Dicen que después de la tormenta viene la calma, y que luego de vivir momentos difíciles, siempre vendrán tiempos mejores, mas a Sakura en estos instantes estas frases no le decía absolutamente nada, en su mente una palabra no paraba de dar vueltas, en definitiva definía perfectamente lo ocurrido dos días atrás y esa palabra era "desastre", a pesar del tiempo transcurrido, no sentía el mas mínimo alivio luego de la derrota sufrida frente a la preparatoria de St. Mary.
El aprender a ganar era fácil, lo difícil venía cuando luego de estar tan acostumbrado al triunfo, bastaba un instante para perderlo todo, ahora hasta el más mínimo de los detalles le recordaba su fracaso, empezando por el nuevo día, que amaneciera gris y frío, a pesar de estar todavía en verano, en el horizonte no podía distinguirse nada mas que los brumosos nubarrones grisáceos, que cubrían por completo el cielo del pequeño distrito de Tomoeda, el viento soplaba helado, como si fuese el principio de un invierno prematuro.
A pesar de lo decaído de su animo, igual que todas las mañanas Sakura se arregló para ir a la escuela, al bajar a desayunar se encontró solamente con su madre en el comedor, al parecer su padre se había marchado a la universidad mas temprano de lo normal, permaneció callada durante todo el desayuno, evitando cruzar la mirada con su madre, a quien sentía, había defraudado.
Nadeshico realmente estaba muy preocupada por ella, desde el partido Sakura había permanecido recluida en su habitación, sin querer ver a nadie, y fue por esta razón que intentó de nueva cuenta acercarse a su hija para hablar, pero justo cuando Nadeshico intentó entablar una conversación, Sakura simplemente la evadió, con la excusa de que se le hacia tarde para la escuela, y así fue como salió apresuradamente de su casa.
Al salir, no pudo evitar posar sus ojos, carecientes de su acostumbrada vivacidad, en la fachada de la casa del frente, añorando ver a ese alguien, con quien había cortado sus lazos desde hacia algún tiempo, ahora entendía claramente que ese sueño por el que tanto se había empeñado en luchar, no había sido otra cosa que una más de sus tantas equivocaciones.
Permaneció unos segundos de pie en ese lugar, tenía tantas ganas de hablar con él, de contarle todas las penas que tenía por dentro, quería que él la escuchase y le diera uno de esos sabios consejos que siempre la hacían sentir mejor, pero sabía que el que alguna vez fuera su mejor amigo ya no la quería cerca, y que cualquier intento por entablar una conversación sería inútil, puesto que Syaoran ya no quería tener absolutamente nada que ver con ella.
Sonrió con amargura, pues justamente fue ella la culpable de su distanciamiento, por querer evitar tan celosamente que su amistad terminara, acabó destruyéndola, al decir tantas cosas que en realidad no sentía.
Intentó varias veces disculparse con Syaoran, mas todo se quedó sólo en eso, en intentos, su relación se había vuelto tan tensa, que el chico evitaba a toda costa quedarse a solas con ella.
Con desgano retomo su camino a la escuela, daría lo que fuera por regresar el tiempo y borrar ese día en que le nació la idea de renunciar al equipo de gimnasia, pues muchas cosas dolorosas se habrían podido evitar, si ella no hubiese renunciado en primer lugar.
Independientemente de que el equipo de gimnasia se fuera a pique luego de su salida, y es que no sólo Nakuru abandonó el equipo, siguiendo su ejemplo, algunas de las chicas también renunciaron. Las que se quedaron, ahora la culpaban a ella de los malos resultados obtenidos en las competencias posteriores al titulo ganado en los nacionales.
Pero bueno, tarde o temprano tendrían que sobreponerse a ese descalabro, al menos estaba segura de que eso es lo que le hubiese dicho Syaoran para animarla, se sonrió ante el pensamiento, sola se estaba ahogando en un vaso de agua, y si se ponía a pensarlo detenidamente, las cosas no eran tan malas como ella creía, si, habían perdido, pero después de todo era su primera participación como equipo, y aunque aun tenía fresca la imagen de la cara llena de desolación de sus jugadoras luego de la derrota, todavía les quedaba un año para entrenar y hacerlo mejor la próxima vez, después de todo, el primer paso ya estaba dado, y por la última conversación que tuvo con el director Terada, la junta directiva no tenía intenciones de suspender el club de soccer femenil.
Aferrándose a esa nueva idea siguió su camino un poco más animada, esperando que su equipo tomará esa idea tan bien como ella, ó por lo menos intentaran aceptarla.
Capitulo 11
Después de la tormenta viene la calma
Durante todo el día quiso mostrarse lo mas optimista que pudo, no obstante, su actitud callada y ausente, no le ayudaban en mucho, por mas que intentaba auto convencerse de que lo había hecho bien, la espinita que tenia metida en el pecho, seguía recordándole su fracaso, no sólo en el ámbito deportivo, sino también en lo que respectaba a lo amoroso, gracias a los cielos que no se había topado con Yue en todo el día, aun sentía una inmensa vergüenza luego de lo que ocurriera el viernes entre ellos.
En fin, ese día tendría una última reunión con el equipo de fútbol, por muy difícil que le resultase, era tiempo de hacer el recuento de los hechos, y comenzar a analizar la nueva estrategia para el año siguiente.
Cuando llegó al campo, ya casi todas las chicas estaban reunidas ahí, efectuando algunos ejercicios básicos de calentamiento, asimismo sus entrenadores estaban preparando seguramente el rol de entrenamiento de ese día, y si bien todos mantenían un semblante algo cabizbajo, su ánimo ya no se sentía tan pesado como el del sábado, luego de la aplastante derrota de tres goles a dos.
- Buenas tardes... – intentó mostrarles la mejor de sus sonrisas, tratando quizás de motivarse ella también.
- ¡Buenas tardes capitana...! – respondió a todo pulmón Nakuru, tal parecía que ella era la menos afectada, seguía manteniéndose tan animada y fresca como siempre, inconscientemente Sakura desvió la mirada hacia otro punto, aun tenia muy presente la bochornosa experiencia del rechazo de Yue, limitándose a pronunciar un simple «"hola"» como respuesta.
Al parecer ya todas las chicas se encontraban, la única que faltaba, y no sabía el porqué, pero simplemente no le sorprendía, era Mei Ling.
- ¡Chicas, que les parece si damos unas vueltas a la cancha, para calentar un poco...! – les decía con voz potente Sakura, correr siempre le despejaba un poco la mente.
- ¡No puedo creer que sigan queriendo continuar con esta farsa...! – esas palabras resonaron agudamente en la cabeza de la castaña, Mei Ling, que hasta ahora había brillado por su ausencia, apareció finalmente, y a simple vista podía darse cuente de que no se encontraba de muy buen humor, ya que ni siquiera llevaba puesto el uniforme deportivo – admítelo Kinomoto, esto ya no tiene caso... – aquella escena había llamado la atención de todas las presentes, incluyendo a Eriol y Syaoran, quienes decidieron quedarse al margen, pues ese era un asunto que debían arreglar ellas y nadie mas.
- Mei Ling, sólo porque hayamos perdido, no quiere decir que debamos renunciar... – intentó con todas sus fuerzas escucharse serena, a pesar de la notoria inestabilidad que esas palabras causaron en sus emociones – ya lo haremos mejor el año siguiente...
- Eres patética... ¿crees en verdad que con un triste discurso como ese vas a lograr que olvidemos que tú tuviste la culpa de nuestra derrota...? – sonrió con evidente ironía, de alguna forma ese comentario hizo mella en la moral semi quebrantada de la castaña, quien se quedo muda por un momento, sin saber que responderle.
- ¡Basta Mei Ling!, Sakura no tuvo la culpa... – salió en su defensa Tomoyo, no le había gustado en lo absoluto la forma tan mordaz en la que se estaba dirigiendo a su mejor amiga.
- Por supuesto que la tuvo, si no hubiese fallado ese penal, nosotros aun estaríamos compitiendo... – la chica siguió con sus hirientes comentarios, sin importarle el daño que notoriamente le estaba causando a la castaña, quien permaneció en silencio, con la vista perdida en un punto vació del suelo.
- Es muy injusto de tu parte culparla por eso... – consecuentó Nakuru, a quien tampoco le parecieron razonables las recriminaciones por parte de la morena.
- Ustedes la defienden porque son sus amigas, pero en el fondo saben que lo que digo es mas que la verdad... – de Nakuru y Tomoyo pasó la vista a Sakura, clavando fijamente sus ojos rojizos en ella, ésta mantuvo la mirada baja para no encararla, ya no podría contender por mucho tiempo las lagrimas que amenazaban por salir de sus ojos esmeralda – ¡Kinomoto, al menos di algo...! ¡no te quedes muda...! – decía frustradamente la pelinegra, ante la hermética actitud de la otra chica, cuando menos esperaba algo de resistencia de su parte, que la encarara como siempre, con la frente en alto, cosa que no hizo, sacando aun mas de sus casillas a Mei Ling – ¡no eres mas que una patética perdedora...! – esas últimas palabras lograron darle la estocada final a su depresivo estado de animo – ¡jamás imagine que ni siquiera llegarías a tener agallas suficientes para defenderte...!
- ¡Mei Ling, ya fue suficiente...! – la acalló Nakuru, pero antes de que esta dijera otra cosa, aunque débil, la voz de Sakura se hizo escuchar.
- Y-yo... – murmuro ahogadamente – y-yo lo lamento... – al decir eso ya no pudo mas, y salió corriendo a toda prisa con dirección a los vestidores, su aparente fortaleza se había desmoronado por completo, dejando completamente al descubierto su vulnerabilidad.
Tomoyo salió tras ella, asimismo lo hizo Eriol y Syaoran, quienes no tardaron en llegar a los vestidores, Nakuru se quedó con las demás chicas, quienes veían de una forma bastante recriminarte a la de cabellos negros.
- Ustedes quédense aquí por favor... – dijo con voz calma Tomoyo, antes de entrar en el vestidor – yo hablare con ella... – tanto el castaño como el peliazul accedieron luego de ver a Sakura tan alterada, y es que ninguno sabía a bien como tratarla en esos momentos.
Con pasos sigilosos, Tomoyo entró en el vestidor de chicas, buscando silenciosamente a su mejor amiga con la vista, no tardó mucho en dar con ella, puesto que se encontraba a unos cuantos pasos, frente a uno de los casilleros en que guardaban sus cosas
- ¿Sakura que haces? – se expreso confundida al ver como su amiga, que estaba de espaldas a ella, tomaba todas sus cosas del interior del casillero.
- M-me voy Tomoyo... – decía con la voz totalmente quebrada – Mei Ling tiene razón, no soy mas que una patética perdedora...
- ¿Y desde cuando Mei Ling tiene la razón? – trató de contradecirle, aunque con el mayor tacto posible.
- Tomoyo, ya no puedo seguir con esto... – se giró lentamente para verle, la amatista quedó sumamente sorprendida al ver la expresión descorazonada en el rostro de la castaña, desde que la conocía, era la primera vez que la veía en semejante estado de desolación.
- Pero Sakura, tu no puedes renunciar... – se acerco a ella con cierta cautela, hablándole tan apaciblemente como pudo – todas contamos contigo.
- E-es que... es que no entiendes, yo ya no puedo seguir, me siento abrumada... – hablaba desesperadamente, de hecho sus palabras se entrecortaban por los continuos sollozos – cuando forme este equipo, creí que sería divertido, ya que no había presión, simplemente éramos un grupo de chicas jugando algo nuevo y divirtiéndonos, pero después, aquello se volvió tan estresante, toda esa presión después de cada juego ganado, teniendo presente que todos en la escuela esperaban que la campeona nacional de gimnasia llevara una vez mas su equipo a la victoria...
- Sakura... – murmuró tristemente, se sentía hasta cierto punto responsable, sin quererlo todas se apoyaron siempre en ella, cuando se suponía que eran un equipo y tenían que compartir la responsabilidad.
- ¿Y vas a renunciar tan fácil a tu sueño...? – esa voz llamó inmediatamente la atención de ambas, era Syaoran y tras él estaba Eriol, ninguna de las dos se dio cuenta en qué momento habían entrado, pero no tardaron en suponer que habían escuchado toda su conversación – ¿renunciaras por que las cosas no salieron como esperabas...? – Sakura pudo percibir cierto reproche en sus palabras, haciéndola sentir más miserable, al haber sido ella quien arrastrara a Syaoran a formar ese equipo, si con alguien debía sentirse culpable era con él.
- Syaoran... – susurro quedamente – per-perdóname por favor... – su llanto se intensifico, sus emociones estaban en extremo descontroladas, había sufrido tantas duras pruebas en tan poco tiempo, que ya no podía mas, se sentía asfixiada, y es que simplemente no podía encararlo a él, por lo que fue retrocediendo lentamente, estaba tan confundida, que sin pensarlo siguió nuevamente sus impulsos, saliendo por la puerta posterior del vestidor, pidiendo entre sollozos que la perdonaran.
Los tres chicos no supieron que hacer, hasta Syaoran estaba bastante sorprendido por la actitud que había adoptado la castaña, Tomoyo estaba a punto de salir otra vez tras ella, cuando Syaoran la detuvo, sosteniéndola con mediana fuerza del brazo.
- No Tomoyo, es mejor que la dejemos sola…, al menos hasta que pueda aclarar un poco sus ideas... – fue lo único que le dijo, a la chica no le quedó de otra mas que asentir, al notar la seriedad con la que Syaoran le había hablado.
- - -
Sakura corrió y corrió, no importándole tropezar en varias ocasiones con algunas personas que venían en dirección contraria a la de ella, sus pensamientos estaban hechos un completo caos, no tenía conciencia de lo que hacía en esos momentos, ni siquiera supo cuanto tiempo había transcurrido desde que dejara la escuela, y no le importo realmente, pues cuando menos lo pensó ya se encontraba frente a la puerta de su casa.
Su respiración estaba tan agitada, y su pulso tan acelerado que sintió desfallecería en cualquier momento, al menos la carrera sirvió para sosegar su llanto, con desgano, abrió la puerta principal, sabía que sus padres no se encontrarían en casa, así que se dirigió directamente a su habitación.
Al cerrar la puerta tras de sí, sus piernas ya no la sostuvieron, deslizándose lentamente, hasta caer sentada, con la espalda recargada en la puerta, apoyando ambos brazos sobre sus rodillas que mantenía flexionadas a su altura, ocultando su rostro entre ellas.
Permaneció en esa posición durante un buen rato, tratando de tranquilizar el agitado latir de su corazón, el que oía retumbar en sus oídos, cuando por fin lo logró, elevó paulatinamente su mirada hacia el frente, sus ojos se posaron sobre la pared de la gloria, observando detenidamente el singular numero de trofeos y medallas que había en las repisas, inconscientemente, eso le motivo dejar su lugar, acercándose lentamente a esos objetos que representaban sus triunfos obtenidos en el pasado.
De un momento a otro el desconcierto en su interior se volvió ira, una ira inmensa contra todas aquellas cosas que en primer lugar le ocasionaron el vació interior que ahora sentía, estaba tan harta, que en su mente solamente tenía presente el deshacerse de aquello, sin pensarlo salió de la habitación, caminando hasta el final del pasillo, bajó una escalera plegable que estaba en el techo, la cual conducía a un pequeño ático, subió finalmente las escaleras y ya en el ático tomo unas cuantas cajas vacías, y finalmente bajó para dirigirse de nueva cuenta a su habitación.
Apresuradamente tomó los trofeos y las medallas de las repisas, depositándolas todas en aquellas cajas vacías, cuando no quedó una sola, cargo con las cajas y una a una las subió al ático, donde las dejo abandonadas, su habitación ahora lucia vacía, pero no le importó, pues increíblemente se sentía mas aliviada.
Una extraña sonrisa se formó en sus labios, ella que creyó que ya se había deshecho de todas esas ataduras que la mantenían presa, y nunca pensó en deshacerse de esas efímeras cosas que la mantuvieron atada a su pasado durante todo ese tiempo.
El recordar aquello le hizo regresar la opresión en el pecho, así que optó que lo mas sano en esos momentos, era salir de ahí, quizás una caminata a solas terminaría por despejar de una buena vez por todas su nublada mente.
En las afueras, el cielo parecía mucho mas negro que el de la mañana, el ambiente se había tornado mucho mas frío, sin duda, de un momento a otro se desataría la tormenta que estaba pronosticada desde la mañana, pero a Sakura no le importó, siguió andando, sin que el soplo de gélido viento la detuviera, siguió aun a pesar de que sus pasos no tuvieran un rumbo fijo que tomar.
- - -
Pasaron un par de horas desde entonces, una torrencial lluvia se había desatado desde hacia una hora atrás, y por la negrura del cielo, todo indicaba que el agua no pararía de caer, al menos no en toda la noche.
Nadeshico se sentía ciertamente preocupada, era tarde y Sakura todavía no regresaba a casa, lo que le tenía bastante preocupada, ya que ella siempre avisaba cuando se quedaba en la casa de un amigo por cualquier situación inesperada que se le presentase, hasta ahora ya había llamado a varios de sus compañeros para saber si sabían algo de ella, pero ninguno la había visto desde la tarde, al único que le faltaba por llamar era Syaoran, no había querido hacerlo, pues sabia de antemano los problemas actuales por los que atravesaban su hija y él.
El teléfono timbró dos veces, por suerte quien le respondió fue Syaoran, así que no tardó en hacerle la misma pregunta que le había hecho a todos los demás.
- «¿Syaoran?, hola, habla Nadeshico Kinomoto...» – el castaño se extrañó un poco de la llamada, aun así no dijo nada y le contestó amablemente.
- Ah, buenas noches señora Nadeshico...
- «Eh, bueno, pues veras...» – dijo un poco dudosa – « me preguntaba ¿si Sakura está contigo?»
- ¿Sakura? – respondió un poco desconcertado – no, para nada...
- «Ya... ya veo...» – dijo notoriamente preocupada – «bueno, eso era todo, muchas gracias Syaoran...»
- Espere señora Nadeshico – le detuvo antes de que colgara – ¿Sakura no ha regresado? – pregunto igualmente preocupado.
- «No…, ya le hable a todos sus amigos y ninguno la ha visto desde en la tarde... temo que algo malo le haya pasado...» – la voz de la mujer se escuchó bástate afligida, se notaba que estaba al borde de las lagrimas.
- Entiendo... – respondió pausadamente, mientras trataba de imaginar donde se encontraría la chica – pero claro, debe estar ahí... – dijo para sí mismo.
- «¿Syaoran tu sabes donde está?» – se apresuró a decir la mujer.
- No estoy muy seguro, pero creo que tengo una idea de donde podría encontrarla... – le respondió tranquilamente – no se preocupe señora Nadeshico, ahora mismo iré a buscarla...
- «Gracias Syaoran...» – dijo un poco mas tranquila, al momento el chico colgó el teléfono, y rápidamente se encamino a la puerta principal, no sin antes avisarle a su madre que saldría, ya en la entrada tomó un impermeable y un paraguas del perchero y se fue.
Apresuradamente se dirigió al lugar que tenía en mente, el parque Pingüino, siempre que Sakura tenía un problema o le afligía algo, terminaba en ese lugar, estaba agradecido de conocerla tan bien, pues no se había equivocado al suponer aquello.
A lo lejos pudo ver a una figura balanceándose lentamente en uno de los columpios, a pesar de la oscuridad, al acercarse pudo distinguir con mayor claridad de quien se trataba, la hermosa chica castaña se encontraba completamente empapada y tiritando de frío, la ropa se le había pegado al cuerpo por el exceso de agua, lo que Syaoran suponía le hacia sentir con mayor intensidad el viento helado que aun soplaba.
Calmadamente se acerco a ella, sintió como si alguien le estrujara con fuerza el corazón, al verla en ese estado tan deplorable, con cuidado se quitó el impermeable que portaba y lo puso sobre los hombros de la chica, quien se había detenido al sentir aquella presencia a su lado.
- S-sabes Syaoran... – le hablo pausadamente, manteniendo perdida la mirada en uno de los tantos charcos en el suelo, donde las incontables gotas que caían bulliciosamente del cielo, salpicaban todo a su alrededor – al final todo resulto ser un completo fracaso...
- Será mejor que regresemos, si permaneces mas tiempo bajo la lluvia vas a enfermarte... – le dijo él, mas ésta hizo oídos sordos a sus palabras y siguió balanceándose pausadamente en el columpio.
- Primero, defraude las expectativas que mi madre tenía sobre mi... sin importarme, abandone el equipo de gimnasia, y lo hice aun cuando todas las chicas contaban conmigo..., después, convencí a varias personas para que se unieran en la egoísta búsqueda de sentirme bien conmigo misma, y ahora las eh defraudado a todas ellas también... – levantó finalmente la cabeza para verlo de frente. A pesar de la lluvia, este pudo distinguir las gotas de agua salada que se deslizaban caprichosamente por las mejillas de la joven – y por si eso no fuera poco, remate declarándole mis sentimientos al chico equivocado... – el ambarino sintió un pesado nudo en el estomago al escucharla, tal parecía que finalmente su "amiga" le había confesado su amor a esa persona – sin embargo, ese fue otro error... – al percibir como la voz de la castaña se quebraba por completo y sus sollozos se hacían mas sonoros, inconscientemente una cólera hasta ahora desconocida, se apodero de él, pero se limitó a apretar fuertemente la empuñadura de su paraguas para contenerse – Yue me rechazo, y lo peor del caso es que no puedo estar enojada con él por estar enamorado de otra persona, pues la persona que ama es una amiga a la que quiero mucho.
- Lo siento en verdad Sakura... – murmuro bajamente, por primera vez, no sabía que palabras decir para consolarla aunque fuese un poco.
- ¿Pero sabes que fue lo que mas dolió? – la joven sonrió melancólicamente al ver como el chico hacia algunos ademanes negativos con la cabeza – lo que mas me duele en estos momentos, es haber perdido la amistad de la persona mas importante para mi en este mundo... eso es algo que jamás voy a perdonarme.
- ¿Y por que estas tan segura de haber perdido a esa persona? – camino unos cuantos pasos mas para acercarse a ella, quien nuevamente había detenido el vaivén del columpio.
- Porque sé que él me odia y ya no quiere estar cerca de mi... – habló entrecortadamente, pues aquel nudo no le permitió hacerlo con mayor claridad – co-cometí un error que ahora estoy pagando muy caro... – su llanto se intensificó, obligándole a llevarse ambas manos al rostro para así ocultar su frustración.
- Sakura yo no te odio... – le habló con el mayor tacto posible, poniéndose en cuclillas frente a ella y dejando su paraguas a un lado para tomar con cuidado las frías manos de la joven entre las suyas, sin importarle empaparse, pues la lluvia seguía cayendo con mediana intensidad – ¿qué te hizo pensar eso? – le dolía profundamente ver aquel sufrimiento en ella, pero mas le dolía, ser de alguna manera el responsable directo de ello.
- Desde aquel día, tu ya no has querido hablar conmigo... – trató de aclarar un poco su voz – y es que simplemente no se que fue lo que paso, admito que hice mal al decir todo eso, pero tu no hiciste las cosas mas fáciles para mi, aun no entiendo porque de repente tu empezaste a actuar como si yo fuera la peste o algo mucho peor...
- Es algo difícil de explicar... – se sorprendió al escuchar el último comentario, así que fue soltando paulatinamente las manos de la joven, desviando su mirada ambarina hacia un punto vacío.
- ¿Puedes intentarlo? – echando mano de toda su fortaleza contuvo sus lagrimas, y en un ultimo esfuerzo llevó ambas manos al rostro del joven, para obligarlo a que la viera de frente.
- Es que quizás lo que te diga, arruinara definitivamente nuestra amistad... – la miro finalmente, con un diminuto sonrojo adornando sus mejillas, por el repentino contacto de ella.
- No creo que se arruine mas de lo que ya está... – aunque su voz seguía escuchándose ahogada, ella pareció tranquilizarse un poco, y así, por algunos segundos se quedó mirándolo intensamente con sus empañados ojos esmeralda, esperando a que se decidiera a hablar, cosa que hizo, pero no sin antes dejar escapar un hondísimo suspiro.
- Esta bien... – habló hasta cierto punto derrotado – la razón por la que ya no puedo estar a tu lado, es porque me di cuenta de que mis sentimientos por ti han cambiado...
- No entiendo, ¿qué fue lo que cambio? – en sus expresivos ojos se podía apreciar ampliamente, toda la confusión que la chica experimentaba por dentro.
- ¿No te lo imaginas? – la joven hizo que "no" con la cabeza para responder a su pregunta – es que yo... ya no puedo verte nada mas como una amiga, desde hace algún tiempo que tú me interesas como algo más...
- Syaoran, ¿acaso tú...? – no necesitó terminar su cuestionamiento, pues el castaño realizo un ademán afirmativo, al saber de antemano lo que la joven le iba a preguntar – no puede ser... – soltó abruptamente el rostro del chico, llevándose ambas manos a la boca por la sorpresa.
- Ahora lo entiendes... – le sonrió con cierta tristeza luego de su reacción, viendo la incredulidad y el desconcierto que se reflejaba en el rostro de su amiga.
- ¿Pero cuando fue que ocurrió? – lejos de hacerle algún reproche, ésta sólo denotó algo de curiosidad en su verde mirar y en sus palabras.
- No lo sé... – aunque desconcertado por su calma actitud, el castaño le habló tranquilamente, poniéndose de nueva cuenta de pie – quizás cuando Yue comenzó a acercarte a ti... es una locura, lo sé, pero de repente empecé a sentir celos, al principio pensé que eran celos de amigo, un hermano si quieres verlo así, tú sabes, creí que si eras su novia te alejarías de mi...
- Syaoran yo...
- Es algo absurdo, pero conforme pasaba el tiempo y tu relación con Yue mejoraba, los celos me carcomían mas y mas por dentro, fue entonces que comprendí que eso ya no era normal... – entonces dejó escapar un suspiro frustrado, dándose la vuelta para intencionalmente darle la espalada a la chica, puesto que no quería ver el recelo con el que sin duda le miraría – fue entonces cuando decidí analizar mas a fondo mis sentimientos, preguntándome ¿qué era realmente lo que sentía por ti...? y bueno, lo que descubrí fue que mis sentimientos ya no eran iguales, y es que la verdad no sé cuando empecé a amarte como algo mas que a mi pequeña hermana...
- Y entonces te alejaste de mi... – murmuro algo decepcionada, desviando nuevamente su vista al piso – ¿no hubieses querido saber lo que yo sentía por ti...?
- ¿De que hablas? – aunque extrañado por su respuesta, lentamente se giro para verle otra vez de frente.
- Ahora que ya lo se, ¿no quieres saber cual es mi respuesta a lo que acabas de confesarme...? – levantó su mirada para encarar con decisión aquellos ojos avellana.
- No hace falta, creo que ya la se... – sonrió tristemente, evadiendo de nueva cuenta la firme mirada que la chica mantenía puesta sobre él.
- ¿Enserio? – le miró con tanta intensidad que el chico se estremeció.
- No por nada fuimos amigos tanto tiempo... – bajó aun más su mirada, dejando que los mojados mechones castaños de su cabello marrón cayeran esparcidamente por su frente, oscureciendo su cabizbajo semblante.
- ¿Fuimos? – respondió con inmensa incredulidad, que pronto se convirtió en enojo, lo que le obligó a dejar su lugar en el columpio para enfrentar definitivamente al muchacho castaño – ¡¿qué quieres decir?! ¡¿acaso ya no quieres seguir siendo mi amigo, sólo porque descubriste algo que te atemoriza?!
- No es eso y lo sabes... – ante su reacción, el joven no pudo más que encararle también, fijando intensamente sus ojos en los de ella, y así fue como pudo percatarse que en los expresivos ojos de la joven, se reflejaba impotencia, más que enojo.
- ¡No!, ¡no lo se Syaoran...! – exclamó totalmente exasperada, durante todo ese tiempo creyó ciegamente que su amistad se arruinaría si le confesaba su amor al chico, pero ahora que descubría que el sentimiento era reciproco, él simplemente quería terminar con aquella amistad que los dos se esforzaron tanto por mantener a flote.
- ¡Lo que me preocupa eres tu...! – su tono de voz se elevo al igual que el de ella – ¡tu rechazo!
- ¡ES QUE YO NO PIENSO RECHAZARTE...! – le respondió en una forma desesperada, dejando al chico mas que atónito por la declaración de la joven – desde hace mucho tiempo que tú no eres sólo un amigo para mi Syaoran... – terminó de decir aquello en un triste murmullo.
- No tienes que acercarte a mi por lastima... – si bien la joven era totalmente sincera en sus sentimientos, éste se rehusaba a creer que fuese así.
- Syaoran, ¿tienes idea de cual fue la razón por la que todo este tiempo fingí estar enamorada de Yue? – no apartó un momento la mirada de los ojos avellana del joven.
- ¿Fingiste? – le miró desconfiado.
- Así es... fingí... – no obstante a haberse expresado con bastante firmeza, no pudo evitar dejar escapar un cansado suspiro – lo que intento decir es que si me obsesione con tener una relación con Yue, fue porque quería huir de ti, de mis sentimientos, los cuales no eran precisamente los de una "amiga"
- Espera un momento, quieres decir que tú también... – tal parecía, que finalmente se estaba dando cuenta de que lo que ella intentaba tan desesperadamente decirle, no era otra cosa mas que la verdad.
- Si, yo... yo también te eh visto por mucho tiempo como algo mas que un amigo... – sonrió titubeante, mientras acercaba temerosamente una de sus manos a la sonrosada mejilla de él – si lo calle, fue porque tampoco quería arruinar nuestra "amistad" – ironizo lo último – pero... – le miro de forma añorante – si tu estas dispuesto, quizás... lo nuestro no termine tan mal... – ya mas confiada se acerco un poco mas a él.
- Sabes que si cruzamos la línea, nuestra relación nunca volverá a ser la misma ¿cierto? – aunque seriamente, se lo dijo casi en un murmullo, al acortar involuntariamente mas y mas la distancia que los separaba, quedando el margen de unos cuantos centímetros entre sus rostros.
- Lo sé... – sonrió suavemente al darse cuenta como la actitud defensiva del chico se había quebrantado casi por completo – pero es un riesgo que quiero correr... – y sin mas preámbulo nulifico la distancia, sellando sus labios con los de él, al principio, los dos se mantuvieron quietos, ninguno parecía querer profundizar mas aquello, pero a medida que experimentaban esas electrizantes sensaciones en su interior, la indecisión quedo de lado.
Lo que en un inicio fue un tímido beso, fue tornándose mas y mas intenso, a medida que Syoran fue profundizándolo, Sakura se limitó a dejarse llevar, abriendo un poco sus labios, para dejar entrar libremente en ellos la ansiedad contenida de Syaoran, instintivamente éste bajo sus manos hasta posesionarlas sobre la cintura de la joven, quien por su parte rodeo su cuello con sus brazos, sencillamente perdieron la noción del tiempo, pero mas que eso, perdieron la noción del lugar en el que se encontraban, ignorando por completo a la lluvia y el frío que su cuerpo ya resentía.
Al sentir la escasees de oxigeno en sus pulmones, no les quedó mas opción que separarse, aunque si bien únicamente lo hicieron unos cuantos centímetros, al verse tan de cerca, a ninguno le paso desapercibido el encantador sonrojo que ostentaban las mejillas del otro, los dos permanecieron en silencio por un largo rato, limitándose a verse fijamente el uno al otro, sin que el silencio resultase incomodo, al contrario, era una conversación callada de dos almas que finalmente estaban unidas como si se tratase de una sola.
Los fuertes latidos de su corazón, aun retumbaban en sus oídos, lo que la hacía conciente de que aquello no era una ilusión, como le había sucedido en tantas otras ocasiones, en las que sus fantasías eran tan autenticas, que a veces la hacían dudar de la propia realidad, pero ahora estaba cien por ciento segura de que no era una fantasía, y que esta vez Syaoran no desaparecería.
- ¿Sakura...? – le llamó aun titubeante, buscando las palabras correctas, que definieran perfectamente, sus sentimientos...
- ¿Si...? – le miró atenta, no perdiendo detalle de cualquier gesto que el muchacho expresara, bajando lentamente sus brazos, hasta posar sus manos sobre el bien formado pecho del chico.
- Yo... pues... – no pudo evitar sonreír, le resultaba de lo mas gracioso verlo tan nervioso.
- Te escucho Syaoran... – utilizó un tono por demás inocente.
- Sakura... tú... este pues... ¿aceptarías...? – a pesar del frío, el chico sentía un inmenso calor en el ambiente – Sakura ¿aceptarías ser mi novia? – le dijo sin anteponer ningún otro miramiento, aguardando por unos instantes la respuesta de la chica, quien se había quedado en silencio.
- No lo se... – se aparto un poco, adoptando una pose por demás pensativa, como esa que continuamente utilizaba Tomoyo, desquiciando así los nervios del pobre chico – quizás no sea una buena idea después de todo...
- Sa-Sakura... – medio articuló en su total incredulidad, pudiendo sentir como ese pesado nudo se le iba asentando en el estomago, mas esa sensación desapareció, al escuchar la risita por demás divertida de la castaña, quien ya no pudo mantener su inexpresivo semblante.
- Es broma... – le expresó felizmente, mientras se abalanzaba efusivamente sobre él, colgándose nuevamente de su cuello – claro que por supuesto que acepto ser tu novia Syaoran... – le dedicó una sonrisa mas amplia, depositando un rápido beso en los labios del joven.
- Eres una niña muy mala ¿lo sabías...? – el castaño ostentaba una sonrisa igual de amplia que la de ella, mientras la tomaba nuevamente por la cintura para atraerla mas hacia sí, apoyando levemente su frente sobre la de ella, para así mirarla directamente a esos hipnotizantes ojos esmeralda, que tanto le gustaban – por un momento creí que me ibas a rechazar...
- Solo quería hacerte sufrir un poquito... – su voz se escuchaba mas suave de lo normal, lo que de alguna manera al castaño le resultaba bastante atrayente.
- Y vaya que lo lograste... – le sonrió tan encantadoramente, que las mejillas de la joven no tardaron en sonrosarse mas de lo normal.
Ya se veía venir un nuevo beso, cuando abruptamente la joven lo apartó de sí, aunque desconcertado, el chico no tardo en saber el motivo, pues su ahora novia, dejo escapar un sonoro estornudo, seguido de otro y otro, en total fueron tres estornudos seguidos.
- Lo sabía, te dije que ibas a enfer... – no pudo terminar su frase, ya que a él también le había sobrevenido un ataque de estornudos...
- ¿Decías...? – la joven sonrió con cierta arrogancia, al ver que no sería la única que iba a tener que permanecer obligadamente en cama.
- Decía que es mejor que nos vayamos... – dijo él levemente abochornado, la joven dejó escapar una risita, tomando cariñosamente la mano del chico entre la suya.
Ahora si que Sakura entendía esa frase que dice que después de la tormenta viene la calma, aunque en su caso fuera literalmente, pues la lluvia que minutos atrás cayera torrencialmente, había detenido completamente su flujo, justo ahora el cielo se veía mas despejado, dejando apreciar en el manto celeste, el maravilloso esplendor de la luna llena, que los cobijaba con su tenue luz, mientras emprendían el camino de regreso hacia lo que sería una nueva etapa en vida juntos.
- -
Durante un buen rato, la joven se quedó mirando detenidamente esas fotografías que ahora sólo representaban hermosos recuerdos de algunos de los años más entrañables de su vida, se encontraba sentada en la comodidad de un mullido sofá beige para tres personas, mismo que justo ahora estaba estacionado a la mitad de lo que sería la sala de su nueva casa.
Se había tomado un pequeño descanso, pues prácticamente en todo el día no había tomado asiento, al ir y venir de aquí para allá, ordenando y limpiando, no pudo evitar sonreír al pensar como en algunas ocasiones las fantasías de la niñez se volvían realidad, la prueba mas contundente ello, eran sin duda las numerosas cajas aun sin desempacar que estaban esparcidas en el piso no sólo de la sala, sino de la casa en general.
- Sakura ¿qué haces sentada?, todavía tenemos mucho trabajo que hacer – le reprochó una voz masculina a sus espaldas, al instante la joven se giró para verle, ostentando una diminuta sonrisa que llamo inmediatamente la atención del atractivo castaño, que hacía dos semanas se había convertido en su esposo.
- Lo siento, es que accidentalmente tire una de las cajas, y mira lo que me encontré – le señalo un grueso álbum fotográfico de pastas aguamarina que tenia entre las manos, el joven dejó de lado la caja que cargaba, para posteriormente encaminarse hasta tomar asiento junto a ella y así mirar mas de cerca lo que su compañera le mostraba.
- Vaya, son las fotos de nuestra graduación... – él también sonrió, al ver detenidamente una de las imágenes impresas, esa foto se la habían tomado cinco años atrás, él estaba a espaldas de una hermosa chica de castaños cabellos y mirada esmeralda, rodeando su cintura con sus brazos y recargando levemente su barbilla sobre su hombro, mientras ella mantenía afablemente sus manos sobre las del apuesto muchacho también castaño, ambos mostraban una gran sonrisa que los hacia lucir como una pareja genuinamente feliz, para entonces tenían poco mas de un año de novios.
- Si, parece como si hubiese sido ayer cuando salimos de la preparatoria – la muchacha castaña apoyo delicadamente su cabeza sobre el hombro de su pareja, éste simplemente le paso el brazo por detrás, para rodear su espalda y así acercarla mas hacia él – ah mira esta otra... – hojeo las paginas del álbum hasta que aparecieron varias fotografías de cuando los dos eran a penas unos niños – ¿recuerdas? esta nos la tomo tu papá cuando hicimos la obra de teatro en la primaria.
- Sigo sin entender como fue que termine haciéndola de bella durmiente... – frunció molestamente el entrecejo al verse enfundado en aquel vestido de color rosado y con la peluca de largos rizos dorados en la cabeza, mientras la niña vestida de príncipe que estaba a su lado, intentaba besarlo, pues según decía la libreto, esa la única forma de despertar a la hermosa princesa (en este caso él) de su largo sueño, aunque a su ver, Sakura intentaba aprovecharse de su inocencia, ya que según el libreto era una simulación del beso y no uno real, como ella lo hizo, lo que ocasionó que después de la obra, el hermano mayor de la pequeña quisiese asesinarlo.
- Pero si lucias muy lindo Syaoran... – le dijo pícaramente su compañera.
- Lo dices porque tu no hiciste el ridículo... – entrecerró sus avellana ojos para verle con cierto recelo – las cosas hubiesen sido distintas si hubieras intercambiado conmigo el papel del príncipe.
- Si lo hubiera hecho, no habría podido pedirte que te casaras conmigo, puesto que las princesas no se le declaran a los príncipes, en cambio, si yo era el príncipe si podía pedírtelo a ti... – le hizo un pequeño gesto, antes de sacarle infantilmente la lengua, el chico suavizo su semblante y rió abiertamente de la expresión tan graciosa en el rostro de su compañera.
- Pero al final los papeles se intercambiaron, ¿no es así mi bella princesa? – con su mano libre, el castaño tomó con delicadeza la mano de la joven, depositando en ella un sutil beso.
- Así es mi apuesto príncipe... – la chica le siguió el juego, acercando su rostro al de él para depositar un tierno beso sobre su mejilla.
- Entonces a vuestra majestad no le molestara que ahora su servidor sea el que tome la iniciativa... – el castaño se aventuró un poco mas, al besar dulcemente los labios afresados de su joven esposa.
- En lo absoluto su excelencia, siempre y cuando tenga la suficiente osadía para superar mi ingenio... – utilizó un sensual tono de voz para provocarle a penas éste se aparto unos pocos centímetros de su rostro.
- Es mi imaginación ¿o acaso usted me esta retando? – sonrió maliciosamente ante tan abierta invitación por parte de su pareja.
- Tómelo como a usted mayor le convenga, que de mi parte no habrá reclamación alguna... – le murmuro suavemente, para incitarlo un poco mas.
- Si eso es lo que vuestra majestad quiere... – le susurro en el oído, logrando erizarle los castaños cabellos de la nuca, al sentir sobre su piel almendrada, el cálido aliento de su amado – entonces no tendré piedad... – a penas si escucho lo último, ya que sin mayor preámbulo Syaoran se posesionó de su cuello, depositando en el, sutiles pero apasionados besos, que nublaban por completo la razón de la joven, quien una vez más se estaba dejando llevar por las maravillosas sensaciones que aquel hombre le provocaba con el simple roce de sus labios sobre su piel.
Sonrió levemente al sentir las fuertes manos de él abriéndose paso hasta instalarse sobre su cintura, todo daba a entender que el desempacar las cajas de la mudanza pasaría a un segundo plano de sus prioridades, más inesperadamente Syaoran se detuvo, observándole detenidamente por unos instantes.
- ¿Sucede algo? – le miró un tanto confundida, sin entender porque Syaoran se le había quedado viendo tan fijamente.
- Gracias... – fue la única palabra que profirió el joven, desconcertando aun más a su esposa.
- ¿Por qué...? – cuestionó al instante.
- Por hacer de mí el hombre más dichoso y feliz sobre la tierra... – declaró con sinceridad, acercándose a ella para besarla apasionadamente.
- Syaoran... – luego de un prolongado rato de besos y caricia, fue Sakura quien se detuvo.
- ¿Si? – le sonrió afable, mirándola directamente a esos hipnotizantes ojos esmeralda.
- Gracias a ti, por haber hecho real este maravilloso cuento de hadas que ahora estoy viviendo junto a ti... mi gallardo y valeroso príncipe... – era tan perfecto, tal como ese príncipe que desde niña había idealizado, podría decirse que ahora estaba viviendo en carne propia esos maravilloso cuento de hadas que su madre solía narrarle cuando era pequeña, y como en los cuentos, igualmente estaba viviendo su final feliz al lado de su príncipe azul.
FIN
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Espero que les haya gustado este último capitulo, aunque en lo personal me pareció que quedo no muy apto para diabéticos, digo, por el derroche de empalague y miel, en fin, pues luego de tanto tiempo, por fin es el final, y es que aunque siento algo de nostalgia al terminar una historia, siento mas alegría de acabarla y no dejarla inconclusa (como tantas otras que tengo por ahí jeje).
Pues muchas gracias por soportarme este tiempo y muchas mas al leerme y tomarse la molestia de dejarme un comentario, vaya que eso ayuda bastante, y es que sin esa pequeña motivación que le dan a una, simplemente no dan ganas de escribir y mucho menos de terminar con la historia.
Ahora si, espero que nos podamos leer en una próximo fic, ya sea de CCS o de cualquier otra serie, por ahora me enfocare en acabar, (si es que puedo, "El destino que nos une", que también es de CCS y una historia de Naruto que también está a punto de finalizar, ahora si ya me despido y pues, hasta en una próxima ocasión…
Atte. usagui-star
"La sabiduría sirve de freno a la juventud, de consuelo a los viejos, de riqueza a los pobres y de ornato a los ricos..."
PD: No se que tenga que ver esta frase aquí, pero igual se me antojo ponerla.
