A partir de ahora la historia dará un giro inesperado. Espero que os guste el cambio que dará la historia. A mí, personalmente, sí me gusta (Claro, porque soy la autora. Jeje)

PASAD Y LEED

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Capítulo XI

Secuestro

Lucius Malfoy apoyó la rodilla en el suelo y agachó la cabeza ante una figura encapuchada, que lo observaba a través de la negra capucha. Temblaba de arriba a abajo y sus ropas estaban completamente empapadas a causa de la fuerte lluvia. En ningún momento osó levantar la cabeza.

-Mi señor, ¿en qué puedo serviros? –preguntó con voz temblorosa.

-¿Qué edad tiene tu hijo, Lucius? –preguntó una fría voz, justo delante de él.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Lucius. Y no temblaba de frío precisamente.

-Diecisiete, mi señor –respondió con un hilo de voz, sin moverse ni un ápice de su posición.

Un tenso silencio se hizo en aquel oscuro cementerio. El viento soplaba con fuerza y las gruesas gotas de lluvia continuaban cayendo sobre las dos figuras que en aquel momento se encontraban allí.

-Lo quiero con nosotros –se limitó a contestar la figura encapuchada.

Lucius se convulsionó ligeramente.

-Mi señor, con todos mis respetos... ¿no creéis que es demasiado joven? –inquirió Lucius en un susurro apenas audible.

-¿Pones en entredicho mi palabra, Malfoy? –preguntó con suavidad el señor Tenebroso.

A pesar de que en ningún momento había alzado la voz ni había dado muestras de enfado aparente, el terror se apoderó de Lucius Malfoy. El miedo comenzó a extenderse por sus venas. Un miedo y un terror irracional.

-Por supuesto que no, mi señor. Se hará como vos deseéis –se apresuró a corregirse Lucius, temblando violentamente.

-Bien. Ya sabes lo que tienes que hacer –le dijo el que no debe ser nombrado al hombre que se encontraba postrado ante sus pies.

Y dicho esto se evaporó como el aire, dejando tras de sí un pequeño rastro de neblina. Una neblina oscura, casi rozando el negro.

Lucius permaneció arrodillado unos segundos más, sin atreverse a moverse. Notó como las piernas no le obedecían y, al intentar incorporarse, cayó al suelo. La lluvia le empapaba el pelo y las gruesas gotas recorrían el rostro del mortífago, congelándole hasta los huesos.

Sin poderlo evitar, se tapó la cara con ambas manos. Y allí, rodeado de tumbas y muertos, lloró en silencio. Como un niño asustado.

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Hermione bostezó perezosamente. Releyó en voz alta la extensa redacción sobre bubotubérculos que debía entregar la semana que viene a Snape. Sonrió al pensar en cómo se las apañarían Ron y Harry ahora que era Draco el encargado de ayudarlos con los deberes. Se imaginó al rubio intentando corregir las faltas ortográficas de Ron y una sonrisa se dibujó en su rostro. Imposible.

Se encontraba tumbada en la cama, con un par de libros abiertos, y con la pluma y el tintero encima de la pequeña mesita que había a su derecha.

Estaba completamente sola en el dormitorio. Zabini había quedado con no sé que chica de Ravenclaw y Crabbe y Goyle habían ido a gorronear a las cocinas del castillo. Así que aprovechó la tranquilidad del dormitorio para avanzar faena.

Pero la calma no duró mucho. Un pequeño escalofrío subió por la médula de Hermione, obligándola a dejar el pergamino sobre la cama. Sin saber muy bien por qué, comenzó a inquietarse. Tenía una mal presentimiento.

No tardó en descubrir por qué. Ante sus ojos se apareció Lucius Malfoy, provocando que la Gryffindor casi se cayera de la cama a causa de la impresión. Estaba completamente empapado y la expresión de su cara denotaba una profunda preocupación. El mortífago contempló a su hijo con expresión indescifrable en el rostro.

Hermione, recuperada del susto inicial de tener al mortífago frente a frente, lo miró con expresión interrogante. ¿Qué diablos hacía Lucius Malfoy en Howarts?

-Se acabaron las dudas, Draco. Necesito que te decidas ya –dijo Lucius con decisión, sin ni siquiera saludar a su hijo.

Hermione no entendía nada. No sabía a qué se refería aquel hombre, pero intentó aparentar tranquilidad. No era el momento de dejarse llevar por los nervios.

-Mis dudas aún no se han disipado. Necesito más tiempo. Concédeme unos días más –improvisó la muchacha, sorprendiéndose a sí misma.

Tenía la esperanza de que Lucius se fuera y volviese cuando Draco hubiese vuelto a su cuerpo. Por fuerza el rubio tenía que saber a qué se refería su padre. Pero algo en la cara del Malfoy le indicó que no pensaba irse tan fácilmente.

El hombre, que había dejado un pequeño rastro de agua tras de sí, se acercó a su hijo y le posó una mano en el hombro. Hermione estuvo tentada de apartarse, pero permaneció allí, sentada en la cama, sosteniéndole la mirada al mortífago.

-No puedo esperar –se limitó a decir el hombre con amargura

Y acto seguido sacó su varita, colocándola ante las narices de Hermione. La muchacha estuvo tentada de sacar su propia varita, que en aquellos momentos se encontraba en el bolsillo izquierdo del pantalón, pero no le dio tiempo. Una sensación de adormecimiento comenzó a apoderarse de ella, sin darle tiempo a nada. No podía creer que Lucius estuviese intentando dormir a su propio hijo. ¿Por qué un padre iba a hacer algo así?

Lucius contemplaba como su hijo iba cayendo presa de un profundo sueño sin ni siquiera inmutarse. Pero algo en la cabeza del mortífago le obligó a apartar la vista del muchacho rubio.

-Sí, mi señor. Todo está listo –comenzó a hablar Lucius.

Le dio la espalda a la muchacha y se colocó mirando a la pared, como si allí hubiese alguien que tan solo él podía ver. Parecía que hablase solo y, por un momento, Hermione pensó que se había vuelto completamente loco. Pero la sensación de aturdimiento cada vez era mayor. Tenía que hacer algo mientras aún estuviese consciente. No se veía con fuerzas de realizar ningún hechizo y los párpados comenzaban a cerrársele.

-Sí, mi señor... –Lucius seguía hablando solo como si tal cosa.

Hermione llegó a la conclusión de que estaba manteniendo contacto telepático con alguien. La muchacha no pudo evitar sorprenderse, pues la telepatía era magia muy avanzada. Meneó la cabeza, intentando despejarse, pero no lo consiguió. Frustrada e incapaz de mantenerse despierta por más tiempo, agarró la pluma del tintero y en un último esfuerzo escribió algo con letras grandes en un margen del pergamino donde segundos antes había escrito su redacción.

-Está bien, mi señor. No os defraudaré –prometió Lucius, dando por finalizada la conversación.

Cuando se dio la vuelta, pudo ver que su hijo se encontraba ya profundamente dormido, con el brazo colgándole por el costado derecho de la cama.

Avanzó con paso decidido y se cargó a Hermione al hombro con una facilidad increíble, teniendo en cuenta que el cuerpo de Draco pesaba lo menos 65 kilos.

-Lo siento, hijo –murmuró el mortífago segundos antes de desaparecer de allí con Hermione.

Y parecía cierto que lo sentía.

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Ya sé que s un poco corto. Lo sientooo. Es que no he tenido tiempo de extenderme más. Pero en mi defensa tengo que decir que sólo he tardado tres días en actualizar.

Bueno, ya os dije que la historia iba a tomar un rumbo inesperado. ¿Me comentáis qué os ha parecido?

¿Qué querrá hacerle Lucius a su hijo? ¿Qué hará Hermione para librarse de tremendo follón?

Lo sabréis en el próximo capítulo. (sonido de tambores de fondo)

Lyann