Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

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¡Hola de nuevo a todos! Me disculparán hoy la tardanza y sé que no tengo excusa pero es que me pasé toda la tarde cocinando tortas y se me hizo tarde. Perdonen, yo se que no se justifica :) En fin, como siempre no quiero aburrirlos con mi bla bla bla sin sentido sino agradecerles, que es lo más importante, por siempre hacerme saber de ustedes y sus opiniones. Por favor no dejen de hacerlo. Y agradecerles también por tomarse particularmente tiempo de su vida sólo para leer mi humilde historia. De verdad, es más de lo que podría pedir. Así que ¡GRACIAS! ¡Muchos saludos y besitos! Y espero que les guste...


Seis viernes de luna

XI

"Razones, verdades y decepciones"

Había salido del local, ahora el frío de la noche le azotaba el rostro con ímpetu. Su cabello azabache se mecía lentamente contra el viento mientras él con la mirada escudriñaba la calle en busca de Ino. La entrada del local estaba abarrotada de gente y Shikamaru sabía que la rubia podría escabullirse fácilmente entre los grupos de jóvenes y desaparecer. Pero tenía que encontrarla, así que la llamó.

—¡Ino! —gritó preocupado.

—Estoy aquí —murmuró una llorosa chica apoyada contra la pared del púb, junto a la puerta. Él la contempló e inmediatamente se le figuró que parecía una niña pequeña abandonada.

—¡¿Qué sucedió?! —la cuestionó él. Ino parecía triste, aunque también algo ebria.

—….

—Ino ¿No aprendiste nada de la última vez? —le reprochó—. ¿No aprendes de tus errores? —ella permanecía en absoluto silencio con la cabeza gacha—. ¡¿Por qué demonios actúas así?! Vienes aquí y te portas como una tonta, bebes y pierdes el control —realmente estaba enfadado con ella por su conducta, tenía que pararla, hacerla entrar en razón.

—Shika me quiero ir ya —sollozó. Él la miró compasivo y accedió. Ninguno de los dos tenía que decirlo, irían a la casa de Shikamaru. Aquello ya se había vuelto una indiscutible rutina.

—Está bien —dijo suavizando la voz—. Espérame aquí que voy a avisarle a Chouji que nos vamos ¿Sí? Ino no te muevas.

—No, te esperaré.

—Bien.

Y seguro de que la muchacha no se movería del lugar en que la había dejado, seguro de su palabra, volvió a ingresar al local. Otra vez el sofoco del interior lo abrumó más no le importó. Sólo estaría allí unos segundos y luego se marcharía con Ino. Se iría y con suerte ésta sería la última vez que tuviera que poner un pié en aquel fastidioso lugar. Finalmente divisó la mesa donde se encontraban sus amigos y se acercó a paso lento, esquivando algunas personas en el camino. Cuando estuvo lo suficientemente cerca todos se giraron a verlo.

—¿Dónde está Ino, Shikamaru? —preguntó Chouji. Tanto Naruto como Kiba y Sakura miraban a los alrededores en busca de su rubia amiga.

—Está afuera —explicó sereno—. No se siente muy bien así que nos iremos —todos asintieron preocupados.

—¿Estará bien? —preguntó la pelirrosa.

—Eso espero… —murmuró—. Bueno adiós —se giró y con un gesto de la mano se despidió y emprendió su camino de regreso a donde se encontraba Ino.

Una vez que estuvo afuera la miró de reojo, la chica sollozaba sobre sus manos, con las que cubría su rostro. No tenía idea de que podía pasarle pero lo tenía preocupado. Aún daba esa imagen de niña desamparada y Shikamaru sintió enormes deseos de abrazarla, pero se contuvo.

—Ven vamos —ella levantó su mirada y tomándolo del brazo lo siguió.

El camino fue largo y silencioso, una vez que se hubieron alejado del lugar se encontraron completamente solos y sumidos en la espesa oscuridad de la noche. Aquella vez la luna menguaba, no resplandecía tanto como de costumbre y algunas estrellas parecían más apagadas de lo normal. Pero ninguna tanto como Ino, simplemente parecía haber perdido el brillo que tanto la caracterizaba.

No quiso preguntar, no le parecía el momento ni el lugar. Mientras seguían caminando la rubia sollozaba en su hombro. Aquella noche era más fría de lo normal por lo que podía sentirla temblar junto a él.

—Toma —dijo quitándose su chaleco y colocándolo con delicadeza sobre los hombros desnudos de ella—. No es mucho pero servirá hasta llegar.

La muchacha no dijo nada, simplemente forzó una sonrisa en señal de agradecimiento y una vez más enterró su rostro en el hombro de él. Shikamaru la miró dolido ¿Qué era lo que podía pasarle a su amiga para que llorara así?

Continuaron caminando, en la silente noche sus pasos eran todo lo que se podía oír. Algunas veces se escuchaba el canto furtivo de una chicharra o simplemente el ruido del viento al soplar. No faltaba demasiado, sólo unas cuadras más y finalmente estarían en la casa de él, donde podrían refugiarse en la calidez y comodidad de su hogar. Tras caminar otros cinco minutos se encontraron en la entrada.

—Ya llegamos —avisó a su amiga que aún ocultaba su mirada en el hombro de él. Ino levantó la cabeza y efectivamente comprobó que se encontraban en la entrada de la residencia de los Nara.

Tomó con lentitud las llaves de su bolsillo y tras meterla en el cerrojo, la giró, la puerta hizo un sonoro clic y se abrió. Ambos entraron y el frío que los azotaba dejó de existir. La calidez de la casa de Shikamaru y aquel familiar aroma a limpio, que sólo en el hogar de él había, la invadieron y a la vez la tranquilizaron.

Con pesadez subieron la escalera y una vez en la planta alta él le señaló el baño.

—Si quieres puedes lavarte el rostro —murmuró él con amabilidad, ella asintió y desapareció tras la puerta. El moreno la esperó en el pasillo y al cabo de unos segundos la muchacha había reaparecido. En su rostro ya no quedaban rastros de maquillaje, sólo sus ojos enrojecidos e hinchados—. Ya estoy Shika —susurró por primera vez desde que habían regresado del púb.

—Bien, ahora me dirás porque lloras y porque actúas así —sentenció serio aunque a la vez quería sonar comprensible. Los dos entraron al cuarto de él y ella se sentó en la cama mientras que Shikamaru permaneció de pie al otro lado de la habitación, apoyado de brazos cruzados contra la pared—. Ino ¿Me dirás? —le insistió él pero la rubia no parecía reaccionar—. ¿Por qué lloras?

Por primera vez desde que habían entrado al cuarto lo miró a los ojos, se sintió culpable al ver la mirada de decepción en las orbes chocolate de él. Quería decírselo pero seguramente pensaría que era una tonta.

—Me rechazó —atisbó a decir, él la miró extrañado.

—¿Quién?

—Un chico, esta noche —por alguna razón Shikamaru no se sentía mortificado sino todo lo contrario. Ella volvió a hablar—. ¡¿Por qué es que siempre que me gusta o me enamoro de alguien esa persona no me corresponde?! Primero Sasuke, con Sakura.

—¿Con Sakura? —preguntó sorprendido. No sabía que ellos estuvieran juntos.

—Sí, los vi besándose hace poco más de un mes —ahora que él lo pensaba la fecha exacta en que el Uchiha había regresado y la misma en la que Ino había empezado a salir y beber de aquella manera.

—No sabía —admitió.

—Nadie lo sabe, sólo ellos dos y Naruto. Bueno y yo que los vi —agregó con amargura, delgadas líneas de agua salada se formaban a lo largo de sus mejillas—. Luego Sai —exclamó indignada—. Él ni siquiera se fijó en mi ¡Y ahora esto!

—Ino…

—¡No! ¿Por qué siempre me pasa lo mismo? —él frunció el seño.

Sabía lo importante que era para Ino el sentirse amada. Desde niña había sido siempre una persona enamoradiza, siempre diciendo que quería verse bien para aquel que amaba. Siguiendo dietas, dejando su cabello largo, y otros tantos cuidados a su imagen. Sabía como se debía sentir ¿Pero que podía hacer? ¿Acaso decirle lo que él pensaba?

—Porque sigues enamorándote de la persona equivocada Ino. Primero Sasuke, frío y sólo enfocado en su sed de venganza ¡Honestamente! ¿Qué futuro le veías a eso? —ella lo miró sorprendida pero lo dejó continuar. Lágrimas descendían húmedas por su rostro—. Luego Sai, un completo inadaptado e incapaz de sentir algo por otros seres humanos. Otra vez ¿De verdad pensabas que podía funcionar?

—Shikamaru… —exclamó ella, sus palabras dolían pero tenía razón y no podía negarlo. Aquello era la cruda y brutal realidad.

—¿No se supone que deberías enamorarte de alguien a quien realmente le importes? Que se preocupe por ti y en verdad le importes. Pero sigues eligiendo mal.

—¿Tú piensas que soy fea? —preguntó entre avergonzada y dolida, él se sorprendió.

—¡¿Qué?! —exclamó el alterado—. ¿Por qué piensas eso?

—Porque sino no entiendo como es que siempre me va tan mal en el amor.

—Te lo acabo de explicar Ino —dijo él tranquilamente caminando hasta la cama y sentándose junto a ella—. Claro que no eres fea. Sé que cualquier hombre te ve atractiva y querría estar contigo —aquello era verdad, se había hastiado de oír a shinobis hablar de lo bonita que era.

—¿Tú también estarías conmigo?

Ante la pregunta se congeló, no sabía que decir. Sabía que era lo que ella quería escuchar, sabía que necesitaba escucharlo pero simplemente no podía. Aún la muchacha lloraba y era evidente que se sentía realmente mal. Debía hacerlo por ella, debía decirlo.

—Si Ino, hasta yo estaría contigo —ante la respuesta la rubia le sonrió e impulsivamente se arrojó a los brazos de su amigo. Él correspondió dudoso.

—Gracias Shika. Me hiciste sentir mucho mejor ¡En verdad eres un buen amigo!

Él permaneció allí, inmóvil aún sosteniéndola entre sus brazos. No sabía porque pero era la primera vez que la palabra amistad le sonaba mal. Era como si una fuerza invisible le estrujara el corazón, como si algo le oprimiera el pecho. Pero se contuvo de decir algo, simplemente calló. Entonces pensó que aquel que hubiera dicho que la noche hacía vulnerable a las personas estaba en lo cierto. Y por ello, lo maldijo.

—Vamos a dormir —dijo serio poniéndose de pie y evitando mirarla. La muchacha ahora parecía mucho más alegre que antes y parecía haber recobrado aquel destello tan característico de ella. Ahora el que se sentía apagado era él, pero otra vez no importaba.

—¡Si! —exclamó esbozando una sonrisa y se apresuró al cajón para sacar la remera que Shikamaru le había prestado cada noche por los últimos cuatro viernes. Él la contempló y sonrió de lado, al menos Ino estaba feliz—. ¡Shika no mires!

Él rápidamente se volteó esperando que ella se cambiara, pronto la oyó tararear. Aparentemente su charla había devuelto toda la autoestima y la confianza en sí misma que la rubia solía tener. Ahora era otra vez la arrogante y problemática Ino de siempre.

—Ya puedes voltearte —agregó sonriendo. Luego se dirigió a la cama y se escabulló entre las cálidas sábanas del lecho, ante la mirada atónita de él.

Pronto Shikamaru se quitó la remera y se unió a la chica. Al juntar sus cuerpos ella lo abrazó y pronto quedó dormida sobre su pecho, como lo había hecho la primera noche.

La calidez de su cuerpo era agradable, la silueta de ella encajaba perfecta en cada recodo de su cuerpo. Podía sentirla respirar debajo de él, su pecho elevarse y descender lenta y armoniosamente. Sus latidos contra los de él. Sentirla así en verdad le gustaba, pero simplemente debía olvidarlo. Y así lo hizo, pronto se durmió. Bajo la dulce esencia que la chica desprendía, bajo el contacto de su piel se relajó. Y finalmente Shikamaru también cayó dormido.