Día 9. Conociendo al enemigo. Parte 2
Nath
Hoy desperté de buen humor, a pesar del alejamiento de Melody, los boicots de un imbécil anónimo y las acosadoras de Facebook. Increíble pero cierto. Es como si toda la negatividad que llevaba encima se hubiera esfumado a medida que entonaba la letra de esa canción. Nunca entendí a esas personas que como Castiel o la chica desastre llevan un Ipod encima y parecen retirarse a otro mundo mientras escuchan la música. Pero ayer fue diferente…Love Hurts… No sé qué me pasó. Cuando oí la letra y a Scarlet cantar... simplemente me uní sin pensar. ¡Y encima nos tomamos de las manos!
Como sea…no fue malo, sólo extraño, últimamente todo lo que me pasaba lo era. Aunque lo que siguió a nuestro dueto musical sí podría ser calificado como "desagradable". Volvimos a discutir porque Scarlet insistió en marcharse a pesar de que no habíamos cumplido ni la cuarta parte de las dos horas del castigo. Ya que Castiel, lo parta un rayo, se había ido con Melody, no existían motivos para huir de nuestras obligaciones, por más injustas que fueran en algunos casos… Por supuesto que a ella nada de esto le importó, tildándome de "señor perfecto", y me dijo "literalmente" que me fuera a freír espárragos antes de abandonar el aula de castigo azotando la puerta de tal manera que el estruendo debió escucharse hasta en la luna.
¡Rayos, chica endemoniada, demonio de cabellos rojos, versión femenina de Castiel! Y así y todo, no la acusé con el profesor Farres ni mucho menos con la directora. En serio, ¿qué me ocurría? De pronto olvidé todos mis principios y no sólo la encubrí a ella, sino también al odioso del pelirrojo. Al final el único que cumplió el castigo, a pesar de ser inocente, ¡fui yo! Definitivamente no entiendo nada…Es sólo que Scarlet se veía tan triste sentada sobre el pupitre sin su adorado rufián…No quería verla así de decaída, tan alejada de su horrido comportamiento normal. Lo cierto es que no podía hacer mucho por arreglar la situación, salvo evitarle un castigo y eso hice…
Fui uno de los primeros en llegar a nuestra aula. La profesora de lengua aún no había llegado y los pocos alumnos de la clase aprovechaban para charlar entre ellos. Me acomodé en uno de los pupitres de adelante, como de costumbre, pero hice algo que nunca antes había hecho: giré la cabeza para observar la última fila de asientos. La chica desastre aún no había llegado. Vaya novedad. Seguro que casi siempre entraba tarde o de plano se saltaba algunos periodos. Nunca antes lo había notado. De haberla encontrado en el portón como ayer la habría obligado a venir.
El resto de mis compañeros llegaron poco a poco. Armin, Alexy y Elisa se acercaron a saludarme, al igual que Rosalya y Violeta. Y justo en el instante en que sonaba el timbre, Scarlet y Lysandro cruzaron la puerta. Parecían estar hablando de algo en voz baja mientras se dirigían a sus pupitres sin dar los buenos días a nadie. Por lo visto la falta de cortesía era contagiosa. Mi buen humor empezaba a disiparse.
Las clases pasaron más lentamente que de costumbre. Por lo general me concentraba en lo que decían los maestros y en tomar notas, pero mis pensamientos deambularon alrededor de los acontecimientos de los días pasados. Cada vez había más cosas que resolver. Era como una bola de nieve que crecía y crecía sin fin aparente.
Fui directamente a la sala de delegados ni bien inició la hora del almuerzo. El papeleo que mi saboteador había desperdigado permanecía sobre el mesón a la espera de que lo organizara de nuevo. Suspiré al evaluar la cantidad de trabajo que debía despachar. Puse manos a la obra decidido a aprovechar hasta el último minuto antes de que Scarlet me interrumpiera como acostumbraba. Pero los minutos pasaron sin que ella diera señales de vida. ¿Es qué no iba a venir? Tal vez se había dado por vencida. Después de lo que pasó con Castiel en el aula de detención no podía culparla si decidía tirar la toalla.
Al fin y al cabo la chica desastre no había hecho otra cosa que traerme dificultades. No me sería ningún problema prescindir de su compañía y retomar mi rutina de siempre. Seguro que Melotiel acabaría con el tiempo y de forma natural sin que fuera necesaria una absurda intervención de nuestra parte. ¿Y desde cuándo había empezado a usar las mismas expresiones que la chica desastre?
Aunque pensándolo bien, fue Scarlet quien vino con la idea de recuperar a las personas que nos gustan. Todos los planes e intentos fallidos habían sido en gran parte su responsabilidad y ahora lo abandonaba todo como si nada, sin siquiera darme una explicación. Típico. ¿Acaso podía esperar algo diferente? Melody también se había ido de la misma forma…en silencio y de la noche a la mañana. Claro que la desaparición de Scarlet era más bien un alivio. Sí, eso era exactamente, un descanso y así debía entenderlo. Es más, no tendría por qué meditarlo tanto, realmente no me interesaba. Ella podía hacer lo que le viniera en gana. El caso es que al fin podía cumplir con mis obligaciones en completa tranquilidad… Sólo que era incapaz de enfocarme al igual que en las clases.
Tenía en las manos parte de la documentación de la convivencia y no tenía la menor idea de por dónde comenzar. Por primera vez reparé en el hecho de que hacer este tipo de cosas no sólo era absurdamente burocrático, sino también soberanamente aburrido, sobre todo si se hacía una y otra, y otra, y otra, y otra vez. Finalmente dejé los papeles sobre la mesa con una expresión de hastío y tomé en su lugar las dos únicas pistas que podían conducirme a mi enemigo en las sombras: la pluma fuente y el broche en forma de nota musical. Hacer el papel de detective parecía infinitamente más estimulante que hacer el trabajo que otros me habían encargado.
Examiné ambos objetos por unos segundos. El broche era de metal y estaba pintado de un reluciente color amarillo. En cuanto a la pluma, no hacía falta ser un genio para notar que era de muy buena calidad y por tanto costosa, para nada algo que cualquier estudiante utilizaría. Creía haber visto a alguien con ejemplares similares, pero por más que me esforcé no podía recordar dónde y en qué circunstancias. Lo cierto es que tenía que resolver el misterio lo más pronto posible y evitar nuevos sabotajes. ¿Pero cómo? Estaba solo en esto. Scarlet no volvería aunque había dicho que me ayudaría. Era un hecho como también lo era que me importaba un comino su ausencia.
Estos extraños pensamientos fueron interrumpidos por el chirrido de la puerta al abrirse.
-Ya era hora de que aparecieras –dije sin levantar la vista de la pluma y el broche, y tratando de sonar molesto aunque sentía que una ola de emoción me invadía.
-¿De verdad? No sabía que me estabas esperando señor delegado.
Armin me respondió con una sonrisa al tiempo que entraba a la sala de delegados. Al verlo una profunda decepción remplazó lo que sea que estuviera sintiendo hace unos segundos. ¿Acaso nadie se dignaba a tocar antes de pasar? Era verdaderamente irritante.
-Oh. Lo siento Armin. Te confundí con alguien más. ¿Puedo ayudarte en algo?
Sonreí mecánicamente levantándome de mi silla y ocultando mis "pistas" debajo de unos cuantos papeles.
-Vine a invitarte a almorzar con nosotros –me explicó.
-Gracias, pero tengo mucho que hacer y…
No acabé la oración. La verdad tenía un poco de hambre y qué más daba si pasaba algo de tiempo con mis amigos. Digo, no iba a ser el fin del mundo ni nada por el estilo.
-…. Quiero decir, me parece bien. Gracias por tomarme en cuenta.
La cafetería estaba repleta y pesar de eso tuve "el placer" de distinguir a Castiel y Melody conversando animadamente mientras disfrutaban del almuerzo que había preparado esta última. Puñaladas y más puñaladas en el corazón, créanlo o no, empezaba a acostumbrarme. Finalmente Armin y yo nos abrimos paso hasta una mesa ubicada en una esquina apartada junto a un ventanal que permitía observar la mayor parte del patio. Alexy y Elisa nos dieron la bienvenida al tiempo que nos sentábamos a su lado. Comencé a degustar sin mucho entusiasmo la ensalada que había elegido como merienda. Entretanto, mis amigos sostenían una charla que no alcanzaba a entender del todo.
-Armin, es una unanimidad, la primera temporada de Sword Art Online es mejor que la segunda –declaró Alexy.
-¡Estás loco! Las dos son igual de geniales, punto –negó el aludido sin despegar la vista de su consola de videojuegos, que había encendido ni bien nos sentamos.
-Oh vamos, acéptalo. La idea original era muy buena. Kyrito y Asuna merecían llegar al piso cien –contraatacó su hermano.
-Lo importante es que continuaron viviendo aventuras en el resto de los mundos virtuales –prosiguió Armin.
-Pero Asuna pierde protagonismo en los arcos que continúan –sentenció Elisa antes de darle una mordida a la manzana roja que parecía constituir su almuerzo.
Sea lo que fuera Sword Art Online, debía ser algo muy importante para que se lo tomaran tan en serio.
-¿Y tú qué opinas Nath? –me preguntó Elisa.
De pronto los tres me miraron a la expectativa de mi veredicto.
-Este… no lo… -¿vi, leí, jugué? –. No sé de qué trata, lo siento.
Un silencio inundó nuestra mesa luego de mi estallido de sinceridad.
-Descuida. Mañana mismo te pasaré las dos temporadas. Te encantará SAO. Es un anime muy bueno –me aseguró Armin como quien afirma que hay una cura para la enfermedad que le acaban de diagnosticar a uno–. Y luego te ensañaré a jugar Warcraft y Legend of Zelda para empezar. Doy por hecho que desgraciadamente no los conoces.
¿Anime? ¿Videojuegos? Esto era nuevo, sin duda y ¿por qué no? Ya habían pasado muchas cosas inusuales, una más no haría daño.
-Acepto… siempre y cuando dejes de usar esa cosa durante las clases –afirmé apuntando a la consola.
-¡¿Bromeas?! ¿Y qué se supone que haré en lugar de jugar?
-Poner atención a los profesores, por ejemplo –contesté sonriente.
Armin estaba genuinamente consternado.
-No. Jamás, es como pedirle a Ash Kepchup que dejé de entrenarse por siete horas cada día. Así nunca se convertirá en maestro pokemón.
-Vamos, comparte intereses. Nath está dispuesto a ver anime y jugar videojuegos, lo justo es que des algo a cambio –lo instó Alexy que se veía bastante divertido con mi propuesta.
-Pero lo otro es una tortura –se quejó Armin.
-No exageres. Además estás a punto de reprobar varias materias, no te haría daño dedicarle un poco más de tiempo a los estudios –insistió su hermano.
-Al menos inténtalo hasta los exámenes de fin de semestre, sólo faltan un par de semanas. Si los pasas seguro que tus papás olvidan la amenaza de quitarte tu Nintendo Wi –remató Elisa ya absorta en la pantalla de su tableta.
-Ufff. Trató hecho –mi amigo gamer me alcanzó la mano para que se la estrechara–. Pero no aseguro nada después de que terminen los exámenes. Y más te vale haber visto las dos temporadas de SAO para entonces.
Aunque fuera sólo temporal, me alegraba regresar a Armin al buen camino y de paso ayudarlo con las presiones en casa.
-Qué bien. Entonces ya es oficial, Nath ya es oficialmente uno de nosotros –sentenció Alexy con entusiasmo.
-¿Parte del grupo de geeks del instituto? Sólo eso faltaba.
Amber y sus siempre "amables" palabras acababan de arruinar la buena atmósfera que nos rodeaba. A veces no podía evitar preguntarme qué había hecho para merecer ser su hermano.
-¿Quieres dejar de ofender a los demás? –repuse enfadado.
-No tendría que hacerlo si no te juntarás con…está clase de personas.
-¡Suficiente! –me levanté–. Si sólo has venido a molestar, te recomiendo que vuelvas por donde viniste.
-¡Cómo te atreves a hablarme así! Soy tu hermana.
-¡Por eso mismo! Ahora dime qué quieres o vete.
Definitivamente estaba a punto de explotar. Tenía un problema tras otro y lo último que necesitaba era que Amber se les sumara.
-Quería hablar contigo sobre un asunto que creo que te interesa tanto como a mí, pero mejor te lo digo en casa –explicó antes de darme la espalda para irse con el resto de las brujas…digo…sus amigas.
-Disculpen –dije mientras volvía a mi silla–. Cuando quiere, Amber es imposible.
-Olvídalo. Le arrebataste sus poderes al ponerla en su lugar –afirmó Armin.
-No nos importa cómo nos llamen. Estamos muy satisfechos siendo como somos –secundó Alexy despreocupado.
-Exacto –complementó Elisa que no había despegado la vista de su tableta durante todo el incidente.
-Hay que tomar en cuenta que tu hermana está siendo controlada por vampiros corporativos que la han convertido en un zombi con el propósito de atacarnos a los pocos libres pensadores que quedan, o sea nosotros –explicó Armin.
-Hay no, ahí va de nuevo –Alexy puso los ojos en blanco y una impresionante cara de mártir.
No pude evitar reírme un poco con la "interpretación" que Armin había elaborado del documental del otro día, pero me detuve al ver a Scarlet y Lysandro a través de la ventana. Ambos parecían estar buscando algo en el patio. Hace poco le había advertido a la chica desastre que estaba terminantemente prohibido pasearse por el instituto durante la hora del almuerzo. ¿Por qué siempre tenía que romper las reglas? Y lo peor era que no podía acusarla, después de todo yo también había infringido esa norma cuando la seguí a la azotea. Hacer que la castigaran sería hipócrita de mi parte.
-Mejor te apresuras y la invitas a salir antes de que se te adelanten –Alexy interrumpió mis pensamientos dirigiendo su atención a la ventana.
-¿Eh? ¿De qué hablas? –pregunté.
-De Scarlet –contestó frustrado ante mi aparente falta de entendimiento–. Si no te apresuras es posible que se te adelanten.
¿Otra vez con eso?
-No es lo que piensas –dije esforzándome por sonar indiferente mientras retornaba la mirada a las mustias hojas de lechuga que formaban la mayor parte de mi ensalada.
-Espero que cuando te des cuenta no sea demasiado tarde –Alexy concluyó la conversación con seriedad antes de regañar a Armin por su obsesión con la zombificación y no sé qué más.
Tonterías. A mi me gustaba Melody, mientras que Scarlet quería a Castiel. Eso, además del hecho de que apenas nos tolerábamos, anulaba cualquier posibilidad de que hubiera algo entre nosotros. Además creía tener una idea de quién sería la persona que ocuparía el lugar del pelirrojo del demonio en caso de que éste rechazara definitivamente a la chica desastre: Lysandro. Sin duda eran muy cercanos, tenían el tipo de relación que ella y yo jamás podríamos compartir. Era un poco triste en cierto modo… ¡Pero en qué estaba pensando! Ignoren eso por favor.
Acabadas las clases, Scarlet y Lysandro permanecieron en sus asientos. Estaban enfrascados en una conversación y no se despidieron de nadie. Les di una última mirada antes de irme. Sea lo que sea que les preocupara, no tenía que ver conmigo. Prometí a los gemelos que mañana los ayudaría con la recolección de firmas contra los experimentos con animales, así que lo mejor era llegar a casa y adelantar las tareas para tener tiempo libre del que disponer. Sí, eso mismo, definitivamente todo volvía a la normalidad, ¿pero por qué parecía que hacía un esfuerzo casi sobrehumano por convencerme de que eso era lo mejor?
A la salida del instituto noté a un grupo de chicas bastante ruidosas que parecían estar esperando a alguien.
-¡Kya! Es él –me señalo una.
-Sí, no hay duda.
-Al fin encontramos al héroe de la rueda de la fortuna.
Me rodearon sin posibilidad de escape. ¡Nunca había estado en una situación así!
-Hola, soy tu admiradora número uno.
-Cuando te vi proteger a esa chica, me enamoré a primera vista.
-Te equivocas. La que está enamorada de él, soy yo. Hasta le mandé un poema donde le digo que lo veo incluso en mis sueños. ¿Lo leíste?
¡Hay no! Esa era la chica siniestra que me mandó el "te veo en mis sueños sin camisa, rubio sexy".
-Señoritas…señoritas…De verdad agradezco mucho sus muestras de… ¿admiración? Pero no es para tanto.
No sabía cómo pedirles que se alejaran sin herir sus sentimientos. Realmente estaba en un aprieto.
-Aléjense de mi novio chiquillas.
Scarlet apareció de la nada a mi lado posando su mano sobre mi hombro.
-¿Novia? Eso es imposible.
-Tú no puedes estar saliendo con él.
-Por supuesto que no.
Las chicas se rehusaban a creer las palabras de la pelirroja mientras que yo me había quedado sin habla.
-Claro que lo soy –insistió–. Si hubieran visto con detenimiento el video del accidente en la noria, se habrían dado cuenta de que yo era la chica a la que protegió –aseguró.
-Eso no prueba nada. Mírate y míralo a él. Te ves como una persona problemática. Él nunca saldría con alguien así –afirmó la chica siniestra.
Scarlet se me acercó aún más, lo suficiente para hablarme al oído.
-Escuchaste eso mi adorado rubito. ¿Piensan que miento? ¿Qué crees qué debamos hacer para demostrarles lo contrario?
Me sonrojé completamente. Era la primera vez que una chica se me acercaba de esa manera. Sí, en definitiva, podía haber muerto de vergüenza en ese momento.
-¿Q…qué debemos hacer? –repetí su pregunta al no ocurrírseme respuesta alguna.
Las chicas nos observaban expectantes y Scarlet les correspondía con una mirada mordaz. Se estaba divirtiendo a costa de ellas, ¡pero también de mí! Lo supe al ver la sonrisa burlona que me dirigió por un microsegundo. ¡Era un auténtico demonio! ¡Sabía que me pondría rojo y nervioso! Pues bien, ambos podíamos jugar a lo mismo.
-Ya sé cómo las convenceremos –le dije bajando el tono de mi voz al tiempo que me movía para rodearla por detrás con mis brazos.
-¡¿Qué haces?!
Ahora la sorprendida y sonrojada era la chica desastre. ¡Ja! Se lo merecía.
-Demostrar mi afecto a mi querida novia –expliqué sonriendo y apoyando la cabeza en la de ella.
-Pues creo que ya es suficiente –Scarlet se apartó como si acabará de recibir una descarga eléctrica.
–Qué linda, me encanta tu personalidad tan vergonzosa. Lo siento chicas. Qué puedo decir, atrapó mi corazón.
Me daban ganas de echarme a reír ahí mismo, pero por lo visto Scarlet no iba a aceptar la derrota tan fácilmente.
-Exacto chicas. Lo tengo en la palma de mi mano –contraatacó tomándome del brazo–. Además deben saber que a mi rubito no le gustan las tablas de planchar.
¡¿Qué acababa de decir?! Por favor díganme que tengo alucinaciones auditivas.
-Sí, como oyeron. ¡Las planas están fuera de su rango!
Les juró que mis ojos adquirieron voluntad propia dirigiendo su atención al excesivo escote de la camiseta que llevaba puesta la chica desastre. A esas alturas seguro era posible freír un huevo en mi rostro. Y lo peor de todo es que mi silencio pareció confirmar las locas aseveraciones de Scarlet.
-No parecía ser ese tipo de chico.
-Qué pena.
-Mejor vámonos.
-Sí, fuera de aquí, a cotillear a planilandia.
La chica desastre despacho a mis decepcionadas ex admiradoras con un rápido movimiento de la mano.
-¿Por qué siempre tienes que decir estupideces? –le pregunté enfadado luego de que nos quedáramos solos.
-Supéralo, era la mejor forma de deshacerse de esas niñatas. Ahora vámonos, no hay tiempo que perder.
Por alguna razón ninguno de los dos mencionó nuestra pequeña "guerra de afectos".
-¿A dónde?
-A la Tierra de Nunca Jamás –respondió con sarcasmo– ¿Cómo preguntas eso? Castiel y Melody acaban de salir juntos.
-¿Y eso debería importarme por…?
-Vamos a seguirlos.
-Lo siento, tengo tareas pendientes.
-Deja de hacerte el desentendido. Fuiste tú el que propuso obtener información sobre su relación.
-Espiarlos no está bien –aseguré escandalizado.
-Lo haremos y punto.
Scarlet no esperó a que dijera nada más, simplemente me tomó de la mano llevándome hasta quién sabe dónde.
-¿Sabías qué eres terriblemente descortés? –la regañé si bien no me solté de su agarre.
Lo cierto era que en el fondo me emocionaba la idea de ver cómo se comportaba Melotiel a solas. No estaba bien, pero Scarlet era como un demonio que siempre acababa tentándome.
Dos calles por delante del instituto encontramos a la feliz pareja. Caminaban hacia un parque, uno con árboles, jardines y fuentes, no con juegos mecánicos, por suerte. Los seguimos por cerca de diez minutos hasta que se acomodaron en una banca mientras que Scarlet y yo nos ocultamos detrás del tronco de un enorme cedro para observarlos con impunidad.
-No puedo escuchar ni una palabra de lo que dicen –se quejó la chica desastre luego de una eternidad sin novedades.
-Estamos muy lejos como para escuchar cualquier cosa. Tal vez deberíamos irnos a casa –sugerí. No estábamos logrando nada y empezaba a pesarme el tiempo desperdiciado.
-De ninguna manera. No me rendiré –aseguró Scarlet.
Nunca había conocido a una chica tan testaruda. Estaba seguro de que si ella se lo proponía en serio, colocaría el mundo de cabeza con tal de lograr sus objetivos, y tenía que reconocer que eso era algo que me gustaba de su forma de ser.
-Oye, ¿puedo preguntarte algo? –mis palabras salieron de mi boca antes de que tan si quiera las razonara.
-Sí, claro –me contestó mientras aún mantenía la mirada fija en Castiel y Melody.
-¿Por qué te gusta el pelirrojo del demonio?
-¿Qué clase de pregunta es esa? –replicó molesta al tiempo que volteaba para encararme.
-Tranquila –levanté los brazos en son de paz–. Sólo me da curiosidad, eso es todo.
-Bueno, supongo que no hay nada de malo en decírtelo –afirmó más tranquila–. Castiel tiene carácter, no teme ser él mismo frente a quien sea y decir lo que piensa aunque después tenga problemas.
Era increíble, para mí todas las cualidades que Scarlet acababa de enumerar eran signos de mal comportamiento y nada más. ¿Acaso Castiel tenía un hermano gemelo perdido? Una diabólica copia con la que yo lidiaba mientras la chica desastre era amiga de la versión agradable.
-No lo entiendo –fue lo único que se me ocurrió decir al cabo de unos segundos.
-Qué más da. Tú no eres como él, es lógico que no lo comprendas. Castiel no es un odioso como piensas, sencillamente le cuesta expresar sus buenos sentimientos a los demás.
-Es posible –empezaba a dudar de la imagen que tenía del pelirrojo, quizá este último poseía más virtudes de las que yo estaba dispuesto a reconocer.
-¿Y tú qué vez en la plana de Melody? –me cuestionó la chica desastre.
-Melody es dulce, gentil y tierna. Respecta las reglas y no molesta a nadie con sus comentarios –nótese que recalqué la última parte.
-Okey, okey, capté la indirecta. No volveré a decirle plana, aunque sea verdad –murmuró–. Pero a mí no me parece tan "perfecta" como la describes.
-Tú no eres como ella, es lógico que no lo comprendas –respondí a Scarlet con las mismas palabras que ella usó conmigo.
-Pufff –suspiró exasperada–. Es que las chicas buenas como "tu" Melody no salen con chicos como "mi" Castiel porque son muy prejuiciosas para darles una oportunidad.
-Y los chicos malos como "tu" Castiel no se acercan a chicas como "mi" Melody porque quieren a alguien con quien saltarse las clases, no estudiar ni mucho menos.
Nos miramos si saber qué más decir. Y ahí estaba de nuevo, esa incómoda sensación de que ignorábamos algo sumamente importante respecto a esos dos. Era bastante obvio que faltaba una pieza en este intrincado rompecabezas en que se había convertido nuestra vida amorosa.
-¡Ay no! ¡Ya no están!
Melotiel se había esfumado mientras hablábamos.
-No están por ningún lado –afirmé molesto–. ¡Oye! ¿Qué haces?
Scarlet empezó a subir por el cedro hasta encaramarse a una de sus ramas más altas.
-¿Qué crees? Trataré de encontrarlos.
-¿Estas loca? ¡Baja de allí!
-Descuida, he subido a los árboles toda mi vida.
-Realmente eres imposible –bufé–Sólo ten cuidado, ¿si?
-Tranquilo rubito. Demonios, parece que se los hubiera tragado la tierra, no hay ni rastros de ellos.
–Bien, ahora baja.
-Qué aburrido eres…-la chica desastre me miró poniendo los ojos en blanco.
-Puede ser, pero te salvaré la vida, así que no importa –contesté cruzando los brazos en señal de molestia.
-Ya sé cuál es la principal diferencia entre tú y Castiel –aseguró como si de pronto acabará de tener una inesperada epifanía.
-¿Así? ¿Y se puede saber cuál es? –respondí escéptico.
-Si hubiera una invasión zombi, Castiel, aunque a regañadientes, cuidaría de los sobrevivientes armándolos hasta lo dientes y disparando a todo lo que se mueva con tal de vivir un día más. En cambio, tú conscientemente organizarías a las personas y tratarías de razonar lo qué sucede para encontrar una salida.
-Interesante, una pena que Armin no esté aquí para complementar…
-No, en serio. Castiel se adaptaría a las nuevas circunstancias, mientras que tú buscarías una solución. Lo malo es que en las películas y las series de tv uno de estos caminos siempre está errado y todos los del bando equivocado mueren horriblemente. Es un poco injusto porque la elección correcta sólo se sabe al final, hasta entonces las dos son posibles.
Era indiscutiblemente descabellado, pero tenía razón, yo trataría de descubrir una manera de acabar con la invasión zombi. Era lo más lógico.
-¿Y tú a qué bando escogerías?
¿Acaso había perdido la razón al preguntar semejante estupidez? Obviamente Scarlet elegiría la intrepidez de Castiel por sobre cualquier otra cosa. Pero sorprendentemente, la chica desastre no contestó de inmediato, parecía estar titubeando. ¿Acaso podría ser que considerara estar a mi lado durante un apocalipsis zombi? Estos pensamientos, que por un segundo hicieron que sintiera una inexplicable satisfacción, cesaron en cuanto escuché un crujido.
–Mejor baja ya. No te vayas a cae…
-¡Ahhh!
La rama que sostenía a Scarlet se rompió. Traté de atraparla antes de que tocara el suelo, pero terminó cayendo sobre mí.
-Lo…lo siento, ¿te encuentras bien?
-Sí, eso creo –dije algo aturdido.– ¿Y tú? ¿No te lastimaste?
-Estoy bien. Gra…gracias por ayudarme de nuevo.
Me encontraba de espaldas al suelo y con la chica desastre encima. La escena era muy similar a lo que nos pasó en la noria, sólo que está vez había algo diferente… Ella trató de levantarse, pero un demonio se apoderó de mi cuerpo. ¡En realidad era yo el que necesitaba un exorcismo! Sin pensarlo, tomé con delicadeza el brazo de Scarlet impidiendo que se alejara.
-¿Qué haces rubito psicópata? –dijo asombrada por mi extraño comportamiento. Créanme, el más sorprendido era yo.
-Puede que yo no tome un arma y salve a todos como un gran héroe, o masacre a cientos de zombis de una sola vez con movimientos dignos de un cinta negra para luego retirarme elegantemente en una motocicleta. Sin embargo, te puedo asegurar que encontraría la forma de que todo volviera a la normalidad –aseveré mirándola a los ojos.
¡Cielo Santo! Acababa de decir las sandeces más grandes de la historia de la humanidad y precisamente frente a la chica que más disfrutaba burlarse de mí. Mátenme, sólo mátenme.
-¿Como Brad Pitt en Guerra Mundial Z? –preguntó con seriedad.
-Sí, ¿por qué no?
Nuestros rostros estaban a escasos centímetros de distancia. Y por un instante de locura total me imagine acariciar la mejilla de Scarlet antes de darle un suave beso en la boca. Ella…ella lo cambiaba todo cuando estaba a mi lado.
-Ambos son rubios. Podría funcionar –afirmó acercándose a mí un poco más antes de…desternillarse de risa. Tanto que tuvo que apoyar la cabeza en mi pecho para no colapsar.
-No…no…esto es demasiado…Nathaniel… ¿Desde cuando tienes esas locas fantasías?
Buena pregunta.
-Quieres dejar de burlarte de mí, sólo te estaba siguiendo la corriente –aclaré.
-Sí. Lo qué tú digas –dijo abandonando mi pecho, que se sintió extrañamente vacío, para echarse a mi lado sobre el pasto.
-Es un gato. Punto.
-Qué no rubito. Es un perro, mírale el hocico, es inmenso.
-Esos son bigotes.
Nos quedamos un buen tiempo observando la forma de las nubes. Las ramas del cedro se mecían lentamente con el viento y una que otra ave volaba a nuestro alrededor. El ambiente no podía ser más relajante. Poco a poco la nube-gato, aunque Scarlet asegurase que era un perro, desapareció en la inmensidad del cielo.
-Te haré un favor –dijo Scarlet tomando mi corbata para soltarla un poco.
-Imagino que piensas que se ve horrible –afirmé más decepcionado que molesto.
-No, te queda excelente. A algunos chicos la corbata les luce bien, y tú eres uno de ellos –aseguró.
-Oh. Eso es bueno.
–Sí… sabes…siento haber peleado contigo ayer. No quería que cumplieras el estúpido castigo sin merecerlo.
-¿Por qué no me dijiste eso? Pensé que querías irte y ya.
-No quería parecer la Madre Teresa de Calcuta. ¿Okey?
La chica desastre volteó la cabeza para que no notara que se había sonrojado al poner en evidencia su amabilidad. Entonces comprendí que hacer barullo y ser mandona era la forma en que demostraba su preocupación por los demás. Le costaba expresar sus sentimientos…al igual que Castiel. Eso era todo.
-Además qué persona razonable no se escaparía del aula de detención cuando tiene la oportunidad –me regañó.
-Está mal, fin de la discusión.
-No tienes remedio.
-Igual tú.
-Olvídalo. Imagino que hasta cierto punto acatar las reglas evita muchos problemas.
-Por supuesto. Melody y yo siempre nos asegurábamos de…
¡Melody! La había olvidado.
-…sólo espero que Castiel no sea una mala influencia –continúe.
Tenía que decirlo en voz alta. Necesitaba recordar que el motivo por el que estaba con Scarlet, era Melotiel y nada más.
-Deja de culpar a Castiel. A lo mejor es al revés y resulta que la verdadera chica mala es Melody –
-Eso es imposible, y lo sabes. El pelirrojo del demonio es el malvado. No hay de otra –repliqué.
-La niñita de papá oculta su lado oscuro. Por eso no está contigo.
-Patrañas. Castiel la engañó.
-O tal vez lo prefirió a él y punto –aseveró la chica desastre.
-O tal vez él la prefirió a ella –señalé.
¿Por qué? ¿Por qué siempre acabábamos peleando?
-¿Acaso sugieres que Castiel me dejó por Melody? –Scarlet se sentó apoyando las palmas de las manos en el pasto.
-Este…no…sí…bueno, tú insinuaste que Melody me abandonó por Castiel –expliqué levantándome también.
-Lo siento, pero yo puedo tener al chico que quiera, así que es imposible que el pelirrojo me haya cambiado por Melody. Ella simplemente se adelantó y tomó ventaja. Es todo.
Las palabras de Scarlet, sin el menor atisbo de duda, eran una provocación en todo sentido.
-Yo digo lo mismo respecto a mí. No hay chica que se me resista. Castiel fue el que tomó ventaja de la pobre Melody, de no ser por eso estaríamos juntos –aseveré con la misma confianza.
Definitivamente estaba poseído…
-¿En serio? ¿Qué tal si hacemos una pequeña apuesta?
Scarlet me sonrió con malicia y supe que no pasaría nada bueno.
Caminé por todo el parque hasta encontrar un grupo de chicas de más o menos mi edad. Al fin divisé a un par de muchachas cerca de una fuente. Hablarles me tomó todo el valor que pude reunir.
-Hola. ¿Podrían decirme la hora si no les importa?
Si lograba cautivarlas Scarlet tendría que admitir que Castiel jamás podría haberme desplazado. De lo contrario, sería yo el que debería aceptar que Melody nunca lograría ocupar el lugar de la chica desastre, lo que implicaba que el abandonado había sido yo. ¿Admitir eso? Jamás. Y menos si significaba bajar la cabeza ante el pelirrojo del demonio ¿Dónde estaban mis admiradoras de facebook cuando más las necesitaba?
-Hola. ¿Cuál es tu nombre?
-Nathaniel, es un gusto conocerlas –dije con mi mejor sonrisa.
Scarlet iba a perder así fuera lo último que hiciera.
-¿Dónde estudias para que ya mismo me inscriba ahí? Por cierto, me llamo Laeti.
La chica de pelo negro con un millar de adornos de colores en el cabello parecía muy…animada.
-En el Instituto Sweet Amoris. Tienen un excelente departamento creativo –expliqué.
-¿Tocas algún instrumento? –preguntó la amiga de Laeti.
-No, la verdad no se me da la música. Quiero escribir novelas y cuentos en el futuro.
-Oh, mejor para ti. No podrías competir contra Lys. Es el mejor escribiendo letras para canciones y poemas.
-¿Conoces a Lysandro? –pregunté intrigado.
-Claro que sí. Soy su fan número uno en todo el universo.
Viéndolo bien tenía sentido que se conocieron. La chica llevaba un vestido de estilo victoriano. Indudablemente compartían gustos.
-Apuesto que escribes historias de amor.
Laeti tomó la palabra de nuevo.
-En realidad todavía no escribo nada. He planificado algunas historias, es todo –respondí con sinceridad.
-Pero seguro que cuando las empieces, tendrán ardientes romances, ¿verdad?
-Puede ser… –dejé abierta la posibilidad, aunque era muy poco probable.
De pronto Laeti se me aproximó sujetándome por el brazo.
-Apuesto que serás un famoso escritor de romances. ¿Te gustaría ir conmigo…digo nosotras a tomar un café?
¿Una invitación? ¡En tu cara Scarlet! Tal vez no era el chico más popular o el más osado, pero si me lo proponía podía conquistar a una chica. La busqué con la mirada para hacerle señas y que observara mi triunfo, pero la vi sentada en una banca acompañada por tres tipos. O más bien rufianes. ¡Uno estaba fumando!
-Por favor discúlpenme. Debo marchar, acabo de ver a la persona que estaba esperando.
-Oh. Tiene novia.
Lo último que vi antes de irme fue la expresión de decepción en el rostro de Laeti.
-Deberías ir al pub esta noche.
-Tocaremos hoy.
-No puedes perdértelo.
-Me gustaría, pero mañana tengo que ir al instituto.
-Falta. ¿Qué más da?
-Quisiera, pero un amigo necesita mi ayuda para resolver un grave problema.
-¿Sabían que no está bien ir por ahí incitando al mal camino?
Me interpuse entre Scarlet y los rufianes. Si era necesario les partiría la cara.
-¿Qué haces rubito psicópata?
-¿Lo conoces? –inquirió el rufián número 1. Él que tenía el cigarrillo.
-Es un compañero del instituto. Es algo paranoico por las reglas y eso… -dijo la chica desastre como avergonzada. Y tenía que estarlo, cómo se le ocurría entablar conversación con esos tipos y ponerse en peligro de esa manera. Todo sólo por ganar una tonta apuesta.
-Precisamente y nos vamos ya.
Tomé a Scarlet del brazo y la alejé de esos tipos.
-Nos vemos después chicos. Siento no poder ir esta noche.
-Adiós Scarlet. Saludas a Castiel de nuestra parte –dijo el rufián número 2, que llevaba puestos un pantalón y una sudadera al menos dos tallas más por sobre lo adecuado para su complexión.
-¿Ya los conocías? –pregunté pasmado.
-Somos amigos de los pelirrojos desde hace mucho –explicó el rufián número 3, que tenía algo así como un millón de percings en todo el cuerpo.
No necesitaba que me aclararan la identidad de "los pelirrojos".
-¿Quiénes pensabas que eran? –me cuestionó la chica desastre.
-Este…rufianes desconocidos a los que hablaste para conquistar y ganarme la apuesta –susurré.
-Sí, claro, rufianes –negó con la cabeza– En fin…Hasta otro día muchachos.
Una vez que nos alejamos lo suficiente para que no nos escucharan, Scarlet estalló.
-¡Estás loco o qué! No debes ir por ahí juzgando a la gente sólo por su apariencia.
-Lo lamento. Fue estúpido, no lo volveré a hacer.
Odiaba darle la razón, pero la chica desastre estaba en lo correcto esta vez.
-Más te vale –recalcó.
-Bien, bien. No pensaré que son agentes de mal siempre y cuando vayas mañana a clases.
-¿Acaso no escuchaste que tengo que ayudar a alguien en el instituto?
-¿Y quién es? A lo mejor yo también puedo hacer algo.
-Eres tú bobo. Prometí apoyarte con lo del saboteador, ¿recuerdas?
Mentiría si digo que no me alegró saber que no lo había olvidado.
-Además Lysandro también está en aprietos.
-¿Qué le pasa? –inquirí.
-Perdió su libreta. Hoy la buscamos por todas partes y no aparece.
-¿No puede comprar otra?
-No es tan fácil. Lys escribía todos sus poemas y letras de canciones en ella. Obviamente no tiene copias de respaldo.
-Eso si que es grave. Debería colocar volantes o algo así.
-Se lo sugerí, pero no desea armar un alboroto. Me pidió que fuera discreta e indagáramos por nuestra cuenta. Hasta me prohibió contarle a Castiel. Una pena, seguro que él se habría ofrecido a buscar con nosotros. Habría podido pasar algo de tiempo a su lado.
-¿No piensas aprovechar una oportunidad así? –pregunté incrédulo.
-Pues no. Lysandro no quiere que nadie sepa sobre la libreta.
-¿Y por qué me lo dices a mí?
-Porque eres de confianza. Sé que mantendrás el secreto.
-Y lo haré, no te preocupes.
-Lo sé. Y descartemos la apuesta por ahora. Nadie logró el objetivo.
-Eso no es justo, esa chica Laeti…
-No la vi.
-Pero…
-Hasta ver no creer.
-Esa es sólo una opinión.
-La hubiera visto si no armabas la escena con "los rufianes" –afirmó la chica desastre con una enorme sonrisa de satisfacción.
-Tú ganas –suspiré–…sólo por hoy.
-Un día a la vez. Esa es mi filosofía rubito.
Iba a responder cuando escuché mi celular anunciando un mensaje de texto de…redoble de tambores…Amber: "Dónde estás? Tengo que hablar contigo. Apresúrate y ven ya. Ahora" Imaginé que la bruj…digo mi hermana, se encontraba esperándome en casa.
-Mejor nos vamos. Ya casi son las seis y tengo algunas cosas que hacer –dije sin mucho entusiasmo.
Y como si alguien me hubiera escuchado, empezó a caer una leve llovizna incitándonos a retornar al hogar. ¿Cuándo es que se había nublado? Un misterio más que resolver…
-Sí, hay que irnos.
Por una vez Scarlet y yo estuvimos de acuerdo. En el camino hasta el portón de rejas donde finalizaba el parque, recordé haber visto a Lysandro varias veces con una libreta de cuero. Era una verdadera lástima que la perdiera junto con todo su contenido… Lo curioso es que me vino a la mente algo que no había considerado hasta entonces. ¿Con qué escribía el chico victoriano? Pues con una pluma fuente notoriamente costosa y fácil de reconocer.
No. No podía ser. Me rehusaba a creerlo. No era posible. No, no, no. Seguro estaba confundiendo las cosas. Lysandro no podía ser el vándalo saboteador. Era absurdo y totalmente inverosímil. De hecho era para carcajearse… ¿O no?
Y hasta aquí el día 9, espero lo hayan disfrutado. Nathaniel ya tiene un sospechoso, me preguntó qué hará a partir de ahora.
Me gustaría hacerles dos preguntas super hiper importantes para el futuro del fic:
1. ¿Cuál fue su día preferido y por qué?
2. ¿Quieren que esta semana pasé algo más entre Scarlet y Nathaniel (como un beso XD), o prefieren esperar "unos días más? Ya varias me lo han pedido, así que dependerá de las votaciones.
Si gana el "que pase algo más", prometo que sucederá en la semana que nos toca antes del domingo, aunque no aseguró exactamente que día será en bien del suspenso ;).
Gracias por leer y comentar, en serio me ayuda mucho a seguir con la historia. Siento el retraso del cap, he estado un poco enferma estos días y eso ha evitado que lo suba antes. Pero ya estoy mejor :) y trataré de actualizar más seguido.
