Subiendo de rapidito!


Capitulo 11

Mis ojos quedaron clavados a los de Gakupo y no podía describir lo que había en ellos, porque simplemente mi mente no terminaba de analizar lo que acababa de decir. ¿Casarnos? Hace unos días Kaito me había pedido lo mismo, y lo había mandando al demonio. Y ahora venían con esta estúpida propuesta. La confusión dio paso a la furia, debía salir de ahí o me lanzaría por el balcón. Sin pensarlo comencé a correr por los pasillos. Mi vista comenzó a nublarse y de un segundo a otro deje de oír los grito de Gakupo. Al dar vuelta a una esquina, un cuerpo freno mi carrera y me lanzo al suelo.

- ¡Diablos! – escuche a una mujer gritar.

- ¿Meiko? – dije alzando la vista.

- ¿A ti que te pasa? – dijo preocupada. Y es que podía sentir como las lágrimas bajaban por mi rostro.

La tome de brazo y la conduje a la primera habitación que encontré abierta. Era un pequeño estudio, donde se hallaba el piano de Len. Mi respiración era agitada y las lágrimas no paraban de salir. Meiko me tomo y me abrazo de una manera muy maternal.

- ¿Qué paso? – dijo acariciando mi cabello.

- Ellos… - No me sentía capaz de repetir lo que me había dicho Gakupo, sentía nauseas de recordarlo.

- No digas nada - dijo Meiko – primero cálmate, toma aire.

Di unas grandes y rápidas bocanadas de aire, me limpie los ojos y note una mezcla negra en las manos. Había arruinado mi maquillaje. Meiko me hiso sentarme en un pequeño banco y ella se sentó frente de mi.

- Ellos, mis padres- dije desviando la mirada. Ahora me sentí avergonzada por ser tan infantil. – Quieren que me case con Gakupo – Meiko no dijo nada, solo abrió mucho los ojos y mantuvo su mirada fija a mí, posiblemente asimilando mis palabras.

- ¿Por qué? – pregunto finalmente.

- Quieren unirse. Ayudar económicamente al padre de Gakupo en su carrera política, a cambio de poder seguramente – dije hablando mas claro, mi gimoteo había cesado – Y la mejor manera de asegurarlo es haciendo que sus hijos se casen.

- ¿Por qué creen que un matrimonio arreglara todo? – pregunto frunciendo el ceño.

- No lo sé, tal vez piensen hacer un contrato prenupcial – me sentía tan confundida como ella.

La habitación permaneció en silencio unos minutos, ambas metidas en nuestros propios pensamientos. Mi vista estaba clavada en el piano de Len, mi mente se retorno al tiempo en que la casa estaba siempre inundada de la música que Len generaba con su piano. Ese recuerdo me hiso sonreír un poco.

- Sabes, es un gran desma…

- ¡Meiko! – le interrumpí, pero no pude evitar sonreírle.

- Solo niégate – me dijo un poco más seria – no pueden obligarte.

- No, pero pueden chantajearme – dije tristemente.

- Tienes razón, pero eres lista sabrás manejarlo – me guiño un ojo. Se levanto y se dirigió a un sillón de la habitación, se inclino y tomo algo que había detrás de este. – Mira lo que tu novio me dio.

- ¿Novio? – se refería al chico de las bebidas. En sus manos sostenía una botella completamente llena de Whisky - ¿Cómo conseguiste eso?

- No quieres saber – dijo sacudiendo la cabeza y dándome una sonrisa picara. - ¿Por qué no, nos divertimos un poco?

Una hora había bastado para llegar al fondo de la botella. Nos encontrábamos fuera de la mansión, en uno de los jardines traseros, habíamos pasado el tiempo bebiendo y hablado de cosas sin sentido, a veces solo escuchando la música que salía del lugar. Meiko nos servía las últimas gotas de la botella, para después arrojarla al césped. Tenía mis ojos cerrados mientras llevaba el vaso a mi boca y bebía todo de un trago. El aire era demasiado frio y estaba lleno del olor a tabaco proveniente del cigarro de Meiko. Puso lo que quedaba del cigarro cerca de mi rostro, lo tome y lo lléveme a mis labios. Abrí los ojos para ver como las volutas de humo escapan de mi boca.

- Bueno se acabo- dijo haciendo una mueca.

- Mi madre ha de estar buscándome –dije, con la voz un poco ronca.

- No creo, ha de estar atendiendo a tus futuros suegros- dijo Meiko mientras soltaba una carcajada – Ok, soy una maldita.

- Si, lo eres – pero no podría culparla, a mí también me había parecido gracioso, era el maldito alcohol.

- ¿Qué pasara con Kaito?- soltó Meiko sin más.

- No lo sé – dije sinceramente, ya que no me importaba. – De todas maneras pensaba terminar con él.

- ¿Por qué? – pregunto.

- Porque también me propuso matrimonio – dije mirándola como se reía.

- Pobre tipo – dijo una vez que paro de reír. – No te preocupes yo podría consolarlo. – dijo guiñándome el ojo, a lo que yo solo pude sonreír.

- Hazle lo que quieras – dije cerrando nuevamente los ojos.

- ¿Quieres entrar a bailar? – me pregunto. Me sorprendo la manera tan rápida de cambiar de conversación.

- Si, vamos - dije haciendo una mueca parecida a una sonrisa.

Entre risas y tropiezos llegamos nuevamente al salón, no sin antes revisar y arreglar mi cabello y maquillaje, y es que tenía una facilidad para lucir desastrosa. Al entrar note que la música y el ambiente era un poco mas movido, posiblemente muchos invitados se encontraban en un estado peor que el de Meiko y yo. Caminamos un poco entre la gente, pero no tardo para que Meiko divisara un tipo muy guapo de cabellos oscuros, rápidamente me miro y yo solo asentí, como dándole permiso de ir y dejarme sola.

Seguí caminando, tratando de alejarme de los grupos de chicos que buscaban bailar conmigo y es que no me sentía de humor para fingir empatía. Llegue a la que había sido nuestra mesa y sentado completamente solo encontré a Len. Fruncí el ceño al notar que sostenía un vaso, podía imaginar su contenido. Lentamente me acerque a él.

- ¿Y tu novia? – pregunte sarcásticamente, inclinándome un poco hacia él.

- Luka esta en el baño – dijo sin voltear a verme. Maldito, seguro lo dijo para hacerme enojar.

- Bueno – dije sentándome a su lado, mirando hacia las personas que bailaban.

- Apestas a alcohol y cigarro – dijo, y su voz sonaba excesivamente irritada.

- Lo que tienes en tus manos tampoco es agua – dije señalando su vaso.

- Rin, dijiste que te portarías bien – dijo mirándome fijamente. No tenía que ser un genio para saber que Len estaba un poco mareado.

- Me estoy portando bien – acerque mi rostro al suyo, lo cual lo puso nervioso – tu eres el que se está poniendo agresivo – dije tomando su vaso y tomándome su contenido.

Permanecimos un buen rato callados, yo solo me preguntaba cuando vendría Luka a llevarse a Len. Le di un pequeño vistazo, lucía un poco desaliñado. ¿Qué le paso? De un momento a otro sentí la mirada de Len muy fija en mi rostro y no pude evitar sonrojarme, por suerte estaba un poco oscuro.

- ¿Quieres bailar? – me pregunto.

- ¿Qué?- gire mi vista a él. Lucia mareado pero aun consciente de sus palabras.

- ¿No quieres bailar?- volvió a preguntar, esta vez sonriendo.

- Vale – dije, tratando de sonar normal.

Tomo mi mano y nos llevo hasta el grupo de gente que bailaba. Se abrió paso entre todos los cuerpos que se movían y se detuvo cuando estuvimos en el centro. La música era rápida, alguna mezcla de electrónica, o algo así. Yo no era tan buena en la música como Len.

Comenzó a moverse y a brincar tratando de seguir el ritmo, yo solo pude reír ante su intento de baile, pero lo seguí. Nos movíamos como dos locos junto al resto de los invitados, era un mar de brazos desenfrenados. Cerré los ojos para dejarme envolver por la música, en verdad quería olvidar lo que había pasado con Gakupo, la botella y el bailar con Len estaban ayudando mucho.

Cuando sentí que me encontraba demasiado cerca de Len, abrí los ojos, él estaba mirándome detenidamente. Ninguno había parado de bailar, pero ahora nos mirábamos de una manera muy extraña. De repente la música dio un cambio muy rápido, todos gritaron de emoción al oír el nuevo ritmo que sonaba. Era una mezcla de salsa, pero más lenta, no sabría como describirla.

Len me tomo de la mano, pensé que nos llevaría de regreso a la mesa, pero en cambio la poso detrás de su cuello, y tomo la otra entre la suya. Casi suelto un pequeño grito al sentir una de sus piernas entre las mías. Lo sentí tensarse y pude leer en sus ojos algo de nerviosismo, en verdad no entendida lo que pasaba.

- Se baila así – dijo a la vez que me pegaba a su cuerpo. Sentía su respiración en mi oreja. No podía ver su rostro.

Comenzó a mecerse de lado a lado, al principio un poco lento. Su mano libre se poso en mi cadera, me fue guiando para que la moviera al ritmo de la suya. Nuestros cuerpos estaban tan pegados que podía sentir su respiración debajo de la ropa. Cuando pensó que tenía el paso aprendido acelero el ritmo a la velocidad de la canción.

Podía ver que todas las parejas bailaban igual, pero eran parejas, los hermanos nos debían bailar así. Aun así nadie nos prestaba atención, ¿Tan ebrios estaban?, o tal vez solo yo lo veía mal. Me volví a asustar cuando Len me soltó y me hizo dar una vuelta rápida, para después volverme a sujetar.

- Que mal bailas – me dijo bromeando. Por fin podía ver su rostro, estaba tan sonrojado como yo.

- Lo siento – dije apenada.

Volvió a esconder su rostro en mi hombro. La música era rápida, y tenía un poco de sensualidad en la letra. Cerré los ojos e intente relajarme y déjame guiar, ya que un momento como este no se volvería a repetir.

El cuerpo de Len y el mío se movían con mucha sincronización, era como si embonaran perfectamente, como si fuéramos dos piezas de un rompecabezas. Incluso podía jugar que su corazón y el mío latían al mismo tiempo y velocidad. Era perfecto.

- ¡Len! – escuche una voz llamándole. Abrí mis ojos y me separe de Len.

Gire mi cabeza hacia la voz que lo llamaba, a lo lejos estaba Luka, alzándose en puntas para mirar hacia nosotros. Escuche a Len lanzar un pequeño suspiro. Tomo mi mano y nos condujo hacia donde esta se encontraba. Quería matarla.

- Len, te he estado buscado – dijo Luka sonriente y un poco apenada.

- Lo siento, solo bailaba un rato con mi hermana – dijo Len. Claro su hermana.

- No, lo siento si interrumpí – dijo esta vez dirigiéndome una mirada.

- Bueno, creo que los dejo solos – dije finalmente y me aleje antes de que pudieran decir algo.

Me dirigí nuevamente a la mesa de tragos, y me sorprendió no encontrar al tipo guapo, ¿Estaría con Meiko? Ese pensamiento me hiso sonreirá un poco. En su lugar estaba una chica.

- Dame esa botella – dije secamente.

- Señorita… - parecía confundida.

- Si, la de vino – dije cruzándome de brazos.

- No puedo darle toda la botella – dijo nerviosa. Lucia un poco linda.

- ¿No sabes quién es ella? – escuche una voz detrás mío. Gakupo – Es Rin Kagamine, ama y señora de todo lo que ves – dijo levantando los brazos de una manera muy estúpida.

La chica solo asintió y me dio la botella sin decir más. Yo la tome y comencé a caminar hacia la salida, podía imaginar que Gakupo me seguía. Cuando estaba por salir al pasillo sentí su mano tomar mi muñeca.

- Rin – dijo asiéndome girar - ¿No quieres conocer un poco a tu futuro esposo? – dijo esbozando una sonrisa burlona.

- Quieres que la rompa en tu cabeza ¿No? – dije sonriendo maliciosamente, y es que si seguía insistiendo lo haría.

- No, pero en verdad quiero que hablemos – esta vez lo dijo muy serio.

Llegamos a otra habitación, era una pequeña biblioteca donde solía trabajar nuestro padre. Estaba un poco oscuro, pero cuando Gakupo se disponía a encender la luz yo lo detuve, y es que me gustaba como entraba la luz de la luna por la ventana.

Permanecimos un buen rato en silencio yo me había sentado en el escritorio y Gakupo seguía frente a mí de pie. Abrí la botella y le di un gran trago, sentí como bajaba por mi garganta. Una gota se había escapado por la comisura de mis labios, estaba por limpiarla pero Gakupo se me adelanto.

- Por cierto, luces sexy en tu vestido – dijo sonriendo y retirando su mano de mis labios.

- Gracias – dije mirándolo seriamente.

- Rin, yo no tengo nada que ver en esto – dijo mirándome fijamente.

- No lo sé – dije desviando la mirada – se que odiarías casarte, pero esto también te beneficia.- Él permaneció en silencio, como asimilando mis palabras, su rostro lucia un semblante dolido.

- Tal vez, pero jamás haría que te casaras conmigo – dijo levantando el rostro – a mi en cambio, la idea no me desagrada.

- ¿Gakupo? – dije nerviosa.

Se acerco a mí, aprovechando que tenía las piernas separadas sobre el escritorio, para ponerse en medio, agradecía que mi vestido fuera tan largo y voluminoso. Poso sus manos en mi cintura, acerco su rostro al mío y nunca desvió la mirada. Pensé que me besaría.

- Rin, te amo – dijo en un susurro. Creí que estaba de broma. – Pero sé que tu no me amas – dijo alejándose un poco.

- Si, tienes razón, no te amo – dije fríamente.

Sentí que estaba por alejarse de mí, pero con mis piernas aprisione su cuerpo, velozmente lo tome de la camisa y tire de ella para besarlo. Al principio titubeo pero después me siguió el ritmo, su boca sabia a licor.

Una de sus manos siguió sujeta a mi cintura y con el otro tomo mi cabeza, acercándome más a él mientras jugaba con mis cabellos. Mis manos estaban sobre su pecho, sobre su camisa, desabrochando sus pequeños botones. ¿Adonde había ido su saco? Cuando su camisa estuvo lo bastante abierta, comencé a acariciar su pecho, y el recuerdo de Len bailando tan pegado a mi volvió a mi mente, y no pude evitar separarme bruscamente de Gakupo. Él me miro extrañado, pensé que diría algo, pero en cambio bajo su boca hasta mi cuello, donde quito algunos botones para dejar mi piel libre, un pequeño gemido escapo de mis labios cuando sentí su lengua sobre mi piel. Estaba siendo un poco brusco, dando algunos pequeños mordiscos, pero en ese momento no me importo.

Estuvimos jugueteando un largo rato, solo besándonos y tocándonos. Pero Gakupo quería algo más, porque comenzó a subir sus manos por mis piernas, esto me asusto un poco, ya no era mi intención hacerlo con él ahí mismo.

- Debo irme – dije empujándolo un poco.

- Lo siento – dijo avergonzado. Era muy tierno a veces.

Me baje del escritorio y camine hasta un pequeño espejo colgado en la pared. Lucia como se luce cuando, bueno, haces lo que estábamos haciendo. Que idiota.

- Rin – dijo Gakupo, que seguía mirándome.

- No quiero hablar hoy – dije secamente.

Me acomode nuevamente el cabello, y mire mi cuello, tenía solo una pequeña marca roja. Baje mis manos al vestido y lo alise donde se había arrugado. Camine ahora hacia la puerta, pero antes le di un ultimo vistazo a Gakupo.

- No puedo darte más que esto – dije, para después salir.


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