Hola, holaaaaaaaa!!...ya estoy por aca con nuevo capi, sé que me tardé demasiado otra vez pero es que quería que fuera un capi especial. Tal vez, no es lo que ustedes deseaban (o de la manera en que lo deseaban) pero estoy sumamente convencida y satisfecha de cómo salió este capi...ya lo verán más adelante. Debo decir que si tardé es porque queria que fuera lo mejor posible y espero en realidad que no crean que soy una perra arrogante que no sube si no ve su bandeja de entrada llena de reviews!!, ya saben que no soy asi, que las quiero y que me gusta darles lo mejor de mi.

Saludos a todas las lectoras que leyeron y mas aun a las que pusieron sus hermosos comentarios de animo y que al parecer les gustó lo que he escrito hasta ahora.

Les dejo Contigo

XOXO

ALLE CULLEN WAY

"Im the highlight of your twilight..."


CAPITULO 10

Contigo

Tomé la mano de Edward para salir del Volvo a mitad de la noche en la carretera. De inmediato el vaho frío se percibía tanto en el aliento de él como en el mío.

- ok...esto se está poniendo raro Edward...no me asustes – le dije sinceramente, aun podía sentir la ansiedad en mi pecho

- no es nada...mira – señaló al cielo con su níveo dedo mientras se recargaba en el capo del Volvo

Miré en la dirección en que me indicó y sólo pude ver como los nubarrones daban paso a una luna enorme, parecida a una cuna, estaba en cuarto menguante. Se veía amarilla como una canasta de mimbre, majestuosa a campo abierto. Normalmente las luces de la civilización le restaba un poco de brillo pero en aquel ambiente oscuro se resaltaba lo bella que era la luna.

- hermosa...- dije casi sin pensarlo, aún maravillada por la vista

Edward se acercó detrás de mí y se acercó a susurrarme al oído, provocándome escalofríos

- yo no usaría la palabra hermosa...no comparándola contigo – usó su voz de terciopelo que no había cambiado a pesar de todo.

Con su tibia mano hizo a un lado mi cabello y besó mi cuello haciendo que mis sentidos se volvieran locos y que mi corazón se quisiera salir de mi pecho. Su perfume me invadía por completo, haciendo de cada respiración un suspiro ahogado.

Me perdí algunos segundos en cada sensación y luego de repente, sentí que algo colgaba de mi cuello. Agaché la mirada, vi que efectivamente algo nuevo rodeaba mi cuello y Edward había utilizado su arte de seducción para evitar que rechazara su regalo.

Lo miré sonriendo.

- eres un tramposo...maestro del arte del engaño...- le dije sin quitar los ojos de la piedra negra

Observé el collar entre mis manos antes de objetarle algo. La piedrita negra con un toque de rojo en la esquina tenía forma de corazón. Parecía que no era obra de la mano humana, más bien era como si así los elementos se hubieran encontrado de esa manera con algún propósito. Estaba empotrada con alambre plateado, unida a un lazo delgado de color negro que colgaba de mi cuello.

Por su sencillez, no pude evitar enamorarme de ella al instante.

- y bien...te gusta? –

- me fascina, pero te dije que no me compraras nada...no me gusta que gastes –

Aunque en realidad Edward tenía tanto dinero que se hubiera podido comprar la tienda de la reserva, bueno, no estoy bien segura que fuera así de rico pero algo así me imaginaba.

- no gasté nada – dijo sonriendo

- como?...te lo regalaron?...lo hurtaste?...- pregunté alarmada

- no, tranquila, nada de eso...lo intercambié por los gemelos que tenía la camisa, aceptaron gustosos mis oferta – me mostró las mangas sueltas de su camisa

- pero en serio, no tenías que molestarte...ya sabes de mi aversión a los regalos-

- no es ninguna molestia, ya te lo dije hace un rato...quería regalarte algo, así que si prefieres, tómalo como regalo de Navidad, de San Valentín o de lo que tú quieras pero por favor quédatelo...- hizo un puchero que seguramente había aprendido de Alice.

Asentí un poco idiotizada por sus ojos verdes, con esa mirada no podía decirle que no jamás. Luego me dio un beso tronado, tanto que retumbó en el silencio del bosque. Comencé a reír como loca por el escandaloso sonido, pero mi risa no duró tanto porque Edward la apagó dándome otro beso, esta vez más contundente, con más pasión.

Di gracias porque al parecer su miedo de hacerme daño había desaparecido y ahora se dejaba llevar por completo por lo que sentía hacía mí.

Edward acariciaba mi rostro con devoción, como si nunca lo hubiera hecho mientras que mis piernas se sentían como hilos, estaba a punto de un colapso nervioso. Para no caerme y quedar como idiota en ese momento, me recargué en el auto a la espera que este me sostuviera por si mi cuerpo dejaba de funcionar o tomar su propia voluntad. Odié a mi organismo por ser tan débil, por no resistirse al encanto arrasador de Edward, que pasaba sus manos por mi espalda provocándome escalofríos.

No sé porqué en aquel momento me puse a pensar en mis propios movimientos. Nunca lo había comentado con él pero mientras lo besaba no dejaba de preguntarme miles de cosas.

En realidad yo besaba bien?

Lo estaba haciendo correctamente?

A Edward le gustaba lo que hacía?

Me aterré por un momento pensando que probablemente la respuesta a aquellas preguntas era no. Quería parar un momento ya que mi cabeza estaba en otro lado pero mi cuerpo egoísta seguía empeñado en fundirse a la par de las caricias de Edward. Por lo mismo, no se rindió y traté de responderle de la misma manera en la que Edward lo hacía porque de repente ahora era yo quien reprimía lo que sentía.

Besé a Edward entonces con la misma pasión que él, con las mismas caricias furtivas que rebasaban lo que antes habíamos hecho. Siempre pensé que en momentos como estos la vergüenza se apoderaría de mi, evitando que me pasara de la raya pero en aquel momento no sentí pena por nada de lo que estaba sintiendo.

Simplemente era algo natural, no había nada de malo en amar a Edward como la hacía.

Aunque creo que el auto que pasó en aquel momento no pensó lo mismo, porque prácticamente nos dejo sordos con el sonido chillón de su claxon. Edward y yo reímos apenados, estaba claro que teníamos que dejar las demostraciones de amor a la intemperie.

- creo que esa es la señal para que vayamos a casa, no lo crees?...- le dije un poco molesta por la interrupción, pero qué se le iba a hacer.

Subimos al Volvo para emprender el camino que faltaba para llegar a su casa, con la familia que seguramente estaba ansiosa por escuchar los pormenores de nuestra primera cita. Por momentos, tocaba la piedra que caía a la altura de mi pecho. Juro que casi sentía como latía al compas de mi propio corazón y una voz interna me decía su corazón es tuyo, haciendo que una sonrisa se cruzara por mi rostro.

La carretera dibujaba algo de nieve a las orillas por lo que tardamos un poco más en llegar ya que Edward en esta ocasión se tomó en serio lo de manejar relajado. El frío comenzaba a calar nuevamente, parecía que estaba a punto de nevar otra vez.

Llegamos a la casa cuando casi eran las once de la noche y nos sorprendimos un poco al encontrar las luces exteriores apagadas, algo raro en la casa en donde nunca se descansaba.

- deben de haber salido a algún lado...- dijo tranquilo mientras giraba la perilla de la puerta de vidrio.

Pero esta no se abrió, tenía seguro. Yo estaba ansiosa por entrar y acurrucarme en la enorme cama calientita al lado de Edward.

- ahmm...no te preocupes, tengo llaves...-

Deslizó la llave pero esta nunca hizo que la puerta se abriera. Edward torció el gesto y me pidió que me quedara mientras revisaba la puerta que daba al bosque pero yo no me quede tranquila y con algunos pasadores que Alice me había puesto en el cabello traté de abrir la puerta. Agradecí a Charlie por haberme enseñado aquel viejo truco, pero desafortunadamente aquello no funcionó.

- definitivamente el truco asalta casas no funciona, qué tal la puerta de aquí?...- le grité mientras alcanzaba a Edward en el patio pero fui sorprendida por unas luces raras al igual que él – qué es eso?...-

- no lo sé...supongo que Alice tiene que ver con esto –

- cómo siempre no?...pero ven, veamos qué ha hecho...-

Lo tomé de la mano, ansiosa por descubrir a donde llegaba el caminito de biombos con velas que apenas podían mantenerse por el frío, ignorando completamente que estaba comenzando a nevar de nuevo.

Seguimos por el sendero que nos llevó un poco más allá del río donde había un montículo parecido a una pequeña colina. Habíamos caminado por los alrededores algunas veces pero creo que nunca pasamos por allí. El camino de luces nos llevó hacia allá y a lo lejos se podía ver una pequeña cabaña.

- wow!!, no sabía que alguien vivía tan cerca de ustedes...- le dije incrédula

- nadie vive allí, la propiedad es de nosotros...-

Ahora todo estaba explicado cuando llegamos a la casita, bueno, era casona comparada con la casa de Charlie y casita al lado de la casa Cullen.

Las luces estaban encendidas.

- deben de estar aquí...- dijo Edward abriendo la puerta que no tenía seguro

Yo pude percatarme que no había nadie, la cabaña estaba sola. Pasamos y vimos que estaba todo obscuro, sólo la chimenea dejaba ver algo de luz. Edward encendió una de las lámparas de lo que parecía el recibidor.

Quedé maravillada al ver la preciosa decoración interior. Era como si de repente hubiéramos aparecido en una casa de muñecas con muebles que parecían de juguete. Yo nunca fui muy fanática de las muñecas pero estando allí me sentí una, y Edward parecía mi guapo novio estilo Ken.

- esto es genial!!...juro que podría vivir aquí siempre…- dije mirando la increíble salita

- si ese es el caso entonces creo que tendré que vivir contigo..,-

Por alguna razón su comentario me puso nerviosa, tanto que hasta comencé a bobear por la cabaña. Cerca de una lámpara encontré una nota. Era de Alice por supuesto

"Hay chocolate caliente en la cocina…no quiero que mis friolentos favoritos pasen mala noche.

Los quiere su hermana favorita…

Alice…"

Reí nerviosa porque no tenía ni idea de los planes de Alice, sobre todo porque minutos después mi mente comenzó a pensar en algunas teorías. La más escandalosa fue que probablemente en cualquier momento llegaría para jugar con Edward y conmigo a la casa de muñecas gigantes.

Me relajé un poco frente a la chimenea, sentada en la alfombra mientras Edward traía chocolate. Poco a poco el calor de la chimenea y la bebida calientita hacían que la temperatura de mi cuerpo regresara a la normal y dejara de titiritar por el frio. Me recosté en el regazo de Edward mientras él acariciaba mi cabello.

- aja…y quién dice que es la favorita?...- dijo Edward con cara seria, trayendo a colación la nota de Alice – es broma…Rosalíe definitivamente no es la hermana que todos desearían tener – ahora su rostro dibujaba una sonrisa.

- no te creo...quieres a Rosalíe a pesar de todo, sobre todo porque es la única que pone en su lugar a Emmet –

- tienes razón...ahora no sé quién es la favorita...-

- muy fácil!!...- dije emocionada –Maddie me enseñó un juego buenísimo para decidir algo, quieres intentarlo?...- le pregunté

- ok, juguemos...-

Edward tenía que escoger rápidamente entre las dos opciones que le iba a decir. Según Maddie, era infalible. Dije cada una de mis preguntas tan rápido como se me pudieron ocurrir.

- gelatina o creme brulé?...-

- gelatina...- dijo arqueando una ceja

- día o noche?...-

- noche...-

- Jessica o Ángela?

- Ángela…-

- Alice o Rosalíe?...-

- Alice...-

Ambos comenzamos a reír al escuchar la respuesta, de hecho no teníamos que haber hecho ese juego para saber que sin duda Alice era la mejor de las mejores. Sólo esperaba que Rosalíe no estuviera escuchando, se pondría furiosa.

- muy bien, ahora es mi turno de preguntar...- dijo Edward preparándose para bombardearme de opciones raras, yo sólo esperaba que mi cerebro reaccionara rápido.

- pero debes tener paciencia...el frio congeló mis neuronas – si, las neuronas que no estaba embobadas viéndolo a la luz del fuego

- frío o calor?...- comenzó con su voz de terciopelo

- calor...-

- Emmet o Jasper?...-

- ahm, Emmet?...- reí un poco

- café o té? –

- café...-

- Cullen o Masen?...-

- Masen...no, espera, esa no cuenta...– le dijerápido

Solté la última respuesta sin pensarlo, bueno, se supone que ese era el truco del juego: que tu sub-consciente contestara o algo así. Edward torció el gesto un poco, de nuevo tenía aquel rostro de sufrimiento que hacia algunos días había dejado atrás.

Mi torpe mente había arruinado aquel momento.

Además la respuesta era absurda: yo no tenía preferencia hacia ninguno de los estados en los que se encontrara Edward. Simplemente lo quería como fuera.

Sentí cómo el ambiente se tensó de inmediato y no quise hacer otra cosa más que abrazarlo.

- no me hagas caso, sabes que estoy loca...- dije buscando sus ojos

- no, no lo estas...pero no te culpo, supongo que de esta manera es más fácil...- dijo levantándose para ir junto a la ventana, pero yo le seguí

Más fácil?. Por su rostro ya sabía a dónde íbamos.

Adiós Edward feliz.

- no sé de qué estás hablando, ya te dije que a mí no me importa lo que seas y te lo dije desde hace algún tiempo...- lo tomé del rostro, dirigiéndome a sus orbes verdes – esto que esta pasándote, es maravilloso lo admito, pero bien sabemos que nunca nos hemos caracterizado por ser personas normales, así que todo este asunto de la humanidad, es sólo algo pasajero que estas disfrutando un rato...te amo y no quiero que pienses ese tipo de cosas de nuevo

Me besó tiernamente, creo que después de todo, mis palabras habían servido para algo.

-tienes toda la razón...aunque no puedo evitar pensar que siendo "humano" puedo estar contigo sin temerle a nada, sin preocuparme por hacerte daño...-pasó sus suaves dedos por mis mejillas que pintaban rojísimo

Pude sentir el dolor en las palabras de Edward, tanto que creo que mi propio corazón me dolía. Él siempre trataba de ocultar lo que en realidad estaba sintiendo con respecto a la manera en que "sufría" cuando estaba conmigo y yo, siempre egoísta me dejaba llevar por lo que sentía, haciéndole el camino más difícil. En aquel momento recordé las ocasiones en que siendo él vampiro, me le lancé sin tapujos, sintiéndome ofendida cuando no me respondía de la manera en que yo quería, enojándome cuando lo único que Edward hacía era protegerme, protegerme de él mismo. Porque aunque quisiéramos, no podíamos de olvidarnos de nuestra naturaleza, sabíamos que la sangre podía ser demasiado poderosa.

Pero por aquello lo amé aún más.

- y yo tengo la culpa, lo siento tanto...- me hundí en su pecho.

Mis sentidos se estaban volviendo locos, todos y cada uno pedía a gritos algo de Edward.

La luna pegaba a la ventana, haciendo con su luz una vista surreal.

- eres tan perfecto...- dije mirándolo con una devoción desconcertante, como si fuera la primera cosa que veía desde hacía mucho tiempo.

- tú eres eso y más...ya te lo dije, tú eres mi razón de ser...por lo mismo quiero que seas sincera conmigo...-

Lo miré desconcertada, no sabía qué era lo que pretendía que le dijera.

- necesito saber qué es lo que tú quieres –

- yo te quiero a ti...nada más –

- lo sé, de eso no tengo duda pero quiero saber cómo te sientes al respecto, con todo esto que me está pasando...-

Edward preguntaba lo incorrecto. Ni yo sabía lo que quería y hasta aquel momento me lo estaba planteando a la par que él lo estaba haciendo.

- lo importante es que tú mismo sepas lo que quieres, debes de buscar en tu interior y decidir cómo quieres vivir tu vida Edward...-

Miro hacia fuera de la ventana, mirando sin mirar los árboles.

- te respondo entonces de la misma manera en que tu lo hiciste...- me tomó del rostro- te quiero a ti y nada más, sin miedos, sin restricciones...quiero un estilo de vida que me permita estar a tu lado, sin nada que impida sentir con esta intensidad que siento cada que te miro, que te toco...cada que te beso...-

Su voz de terciopelo retumbaba dentro de mí junto con cada una de sus palabras. Mi pecho iba y venía, a la espera de que en cualquier momento me desgarrara el pecho. No podía ni siquiera hablar porque mi propio corazón me tenía aturdida.

Pero como pude, solté palabra.

- sabes que si me pides que te muerda o lo que sea que haga para que estés en ese estado, yo lo haré siempre que me lo pidas...pídeme lo que quieras, sabes que todo lo que soy y lo poco que tengo es para ti...-

No sé porque pero mi voz sonó como una súplica. Tuve aquella sensación extraña que tenía en un principio, cuando apenas si cruzaba palabras con él: sentí de nuevo que iba a desaparecer. Entré en pánico momentáneo, mi interior se llenó de un vértigo extraño y tuve ganas de llorar por alguna estúpida razón.

Y como si una voz conocida me ordenara qué hacer, lo tomé de repente y estampé sus labios contra los míos de una manera tan violenta que no supe siquiera reconocer mis propios motivos. Me respondió de igual manera, ahora que prácticamente nos valía un carajo aquel miedo: ahora él era humano al igual que yo.

Fue de repente como aquel deseo por la sangre que tuve aquella vez en mi habitación, pero este era aún más fuerte. Me alejé de golpe, temiendo por desear su sangre. Sin duda, los papeles se invertían extrañamente: ahora era yo quien no deseaba hacerle daño de alguna manera.

Lo miré angustiada, ansiosa porque mis manos no querían separarse del perfecto ser que tenía frente a mí.

Admiré la fisonomía de su rostro, queriéndome aprender más aún sus rasgos. Sus ojos me miraban como nunca, no supe en aquel momento qué era lo que me decían. Pude ver cómo sus mejillas se teñían de rojo y su pecho estaba agitado, al igual que el mío. Edward mordía sus labios haciendo que estos lucieran más rojos, su incipiente barba los resaltaba aun más.

Una fuerza magnética me arrastró hacia la calidez de Edward

Entonces el miedo en mi cuerpo desapareció porque descubrí lo único que deseaba en aquel momento: a él. No me dio vergüenza reconocerlo ya que en realidad necesitaba su cuerpo, sus caricias.

Me acerqué acortando la distancia que yo misma me había impuesto y lo besé, haciendo que el vértigo que había sentido unos segundos antes se convirtiera en mariposas que revoloteaban en la parte baja de mi estómago.

La sensación era increíble, tanto que podía asegurar que nunca algo parecido me había pasado.

Milagrosamente mi cuerpo aprendió a respirar adecuadamente, era como si de pronto estuviera listo al fin después de muchos intentos de sobrevivir a los besos de Edward que parecía respirar el mismo aire que yo, que me miraba como si no pudiera vivir ya sin mí.

Cerré mis ojos dejándome llevar por completo. Mis manos ya no me respondían, tenían voluntad propia y fueron ellas mismas que con urgencia le quitaron el saco de Edward. Debo reconocer que fueron precisas porque creo que si yo me hubiera encargado, aquello hubiera sido un desastre.

Edward pareció reaccionar ante mis acciones, su rostro dibujaba con un gran signo de interrogación. Mi propia conciencia desconocida en mi hasta ese momento, esperaba que Edward con más de cien años de vida tuviera siquiera una idea de a dónde quería ir.

- Bella...- susurró arrastrando cada letra como un ronroneo.

Por el tono, supe que quiso asegurarse de lo que yo trataba de hacer en ese momento.

- quiero estar contigo...- le dije sin tapujos, mirándolo a los ojos.

- pero...- dudó, halándose el cabello alborotado – no lo sé...tú apenas eres una niña y yo pues...no, esto está mal...-

- por supuesto que no soy una niña!!...- le grité enojada en una arranque involuntario – sé exactamente lo que quiero y eso, es estar contigo...no hay forma de que esto este mal, a menos claro que no sintieras lo mismo que yo estoy sintiendo, que no me amaras de la misma manera...-

Quise que mis palabras no sonaran como chantaje o una especie de reproche, pero ya era demasiado tarde para evitarlo porque la maldita verborrea había salido a relucir, probablemente arruinando el mejor momento de mi vida.

- sabes que no es eso Isabella, sabes que no...- dijo serio llamándome por mi nombre completo, igual que lo hacía Charlie cuando estaba enojado conmigo.

Un gran remordimiento me hizo llorar luego de que Edward dijera eso. Sin embargo, él me abrazó de inmediato, dejando que mis lágrimas cayeran en el costoso chaleco de su traje.

- yo también quiero estar contigo Bella...más que nada en este mundo pero, estás segura de que esto es lo correcto?, que debería de pasar hoy?... no deseo que un futuro te arrepientas por – hizo una pausa que me pareció eterna –entregarte a mi...- dijo avergonzado.

- y por qué habría de arrepentirme?, si tú eres el hombre con el que quiero estar siempre...sabes que desde la primera vez que me miraste, te pertenezco...-

No supe porque pero mis palabras me hicieron soltar una sonrisa. Aquello había pasado por mi cabeza miles de veces, pero creo que nunca se lo había dicho en realidad. El rostro de Edward se tornó más cálido y de repente dejo de fruncir el ceño.

- es cierto...nos pertenecemos – por la forma en que lo dijo, intuí que apenas se terminaba de convencer.

Pasó su mano nívea por mi rostro, luego, mientras yo me embriagaba en su perfume, apartó mi cabello y su boca se acercó lentamente a mi cuello que recorrió con pequeños besos.

- es maravilloso...- lo escuché susurrarme en aquel trance – me parece que percibo tu aroma de una manera más deliciosa en este estado...-

Posó sus labios en donde palpitaba la sangre que me comenzaba a hervir por dentro.

- el latido de tu corazón, se escucha cada vez más fuerte...como al compás de una melodía...-

Atrapó mis labios con movimientos suaves, sabía que no podía esperar menos de Edward: era un caballero ahora y siempre. Fue incluso tan delicado que no sentí cuando mi pequeño saco cayó al suelo, me di cuenta sólo porque sentía sus labios recorriendo apaciguadamente de mi clavícula a mis hombros que se había encargado de descubrir.

Un temblor eléctrico recorrió mi espina dorsal hasta mi nuca, erizando cada poro de mi cuerpo.

El frío del ambiente fue reemplazado por un calor placentero, producto de las caricias tiernas de Edward.

El silencio se apoderó de la salita de muñecas, lo único audible en aquel momento eran nuestras respiraciones acompasadas y el sonido del roce de nuestras ropas que estaba combinadas en distintos tonos de verdes.

La luz de la chimenea comenzó a apagarse pero en aquel laberinto de caricias, ninguno se molestó en reemplazar los carbones por leña nueva. En cambio, Edward paró un momento y como si yo no pesara nada, como si aún tuviera aquella fuerza descomunal, me cargó en brazos como si fuera una muñeca de porcelana.

Mientras me llevaba a lo que parecía una recamara, me sentí como una princesa de cuento, de esas que esperan toda su vida para que su amado llegué por ellas y las rescaté de su mala fortuna. No podía ser más dichosa: Edward me había salvado de la desdicha inminente, me había regalado una nueva y mejor vida.

Tranquilamente me bajó de sus brazos y quedamos frente a frente, viéndonos a los ojos con el amor más grande que Forks había visto jamás.

Era obvio que estábamos sumamente nerviosos, incluso mientras nos tomábamos de la mano podía sentir a Edward que temblaba como una hoja al igual que yo, pero en ningún momento la duda se cruzo por nuestros rostros.

Al contrario, aún en la oscuridad del cuarto pude ver cómo Edward torcía aquella sonrisa, que estaba ya tatuada en mi memoria.

Retomamos los suaves besos que habíamos iniciado en la sala, sentándonos en la enorme cama matrimonial que había en medio del cuarto de ensueño. Creo que de no haber sido por la situación obvia en la que me encontraba, hubiera curioseado por la habitación que seguramente había decorado Esme.

Estaba sumamente nerviosa, tanto que sentía como mi corazón latía por todas partes, haciendo que lo escuchara detrás de mis oídos a mil por hora. Palpitaba nervioso, bombeando sangre como loco a todo mi cuerpo, evitando que dejara de funcionar en aquel momento. Luego, un sonido lento lo acompañó en su atolondrado trance.

Algo increíble estaba pasando: el corazón antes muerto de Edward, comenzaba a latir en su hermoso pecho.

Nos quedamos inmóviles, tratando de sopesar la sorpresa con cada latido que daba. La mirada de Edward era asombrosa, sus manos cubrían su pecho, tratando de sentir físicamente aquel latido que no había sentido en décadas.

Ninguno dijo nada en aquel momento, yo simplemente puse una de mis manos sobre su pecho para sentir lo que Edward estaba sintiendo. Unos segundos después de que lo hice, el renacido órgano aumento la velocidad en el centro de Edward, haciendo que sonriera avergonzado.

- ahora me crees?...- susurró

No tuvo que decir a qué se refería porque yo sabía que hablaba de la ocasión en que torpemente nos confesamos nuestro amor en el bosque.

"si mi corazón pudiera latir, sin duda cada uno de sus latidos sería por ti y para ti"

Aquel pensamiento provocó que como por un impulso raro, mis dedos comenzaran a desabotonar el chaleco de Edward, que simplemente observaba con cierto grado de incredulidad lo que yo hacía.

Mi curiosidad estaba a tope, sólo quería hacer una cosa en aquel momento. Uno a uno los botones que desabrochaba de la camisa de Edward, daban paso a aquel pecho esculpido de dios, que a pesar de ser mortal, aún conservaba el aspecto de escultura de mármol.

Casi por instinto, pegué mi oído a su pecho y de viva voz, escuché el latido precioso a pocos centímetros de distancia. Era justo como Edward lo había descrito antes: como música, una melodía hermosa que repiqueteaba escandalosa.

El tacto de mi rostro contra su piel, hizo que su corazón aumentara más aún de velocidad, haciendo que Edward respirara más rápido también.

Con desesperación, sus suaves manos se deslizaron a mi espalda, bajando el cierre de mi vestido.

Nos miramos a los ojos de manera consiente por última vez, nos convertimos en cómplices.

Lo supe porque en sus pupilas vi el mismo deseo negro de Edward, pero en esta ocasión no era por la sangre, era por mí.

Era el momento.

El instante cumbre en el que todo se alineaba en el universo para que yo pudiera estar con el amor de mi vida en aquella habitación, amándolo como lo amaba. Era el producto de aquel laberinto de consecuencias que habían comenzado desde la concienzuda decisión de Carlisle hacía casi cien años y hoy, culminaba, haciéndome la persona más feliz que hubiera pisado la tierra.

Cerré mis ojos, perdiéndome en el atolondramiento provocado por sus labios húmedos sobre los míos, por sus manos en todo mi cuerpo.

De ese momento en adelante mi mente sólo tuvo cabida para un ser en este mundo: Edward.

Tus manos sobre mi rostro.

Tus dedos en mi boca.

El placer en tus ojos.

Tu voz.

Te mueves con lentitud, pero sin hacerme daño.

Mi placer, mi voz.

Mi cuerpo sobre el tuyo.

Tu espalda que me levanta.

Tus brazos que no me dejan ir.

Los golpes dentro de mí, es dulce violencia.

Veo tus ojos buscar en los míos, quieren saber hasta dónde no me haces daño.

Hasta donde tú quieras amado mío, no hay fin, no finalizará.

¿Lo ves?, nadie podrá cancelar este instante que pasa.

Para siempre echarás la cabeza hacia atrás, gritando.

Para siempre cerraré los ojos soltando las lágrimas de mis ojos.

Mi voz dentro de la tuya, tu violencia teniéndome apretada.

Ya no hay tiempo para huir ni fuerza para resistir.

Tenía que ser este instante, y en este instante es, créeme, amado mío, este instante será así de ahora en adelante.

Será, así hasta el fin.


Las ultimas lineas se las debemos a Alessandro Baricco extraído del libro Seda, que describen perfectamente lo que me imaginé aquella noche. Tengo un lemmon en mi cabeza por supuesto!!, pero siento que desentonaría con la forma de la historia, pero estoy dispuesta a hacer algo al respecto en el proximo capitulo si ustedes me lo piden. Espero que les haya gustado y ojala que me dejen sus comentarios.

Les recuerdo que subimos capi de Todo Menos Tu, y que ya esta circulando por allí jeje!!...Espero que la proxima vez que las "vea", mis ojitos ya hayan visto Luna Nueva!!!

xoxo