Capítulo 11: Persecución y Descubrimiento
Luffy se sentía realmente feliz al poder caminar en el pueblo, aun cuando se había negado a usar una capucha para ocultar un poco su identidad, al final entendió que fue una buena idea. El golpe que le dio su amigo para que dejará de discutirle no tuvo nada que ver con eso.
—Zoro, te ves raro.
—No me hace gracia andarme ocultando —Zoro había cubierto su cabeza con un pañuelo verde oscuro y de todas formas estaba usando una capucha—. Pero me hace menos gracia que me anden persiguiendo cuando tengo hambre. Vamos a ese bar de ahí.
—¡Es verdad! Yo también muero de hambre ¿Y tú, Merry?
La ovejita; oculta en la capucha de Luffy donde sólo se veían sus ojitos curiosos; respondió en aprobación, así se dirigieron a un viejo bar, que hace un tiempo había sido visitado por su hermano Ace.
No estaba muy concurrido como aquella vez, todo gracias a que muchos de los clientes habituales estaban buscando a Zoro, que de forma irónica estaba sentado ahí.
—Zoro ¿Tú tomas cerveza?
—Sí, ¿Tú no?
—Cuando era niño lo hice a escondidas, pero el abuelo no me deja, dice que cuando sea grande podré hacerlo.
—¿Quieres beber ahora? Es muy temprano para eso.
—Ya son las cuatro, ¿Cuánto tengo que esperar?
—Vamos a pedir algo de vino, cuando sea de noche te invitaré un trago.
—Está bien —Luffy se quedó sentado con Merry mientras Zoro iba por la comida—. Es muy silencioso aquí.
El pelinegro observó con curiosidad a los demás clientes. Todos comentaban por qué un noble mundial buscaba a un chiquillo que se veía de los más normal. Luffy tampoco entendía porque buscaban a Zoro, él no lo consideraba alguien normal, pero Zoro era una buena persona para que le hicieran eso.
—Ahora que no hay tanta gente hay bastante comida para disfrutar —Zoro dejó una bandeja con grandes trozos de carne, así como un poco de vino para ambos—. ¿Estás bien?
—Sí, ¿por qué?
—Tienes cara de estar pensando en algo complicado.
—Me molesta el cómo lo has dicho.
—¿Pero tengo razón?
—Algo —la molestia de Luffy fue reemplazada por curiosidad—, ¿de verdad no sabes por qué te buscan?
Zoro se detuvo en su intento de llevarse un pedazo de carne a la boca. A pesar de que había demostrado no estar interesado en el tema, sentía bastante curiosidad.
—No recuerdo una razón para que me busquen, quiero saber el porqué, pero no tengo como saberlo. Conozco a un par de cazarrecompensas, pero zarparon hace un año para hacerse famosos y no sé de otra persona que me pueda aclarar esto sin intentar capturarme.
—¿No será que hiciste algo malo la noche de la fiesta? Había varios de esos tipos. Y yo también la jodí ese día.
Eso era. El peliverde había olvidado completamente al noble que había intentado propasarse con él. Porque lo único que tenía en la mente de ese día era Mihawk. Nunca pensó que un noble lo buscaría y no le hacía ni puta gracia la razón.
—Tiene que ser una broma ¡Si vuelvo a ver a ese tipo le corto la puta cabeza!
—¡Oye Zoro! ¡El vino es para los dos!
Pero ya era tarde. Zoro de un solo trago hizo desaparecer el contenido de las dos botellas. Sentía rabia por demasiadas cosas y no sabía por dónde comenzar a explicarle a Luffy. Se debatía entre contarle todo lo que sucedió esa noche a su alocado amigo. Pero sentía vergüenza al pensar en lo estúpido que había sido, especialmente porque aquella situación quedó olvidada por esos malditos ojos dorados.
—Sabes, tengo que contarte algo que me sucedió la otra noche. Cuando escapé de casa.
—¿Qué sucedió?
—Es que no lo entiendo.
—¿Qué cosa?
—Me besaron.
Zoro se arrepintió de tomarse las dos botellas. Ahora necesitaba más alcohol.
—¿Quién? —sabía que se arrepentiría de preguntar, pero los ojos de Luffy le estaban pidiendo ayuda— ¿Te obligaron? ¡No me digas que fue el cocinero ese!
—¡No! ¿Por qué pensaste en Sanji?
—Dijiste que fue la noche que escapaste y por lo que entendí, estuviste con él y esposado.
—No, no. Fue… Shanks —susurró Luffy con timidez—. Me hizo sentir cosas raras. Creí que me iba a explotar el pecho ¡No puedo dejar de pensar en eso! ¿Por qué alguien que no me conoce se tira sobre mí y me besa? ¿Por qué me sentí bien y luego me sentí mal?
Zoro se quedó en silencio. El tema le incomodaba; no quería hablar de ese tipo de sentimientos con nadie; pero Luffy había hecho la misma pregunta que había rondado en su mente. ¿Por qué Mihawk lo había besado?
—¿Zoro?
—Es… bueno, es incómodo para mí hablar de esto.
—¿Pero a ti te han besado?
—Sí, pero es...—Zoro se rindió— Está bien, escúchame con atención, porque no te lo repetiré —juntando toda la paciencia que tenía, Zoro se concentró para explicarle a Luffy sin terminar de golpearlo—. No tengo idea de por qué te besó, pudieron ser muchas cosas, tal vez es de esos bastardos que se creen con el derecho de andar haciendo lo que quieren porque se creen la gran cosa y quiso aprovecharse porque no podía defenderme o se calentó por lo que vio…
—Zoro —Luffy ahora lo miraba totalmente confundido—. ¿De qué hablas? ¿No pudiste defenderte? No te entiendo.
—Bee… —Merry se había quedado en silencio y Zoro se había olvidado de su presencia, pero se congeló cuando vio la sospecha en sus diminutos ojos, una expresión muy distinta a la que veía en Luffy, que por suerte no había comprendido.
—Te estoy dando un ejemplo y ya está, yo no puedo decirte por qué lo hizo, eso tendrás que preguntarle a él y sobre porque te sentiste bien, pues supongo que te gustó como te besó y luego te sentiste mal porque fue sin tu permiso y se fue.
—Pero fui yo quien se fue Zoro, simplemente no te entiendo, eres pésimo explicando.
—Entonces esto llega hasta aquí, hablemos de otra cosa.
—Pero necesito saber… ¿Me besas?
—¿Qué? —el peliverde se alarmó. Nunca había besado a un hombre, excepto a Mihawk—. Luffy te estás pasando.
—Es para saber qué se siente que otro hombre te bese y si cambia según la persona, no es necesario que me metas la lengua hasta la garganta como lo hizo él.
—¡Luffy! ¡Ya para, yo no quiero saber detalles! ¡Si quieres saber búscate a otro! Iré por un trago.
—¡Zoro!
Pero el peliverde no se detuvo, necesitaba un trago para calmarse y si podía un tiempo a solas, así que se quedó en la barra con su patentado rostro de pocos amigos que le ayudó a estar aislado. Decidió que cuando las cosas se calmarán, especialmente sus pensamientos, regresaría pero mientras tanto se dedicaría a maldecir a Dracule Mihawk por todo y, también, a Luffy por hacerlo pensar en él ¿Por qué lo había besado y después se fue?
Así permaneció en su asiento al menos veinte minutos y una vez se había calmado lo suficiente; es decir, sin ganas de golpear a alguien, porque sus pensamientos seguían recordándole aquella noche; consideró que era tiempo para regresar a la mesa donde se supone que Luffy se encontraría. Se suponía.
—¿Merry?
La pequeña ovejita estaba cómodamente sentada en la silla de Luffy mirándolo con una expresión que le decía "perdón". Zoro tuvo que contener las ganas de gritar de frustración y de golpearse por dejar solo a un chico que no podía quedarse quieto.
—¡No están, por ningún lado! Y se llevaron a Merry.
—Tranquilo Usopp, Merry debe estar escondida por algún lugar de la casa. Siempre lo hace.
—¿Es que no entiendes, Franky? —el narizón ya no podía contener su preocupación—. Merry es un ser demasiado frágil e inocente, mientras no la encuentre no voy a calmarme.
—A mí lo que me preocupa es que Zoro que es buscado se fue con Luffy, todos sabemos que escaparon para ir a buscar a Ace —Nami actuaba con molestia, pero por dentro estaba muy contenta por la oportunidad—. O los encontramos pronto o vamos huyendo. No sabemos porque buscan a Zoro y si son descubiertos por los cazarrecompensas o por la marina, podrían torturarlo para que les cuente en que está metido y con sólo eso estamos en problemas.
—¿Torturarlo? —la piel de Usopp se volvió casi blanca— ¡Pero la Marina no haría eso!
—No creas que la Marina no se mancha las manos y son blancas gaviotas.
—En eso mi bella Nami tiene razón —Sanji hizo su aparición mientras traía té para Kiwi, Mozu y Nami—. Algo agradable para pasar el mal rato.
—¡Gracias Sanji! —respondieron las gemelas.
—¿Qué hay de mí? ¡Han secuestrado a mi Merry! ¡Yo necesito un té!
—Usopp, tranquilízate —Franky había permanecido en silencio desde que se dieron cuenta de que Luffy y Zoro se habían ido aprovechando que todos estaban preparando el almuerzo—. Confiaremos en ellos.
—¿Estás seguro de lo que dices Franky? —Nami necesitaba ejercer más presión en el grupo y la actitud de Franky no le ayudaba— ¿Arriesgaras la vida de tu familia por ellos?
—Sí —la voz del carpintero no dejaba lugar a dudas—. Si quieres irte puedes hacerlo, es lo que has querido hacer desde que llegaste.
—Cuidado con lo que dices, Franky —Sanji ya no tenía consideración por el estrafalario hombre—. Respeta a la dama.
—Agradezco tu ayuda, Sanji, pero lo que dice Franky es cierto, si me quedé aquí fue porque estaba preocupada por Luffy y quería ayudarlo —lo cual no era una mentira—. Nunca me sentí cómoda entre ustedes. Espero que no les pase nada malo por esa estúpida fe ciega que tienen en ellos.
—¡Oigan! —la voz seria de un alto hombre de cabello azul y ratón en el hombro se dejó escuchar. —sus gritos se oyen desde afuera.
—No es nada Iceburg —Franky no quería tratar mal a Nami, él respetaba a las mujeres, pero su desconfianza con la chica era por su comportamiento, simplemente no podía confiar en ella. —¿Lograste lo que te pedí?
—Sí —el hombre llamado Iceburg, que había estado ayudando en la construcción del barco, los miraba a todos con algo de vergüenza—. Al final accedió, pero quiere cincuenta millones, ya le entregué la mitad, lo otro será cuando zarpen.
—Eso nos dejará con sólo cincuenta millones para suministros —meditó Franky con algo de fastidio—. Tendré que usar algunos ahorros, los precios se han elevado debido a la cantidad de barcos que están zarpando.
—¡Esperen! —gritaron Nami y Usopp, la primera trató de no sonar alarmada, pero el chico no ocultaba su angustia.
—¿Qué sucede? —Kiwi trató de calmar a su sobrino, pero éste se levantó de su puesto y se acercó a Franky.
—Entiendo que es necesario resolver lo del pago y lo que queda por comprar, pero no puedo quedarme aquí sin saber de Merry ¡Iré a buscarlos!
—¡Oigan! —Nami volvió a interrumpir. —¿De qué hablan?
—Lo siento linda, pero es un secreto —comentó con alegría Mozu—. Bueno, en realidad es simple, del dinero que trajo Luffy va quedando cada vez menos y Usopp, cálmate por favor.
Nami tuvo que morderse la lengua para no gritar y llorar. Había contado con poder robar el dinero, pero ella quería los cien millones. Ahora no tenía opción que jugársela por la recompensa de Zoro.
—¡Estoy calmado! ¡Iré a buscarlos aun si tengo que ir sólo!
—Yo te puedo acompañar a la ciudad —esta era la última oportunidad de la pelinaranja—. Pero después nuestros caminos se separan.
—Si mi bella Nami se va, yo me voy con ella —sentenció con absoluta lealtad Sanji—. Te protegeré de cualquier mal mi princesa.
—Gracias Sanji, si vienes conmigo me sentiré más segura —Nami sabía que, si declaraba su intención de marcharse, el rubio la seguiría y ella podía usarlo para atrapar a Zoro. Se aprovecharía también de Usopp para no levantar sospecha si ofrecía su ayuda al chico—. Iré por mis cosas.
—¡Apresúrate Nami! Ya van a ser las cinco y a saber cuánto tiempo nos llevan de ventaja.
—Mi hermosa dama me dijo que Zoro tenía problemas orientándose, de seguro están perdidos en el bosque.
—Pero Merry es experta en no perderse, siempre sabe cómo encontrar el rumbo como si tuviera una brújula.
—Hablas como si fuera un perro.
—¡Sanji! —Usopp colocó una expresión que demostraba claramente lo insultado que estaba— ¡Merry es una oveja!
—Usopp, ven un momento —Franky tomó al narizón por el codo y se lo llevó lejos de los demás antes de que Sanji le respondiera—. Necesito pedirte un gran favor.
—No me meteré en problemas.
—Eso está bien, pero no es lo que te quiero pedir —Franky se acercó hasta llegar demasiado cerca de Usopp, hasta pudo contar cada una de sus pestañas—. Quiero que le robes a Nami su maleta.
—¿Qué? ¿Es broma?
—Escucha, ella oculta algo y tú vas a averiguarlo. Eres un chico listo, sé que podrás hacerlo.
Usopp miraba aún sorprendido a su amigo. Era hábil en muchas cosas, pero de robarle a una ladrona que era protegida por un hombre que era mucho más fuerte que él, eso no podía hacerlo.
—¡Usopp, ya nos vamos!
—Te lo pido, Usopp, confío en ti.
Franky le dio un fuerte golpe en la espalda para que avanzara, y como un robot llegó hasta los otros dos que ya estaban saliendo por la puerta. El pequeño grupo se despidió y comenzó a descender por la colina, cada uno con un objetivo distinto; Nami buscaría a Zoro para cobrar su recompensa, Sanji quería enamorar a Nami y usaría cualquier truco para lograrlo. Por su parte, Usopp trataba de no sufrir un paro cardíaco antes de encontrar a Merry. Lo de robarle a Nami era simplemente imposible.
Mientras el grupo de Nami iba partiendo de la casa de Usopp, Coby y Helmeppo estaban por llegar a villa Shimotsuki. Eso alegraba mucho al rubio, que ya se había cansado de caminar por el bosque.
—Es un lugar muy bonito.
—Sería más bonito si quedará más cerca de la casa del señor Garp —las quejas de Helmeppo no habían variado desde que iniciaron el viaje—. Debimos pedir que nos trajeran.
—La próxima vez lo consideraremos —Coby se detuvo cuando vio un cartel que señalaba el nombre de la villa—. Bueno, ya llegamos.
—Ya era ho… ¿Qué carajos paso aquí?
Todas las casas del pueblo tenían flores blancas en las puertas y una gran multitud se dirigía a una gran casa que estaba en reconstrucción.
—Escuche que este lugar sufrió un ataque de piratas la noche del carnaval —Coby sintió impotencia ante la escena—. Algunos murieron ese día y otros quedaron en estado crítico.
—Así que falleció uno —Helmeppo también sentía furia por lo ocurrido. —Apresurémonos, Coby.
Los marines avanzaron hasta llegar a la puerta del dojo y con respeto pasaron por entre medio de las muchas personas que lloraban por la pérdida. La mayoría eran niños que usaban el uniforme de un aprendiz de kendo. Había algunos adultos que también usaban un atuendo parecido, pero de mayor grado. Cada uno de ellos guardaba silencio con solemnidad.
—Disculpe —aun cuando no le gustaba interrumpir un momento íntimo, Coby tuvo que llamar a uno de los aprendices—. Somos oficiales de la Marina y estamos aquí por una investigación. Se que no es el mejor momento, pero le pedimos su cooperación.
—¿Es por lo de los piratas? Ya vinieron oficiales a preguntar sobre eso.
—No es por eso —esta vez fue el turno de Helmeppo para hablar—. Estamos buscando a un hombre llamado Roronoa Zoro.
—¿Al superior? ¡Ustedes no son de la Marina! ¡Son cazarrecompensas!
—Se equivoca —Coby le mostró su insignia que lo acreditaba como un miembro de la Marina—. Soy el sargento mayor Coby. Entiendo que esté preocupado por su compañero, pero nuestra intención no es hacerle daño al joven Zoro, le prometo que si llegamos a dar con él nos aseguraremos de su bienestar.
El aprendiz lo miró con desconfianza por bastante tiempo, pero al final sus expresiones se suavizaron al ver la sinceridad en los ojos de Coby.
—Yo… no estaba cuando vinieron los piratas, el superior tampoco estaba —el joven dirigió la mirada a sus pies—. Cuando ocurrió el incendió muchos fuimos a ayudar a extinguirlo. Para cuando regresé al dojo, el edificio estaba destruido y el maestro muy mal herido. El superior Zoro regresó hasta la mañana siguiente. No sabía lo que había ocurrido.
—¿El joven Roronoa conversó con alguien cuando estuvo aquí?
—Con el maestro, después se fue y desde ese momento no lo hemos vuelto a ver.
—Sé que es mucho pedir —Helmeppo estaba ansioso y aunque respetaba el dolor del joven, no quería perder tiempo—. ¿Puedes llevarnos a ver a tu maestro?
—Síganme.
Los tres entraron en silencio a una repleta sala donde se realizaba el velorio. Su recorrido terminó al llegar frente a la imagen de un hombre sonriente que contrastaba con la expresión de dolor de las demás personas presentes.
—¿Quién es el maestro? —susurró el rubio al aprendiz.
—Estamos frente a él —Coby se inclinó en señal de respeto frente al retrato póstumo del maestro Koushiro—. Sus heridas eran criticas ¿verdad?
—No. Él quedó en muy mal estado después del accidente, pero se estaba recuperando muy rápido.
—¿Entonces qué sucedió?
—Cazarrecompensas —la voz del aprendiz estaba cargada de odio a pesar de hablar en voz baja. —Uno llegó hace dos días buscando al superior e interrogó al maestro.
—Pero no recibió la información que quería —Coby comprendía porque el joven frente a él había reaccionado de aquella manera al pensar que ellos eran cazarrecompensas—. ¿Pudiste ver al atacante?
—Sí —el joven suspiró y comenzó a describir al culpable—. Era un hombre alto, de cabello enmarañado, su piel era rojiza, de mirada perdida y apestaba a alcohol. Vestía un terno desarreglado y sucio.
—¿Nunca lo habían visto por acá?
—No, a pesar de que era un espadachín no se me hizo conocido, además a mi juicio era más un asesino que un cazarrecompensas.
—¿Por qué lo dice? —Helmeppo ahora se había puesto nervioso y terminó levantando la voz. Demasiado para un funeral.
—Por su presencia cuando atacó al maestro —el chico comenzó a llorar de repente, asustando a los presentes en el recinto—. Su cabeza… él la cortó y se la llevó.
Un nudo se hizo en la garganta de Coby cuando escucho el relato, un escalofrío recorrió su espalda cuando el llanto de la gente a su espalda se hizo más potente.
—Lamentamos lo ocurrido —el pelirrosa no sabía que decir, sentía que cualquier palabra sonaría demasiado vacía, pero habló por reacción ante la situación—. Atraparemos al responsable.
—Coby, es mejor que nos vayamos.
Los oficiales de la Marina se retiraron dando el pésame a cada persona que encontraron. Coby se sentía realmente mal. Él sabía cómo se manejaban los cazarrecompensas y también era consiente de como la Marina utilizaba sus servicios sin cuestionar sus métodos. Pero esto simplemente no estaba bien.
—Si el maestro era el único que tenía una pista del paradero de Zoro —Helmeppo volvió a hablar una vez estuvieron fuera del dojo—. Hemos vuelto a cero.
—Aquí no encontraremos nada, han pasado muchos días para que queden rastros del camino que el joven Zoro pudo tomar —Coby se colocó la mano en la frente para tratar de calmar el dolor punzante en su cabeza—. Me preocupa que un tipo peligroso esté buscándolo y encuentre al joven Luffy junto a él.
—Sé que te rehúsas a recurrir a un cazarrecompensas, pero podemos ir a una de las ciudades grandes y escuchar algunos rumores —aconsejó Helmeppo—. Estará lleno de esos sujetos compartiendo información.
—Y dando información falsa —la voz de Coby tomó un tono brusco.
—¿Tienes una mejor idea?
—Lo siento —el más pequeño miró a su compañero apenado—. Estoy preocupado, pero no debí hablarte así.
—Olvídalo —Helmeppo no demostró lo mucho que le había dolido aquella frase—. Hay un mercado bastante grande cerca de una villa que se llama Syrup.
—He oído hablar de ese lugar, queda cerca del puerto y de la zona marginal de la isla.
—Sí, cortaremos camino si nos vamos por la ciudad donde se encuentra la zona gourmet, hay un restaurante al que quiero ir; el Baratie.
—Helmeppo, estamos en servicio.
—Podríamos encontrar información en ese lugar ¿A Luffy le gusta comer no? Podría haber pasado por ahí.
—A quien le gusta comer es a ti, pero es un buen punto —Coby se detuvo un momento—. Pero comerás solo, después de la charla con el aprendiz… no tengo hambre.
Así los dos amigos partieron para cumplir su misión, sin notar que alguien los seguía a la distancia.
—Sé qué tenemos un trato —Buggy estaba disfrutando de su tercera copa de ron cuando ya no pudo contener su molestia—. ¡Pero ya lárgate!
—Me dijiste que vieron a Luffy en el Baratie —Shanks seguía con su primera copa llena—. No me iré de este lugar hasta que dé con él o con el cocinero rubio.
—¿Por qué no buscas una posada entonces? —la situación se le estaba saliendo de control al payaso. —Te empezaré a cobrar por estarte alojando.
—Tu amable esposa dijo que podía quedarme cuanto tiempo quisiera. No es seguro para mi moverme tanto tiempo en la ciudad.
—Ella no tiene que aguantarte —Buggy realmente quería llorar—. Estoy pensando seriamente en dar la alarma a la Marina y entregarte.
—Te perderías un gran tesoro.
—¿Crees que soy idiota? —el narizón se sentía humillado cada vez que Shanks recurría a esos trucos para engañarlo, por eso no pudo evitar que su mandíbula cayera hasta el suelo cuando Shanks dejó sobre la mesa una bolsa—. ¿Qué es eso?
Sin esperar a que el pelirrojo le respondiera, Buggy tomó la bolsa y la abrió para ver su contenido. Era justo lo que él creía que era. Una bolsa llena de joyas y monedas de oro que brillan como las estrellas.
—Sé que te estás arriesgando mucho al ayudarme —Shanks tomó el contenido de su copa de un trago—. Pero ya no puedo seguir esperando Buggy. Por favor.
—Haré lo que pueda por mi mejor amigo —el payaso se levantó para esconder la bolsa del tesoro y desde el cuarto que era su habitación, le gritó a Shanks—. Ayer te conté que hay un oficial de la marina buscándolo ¿verdad?
—Sí.
—Se llama Bogart y es la mano derecha del abuelo del chico —Buggy regresó donde estaba su amigo y le entregó un papel—. Esta es la lista de los marines que han entrado y salido de la mansión los últimos días, así como el nombre de la doctora y sus ayudantes.
—¿Los has seguido a todos?
—Por supuesto —contestó Buggy con voz de superioridad—. De todos los que han salido de ese lugar, sólo el tal Bogart ha estado buscando al chico, al menos hasta esta mañana.
—Ha pedido refuerzos —Shanks sabía que con el problema que tenía la Marina en ese momento, era difícil que desplegaran hombres para buscar a Luffy, pero que un solo hombre realizara la misión le preocupaba un poco.
—Puede ser —Buggy se sirvió otro trago y ofreció una segunda copa a Shanks quien la aceptó—. La mayoría se mueve de la casa al cuartel y los otros han zarpado para unirse a la batalla.
—¿Qué hay del cocinero?
—Se llama Sanji y desde que se adentró al bosque con el chico esa mañana nadie lo ha vuelto a ver. Ese tipo Bogart también le siguió el rastro, pero como te dije: han desaparecido.
—Bien.
—¿Shanks? ¿Dónde vas?
—Por respeto no quería causarle molestia al viejo Zeff —Shanks ya estaba caminando hacia la salida de la tienda—. Pero la única pista que tengo para encontrarlo es él.
—¡Espera un momento! —el peliceleste llegó hasta la entrada y le bloqueo al camino al otro hombre— ¡Ya te dije que hace dos días ese lugar es frecuentado por dos Shishibukais!
—Si me encuentro con Mihawk puedo arreglármelas y por Doflamingo no me preocupo.
—¡Pues deberías! —Buggy intentó convencerlo por última vez—. Te atacarán entre los dos.
—Mihawk siempre busca batallas honorables, no lo permitiría y Doflamingo sólo se sentará en algún lado disfrutando el espectáculo. Seré un buen hombre y me encargaré de no arruinar su cita.
—¿Ellos están saliendo?
—Ni idea —aprovechando la sorpresa de Buggy, el pelirrojo paso al lado de él—. ¡Gracias por el vino!
—¿Ya terminaste, capitán?
—Casi, iré a dar una vuelta al Baratie ¿Vienes conmigo, Yasopp?
—Sí —el rubio de rastas avanzó junto a su capitán en dirección al restaurante—. ¿Crees que el viejo Zeff nos reciba bien?
—Nunca tuvimos problemas con él cuando estuvo activo, tampoco tiene cuentas pendientes con el capitán Roger.
—Pero no querías ir.
—Porque no le hace bien a alguien que quiere no llamar la atención ser visitado por alguien que es buscado. No entra en mis planes meterlo en problemas.
—No puedo objetar eso.
Los dos hombres caminaron en silencio hasta llegar a la puerta del Baratie y entraron a un vacío recibidor.
—¿Creí que era concurrido? ¿sabes que paso aquí, capitán?
—Mihawk y Doflamingo.
—Bueno, hay que ver lo positivo. Nos atenderán rápido.
Y así sucedió. No tuvieron que esperar mucho para que apareciera un servicial camarero que tomara sus órdenes.
—Mira, está llegando más gente.
—Son marines, Yasopp.
—Principiantes —el rubio los miró un rato más atentes de volver a hablar—. Parecen prometedores.
—No los mires. Ya te dije que no quiero problemas.
—Pero estamos… —Yassop detuvo su frase justo cuando otra voz se hizo presente.
—Pelirrojo —la sabía voz del jefe de cocineros del Baratie llamó la atención del pirata—. Espero disfrutes tu comida.
Con cuidado el anciano dejó sobre la mesa una bandeja llena de aperitivos, así como tres botellas de ron. Sin esperar invitación Zeff se sentó con ellos.
—No esperaba que el jefe viniera a vernos —Shanks había pensado que Zeff no iba a hablar con él directamente—. Gracias.
—Sé a qué has venido —el rubio anciano destapó su botella y comenzó a beber—. Eres el tercero que viene preguntando por el chico.
Shanks imitó a Zeff y comenzó a beber. Yasopp se quedó en silencio esperando que la tensión no se volviera más pesada.
—¿Cómo lo sabes?
—El día de la fiesta uno de mis cocineros fue a preparar comida al palacio. Su nombre es Sanji y te vio con el muchacho —Zeff dejó su botella en la mesa y miro a Shanks con curiosidad—. Es un chico raro que mi estúpido aprendiz volvió a ver días después, lo reconoció y lo trajo hasta este lugar para ayudarlo.
—¿Me dirás dónde están?
—Hace algunos días se fueron temprano en la mañana y no sé a dónde se dirigían. Lo único que te puedo decir es que buscaban a una chica llamada Nami que iba a ayudarlos con las esposas que él traía puestas.
—¿Le dijiste esto a alguien más? —preguntó esta vez con curiosidad Yasopp.
—Han venido otros dos buscándolo. Uno era un marine que dijo llamarse Bogart y el otro era un cazarrecompensas que bebió más de la cuenta y no pagó. Ninguno me creyó cuando les dije que no sabía.
—Gracias.
—Los encontraran pronto y sé que la mejor opción que tienen esos chicos por ahora eres tú, no quiero que mi tonto hijo sea lastimado—Zeff sé levantó de su puesto tras terminar su trago—. No me hagas arrepentirme.
Los piratas esperaron a que el anciano se fuera para volver a comer, pero la comida a pesar del delicioso sabor fue demasiado tensa.
—Tenías razón, no debí mirarlos —Yasopp sentía los ojos de los jóvenes marines en su nuca—. Ya está atardeciendo, podemos perderlos en el bosque. Son pésimos espiando… ¿Shanks?
—Los conozco —Shanks terminó de comer y dejó sobre la mesa el dinero por lo consumido. —Vamos al bosque, no quiero hacer un escándalo en la ciudad.
—Son muy jóvenes para cargárnoslos —el rubio hizo una mueca de tristeza. —Deben tener la edad de Usopp.
—No los vamos a matar —Shanks le dio una mirada asustada a Yasopp—. El más bajo estaba bailando con Luffy antes que yo lo hiciera, deben ser amigos.
—No los vamos a matar, pero vamos a secuestrarlos e interrogarlos.
Shanks se encogió de hombros, comenzó a avanzar a la salida. Eran piratas y muchas veces habían hecho cosas un poco deshonestas. Pero ahora estaban a un paso de cometer un secuestro… ellos eran piratas que querían divertirse, no eran los que robaban o pedían rescates. Yasopp pensaba que siempre había una primera vez para todo.
Ambos hombres salieron del restaurante mientras eran observados por Coby y Helmeppo. El rubio fue el primero en hablar.
—Ni lo pienses Coby.
—Pero es el pelirrojo.
—¡Sí! —Helmeppo tomó las manos de Coby con brusquedad— Por eso te lo digo.
—Él está detrás de Luffy —el más pequeño intentó soltarse del agarre de su amigo—. No dejaré que le haga daño.
—¿Entonces iremos a que nos maten? —Helmeppo se estaba desesperando. —Ese hombre es uno de los más buscados por la Marina. Necesitamos refuerzos.
—No podemos perder tiempo buscando ayuda —Coby logró soltarse de las manos de Helmeppo—. Ve tú solo, por qué yo voy tras ellos.
Helmeppo no pudo reaccionar cuando Coby salió corriendo por la puerta. Se quedó ahí totalmente en estado de shock. Su amigo siempre había sido un hombre sereno, pero que jamás toleraba las injusticias y se apasionaba al defender a los inocentes. Helmeppo temía que esa amabilidad terminará matando a su ser amado.
Ya estaba a punto de oscurecer cuando Luffy se cansó de vagar por el bosque. Había considerado la idea de seguir a Zoro hasta la barra, pero decidió que lo mejor era darle tiempo a su amigo. Dejó a la pequeña Merry en su asiento y salió a dar un paseo. Y se perdió.
—Estúpido bar que te perdiste —era una queja tonta, pero en ese momento no le importo ser infantil—. Estúpido Zoro que no quisiste besarme.
—¿Te han roto el corazón?
—¿Qué? —Luffy se congeló al escuchar una voz proveniente desde las sombras—. ¿Quién eres?
—Alguien —cerca de él un joven con un sombrero que hacía sombra en su rostro apareció detrás de un árbol.
—Tienes un nombre raro.
El joven lo miró por un momento confundido antes de comenzar a reír. Luffy comprendió que se estaba burlando de él y eso lo molesto.
—¡Oye!
—Está bien, disculpa —el misterioso hombre se acomodó el sombrero negro dejando que Luffy pudiera ver más de su rostro. Tenía un tatuaje en forma de garfio en su mejilla izquierda. —Me dirijo al bar. Si quieres me sigues.
Luffy actuó antes de pensar y lo siguió. En su cabeza una voz parecida a la de Nami le decía que estaba haciendo una estupidez al confiar en un extraño, pero las dudas desaparecieron cuando en menos de dos minutos llegaron a la entrada de la empobrecida ciudad.
—¿Este es el bar que buscas?
El misterioso sujeto le señaló el bar donde había entrado con Zoro. Desde el exterior pudo sentir que el local estaba lleno con solo escuchar el bullicio. Dudaba mucho que Zoro estuviera aún en ese lugar.
Luffy se volteó para ver al chico misterioso que ahora se alejaba en dirección a una posada y sin tener un lugar donde ir lo siguió. La voz de Nami volvió a resonar en su mente gritándole que regresara. Pero no le hizo caso y siguió a "alguien" hasta que éste se detuvo frente a la puerta de una habitación.
—¿Quieres descansar un rato?
—¿Tienes comida?
—No, acá sólo tengo una cama, si quieres comida tienes que bajar al comedor.
El chico abrió la puerta y la dejó un poco abierta. Luffy se quedó un par de minutos debatiéndose que hacer. Sorprendentemente no tenía hambre ni sueño. Pero tenía una estúpida idea en la cabeza. Si algo no salía bien le echaría la culpa a Zoro porque él le había dicho que buscara a alguien más, y ahora estaba frente a "alguien".
—Permiso —con cuidado entró en la simple habitación y observó al chico que miraba por la ventana—. ¿Te puedo hacer una pregunta?
—Depende de lo que quieras saber —el joven seguía sin quitarse su sombrero, pero ahora podía ver un poco mejor su rostro. Sus ojos centellaban—. No te diré mi nombre y tampoco me interesa saber el tuyo.
—No te iba a preguntar eso y tampoco iba a decirte el mío —Luffy se acercó con cautela y preguntó con dura honestidad—. ¿Has besado a un hombre?
—Sí —el hombre se sacó el sombrero y dejó ver su cabello ondulado de color castaño. Por un momento el sujeto le recordó a Ace, pero la mirada era demasiado distinta—. ¿Quieres que te bese?
—No —Luffy estuvo a punto de decir sí, pero no tuvo que escuchar la voz de Nami para saber que era mala idea—. Sólo quería saber.
El otro joven no contestó y lo único que hizo fue desvestirse. Dejó su sombrero en una repisa y se quitó su chaqueta amarilla, así como una sudadera blanca y sólo se quedó con sus pantalones negros.
—Bien, chico curioso —el pelicastaño se acercó a Luffy con lentitud—. ¿Te quedas o te vas?
—Yo —Luffy contuvo la respiración y le respondió al castaño con un leve asentimiento de cabeza. —Me quedo.
—¿Sabes lo que quiero que hagamos?
—Besarnos.
—Tengo algo más en mente, pero no te obligaré a hacer algo que no quieras —el hombre que era más alto que Luffy colocó sus manos en los hombros del pelinegro—. Y si quieres que pare lo haré.
—Está bien.
"Alguien" llevó sus manos a las mejillas de Luffy y junto sus labios de manera inocente. El menor se quedó quieto y cerró los ojos, pero no se sentía igual al beso que Shanks le había dado y por eso estiro sus brazos para colgarse del cuello del hombre frente a él y profundizo el contacto.
—Oye —el hombre se alejó sonriendo un poco—. ¿Estás ansioso?
—Bésame así —Luffy no dejó que el otro hablara y lo abrazó dándole un beso demandante y húmedo. Torpe pero apasionado.
Entre pasos lentos fueron retrocediendo hasta llegar a la cama donde cayeron quedando Luffy encima. Los besos salvajes seguían y las caricias no tardaron en llegar.
—Y yo pensé que eras un angelito.
—Cállate —aún no lo sentía, aquella sensación de calidez en su pecho que amenazaba con explotar en cualquier momento—. No quiero que pares.
Sin esperar el brusco movimiento de su acompañante, Luffy quedó boca arriba con ambas manos a los lados de su cabeza. Miró a los ojos del otro hombre que lo miraba con un brillo extraño. No sintió miedo ni vergüenza ante esa mirada. Ya había sentido esas cosquillas cuando se tocaba en su habitación frente al espejo de su baño, pero no sabía que podría sentirla con otra persona de la que ni siquiera sabía el nombre.
Con movimientos lentos ambos comenzaron a quitarse la ropa sin dejar de mirarse. La habitación estaba a oscuras, pero se podían ver cada detalle en la piel del otro, así como el claro deseo de ambos.
—¿Qué prefieres?
—Nunca lo he hecho —Luffy no se sintió avergonzado por lo dicho. Sabía que estaban teniendo relaciones y que ahora estaba vulnerable—. Sólo quiero sentir eso.
—Está bien —el pelinegro no le importó si su mensaje había sido mal interpretado. Él quería volver a sentir lo que Shanks había provocado en él—. Relájate.
Las manos de "alguien" comenzaron a acariciar cada rincón de su cuerpo. La cálida boca dejaba besos en su piel y Luffy temblaba cada vez que sentía el contacto. Sentía el cosquilleo del deseo, no era la primera vez que sentía las caricias de unas manos en su intimidad, pero no era lo mismo sentir manos ajenas que las propias.
—Vas lento… —Luffy jaló los cabellos castaños y guío la boca del otro hombre hacia su intimidad de forma demandante—. Ahh.
Luffy apenas pudo contener el gemido cuando el castaño tomó su miembro en su boca y se río provocándole cosquillas.
Era demasiado lo que sentía, pero no era lo que quería. Era agradable y quería más, pero se sentía vacío, por más que buscó y acarició a su compañero no lo conseguía. Estaba por rendirse cuando comenzó a sentir una intrusión en su cuerpo. Escuchaba las palabras del otro hombre y trató de calmarse.
Las caricias seguían y comenzó a sentir una mezcla entre molestia y calentura. Una sensación que no había experimentado nunca y que no podía explicar del todo… se quedó quieto esperando a ver qué haría su compañero. Conteniendo el aliento vio como el miembro del otro se acercaba a su trasero. Los ojos del mayor lo miraban fijamente y sintió miedo.
—¿Quieres que pare?
—No —Luffy tomó con brusquedad el pene del otro haciendo que éste gimiera con un poco de dolor—. Ya te dije, quiero sentirlo.
Sin esperar a que se lo repitieran otra vez, ambos cuerpos comenzaron a unirse. Las uñas de Luffy se clavaron en la blanca espalda y tiró su cabeza hacia atrás al sentir la intromisión.
—Te daré un consejo —susurró con voz ronca en su oído—. Cierra bien los ojos y piensa en él.
—¿Qué?
—Piensa en el hombre que te está atormentando —una suave caricia provocada por una lengua en el lóbulo de su oreja lo hizo estremecer—. Piensa que es él quien está aquí y es quien está dentro tuyo. Grita su nombre en tu mente y no te detengas. No me veas a mi… solo siéntelo a él.
Y de cierta forma pudo lograrlo. No veía a Shanks, pero si sentía que estaba con él. Se concentró en pensar que las manos y los labios que lo acariciaban eran de él. Fantaseó con el miembro del pelirrojo dentro de él. Sintió que se mareaba y sus sentimientos lo estaban llevando del deseo al miedo. Quería decir su nombre, pero quería que el verdadero lo escuchara. La sensación de calidez en su pecho estaba ahí, pero no era suficiente.
—Ya estás a punto...
—Espera —el pelinegro intentó contenerse, quería sentir más de esa sensación—. Aún no.
—No es bueno aguantar.
—¡Por fav...¡ —no pudo finalizar su pedido cuando la corriente del deseo lo golpeó y terminó estallando en la mano de "alguien"— No.
—Lo siento —el otro ya había salido de su cuerpo y terminó sobre el vientre del menor. —Tienes aguante para ser tu primera vez.
—Lo estaba sintiendo.
—No es mi asunto, chico —el hombre misterioso se levantó con cuidado y se dirigió al baño—. Pero si fuera tú, buscaría a ese hombre y le exigiría a él esa sensación.
—No sé dónde está —los ojos de Luffy pesaban, pero su cuerpo se sentía liviano—. Ni siquiera sé que es lo que busco.
—Yo sé lo que buscas, pero no te lo diré —la puerta del baño se cerró, pero aun así Luffy pudo oír. —Debes descifrarlo por ti mismo.
El pelinegro mantuvo esa frase en su mente hasta que se quedó dormido. No supo si fue durante horas o minutos, pero cuando despertó se sintió de alguna forma… perdido.
Buscó a "alguien" pero estaba solo. Su cuerpo había sido limpiado y su ropa estaba al lado suyo. Comenzó a procesar lo que había hecho. Se acostó con un extraño y lo disfrutó. Pensó en Shanks y se sintió de maravilla, pero ahora se sentía vacío y solo.
