Diez
Un diez
La pócima mágica. No había otra descripción posible para argumentar ese don nato que poseía Quinn de lograr que todos sus miedos se esfumasen, y las ganas de continuar caminando con paso firme regresaran a ella. Y ni siquiera era consciente de que tenía ese don, esa magia de lograr con una sola mirada lo que nadie era capaz de lograr en ella con cientos de palabras, de halagos desmesurados que copaban las portadas de revistas, y la multitud de aplausos y sonrisas que recibía tras cada actuación. No se lo había dicho, pero tampoco era necesario hacerlo.
Rachel solo necesitó dormir abrazada a ella después de confesarle su pequeña, aunque grande tratándose de alguien como ella, desilusión en el teatro, y recibir su dulce mirada llena de valentía para entender que estaba destinada a seguir caminando sobre un escenario, que aquella extraña locura de abandonar su gran pasión que merodeó por su mente cuando se encontraba en el Teatro Orpheum de Phoenix, a casi 4.000 kilómetros de su hogar y de su familia, solo fue eso, una extraña y volátil locura. Fue tanta la ansiedad que sintió desde aquel momento hasta completar la gira con 20 actuaciones más, que llegó incluso a convencerse de que sería su último trabajo sobre los escenarios. Que lo único que quería hacer a partir de entonces era estar cerca de Elise y de Quinn, saciando la necesidad de vivir ligada al teatro dando clases a los más pequeños en cualquier escuela, o tal vez opositar para ser profesora en NYADA y preparar a conciencia a quienes algún día llegarían a ocupar las marquesinas de los mejores teatros de Broadway.
Pero todo ese barullo desapareció, y lo hizo gracias a Quinn y su don de persuasión, sin embargo, fue Glen quien terminó por convencerla, aunque de esto su representante ni siquiera fue consciente.
—Le dije al representante de Howard que no vamos a depender de su calendario—sonó contundente tras dar un sorbo a la taza de café que con esmero le había preparado Rachel—Le he avisado que tiene un mes para decidirse y concretar fechas. En Julio mi única preocupación será girarme en la hamaca para no broncearme solo mi perfecto y escultural trasero.
—¿Broncearte? Dirás teñirte de rojo, ¿No?—bromeó Rachel sentada frente a él.
—¿Qué dices? Yo me pongo moreno, no soy como Quinn que parece un cangrejo de rio cuando pasa una hora al sol.
—Si te vuelves a meter con Quinn, te vas de mi casa—le amenazó divertida.
—Ok, no desvíes el tema de conversación. ¿Estás de acuerdo con mi ultimátum a Howard?
—Ya te dije que sí. No pienso ni tengo necesidad de depender de ningún productor con más ego que méritos.
—Ok, pasando página—musitó deslizando el dedo por la pantalla de su tablet—Tengo dos reuniones concertadas con Edward Thomson y Marcus Montgomery. Tienen en mente un proyecto para mediados del año que viene, no tengo muy en claro de que se trata pero va a estar respaldado por la Universal Broad…
—¿Para mediados del año que viene?—le interrumpió—Eso es mucho tiempo, ¿No?
—Tú me dijiste que querías un año sabático—alzó la mirada hacia ella—Si contamos con que has terminado hace tres semanas, juraría que tus vacaciones prolongadas no se terminan hasta Mayo del año que viene.
—No creo que esté tanto tiempo sin hacer nada.
—¿Entonces? ¿Quieres que acepte propuestas a corto plazo?
—Para después de verano estará bien…tal vez principio de invierno, ¿Ok?
—Perfecto—sonrió convencido—Me parece perfecto, pero…¿A qué se debe ese cambio? Todavia me tiembla el pulso cuando recuerdo tu llamada diciéndome que estabas cansada del teatro.
—Estaba cansada, tú lo has dicho—repitió—Y lo sigo estando. Pero solo fue un berrinche inoportuno. Necesito unos meses de descanso y volveré a estar en perfectas condiciones.
—Ok, me parece perfecto.
—Eso sí—le interrumpió—Procura que sean proyectos importantes, y que no salga de Broadway. No quiero viajar, quiero que la gente decida que merece la pena venir hasta aquí para verme, así que la obra tiene que merecer la pena.
—¿Aires de grandeza? No recordaba ese tono en tu voz, hace mucho tiempo que no lo utilizas.
—No son aires de nada—masculló la morena—Es solo que ya va siendo hora de dar la campanada. Tengo o mejor dicho, me siento en deuda con alguien y quiero demostrarle que soy la mejor.
—Mmm, esto me suena a pequeña crisis matrimonial que Quinn ha solucionado con sus magníficas artes para convencer—Sonrió divertido, pero a Rachel como siempre, no le gustaba en absoluto aquel tipo de bromas.
—Ok, es la tercera vez que lo haces…y ya me cansé, si no tienes nada más que decirme acerca de mi trabajo, te quedas aquí solo a esperar a Spencer, porque yo no te soporto más.
—Hey…hey, espera—trató de detenerla y que no abandonase la cocina, donde estaban llevando a cabo aquella improvisada reunión mientras esperaban la llegada de Spencer, Ashley y Quinn, que se encargaba de recogerlas del aeropuerto.—No te pongas así, solo estoy bromeando.
—Glen, ¿Podrías madurar de una jodida vez? Tienes casi cuarenta años y sigues con las mismas estúpidas bromas que ni siquiera tienen gracia. ¿No te das cuenta que escuchar una y otra vez esas cosas hacen que me sienta mal?
—No lo estoy diciendo en serio, Rachel—se excusó—Vamos, sabes que me gusta bromear…
—No es divertido que de cada tres bromas, una vaya dirigida a mi matrimonio con Quinn. Y mucho menos que esas bromas pesadas siempre hablen de que algo va mal entre nosotras. ¿Qué sucede? Tú estás casado, eres feliz ¿No? ¿Te gustaría que yo me dedicase a cuestionar tu vida junto a Brenda constantemente?
—Rachel, relájate—la interrumpió recuperando la seriedad—Ok, lo siento, siento si te ofenden mis bromas pero…no sé, no lo hago con malas intenciones. No soy un capullo.
—¿Y por qué lo haces? ¿Por qué diablos tienes que hacerlo?
—Porque…porque sé que no va a suceder nada—se adelantó hasta quedar frente a ella—Sois una familia perfecta, si no me burlo de vosotras, ¿De quién lo voy a hacer? ¿De Aiden que está a punto de divorciarse? ¿De mi hermana sabiendo que Ashley es capaz de organizar un secuestro exprés y hacerme desaparecer cuando esté duchándome? No, bromeo contigo porque sé que todo lo que digo es lo más estúpido que podría decir, nada más.
—Pues lo siento Glen, pero te aseguro que cada vez que abres esa bocaza que tienes para soltar alguna de tus lindezas, me entran ganas de romper con todo y despedirte.
—¿Qué? ¡Vamos! ¿Dónde vas a encontrar un representante mejor que yo?—Volvió a burlarse.
—¡Oh dios!, déjame en paz…estoy cansada de escuchar tu voz—masculló abandonando la cocina.
Cansada y nerviosa. Igual sabía que la broma de Glen no había sido para tanto, pero no podía tener otra reacción cuando ya empezaba a notar los nervios que sentía cada vez que Quinn organizaba algún viaje lejos de ella. Normalmente no solía hacerlo al menos con un intervalo de dos meses, pero en aquellas semanas ya era la tercera vez que Quinn abandonaba su hogar por más de tres días por culpa del trabajo, justo cuando ella más necesitaba estar en casa y disfrutar de la vida familiar que tanto había añorado durante los 5 meses de gira. Y ese tercer viaje consecutivo en tan poco espacio de tiempo estaba perjudicándola mucho más que los otros. Por la lejanía del lugar al que acudía y por la falta de tiempo para asimilarlo. Sí, tal vez cuatro días no eran muchos para adquirir ese grado de ansiedad, pero sí lo era el hecho de saber que si iba a necesitarla en un momento determinado, no estaría a un par de horas de vuelo de ella sino que tendría que recorrer medio mundo para hacerlo. Y eso no le gustaba en absoluto.
Lo único que la tranquilizaba era saber que no iba a estar a solas con Elise. No solo Glen iba a estar en Nueva York en aquellos días, aunque en aquel instante lo que más deseaba era que estuvieses lejos de ella, sino que también lo haría quien en ese mismo momento esperaba impaciente a que Quinn abriese la puerta de su hogar para dejarle entrar y descansar.
Rachel ni siquiera se percató de la llegada del trío más la pequeña, quien por lo visto también había acudido al aeropuerto a recibirlas.
—¡Hola mamá! ¡Mira!—la hiperactividad de Elise fue lo primero que Rachel percibió tras ver como se abría la puerta. Y agradeció la efusividad de su hija porque el rostro serio que portaban Quinn, Spencer y Ashley, dejaba mucho que desear y la alertaba de que algo no iba bien.—Un diez, ¡Mamá! ¡He sacado un diez en matemáticas!—exclamó balanceando frente a su cara la prueba con la nota—¡Un diez! Mamá dice que podré ir al cine gracias a este diez, ¿Iremos?
—Eh…claro, claro que sí—respondió abrazándola, como solía hacer cada vez que llegaba del colegio. Y lo mejor que podía recibir en aquel instante, ya que acababa por completo con su mal humor, y su inquietud por saber cómo le había ido en aquel día a la pequeña. Después de la llamada de atención que recibió la semana anterior, conocer como seguía actuando su hija en clases era primordial para ella.—¿Cómo ha ido el día?
—¡Bien! Ha sido genial, ¡mamá!, y la Srta. Sheridan me va a dejar bailar a mi sola en la fiesta.
—¿¡De veras!?
—¡Sí!, y me ha dicho que el viernes vendrás a clase, ¿Vendrás?—cuestionó sonriente.
—Por supuesto.
—¡Genial!, quiero que mis amigos sepan que eres una gran artista.
—Lo sabrán—respondió al tiempo que volvía a abrazarla, y segundo antes de recibir la interrupción que ya esperaba.
—¡Hey!—gritó Glen adentrándose en el salón—¿Dónde está mi chica favorita?—cuestionó divertido y la pequeña no tardó en desprenderse de los brazos de su madre para correr hacia él, y realizar la misma demostración orgullosa de su perfecta nota en matemáticas.
—Hola….soy tu hermana, estoy aquí—el sarcasmo inundaba el tono de voz de Spencer tras adentrarse en el salón y caminar directa hacia Rachel, observando como su hermano apenas le prestó atención.
—Pero Elise es más importante—respondió el chico regalándole una burlona sonrisa—¿Sabes lo que estaba haciendo Skimbles?—miró a la pequeña.
—¿El qué?
—¡Ven!, vamos al jardín…y te lo muestro—murmuró invitándola a que siguiese sus pasos hacia el mismo.
—Lleva dos semanas sin verme y así es como me recibe—se quejó Spencer tras ver como su hermano ni siquiera la saludaba.
—Déjalo, tu hermano está teniendo uno de esos días en lo que es más que probable que termine despidiéndolo—musitó Rachel segundos antes de abrazar a la pequeña de los Carlin.—¿Cómo estás, cielo?—susurró con dulzura mientras la abrazaba—¿Qué tal el viaje?
—Un horror. Me canso si estoy demasiado tiempo sentada, y me duelen las piernas si camino mucho—se quejó sin perder la sonrisa dulce que siempre le regalaba.
—Te entiendo, pero tranquila…aquí podrás descansar todo lo que necesites. ¡Oh dios! Está enorme—añadió acariciando la prominente barriga de la rubia. –Dios, ya mismo estará aquí con nosotras.
—No sabes las ganas que tengo de verle—respondió justo cuando Ashley se adentraba en la casa portando dos maletas, y Quinn tras ella cerrando la comitiva.—Estoy tan emocionada y nerviosa, y…uff, creo que las hormonas me están pasando factura.
—¿De veras?—interrumpió Ashley con el sarcasmo ocupando cada gesto de su rostro—¡No me había dado cuenta!
—¡Cállate!—Le ordenó desafiante su mujer.—Deja de hablar, porque no te soporto…
—Eso es porque no te has escuchado a ti misma.
—¡Hey!—intervino Rachel completamente desconcertada—¿Qué está pasando aquí?
—Nada, es ella…parece que es la única embarazada del mundo, o yo que sé—respondió Ashley al tiempo que la saludaba con un abrazo—Está insoportable, nada le parece bien. No sé para qué ha venido. ¿Por qué no te has quedado en los Ángeles con tu madre?
—Tengo cosas que hacer aquí—replicó Spencer realmente enfadada— Así que deja de cuestionarme qué hago aquí, ¿Ok?
—Chicas, podéis dejar de discutir—volvió a hablar Rachel.
—Necesito utilizar el baño—se quejó Ashley esquivándolas.
—Pues sube a la segunda planta, porque yo voy a utilizar el de aquí abajo—respondió Spencer desafiante, ante la atenta y desconcertada mirada de Rachel que seguía sin comprender la actitud de sus amigas.
—¿Qué diablos está pasando?—murmuró dirigiendo su mirada hacia la única persona que quedó en el salón tras ver como la pareja se alejaban para utilizar sendos baños. Quinn terminaba de deshacerse de su chaqueta y del bolso mientras era testigo de lo sucedido.
—No lo sé, pero te aseguro que si lo llego a saber les habría enviado a un taxi para recogerlas. Spencer está realmente insoportable. No solo no ha parado de quejarse, sino que además parece que todo le sienta mal, no sé…algo le pasa, y me estaban poniendo histérica—masculló acercándose a ella para regalarle un pequeño y sutil beso a modo de saludo.—Si están así ahora, no quiero pensar cómo van a estar cuando nazca el bebé y no las deje dormir—añadió recuperando una débil sonrisa.
—Mejor no pensarlo. ¿Y Elise? ¿Ha sacado un diez en matemáticas?¿Desde cuándo les califican las tareas?
—Pues por lo visto…esa será la primera calificación—amplió la sonrisa—Tenían que hacer una serie de ejercicios en grupo y ha sido de las mejores, al menos eso me ha dicho la profesora.
—¿Has hablado con ella?—se interesó al notar como la sonrisa empezaba a disolverse.
—Eh…sí, lo cierto es que me pidió que entrase a hablar con ella. Estaba esperando que alguna de nosotras fuésemos a recoger a Elise.
—¿Por qué? ¿Ha vuelto a hacer algo? ¿La ha castigado?
—No—respondió rápidamente—Tranquila, no ha hecho nada…pero al parecer ha logrado averiguar algo acerca de la agresión de Elise a Tommy.
—¿Tommy Giggs? ¿Le lanzó la pintura a él?.—Cuestionó desconcertada.
—Así es—musitó Quinn bajando el volumen de su voz.
—¿Y qué te ha dicho? ¿Por qué lo hizo?
—Al parecer…—tragó saliva—Ha estado observando la actitud de los chicos y ese niño ha vuelto a molestar a Elise, sin embargo, nuestra hija no ha respondido de la misma forma. Lo ha ignorado, de hecho, me ha dicho que ella le preguntó a Elise si estaba bien con Tommy y le dijo que sí, que no pasaba nada cuando ella misma había sido testigo de cómo ese niño decía algo bastante desagradable, algo que podría haberla hecho actuar como lo hizo el otro día.
—¿Qué mierda le dijo?-Quinn tensó la mandíbula mientras llenaba sus pulmones con una bocanada de aire.—¿Quinn?—insistió Rachel al notar el mutismo de su mujer.
—No se lo dijo directamente a ella, pero si lo dijo en el grupo donde trabajaban juntos—trató de tranquilizarla—. Los…los homosexuales no van al cielo cuando mueren, van al infierno.
—¿Qué?
—Eso es lo que ese niño dijo frente a Elise, y la profesora lo escuchó. Me ha dicho que entendió que tal vez Elise actuó así por cualquier otro comentario parecido, pero que no está segura de ello porque ésta vez ni siquiera le prestó atención.
—¿Y por qué permite que ese niño diga algo así? ¿Qué clase de educación reciben?
—No es el colegio, Rachel. Ese niño no ha aprendido eso en el colegio, sino en su casa. Lo habrá escuchado a alguno de sus padres, o hermanos o que se yo…
—¿Y qué va a hacer la profesora?
—Bueno, me ha pedido que intentemos hablar con Elise para saber si es ese tema el que la está haciendo reaccionar de esa manera, y que ella se encargará de hablar con los padres de ese niño para comentarles lo que dice en clases. Tal vez por eso te preguntó si odiábamos a los hombres.
—Dios, te juro que como le vuelva a decir algo así me voy a presentar en la casa de sus padres, y van a tener su merecido. No tienen idea de quién soy, no…no saben de lo que soy capaz.
—Rach…—susurró acercándose a ella—Tranquilízate, si Elise ignora ese tipo de comentarios es que lo estamos haciendo bien. Es una niña inteligente y no se va a dejar llevar por algo así. Además, nosotras no vamos a dejar que se vuelva a repetir.
—¿Y cómo lo hacemos?
—Pues…lo primero que tienes que hacer es darles una buena charla el viernes. Ya has visto lo feliz que se ha puesto cuando se ha enterado que ibas a ir a visitar su clase.
—¿Visitar la clase?—Spencer interrumpió la conversación repentinamente, regresando al salón e interesándose por aquellas últimas palabras que había mencionado Quinn.—¿Sucede algo con Elise?—cuestionó directamente.
—Eh…no, claro que no—respondió Quinn.
—¿Y por qué te pide su profesora que visite su clase?—cuestionó desconcertando por completo a la pareja. Era evidente que la rubia había escuchado parte de la conversación.—¿Qué le sucede?
—No, no le sucede nada, pero si hemos tenido un pequeño inconveniente con ella en el colegio.—Intervino Rachel adelantándose a su mujer, y ésta no dudó en mirarla incrédula—Quinn, ella está acostumbrada a este tipo de situaciones, tal vez pueda ayudarnos—musitó excusándose por haberle quitado la palabra.
—¿Qué sucede?¿Elise tiene problemas en el colegio?—volvió a interrogar Spencer con el gesto más serio, tanto que Rachel y Quinn llegaron a sorprenderse por su actitud.
—Eh, no…problemas no—habló de nuevo Rachel tomando la iniciativa—Es solo que lleva unos días un poco molesta con un chico de su clase, y al parecer es porque ese chico habla de cosas que no debe.
—¿Qué cosas? ¿Algo que ver con vosotras?
—Pues…—miró a Quinn aún más confundida—Más o menos.
—¿Qué sucede Spencer?—Interrumpió Quinn curiosa.—¿Por qué tantas preguntas?
—Solo trato de saber que le pasa a Elise—respondió forzando una débil sonrisa—¿Está bien, entonces?
—Sí, al menos creemos que sí—volvió a hablar Rachel, que tras la respuesta de Spencer no dudó en cuestionar con la mirada a Quinn.
Tal vez en cualquier otra situación ninguna de las dos le habría dado importancia a que alguna de sus amigas se interesase por el estado de Elise, sobre todo siendo Spencer una de ellas, pero la repentina aparición de la chica interrumpiendo la conversación, les hizo creer que ya había estado escuchando más de la cuenta, y eso era algo que ella no solía hacer bajo ningún concepto.
—Ok. Sabéis que si surge algún conflicto podéis contar conmigo, ¿Verdad? Tal vez esté de baja maternal, pero sigo trabajando para mis amigas y…
—Spencer—la detuvo Quinn—No te preocupes, todo está bien. Rachel va a visitar la clase de Elise porque suelen hacerlo algunos padres, ya sabes…al más puro estilo enseña y cuenta.
—Exacto, quieren que les hable de cómo vive una estrella de Broadway—dijo Rachel tratando de calmar la extraña tensión que se había producido entre ellas sin motivos aparentes.—Ese niño que ha molestado a Elise ha hecho varios comentarios homofobos, y bueno, su profesora pensó que sería buena idea que me conocieran para darles más naturalidad al tema de la homosexualidad y…
—¿Homofobo?—interrumpió la conversación justo en el mismo instante en el que Ashley descendía por las escaleras.
—No es homófobo—corrigió Quinn—Solo es un niño de 7 años, es imposible que…
—No vayas—sentenció Spencer ignorando la respuesta de Quinn.
—¿Qué?—balbuceó la morena—¿Qué no vaya?
—Ni se te ocurra ir a dar una charla sobre homosexualidad a niños de 7 años.
—Pero…
—Spencer, ella no va a dar charlas, solo va a hablar como artista…y dentro de ese matiz está el hecho de que comparte su vida con una mujer.
—Me da igual lo que digas, Quinn—volvió a mostrarse contundente—Si de verdad apreciáis mi consejo y mi experiencia, tienes que hacerme caso y no ir—volvió a mirar a Rachel— Es un conflicto que va más allá de los niños. Ellos solo hacen, actúan, dicen lo que oyen en sus casas…y si ese niño tiene comentarios homofobos y los dice sin más, también dirá en su hogar que la actriz que sale en televisión estuvo en su clase diciendo que los homosexuales son perfectos. Y te aseguro que no quieres algo así.
—Pero…¿De verdad crees que es tan dramático?
—Todo el mundo sabe que Rachel está casada con una mujer—musitó Quinn tras lanzar una mirada llena de confusión a Ashley, que permanecía como mero testigo de la conversación.—Que un chico diga en su casa que Rachel Berry ha estado visitando su clase, no debe ser motivo de drama.
—Lo es si ese niño habla de esa forma. Ok, no me gusta nada lo que está sucediendo, así que por favor…os pido que me hagáis caso.
—¿Qué te pasa, Spencer?—interrumpió Ashley al ver como su mujer buscaba asiento en el sofá completamente alterada.—Las estás asustando.
—No pretendo asustar a nadie—la miró—Solo pido que me hagan caso. Rachel, no vayas a esa reunión…y si lo haces, por favor te pido que no menciones nada de la homosexualidad.
—Pero…se supone que voy para que…
—No les hables de eso—volvió a insistir.
—Spencer—intervino Quinn—No me gusta en absoluto lo que estás diciendo. ¿Qué pasa? ¿Crees de verdad que Elise puede tener problemas si Rachel va a hablar?
—Solo digo que si hay niños que están mal educados en ese sentido, no podéis ir a hablar con ellos directamente porque es probable que sus padres lo tomen como una ofensa.
—Ok, entonces me voy a la casa de ese niño y le grito a su madre que es una intolerante de mierda y que no sabe…
—¡Quinn!—recriminó Spencer—Te recuerdo que soy asistente social y psicóloga. Si de verdad me aprecias como amiga y como profesional, deja de cuestionarme cuando os digo que lo mejor es que no toquéis ese tema delante de 20 niños sin el permiso de sus padres. Por suerte y por desgracia, en éste país tenemos libertad para poder educar a nuestros hijos conforme a nuestras creencias, por eso tú eres católica y Rachel es judía. Nadie fue a vuestros hogares a deciros que no pertenecéis a la religión verdadera, ni tampoco nadie fue a tu casa—miró a Rachel— a decirle a tus padres que no podían tener a una hija, ¿O sí? ¿Hubo alguien que se quejó en persona porque vivieses con dos padres homosexuales?
—Directamente…—musitó pensativa—No. Pero han tenido que luchar mucho por sus derechos, y la escuela es un buen lugar para seguir fomentado la tolerancia.
—Lo es, pero te aseguro que si alguien va a la clase de Elise a decirles que la homosexualidad es una desgracia, vosotras no lo aceptaríais.
—Pues claro que no, porque es incomprensible que alguien haga algo así—interrumpió Quinn—Se trata de educar, no de incitar a la violencia o el odio.
—Esos padres que no aceptan la homosexualidad también podrían opinar lo mismo que tú. Una mujer admirada por medio país diciéndoles a sus hijos que ser homosexual es perfecto. Da igual que sea positivo, ellos no lo van a ver así si tienen esa educación.
—Tiene razón, Quinn—musitó Rachel siendo consciente de lo que pretendía decirles Spencer— A mí no me gustaría que la madre de ese niño fuese a la clase de Elise a decir que los homosexuales no vamos al cielo.
—La Srta. Sheridan ve bien que vayas—recordó Quinn—¿No creéis que si ella lo dice es porque lo ve factible? Al fin y al cabo, es ella quien está con los chicos.
—Si vas, no hables de homosexualidad—respondió Spencer con rotundidad.—Es mi consejo como profesional, y mi petición personal como amiga. Alejad vuestro mundo del entorno de Elise.
—Hablas como si realmente fuese un problema—musitó Ashley escrutando con la mirada a su mujer, que se limitó a buscar una postura más cómoda en el sofá.
—Más vale prevenir que curar—apuntilló, y las miradas no tardaron en sucederse en la estancia. Ashley divagando por la de sus amigas, y Quinn y Rachel cuestionándose entre ellas sin comprender cuál era la situación real de aquel conflicto, y hasta qué punto podía llegar a suceder lo que con tanta rotundidad, confirmaba Spencer.
Tanto es así, que Rachel no tardó en tratar de zanjar al menos la primera de las opciones para desechar la idea que ya rondaba por su mente. Hablar con su hija era primordial. Ni siquiera dijo nada. Estaba dispuesta a abandonar el salón cuando el sonido del teléfono cortó su trayecto hacia el mismo y aceptó la llamada.—¿Sí, dígame?
—¿Rachel? ¿Rachel eres tú?
—¿Quién eres?
—¿Estás a solas?
—¿Qué? ¿Quién es?—volvió a insistir un tanto más nerviosa, algo que rápidamente trasladó al resto.
—Soy Leisha—susurró aquella voz y el estómago de Rachel se removió por completo.—Siento, siento molestarte…mi representante mi dio tu teléfono. Me gustaría poder hablar contigo, a solas…¿Sería posible que nos viésemos en éstos días?
—Yo…¿Vernos?—balbuceó al tiempo que dirigía la mirada hacia Quinn, que tras ver el gesto que mostraba no tardó en acercarse a ella y esperar pacientemente para saber qué sucedía.
—Es importante, Rachel. Cuando nos vimos en la cafetería supe que tenía que hablar contigo. Han pasado muchos años y…creo que va siendo hora de firmar la paz.
—Ok—Interrumpió sin más. Y fue sin más porque Rachel ni siquiera supo cómo fue capaz de aceptar aquella invitación cuando lo único que rondaba por su mente era acabar con aquella llamada.
—¿Ok? Perfecto…genial, gracias…estaré en la ciudad por varios meses, ¿Puedo llamarte en éstos días para concretar fecha?
—Claro…claro que puedes.
—¿Quién es?—susurró Quinn perdiendo la paciencia.
—Perfecto, gracias Rachel—volvió a agradecer—Y disculpa si te he molestado.
—No, no te preocupes—respondió ignorando el interés de Quinn—Estaré esperando.
—Ok. Adiós Rachel.
—Adiós—musitó aun sin ser consciente de lo que estaba sucediendo.—Leisha
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