Nunca había estado en esa casa. Era extravagante y eso lo decía un hombre que al principio de su carrera estuvo en el mundo del visual kei, pero, incluso para él, esa casa era demasiado. Suspiró cansado, ¿ahora qué nuevo argumento, o preocupación lo había traído hasta allí? Solo tendría que esperar un poco para enterarse. Pero antes de tocar, la puerta ya se estaba abriendo y se quedó con la boca abierta cuando miró a Sebastian vestido de mayordomo de la época victoriana. Con una alegre levita de colores azul metálico, camisa blanca, pantaloncillos dorados y una extraña peluca blanca en la cabeza, le indicó muy solemnemente el camino.
—¡Buenas tardes! ¡Vaya!, esto parece un consejo de guerra —dijo tomando asiento en el único sillón que quedaba libre en esa atestada sala, mientras que al mismo tiempo ocho pares de ojos se volteaban a verlo.
—¡Buenas tardes, Fuwa-kun! —respondió Kuu primero que nadie.
—Vayamos al grano, ¿me pueden decir, si son tan amables, a qué se debe esta reunión secreta? —miró a cada uno de los presentes, ya sabía de qué querían hablar, pues no podría ser otro tema que la propia Kyoko.
—Se trata de Kyoko —respondió nuevamente Kuu un poco molesto, aunque sabía cómo había cambiado el cantante desde la muerte de su hijo, aún le reprochaba la actitud hacia ella y todo lo que la hizo sufrir en el pasado. Ella era su niña y no podía olvidarlo con facilidad. Por otro lado, también tenía que aceptar que Sho se preocupaba genuinamente por Kyoko y su nieto, aunque este último fuera el hijo de su rival. Así que a regañadientes lo invitó a ser parte de esa reunión de emergencia.
—Hizuri-san, no soy tonto, sé que se trata de Kyoko. ¿De qué otra forma estarían los dueños del Darumaya, Amamiya-san, Kotonami-san, Yashiro-san, usted y su esposa y el propio Takarada en persona reunidos? —suspiró, ¿cuándo iban a dejarla respirar un poco a su tiempo? Se pasó la mano por el cabello—. Lo que no entiendo es la razón de esta reunión.
—Estamos muy preocupados por Kyoko —respondió seria Kanae—. Ella no es la misma. No ha podido superarlo —los ojos del cantante se abrieron por completo y volteó a ver a Yashiro, quien le devolvió la misma mirada incrédula.
—Entiendo —fue la única palabra que logró articular, aunque en verdad no entendía nada, ¿qué era eso de que no podía superarlo? Kyoko tenía a una increíble cantidad de personas rondándola, mañana, tarde y noche, que la querían y se desvivían por ella y su hijo.
—Quiere ir a verlo —terció otra voz.
—Pero eso no es todo —esta vez era Julie—, ella está muy extraña, ya casi no sonríe y las risas parecen que han muerto con él. Solo lo hace con su hijo, vuelve a ser ella misma solo con él. Se ha sumergido en su trabajo y las horas libres se las dedica a Ren. Nos preocupa su salud —Sho resopló fuertemente atrayendo la atención de Yashiro y Kuu quien se levantó molesto.
—Mira, tú, cantante de cuarta, si te estamos molestando con esto, la puerta está allá atrás de ti y eres libre de usarla —Sho se levantó del sofá pero en vez de dirigirse hacia la puerta se dirigió lentamente hacia Kuu y Yashiro quien se había levantado para detener al actor.
—¿Preocupados? Por favor, parece que aquí el único sensato es Yashiro-san —alzó un poco la voz exasperado—. Corríjanme si me equivoco, pero ¿acaso Tsuruga, es decir, Hizuri Kuon, no fue el amor secreto a voces, de Kyoko por casi cuatro años antes de que se le declarara?, ¿no decían todos que era una pareja hecha en el cielo?, ¿la pareja perfecta? ¡Por todos los dioses!, escúchense a ustedes mismos, en menos de un año, Kyoko pasó de tener una vida perfecta y ser la esposa de su gran amor a ser viuda y futura madre soltera. De vislumbrar un futuro al lado del hombre a quien amaba más que a la vida misma a tener que criar a su hijo sola, sabiendo que ninguno de los dos podrá conocerse nunca. De ser una mujer completa a otra vez ser la muñeca rota pero esta vez al parecer sin remedio, porque la otra parte de ella nunca volverá y eso lo tienen que entender todos.
Yashiro estaba anonadado, nunca creyó que el antiguo ególatra de Fuwa Sho fuera el que les dijera sus verdades a ese grupo, él había tratado de decírselo y hacérselo saber pero no lo escuchaban. Él sentía que estaban ahogando a Kyoko sin dejarla llorar su pena a profundidad. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Sho prosiguió.
—Creo que todo esto se debe a que pronto se cumplirá el primer año de su muerte, ¿cierto? —su mirada fue a parar a la mujer que estaba muy cerca suyo, Julie estaba sollozando quedamente, pero las lágrimas resbalaban sin control por su mejillas. Así que bajó su tono y se acercó a ella—. Hizuri-san, perdóneme, mi forma de hablar no ha sido la correcta, pero pónganse en el lugar de Kyoko, desde el accidente, ninguno de nosotros la ha dejado en realidad sola, todos hemos estado en algún momento pendiente de ella y su bebé. Y en cierta forma, todos la han tratado con pincitas ¿no es cierto? Para no lastimarla, para que no recuerde. Pero ella necesita recordar y llorar su pérdida. Ustedes han perdido a un hijo y un amigo, pero ella ha perdido mucho más y no puede deshacerse en llanto por miedo a preocuparlos, seguramente ante ustedes ella siempre fuerza una sonrisa. Ella es mucho más fuerte que todo esto y saldrá adelante, solo denle un poco de espacio.
En ese momento Kuu hizo algo que nunca creyó hacer, fue hasta el joven y le puso la mano abierta sobre su hombro y dejó caer la cabeza en asentimiento y resignación, Sho se queda sin palabras pero asiente también sabiendo el gran honor que el actor le hacía.
—El chico tiene razón —la voz grave del Taisho rompió el silencio—. Ella tiene que llorarlo y descargar toda su tristeza y qué mejor que lo haga ante él, en su tumba.
—Entonces la acompañaremos.
—No —antes de que Sho pudiera decir eso mismo, alguien se le adelantó—. No, eso tiene que hacerlo ella sola, no podemos acompañarla —dijo con firmeza Yashiro—. Sé que todos queremos ir con ella, pero Fuwa-san tiene razón, esto debe hacerlo ella sola o con su hijo, pero nadie más.
—Pero no podemos dejarla ir sola, ¿cómo va a manejar ella en ese estado? —preguntó Chiori preocupada.
—Ella está rota, pero necesita llorar para volver a reconstruirse y no lo podrá hacer con nosotros revoloteándole a su alrededor —se unió Sho a Yashiro en su decisión.
— ¿Y tú lo sabes porque...? —preguntó Kuu molesto ante la firme negativa de los dos hombres.
—Lo sé porque yo fui uno de los primeros en romperla —dijo mirándolo a los ojos pero con un toque de amargura y arrepentimiento en su voz.
—Dejando eso de lado —interrumpió Yashiro— si a ustedes les preocupa que Kyoko-chan maneje, entonces yo la acompañaré —ante la mirada irritada de Kuu, por no poder ser él quien la llevara, prosiguió—. Yo la acompañaré al cementerio y me quedaré a cierta distancia por si ella necesita ayuda después, no la dejaré completamente sola pero lo suficiente para que se desahogue.
—Pero nadie más, entiéndanlo de una buena vez, ella necesita hacer esto sola... —les dijo Sho, mirándolos a todos.
La reunión terminó con el asentimiento de los presentes pero antes de que Sho se retirara, Yashiro lo detuvo.
—Fuwa-san, muchas gracias.
—¿Por qué? — preguntó extrañado el rubio.
—Porque yo intenté decirles eso mismo muchas veces, pero parece ser que necesitaban escucharlo de alguien más aparte de mí y sé que te preocupas mucho por Kyoko-chan y sé también que la quieres.
El rubio asintió con la cabeza y se dio media vuelta hacia la salida con las palabras del mánager en su mente.
