CAPITULO 10
"Y aunque éramos de distintas galaxias,
su fuerza de atracción me sacaba de órbita"
El frío se colaba a través de sus huesos de forma tan hostil que creía que su sistema nervioso estaba sangrando. Se levantó del suelo entumecido, pero volvió a caer. Levantó un poco su cabeza, logrando percibir el olor a tierra húmeda y hierba mojada muy cerca de su nariz. Se levantó por completo, estirando sus largas piernas y abrazándose a sí mismo, intentando darse calor.
Debía refugiarse en algún lugar, una pequeña nube de vaho salía cada vez que el exhalaba y cada vez que inhalaba, el aire frío le lastimaba la nariz. Miró a su alrededor, tratando de ubicarse a través de la oscuridad. Nada. Estaba perdido, en medio del frío, en la intensa maleza de un bosque que desconocía. Avanzó, debía calentarse; era en estos momentos en el que apreciaba pesar 130 KG en puro músculo y medir 180 cm, a pesar de llevar una chaqueta un tanto ligera, el calor que esta conservaba era perfecto considerando el que él emanaba. Su cabello negro estaba sucio, pero eso a él poco le importaba.
Era de noche y el solo veía lo mínimo, la luna era ocultada por las grandes y altas copas de los árboles, sin embargo, mucho más adelante, la luna se hizo presente gracias a su reflejo en el agua. Esta estaba un poco cristalizada y tranquila, se acercó un poco tratando de aclarar la visión. Una vez frente al pequeño riachuelo, pudo ver un puente antiguo que permitía el paso al otro lado y, junto al puente había un letrero que no alcanzaba a leer.
Caminó con rapidez, el frío ya empezaba a hacer estragos en su cuerpo. Al acercarse, logró ver el letrero de "No pase", sin embargo él no lo obedeció.
La situación se le hacía familiar pero a la vez desconocida, cuando cruzó, una neblina bastante espesa surgió de la nada. Trató de adaptar sus ojos y siguió avanzando, el frío era cada vez mayor. Era estúpido si paraba, ya había cruzado y si se detenía moriría congelado, ya habría algún destino al cual llegar.
Los minutos pasaban, hasta que pudo ver a través de la neblina lo que parecía ser antorchas. "Bingo", pensó. A pesar de la rigidez de su cuerpo a causa del frío corrió, no le importo el pinchazo de dolor de sus rodillas.
La mansión era antigua, estilo oriental, iluminada de antorchas recién colocadas a juzgar por su aspecto. Era seguro que alguien vivía allí, así que tomó una antorcha y entró a la mansión.
La calidez era ridícula comparada con el frío de afuera, sin embargo no le dio importancia. Se adentró poco a poco en la mansión iluminada. Había puertas por doquier, pero extrañamente ya sabía a donde ir, caminó en línea recta hasta llegar a una puerta doble de papel, la deslizó tembloroso, dudando… desconfiando.
La habitación estaba iluminada únicamente con dos antorchas, cada una colocada cuidadosamente en el centro de la habitación, iluminando poco y a la vez mucho. La habitación estaba adornada con cuadros, exactamente 8 cuadros, pero el único que podía ver –o más bien, distinguir- era el de una mujer que se encontraba de espaldas acariciando a un Pegaso. En la pared, una extraña bestia de color azul serpenteaba hasta detenerse justo en la pared donde se encontraba el único mueble, un diván.
Justo en el diván había una mujer vestida con una yukata negra con flores azules, unas gardenias; sus piernas eran tan pálidas que parecía papel cruzadas una sobre la otra, una belleza casi vampírica por lo que pudo observar a través de la poca iluminación. Su contextura delgada la hacía ver frágil a la vista, y la delicadeza de su silueta hacía parecerla una muñeca. La chica llevaba los pies desnudos, por lo que él pudo percibir levemente una cicatriz serpenteando sus tobillos. Finalmente, trató de mirar su rostro. No pudo. Las antorchas no iluminaban lo suficiente para ver su rostro, sin embargo, un sentimiento lo invadió. No supo que era exactamente, pero era tan fuerte que sintió ganas de llorar. Quedó hipnotizado por la silueta de su rostro esperando poder identificarla…
La chica abrió lentamente sus ojos y él los ensanchó, de inmediato, como si su cuerpo pensara por sí mismo, cayó de rodillas. Su cuerpo había reaccionado solo y un pensamiento en su subconsciente nació; un sentimiento que no supo describir por la desorganización de ideas, sin embargo, él sabía que hacer: inclinó su cabeza, la barbilla casi tocándole el pecho demostrando respeto ante la criatura de ojos azules brillantes… como el Neón… como los arándanos.
Un grito sordo se escuchó, alzó su mirada y vio, a dos centímetros de sus rodillas una médula ósea, levantó un poco más la vista y vio a la mujer tendida en una piscina de sangre, con un agujero en su espalda y, justo en el diván, lo único que vio fue una garra, del tamaño de la pata de un elefante adulto, de color verde muy oscuro desaparecer aun goteando la sangre de la mujer a través de la oscuridad.
Rei se levantó en una piscina de sudor y con una –cómo no- fuerte migraña. Con dificultad desenrolló las sábanas alrededor de su metro ochenta y cinco. Miró la hora: eran las 8:45. Sonrió un poco, había dormido más de lo habitual y eso ya era un logro para él. Se quitó sus ropas empapadas de sudor y las echó en el cesto de ropa, quedaba poco tiempo para encontrarse con Kabuto y no quería llegar tarde y verse incompetente.
Alborotó su cabello para despertarse: él tenía esa rara superstición de que a través de las fibras del cabello se podían controlar los demás miembros del cuerpo a través del sistema nervioso. Por lo tanto, él se sacudía el cabello con la esperanza de que ese movimiento enviara choques electromagnéticos a todo su sistema y lograra desperezarse por completo. "Tonto, pero efectivo" eso era lo que solía pensar.
Caminó hacia el cuarto de baño, pero justo antes vio su reflejo en el espejo de cuerpo entero que había en su habitación por el rabillo del ojo, inmediatamente se detuvo. Caminó lentamente hacia él y se miró: Tenía ojeras de nuevo, el pelo revuelto y el cuerpo adornado en perlas de sudor.
Rei concentró su atención en la cicatriz que tenía en el pectoral derecho, cerca al corazón: Unos pequeños espirales amontonados formando un círculo. Por un momento se quedó mirando la cicatriz, intentando descifrar el misterio tras de sí. Un sonido lo sacó de sus pensamientos, era el reloj avisando que faltaban diez para las nueve. Rei se apresuró, no quería llegar tarde.
El olor putrefacto era tan fuerte que ya se hacía necesario el uso de máscaras de gas. Sasuke se acercó a la piscina de fluidos y miró cómo descendía a medida que lo vaciaban. Ya habían tomado 35 muestras de esa sangre, quizá la necesitarían.
- Señor – un forense se acercó a él y le dijo- Estos son los informes de los cadáveres que el Wellice ha podido identificar –señaló la buena montaña de papeles que sostenía – Naruto-sama solicita su presencia. ¿Dónde quiere que le deje los informes?
Sasuke miró por encima del hombro del forense buscando a Naruto. Lo halló en la camilla metálica que se encontraba fuera de esa "habitación".
Gracias – Sasuke hizo un ademán al forense para que le entregara los documentos – Por favor, haz que el Wellice envíe estos datos a mi ordenador.
El forense asintió y se retiró. Sasuke se dirigió hacia donde se encontraba Naruto, puso los documentos en la camilla –que Naruto estaba utilizando como mesa- y le dijo:
- Desde hace dos años y medio, me habían estado reportando acerca que en las zonas más apartadas de Japón, estaban ocurriendo extrañas desapariciones de jóvenes. La cosa se extendió tanto que ya no era solamente en ese lugar, sino que se daban en zonas pobladas como Sapporo y Tokyo. Di una orden de rescate, pero las personas simplemente desaparecían. La gente creía que se trataba de alguna clase de maldición – Sasuke frunció el ceño – Fueron mil quinientas personas desaparecidas, por lo menos las reportadas; pero, en un momento a otro simplemente se detuvo.
Naruto dejó de leer los documentos y miró a Sasuke.
-Sí, también estaba pensando en eso. Sin embargo, tú eres el único que puede confirmar esa información. El Wellice no tiene permiso para acceder a tu ordenador, pero podría hacerlo.
Sasuke se quedó pensativo. Naruto prosiguió
-¿Sabes qué es más extraño? Que todos los cadáveres están secos, literalmente. La piel pegada a los huesos, como si los hubiesen degollado para desangrarlos. Pero no tienen ni un solo corte.
- Eso lo confirmarán los forenses – dijo Sasuke.
- Sí, pero tomará su tiempo. Y mira –Naruto se acercó a la pared. Ahí reposaba una camilla, en ella, un cadáver cubierto de pies a cabeza con una manta blanca. Narutó lo descubrió, revelando la cara pálida de una chica, rubia… joven.
Naruto revisó sus ojos, color azul acuoso.
- Según el informe, su nombre es Yamanaka Ino. Huerfana. Vivía en Osaka. Como nadie la cuidaba, nadie se percató de que fue secuestrada. Necesito que revises también los expedientes de los orfanatos y centros de rehabilitación, y correccionales también. Debemos identificarlos todos. – Naruto la descubrió por completo. El cuerpo de la chica, externamente estaba completo y limpio.
- Es la única mujer ¿no? – Preguntó Sasuke.
Naruto puso su mano en la muñeca de la chica, inspeccionando.
-Sí, y la única qué no está sec... – Naruto se interrumpió a sí mismo y frunció el ceño.
Sasuke se tensó.
-¿Qué pasa? – Observó la dirección de la vista de Naruto, la joven había muerto con las manos empuñadas. -¿No me digas que..? Joder.
-Ayúdame – Naruto intentó abrir la mano de la chica. Sasuke tomó su pulgar y, suave pero firmemente empezó a tirar hacia arriba. El rigor mortis era jodidamente fuerte.
Luego de forcejear un poco, la mano de la chica aflojó un poco y Naruto pudo sacar una hoja de papel arrugada. Trató de alisar un poco la hoja.
-Parece una hoja de un expediente.
Naruto dejó de prestarle atención al leer el nombre de Hinata en la hoja.
- Oh, mi buen Dios.
La vista era espectacular. Hinata estaba en la torre quien-sabe-como-se-llama, en el tercer piso, en una sala de invitados. Dentro, había un balcón con la vista más espectacular que había visto. Desde allí, veía a los transeúntes pasar, algunos tranquilos, otros con prisa; los autos, había tantos autos como personas en aquella ciudad. Los edificios, tan altos como nunca hubiese visto. Pensó en como hubiese sido su niñez, donde había vivido, si en una pequeña casa o en una tan grande como aquella, en sus padres, en su familia… en Naruto.
Hinata no entendía por qué era tan amable el chico con ella. Le resultaba inusual ese tipo de tratos porque, vamos ¿Quién trata con amabilidad a una desconocida en estos tiempos?, era por esa razón que le resultaba peligroso. Sí, le había revelado información; sin embargo, eso apenas era la punta del iceberg. Si llegase ella a tener fundamentos para considerarlo peligroso, lo mataría.
No dudaría.
Tenía que matarlos a ellos.
-¿Y? – la voz de Aandeleb interrumpió sus pensamientos- ¿Qué te ha parecido el pequeño paseo?
Hinata no dejó de observar el panorama.
-Está bien – Aan arqueó una ceja.
-¿Eso es todo?
- ¿Uzumaki-san deja a sus empleados estar libremente por la casa? – Aan sonrió por la pregunta, la mujer era muy inteligente.
- Sí, siempre y cuando nuestros deberes estén hechos y no rompamos nada. Naruto es un jefe joven ¿sabes? Pero no por joven es estúpido – Aan le tendió un humeante té a Hinata. Ella aceptó.
- ¿Aan, Uzumaki-san siempre ha sido así?- preguntó de manera indiferente
-¿A qué te refieres?
-Digo, me recogió de la calle, y eso es raro… - Aan miró hacia el frente, viendo los rascacielos y la calle.
- Normalmente lo hace cuando ve a personas que lo necesitan – se puso de espaldas a las calles, mirando hacia dentro de la habitación – él me ofreció hospedaje luego de que una pandilla intentara eliminarme sabes –una sonrisa nostálgica apareció en sus labios – yo tenía trece y él diecisiete. A pesar de que prácticamente era un niño aún, tenía grandes responsabilidades. Esta siempre ha sido una casa grande que él ha ido llenando poco a poco, algunas personas ya estaban aquí mucho antes de que él llegara, pero había pocas. A los dieciocho Naruto-sama ya era el jefe de la red de justicia de todo Japón. Es un chico brillante y todos le queremos. Él ha ido construyendo una semifamilia con nosotros, sin embargo, todos sabemos que Naruto-sama está solo, de cierta manera que él no permite que nosotros lleguemos. Todos sabemos que tiene su lado oscuro.
Hinata escuchaba atentamente. Quería preguntar más, pero al parecer poco sabían de ese lado oscuro. Hinata quería entenderlo, por alguna razón que no comprendía.
-Siempre Naruto-sama ha tratado de llenar su soledad con mujeres, sin embargo – Hinata sintió la penetrante mirada de Aan sobre sí – desde que llegaste tú no ha habido ni una chica…
-¿Sabes para qué me trajo?- preguntó evitando que sacase alguna alocada conclusión
-Naruto-sama tiene una forma muy peculiar para pensar… es joven, sin embargo es realmente sabio. –Aandeleb se acercó un poco más a Hinata, sin invadir su espacio personal – La mayoría cree que eres su elegida.. –se inclinó un poco más – digo la mayoría, porque yo no. Me reúso.
Aandeleb se alejó y dejando a Hinata dudosa, cruzó la salita hacia la puerta, con intenciones de salir. Giró la manija de la puerta, pero antes de salir se volvió y, viendo por encima del hombro a Hinata dijo:
-Creo que puedo llegar a conquistarte –la comisura izquierda de su boca tiró hacia arriba – tengo esperanzas de que seas mía antes que de él – concluyó, le guiñó y salió.
Hinata no entendió muy bien el gesto, pero sí que sabía el significado de esa palabra que destilaba grandes y gruesos hilos de posesión. Hinata sintió una opresión en el pecho, un sentimiento de enojo que no era suyo, sin embargo, lo sentía desde lo más profundo de sí. Lo ignoró y salió hacia su habitación pensando las palabras de Aandeleb
Ella no era de nadie.
No le pertenecía a nadie.
Ni siquiera se pertenecía a sí misma.
La lluvia caía a grandes gotas. A Rei le pareció que el agua le rasguñaba la piel. Desde que estaba ahí, en el parque Babe, estaba experimentando un mal presentimiento. Era la primera vez que lo sentía y le resultaba tan repulsivo que se combinaba con su maldito dolor de cabeza.
Rei escuchó un ruido cerca de los arbustos y, dos segundo después, un hombre alto y corpulento de vestimenta blanca apareció. Tenía puesto unas gafas de sol a pesar de que ya había oscurecido. Había algo en ese sujeto que lo alarmó, algo que no era físico.
A Rei le daba la sensación de que el tipo era un monstro, pues una vocecilla en su interior se lo advertía, y Rei siempre fue fiel a sus instintos.
El hombre se acercó hasta él y le dijo:
-¿Eres tú RM? –Rei asintió y una pequeña sonrisa apareció en el rostro del hombre. Rei pudo apreciar un marcado acento francés en su voz.
-¿Tiene el paquete?
-Así es – Rei le lanzó la caja al tipo y este la verificó, sonriendo él dejó a la vista su agrado.
- Por lo visto tú no eres Kabuto ¿no? – comentó
-No, mi nombre es Fray, uno de sus subordinados. – Fray cerró la caja y, tomando un pequeño portafolios que traía bajo el brazo se lo lanzó a Rei. – Ha sido un gusto trabajar contigo, RM. Espero contemos con tu colaboración para nuestros próximos "pedidos".
Rei asintió y colocó el portafolio en el suelo. Lo abrió observando la cantidad de dinero entregada. Sonrió, sin embargo, no estaba satisfecho.
-¿Puedo saber para qué usaran eso? – Preguntó, dejando aflorar su curiosidad.
Pero para cuando alzó la vista, él se encontraba solo en el parque.
Era increíble. Era supremamente increíble que Naruto no hubiese revisado el cadáver. Kakashi insertó la llave y un panel fue liberado, colocó su mano y este hizo el escaneo digital. Luego de un pitido dando a conocer que el escaneo era aceptado, Kakashi escuchó el pequeño "clic" y abrió la puerta a regañadientes. Una cantidad considerable de vapor frío se escapó, pero luego se aclaró. Kakashi entró a la nevera y se puso el tapabocas y los guantes quirúrgicos, subió la temperatura del termostato a 13°. Por culpa del Jefe, ahora debía esperar a que el cadáver de descongelase, sin embargo, ese tiempo lo emplearía organizando sus herramientas y esterilizando los instrumentos. También, aprovecharía y releería el informe acerca del sujeto. Hasta ahora, todo estaba en desorden pero en orden.
La nevera era un lugar considerablemente grande y cómodo para la investigación. Estaba iluminado con lámparas blancas que le daban al lugar una sensación de pureza que a Kakashi le gustaba. En las paredes, de esquina a esquina, se hallaban divisiones de metro y medio de ancho por ochenta centímetros de alto cada una, ubicadas como si de cajones se tratasen enumerados del uno al treinta. Realmente eran cápsulas, donde se colocaba el cadáver y se cerraba para mayor conservación. En la nevera, cuando la puerta se cerraba y los sensores no detectaban ninguna fuente de calor humano, estos liberan en el aire considerables porcentajes de formol para evitarla descomposición acelerada del cadáver que, mezclada con frío, es mucho más efectiva y retrasa la rigor mortis en los cuerpos.
Kakashi buscó la capsula número 25 y la abrió. Un hombre de cabellos rojizos apareció ante él con el rostro y el brazo totalmente consumidos. Kakashi lo reconoció y jaló fuertemente de la capsula, en el lado inferior se desprendieron dos barrotes unidos entre sí que en sus puntas tenían ruedas, convirtiendo así la capsula en una camilla de transporte.
Lo ubicó en todo el medio de la sala y se acercó al lado derecho de la puerta en donde había una caja con los botones de mando. Kakashi pulsó uno y, desprendiéndose de su base en el techo, una lámpara lentamente se fue acercando al cadáver conforme él lo manipulaba. Cuando calculó que la luz estaba en el lugar perfecto, desactivó los sensores y cerró la puerta, dejando al cadáver descongelándose a la luz artificial.
Se dirigió a la cocina en donde Naruto guardaba en un gabinete especial los instrumentos que necesitaban. Kakashi no entendía por qué Naruto simplemente no guardaba los instrumentos en la nevera, en el cajón diseñado para ello. El chico decía que no era bueno, que se infectarían, pero él no le veía lógica. Se encogió de hombros mentalmente y continuó su camino en la cocina.
Cuando cruzó el umbral de la cocina se encontró con una chica de cabellos azulados bebiendo quien sabe qué cosa, alta y bien parecida. Kakashi supo quién era.
-Hol… - su saludo fue interrumpido. Sorprendido, miró hacia su costado izquierdo donde descansaba clavado en la pared el cuchillo que la chica había acabado de lanzar. Se alejó rápidamente.
-¿No crees que eso es grosero? – dijo Kakashi observando atentamente a la chica que miraba a la dirección opuesta a donde estaba él, por un momento Kakashi pensó que era ciega, pero descartó esa idea al ver el cuchillo en la pared
-¿Quién eres y qué haces aquí? – preguntó Hinata seriamente.
- Soy Kakashi, maestro y mano derecha de Naruto – Hinata había escuchado su nombre de la boca de Naruto mientras hablaba por teléfono. Ella recuperó su postura relajada, sin embargo no bajó la guardia.
-Kakashi-san, ¿qué hace aquí? – Kakashi se relajó un poco, a pesar de la escena anterior, algo en Hinata a Kakashi le parecía casi triste. Al verla, él la veía pequeña pero a la vez muy grande. Sonrió.
-Adelanto un poco de trabajo – Kakashi se movió hacia el gabinete y sacó los instrumentos para el cadáver.
Hinata los reconoció y Kakashi percibió como su rostro palidecía aún más, de inmediato el sentimiento de enojo que había experimentado hace más de media hora se incrementó combinándose con el pánico de verse presa de nuevo. Había creído en ellos y al parecer iban a hacerle lo mismo.
La piel comenzó a arderle y el dolor de viejas heridas resurgió como si estuviesen frescas. Kakashi trató de dar un paso hacia ella, pero Hinata retrocedió dos, luego tres, queriendo escapar. Algo duró toco su espalda, ella levantó la cabeza encontrándose con los ojos de Naruto. Lo miró por más de un segundo por primera vez y ella se sintió acorralada. No pudo más que caer de espaldas y arrastrarse queriéndose alejar de esos ojos azules.
Naruto se bajó del coche supremamente molesto. Hinata le ocultaba demasiadas cosas y era el momento de hablar. Necesitaba hablar con ella urgentemente. Como una bala abrió la puerta de la mansión y con la misma velocidad fue a la cocina. Sin embargo, un sentimiento inquietante lo invadió. Venía de la cocina…, junto con el olor de Hinata.
Naruto cruzó la cocina pero siquiera dio tres pasos cuando la figura delgada de Hinata chocó contra su pecho. Naruto se alarmó al notar su agitado nivel mental y físico, pero lo que ocurrió después nunca se lo hubiese imaginado.
Frente a sí, estaba Kakashi tan alarmado como él, Naruto no comprendió del todo la escena y miró hacia abajo buscando respuestas de parte de Hinata.
Pero esta alzó la mirada, chocando los ojos azules con los perlados fijamente como por cinco segundos. Pero eso fue tiempo suficiente: durante ese efímero pero eterno momento Naruto vio en los perlados ojos tanta sangre y tanto dolor que quiso gritar de desesperación. Hinata también lo sintió y tratando de escapar se enredó con sus propios pies y cayó.
Empezó a arrastrarse aun viéndolo a los ojos, queriendo apartar la mirada sin poder hacerlo. Naruto vio miedo en sus ojos. Miedo hacia él.
-Hinata – murmuró con la voz quebrada. Dio un paso y ella se desesperó y se arrastró mucho más rápido.
- No voy a hacerte daño, ¿lo sabes, verdad? – Ella temblaba, Naruto sentía que pronto sus temblores se harían incontrolables. Haciendo uso de sus habilidades, en menos de un parpadeo Naruto ya estaba a su lado.
Hinata quería correr y alejarse, pero antes de siquiera parpadear ya tenía al chico a su lado. Levantó su puño para alejarlo pero su cuerpo temblaba tanto que sentía que no tenía fuerzas. Por fin se detuvo y apartó la vista de la de Naruto. Trató de levantarse pero volvió a caer.
No quería pasar por todo esto y menos frente a ellos
-Hinata – ella cerró los ojos, dándose por vencida. Naruto se desesperó, tomó su barbilla y la obligó a mirarlo. De nuevo sangre, dolor y sufrimiento fue lo que vio en esos fríos ojos perlas
-Necesito que me mires – Su voz sonó quebrada pero firme - ¿sabes que nunca te haría daño verdad?
Hinata vio la sinceridad en sus ojos y no pudo reprimirse más. Su cuerpo empezó a temblar de manera incontrolable, preso del pánico. Una de sus manos la llevó hacia el pecho de Naruto.
Naruto llevó sus manos a la espalda de ella, abrazándola y esta se acurrucó más, tratando de parar las consecuencias de su ataque de pánico y nervioso. Él no supo que pudo haberla puesto así, ni porque lo vio con ojos llenos de miedo, solo podía sentir como ella se esforzaba por respirar.
Naruto pasó sus manos por debajo de las piernas de la chica, pero ella envolvió sus piernas en su cintura. Naruto la levantó y sentó en la barra de la cocina y la abrazó.
-Oh, nena – murmuró. Se sentía dolido, y no sabía si era por ella o por él. Movió sus manos de arriba a abajo por su espalda ayudando a tranquilizarla. Aspiró el aroma de su pelo y la temperatura de su piel.
-Todo va a estar bien – siguió los masajes es su espalda, tratando de relajarla y traer su mente de vuelta a la realidad.
No supo cuánto tiempo pasó, cuanto tiempo estuvo aspirando su piel, midiendo la temperatura de su cuerpo, contando el ritmo de sus respiraciones; lo que sí sabía era que se sentía magnífico… vivo.
-Quiero ir a mi habitación – dijo Hinata bajito, con la cabeza enterrada en su pecho, mientras regulaba todo su sistema.
Naruto solo asintió, Hinata acomodó sus piernas alrededor de la cintura de él mientras la sujetaba. Sintió cuando Naruto la elevó y empezó a caminar con ella en brazos. Ella se quedó inmóvil, absorbiendo el calor de su cuerpo que tanto la relajaba.
Kakashi estaba perplejo y a la vez pensativo. Nunca había visto a Naruto ser así con una chica, normalmente las coqueteaba y se las llevaba a la cama pero nunca había intimidad ni una conexión más allá de la física, todo era meramente carnal. Sin embargo, al ver su expresión al ver la chica fue absolutamente diferente a lo que él había visto… Debía preguntarle a Sasuke acerca de esa situación, seguramente el mejor amigo del rubio debía saber acerca de lo que pasaba con su alumno y esa chica.
La "chica"
Ese era otro problema, sus reacciones no eran normales. Lo único que sabía Kakashi era que ella pertenecía de una u otra manera a los miembros del laboratorio que se hacía llamar Infinity… Tenía curiosidad por lo que ella sabía, por lo que había vivido; es decir, si se ponía a pensar, para que una persona presentase tales reacciones al ver a un objeto o a una persona sus experiencias pasadas no pudieron ser muy buenas.
Frunció el ceño.
La chica había sufrido una crisis nerviosa frente a él al ver los instrumentos quirúrgicos. Él no era psicólogo o algo parecido, pero sabía perfectamente analizar a la gente. ¿Qué tan mala era la experiencia con los instrumentos como para que psicológicamente la chica los viese como una amenaza? No sabía qué pensar, solo que ella era esencial para la investigación.
Kakashi caminó rumbo a la «nevera» nuevamente hasta que vio un papel arrugado en el suelo. Era viejo y estaba cálido, supuso que a Naruto se la había caído al ver la situación totalmente fuera de control. Sin darle la menor importancia pero sintiendo gran curiosidad lo abrió:
El documento al principio no lo entendió, pero al leerlo, supo que habían conseguido material valiosísimo.
Como una bala, corrió a registrar el cuerpo.
Yumi subió las escaleras rumbo al salón que había visitado anteriormente Hinata. No tenía necesidad de preocuparse de que la visen, esa era una de las ventajas de ser una ninfa.
Entró al salón causando el menor ruido posible y se irguió, encontrándose frente a frente con Kurama, el sátiro de Naruto.
-Te buscaba – dijo simplemente.
-Y yo te esperaba – Kurama se alejó del balcón adentrándose a la gran estancia. – creo que hablaremos de lo mismo.
Yumi tragó saliva, debía ser cuidadosa. Kurama seguramente ya estaba sincronizado con Naruto y cualquier cosa que ella le dijese, quisiese o no, Naruto lo sabría, Kurama no podía ocultarle nada.
Yumi se tomó un momento para observar el salón: había un sillón de cuero color beige junto a un mueble y una mesa de café. El lugar era agradable, limpio y perfecto para relajarse y hablar. Frente a los muebles había una TV de plasma gigante. El suelo era de tablas de entarimado de pino, de un bonito color miel. Todo estaba fresco, nada era viejo o usado. En la pared colgaban pinturas cubistas y surrealistas, que a Yumi le parecieron interesantes analizar más adelante. Mucho más allá de los muebles, hasta la entrada al balcón, había una gran alfombra de sisal, de piel corta y cuero con ante, y cada una de las fundas de las cortinas para paredes era de un bonito color blanco cremoso. Sin duda el lugar estaba diseñado para reuniones de una u otra índole.
-Quiero hablarte de algo importante – dijo sin dejar de observar a su alrededor.
- Escúpelo –dijo Kurama.
Yumi suspiró.
-Hablaré sin rodeos –Kurama asintió con la cabeza- Creo que Naruto es la pareja destinada de Hinata.
Kurama abrió los ojos, asombrado
-¿Tu también lo viste?
-Sí, cuando Hinata enloqueció y Naruto intentó controlarla, vi como sus sellos se habían conectado... reconociéndose.
-Yo sentí el ardor que sintió él y lo sospeché… No fue normal –dijo Kurama- ahora solo hay que esperar a que todo caiga por su propio peso, si ya sucedió, esa misma "atracción" los obligará a conectarse más.
-Naruto está con ella en estos momentos – Yumi observó los ojos rojos del joven zorro- han tenido su primera conexión real hoy, de una manera inusual, pero la han tenido.
Kurama frunció el ceño.
-Sí, lo vi. Naruto está realmente sorprendido. Él es un poco lento, pero realmente es un chico de instinto, quizá necesite uno que otro empujón para acercarse a ella, pero lo hará por sí solo.
-Es importante que se conecten como pareja, como dioses menores, como lo escribió y mandó Zeus. Así, serán el apoyo del otro. Pero.. – Yumi negó con la cabeza.
-¿qué?
-El problema radica en ella – vaciló un poco- si te lo contara tardaría mucho, pero creo que te lo imaginas. Lo sabes porque Naruto leyó ese informe ¿no es así?... Hinata es – suspiró- mira, cuando hay algo roto quizá lo puedes arreglar, pero… esa chica está hecha polvo, hecha pedazos.. no tanto físicamente, más psicológicamente. Con lo hecho polvo lo único que puedes esperar es enterarlo. Sin embargo, a pesar de eso ella no se rendiría, no hasta encontrar respuestas. Debido a su pasado es desconfiada, es orgullosa y oscura.
-Oscura. – repitió Kurama
-Con ella Naruto tendrá trabajo doble, porque no solo debe conseguir acercarse a ella sino, acercarla a ella, porque créeme, ahora que tenga el dominio completo sobre sí misma no querrá volverse a acercar a Naruto, y quien sabe que haga.
Kurama se acercó un poco más a Yumi
-¿Qué quieres decir con eso? – preguntó.
-Es su única manera de protegerse
-¿de qué?
-Eso no es lo importante ahora – Yumi sonó más seria- si se aleja de Naruto teniendo la primera conexión… -Yumi no dijo más nada.
-Ninguno de los dos sobrevivirá – terminó Kurama- Una pareja sin su otra mitad no es capaz de sobrevivir… esa es la maldición de los Trumpet.
-Así es, por eso necesito que "empujes" a Naruto, que yo me encargo de ella.
Kurama mostró su sonrisa con afilados dientes.
-Cuenta con eso – Yumi asintió, y luego desapareció.
CONTINUARA
:3 minna
OJO! NO ESTABA MUERTA, NI TAMPOCO ANDABA DE PARRANDA! Andaba trabajando, esclavizada, muriendo x.x
Vale, tampoco debo exagerar, ¡no tengo excusa! D:
Pero bueno, dejemos los tomatazos para el final y, venga, ¿¡Que está pasando!? Alguien que me explique, sé que es un poco corto, lo sé, lo sé… PERO… tios, os traigo la primera conexión, y me salió 7u7 iba a continuarla pero estaba tan falta de ideas que dije Meh! Pero, vamos… no os preocupéis que ya tengo 2 hojas del próximo cap (¡en serio sólo dos!) … Es algo! Os juro que soy la tipa más mala de la $#$% vida, pero… así de mala tengo muchas ideas de este fic y para algunos próximos mis pequeños animales morbosos 7u7
Ya lo tengo previsto que esto será largo.. es que ¡HINA NO COLABORA! Espero que cuando haga con Naruto el wickiwicki (porque sí, sí habrá 7u7 su autora quiere escribir una historia completa que os haga desangrar) no se ponga pesada 7u7.
Quizá también se pregunten (o no) bueno, ¿desde cuándo esta tipa es Española? No! xD no soy española, de hecho soy Colombiana, y no trato de ofender el acento español (al contrario, me encanta) solo que hoy en este pequeño espacio les hago una especie de "cita" a mis amigos españoles en especial a mi Tio Jav 3 que probablemente en la próxima era de hielo lea este fic pero igual lo quería hacer UwU. Vale, basta de hablar.
Os agradezco por tenerme paciencia, leerme, comentar, dar favoritos o simplemente hojear… me hacen felices.. tanto que ¡DURO MESES LLORANDO! Y por eso no escribo (mentira) uwu
Gracias a los que dan favoritos, comentas y todo.. son tan asdasdasdasdasdad
Sensei se despide 7u7
7u7 pasen suculento día/noche/madrugada
Fuera!
