Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.

Hola, nueva viñeta, espero que siga sea de su agrado la historia.


Viñeta 11: Remembranza.

—No vuelvas a intentarlo –le regresé su abrigo y fui hasta mi auto.

No ebrio al menos, pensé, mi respiración se agitó en el interior del automóvil, pude dejarlo besarme, moría porque lo hiciera, pero si lo dejaba, mi bonita mentira caería frente a mis ojos y no podía hacer más que perderme en él, olvidarme de todo el resto, era ir de un extremo a otro, dejarme consumir por alguien nuevo, me iba a negar a eso.

Le sonreí a mis padres cuando bajé a desayunar, seguía en pijama, algo bastante extraño, desde que había dejado de vivir con ellos no tenía permitido bajar a desayunar en pijama.

—James, avísale a Ted que baje a desayunar –ordenó mi madre.

—Que vaya Albus –se quejó James frunciendo el ceño.

—Que vaya Lilu –se encogió de hombros mi hermano.

—Yo soy una invitada solamente –me reí y llevé un poco de mi waffle a mi boca.

—Ve por él, Harry.

—Déjalo dormir –pidió mi padre –llegó bastante tarde anoche –informó, mastiqué lentamente.

—Bien, le tocará hacerse el desayuno él solo.

—Puedo hacer su desayuno –me ofrecí un poco culpable, no debí dejarlo ebrio en ese lugar.

—Gracias –me sonrió mi madre.

—He visto tus flores y están un poco secas, las arreglaré también, no tengo mucho que hacer –sonreí.

—Eres un sol, más que una Luna –me besó en la frente mi hermano James.

Salí al jardín después de que ellos se fueron, organicé los materiales de jardinería, me tomó una hora pensar de qué manera quedarían mejor, y me acordé de que Ted seguía en casa cuando la ventana del que solía ser mi cuarto tenía la cortina corrida, dejando solo la tela blanca que permitía el pazo de los rayos de sol.

Subí un poco enfadada conmigo misma, posiblemente él seguía enfadado conmigo y lo mejor era no molestarlo, pero me encontré a mí misma viendo las fotos de cuando tenía quince años en la repisa color rosa pastel, reí divertida.

—No deberías estar aquí –me sobresaltó el escucharlo en la puerta.

—Vine a preguntar si quieres desayunar, papá dijo que te dejaran dormir porque habías llegado tarde y…

—No tengo hambre –gruñó enfadado, pero se aclaró la garganta al verme, así que me observé a mí misma.

—Es un short –aclaré –de ninguna manera son calzones –reí.

—No es como si fuese mi incumbencia como andas por la casa, sé que solía ser tu habitación, pero no deberías estar aquí, no creo que a él le guste saber que estuviste aquí.

Caminé hasta la ventana y me escondí bajo el tul blanco, como cuando pretendía esconderme de mi madre, antes funcionaba, su sonrisa dulce lo confirmó.

—Luces como una chiquilla –rió –no sé si son tus trenzas o las calcetas rayadas hasta las rodillas.

Volví a auto inspeccionarme, no le encontraba nada malo a mi ropa de dormir, era un short corto, las calcetas y mis trenzas que llegaban debajo de mis senos sin sostén.

Levanté la vista cuando llegó hasta mí, quitó el tul que nos separaba y sus labios se pegaron a los míos de una forma tan suave que me descolocó por completo, su dedo pulgar acarició mi garganta, rompió el beso descendiendo por mi mentón hasta mi pecho.

—No –me alejé de él deteniéndome frente a la repisa.

—Eso debiste decirme hace diez años –gruñó, lo observé sentarse sobre la cama individual –cuando realmente no significabas nada más que la pequeña hija de mi padrino, no ahora, que desde que te vi en la casa de ese vestida así, tan atractiva, no he podido quitarte de mi cabeza, me estás volviendo loco, Lily, y mientras más me ignoras más intenso se vuelve, te deseo y sé que no es correcto porque…

—No sigas –le pedí.

—No es tan fácil y menos si vienes aquí casi desnuda –gruñó.

Fui hasta él, me hinqué en la cama, dejando sus piernas entre las mías y su rostro en mi estómago, él me sujetó las caderas, pegando su cara a mi abdomen, besando mi vientre y subiendo hasta mis pechos.

—Cómo es que tuve que notarte –gruñó.

Bajé el rostro y lo besé, sabía lo que él quería, revivir aquella noche de hacía diez años y volver a olvidarse de mí por otros diez, no importaba, sus palabras y sus labios pegados a la piel desnuda quemaban en mí, deseaba a Teddy incluso más de lo que él me deseaba a mí, y podía casi jurarlo.

Esta vez va a ser más fácil. Pensé cuando sus manos acariciaban mi espalda y me sujetaba cerca de él, mientras me movía lentamente, mi boca estaba abierta y mi respiración era agitada, como nunca antes había estado, sus labios estaban pegados a mi clavícula, mis dedos se aferraron a su piel desnuda, estábamos sudorosos, moví mis caderas un poco más rápido, gemí ante la sensación de placer que su miembro en mi interior me hacía sentir, lo escuché gruñir.

—Lily –me llamó, así que me alejé un poco de él y me besó, no detuve el movimiento de mis caderas sobre su erección, tener a Teddy en mí era mucho mejor de lo que recordaba.

Me quedé sobre él, albergándolo en mi interior a pesar de que me informó de que había terminado, el condón no me dejó sentirlo, levantó el rostro para besarme.

Me acarició suavemente y me dejó debajo de su cuerpo mientras su miembro salía de mí, se quitó la protección y fue a tirarlo al inodoro.

Lo observé mientras limpiaba mis entrepiernas con la toalla húmeda.

—No me creo capaz de poder dejarte ir con él –me besó, dejándome tensa ante la idea, él ni siquiera había venido a mi mente en ningún momento mientras le era infiel.

—Esto fue un error –me levanté rápidamente.

Dejé que el agua se llevara todo rastro de Teddy en mí, no podía volver a suceder, por más que mi cuerpo lo pidiera, por más que toda yo lo quisiera mío.