Capítulo 11
Donatello abrió los ojos al oír un ruido seco contra el suelo. Lo primero que invadió su nariz fue el olor a piedras húmedas, lo cual le recordó que había dormido en una celda… como si el dolor en los huesos no fuese ya suficiente recordatorio.
Se frotó los ojos, hinchados por el sueño. No entendía cómo había podido haberse quedado dormido luego de toda la experiencia vivida el día anterior. Seguramente sólo había dormido un par de horas, pero aun así...
Buscó con la mirada el origen del ruido que lo había despertado: alguien había metido la mano por la ventanilla que había en la puerta de la celda, y había dejado caer el cuenco que contenía su "desayuno". Donatello gateó hasta el recipiente y lo recogió con un suspiro.
Conque así estaban las cosas… Prisionero en lo que era su odiosa ciudad de origen, solo, lastimado, probablemente esclavo otra vez y hambriento. Pero no tanto como para rebajarse a comer ése engrudo amarillento y oscuro que llenaba el cuenco.
"No tiene caso, de todas maneras…" pensó el joven inventor, revolviendo distraídamente el contenido del tazón. Por cómo estaban las cosas, no valía la pena esforzarse por sobrevivir. ¿Por qué había sido tan necio en el castillo? Si hubiera dejado que lo mataran todo hubiese sido más sencillo.
"Espero que al menos Mickey esté a salvo…"
Una voz femenina –y algo chillona- lo sacó de sus cavilaciones. Alguien intentaba abrir su puerta:
_ ¡Uff! ¡Al fin! _una ardilla ataviada con un lujoso Kimono sin mangas apareció en la celda, luego de patear la puerta_ ¡Comenzaba a pensar que ése fabricante de llaves me había estafado al hacerme ésta llave maestra!
Donatello la miró de arriba abajo, sin comprender lo que pasaba. Pero antes de que pudiera hacer una pregunta, ella se acercó adonde estaba y le aferró los brazos, obligándolo a levantarse:
_ ¡Vamos, vamos! ¡No hay tiempo que perder! _lo apresuró_ ¿Puedes estar de pie y caminar sin problemas?
_ M-me duele un poco pero…
_ ¡Estupendo! _la ardilla le dio unas palmaditas, y luego arrugó la nariz al ver el cuenco que Donnie sostenía_ ¡Uggh! ¡No comas eso, cariño!
Ella tumbó de un golpe el cuenco que Donatello sostenía y luego de que se estrellara contra el piso arrastró al joven inventor fuera de la celda:
_ ¡Rápido, salgamos de aquí! _propuso, agitando su tupida y bien peinada cola anaranjada_ Yo te cuidaré como es debido…
_ ¡P-pero…! _Donatello avanzó a los tumbos_ No comprendo, ¿quién es usted…?
_ ¡Vamos! ¿Raphie te dijo que yo vendría o no…? _sonrió ella_ Soy la encargada de alimentarte y revisar tus heridas… Claro que aquí tengo muchas otras funciones, también estoy a cargo de otras como yo… ¡Me llaman de muchas maneras! ¡Pero tú puedes llamarme Myrna!
Myrna lo siguió arrastrando unos metros más, hablando sin parar y apabullándolo con un montón de datos que a Donatello no le interesaban. Mientras, el ojirrojo trataba de recordar.
"Raphie…" pensó. Ya había escuchado ése nombre antes, el soldado de la noche anterior se llamaba así… él había prometido enviar a alguien por la mañana para que cuidara de sus heridas y lo alimentara.
"Vaya sorpresa. Un soldado bestia que sí cumple sus promesas…" fue lo último que pensó antes de que Razhor les saliera al paso.
_ ¡Alto ahí Myrna! ¿A dónde crees que vas con uno de mis prisioneros? _preguntó, con un tono autoritario que –Donatello lo pudo notar- molestaba bastante a la ardilla_ Quiero que me muestres la autorización para llevártelo…
_ Oh, Razhor… Cariño, es que es un asunto que tenemos con Raphael… _ensayó la ardilla con un falso tono meloso_ ¡Arréglate con él, por favor! Sabes que mi tiempo es valioso…
_ Grrrr… _el gruñido que Razhor emitió dejó en claro que no los iba a dejar salir de allí tan fácil.
Myrna soltó la muñeca de Donatello, y probó con un tono más amable;
_ Vamos, Cariño… ¿No confías en mí? _la ardilla habló con un tono más "seductor" ésta vez, contoneando las caderas mientras se acercaba a Razhor_ Sólo voy a ponerlo presentable y te lo devolveré a tiempo para su interrogatorio, lo prometo…
Si a Donatello no le hubiese preocupado tanto su actual situación, se hubiera reído al ver cómo Razhor agitaba una de sus patas cuando Myrna le rascó la barbilla:
_ Hehehehe… Bueno está bien… _asintió el canino_ Que te lo lleves por un rato no hará daño, si luego lo devuelves…
La ardilla le dio un beso en el hocico y volvió a aferrar el brazo de su protegido, para salir de una vez por todas de allí.
Mientras dejaban los calabozos atrás, se escuchó un eco de la voz de Fishface haciendo un chiste acerca de los perros y su obsesión por perseguir ardillas.
Cuando estuvieron lo suficientemente alejados, Donatello se atrevió a volver a hablar y quiso saber adónde lo llevaba con tanta prisa:
_ Bueno, ¡es lógico! _exclamó Myrna, con su voz chillona_ Debemos cambiarte ésas fachas, ¡urgente!
_ Creí que sólo ibas a atender mis heridas…
_ A su tiempo, pequeño. _prometió la ardilla, empujando un par de pesadas puertas de madera_ Seguro que primero te vendrá bien un baño… ¿No?
Al más alto pareció gustarle la idea, hasta que las puertas que Myrna empujaba se abrieron.
Una bocanada de vapor caliente los golpeó en el rostro, esponjando el cuidado peinado de Myrna y tiñendo la cara de Donatello de rojo… pero no porque el vapor estuviera demasiado caliente. Sino porque ante sus ojos se extendía un curioso paisaje: un montón de concubinas y muchachos jóvenes chapoteaban y reían en el agua caliente… completamente desnudos.
Myrna lo empujó para que entrara, al verlo petrificado en su sitio:
_ Rápido, cariño. Desvístete y métete al agua… _lo apresuró_ ¡El tiempo es oro! ¡Vamos, vamos, vamos!
_ ¿N-no hay otro sitio en el que pueda bañarme…? _quiso saber Donatello, casi en un tono de súplica.
_ ¿De qué hablas? ¡Nuestras aguas termales son la envidia de todos! _Myrna siguió empujándolo, hasta dejarlo detrás de un coqueto biombo decorado con imágenes de flores y aves.
_ Es que… nunca antes me había bañado en un baño comunitario… _explicó el joven inventor, sonrojándose. Pero eso no impidió que Myrna le arrancara sus gafas de trabajo rotas y terminara de romper los dañados tirantes de su overol de trabajo_ ¡Mryna! ¡B-basta por favor…! _suplicó, cubriéndose.
_ Ufff… ¡Qué caprichoso me saliste! _se quejó la ardilla, cruzando los brazos_ Muy bien, tú ganas. Quítate la ropa tú solo, te alcanzaré una toalla y te llevaré hasta los baños de atrás… Te prepararé una bañera con agua caliente.
Donatello dio las gracias de todo corazón, y cuando la ardilla se alejó terminó de quitarse la ropa con dedos temblorosos. Poco después Myrna regresó y le pasó la toalla que le había prometido;
_ ¿Ya estás listo, pequeño? _quiso saber. El más alto salió de detrás del biombo, avanzando con las rodillas muy juntas y completamente envuelto con la toalla_ ¡Vamos…!
Myrna lo condujo hacia los supuestos "baños", pero cuando pasaban junto al agua Donatello resbaló en una de las piedras y cayó en el agua caliente, salpicando a todos los allí presentes… que por supuesto se voltearon a verlo.
_ ¿Quién es, Myrna? _quiso saber una de las concubinas, una mapache.
_ ¿Es nuevo…? _preguntó otra.
_ ¿Quiere que nos encarguemos de él, señorita Myrna? _preguntó uno de los muchachos, que era un mono con numerosos aretes de oro en ambas orejas.
Donatello no podía creer en su mala suerte. De estar escabulléndose pasó a ser el centro de atención de todos los concubinos y concubinas… Trató de salir del agua pero volvió a trastrabillar y no le quedó más remedio que sentarse en ése medio metro de agua, como único recurso para tapar su desnudez.
Sin embargo, a Myrna le parecía muy conveniente que Donatello se hubiera caído en el agua:
_ ¡Oh, eso sería grandioso Samid! _festejó, aplaudiendo de contenta_ ¡Me daría tiempo de terminar mi rutina de belleza…!
Acto seguido le dio algunas indicaciones a la chicas, para que lo bañaran, lavaran con mucho cuidado sus heridas y enceraran su caparazón una vez terminado el baño. Luego se despidió, dejando al apenado inventor a su suerte.
Una de las concubinas no tardó en írsele encima, y le obsequió un penoso abrazo de bienvenida:
_ ¡Eres monísimo! _exclamó la mapache_ ¿Cómo te llamas? Yo soy Kendra…
Donatello no respondió. Estaba demasiado ocupado cubriéndose los ojos para no ver los ya muy obvios "atributos" de ésa chica. Samid, el mono, se encargó de rescatarlo.
_ Kendra, ven acá… Es obvio que está apenado, no lo empeores. _la regañó.
_ ¡Oh, sí! _la mapache retrocedió_ ¡Perdona, amiguito! A veces soy demasiado efusiva…
_ Podemos darte la espalda mientras te bañas, si eso te hace sentir más cómodo… _propuso Samid, volteándose. Las otras chicas lo imitaron_ Pide ayuda si la necesitas para quitarte los vendajes.
_ G-gracias… _Donatello suspiró, aliviado al ver cuán hospitalario podía ser ése grupo de gente desnuda_ Por cierto, me llamo Donatello…
_ ¡Donatello! ¡Qué bonito! _celebró Kendra, la mapache.
_ ¿De dónde eres, Donatello…? _quiso saber Samid.
_ Estaba viviendo en Shadaria… antes de que fuera invadida por Traximus. _resumió el ojirrojo, quitando lentamente las vendas de sus piernas y brazos, para dejarlas sobre una roca.
Aguantó los quejidos de dolor cuando el agua caliente tocó sus heridas, causándole un profundo ardor;
_ Todos ustedes son… ehhh… ¿Trabajan en el palacio? _preguntó, con toda la sutileza que pudo.
_ ¿Te refieres a que si todos somos concubinos? Pues sí. _resumió Kendra, divertida con la timidez de Donatello_ Yo soy la favorita del hijo del medio de Traximus… o bueno, solía serlo hasta hace poco. Creo que se ha aburrido de mí… _explicó, feliz_ ¡Por lo que gozo de unas estupendas y bien merecidas vacaciones! ¡Me la paso jugando aquí, en las aguas termales!
_ Ya pareces pasa de uva, Kendra… _le gritó una concubina que estaba más alejada, arreglando sus plumas.
_ Y a mí me trajeron con la promesa de un tranquilo trabajo "abanicando" con una hoja de palma al Rey cuando se sienta en su trono. Pero el hijo menor de Traximus se encaprichó conmigo, y terminé como su juguete favorito… _Samid no estaba tan feliz como Kendra al explicar eso_ Y desgraciadamente no se ha hartado de mí hasta el momento…
_ Oh… _Donatello sintió deseos de darle unas palmaditas en el hombro_ Lamento escuchar eso, Samid… Debe ser terrible.
_ Bueno, no es tan malo… ¡Paso más tiempo haciendo alguna de mis "gracias" que en su cama!
_ ¿Gracias? _se burló Kendra, salpicándole agua_ ¿Te refieres a cuando haces malabares con esferas de goma mientras cantas canciones tontas…?
_ ¡Oye! ¡Es un talento muy especial! _Samid le salpicó agua también, riendo_ ¡Y me mantiene alejado de sus sábanas! ¡Eso es lo único que importa!
Donatello salió del agua y se envolvió con su toalla, que estaba un poco húmeda por el vapor. Kendra y Samid también salieron del agua y se vistieron mientras Donatello era quien se volvía de espaldas ésta vez.
_ ¿Y tú para quién trabajarás, Donatello…? _preguntó Kendra, alcanzándole ropa interior limpia y una ancha camisa de seda con mangas.
_ Para nadie, supongo… Soy sólo un prisionero. _el joven inventor se escondió detrás del biombo para poder vestirse en paz_ En cuanto me interroguen y vean que no puedo darles información sobre el príncipe que buscan, se desharán de mí. Ni siquiera sé por qué me están dando un trato especial al dejarme bañarme aquí con ustedes…
_ Ya veo… O sea que siguen buscando a los príncipes de Shadaria. _reflexionó Samid en voz alta_ No puedo creer en la buena suerte que tuvieron: escaparon de las garras de Traximus justo a tiempo.
_ Tranquilo, Donatello. Te prometo que todo saldrá bien para tí… _trató de consolarlo la mapache, esperándolo del otro lado del biombo_ ¡Tienes un rostro precioso! Seguro encontrarás trabajo aquí en el palacio, con nosotros. Myrna tiene muchas influencias…
El más alto terminó de vestirse. Arrugó la nariz al oír las palabras de ésa chica… sabía que ella sólo trataba de animarlo, pero él no estaba dispuesto a hacer ningún tipo de "favor sexual" a un miembro de la familia real a cambio de un lugar donde vivir.
Podría haberle dicho eso, pero prefirió enseñarle las cicatrices en su rostro, que el baño había dejado totalmente al descubierto. Kendra contuvo una exclamación, cubriéndose la boca con una de sus manos;
_ Aunque me interesara conseguir trabajo aquí, no sería posible… _resumió Donatello_ No con éste aspecto.
_ Oh… Pobrecillo. _Kendra volvió a abrazarlo, y le dio unas palmaditas en el caparazón_ No está tan mal… Si te las cubres con maquillaje talvez puedas…
_ Kendra, basta. Déjalo así… _Samid le puso fin a las insistencias de su amiga_ Ven, Donatello. Siéntate aquí… _le indicó el mono_ Todo te parecerá más positivo con el estómago lleno…
Sus nuevos amigos le ofrecieron una bandeja con té de jazmín, una porción de pescado cocinado en plancha y un cuenco con arroz. Donatello pudo reconocer en ésa combinación de alimentos la dieta que llevaban las concubinas también en Shadaria… al parecer aquí también les importaba cuidar la figura y mantenerse atractivos, para así conservar sus empleos.
El más alto comió todo lo que había en la bandeja y se bebió hasta la última gota de té, mientras Samid volvía a cubrir sus heridas con vendajes nuevos y Kendra terminaba de encerar su caparazón, tal como lo había ordenado la ardilla.
Samid se puso contento al ver la bandeja vacía;
_ ¿Qué te dije, eh? ¡Hasta te cambió la cara! _celebró observando el rostro del joven inventor, ahora decorado con algunos granos de arroz pegados en las mejillas.
Donatello incluso se rio ésta vez;
_ N-no pensé que tuviera tanta hambre… _admitió, sonrojado_ Muchas gracias por la comida, Samid. Y a ti Kendra, por tratar de animarme… Son las personas más amables que he encontrado desde que llegué.
Kendra volvió a estrujarlo entre sus brazos y ésta vez Samid se les unió. El joven inventor correspondió el abrazo… agradecido por ése poco de buena suerte y porque estuviesen todos vestidos.
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Mientras tanto, detrás de las puertas de madera que conformaban la entrada al recinto termal… Raphael espiaba por el hueco de la cerradura a Donatello.
_ ¿Qué crees que haces? _le preguntó Fishface, saliendo de la nada.
_ ¡Arghhh! _Raphael se sobresaltó, alejándose de la puerta_ ¡¿Me estás siguiendo, Fishface…?!
_ Bueno, es que… ¡Entiende! ¡Tú eres un ejemplo a seguir para mí! _respondió el pescado, con sarcasmo_ Por eso ando pendiente de todo lo que haces… ¡Hehe!
_ Vete al diablo, saco de escamas… _Raphael retomó su complicada tarea de espiar a través de la cerradura.
_ Ohhh… Estás de mal humor porque aún no te has tirado a ése muchacho de ayer y las ansias te están matando, ¿no? _adivinó_ ¿Si tanto te gusta por qué no entras ahí y lo tomas sin más? Asunto resuelto.
_ Porque no soy un violador. _gruñó el ojiverde, sin abandonar su posición.
_ Sí, pero no tienes ningún problema con espiarlo mientras se baña…
Raphael se sintió tentado a aclarar que no había llegado a tiempo para verlo bañarse, pero eso sólo le daría alas al juego de Fishface:
_ ¿Cómo sabes que voy detrás de él? ¿No se te ocurre que tal vez esté mirando a alguien más por ésta cerradura…?
_ Ajá, claro. Y yo no tengo ojos… _Fishface se cruzó de brazos_ ¿Por qué te interesa tanto ésa tortuga? No entiendo qué le vez de especial, aparte de lo que pueda llegar a saber sobre el príncipe…
_ Eso no te incumbe. _le advirtió Raphael, alejándose de la puerta_ Y para que quede claro: yo seré quién realice el interrogatorio en éste caso…
_ ¡Como quieras, galán! _Fishface se alejó de allí caminando en dirección a los calabozos otra vez_ ¡Caramba, ése es el Raphie que todos conocemos y amamos! ¡Siempre tomando el camino complicado! _se burló_ ¡Piensa seducir a su enamorado, en vez de violarlo como todos esperamos que haga!
_ ¡CÁLLATE!
_ ¡Quiero que sepas que tienes todo mi apoyo! ¡Claro que sí! _siguió alardeando el pescado_ ¡No se va a resistir! Caerá ante ti como los Reinos ante Traximus… ¡Jajaja!
_ ¡Grrrrr…! _Raphael le arrojó uno de sus Sais, pero Fishface ya estaba muy lejos como para atinarle.
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De nuevo en los baños termales…
Por lo que Donatello había podido entender hasta el momento, ser concubina tenía como una de sus mayores ventajas el uso ilimitado de las aguas termales… famosas por su origen volcánico. Mientras charlaba con Kendra y Samid, más concubinas y concubinos aparecieron para darse un baño, hacer sus rutinas de belleza y gozar de un desayuno juntos.
Y todos allí, incluido Donatello, estaban a cargo de Myrna… la concubina con mayor antigüedad del castillo.
_ Pero eso no quiere decir que ya sea mayor… _le advirtió Kendra_ ¡Si la llamas "Señora" te dará un golpe en la cabeza!
Samid se rio, y Donatello ensayó una sonrisa. Había decidido que no le agradaba mucho ésa ardilla con voz chillona, puesto que momentos antes lo había dejado atrás, desnudo y apenado, sin pensárselo dos veces… para ir a terminar su rutina de belleza.
_ Ella no es mala… _le aseguró Samid_ Sólo que para realizar el trabajo que ella lleva a cabo hay que comportarse de cierta manera… priorizar algunas cosas… ¿Sí me entiendes?
_ Seguro… Umm, llámenme loco pero… _el ojirrojo observó con más atención a algunas de las chicas que se bañaban_ Creo reconocer a algunas de ésas chicas.
Kendra siguió su mirada, y asintió con seriedad:
_ Tal vez las hayas visto en pinturas… _dijo_ En otra época fueron princesas…
_ ¿Qué? _Donatello abrió los ojos como platos_ ¿Hablas en serio? ¿¡Princesas?! _exclamó_ ¿O… o sea que… ésa grulla de allí es "Afrodisia", la princesa de las Rocas Flotantes del Sur?
_ Sí, solía serlo… _asintió la mapache_ Sus padres no tuvieron más remedio que ofrecerla a Traximus como ofrenda, para apaciguar su ira… Ahora trabaja en el palacio como el resto de nosotros.
_ ¿Y ésa que está sentada entre las piedras? La medusa… _el más alto no creía en lo que veían sus ojos_ ¿Es la princesa del Reino acuático? ¡Pero si Mickey estaba a punto de comprometerse con ella!
_ Pues, quizá hace algunos meses eso hubiera sido posible… _corroboró Samid, rascándose el mentón_ El Reino del Agua era uno de los pocos lugares que Traximus no lograba conquistar. Hace poco los Reyes entregaron a su hija, siguiendo el ejemplo de otros Reinos, a cambio de la paz… pero el Emperador atacó de todos modos y se hizo con el Reino y la princesa al mismo tiempo.
_ ¡Qué terrible…! _Donatello se frotó las manos, como hacía cada vez que estaba nervioso_ Pobres chicas… De ser princesas a trabajar como concubinas para un malvado como Traximus… ¡Es horrible!
_ Sí… Traximus colecciona princesas y príncipes como colecciona espadas… _suspiró Kendra_ Sin embargo, es muy raro verlo interesarse por alguna en particular… Hasta ahora todas sus nuevas "adquisiciones" han sido obsequios para sus hijos o sus consejeros…
_ O miembros de la familia Real… _añadió Samid.
_ ¿Saben? Hay rumores de que lo que Traximus anda buscando no es una acompañante, sino una nueva esposa… _dijo la mapache.
_ ¿Y de dónde piensa sacarla si destruye todos los reinos que caen en sus manos…? _quiso saber Donatello.
_ Sí, además aquí ya tiene candidatas de sobra para escoger una esposa… _volvió a aportar el mono_ O un esposo…
El joven inventor se extrañó al oír eso:
_ ¿Eso es legal…? _preguntó.
_ Claro. Según las leyes del Imperio, si ya te casaste una vez con una mujer y dejaste suficiente descendencia… puedes desposar a alguien de tu mismo sexo. _explicó el mono.
_ Jamás había escuchado de ése recoveco legal antes… mientras estuve viviendo en la Capital. _comentó Donatello.
_ Es una ley nueva. Taximus la proclamó no hace mucho… _explicó Kendra_ El punto es que alguien tan estirado como Traximus de seguro querrá una esposa con sangre Real en las venas. Pero Donatello tiene razón, se le están acabando los Reinos por conquistar y todavía no encuentra a la indicada…
_ ¡Pffft! Seguramente debe de estar encaprichado con alguna, no lo dudes… _resopló Samid, levantándose de su sitio_ El capricho es un rasgo común en la familia de los Triceratops. Además, seguro está distraído por todos los problemas nuevos que hay en la Capital últimamente.
_ ¿Cómo la Revolución…? _sugirió Kendra.
_ ¡Shhhhhh….! _Samid frunció el ceño_ ¡Baja la voz! ¡Que no te escuchen hablando de eso o podrías tener problemas!
Kendra comenzaba a cansarse de que ése mono la hiciese callar todo el tiempo, así que le arrojó una peineta para el cabello mientras Donatello reflexionaba en silencio.
Su torturador de turno el día anterior le había dicho algo al respecto sobre una revolución…
Luego de insistir un poco, Kendra y Samid le contaron algunas cosas al respecto sobre los rebeldes que querían derrocar el gobierno de Traximus. De los problemas que causaban al ejército y de cómo habían tomado el palacio de justicia hacía poco…
Incluso había rumores de que había gente cercana a Traximus que apoyaba la revolución, y que trabajaba desde dentro para destruir el Imperio:
_ ¿Por eso los prisioneros como yo fuimos traídos a los calabozos del palacio…? _quiso saber el más alto.
_ Hasta que recuperen el palacio de Justicia, sí. _corroboró el mono.
_ Pues… Trataré de disfrutar mi estancia en el palacio hasta entonces… _suspiró el ojirrojo.
Myrna se apareció ante ellos de repente, poniendo fin a la conversación y sobresaltando a todos… en especial a Donatello, que casi se tira el té de Jazmines encima:
_ ¿De qué están hablando, mis pequeñines? _la ardilla dejó a un lado el paquete que sostenía y le pellizcó las mejillas a Donatello, sonriendo_ ¡Oh, cariño! ¡Ya luces mucho mejor!
_ G-gracias…
_ Se ve que mis muchachitos te han tratado bien… _opinó, complacida_ ¡Ahora, debemos vestirte y arreglarte un poco! _Myrna pasó la yema del pulgar por sobre una de las cicatrices en la cara de Donatello_ ¡Kendra, cariño! ¡Tráeme maquillaje! ¡Ahora!
Myrna se encargó personalmente de tapar las marcas en la cara de Donatello –al parecer el maquillaje era su especialidad- y de ponerle un poco de rubor artificial en las mejillas. Luego tomó el paquete que había traído con ella y rasgó el papel para sacar lo que había adentro;
_ ¡Mira! ¡Raphael me ha conseguido una hermosa prenda para que uses! _la ardilla le enseñó el hermoso atuendo color vino… que no era otra cosa que un Kimono de mangas cortas.
Donatello observo la prenda que le estaba destinada, y comprendió que las humillaciones para él aún no se habían acabado:
_ ¡Pero es un kimono de mujer…! _protestó_ ¿No puedo usar lo que ya traía puesto? Mi overol de trabajo está...
_ La ropa que traías es un montón de harapos y jirones de tela. _declaró la ardilla, con autoridad_ A juzgar por ésa tobillera magnética que tienes en el pie, creo que vas a andar mucho por el palacio… o sea que tienes que estar presentable.
_ ¿No tenemos otra cosa para que use? _sugirió Kendra, conciliadora_ Me pareció haber visto una yukata por ahí…
_ Otro prisionero la está usando. Vamos, cariño… No me hagas perder el tiempo, levántate y deja que te vistamos. _lo apresuró la ardilla_ Son órdenes de Raphael y no quiero tener problemas con él…
Donatello no tuvo más remedio que cooperar y permitió que lo envolvieran con aquella prenda. Myrna le ajustó el corset con destreza y aseguró el cinturón con un enorme lazo en el frente. El atuendo se completaba con unas medias largas por encima de las rodillas y unas sandalias.
_ Te ves precioso… ¡Samid! ¡Tráenos un espejo! _ordenó Myrna, encantada con el resultado de su trabajo_ ¡Mírate!
El más alto observó su reflejo en el espejo que Samid sostenía, completamente abochornado:
_ N-no sé cuánto tiempo permaneceré en el palacio… ¿Pero andar vestido así… no me traerá problemas con los soldados…? _preguntó, sonrojándose como una cereza.
_ Pues, te vez tentador… de eso no hay duda. _Myrna finalizó su obra acomodando una flor de adorno en la cabeza de Donatello_ Pero debes estar tranquilo. Te prometo que ningún soldado calenturiento te pondrá siquiera un dedo encima, cariño…
Myrna lo acompañó hasta la entrada, luego de que Donatello se despidiera de sus nuevos amigos:
_ Quédate cerca… _le dijo, cuando estuvieron afuera_ Recuerda que ésa tobillera magnética no te dejará ir muy lejos.
_ Lo sé…
_ Pronto enviarán a alguien a buscarte para llevarte al interrogatorio… _Myrna le dio un abrazo y unas palmaditas_ Buena suerte, pequeño…
_ Gracias por todo, Myrna…
_ Ten esto. _la ardilla se quitó un grueso (y afilado) alfiler de su peinado, y lo atascó en el lazo que sostenía el kimono de Donatello_ Úsalo sólo si tienes una emergencia, ¿sí? _le advirtió_ Ojalá hubiera algo más que pudiera hacer por ti…
Myrna cerró las puertas de madera otra vez, dejando a Donatello afuera, solo. Se apresuró a reunirse con el resto de sus concubinas, pues aún tenía que peinarlas y ayudarlas a maquillarse;
_ ¿Cómo estás tan segura de que no le pondrán las manos encima…? _quiso saber Kendra.
_ Porque Raphael ya se encargó de esparcir el rumor de que ése muchacho le pertenece... así que nadie lo tocará. _explicó la ardilla_ Podrá andar tranquilo por el palacio sin ser molestado… el tiempo que le quede aquí, claro está.
Samid también estaba interesado en el destino de Donatello:
_ ¿Qué se trae ése tal Raphael con él…? _preguntó.
_ No lo sé… _Myrna comenzó a peinar los cabellos de Kendra, trenzándolos con sus delicados dedos_ Nada más me pidió que lo cuidara y lo alimentara antes del interrogatorio…
_ Pero si se preocupó tanto por él… entonces es que tiene un interés especial por Donatello ¿no...? _se esperanzó Kendra.
_ Eso no lo sabemos, cariño…. _Myrna no le dio demasiadas esperanzas al razonamiento de la mapache_ Y además, aunque así fuera… a los soldados como él no se les permite tener esclavos o cosa parecida…
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Al mismo tiempo, muy lejos de allí…
Las montañas estaban separadas del resto del mapa por un pequeño curso de aguas rápidas, que las rodeaba como un collar. Ésa mañana, la fuerza de ésas pequeñas olas había arrastrado algo más que sólo palos y piedras…
_ Ahh… Ahh… _Mickey salió a rastras del agua, jadeando, y se desplomó sobre la tierra húmeda.
Tenía las rodillas y los brazos raspados, y las rocas afiladas lo habían cortado en varias partes… pero ahora tenía problemas más graves.
_ Mis ojos… ¿Qué le pasa a mis ojos…? _el príncipe se los restregó una y otra vez, con desesperación. Debía tenerlos cubiertos con algún tipo de fango o musgo, porque le ardían y no podía ver nada, sólo un montón de formas borrosas.
A los pocos segundos de forzar la vista desistió, y se quedó tendido unos segundos sobre la tierra húmeda, para recuperar fuerzas. Estaba empapado de pies a cabeza, y donde sea que estuviera hacía frío y estaba húmedo…
Se preguntó si Leatherhead había pensado bien en lo que hacía cuando lo aventó al agua, lanzándolo desde el precipicio.
Entonces lo recordó…
Probablemente ya no volvería a ver nunca más a Leatherhead…
Ni a Donnie…
Ni a su familia…
Lo había perdido todo. Estaba totalmente solo en el mundo. El joven príncipe comenzó a llorar desconsoladamente, cubriéndose la cara con las manos.
"¿Por qué chicos…? ¿Por qué?" pensó. "¿Por qué se sacrificaron así por mí…?"
Hubiera preferido morir junto con ellos que vivir ahora completamente solo. Recordó su vida pasada, los momentos de felicidad que habían compartido… Era brutal no tener nada de eso ahora. Su vida había cambiado tanto y tan rápido.
Ni siquiera recordaba de qué se quejaba tanto cuando era un príncipe, y tenía responsabilidades… y Zéfiro lo fastidiaba todo el tiempo. Ahora daría lo que fuera por recuperar ésa vida.
Haría lo que sea porque todo esto fuese un mal sueño…
Algunos ecos de su propio llanto le fueron devueltos... junto con sonidos de pasos. Pasos extraños. Alguien caminaba hacia él con pasos lentos, demasiados espaciados entre sí… como si saltara.
Mickey volvió a restregarse los ojos, tratando de ver a través de ésa película que nublaba su visión al dueño de las pisadas pero al sentirlas tan cerca entró en pánico y retrocedió gateando hasta el agua, dando tumbos.
Su mano derecha se topó con algo duro y frío, contra lo que se golpeó los nudillos;
_ ¡Auugh! _Mickey trató de sacar el objeto de su camino, pero estaba enterrado en la tierra… y tenía agujeros, como cuencas. El príncipe se dio cuenta que lo que había tocado era una calavera.
Su cerebro confundido elaboró el peor escenario posible: quien se acercaba a él era probablemente un monstruo, que vivía en aquella caverna húmeda que le devolvía los ecos de su llanto y de las pisadas… y ahora iba a comérselo.
_ ¡Ahhhh! _el príncipe profirió un alarido cuando lo tocaron en el hombro, y tiró unos cuantos golpes de karate en el aire_ ¡Suéltame, déjame irrr…!
La rana que había aparecido en escena no se veía venir los golpes, por lo que muchos de los manotazos de Mickey dieron en el blanco:
_ ¡Augh! ¡Oye, oye, tranquilo amigo! _Napoleón se cubrió la cabeza con sus patas, croando_ ¡Yo sólo quiero ayudarte!
_ Ahhh… Ah… _Mickey se detuvo al oír la voz de ése muchacho_ ¿Q-quién eres…? ¿Dónde estoy?
Napoleó volvió a croar, asomándose por debajo de sus patas:
_ Vaya… Me advirtieron que esto pasaría cuando tomé el trabajo: la gente que se pierde aquí siempre está como loca cuando sale del agua… _se quejó_ Debe ser por las nubes de gas…
_ ¿Nubes de gas? ¿De qué rayos estás hablando…? _Mickey se frotó los ojos otra vez, ésta vez con algo más de rudeza_ ¡¿Qué diablos les pasa a mis ojos?!
_ ¡Deja de hacer eso, niño! ¡Te vas a lastimar! _Napoleón le pegó en las manos_ Déjame ver… ¿Cuántos dedos estoy levantando?
_ ¡NO PUEDO VER NADA! _resumió el príncipe, histérico.
_ Ya veo… _Napoleón trató de ayudarlo a levantarse_ Entonces… Es tu primera vez aquí abajo…
Lamentablemente, los brazos de la rana le estaban rodeando la cintura cuando dijo eso… así que Mickey malinterpretó el comentario por completo:
_ ¡Arghhh! ¡Ni se te ocurra tocarme, pervertido! _el príncipe arrojó más puñetazos a la cara de Napoleón.
Napoleón volvió a croar al ser golpeado en el medio de la nariz, y soltó a Mickey, quien volvió a aterrizar en el suelo lodoso con un golpe:
_ ¡No me refería a eso! ¡Sólo quise decir que es tu primera vez visitando éste lugar! _le aclaró, frotándose la nariz_ ¿¡Quieres que te ayude o no?!
Mickey no respondió. Sólo volvió a hacerse un ovillo en el suelo… y comenzó a llorar otra vez, frustrado y confundido, pero sobre todo asustado.
La rana tal vez estuviese algo –bastante- ofendida por haber sido golpeada tantas veces sin razón… pero Napoleón era alguien de corazón blando y se sintió conmovido por el llanto del joven tortuga.
Además, era su primer día trabajando como rescatista de los que visitaban la montaña. No quería perder a nadie en su primer día:
_ Escucha, niño… Tal vez no lo veas ahora, pero estás débil y lastimado. _Napoleón se limpió un hilillo de sangre que caía de su nariz_ Bueno, tal vez no estés tan débil… pero sí muy asustado. Déjame ayudarte. Te llevaré a un lugar seguro, no puedes quedarte aquí…
_ Ya no importa… _murmuró Mickey, acurrucándose más_ Déjame morir aquí. Quiero que el monstruo me coma…
_ Estás delirando por el gas, niño… _Napoleón le dio unas palmaditas en el caparazón_ Ven conmigo, vamos… Levántate…
Miguel Ángel no puso mucho de su parte para ayudar a Napoleón a levantarlo, pero tampoco se resistió. La rana lo cargó al estilo caballito, y emprendió el camino de vuelta esquivando en el camino los huesos y calaveras falsos que decoraban ésa caverna.
_ Mi nombre es Napoleón. Soy una rana… _Napoleón volvió a croar, para dar más credibilidad a lo que estaba diciendo_ ¿Cómo te llamas…?
_ Miguel… Ángel… _el de ojos claros comenzó a sentirse mareado.
_ Escucha, Miguel Ángel… Necesito que me respondas esto antes de que te desmayes por la falta de oxígeno. _le pidió la rana_ ¿Alguien te dijo algo antes de venir aquí? ¿Algo sobre unas flores… quizás…?
Miguel Ángel respiró con algo de dificultad, tratando de recordar las últimas palabras de Leatherhead;
_ Las flores… Crecen… _ensayó, forzando su mente a recordar_ …lugares desolados… Las flores también crecen en lugares… desolados…
_ ¡Contraseña aceptada! _celebró la rana, subiendo el camino cuesta arriba_ Uff… Uf… ¡Esto es muy difícil! ¡Nadie me dijo que tendría que subir a la montaña con los visitantes a cuestas! _se quejó.
El príncipe colapsaba lentamente sobre la espalda de su rescatista. Sus pulmones no estaban acostumbrados a la falta de oxígeno en las zonas más altas de las montañas… Lo último que hizo antes de desmayarse, fue alzar una mano y pasarla varias veces frente a su cara.
Entonces lo comprendió:
_ E-estoy ciego… _se lamentó con un suspiro_ Estoy ciego…
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De vuelta en el castillo de Traximus…
Donatello se alejó de las puertas del recinto termal caminando con dificultad debido a las sandalias de madera que Myrna le había dado. También le estorbaba el largo del vestido, que lo hacía tropezarse constantemente.
_ ¡Maldito vestido…! _se quejó. Hasta le era difícil mover los brazos con ése moño tan abultado que decoraba el frente del corset.
Extrañaba tanto su ropa de trabajo, su overol con manchas de aceite de motor y su cinturón de llaves de tuerca…
Trató de distraerse, asomándose por una de las ventanas. Ya no le faltaba mucho para que vinieran a buscarlo y a llevarlo al interrogatorio… se consoló pensando que si le habían puesto un vestido tan bonito ésta vez no lo colgarían de los brazos ni lo electrocutarían. Aunque era una idea tonta, porque hay otras muchas maneras de torturar a alguien sin dañar sus ropas. Y de todas maneras cuando finalizaran con él sería su fin…
Al menos la última cosa que vería antes de morir sí valía la pena: ante su vista se extendía el hermoso jardín del palacio de Traximus. Había hermosas esculturas y pequeños puentecillos para cruzar de punta a punta, sin tener que pisar el suelo rocoso y caliente por la actividad volcánica que había debajo del castillo. El mismo calor de las piedras evaporaba el agua de los canteros, que subía en forma de pequeñas nubes que nutrían los racimos de plantas cuyos colores eran tan agresivos como la lava ardiente.
Incluso la ventana en donde el joven inventor estaba asomado estaba repleta de flores de hojas gruesas y anchos pétalos anaranjados y rojos, rebosantes de vida y contentas con su entorno húmedo y caluroso.
"Para ser un sanguinario conquistador y desalmado tiene buen gusto en materia de jardines…" admitió el joven inventor. Seguramente ése calor volcánico era la razón de por qué los kimonos de mangas cortas eran tan populares entre las concubinas.
Miró más arriba. Por encima del jardín había un grupo de pequeñas islas flotantes, en donde se cultivaban otro tipo de plantas que no aguantaban el calor constante del suelo. Un diseño muy astuto… cada isla funcionaba con un propulsor de aire igual al de los vehículos. Donatello las contó, había ocho islas en total que se rotaban alrededor del castillo cada tres horas. O sea que cada ventana podía tener un paisaje diferente según el momento del día.
_ Muy bonito en verdad… _Donatello cortó una de las flores a su alcance, y la giró entre sus dedos distraídamente. Era toda roja y sus hojas gruesas y anchas eran de un verde intenso, casi agresivo.
Sin querer pensó en Raphael, ése soldado que el día anterior había interrumpido su interrogatorio con el soldado-pez y lo había llevado hasta una celda privada para su comodidad… y a menos que hubiese estado delirando –y eso era muy probable debido a las contusiones- él llevaba una bandana roja sobre los ojos.
Frunció el ceño. Comenzaba a albergar algunos malos pensamientos para él. Ése tal Raphael del que Myrna había hablado tanto había sido el que ordenó a la ardilla que lo bañara, alimentara… y lo vistiera con ése ridículo traje. Tal vez cada soldado tuviese su propio estilo a la hora de ejercer torturas a los prisioneros. Y humillarlo era el método favorito de Raphael.
¡Cuando lo tuviera frente a frente le clavaría el alfiler para el cabello de Myrna en el trasero!
El ojirrojo hizo un ademán para quitar el filoso alfiler de su lugar, pero una voz lo paralizó antes:
_ ¿Donatello-san…?
El más alto se volvió, sin poder creer que había escuchado de nuevo la voz de…
_ ¡Usagi! _Donatello corrió hasta él y lo abrazó con todas sus fuerzas_ ¡Usagi, no puedo creerlo! ¡Estás con vida! ¡Estás bien! _rompió el abrazo un momento_ ¿Estás bien, cierto…?
_ Sí, Donatello-san… Me encuentro bien… _Usagi correspondió el saludo con una sonrisa, pero con un abrazo menos efusivo_ Y me alegra mucho verte otra vez.
_ Oh, Usagi… ¡No tienes ni idea! _Donatello sentía ganas de llorar de la felicidad, pero Usagi seguía con la formalidad que tanto lo caracterizaba pese a la situación. Era como darle un coscorrón_ ¿Cómo sobreviviste?
El semblante del conejo cambió por completo;
_ Aún tengo mis dudas acerca de cómo o por qué sobreviví… _admitió el conejo, entristeciéndose_ Lo único que tengo en claro, Donatello, es que fallé en mi misión… No pude proteger a la familia real como un verdadero soldado debe hacerlo…
Usagi se dejó caer de rodillas, y se abrazó a las rodillas de Donatello:
_ Me siento tan poco honorable… _suspiró con pesar_ Haré lo que sea para remendar mi error, Donatello-san… ¡Lo que sea…!
Donatello se sintió tentado a pedirle que intercambiaran ropajes, para así poder usar ésa sencilla yukata que Usagi tenía puesta en lugar del kimono… pero se contuvo.
_ Usagi, vamos… ¿En serio vas a hacer esto ahora? _Donatello se lo despegó de las rodillas y lo obligó a ponerse de pie otra vez_ ¡Tenemos cosas más importantes en qué pensar! Cuéntame qué pasó, ¿cómo fue que las liebres fueron abatidas tan rápido?
_ Alguien nos traicionó, Donatello-san… _le explicó el conejo.
_ ¿De qué hablas?
_ Había alguien informando desde dentro del castillo a Traximus sobre los puntos débiles del ejército. _dijo Usagi, frunciendo el ceño_ Quien haya sido, nos estuvo observando durante meses, tomando nota de nuestras debilidades… las liebres no tenían oportunidad contra los ejércitos de Traximus desde antes de que tiraran la muralla con explosivos.
_ No puedo creerlo… ¿Quién haría semejante cosa? _Donatello trató de deducir quién podía ser el traidor, pero no pudo pensar en nadie_ Significa que Zéfiro… Y los Reyes están…
_ No sé qué pasó con el Rey y la Reina… _admitió Usagi_ Pero yo conseguí llevar a Zéfiro hasta el túnel de escape. Sin embargo, el me rogó que volviera por su hermano… Me suplicó que llevara a Miguel Ángel hasta el túnel, pero cuando fui a buscarlo los soldados de Traximus ya habían penetrado en el castillo, y no tuve más remedio que enfrentarlos y luchar…
Donatello lo rodeó con sus brazos una vez más. Al menos Zéfiro sí había logrado escapar…
_ Gracias, Usagi… _le dijo.
_ ¿Donatello…?
_ Prometiste cuidar de Zéfiro a toda costa, y lo hiciste… _le recordó el ojirrojo_ Gracias por cumplir tu promesa…
Usagi también lo abrazó. Donatello había sabido tranquilizarlo, y calmar un poco ése remordimiento que cargaba en su conciencia. A continuación, el más alto le relató brevemente cómo había perdido de vista a Mickey gracias a Leatherhead, y cómo había terminado en el castillo de Traximus. También le habló de la revolución.
_ ¿Crees que Leatherhead haya sido el traidor…? _se preguntó el conejo.
_ ¡Ya no sé qué pensar…! Creí que él adoraba a Mickey… pero luego evitó que yo lo llevara hasta el túnel. _reflexionó el más alto, confundido_ No sé en dónde esté el príncipe ahora, pero lo que sí es seguro es que querrán buscarlo… y esperan que yo les diga en dónde.
Usagi le dio unas palmaditas en el hombro:
_ No te preocupes por nada, Donatello-san… _lo consoló_ Yo no dejaré que nada te pase. Buscaremos cómo salir de ésta…
El más alto se rio ante la idea;
_ ¿Y cómo se supone que lo haremos, Usagi…? _preguntó, con sarcasmo_ No sé si ya lo notaste, pero tú también tienes una hermosa tobillera magnética en una de tus piernas… _le señaló_ Lo más lejos que podemos llegar antes de que nos frían con una descarga es hasta la muralla de piedras que rodea el jardín…
_ Donatello… Por favor, ten algo de fe…
_ Olvídalo, Usagi… Deja que esto pase… _le pidió el ojirrojo, recostándose contra la ventana una vez más_ Aunque sobreviva al interrogatorio de todas formas no hay futuro para mí aquí… por lo menos no uno que me interese. Y sin Mickey… tiene menos sentido todavía…
Ambos se quedaron en silencio, mirando por la ventana. Usagi no sabía qué decir para consolar al joven inventor, y Donatello estaba perdido en sus propios pensamientos.
_ Por cierto… No me contaste cómo fue que terminaste prisionero aquí. _le dijo de repente el más alto.
_ ¿No lo hice…? _Usagi se hizo el desentendido, tratando de evitar ésa conversación.
_ Pues… no. _recordó Donatello_ ¿Fuiste capturado por el soldado de bandana roja como yo? ¿Él te puso la tobillera magnética? _quiso saber_ ¿A ti también te obligaron a bañarte desnudo en las aguas termales…?
_ N-no, no… Otro soldado me trajo… _Usagi comenzó a mostrar signos de nerviosismo_ Su líder… el tigre. Él me trajo aquí luego de la subasta… y creo que curó mis heridas.
_ ¿Subasta…? _Donatello arqueó una ceja_ ¡Oh, Dios Mío! ¡Usagi! ¿¡Te subastaron anoche?! ¡¿Por qué no me dijiste nada…?!
Usagi reconoció que había omitido algunos detalles de su historia al contársela a Donatello. Transpirando un poco, le contó al joven inventor de la subasta a la que había sido llevado la noche anterior, luego de que los soldados se enteraran de que no tenía ningún dato para aportar sobre el paradero del príncipe Miguel Ángel…
_ ¿Pero cómo lo supieron? _se extrañó el más alto_ Si nunca te interrogaron…
_ Sospecho que la misma persona que les habló sobre los puntos débiles del ejército, también les habló sobre mí… _dedujo el conejo.
_ Pero no tiene sentido entonces… si ellos saben que pasaste todo el tiempo junto a Zéfiro, ¿no deberían haberte presionado más para que les hablaras de su paradero?
_ Tal vez estén más interesados en el príncipe Miguel Ángel… _sugirió el conejo_ O tal vez… Ya encontraron el túnel de escape por sí solos…
Donatello respiró hondo, rogando a los cielos que Usagi estuviese equivocado en ambas suposiciones.
_ ¿Por qué crees que su líder te trajo aquí? ¿Crees que él quiera algo más de ti…?
Usagi se sonrojó, apartando la mirada:
_ ¿A-algo más…? _tartamudeó_ ¿A qué te refieres, Donatello-san…?
_ Pues… puso muy empeño en mantenerte a salvo, te rescató de la subasta y curó tus heridas… _enumeró el joven inventor_ Tal vez quiera que te unas a su ejército o algo por el estilo…
_ Mhm… Tal vez… _el conejo tragó saliva, recordando su encuentro con el tigre ésa mañana.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: FLASHBACK ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Usagi abrió los ojos lentamente. Un rayo de luz había entrado por la ventana y le había dado justo en el medio del rostro, por eso se había despertado…
Cambió de posición lentamente en la cama, porque sus heridas y magulladuras todavía dolían bastante…
Un momento. ¿Había dormido en una cama…?
El conejo se sentó, mirando con extrañeza el montón de sábanas enredado en sus piernas. También notó que tenía esposadas las muñecas.
"Sigo siendo un prisionero…" dedujo, frunciendo el ceño. Pero eso no explicaba por qué estaba durmiendo en una habitación regular en vez de estar en una celda.
Cerró los ojos, tratando de recordar los eventos de la noche anterior… Recordaba vagamente la subasta, algunos fragmentos de conversación... tenía un desagradable recuerdo de cuando le vendaron los ojos y alguien le desgarró la ropa. Peor, recordaba las voces de las personas ofertando dinero… y después, nada.
Se dio por vencido. Estaba claro que no iba a poder recordar los eventos que lo llevaron hasta ésa habitación, mejor se concentraba en averiguar cómo escapar…
La puerta se abrió con un chirrido antes de que pudiera siquiera bajarse de la cama;
_ Tú… _Usagi observó con ojos muy abiertos a la persona frente a él, incapaz de creer en lo que veía_ No puede ser…
_ Ya estás despierto… qué bueno. _saludó simplemente TigerClaw, volviendo a echarle llave a la puerta_ Te traje algo para que desayunes. No has comido nada desde ayer…
El tigre dejó la bandeja a un lado, y se sentó en el suelo, ignorando por completo al conejo… quien por el contrario, estaba muy alerta de todos los movimientos del felino;
_ ¿Tú me trajiste aquí…? _quiso saber.
_ Así es. _Tigerclaw tomó una pequeña taza.
_ ¿Por qué? _volvió a insistir el conejo_ ¿Vas a terminar el trabajo que dejaste inconcluso la última vez que nos encontramos…?
Tigerclaw lo miró fijamente, aunque sin demostrar ninguna emoción:
_ Si quisiera matarte, lo habría hecho mientras dormías… _le aseguró.
_ ¿Por qué no lo has hecho?
_ No tengo intenciones de matarte por ahora… _aclaró Tigerclaw, dando por terminado el asunto_ Ahora ven acá y desayuna. Te hace falta.
Usagi no hizo caso. Sólo se quedó en la cama, mirando fijamente sus manos esposadas…
Estar inconsciente lo había mantenido apartado de los pensamientos oscuros. Pero junto con el despertar habían llegado los recuerdos de la invasión. Pensó en sus compañeras, las liebres… ellas lo habían dado todo, hasta las últimas consecuencias.
Habían muerto en combate, honorablemente… Se preguntó si no debería morir honorablemente él también.
"Fracasé en mi misión…" pensó. Se suponía que debía proteger a la familia real y ser un buen soldado, pero había fallado. Y lo más deshonroso de todo, ahora era el prisionero de alguien como Tigerclaw…
_ Sé lo que estás pensando… _el tigre habló súbitamente, interrumpiendo los oscuros pensamientos de su invitado.
El conejo ni siquiera levantó la mirada. Tigerclaw siguió hablando:
_ Estás pensando en que debes quitarte la vida. _adivinó el felino_ Piensas que es mejor morir honorablemente que llevar una vida deshonrosa, sólo porque no pudiste servir a los Reyes de Shadaria como debías…
Usagi le dedicó una mirada furiosa. Podía detectar claramente el tono de burla en la voz de Tigerclaw…
_ No me importa lo que creas… eso sería lo mejor.
_ Te equivocas. Eso, viejo amigo, sería una estupidez… y un desperdicio. _declaró el felino, sirviéndose más leche en una taza_ Un guerrero con tus habilidades no debería desaparecer de la faz de la tierra de una manera tan tonta. Sería estúpido… hasta la persona más tonta lo juzgaría de esa manera.
_ No espero que un criminal como tú entienda mis motivos… _le respondió Usagi, cruzando las piernas.
_ Mhhn… _Tigerclaw se encogió de hombros y siguió desayunando tranquilamente, ignorando al conejo.
Usagi lo estudió de arriba abajo. Tigerclaw estaba mucho más avejentado que la última vez que lo vio, aquella vez en la aldea de las liebres… lo único que no había cambiado eran sus habilidades: habían mantenido un feroz enfrentamiento en Shadaria, durante la invasión, y hasta hubiera podido vencer al tigre ésa ves… sin embargo, estaba demasiado debilitado como para aguantar toda la pelea. Finalmente había colapsado, y Tigerclaw lo había capturado.
Sin embargo, visto ahora a la luz del día, el anaranjado pelaje del tigre ya no era tan intenso como antes… incluso tenía canas en algunos lugares. Se lo veía más delgado.
"Supongo que él ya era un adulto cuando nos enfrentamos ésa vez en la aldea de las liebres…" pensó el conejo, sin adentrarse demasiado en los detalles de ése episodio.
O sea que, en el presente, Tigerclaw ya debía ser una persona de edad madura…
_ ¿No vas a comer nada…? _lo llamó Tigerclaw, bajando su tazón de leche.
_ ¿Qué objeto tendría alimentarme? _le preguntó el conejo, dejando en claro que aún seguía en pie la alternativa del suicidio.
_ Que no me servirás si estás débil por falta de alimento…
Usagi frunció el ceño al oír eso;
_ ¿Y qué te hace pensar que voy a servirte para algo…? _quiso saber.
_ Es lógico. Tienes una deuda conmigo… salvé tu vida.
_ Tú no salvaste mi vida.
_ Por supuesto que sí lo hice, necio de orejas largas… _Tigerclaw emitió un pequeño gruñido de impaciencia ésta vez_ Podría haberte dejado tirado en el castillo, mientras se derrumbaba por los explosivos… pero no lo hice. _le explicó.
_ ¡P-pero yo no te pedí que me salvaras…!
_ Lástima, ya lo hice… _se burló el felino_ Si quieres insistir con eso de hacer lo más honorable, tendrás que cumplir conmigo primero… o morir sabiendo que dejaste una deuda de vida sin saldar.
Usagi abrió muy grandes los ojos. Abrió la boca para responder algo… pero no le salieron las palabras.
No podía creerlo, ¡Tigerclaw había conseguido ponerlo en una encrucijada!
Antes de que pudiera responder algo, el tigre le rebeló algo más:
_ Escucha, Usagi… Necesitas saber que lo que pasó en Shadaria, no podrían haberlo evitado ni aunque todas las liebres del mundo se hubieran unido a la batalla. _le explicó_ Teníamos a alguien informándonos sobre los puntos débiles del ejército desde dentro…
_ ¿C-cómo dices…?
_ Sólo digo que la defensa del castillo no tenía oportunidad contra nosotros. _resumió el tigre_ Tuve mucha suerte de encontrarte aún con vida, para poder traerte hasta aquí…
Usagi seguía confundido sobre lo que debía hacer a continuación. Además, un criminal como Tigerclaw podía pedirle cualquier cosa… hasta podía pedirle que asesinara a algún inocente.
_ Cuando decidiste salvarme la vida… ¿cómo estabas tan seguro de que yo querría trabajar para ti…? _le preguntó_ ¿No pensaste en que podría negarme, o que preferiría morir antes, o que…?
El conejo no pudo seguir hablando porque lo interrumpieron las bestiales carcajadas de Tigerclaw, que reía sin poder contenerse... como si hubiera escuchado el mejor de los chistes:
_ ¿¡Qué te causa tanta gracia…?!
_ ¡Sigues haciéndote el duro de roer! ¡Pero ya dijiste que sí! _le explicó el felino_ Alguien tan "tradicionalista" como tú no podría soportar el no saldar una deuda…
Tigerclaw siguió riéndose unos minutos más, para atormentar a su prisionero de orejas largas… quien por cierto se había puesto rojo de la mortificación.
_ Como sea… ¿Qué es lo que vas a querer de mí? _quiso saber_ No haré nada que vaya en contra de mis principios…
También tenía deseos de aclarar que dentro de ésa categoría se encontraban: robar, asesinar a inocentes… y por supuesto, ningún "favor sexual". Pero lo que Tigerclaw le pidió era en realidad muy simple:
_ Primero, te pediré que no te mueras de hambre… _dijo, señalando la bandeja con comida_ Del resto te hablaré después, cuando estés más recuperado…
Usagi se dio por vencido y se levantó de la cama. Luego de que se sentara en el suelo, frente a Tigerclaw, éste le quitó las esposas que tenía en las muñecas;
_ Espero que no te metas en problemas si hago esto… _le advirtió, retirándolas_ ¿Mejor…?
_ Sí… _el conejo se frotó las muñecas_ Gracias…
_ Aquí tengo algo de jugo de zanahoria para ti. _Tigerclaw le pasó una taza con el líquido anaranjado balanceándose adentro.
Usagi observó el brebaje con desencanto:
_ Ése es un estereotipo trillado… _le reprochó.
_ ¿Significa que no lo quieres? _se extrañó el felino_ Que no te de pena… a mí me gusta beber leche. _lo consoló.
_ Yo no he dicho que me dé pena… sólo dije no deberías asumir cosas así, sólo porque lo dicta un estereotipo. _lo sermoneó Usagi, quien terminó aceptando la taza y comenzó a beber el contenido en silencio. Estaba delicioso.
_ O sea que no piensas mal de mí sólo porque soy un tigre y puedo comerte… _lo provocó el felino, sonriendo.
_ Yo sólo pienso mal de ti porque eres un criminal que se burla de todos los principios y al que no le interesa el honor... _le aseguró el de orejas largas_ Es decir… no entiendo cómo puedes vivir de ésa forma… ¿Cómo es posible que no creas en nada?
_ Yo sí creo en algunas cosas. _dijo Tigerclaw, tomando de nuevo su taza con leche_ En esto… _le dio un sorbo_ ¡Y en esto…!
El tigre sacó una de sus pistolas que disparaban hielo y disparó al techo.
_ O sea que sólo te interesan las cosas buenas de la vida y la violencia para conseguirlas… _resumió el de orejas largas, mirando la extraña escultura que ahora adornaba el techo de la habitación.
_ Exacto… _Tigerclaw se levantó para irse, así Usagi podía desayunar en paz mientras le conseguía algo de ropa que vestir_ Nos vemos después, Usagi… _se despidió.
Antes de salir por la puerta, sacó su pistola de calor y le dio un disparo a la escultura de hielo… que se deshizo en cientos de copos de nieve y escarcha, que se acumularon sobre la cabeza del conejo.
Usagi se sacudió la escarcha de la cabeza con sus manos, y se acicaló la manera de los conejos… pasándose las manos por encima de la cara y a los lados varias veces. Cuando levantó la mirada, se dio cuenta de que estaba a solas en la habitación otra vez.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: END FLASH BACK ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Usagi suspiró pesadamente…
Si le quedaban algunas dudas respecto a cooperar o no con Tigerclaw, ahora habían desaparecido. Donatello estaba con vida… y necesitaba a un amigo que cuidara de él en ésos momentos difíciles.
El conejo le dedicó una mirada. Donatello miraba por la ventana distraídamente, absorto en sus pensamientos. Su amigo se veía hermoso con ésos adornos florales en la cabeza y ése atuendo… parecía una princesa de cuentos de hadas.
Por primera vez en ése día, se alegró de haber sobrevivido a la invasión. Y debía dar las gracias a Tigerclaw por eso…
_ Bueno, bueno… La ropa que Raphael te consiguió sí que te sienta de maravilla, pequeño… _Razhor apareció junto a ellos_ Ven conmigo, te vamos a interrogar. Pero debes venir solo… tu amigo conejo se queda aquí.
Usagi le dirigió una mirada amenazante a Razhor;
_ Insisto en acompañarlo. _dijo, aferrado el brazo del más alto.
_ Quieto, conejito… _Razhor sacó un control remoto_ Un salto de más que hagas con ésas graciosas patas y te frío… _le advirtió_ Y además… ¿Cómo es que sigues aquí? Creí que Fishface te había enviado como parte de la subasta de anoche…
Donatello se liberó del agarre de Usagi, para interponerse:
_ Está bien, Usagi… No hay problema. _el más alto lo hizo a un lado_ Quiero terminar con esto de una vez por todas…
Razhor guardó el control, y puso una mano encima de su caparazón, para empujarlo por el camino correcto;
_ ¿Por qué esa actitud tan pesimista, eh…? _bromeó_ Nuestro Raphie no será malo contigo, te lo garantizo… _lo consoló_ Él es como una lámpara mágica, ¡sólo tendrás que frotarlo un poco, y concederá todo lo que le pidas!
_ Ughh… _Donatello no se atrevió a decir nada al respecto, y permaneció callado hasta llegar ante una puerta de metal, donde Razhor lo dejó.
_ Entra ahí… _le indicó el canino.
Donatello empujó con algo de dificultad la pesada puerta metálica, e ingresó en la pequeña habitación acompañado del chirrido del metal. En cuanto estuvo dentro, Fishface salió de su escondite y se unió a Razhor para espiar a Raphael. Ambos pegaron las orejas a la puerta para escuchar todo lo que pasaba adentro…
Raphael ya estaba esperando dentro de la pequeña habitación, que hacía de oficina improvisada. Su mirada y la de Donatello se encontraron por unos segundos antes de que el joven inventor la dirigiera hacia otra parte.
"No le agrado…" pudo sentir Raphael, dejando a un lado el expediente que estaba leyendo.
"No me agrada…" pensó a su vez Donatello, cruzando los brazos sobre el pecho. Raphael no sólo tenía el mismo aspecto tosco y descuidado que el resto de los soldados de allí, sino que aún llevaba la misma armadura de ayer… ¡con todo el calor que hacía!
Seguro que por debajo de la armadura apestaba a sudor y a otros fluidos corporales… ¡Bleurgh!
También se distrajo mirando su collar hecho de dientes…. que seguramente le había arrancado a algún contrincante en una pelea;
_ ¿E-en dónde quiere que me siente…? _preguntó el más alto, tratando de romper el silencio incómodo.
_ ¡En mi regazo…! _completó Fishface, susurrando detrás de la puerta. Razhor le dio un coscorrón para que guardara silencio, pero empezó a reírse también.
_ Aquí. _Raphael despejó una silla para él, tirando los libros que sostenía en el suelo con algunos manotazos_ Toma asiento…
El ojirrojo obedeció, y se sentó en la silla recogiendo las faldas de su vestido con cuidado.
Había un viejo escritorio a un costado. Raphael lo arrastró hasta dejarlo frente a Donatello, y se sentó sobre él:
_ Listo. Perdona el desorden… esto de la revolución nos ha obligado a improvisar. _dijo Raphael_ ¿Te llamas Donatello, no es verdad?
_ Sí. _el joven inventor no levantó la mirada del suelo.
_ Veo que te ha quedado la ropa que te conseguí… _el ojiverde trató de no mirar directamente la prenda, para no poner incómodo a su interrogado_ Lamento que sea un vestido de mujer… fue lo único que encontré con el poco tiempo que tenía.
_ Supuse que era algún tipo de… "improvisación". _respondió el ojirrojo, cruzando los brazos.
El ojiverde ignoró la insolencia de Donatello, y prosiguió:
_ ¿Sabes por qué eres nuestro prisionero?
_ Mejor ve al grano, Raphael… _Donatello volvió a cruzarse de brazos_ Ya sé de sobra que estoy en problemas…
Raphael se sorprendió al verlo comportarse así. Al parecer Donatello era bastante insolente… y no le tenía miedo. O por lo menos no estaba totalmente consiente de su situación como para tener miedo.
Había tratado de entablar una conversación con él por las buenas, pero ni modo...
_ Sí. Estás en problemas. _le respondió, dejando la amabilidad a un lado_ Es más, estás doblemente en problemas, lindura…
El más alto lo miro con el ceño fruncido al oír que lo llamaba "lindura":
_ Ya no te podemos regresar a Shadaria, porque ya no existe... _prosiguió Raphael_ Ahora es parte del Imperio, así que estás sujeto a las leyes de aquí.
A Donatello se le hizo un nudo en el estómago. Un lugar tan bello y pacífico como Shadaria ya no existía… odiaba que se lo recordaran. Sin embargo, luchó por no demostrar su turbación.
_ ¿Y esas leyes qué dictan…? _preguntó, con toda la entereza que pudo.
_ Que te regresemos a tu antiguo dueño… o que te busquemos uno nuevo. Y rápido.
Donatello palideció. Era justo lo que se temía;
_ ¿V-volveré a ser un esclavo…? _gimió, apretando los puños sobre la tela del kimono.
_Tienes otro problema más grande. _señaló Raphael_ Uno de los consejeros que Fishface interrogó dice que eras íntimo del príncipe Miguel Ángel…
_ No es cierto, sólo era el repara-cosas del castillo… _negó rápidamente el más alto.
Raphael hizo una pausa, dejando que el más alto asimilara la noticia de que volvería a ser un esclavo pronto. Luego se inclinó más cerca de él, y volvió a hablar en un tono más relajado:
_ Escucha, si aportas algún dato sobre su paradero… podrías salir mejor parado de éste lío en el que estás metido. _le aconsejó.
_ No sé en dónde está príncipe. Es la verdad. _le aseguró Donatello, levantando la mirada_ Y aunque lo supiese tampoco te lo diría…
_ ¿Entonces no dirás nada, eh?
_ No tengo nada que decir. _insistió el inventor.
Raphael fue quién frunció el ceño esta vez:
_ ¿Esperarás a que tu amo se aparezca por aquí y te reclame, para hablar? _le preguntó, con rudeza_ ¡Y me consta que tienes uno, porque he visto las marcas que se ocultan detrás de ése maquillaje…!
Ésta última frase fulminó a Donatello.
Se imaginó a su antiguo amo, el mismo que le había llenado la cara de cicatrices, entrando por la puerta para llevárselo. Se hizo un ovillo en la silla, sin decir nada. Sólo se abrazó a sí mismo y se quedó mirando el suelo…
_ D-de todas formas no hablaría… _insistió, ésta vez con un hilillo de voz.
Raphael no le quitaba la mirada de encima. Hacía tiempo que no estaba tan confundido…
¿Cómo alguien podía ser tan insolente y necio y al segundo siguiente aparecer como una criatura frágil y hermosa… envuelta en un kimono como en un papel de seda…?
_ Quiero que sepas que te creo… _le aseguró, con algo más de calma ésta vez_ Si me juras que no tienes información sobre el príncipe lo creeré…
_ L-lo juro… _aseguró el ojirrojo, aguantando las ganas de llorar hasta irse de allí.
_ Pero… tienes que entender que éste es el final del camino para ti. Si no tienes nada que decirme no tendré más remedio que localizar a tu antiguo amo y devolverte. _informó Raphael_ ¿Entiendes eso?
_ S-sí… _Donatello lucía totalmente derrotado ésta vez, estrujando el moño de su kimono con las manos nerviosamente… sin saber que eso lo hacía ver adorable.
Raphael deseaba sinceramente ayudarlo, pero aún albergaba dudas respecto a si Donatello le permitiría que lo rescatara del embrollo en que lo había metido.
_ Hay otra salida a tus problemas… _comenzó a decir.
_ ¿Uh…? _el ojirrojo levantó la mirada, intrigado.
_ Hay otra cosa que puedes hacer, además de decirnos el paradero del príncipe, para evitar que vuelvas con tu antiguo amo… _dijo Raphael, mirando a la nada.
El más alto seguía mostrándose intrigado, así que el soldado tomó una profunda inspiración;
_ Podrías… Casarte conmigo…
La propuesta de Raphael dejó boquiabiertos a Razhor y a Fishface, que seguían detrás de la puerta… pero más que nada impresionó a Donatello.
El inventor lo observó con los ojos como platos varios segundos antes de responder algo:
_ ¿Q-qué has dicho…? _tartamudeó.
_ Que te cases conmigo. _reiteró Raphael, tratando de mostrar algo de autoridad, aunque proponer ésa solución no había sido nada fácil para él.
Donatello guardó silencio un momento más… y luego volvió a la carga con la misma terquedad e insolencia con la que había comenzado el interrogatorio:
_ ¿¡Y a cambio sólo tendré que calentarte la cama todas las noches…!? _exclamó, ofendidísimo_ ¡No! ¡No acepto!
_ ¿Qué? ¡Sólo te ofrezco una salida! _protestó el soldado, igualmente ofendido por la reacción teatralmente exagerada de Donatello.
_ ¡Pues no la quiero! _Donatello se levantó con tanta fuerza que tiró la silla a un lado. Luego se encaminó hacia la puerta, como si fuera el dueño del lugar.
Raphael lo interceptó antes de que tocara el picaporte y lo giró para que quedaran cara a cara:
_ Escúchame, muchacho. _le dijo, acorralándolo contra la puerta metálica_ Yo no debí traerte a la Capital en primer lugar. Estás aquí por mi culpa… Quiero compensarte por haberte traído, manteniendo tu trasero a salvo… ¿¡Y me dices que no!?
Donatello lo enfrentó sin ningún temor ésa vez, mirándolo directamente a los ojos. Sus rubíes en llamas por la ira;
_ Si quieres remendar tu error entonces mátame como debías hacerlo cuando me viste. _lo desafió_ Tal vez yo haya nacido esclavo… ¡Pero prefiero morir libre antes que ser la esposa de un bestia como tú…!
Quien se quedó boquiabierto esta vez fue Raphael. Mientras seguía pensando en qué contestarle, Donatello abrió la puerta y se fue… pasando junto a los sorprendidos Razhor y Fishface sin dedicarles si quiera una mirada.
_ ¡P-pues bien! ¡Si eso es lo que quieres…! ¡Arréglatelas tú sólo! _Raphael se asomó a la puerta para gritarle_ ¡No eres mi problema! ¡Y ESPERO QUE TE AGRADE USAR KIMONO! ¡PORQUE NO ME MOLESTARÉ EN BUSCARTE MÁS ROPA PARA QUE TE CAMBIES!
A pesar de que había tenido la última palabra, sus gritos no intimidaron gran cosa a Donatello… que ya estaba muy lejos. Pero sí hicieron reír a Razhor y a Fishface;
_ ¡Vaya que te tiene en la palma de su mano, Raphael…! _se burló el canino.
_ Pero no de la forma en que esperábamos… _se carcajeó el pescado_ ¡No me malinterpretes! No es que haya sido algo menos divertido…
Raphael enrojeció al ver que había tenido público todo ése tiempo;
_ ¡¿Por qué estaban espiándome?!
_ Queríamos ver cómo hacías caer a ése hermoso muchacho a tus pies… _dijo Fishface_ Pero parece que ni con uno de mis dardos tranquilizantes caseros hubieras podido "hacer" algo con él… Aunque puedo venderte algunos, si aún quieres intentar.
Fishface le ofreció un puñado de sus dardos de saliva ponzoñosa hechos en casa, pero Raphael no estaba de humor para bromas… así que sacó sus Sais.
_ Ahora sí te ganaste que te conviertan en brocheta de pescado… _anunció, iniciando la pelea.
Al pescado no le faltaban ganas de pelear contra la tortuga. Raphael había frustrado su interrogatorio el día anterior, sólo para dejar que ése chico se le escapara de las manos y lo pisoteara como si fuera el dueño del lugar;
_ ¡Ojalá no fueras el favorito de Tigerclaw! ¡Aunque él se enterara de la incompetencia que demostraste hace un rato, igual no te pasaría nada! _se atrevió a decirle el pescado al sacar sus navajas_ En cambio, yo habría podido obtener mucha más información útil si me hubieras dejado interrogarlo ayer… ¡Pero no! ¡Sólo a ti te puede ir bien!
_ ¡Cállate, bolsa de escamas envidiosa! _le gritó Raphael, tratando de clavarle uno de sus sais_ ¡Nunca podrías ser la mano derecha de Tigerclaw porque soy mejor guerrero que tú! ¡Además, nadie querría tener como favorito a un pescado apestoso!
_ ¡Me quitaste la oportunidad de probar que soy más útil que tú! _siguió reclamando el de escamas.
_ ¡Ya me tienes harto, pescado!
Las navajas de Fishface y los Sais de Raphael sacaron chispas durante un rato, hasta que Razhor se aburrió de verlos pelear y los separó:
_ ¡Basta! ¡No hay tiempo para peleas ahora, tenemos trabajo que hacer! _le dijo_ Si tantas ganas tienen de arreglar esto… ¿Por qué no hacen una apuesta?
_ ¿Apuesta…? _Raphael retrocedió, aún sin guardar sus armas.
_ ¿Sí perrito, qué clase de apuesta? _se interesó Fishface_ Habla ya.
_ Qué les parece esto: Fishface trata de localizar al dueño de ése muchacho insolente que tanto le obsesiona a Rapha…
_ ¡Él no me obsesiona! _negó el ojiverde enseguida_ ¡Sólo trataba de ayudarlo a salir del embrollo en que lo metí!
_ Como sea, si no te interesara no hubieras tratado de ayudarlo y no te hubieras humillado así. _remarcó el canino_ En fin, mientras Fishface busca a su amo, Raphael intentará conseguir que acepten su oferta de matrimonio. Quien consiga su objetivo primero, es el ganador…
_ Me gusta hacia dónde va esto… _admitió Fishface_ ¿Y cuál es el premio?
_ Si tú ganas, Raphael dejará su puesto como mano derecha y le hablará bien de ti al general Tigerclaw… _resolvió Razhor.
_ ¿Y si yo gano…? _quiso saber Raphael.
_ Y en el hipotético caso de que sea Raphael quien gane… Ummm… _Razhor pensó un momento, pero no se le ocurrió nada_ Bueno, Fishface ya no te molestará más y… Ah, qué más da… ¡Tú ya tendrás tu premio, Raphael! ¡A ésa lindura en tu cama cada noche!
_ ¡Yo acepto! _se apuró a decir Fishface.
_ ¡Claro que aceptas! ¡Tú no tienes nada que perder! _se quejó Raphael, bastante disgustado con la oferta.
_ ¡Venga, Rapha! ¡No seas cobarde! _lo alentó Fishface, extendiendo su mano para cerrar el trato_ ¡Esta es tu oportunidad de cerrarme la boca de una vez y para siempre!
_ Yo quisiera poder hacer eso, créeme… _admitió Razhor_ ¿Aceptarás…?
Antes de que Raphael pudiera decidirse, un soldado que vigilaba los calabozos había dejado su puesto y se acercaba corriendo hasta donde estaban para informarles del nuevo prisionero que acababa de llegar.
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Mientras, Donatello se había alejado de Raphael a grandes zancadas… buscando a Usagi:
_ ¡Usagi! ¡No me creerás lo que acaba de pasar! _Donatello encontró a su amigo conejo en el mismo lugar en el que lo había dejado.
_ ¡Shhh! _Usagi le tapó la boca con una mano, y lo arrastró hasta una sombra_ Donatello-san… sea lo que sea, tendrá que esperar. ¡Ven!
El de orejas largas lo jaló y lo llevó corriendo por un pasillo a las rastras, ya que a Donatello no se le daba muy bien correr con ésas sandalias de madera. El inventor constantemente se preguntaba qué podía ser más importante que contarle que uno de ésos soldados brutos y bestias estaba tratando de convertirlo en su esposa a cambio de su libertad… ¡Cómo si él fuera idiota! ¡Una jaula es una jaula, no importa si la llamas "matrimonio" o…!
_ ¡Ahí! ¡Mira! _Usagi había llegado hasta una pequeña ventana, la cual daba a una mejor vista del patio donde aterrizaban los vehículos destinados al transporte de prisioneros.
_ ¡Está bien, ya deja de empujarme! _Donatello se asomó, quejándose_ ¿Cómo es que ya te memorizaste la mayor parte del castillo? Si apenas has tenido tiempo de recorrer… lo.
El ojirrojo paró de hablar súbitamente. Allí, frente a sus ojos, acaban de traer a un nuevo prisionero…
_ Dios mío… ¡Es Leatherhead! _exclamó Donatello. Leatherhead lucía terrible. Estaba encadenado, lastimado y una tortuga de monstruoso tamaño lo acompañaba.
"¡Una tortuga de los Balcanes…!" dedujo el ojirrojo, espantado. Vio cómo el antiguo guardaespaldas de Mickey trataba de resistirse cuando quisieron hacerlo caminar, y ésa tortuga lo golpeó muy fuertemente en el estómago con uno de sus puños cubierto de picos para después arrastrarlo por el suelo.
Donatello contuvo una exclamación;
_ Debemos hacer algo… ¡T-tenemos que ir con él! _tartamudeó.
Usagi lo apartó de la ventana, con el ceño fruncido:
_ Estoy de acuerdo. _dijo_ Pero no nos dejarán acercarnos a él tan fácil…
_ ¡Entonces tendremos que pensar en un plan! _declaró el inventor_ Tengo que hablar con él a como dé lugar… ¡Necesito saber qué hizo con Mickey! ¡Quiero respuestas!
El conejo espió por la ventanilla también, pensativo:
_ Está en muy mal estado… quien lo haya capturado fue bastante rudo con él, y quiso obtener respuestas con ése método. _dedujo_ Si tenemos suerte, tal vez no sea interrogado hoy…
_ ¿Crees que esperarán a que se recupere un poco primero…? _preguntó Donatello.
Usagi asintió. Donatello comenzó a elucubrar una estrategia:
_ Podemos tratar de hablar con él ésta noche… ¡Pero aunque creáramos una distracción, no podríamos entrar en los calabozos sin una llave! _se lamentó_ Necesitamos robar una…
_ ¿Y no podríamos forzar las cerraduras con algo? _Usagi señaló el alfiler en el moño del vestido_ Eso podría servir…
_ ¿Ésta cosa vieja? _Donatello desatascó el alfiler_ Es sólo un adorno barato… se romperá.
Pero entonces se dio cuenta: ése alfiler estaba hecho de un metal demasiado pesado como para usarlo en el cabello. Lo miró con más atención…
Era la llave maestra de Myrna.
_ Entonces está decidido… _decidió el conejo_ Crearé una distracción, y tú entrarás a los calabozos a hablar con Leatherhead…
_ Usagi, no quiero que hagas nada peligroso… _le pidió Donatello, sosteniendo la llave en su palma_ Sólo trata de prender fuego algo, no sé… pero no te conviertas en carnada viva…
_ Descuida, Donatello-san… _Usagi sonrió_ Quiero hacer esto. Y si algo me pasa, remendaré mi error por haber fallado como soldado con ése sacrificio… _juró solemnemente_ Además, ésa pequeña llave es un arma poderosa. Debemos sacarle todo el provecho posible…
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: FIN DE LA REALIDAD ALTERNA (POR AHORA) :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
En el laboratorio de Donatello…
Ángela estaba atenta a los monitores, sentada muy quieta en su lugar. Se moría de ganas de fumar un cigarrillo en ésos momentos, para aliviar la tensión, pero se negaba rotundamente a abandonar su puesto.
"Si puedo arreglármelas sin ellos ahora, tal vez pueda dejar de fumar de una vez por todas…" se consoló, tamborileando los dedos.
Pero quien estaba en peor estado, sin dudas era Leo…
El mayor de los Hamato se paseaba caminando junto a Donatello, Raphael, y Leatherhead, observando muy atento a todos… y luego salía del laboratorio y volvía hasta donde estaba Mickey para hacer lo mismo. Luego volvía a repetir la acción.
Ya iba por su novena vuelta cuando Ángela lo llamó;
_ Leonardo, cariño… vas a hacer una zanja en el piso si sigues caminando así. _le dijo, quitándose los lentes_ ¿Por qué no mejor vas y nos preparas unos cafés? Así tendremos algo que hacer mientras esperamos que tus hermanos despierten…
Leonardo no dijo nada, y se marchó a la cocina. Estaba tan trastornado que en vez de café preparó dos tazas de té, una para él y otra para la doctora;
_ Bueno… _ella se encogió de hombros, sorbiendo el humeante líquido_ Al menos sabe mejor que lo que Jack me prepara siempre…
_ Perdona, Ángela… estoy muy ansioso por lo que pueda pasar con mis hermanos. _se sinceró Leo, aferrando su taza_ Sigo pensando en que no estuvo bien dejar ir a Raphael en mi lugar…
_ Bueno, pero qué le ibas a hacer… él ganó el piedras, papel o tijeras. _Ángela trató de brindarle algo de tranquilidad con su lógica de doctora_ Un trato es un trato.
_ Sí… supongo. _Leo sorbió algo de té, mirando fijamente a su hermano de bandana roja.
::::::::::::::::::: FLASH BACK ::::::::::::::::::
Raphael se recostó en la mesa de trabajo, junto a Donatello. Ya tenía el casco recién fabricado bien sujeto sobre su cabeza, pero lo que más nervioso lo ponía era que Leo no paraba de darle indicaciones:
_ Enfócate en la misión, Rapha: debes buscar a Mickey y hacerlo que se despierte… _insistió el de bandana azul_ No pierdas tiempo con Donatello ni Leatherhead, Ángela puede traerlos de vuelta por su cuenta.
_ Sí, Leo… Ya me lo dijiste mil veces. _resopló el más fuerte, rodando los ojos.
_ Sé que no es tu fuerte, pero intenta concentrarte… _le pidió_ No vayas a perderte ahí adentro…
El ojiverde sonrió, y le ofreció la mano a su hermano mayor, para que la estrechara;
_ Tranquilo Leo, no me voy a perder. _le aseguró_ Siempre que sueño, me despierto cuando las cosas se ponen buenas… Es un mal hábito que tengo. Así que volveré de una forma o de otra…
Leonardo estrechó su mano, y lo observó mientras se quedaba dormido:
_ Ve por nuestros muchachos… Raphael…
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::: END FLASH BACK ::::::::::::::::::::::::::::::::::
Ángela se terminó el té, y dejó la taza a un lado:
_ Sabes… dicen que todo pasa por una razón. _comenzó a decir_ Cuando comencé a desarrollar el dispositivo, me costó mucho encontrar alguien que estuviera dispuesto a financiarme. Claro, exceptuando al Kraang… _aclaró_ Ahora me doy cuenta, que mi experimento cruza barreras muy peligrosas… y que debí dejarlo así.
La doctora se apartó un poco de la computadora, y se levantó de su silla para estirar sus delgadas piernas;
_ Los sueños profundos son muy difíciles de manejar… _se lamentó_ Pero yo no estaba conforme con hacer que la gente soñara sólo con puertas de distintos colores. Me obsesioné con poder darles a mis pacientes mejores noches de sueño… y sueños agradables… ¿Pero no se puede tenerlo todo, no lo crees?
Leonardo se sintió mal por ella;
_ Los sueños a veces son peligrosamente reales… _la consoló_ Usted no puede controlar eso, ni con toda la tecnología del mundo. No es su culpa…
Ángela le palmeó el caparazón, sonriendo:
_ ¿Eso es lo que te tiene tan preocupado, no cariño…? _dijo ella con ternura_ Que tus hermanos se queden a vivir en el mundo de los sueños y nunca regresen aquí…
Leonardo apretó los puños. La doctora había dado en el blanco:
_ ¿Y si ése mundo les gusta más que éste…? _preguntó con un hilo de voz. La posibilidad lo aterrorizaba.
_ No creo que tus hermanos prefieran un mundo en el que no estén los cuatro juntos, Leonardo, cariño… _lo animó ella.
El de bandana azul se atrevió a sonreír, agradecido por los ánimos;
_ Aun así… desearía estar haciendo algo más para ayudar que sólo estar aquí esperando… _suspiró_ "Ninguna tortuga se queda atrás"… Ése es nuestro lema…
Justo entonces, la computadora de Ángela comenzó a emitir algunos pitidos alarmantes. Uno de sus monitores marcaba una lectura particularmente baja… el efecto del dispositivo de sueño REM estaba perdiendo efecto en uno de sus pacientes.
_ ¡¿Qué es lo que pasa…?! _se alarmó Leonardo.
_ Es Leatherhead… _Ángela se ajustó los lentes, sin poder creer lo que veían sus ojos_ ¡Se está despertando!
_ ¿Cómo que despertando? ¡Creí que usted iba a despertarlos a ellos al cabo de 24 horas!
_ ¡Lo sé! Pero esto nunca me había pasado… LH está despertando por su propia cuenta. _Ángela se acercó al cocodrilo, que ya mostraba signos de movimientos involuntarios.
Como alguien que está teniendo una pesadilla, Leatherhead se retorcía y respiraba más rápido. Quedaba poco tiempo antes de que abriera los ojos:
_ Deberíamos considerar ponerle unas correas… _afirmó la doctora, dando un paso hacia atrás_ Todo parece indicar que se va a despertar de mal humor…
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:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: COMIENZO DE REALIDAD ALTERNA :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Eran casi las doce de la noche cuando Usagi entró a los calabozos. No tuvo problemas en noquear al primer guardia… éste ni siquiera lo vio venir cuando se le acercó por atrás y le dio un golpe de Karate.
Otro soldado sí lo detectó desde lejos, y le apuntó con un control para activar su tobillera eléctrica. Usagi sacó uno de los cuchillos de la armadura del guardia noqueado, y lo arrojó con tanta puntería que atravesó el control remoto en la mano de su contrincante, inutilizándolo. Lo siguiente que inutilizó fue al mismo guardia, que aunque estaba armado no pudo hacer mucho para defenderse de la agilidad del conejo.
Con unos cuantos puñetazos limpios, Usagi le despejó el camino a Donatello. Juntos, ubicaron la celda donde estaba Leatherhead:
_ Adelante, Donatello-san… _el conejo regresó hasta la entrada del calabozo, para vigilar_ Daré la voz de alarma si alguien viene…
El más alto asintió, y abrió la puerta de la celda con la llave de Myrna.
Donatello no estaba preparado para la visión que lo esperaba del otro lado: Leatherhead estaba en una de las celdas más grandes de todas…. Oscura y fría… y lo habían encadenado al muro con una gruesa cadena alrededor del cuello. Estaba tan ajustada que hasta había conseguido arrancarle algunas escamas, y hundirse profundamente en su carne.
El ojirrojo se cubrió la boca con una mano, conteniendo una exclamación. Él cocodrilo yacía sobre un costado, con los ojos cerrados. Era difícil saber si estaba vivo o muerto… ¿Acaso Usagi y él habían llegado demasiado tarde?
Se acercó despacio. Las puntas de su kimono se humedecieron al arrastrarse por sobre el suelo húmedo;
_ ¿Leatherhead…? _Donatello le palmeó un hombro con suavidad.
LH lucía aún peor de cerca... estaba muy golpeado. Uno de sus ojos incluso no era más que una masa sanguinolenta.
_ Donatello… _Leatherhead despertó y lo miró con su único ojo bueno.
El cocodrilo hablaba muy despacio, arrastrando las letras. Donatello supo de inmediato que estaba agonizando:
_ Oh, Leatherhead… _el inventor se arrodilló junto a su cabeza, temblando_ ¿Qué es lo que han hecho contigo…?
_ Fueron… las tortugas… de los Balcanes… _el reptil tomaba una profunda inspiración entre frase y frase_ Ellas querían… saber dónde estaba... el príncipe… _explicó_ No sabes qué gusto me da verte… otra vez…
Leatherhead se mostraba genuinamente feliz de verlo, lo que confundió al joven inventor:
_ Ojalá pudiera decir lo mismo de mi parte… _respondió_ Quiero que me digas qué pasó con Mickey, Leatherhead… Y por qué hiciste lo que hiciste.
Le rompía el corazón tener que ser así de duro con Leatherhead en ése estado. Pero no podía permitir que el cocodrilo muriera sin darle las explicaciones que quería primero.
Éste volvió a respirar con dificultad, antes de hablar:
_ Lo puse… en un lugar seguro… _dijo.
_ ¡El túnel de escape era un lugar seguro! _le reprochó el ojirrojo.
_ No… Ése túnel era una trampa… Yo mismo lo recorrí. No llevaba a ninguna parte… _le explicó el reptil.
Donatello quedó boquiabierto al escuchar eso;
_ ¿Qué…? Pero Zéfiro dijo…
_ Sé lo que Zéfiro dijo… Mentía… _insistió Leatherhead_ Él no quiere lo mejor para Miguel Ángel… nunca lo ha querido…
_ Pero yo sí, Leatherhead. _le aseguró Donatello, con sus ojos comenzando a llenarse de lágrimas_ ¿Por qué no me lo dijiste…? ¿Por qué sólo me dejaste atrás?
_ No podía arriesgarme… Tú sí querías que Miguel Ángel cruce el túnel, y adorabas a Zéfiro… _le explicó_ Ambos prometimos hacer lo que fuera necesario… por Mickey.
Las lágrimas empezaron a resbalar por la cara de Donatello, recorriendo sus mejillas hasta gotear sobre la lastimada piel de Leatherhead… quien le brindó consuelo:
_ No llores… Donatello… _le pidió_ Lo siento mucho… no debí pensar que yo era el único que quería lo mejor para él... Lo veo ahora… _Leatherhead se esforzó por levantarse un poco, pero al ver que no tenía más fuerzas para moverse, se conformó con reposar su cabeza en el regazo del inventor.
_ ¿En dónde está el ahora…? _Donatello hizo un esfuerzo por restregarse los ojos_ ¿Por lo menos está bien?
Leatherhead asintió. Iba a añadir algo más, pero entonces sus tripas comenzaron a retorcerse.
Se acercaba su hora… supo que iba a morir entre los brazos de Donatello.
_ ¡Leatherhead! ¡Leatherhead! _el inventor lo zarandeó un poco_ ¿¡Qué ocurre?!
_ Ésta… es mi última noche en éste mundo. _se lamentó Leatherhead_ Las púas de ésa tortuga tienen un veneno muy potente… y cada vez que me golpeaba… ¡Urghh! Ufff… _sus tripas se retorcieron más_ Ya no queda mucho tiempo, tendrás que encontrar a Miguel Ángel… por tu cuenta…
_ Oh, Leatherhead… No hagas esto… _suplicó el ojirrojo_ No mueras sin decirme qué hiciste con Mickey… Por favor…
_ Unos amigos lo cuidarán… Pero si te digo dónde está… te torturarán para que se los digas, como hicieron conmigo...
_ ¡No, no! ¡Eso no será así! _insistió la tortuga, pero su amigo perdía el sentido lentamente_ ¡Leatherhead! Leather… Head… Esto es una pesadilla… _sollozó_ Mickey es como nuestro bebé… Por favor, no soporto el no saber dónde está…
Aunque Donatello le suplicó con todas sus fuerzas, Leatherhead no soltó ni una sola palabra más. Los últimos minutos de su vida, los pasó en silencio… reposando su cabeza sobre el regazo del joven inventor.
Antes de exhalar su último aliento, pasó algo muy extraño. El cocodrilo emitió una débil, pero clara risotada.
Donatello lo miró, sorprendido… ¡Leatherhead se estaba riendo!
_ ¿Sabes qué es lo gracioso…? _dijo el reptil_ Acabo de recordar… que no es mi primera vez en una de éstas situaciones. Los Kraang ya me torturaron un millón de veces en el pasado…
"Está delirando…" pensó Donatello, acariciando sus escamas calientes por la fiebre.
_ Leatherhead… no entiendo nada de lo que dices… _Donatello trató de hacerlo beber un poco de agua de un cuenco junto a ellos, pero Leatherhead se resistió.
_ No… Está bien, Donatello. Deja que me vaya… _Leatherhead lucía realmente como si no le importara morir_ Da igual, éste no es nuestro mundo… es sólo un sueño.
Donatello no soportaba verlo así. Hizo su mejor esfuerzo por mostrarse entero ante él, pero al final terminó abrazándolo y suplicándole que resistiera un poco más;
_ ¡No te mueras Leatherhead! ¡Lamento no haber confiado en ti! _sollozó_ ¡Sé que sólo quieres lo mejor para Mickey, igual que yo!
_ No estés triste… te estaré esperando en la alcantarilla. A ti y a tus hermanos. _prometió el reptil, sonriendo_ Sé que lograrás despertar a Miguel Ángel…
_ No me dejes… Quiero que vengas conmigo… _le suplicó, aunque sabía que era inútil_ Sólo lo encontraré con tu ayuda…
Leatherhead negó con la cabeza:
_ Cuando lo encuentres… dile que despierte… _fueron sus últimas palabras_ Ve con Mickey y dile que despierte. Dile que recuerde los globos de agua y las patinetas… y la pizza con frijoles de dulce… Dile todo eso…
Leatherhead, el guardaespaldas real y confidente del príncipe, colapsó en medio de terribles dolores y fiebres… en el regazo del joven inventor.
Donatello se abrazó a su cabeza y lloró en silencio. Pero no derramó lágrimas por ése cocodrilo lambiscón, que tanto lo había hecho enfadar en el pasado. Ése que lo había reemplazado como compañero de aventuras del ninja anaranjado. Ése que lo había dejado atrás durante la invasión y lo había apartado del príncipe sin dejarlo siquiera despedirse antes…
No. Ésa vez, lloró por el gran amigo que ahora yacía entre sus brazos.
Cuando levantó la mirada, sus ojos llorosos se encontraron con una frase en la pared. Leatherhead la había pintado con su propia sangre:
"Las flores también crecen en lugares desolados…"
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: FIN DE LA REALIDAD ALTERNA (POR AHORA) :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Ángela estuvo en lo correcto, Leatherhead despertó sobresaltado y emitiendo alaridos;
_ ¡WAAAARRGHHHH…! _Leatherhead sacudió su cabeza como si estuviera poseído, pero las correas de cuero lo inmovilizaban.
_ ¡Leatherhead! _Leonardo lo llamó por su nombre, para calmarlo_ ¡Tranquilízate! ¡Ya no estás soñando!
El cocodrilo se quedó quieto, con su pecho subiendo y bajando violentamente mientras recuperaba el aliento. Aún lo perseguían los últimos segundos de ése sueño… hasta podía sentir el llanto de Donatello mojándole la cara.
_ Leatherhead… Soy la Doctora Bennet… _Ángela le iluminó los ojos con una linterna_ ¿Sabes en dónde estás…?
_ Sí… _Leatherhead tomó una profunda inspiración_ En el laboratorio de Donatello…
Leonardo comenzó a desatar las correas que había ajustado a toda velocidad segundos antes, mientras la doctora revisaba los signos vitales del cocodrilo. Todo parecía andar bien, pero a Leatherhead se lo veía bastante conmocionado…
_ Perdóname, Leonardo… _comenzó a decir_ Les he fallado…
_ ¿De qué hablas…? _quiso saber el de bandana azul_ ¿No pudiste encontrar a Mickey…?
_ Sí lo encontré… pero no pude inducirlo a que se despertara… _explicó el reptil, bastante apenado.
El ojiazul y la doctora seguían sin comprender lo que el reptil le estaba diciendo;
_ ¿Podrías contarnos con más detalle cómo te fue allá adentro? _le pidió amablemente Ángela, retirando el casco de su cabeza.
Leatherhead se frotó la cabeza con ambas manos. Tenía una migraña muy fuerte… pero el verdadero quebradero de cabeza iba a ser explicarles lo que había visto con claridad:
_ Donatello y yo nos metimos en esto con la intención de rescatar a Miguel Ángel de sus propios sueños… para traerlo de vuelta a la realidad… _comenzó_ Pero me temo que no fue tan sencillo. Cuando estuvimos ahí dentro… eso que soñábamos se volvió nuestra realidad.
_ ¡No entiendo nada! _se exasperó el mayor de los Hamato_ ¿¡O sea que tuviste a Mickey frente a ti todo éste tiempo y no le dijiste nada?!
_ ¡No sabía que él era nuestro Mickey! ¡Ni tampoco recordaba quién era yo! _se defendió Leatherhead_ Ése mundo nos dio a mí y a tus hermanos vidas nuevas, recuerdos nuevos… y borró de nuestras cabezas cualquier recuerdo del mundo real.
Leonardo sintió una gota de sudor frío bajando por su nuca y le clavó una mirada inquisidora a la doctora:
_ ¿Es eso cierto, Ángela? _quiso saber_ Lo que está diciendo Leatherhead… ¿es posible?
Ángela se masajeó las sienes, buscándole una explicación a todo aquello:
_ Es posible… _dijo, haciendo cálculos en su mente a toda velocidad_ Es probable que sea un residuo del experimento anterior… ése que el Kraang adulteró. El dispositivo mantenía la mente de la víctima ocupada, atrapada en un sueño…
_ O sea… ¿Que es el mismo "sueño" en el que están inmersos mis hermanos… lo que no los deja recordar? _la voz de Leonardo se oía ronca por el miedo_ ¿Porque no quiere que se escapen…?
Antes de darle un "sí" rotundo, que terminara de destrozar los pobres nervios del mayor de los Hamato, Ángela interrogó al cocodrilo acerca de cómo se había despertado.
Leatherhead les contó que estaba muriendo, a causa de ser herido en el sueño… y en el último momento, había recordado misteriosamente a los Kraang, y luego todo lo demás. Después se había despertado.
_ Si no hubiera muerto, o no hubiera recordado a los Kraangs… tal vez hubiera seguido soñando por siempre… _confesó el cocodrilo.
_ Interesante… Parece ser que el "sueño" no pudo mantener confundida a tantas mentes a la vez. _Ángela miró brevemente a Raphael, quien seguía profundamente dormido_ Cuando Raphael ingresó al mundo virtual, debió debilitarlo… por eso Leatherhead pudo recuperar sus recuerdos y volver a la realidad.
_ Ojalá hubiera podido recuperarlos antes… estuve junto a Miguel Ángel todo éste tiempo, y no pude ayudarlo. _se lamentó Leatherhead.
Pero Leonardo no estaba de humor para lamentaciones. Su mirada azul estaba fija en el casco eléctrico que acababa de abandonar la cabeza del cocodrilo…
_ Cuanta más gente entra en el mismo sueño, más se debilita… _dijo con solemnidad, tomando el invento entre sus manos. Aún estaba caliente por haber estado en funcionamiento tantas horas_ Muy bien, Doctora. Ya tiene cómo mandarme a mí también… ¿Aún hay tiempo antes de que acaben las 24 horas…?
Ángela ni siquiera se molestó en negociar con él esta vez. La mirada de ése muchacho lo decía todo:
_ Sí. Aún hay tiempo… _dijo, poniendo sus manos sobre las de Leonardo las cuales aferraban el casco con fuerza_ Pero antes quiero que consideres lo que pasa… Es bueno ver que pueden volver del sueño por su propia cuenta, eso es buena señal… quiere decir que se puede "vencer" al sueño. _admitió_ Pero también considera esto: como serás el último en entrar, tus posibilidades de despertar son menores que las de Raphael… las cuales ya eran bastantes bajas. Como médica y como amiga, te suplico que lo pienses bien…
Leonardo tomó una profunda inspiración. Miró fijamente a Leatherhead, y luego a Ángela… luego asintió con la cabeza:
_ Tal vez haya confundido a mis hermanos, pero no podrá conmigo. _le aseguró, entregándole el casco_ Adelante, Ángela. Pase lo que pase, no podrá engañarnos a todos…
:::::::::: CONTINUARÁ! ::::::::::
Notas aclaratorias del capítulo:
*Ya sé que la rana "Napoleón" no ha aparecido aún en la serie, en el rango temporal en el que está ubicada la trama de ésta historia… sean tolerantes! No me alcanzan los personajes de la serie para repartir los papeles y no quiero llenar el fanfic de Original Characters. Ya es suficiente con Zéfiro, Myrna, Kendra, Samid… etc, etc.
* Tal vez les confunda ver que Usagi mencionó en los capis anteriores una niñez junto a Leonardo, pero que éste recién ahora ingresará al sueño con el casco que LH desocupó… eso lo explicaremos más adelante, no desesperen. Sólo quería aclararles que no es un error en la trama XD
Bueno, creo que eso es todo lo que faltaba aclarar… si me olvidé de algo o quieren hacer una pregunta, déjenme un comentario.
Agradecimientos: Muchas gracias a todos los que siguen la historia! MissGravedad18, Diego-Israel, Mafexx, Naomi-Daos y MisatoKatsuragi, gracias por los ánimos y por los reviews!
El mismo agradecimiento a los que le dieron "Follow/Favorite" al fanfic! 3 3 3
Espero que les haya gustado el capítulo tanto como a mí me gustó escribirlo (no tanto las escenas tristes, pero bueno, consolémonos sabiendo que LH no está realmente "muerto" jejee).
Nos vemos la próxima! No olviden visitarme en Deviantart si quieren ver los fanarts de ésta historia! Chaooo!
