DISCLAIMER: Los personajes del anime y el manga de Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, Yumiko Igarashi y Toei Animation, yo solo los tomo prestaditos unicamente por motivos creativos sin fines de lucro.

Hola amigas bellas, aquí estoy de nuevo trayendoles otro capítulo de este humilde Albertfic. Quiero agradecerles inmensamente esta vez a Angdl, Majito, Amigocha, Maryel Tonks, Lukyta, La Caastaneda, Corazón Salvaje y Bertgirl por todos sus reviews, sus favoritos y suscripciones, les envío un gran abrazo chicas, son geniales y sus opiniones ayudan a que esta cabecita se inspire cada vez más para mejorar esta historia. También agradezco a todos quienes siguen el fic en silencio y aunque no me dejan reviews están pendientes de él. Los quiero.

Ahora, respecto a este capi, les cuento que para crearlo me basé tanto en el manga como en el anime, estuve investigando para poder crear las escenas, espero que puedan ser de su agrado. Bueno, ya no les molesto más con mis palabrerías, ahora sí

¡A leer!

CAPÍTULO XI

Nunca olvidaré la carita de incredulidad de Candy cuando me develé ante ella como el jefe de la familia. Su impresión fue tanta al final que tuve que acercarme a ella y sostenerla antes de que desfalleciera. Según me relató después, creyó que había ingresado en la mansión sin permiso, retomando mi vieja actitud del vagabundo que años antes solía rondar por el lugar y habitar la casa del bosque a escondidas…cuando la realidad era que por esos días al regresar de Londres ya graduado del San Pablo, decidí tomarme unas vacaciones y vivir allí, en esa propiedad Ardley casi abandonada, por mi propia cuenta.

-Debiste creer que era un delincuente y no te culpo, luego de mi extraño comportamiento en los últimos días- reconocí burlándome de mí mismo y de las cosas que por mis responsabilidades debía aparentar. Sin embargo ella como siempre con su natural y adorable candidez consiguió dejarme sin palabras.

-En realidad creí que te habías atrevido a burlar las seguridades de la mansión con tal de venir a rescatarme…- comentó bajando la mirada con un leve sonrojo que no me pasó desapercibido pero que en ese momento pensé, se debía con seguridad por recordar el acoso de Neal, un tema que le parecía en extremo vergonzoso.

No supe en ese momento si correr a abrazarte después de haberte echado tanto de menos o advertirte de que salieras lo más pronto posible antes que te encontraran- continuó con su inocente honestidad.

La verdad era que si hubiese conocido con antelación lo que planeaban a mis espaldas y en mi nombre los Leagan y la tía Elroy, no hubiese dudado ni un momento en ir yo mismo a arruinar la reunión pre compromiso que inesperadamente organizaron y de la que George me contó por teléfono horas más tarde desde el Banco de Chicago, hasta donde ella había tenido que ir desesperada a solicitar mi ayuda, pensando que me encontraba ahí.

No recordaba haberme sentido tan lleno de coraje como entonces, al ver lo que intentaban obligarle a hacer.

Le invité a dar un paseo por los alrededores de Lakewood (donde nos encontrábamos) luego de nuestro particular encuentro, para hacerle despejar la mente de todo y aproveché así para resumirle las razones de mi proceder, contándole acerca de las obligaciones de mi vida, las mismas que ya debía dejar de eludir y asumir a plenitud en vista de que la tía Elroy estaba pronta a su retiro. Le pedí disculpas de esa manera por haberle ocultado mi verdadera identidad durante tanto tiempo. Ella solo me escuchó en silencio con atención, sin reprocharme nada o juzgarme, algo por lo que siempre le estaré agradecido… Estando a su lado y siendo yo mismo por completo (un asunto que por tanto tiempo temí al no saber cuál sería su reacción) me sentí a gusto y tranquilo, rodeado de una profunda paz que solo ella podía darme. Me aceptaba con todas mis cargas, nombramientos y denominaciones y eso me hacía muy feliz.

Emocionado le pedí esa tarde que me acompañara a la casa de campo en el corazón del bosque, donde la había reencontrado de adolescente y se mostró de acuerdo sin reparos. Nos resultó una experiencia divertida, en que rememoramos tantas cosas, en que pasamos dialogando sobre nuestras vidas e inclusive por ratos jugando. Me sentí tan dichoso de poder escuchar de nuevo mi nombre de pila en sus labios que hasta olvidé mi estatus durante esas horas y volví a ser tan solo el joven aventurero y sencillo al que le encanta pasar el tiempo a su lado.

Estuvimos tan entretenidos que cuando nos dimos cuenta ya había oscurecido y era demasiado tarde para regresar por los senderos sombríos, por lo que tuvimos que quedarnos a dormir allí.

-Cuando te fuiste sin despedirte, dejándome tu carta en la que decías que habías recuperado la memoria, me asusté porque pensé que jamás te volvería a ver. Por lo general siempre me cuentas a dónde vas pero en esta ocasión era diferente, no mencionabas nada al respecto, no me dejabas ningún rastro… tan solo la esperanza de encontrarte algún día…- cuando habló lo hizo en voz baja con la voz dolida y yo no pude más que contemplarla sin saber que decir, sabiéndome culpable de sus angustias.

-Albert eres mi mejor amigo y estaba muy preocupada por ti- añadió entonces y aquello me golpeó fuerte en las entrañas, recordándome que no debía hacerme ningún tipo de ilusiones tan pronto, pero a pesar de ello una parte de mí aún seguía sintiendo ternura de oírla y de observarla con su dulce proceder, así que continué atendiéndola en lo que tenía que decirme o reclamarme, sin interrumpirla.

-Quedé devastada- confesó- Creí que podía verte en todas partes. Un día incluso seguí a un señor por la calle pensando que eras tú y cuando se volteó a mi llamado y vi que me había equivocado, pasé una gran vergüenza- me contó entre risas mientras merendábamos frente a la chimenea los peces que más temprano habíamos conseguido del río -Era triste seguir viviendo en el departamento Magnolia cuando todo me recordaba a ti-

-Lo siento– expresé con sinceridad, a duras penas pudiendo apartar mis ojos de ella porque me tenía embelesado. Necesitaba aprender a disimular más mis sentimientos –Jamás fue mi intención causarte ese tipo de preocupaciones. Eres mi pupila y también mi mejor amiga, mi deber para contigo es cuidarte y protegerte como lo prometí un día y lo haré siempre, no causarte sufrimiento…perdóname Candy. No volveré a hacerlo, por favor sigue confiando en mí-

La vi escrutarme impresionada y noté al punto que su bella mirada se le llenaba de lágrimas por lo que sin poder contenerme más, la atraje hacia mí en un abrazo y ella me lo permitió sin poner oposición. La sentí estremecerse mientras sollozaba, ocultando su rostro en mi pecho para que no la viera llorar. Besé entonces sus suaves cabellos y le susurré al oído que no temiera sobre la treta de los Leagan porque no iba a dejar que consiguieran su propósito, al igual que si estaba en mis manos, no iba a dejar que nada malo nunca le sucediese.

Le reiteré que nuestro lazo de amistad, sin importar la posición que yo tuviera, iba a seguir siendo el mismo, que para mí nada había cambiado y esperaba que ella sintiera igual. Le aclaré que continuaría siendo el Albert de siempre, estando allí cada vez que lo necesitara, que podía contar siempre conmigo.

-No permitiré que se efectúe ese compromiso- proferí decidido para infundirle valor en medio de la complicada situación que estaba atravesando -Déjamelo todo a mí Candy, encontraré la forma de darles una lección-

-Gracias Albert- expresó levantando su carita sonrojada, volviendo a sonreírme con algo de timidez, lo que me hizo desearla aún más y ansiar probar sus labios cual fruta prohibida que tanto me tentaba… Opté por ello, aunque algo incómodo, proponer que nos retiráramos a dormir porque era lo mejor. Candy se mostró de acuerdo.

Esa noche estaba tan sensible por todo lo que le había pasado durante el día, que me dieron ganas de quedarme despierto velando su sueño. Recuerdo que ingresé despacio en el cuarto que había elegido para pernoctar y la arropé al comprobar que se había quedado dormida. Solo entonces al verla descansar apaciblemente, pude retirarme yo también con tranquilidad a mi antigua habitación.


No voy a profundizar mucho en lo que sucedió al llegar el esperado día del famoso compromiso, porque no es algo que me agrade recordar.

Como se lo había prometido a Candy, me encargué de impedir la finalidad del tan ansiado evento y para ello tuve que realizar sin autorización previa, mi propia presentación en sociedad, meses antes de lo originalmente planeado, dejando en claro ante todo el mundo mi voz de mando.

Lleno de rabia ante lo que se pretendía hacer, tomando para colmo mi nombre, expuse bien en claro ante las decenas de invitados, entre ellos mis sobrinos, amigos, y la prensa, que no iba a permitir que nadie comprometiera a mi pupila sin su consentimiento.

No puedo negar que me resultó divertido hacerlo y observar las caras impresionadas de los conspiradores así como de los presentes. La tía Elroy fingió que se le bajaba la presión sin dejar de abanicarse, solicitando ayuda para que la sacaran sus asistentes de la reunión y no soportar así el bochorno. Los Leagan en cambio no supieron cómo actuar, impresionados primero por mi presencia y por el increíble hecho de que el patriarca de la familia a quien consideraban un decrépito anciano que no tardaría en morir, no era otro más que el joven e indeseable compañero de departamento de Candy y segundo porque comprendían que desde ya, jamás tendrían mis favores conociendo su oscuro proceder.

Ante mi rotunda negativa a que el compromiso se pudiera celebrar, el rechazado novio, la rata de Neal, casi lloraba al ver sus anhelos truncados, los mismos que había casi conseguido a base de chantajes. No le quedó más al igual que a su familia, afrontar la enorme vergüenza con dignidad.


-Mil gracias Albert por ser tan valiente. Fue increíble esa forma de enfrentarte a todos sin que te importara nada o temer a los comentarios de la sociedad- Candy me halagó maravillada rato después al reunirnos en el jardín, colgándoseme del cuello y regalándome en agradecimiento un beso en la mejilla, contenta de que todo hubiese salido bien mientras yo me encandilaba con su dulce accionar, abrazándola fuerte en respuesta y deleitándome con su mirada brillante, llena de emoción.

-No me lo agradezcas pequeña, era mi deber salvarte de esto- contesté acariciándole con ternura una mejilla de su precioso rostro de muñeca.

"Si tan solo supieras cuanto te quiero" pensé para mis adentros

-Uhm… lo único que no me agrada de todo esto es la cantidad de mujeres que ahora por tu aparición en público vas a tener detrás de ti- comentó entonces con una de sus típicos pucheros de disgusto, que a mi parecer resultan encantadores, en especial porque no es consciente de que tiene la costumbre de esbozarlos. Recuerdo que sonreí ante lo mencionado, sabiendo lo difícil que sería que alguien llegara a interesarme, teniéndola a ella dentro de mi corazón.

Así he conseguido llegar hasta el día de hoy, luchando conmigo mismo para controlar esta pasión que me atormenta, logrando disimular a duras penas lo que siento cuando la miro. He escogido un día especial para armarme del valor suficiente y poder confesarle el último gran secreto.

Esta es la fecha que estaba esperando, lo siento en una corazonada. Junto con mi sobrino, su novia y las maestras del Hogar del Pony, hemos planeamos en su honor una fiesta sorpresa de bienvenida a su antigua casa, donde ha decidido radicarse por algunos meses como unas vacaciones.

La veo correr a lo lejos junto con los niños y subir la colina, me preparo en ese momento y voy hacia ella. Siento que las piernas me tiemblan como un adolescente enamorado pero consigo esconderlo bien y a continuación evoco en la gaita la melodía escocesa tradicional que un lejano día me enseñó mi padre, una canción que no había vuelto a tocar desde la primera vez que la vi. La música con que la conocí.

La expresión de asombro de sus bellísimos ojos al divisarme, me la guardaré por siempre en el corazón. Siento su latir apasionado dentro de mi pecho al doble de la velocidad normal al acercarme y como si quisiera salírseme por la boca antes de hablarle.

-Hola Candy- le digo con suavidad, justo a tiempo de notar que el semblante de repente se le vuelve triste y la mirada se le llena de lágrimas

-Eres tú…- me dice entonces comprendiendo la verdad -¡Eres tú!-


Continuará...

¡Gracias por leer!