Quisiera disculparme de nuevo por la tardanza, es difícil cuando el mundo real te absorbe. Y de paso en mi país, avanzo el dengue, chikungunya y pare de contar. Ya hasta creo que estoy viviendo mi historia, con un dios vengativo que nos está persiguiendo. Ya a veces no sé si estoy escribiendo un fic de humor o una novela romántica. Ustedes dirán.
Espero redimirme con este capítulo. No sé porque, pero el anterior no me gusto. Quiero darle más seriedad al asunto. Aunque tal vez dudé en mi historia, desde que vi que a Milo lo convirtieron en mujer, siento que el cielo es el límite.
Como verán a este Apolo le encanta el café. Es que en el Olimpo no puede tomarlo, así que aprovecha cuando nos visita. Ahora sí!
LOS PERSONAJES DE SAINT SEIYA SON PROPIEDAD DE MASAMI KURUMADA Y LA TOEI. NO TENGO DERECHOS SOBRE LOS MISMOS, Y POR LO MISMO EXPONGO QUE NO PERSIGO NINGUN LUCRO NI PUBLICIDAD.
Camino a la venganza
Gotitas de lluvia, era el vestigio de lo que fue una noche tormentosa. La naturaleza, tal vez llorando su propia suerte, se manifestó en un torrencial aguacero, que dejo a nuestros héroes confinados y sus aposentos. Sin embargo, pareciera que la soledad aclaraba sus mentes, y ya esa mañana toda sería más certero.
Ikki, se escabullía por una de las ventanas del orfanato, haciendo acrobacias para no resbalarse y ser descubierto. Había pasado la noche junto a Erii, la hermosa joven que una vez fue seducida por lo codicia de Eris, la diosa de la discordia. Todo había quedado atrás, y al no haber encontrado en Hyoga a su alma gemela, sin explicárselo, termino ligada al fénix, que detrás de esa fachada de amargado y rebelde, era para ella el hombre más sensible y apasionado que había conocido en su corta vida.
Sin hacer mucho alarde de su relación, procuraban verse a solas todo el tiempo que podían. Shun estaba contento por su hermano, aunque a Hyoga, aun le molestaba el gusano de la envidia. A Ikki era lo que menos le importaba, y el ser amado por la joven, era la justa retribución por todos sus amores perdidos.
Después de saltar de un tercer piso como un gimnasta, trepar dos árboles y evadir charcos de lodo, pudo salir triunfante de esa excursión. Saliendo de los límites de la Fundación, sintió el ruido de un motor y se resguardo entre los arbustos. Le llamo la atención, que Saori iba en un auto sencillo, sola, sin siquiera el inútil de Tatsumi. No era usual, y mucho menos en esos tiempos de tensión. Algo le dio mala espina, por decirlo así. Tal vez lo mejor sería preguntarle a su hermano, a ver si el sabía algo.
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Después de una noche de fiesta salvaje (para Julián Solo, pues Apolo se enojó y lo dejo en el lugar), el hijo de Zeus, se encontraba tomando su café matutino, en una zona apartada de la isla, pero relajante y cautivadora. Desde ese sitio, podía respirar el aire del mar, y contemplar su belleza y esplendor. Repasaba su plan maestro que no daba el resultado esperado, y se reprochaba su sentimentalismo y falta de carácter. Al menos eso fue lo que le dijo su tío anoche, en su inusual reunión familiar.
- Maldición – se quejó en voz alta – Todo fue en desastre. Debo apresurar las cosas. No es el momento de distraerme con mujeres.
Luego recordó los reclamos de Poseidón, y se enojaba aun más. Era fuerte e impulsivo, pero después razonaba sus acciones, y al final quedaba ante todos como un débil. Artemisa le ayudaba con sus indecisiones, pues ella no tenía remordimientos al actuar, y no reparaba en decirle lo que pensaba, aunque a él le ofendiese. Ella le expreso sin reservas, que su plan era una locura, y que él no tendría el valor para terminarlo.
Sus cavilaciones fueron interrumpidas por el Arcángel Príamo, que se acerco tímidamente al hijo de Zeus – Mi señor Apolo. Disculpe que lo moleste.
- ¿Que sucede Príamo? Espero que sea importante.
- Si lo es, mi señor. La princesa Atena está aquí en la isla, y desea hablar con usted. ¿La conduzco hasta aquí?
La sonrisa de satisfacción no se hizo esperar. Al fin una buena noticia – Seguro. Dile a Gabriel que venga con ella. Y asegúrate de que nadie nos moleste.
- Si mi señor.
Para Saori cada uno de sus pasos, parecía que la llevaban a su tumba. Fue difícil llegar allí, sin la vigilancia de sus caballeros. Pero eso no era lo más importante. Le aterraba el saber que castigo le impondría su hermano. Esa palabra que denotaba consanguinidad, en su familia no importaba mucho. Recordaba las torturas de Artemisa, Eris, Abel y su propio tío Poseidón. Estaba consciente que en el pasado su relación con Apolo no fue exitosa, y por lo visto, iría de mal en peor. Escoltada por el fornido Arcángel, se sentía insegura, y su nerviosismo cedió cuando se encontró de cara a su hermano. El dios, sentado en medio de un frondoso paraje, la miraba fijamente como si quisiera acabar con ella en cualquier momento.
- Hermano – dijo ella haciendo una leve reverencia – he venido a dialogar contigo. Esta destrucción debe terminar.
- ¿A qué te refieres? – respondió el, con una insoportable sonrisa burlona – Yo no he hecho nada. Solo paso mis días aquí en esta isla. Debes estar paranoica. Por cierto, ¿Cómo sigue el Pegaso?
Saori apretó uno de sus puños, y lo miro como una fiera - ¿Vas a negarlo? ¿Por qué no admites que eres tu quien trajo esa terrible peste, que está diezmando al planeta, y atacaste a Seiya? ¿Por qué eres tan cruel? ¿Por qué me odias tanto?
Y sin quererlo, brotaron algunas lágrimas. El desvió la mirada, pues podría influir en el – Son muchas preguntas Atena. Eres muy inteligente, y sé que conoces la respuesta. Creo que se te han olvidado las veces que me traicionaste. ¿Por qué te sorprende que me vengara del Pegaso? Sabias que nunca pasaría por alto su ofensa. ¿O es que acaso – dijo esto dando pasos hasta quedar de frente a su hermana - tienes un afecto diferente por ese mortal?
Al escuchar esa pregunta, el corazón de Saori se acelero. Ella hizo un juramento – Sabes que eso no es cierto. Nunca podría ver a Seiya como hombre, pues no estoy en capacidad de corresponderle. Solo quiero que el este bien, que sea feliz y… pueda reconstruir su vida. ¡Hermano! – dijo esto con mirada suplicante, juntando sus manos a manera de plegaria – Apiádate de mi, y salva a Seiya y a la tierra. No permitas que mueran más inocentes por mis errores.
Apolo noto su desesperación. Sonrió de nuevo y le dijo - ¿Tus errores? Veo que al fin usas la cabeza. No confundas las cosas Atena. Vine a la tierra a destruir a los mortales, si Seiya se cruzó en mi camino, es otro asunto. Zeus me otorgo la autoridad, no puedo fallar o quedaría como un inútil. Lo lamento por ti, desde ya te presento mis condolencias. El Pegaso y los humanos van a morir.
Ella esperaba esa respuesta, no se daría por vencida – Se que puedes evitarlo hermano. A ti no interesa lo que piensen los demás de ti, y si actúas de forma correcta, quedaras ante los olímpicos como un dios cálido y misericordioso. Dime hermano, que tengo que hacer, como puedo salvar la vida de los seres humanos, y recuperar a Seiya. Mi trono, mi báculo, hasta mi vida: todo te lo ofrezco, pero por favor, salva a la tierra.
Esas eran las palabras que Apolo deseaba escuchar. Sentándose de nuevo en su sitio, le respondió - ¿Harías lo que fuera Atena? ¿Serias capaz de arriesgar tu vida?
- Si – dijo ella sin vacilar - Estoy dispuesta a todo Apolo. Dime qué hacer para salvar este mundo y lo hare.
- Bien, te lo diré – dijo este después de una larga pausa, cruzando sus brazos – ¿Recuerdas la tumba de Tifón?
La joven guardo silencio por un momento, como si tratara de concentrarse. Cambiado su expresión al asombro, tembló ligeramente al responder - ¿La tumba de Tifón? ¿Hefestos no la destruyo hace tiempo? Zeus lo ordeno para evitar que la vida de otro dios corriera peligro.
Apolo suspiro antes de responder – El dio esa orden, pero no se cumplió. Su amada esposa la escondió en la Isla de Samos, en las profundidades de su propio templo. Obligo a Hefestos a construir una réplica, y eso fue la que todos vimos desaparecer en el Etna. Nunca la habían usado en otro dios, hasta ahora. Hera nos sorprendió a todos, y aun el mismo Zeus reconoció su impotencia. Justo ahora, alguien muy preciado para mi esta allí.
- ¿Te refieres a Artemisa? ¿Ella está bien? – interrumpió la inocente joven, sin saber lo que el dios estaba pensando.
- No es Artemisa. Déjame relatarte lo sucedido…
Para nadie es un secreto que el matrimonio de Zeus y Hera, nunca fue típico o ideal. Después que la diosa se desilusionara al descubrir el desamor y múltiples infidelidades de su esposo, habían llegado al clímax del rencor y la desesperación. Zeus a su manera, la amaba, pues ella reunía todas las cualidades de una buena esposa: hermosura, sensualidad, sensatez y firmeza de carácter. Pero la pasión de Zeus era tan grande, que no le era posible satisfacerla con una sola mujer. O tal vez, la creativa sexualidad de su esposo, era demasiado para ella, una mujer decente, una dama, la hija del gran Cronos…
Así que el padre de los dioses, buscaba en otras lo que le negaba su consorte. Y en uno de esos largos periodos de abstinencia, pues Hera estaba resentida en esos días, el gran Zeus se encontraba solo y desamparado de afecto (si, como no). Y fue allí, cuando se topo con Leto, su antigua amante, madre de sus dos excelentes hijos, su gran orgullo.
La hermosa diosa, de cabellera trenzada y ojos hechiceros, nunca lo recibió en su cama desde el nacimiento de sus hijos, pues Hera estuvo como fiera al acecho, y fue la condición para aceptar a los gemelos como herederos en el Olimpo. Además, ella tenía la ilusión de tal vez encontrar a un nuevo amor, que la hiciese su única señora, pero nunca fue así.
Contra todo pronóstico, Zeus cortejo de nuevo a la diosa, y nuevamente tuvo éxito. Se citaron en una habitación secreta del Olimpo, y allí, sus cuerpos se reencontraron con una avidez solo comparable, a aquellos momentos en que disfrutaron por primera vez su amor prohibido. Leto en el fondo sabía que estaba mal, y que si sus hijos se enteraban, se lo reprocharían por unos cuantos milenios, pero ya no importaba en ese momento. Los besos y caricias de Zeus, tan versado por la larga trayectoria, hicieron que la diosa perdiera la cordura, y accedió a entregarse por completo dos o tres veces más.
Hera noto rápidamente la inusual alegría de su esposo, y el deseo casi nulo que tenia de una reconciliación. Así que, después de vigilarlo cautelosamente, su corazón se rompió nuevamente al ver quién era el nuevo objeto de su pasión. Sin medir las consecuencias, planeo rápidamente la venganza: preparo la tumba de Tifón, la coloco dentro de un hermoso armario de oro puro, y la instalo en la habitación de Leto, con la excusa de que era un regalo de la diosa Tetis, muy querida por ella.
La diosa emocionada, abrió la puerta del armario y no tuvo escapatoria: una fuerza sobrenatural la empujo dentro del poderoso ataúd, y no tenía fuerzas para salir de allí, pues sentía que su inmenso cosmos era absorbido y limitaba instantáneamente sus fuerzas. Del otro lado de la habitación, apareció Hera, con una sonrisa triunfante y con la seguridad de que esto serviría para que ninguna otra siquiera soñara con acercarse a Zeus.
Pero la felicidad duro poco. La explosión que genero el maldito cofre al ser abierto, alerto a los dioses, y en cuestión de minutos los curiosos estaban allí. Zeus fue el primero en llegar, y al ver a Hera sentada en el borde de la cama de Leto, con la mirada altanera y a su lado la tumba de Tifón, con unos extraños huesos resplandecientes a sus pies entendió todo. Quedo paralizado, y aunque sus otros hijos se cuestionaban sobre lo sucedido, ninguno de los dos olímpicos emitía palabra, ni daba explicación.
Todo cambio cuando llego Apolo. Su corazón latía fuertemente al entrar en el cuarto de su madre, pues sentía que el cosmos de Leto se apagaba lentamente, y al ver el ataúd mágico en el medio de la habitación, perdió el control de sí mismo.
Se planto frente a su padre, y como este seguía con la mirada fija como una esfinge lo sujeto por los hombros y le grito - ¿ DONDE ESTA ELLA? ¿QUE LE HA PASADO A MI MADRE?
Su padre apenado, murmuro – Ella… ella esta allí… no pude evitarlo…lo siento hijo.
La risa estruendosa de Hera hizo que el desconcertado joven reparara en ella - ¿Qué te pasa querido? ¿Perdiste el habla?- comento la señora del Olimpo, levantándose del lecho- ¿Por qué no le dices a tu bastardo lo que paso con su madre?
Libero a Zeus, y sujetando rápidamente a Hera por un brazo le increpó - ¿Qué dices maldita bruja? ¿Que fue lo que hiciste?
- ¡No vuelvas a tocarme! – y se libro del joven al estamparle una fuerte bofetada- ¡Ella se lo busco! ¡Fue el justo castigo por revolcarse como una perra asquerosa con MI marido! Después de tantos años de tener que tolerarte a ti a tu hermanita, rompió nuestro pacto, seduciéndolo como la zorra que…
No pudo terminar la frase. Apolo lanzo un grito y rápidamente sujeto a Hera del cuello, tan fuerte que si no fuera por su naturaleza divina se quebraría en cualquier momento. Hera trataba de zafarse, pero el ejercía más presión, tanto que sus pies no llegaban a tocar el suelo.
-¡NO TE LO PERDONARE HERA! ¡PODRAS LLAMARME BASTARDO LAS VECES QUE QUIERAS… PERO NO DEJARE QUE DAÑES A MI MADRE!
Zeus al fin reacciono, y preocupado por Hera trato de arrebatársela, pero el fuego que emanaba Apolo no le permitía acercarse. Ares fue más osado, y trato de atacarle por la espalda con una espada, pero luego de una nueva explosión, la misma termino clavada en su propia pierna. Sus gritos de dolor no se hicieron esperar. Por otro lado, Artemisa trataba de forzar la cerradura, con tanta presión que sus níveas manos comenzaron a enrojecerse. Hefestos, temiendo que ella quedase encerrada, la sujeto por la cintura logrando alejarla. El tumulto parecía digno de un programa de Laura en América.
Hera encendía inútilmente su cosmos tratando de defenderse, pero el fuego de Apolo parecía que se colaba en su interior, y quebraría su cuerpo en mil pedazos. Si pasaban unos minutos más, solo el recuerdo quedaría de la esposa de Zeus.
Encendiendo violentamente su cosmos, Zeus grito -¡Detente Apolo! ¡solo Hera sabe como liberar a Leto! ¡Aun no está muerta!
En contra de su voluntad, Apolo arrojo a Hera liberándola al fin, y con la energía duplicada por la ira, ataco el ataúd, con la intención de abrirlo: no sucedió nada. Ya de la habitación de Leto, quedaban pocas cosas en pie, todo estaba siendo consumido por el fuerte cosmos de su hijo. Aun el mismo Zeus, utilizo sus rayos pero nada era suficiente para liberar a Leto de aquella prisión.
- Nunca podrás sacarla de ahí – resonó la voz de Hera en la habitación, pero fue a través del cosmos, porque el ataque de Apolo daño temporalmente su garganta – la tumba de Tifón absorbe totalmente el cosmos de los inmortales y solo deja sus despojos. Quien osa abrirla, quedara atrapado en ella y solo así el que está adentro podrá salir. ¿Ves esos huesos? Son de Epimeteo. El pobre iluso pensó que Tifón aun seguía con vida, y lo ayudaría a destruir a Zeus. Y como ahora tiene una nueva víctima, no querrá liberarla... ¡No podrás hacer nada¡ ¡Soy tan feliz!
Y su risa retumbo nuevamente.
Cuando Dionisio se acercaba al lugar, para saber que pasaba, pudo escuchar entre los gritos, la ordenes de Zeus- ¡Ares, Hermes, Hefestos, Heracles! ¡Sujeten a Apolo antes de que siga destrozando todo! ¡ERIS, DEJA DE REIRTE! ¡Artemisa, suelta los cabellos de Hera! ¡Afrodita, Hebe! ¡AYUDENMEEEE!
Terminada esta historia, Apolo quedo pensativo por unos instantes. Saori, consternada, aun no entendía la relación de Leto con la destrucción de la tierra.
- Hermano, es terrible lo que me cuentas, pero no sé cómo puedo ayudarte. Con este cuerpo humano, no podría reunir suficiente fuerza. Pero si aun hay esperanza para tu madre, hablare con mi padre y con la misma Hera si es necesario… no es justo que ella termine así.
- Al contrario Atena, es mucho lo que puedes hacer por mi – y se acerco a ella, mirándola fijamente, poniéndola nerviosa como solo él podía hacerlo – después de tantos años, ha llegado el momento. Deberás abrir la tumba de Tifón por mí.
Saori no podía creerlo. Fue la nueva frase del día que significaba suicidio.
Como parte de sus responsabilidades, la princesa Hilda tuvo que embarcarse en un crucero, el Silversea`s Silver Cloud con motivo de la reunión de países poderosos, previo a la cumbre G8, donde solo algunos representantes podían asistir. Allí, esperaba calmar los ánimos con los rusos, pues las pérdidas que le causo Julián Solo, fueron millonarias, y lamentablemente ella no disponía de recursos económicos inmediatos, para hacer efectivo el pago de la deuda. La sacerdotisa, solo se centraba en mantener esa parte del mundo congelada, y el no poderle brindarle las necesidades básicas a la nación en un momento crucial como ese, la tenían totalmente alterada.
A pesar de la riqueza extravagante que tenía el barco, y las maravillosas atracciones, no parecía hacerla feliz. El estar en el medio del mar, la hacía sentir sola, insegura, y ansiosa. Le parecía que en cualquier momento, Poseidón levantaría una tempestad con el solo fin de martirizarla, o que cuando llegase a Asgard, le dirían que algo malo le paso a su hermana.
De pie, en un vistoso balcón, la joven dejaba su cabello suelto a merced del viento, con la mirada fija en el amplio mar y aunque algún caballero se sintió tentado a conversar con ella, su actitud esquiva lo hizo desistir. Ella contemplaba el tenue sol, pues muchas nubes grises lo rodeaban, y atribuía a que el odioso hijo de Zeus, premeditadamente arreglo el clima para hacerla enojar. Era gracioso, porque a él jamás se le pudo haber ocurrido semejante cosa, lo que si era de notar era que pensaba en él, otra vez.
El conde Weltheimer le indico que todo estaba listo para la reunión. La joven suspiro, y acompaño al hombre a un salón privado, pero rico en lujos y detalles. Allí estaba sentado ya el señor Bulgákov, con una dama poco amable a su lado. Comenzada la reunión, después de escuchar las explicaciones de la princesa, el diputado informo gravemente, que ellos habían traspasado la deuda, y que no se les debía nada directamente.
- Lamentamos los inconvenientes – decía la mujer, que era la interprete – un empresario nos ofreció el monto total de su deuda, con un porcentaje de ganancia difícil de resistir. Es a él ahora a quien debe dirigirse. Lo que si le anticipamos, es que el no es tan paciente como nosotros, el señor exige recursos naturales de su país, para solventar el pago lo más pronto posible.
- No lo entiendo – comento la joven confundida – se que la situación se torno difícil, pero no era necesario llegar a estos extremos. En todo momento, he sido clara en que la invasión a nuestro país, no es una opción. Además, ¿quién podría estar interesado en una deuda con nosotros?
Como si fuera una señal, una puerta se abrió de repente y allí estaba el. Con gesto de triunfo y aire de suficiencia. Si, el mismo: Julián Solo
- Te dije que no te librarías de mi tan fácilmente princesa – esa voz calmada pero firme, indicaba que estaba a sus espaldas - ya escuchaste al caballero, solo yo tengo el destino de Asgard en mis manos. Ya no tienes escapatoria. Ha llegado el momento de decidir.
Julián esperaba con ansias la reacción de la sacerdotisa. Ella se giro, y lo miro fijamente, sin pronunciar una palabra. El olímpico se imagino que ella le gritaría, abofeteara, e incluso intentara herirle, para después desarmarse ante sus encantos, pero no fue así.
Los ojos grises de la princesa eran llorosos, si, pero fríos, apagados, inexpresivos. El jamás podría imaginarse el inmenso desdén que despertaba en ella. Apretó ligeramente uno de sus puños y respondió - Dime que propones Poseidón. Te escucho.
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El sol se ocultaba en la ciudad de Tokio, a pesar de ser temprano. En su auto, a pocos metros de la clínica donde reposaba Seiya, Saori rememoraba la propuesta de su hermano. Se detuvo unos momentos, pues debía mostrarse lo más calmada posible antes de enfrentar a cualquiera de sus amigos. Tenía que tomar una decisión lo más pronto posible, pero a la verdad no tenía muchas opciones.
Flashback
- No tiene sentido Apolo. Me dices que ni la misma Artemisa pudo abrir el ataúd, y estaba en el Olimpo. Yo ahora tengo esta forma humana, eso me coloca en un nivel más bajo. Si aun tú no pudiste liberar a Leto, ¿Qué te hace pensar que yo podría hacerlo?
- Se te ha pasado un detalle Atena: Zeus, Tifon, Epimeteo y mi madre son descendientes directos de los Titanes. Vienen de una línea de sangre pura, y es a ellos los que amenaza directamente este objeto mágico – dicho esto se sentó de nuevo en su sillón, y contemplaba a la joven estudiando cada uno de sus movimientos.
Saori coloco una de sus manos en su frente. Estudiaba la situación pero aun faltaba algo- si eso es cierto, tu y yo no estamos en las mismas condiciones. Mi madre era una ninfa de rio, la línea de sangre de titanes se debilita allí…
- Tienes razón. Pero tú naciste directamente de la cabeza de Zeus. Si Metis participo en tu concepción, su casta fue desplazada por la naturaleza de nuestro padre. Tú te presentas como la partenogenética hija de Zeus, la más pura de cualquiera de sus hijos. Sera sencillo: abres la tumba, mi madre sale, y tu… bueno... te quedaras allí por un tiempo. Quién sabe, seguro que tus caballeros encontraran la forma de sacarte de ahí. Yo no me opondré a eso.
La ultima parte de su declaración, sonó tan falsa como el vuelo de un pavo. Sabía que los caballeros no se quedarían de brazos cruzados, pero la tierra estaba de por medio. Y Seiya. Salvaría su vida, para que el la arriesgara por ella otra vez.
La joven agacho la mirada, para al fin dar unos pasos hacia su hermano. El sintió su respiración agitada, y lo entrecortado de su voz cuando replicó – Estoy de acuerdo. Se hará como tú dispongas.
El la contempló por un instante, y en un golpe de remordimiento le dijo – No tienes que hacerlo ahora. Tienes dos días. Haz lo que tengas que hacer, y después vuelve aquí. Tal vez quieras despedirte.
Un ligero golpe en el vidrio la hizo volver en sí. Era Miho, junto a Erii que se dirigían al mismo sitio – Señorita Saori, ¿se encuentra bien?
Ella sonrió levemente y se animo a salir.
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De vuelta a la Isla Delos, Príamo insistía a su hermano que le contara como le fue la noche anterior en su salida con Poseidón y Apolo. Perseo llego esa mañana, pero el dios de la luz, llego hecho una furia, y se encerró en el cuarto.
- No te hagas de rogar, soy tu hermano mayor Perseo. Además, puedo hacer que aumente tu dolor de cabeza.
Ante aquella amenaza, el guerrero de cabellera azul comenzó a contar…
En una de las discotecas más exclusivas de la ciudad, se encontraban tres galanes que no pasaban desapercibidos: El adinerado Julián Solo, el desconocido pero muy apuesto heredero de cabellos rojizos, y el Arcángel Perseo, que se sentía en el paraíso entre la música y las bellas mujeres. Olvidando sus responsabilidades de guardaespaldas, se divertía con Julián y un grupo de jóvenes chicas, bellísimas y desenfrenadas, que harían temblar hasta a un monje. Bebidas iban y venían, la música y las luces eran abrumadoras, y era claro que el grupo de jóvenes iban a todo menos a bailar.
Una hermosa morena, se fijo en el apuesto de cabello rojo. Su elegancia y delicadeza, era demasiado provocativo para ella. Lo asedio por un buen rato, y no se alejaba ni por un minuto. Sentada a su lado, estaba tan encima de Apolo, que él tenía que hacer un rodeo para llevarse la bebida a su boca, pues sus grandes senos obstaculizaban el camino. Su tío miraba la escena divertido, y en momentos le hacía señas para que aprovechara la situación. Absurdamente, él de momentos pensaba en la princesa de ojos grises. Aunque no admitía que sentía algo por ella, la comparaba con cada una de esas extrañas y libertinas mujeres, y la hija de Odín era superior en todos los aspectos. El era un hombre que gustaba de salir a la "caza", y el estar rodeado de esas lobas al acecho, le demostraba que la tierra había cambiado mucho para su gusto. En verdad no estaba de ánimo, pero no hallaba como salir de la situación.
Tuvo que salir de sus pensamientos. La mujer aburrida de sus evasivas, lo arrastró a la oscura pista de baile, esperanzada que con sus caricias, el joven se animaría a darle lo único que deseaba en ese momento. Aunque no estaba muy a gusto, el ambiente lo envolvía, y la belleza aferrada a su cuerpo, empezaban a transportarlo a sin fin de sensaciones pausadas para él. Sus labios comenzaron a rozarse, y mecánicamente el coloco sus manos en la cintura de la joven. Ella, tratando de impresionarlo, susurro a su oído: Tú me encantas guapo… no puedo esperar… ¿sabes? no llevo nada debajo…
Apolo en vez de emocionarse se congeló. La mirada llorosa de la sacerdotisa, que esa tarde lo confrontó en el palacio de Odín golpeo su mente, y se sintió asqueado por lo que estaba a punto de hacer. Beso apasionadamente a la joven, hasta casi dejarla sin aliento, y sin esperar respuesta le dijo: Disculpe. No estoy interesado.
La mujer indignada, intento abofetearle, pero con solo mirarle a los ojos quedo aterrada. Algunas lágrimas brotaron y se refugió entre sus amigas. Su tío no se dio cuenta al momento, pues dos de las damas lo tenían ocupado, pero al rato vio a su sobrino en plan de retirada. El dios, buscaba a Perseo entre la multitud, hasta que lo vio colgando del techo en una jaula con una stripper. Iba a descargar su ira en el joven, cuando una de las amigas de la morena, comenzó a gritarle por su actitud en defensa de su amiga. Poseidón cuando se acerco a Apolo, solo escucho cuando la joven le grito: ¿Qué diablos te pasa? ¿Acaso te gustan los hombres?
Se sintió un temblor en el sitio nocturno, que hizo que momentáneamente se cortara la electricidad. Al restablecerse, no había rastros del dios sol, y la ofuscada amiga estaba desmayada en el suelo sin razón aparente. Perseo, lastimosamente intento seguir a su señor, pero Julián le detuvo – Déjalo solo. Quédate conmigo, yo me hare responsable de ti. Es lo mejor.
Y la música resonó más fuerte que antes.
Fin del flashback
