ser la de sus hijos, con solo pensarlo sus ojos quisieron llenarse de lágrimas pero los cerró con fuerza para evitarlo y se puso de pie, sonriendo a sus pequeños.
—Vamos, a desayunar, ¿Ryu los...?— balbuceó mirando al castaño.
—Yo lo haré hoy, tengo el día libre.
— ¿Libre?— repitió, extrañada. Desde que podía recordar Shaoran jamás había tenido un solo día libre.
—Organicé una reunión, más tarde, me gustaría que también estuvieras presente— silencio. —Eriol y la señorita Natsumemishi estarán ahí.
—No puedo, debo ir al templo hoy...
—Kasai se está haciendo cargo de todo, le pedí ese favor.
Sakura se quedó inmóvil, él jamás había intervenido de ninguna manera en su trabajo como sacerdotisa. Se preguntó si estaría enojado por la conversación que habían tenido anoche, temía que así fuera, no soportaría una discusión con él ese día, acabaría llorando, lo sabía.
—Está bien.
Shiori se sentó en su lugar con una mueca de confusión en el rostro. Su padre los había llevado a la escuela luego de haber recogido a Chiara, todo el viaje había estado mudo y solo hablaba cuando ella le hacía preguntas. Siempre solía conversar con ellos cuando los llevaba.
—Teo...— llamó a su hermano, que se sentaba en dirección diagonal a ella. — ¿No te pareció que papá y mamá estaban raros durante el desayuno?
— ¿Raros cómo?— preguntó el niño, como aburrido, apoyaba la cabeza sobre su brazo.
—Raros como... raros... no se besaron hoy...
— ¿Tú miras cuando se besan?— hizo una mueca de asco.
—Sí, porque se quieren mucho, cuando los papás se quieren se besan ¿O no?
—Supongo... ¿Y qué? ¿Estaban raros porque no se besaron?
—No lo sé, no estaban como siempre, ¿Enserio no te diste cuenta?
—No, Shiori.
—Espero que no se hayan peleado, menos ahora que mamá está mejor.
—No sé...
La pequeña lanzó un vistazo reprobatorio al desinterés de su hermano. Chiara a su lado le sonrió con afecto y cuando descubrió que la miraba se sonrojó y regresó la vista al frente.
—Tú también estás rara Chiara...
— ¿Eh, yo?
—Sí, tú.
El color en las mejillas de la niña rubia no se acentuó cuando la mirada ambarina de su amiga la atravesó. Era la misma mirada que Teo poseía, pero en Shiori podía admirar su tonalidad todo lo que quisiera, porque no se avergonzaba.
El corazón le latía, nervioso. ¿Se habría dado cuenta que había estado mirando mucho a su hermano? Capaz había sido indebido pero... un momento, no, siempre había estado con ellos dos, ¿Por qué habría de estar mal? Los quería mucho a ambos.
Volteó a ver a Teo. ¿Lo quería? Sí, mucho, pero no como a Shiori. Cuando veía a su amiga no se ponía nerviosa, podía verla a los ojos a la perfección y su corazón no se disparaba al punto de robarle el aliento.
El niño la miró con indiferencia, adentrado en sus pensamientos del día anterior. Si bien la habían lastimado estaba allí con ellos, su tío Ryu la había revisado y le había asegurado esa mañana que estaba bien, pero continuaba intranquilo.
— ¿De verdad que estás bien?— ella se sobresaltó. —Por lo de ayer, quiero decir...
—S-Sí... me golpeé pero no tengo nada más.
—Qué bueno— al cabo de un rato, cuando se dio cuenta de que estaba mirándola fijamente, volteó a ver hacia la ventana, con las mejillas enrojecidas.
¿Él se alegraba de que estuviera bien? Después de darse la vuelta otra vez se sostuvo el pecho unos momentos y se instó a respirar profundo.
—Buenos días a todos— saludó la profesora, al entrar al salón de clase.
—Buenos días— saludaron todos.
—Antes de comenzar la clase de hoy quiero presentarles a un nuevo compañero, pasa por favor— se abrió la puerta y todos lo miraron, mientras la profesora escribía su nombre en la pizarra. —Su nombre es Yoshida Hiiro y ha venido desde Okinawa, estudiará aquí a partir de hoy, espero que todos sean muy amables con él, ahora... un asiento para ti... ¡Ah! Detrás de Li hay uno.
Shiori miró detrás suyo donde, efectivamente, había un asiento libre. El niño estaba absolutamente serio, no parecía de esos a los que les gustaba conversar mucho y reírse, así que no se emocionó mucho por tener un compañero nuevo. Mientras se acercaba para ubicarse contempló su cabello y ojos negros, tan solo destinaron un corto vistazo a ella cuando se encontraron con los de ella.
Sin embargo Shiori se puso de pie de repente cuando pasó a su lado. Enseguida volteó y lo miró sorprendida, había sentido algo, como una vibración en su interior, sutil pero lo suficientemente fuerte para detectarla. Toda la clase la miró, incluso el estudiante nuevo.
— ¿Qué miras?— le preguntó, bajito.
—A-Ah... ¡Lo siento! No es nada...— balbuceó volviendo a sentarse, extrañada.
Intentó restarle importancia y prestar atención a la clase, que ya estaba comenzando.
