La semana pasada no subí capítulo, ¡lo siento! Pero no tuve tiempo para repasar el capi y aunque podría haber cogido prestado un ordenador para actualizar, no quería subirlo ahí sin releerlo.

Vamos que fingir que hoy es Martes xD porque mañana no sé si podré pararme a actualizar. Estoy un poco de bajón y no sé si seguiré siendo activa o no con esta historia, dependerá de si mi ánimo mejora o no.

Muchas, muchas gracias a Lexie Grayson por su review y su fav.

Repollounicorniano, muchas gracias por tu review (habrá que esperar un poco pero este capítulo dará un nuevo giro a su relación. Va a ser difícil para nuestros chicos pero quizás... no sé, puede que te hagan caso y abran sus corazoncitos). Este capítulo es para ti, que eres la única que me ha dejado un comentario.

Gracias a todos por las visitas, ¡este fic ya tiene más de 1100!

Espero que os guste este nuevo capítulo.

Sin más, ¡el capi número 11!


Cap. 11: Prométeme...

Amaneció antes de lo que les habría gustado a los chicos. El primero en despertar fue el rubio, que tardó un momento en entender por qué no podía mover uno de los brazos. Estaba bajo el cuerpo del de ojos claros, que dormía de cara a él. Durante unos minutos lo miró, en silencio. Con el brazo que tenía libre acarició su pelo, acercando la cabeza para olerlo.

Siempre olía a hierbas, como si acabara de llegar de corretear en el bosque. Al enredar con más fuerza los dedos, despertó al chico.

-¿Mmm…?

-Duérmete, solo quería recuperar mi brazo –Midoriya se giró, sin haber entendido nada, dejando libre el brazo. El rubio aprovechó para levantarse.


Kirishima acababa de llegar al claro, el aire agitó suavemente su pelo y el petricor lo puso de buen humor. Después de la lluvia sentía el viento más limpio, el ambiente menos cargado. Estiró los brazos y se rascó las heridas de las manos, que ya estaban mejor.

Lo oyó antes de verlo, Bakugou siempre pisaba fuerte.

-Buenos días.

-Hola –el rubio actuó como siempre pero se sentía tenso, nervioso ante la pregunta que sin duda estaba a punto de hacerle:

-Imagino que Midoriya apareció.

-Sí –no era eso lo que estaba preocupado de responder.

Kirishima notó algo diferente en su amigo y jefe. No era la ausencia de uno de sus pendientes, ni las suaves ojeras por la larga noche. Tampoco el brillo suave de sus ojos. Algo olía diferente en él.

-¿Te vas a pasar la mañana mirándome?

-No, lo siento. Yo… ¿cuál es el plan para hoy? ¿Averiguaste algo sobre los carteles?

-Aún no –guardó silencio. La noche anterior debería haberla dedicado a averiguar sobre eso pero su mente había acabado perdiendo el hilo del asunto después de ser seducido por los encantos del otro chico. Borró aquella idea de la cabeza, el concepto de haber sido seducido no entraba dentro de su forma de ver la vida. En todo caso, había dejado que lo sedujera, pero siempre manteniendo el control.

El pelirrojo notó que no estaba allí, que cavilaba sobre algo que no parecía querer compartir. Para fortuna o desgracia, el chico no pudo resistir más la curiosidad y preguntó:

-¿Dónde está tu pendiente? –Bakugou volvió a la realidad bruscamente, sin contemplaciones. Para empeorar las cosas, no había preparado una historia creíble. Miró al muchacho, después de lo que la noche anterior había compartido con él, quizás ya se olía algo al respecto:

-Lo tiene Deku –ante su cara de sorpresa, agregó rápidamente: -como se lo digas a alguien… ¡te mato! –creó una explosión para enfatizar las últimas palabras. Pero el chico solo sonrió y chocó la mano con él.

-Sabía que al final llegaría, ¡lo sabía!

-¿A qué te refieres? –preguntó levantando una ceja.

-A esto –señaló donde estaba su corazón, aún sonriendo. Bakugou trató de no sonrojarse por el comentario, apretó los dientes y empujó a Kirishima con fuerza.

-¡Ridículo! –gritó, haciendo explotar sus manos. Pero aquello no logró borrar la sonrisa de la cara del pelirrojo ni ocultó el sonrojo del rubio, que desvió la mirada.

-No se lo diré a nadie amigo pero a nadie le va a pasar desapercibida tu oreja desnuda.

-Ya veré lo que hago, tú mantén la boca cerrada.


Midoriya no tardó tanto en despertarse, al ver que estaba solo se levantó. Aquél día tenía el cuerpo dolorido, la herida de la serpiente latía más esa mañana pero la que más molestaba era la de la mejilla. Se la rascó, distraído, mientras terminaba de comer y salía de la cabaña.

Decidió visitar a Tsuyu para disculparse por lo de la noche anterior. Llevaba el pendiente del rubio pero bajo la camisa. No sabía si sería un problema o no que lo vieran con aquello puesto pero prefería no arriesgarse.

La joven rana lo abrazó en cuanto lo vio pero después lo soltó:

-¿Sabes lo preocupada que estaba?

-Lo siento.

-Anda, pasa, tenemos que hablar –al contrario de lo que el muchacho pudiera pensar, no lo atosigó a preguntas. Solo quería saber la razón por la que se había ido tan de repente, el motivo de su viaje… Midoriya habló con ella, siendo sincero sobre sus intereses y el por qué de aquella aventura.

-Yo solo… quería conocer lo que había más allá. Nunca había llegado ni siquiera a la frontera y había leído tanto sobre vosotros… ¿cómo podía perder aquella oportunidad? Que me encontrara con Katsuki fue puro azar, te lo digo de verdad. Ese día pensé en buscar hierbas diferentes, en cambiar un poco mi ruta... –Tsuyu escuchó en silencio, escudriñando su expresión. Quería estar segura de él, de poder confiar o no en aquél chico que lo estaba poniendo todo patas arriba.

-¿Has hablado con Bakugou sobre lo que harás a continuación?

-¿Te refieres a mi "desaparición"? –la chica asintió. El muchacho negó con la cabeza. La noche anterior había querido sincerarse pero todo había dado un giro extraño y habían acabado… haciendo de todo menos hablar. Recordar los escalofríos que le había provocado estar abrazado a él, sus caricias y sus besos lo hizo perder el hilo de la conversación.

-¿Me escuchas, gero?

-No, perdóname. ¿Qué es lo último que me has dicho?

-Que la gente de la aldea empieza a estar preocupada, inquieta gero. Deberíais decidir qué podéis contar o no. Somos gente pacífica pero si vamos a tener que pelear nos gustaría saberlo, gero.

-Te prometo que hablaré con él y mañana sabré qué deciros.

-Gracias, gero –pero aquella noche, se quedó dormido antes de que el rubio volviera a la cabaña. Aunque había pasado la tarde con Tusyu, ayudándola a preparar ungüentos y medicinas sin salir de su pequeña cabaña, se sentía muy cansado.

Lo había esperado repasando su cuaderno frente a la chimenea, que mantenía viva para caldear el lugar. No supo en qué momento se le resbaló de las manos, ni cuándo cerró los ojos.

No escuchó la puerta abrirse, tampoco los pasos que recorrieron el pasillo, pisando fuerte. Al abrir la puerta, Katsuki lo encontró dormido, apoyado sobre las rodillas, sentado en el suelo. El fuego creaba sombras en su rostro y su pelo parecía más verde que nunca.

-Deku… levanta –se quitó la capa y se agachó junto a él. -¿Por qué no te has acostado? –el otro se removió y su cabeza resbaló del apoyo. El rubio se la sujetó con un movimiento reflejo. Chasqueando la lengua, lo alzó en brazos y lo tumbó.

Tardó en estar listo pero el de ojos claros no se despertó. Solo cuando notó que había alguien tumbado a su lado, se movió hacia él y abrió pesadamente los ojos:

-¿Ya has vuelto?

-¿Qué clase de pregunta tonta es esa, Deku? –preguntó girando la cara hacia él. El de pelo verde suspiró y susurró, casi dormido:

-Mañana tenemos que hablar…

-¿Sobre qué? ¿Lo de anoche? –estaba suficientemente consciente como para sonrojarse. Negó con la cabeza:

-He estado con Tsuyu. Dice que la gente está… inquieta. Que a todos les preocupa... lo de los carteles de "Se busca".

-Lo sé, mañana pensaba hablar con ellos –Izuku no contestó, había vuelto a dormirse. A Bakugou le habría gustado saber qué era lo que pensaba hacer pero aquella noche no lograría que dijera nada más. Se movió para rodearlo con uno de los brazos y cerró los ojos. Pronto estaba también dormido.


Casi al amanecer, Midoriya se levantó sin hacer ruido y salió de la cabaña en dirección al bosque. A esa hora no había nadie despierto y agradeció la soledad que le brindó aquella hora del día. Necesitaba hierbas y despejar su mente, no sabía cómo decirle al rubio la decisión que había tomado. ¿Cómo decirle que se marchaba? ¿Cómo podía contarle que ni siquiera él había logrado borrar ese sentimiento de sobrar allí, de solo servir para ponerlos en peligro?


Bakugou despertó cuando la luz del sol entraba de lleno por la ventana. Se giró, buscando la oscuridad y rodeó con el brazo el hueco vacío donde debería de haber estado el otro. Abrió los ojos y se vio solo. Extrañado, bostezó mientras se incorporaba.

-¿Deku? –recorrió descalzo la pequeña cabaña pero no halló señal alguna del paradero del de ojos claros. Un extraño mal presentimiento cruzó por su mente, sin fundamento pero a la vez aterrador. Meneó la cabeza para borrar aquella sensación: ¿cuándo se había acostumbrado a tenerlo alrededor?

Salió cuando todos estaban ya fuera, con sus tareas. Preguntó a unos cuantos con los que se cruzó pero nadie parecía haberlo visto.

-Buenos días, Bakugou –el chico apenas prestó atención a quien le hablaba. Mashirao siguió hablando, agitando su cola de manera distraída:

-Espero que esta noche…

-¡Ya lo sé! –gritó más de lo que debería haber hecho pero se sentía presionado por aquella situación. Necesitaba encontrar al muchacho cuanto antes. No quiso escuchar lo que tenía que decir, se marchó dejando al chico rubio con la palabra en la boca.


Aunque Izuku nunca lo reconocería en voz alta, se había pasado el día evitando al rubio, a todos en general pero a él en particular. Habían quedado en hablar pero sabía que si concretaban juntos lo que pensaba decir, Bakugou era capaz de encerrarlo con tal de evitar que dijera lo que había pensado. No estaba siendo justo, lo sabía, pero por otro lado no había alternativa. Recopiló todas las hierbas que necesitaba y añadió alguna más de las que Tsuyu había mencionado en alguno de sus paseos.

En una ocasión se encontró con una criatura peluca, parecida a un ciervo pero con dientes afilados como cuchillas, que lo miró fijamente. Quizás fue el brillo del pendiente, que colgaba de su cuello. Puede que solo no tuviera hambre o que el olor de Bakugou estaba pegado a su piel pero no lo molestó. Apuntó mentalmente agradecer como era debido al chico por aquél regalo que, contra todo pronóstico, servía para lo que había dicho.


Al atardecer, la temperatura bajó suavemente. Todos estaban alrededor de la hoguera cuando Midoriya apareció de entre las cabañas. Kirishima se acercó a él:

-¿Dónde estabas? Bakugou lleva buscándote todo el día.

-¿Está aquí? –el chico de sintió nervioso de pronto. El pelirrojo negó con la cabeza:

-Ha dicho que cuando te dignaras a aparecer, te acercaras al claro para avisar.

-¿No podrías ir tú?

-¿Con el mal humor que tiene hoy? Ni de casualidad –negó repetidamente con la cabeza mientras lo empujaba en la dirección al claro.


Lo encontró sobre un pequeño montículo de piedra, sentado, mirando el atardecer. Su pelo parecía más anaranjado que rubio y sus ojos brillaban como si estuvieran hechos de fuego. Nunca había visto algo tan hermoso y a la vez tan amenazador.

-Por fin apareces, Deku –no lo miró cuando habló, el aludido se detuvo a unos pasos de él.

-He estado… recogiendo hierbas.

-¿Todo el día? –esta vez sí se giró. El ojo al que aún le daba el sol brillaba, haciendo verse al otro aún más oscuro. Dos ojos tan diferentes pero llenos con la misma pregunta: ¿qué pasa?

-Deberíamos ir, están esperando.

-Espera –se levantó para agarrarlo del brazo. Cuando Midoriya se giró, se vio de repente muy cerca de él. Alzó la cabeza para mirarlo pero Bakugou seguía mirando al horizonte. Lo abrazó, rodeó su cabeza desde abajo y acarició su pelo mientras decía:

-Prométeme una cosa –el de ojos claros solo espero, en silencio:

-Que no vas a decir nada imprudente –"prométeme que no te vas a ir" ¿por qué no pudo decírselo? Las palabras se quedaron atrapadas en su corazón, incapaces de salir por su garganta. Midoriya ocultó la sensación de no importar demasiado al otro bajo una sonrisa:

-Prometido –se separó de él con suavidad y comenzó el camino de vuelta. El rubio lo siguió, más preocupado de su propia estupidez que de prestar atención a la mirada del otro, que se había apagado como una vela tras un repentino soplo.


Una vez frente a todos, los nervios atenazaron el corazón de Izuku. Llamó la atención de la audiencia con un carraspeo:

-Gracias a todos por vuestra acogida, por ayudarme y por cuidarme cuando he estado herido –repasó las caras de los presentes, todos pendientes de sus palabras. Tsuyu, sentada cerca del fuego, lo miraba sin sonreír. Algo en su actitud la tenía preocupada. Midoriya no pudo sostener su mirada mucho tiempo:

-Sé que a estas alturas todos habéis visto el cartel que hay de mí, en el que se me da por desaparecido –algunos susurraron, negando con la cabeza.

-Me he ocupado de que no circule más de lo necesario –dijo el de ojos rojos, mirando desafiante a cualquiera que quisiera comentar algo al respecto.

-Quiero que sepáis una cosa sobre eso: no sé porqué me están buscando con ese ahínco pero no tiene nada que ver con vosotros. Que yo esté aquí es meramente producto de mi curiosidad por vuestro mundo, por vosotros y no he sido enviado por el rey para haceros daño –recorrió con la mirada las expresiones de los demonios. Querían creer que la intrusión de aquél muchacho no alteraría sus vidas. Se encontró entonces con la mirada de Mina. La chica, acostumbrada a ser alegre y llena de energía, estaba inexplicablemente seria, callada.

-Conozco al actual príncipe, he hablado con él alguna vez. Pero jamás me ha preguntado acerca de los demonios ni ha mostrado interés en necesitar información para un ataque. El príncipe Todoroki nunca se ha acercado a la frontera y, como muchos otros, ni siquiera siente curiosidad, eso es todo –el de pelo verde respiró hondo, era hora de decirlo. Se aclaró la garganta para tener sobre sí mismo toda la atención del público:

-Aún así, he tomado una decisión al respecto. No he hablado de esto con nadie, ni siquiera es un tema en el que hubiera pensado cuando llegué a vuestra aldea. Sin embargo, he notado que mi presencia os causa daño de forma indirecta –el rubio volvió a sentir aquél escalofrío. Se giró para mirarlo, notando cómo apretaba los puños y tragaba saliva antes de seguir:

-Sufrí un ataque hace poco, ataque en el que Tsuyu se vio involucrada. Las heridas todavía están sanando, aún me siento débil. Pero cuando me encuentre bien otra vez… me iré. Y prometo no revelar nada sobre vosotros ni volver, nunca. –el silencio envolvió a los presentes. El sol terminó de desaparecer, dejando todo en penumbra. Hasta que sus ojos no se acostumbraron a tener solo la luz de la hoguera, no se dio cuenta de que lo miraban a él. Nadie, salvo Kirishima, miraron a Bakugou. Sus ojos estaban puestos en el de ojos verdes que seguía hablando sobre cosas que ya no llegaron a sus oídos. Se giró para mirarlo: esa parte de sí mismo que estaba ya atrapado en él, se encogió, gritó, se revolvió ante la idea de no volver a verlo. Y la parte orgullosa del jefe del clan se sintió herida por haberse enterado de aquella forma. El pelirrojo, sentado cerca de ellos, hizo ademán de levantarse pero lo detuvo la mirada del rubio.

-Bakugou…

-Tsk, mierda –se dio la vuelta, haciendo un gran movimiento con su capa para que todos vieran que se iba. Midoriya dejó de hablar, dando por terminado aquello y trató de quitarse de en medio. Pero muchos se acercaron, rodeándolo:

-¿De verdad vas a marcharte?

-¿Nunca vas a volver?

-¿Podríamos visitarte?

-¡No te vayas!

-¿Qué va a hacer sin ti? –Kirishima se lo preguntó en voz más baja, mirándolo directamente a los ojos. Había reproche en su mirada. El de ojos verdes no llegó a ver la dirección que había tomado el chico rubio pero todos escucharon la tremenda explosión, que hizo todo temblar, incluso su corazón.

Continuará…


¿Será la decisión de Midoriya el principio del fin? ¿Volverá Bakugou a dejar pasar la oportunidad de hablar sobre lo que siente?

¡Las respuestas en el capítulo 12! Gracias por leer :3

Por cierto, si me dejáis algún review me animaríais mucho.