CAP 11
Otra vez.
No sabía de donde, todo estaba demasiado oscuro, casi negro y no sabía de donde salía la voz de Julien pero lo llamaba; pedía ayuda, pedía que acudiera a su lado y por mas que corría no lograba alcanzarlo. Extendía los dedos en medio de la nada pensando que tal vez así, lograría tocarlo pero no.
No importaba lo que hiciera. Nunca podría llegar a él.
Se despertó con una pata extendida, sudando y los ojos muy abiertos. Su respiración estaba agitada y temblaba como si el suelo no estuviese quieto bajo sus pies; al fin logró recuperarse lo suficiente para volver a ver debajo suyo, donde Julien dormía hecho un ovillo sin alterarse en absoluto. Bajó lentamente su mano y miró al cola anillada que apenas y se inmutó cuando el de pelaje negro le pasó la punta de los dedos por el rostro.
Que duro era, tener esas pesadillas tan constantes donde por mas que lo intentase, aquel lémur al que tanto amaba y por el que daría todo estaba sufriendo.
Caminó un poco hasta el árbol más cercano y se trepó en este hasta la rama mas pelona y alta que encontró; Nueva York estaba bastante tranquila e iluminaba, muy contrario a la oscuridad de su antiguo hogar. Una rama cercana crujió pero contrario a todo lo que indicaba, no volteó.
-Realmente no puedes dormir, verdad?
Maurice se acercó por detrás al otro lémur y se quedó a poca distancia, mirándole la espalda. No era la primera vez que lo veía despertar entre la noche de aquella manera pero le preocupaba que no pudiese relajarse lo suficiente para tener un descanso parejo; Suto rió entre dientes.
-He sido tan evidente?
-Bueno… si no te conociera, tal vez me sorprendería…- el Aye Aye avanzó un poco mas hasta sentarse al lado del lémur negro- que es lo que no puedes superar Suto?... todavía… es aquel asunto con las hembras?
El aludido se tensó. Se mordió un dedo mientras pensaba en aquel episodio en especial; casi había perdido literalmente a Julien y no se había perdonado lo tarde que había llegado. Nunca se lo perdonaría por mucho que su rey le hubiese dicho que en aquel asunto él no tenía que ver, era mentira pues como la pareja del rey lémur, era su deber protegerlo ante cualquier peligro, fuese el que fuese.
Se quedó en silencio, pensando en aquel asunto cuando Maurice le interrumpió el hilo con algo mas.
-No… creo que es… de cuando te atraparon los humanos- dijo asertivamente el lémur bajito, mirando el espectáculo de luces y sonidos que se les presentaba adelante- es natural, cualquiera estaría alterado después de ser capturado de esa forma- asintió una vez- pero ya no estás en una jaula, estás con nosotros, en casa…
Al fin hizo silencio, antes de palmearle la espalda al mas joven; este sonrió asintiendo pero por dentro, sabía que era el primer asunto el que no le dejaba conciliar el sueño.
Abajo, en el botador, Julien les daba la espalda aún acostado pero tenía los ojos abiertos con una expresión neutra en el rostro; tembló un poco mientras las antiguas cicatrices del cuerpo le recordaban aquel desagradable asunto con uno de los clanes rivales cuando recién el suyo se estaba formando.
Se sintió bastante mal; era él quien debería estar pidiendo disculpas por haber hecho semejante tontería y no Suto, que se culpaba por no protegerlo.
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El clan del Baobab no se había formado inmediatamente de la noche a la mañana; había tomado su tiempo en especial porque los lémures de los alrededores de poco en poco iban conociendo la locura del cola anillada, de reunir a diferentes especies y géneros, guiados por él. Por un macho.
Los expulsados, los jóvenes, los ancianos, aquellos que no lograrían una posición especial en otros clanes fueron los que comenzaron a integrar y a hacer crecer el clan de Julien, que los aceptaba sin mas, sin importar de donde venían o porque razón; todo bajo la mirada vigilante de Suto, su primer seguidor y Maurice, un Aye Aye expulsado de su propio grupo por llevarle la contra a sulidereza cuando esta quiso comenzar a robar dentro de las viviendas de los humanos.
Las confrontaciones eran algo esperado; pero solamente había que ver el número de hembras y machos que se interponían en el camino de los clanes rivales al momento de atacar a Julien, para emprender una retirada, no pacífica pero al menos sin bajas.
Al menos hasta el día en que al Cola Anillada se le ocurrió que tal vez, podría conseguir mas cosas si se aliaba con un clan vecino; una representante había ido a una audiencia ante Julien y le había ofrecido en nombre de su matriarca una alianza en la cual, el rey recibiría un impuesto de parte del clan vecino.
Aunque el cola anillada estuvo a punto de decir que si, Maurice le dijo que no era conveniente y Suto, intervino gruñendo de forma muy poco educada a la visitante, que no tenían interés; esta se retiró con un brillo extraño en los ojos, insistiéndole al rey que lo pensase.
-Pero porque no me dejaste aceptar!?- Julién se puso de pie violentamente con chispas saliéndole de los ojos, mientras veía al lémur del collar amarillo y ojos rojos, que no dejaba de ver por donde se había ido la fémina
-Pero mi rey… había algo sospechoso en esa chica…- intervino Maurice a lo que Julien hizo un movimiento seco con su mano
-Estoy hablando con mi real consorte, subdito- interrumpió a lo que el Aye Aye rodó los ojos- y bien? Cual es tu excusa?
El lémur negro se sentó algo irritado sin apartar la vista de su objetivo
-No te estaba diciendo la verdad Julien- dijo en un tono bajo que al otro no le gustó- algo trama…
-Yo soy el rey y yo decido a quien le acepto las ofertas y a quien no Suto!- exclamó el gris con una pata sobre el descansabrazos de su trono; quería al otro lémur pero no le gustaba que alguien sobrepasase su autoridad, después de todo, él era el líder de ese clan no?
Suto también se irritó y Maurice retrocedió un poco; no quería meterse en una pelea marital. El negro se puso sobre sus dos patas mientras sus ojos se entrecerraban.
-Te estás arriesgando y lo sabes…
-El rey no se arriesga, porque obviamente reconocen mi real condición y por eso quieren darme mas tesoros- dijo el gris moviendo una mano para restarle importancia
-No se trata de eso…- negó con la cabeza; como era posible que no lo notara?- no crees que si de verdad hubiesen querido hacer una alianza en la cual, ellos se uniesen a nosotros, hubiera venido la propia Ranavalona y no una segunda? Si ha mandado a su terrateniente, es porque quería espíar…
-Espiar- hizo temblar su lengua como si tratase de silbar- por favor…
-Obviamente…- se cruzó de brazos- no somos un clan violento Julien… Ranavalona hubiera podido venir muy tranquila a sabiendas de que no le pasaría nada, pero en cambio, mando a alguienmas, eso no es normal..
-Suto, Suto, Suto, te encanta exagerar…
-No estoy exagerando, escuchame por favor…
-Suficiente! El rey dice que quiere una alianza y eso tendremos…
El lémur negro no creía lo que estaba escuchando.
-Julien, la decisión que estas tomando afecta a todo el clan… te afecta a ti- insistió su pareja cada vez mas desesperado- sabes perfectamente cuantos clanes darían lo que fuera por matarte, y esta vez no es la excepción: lo que buscan no es unirse, están buscándote a ti…
-Porque siempre piensas que alguien quiere matarme!?- el lémur de cola anillada se enojó y bajo del trono para encarar a su pareja; este no se movió de su lugar sino que se reafirmó mientras elAye Aye apenas y se asomaba por el borde del árbol donde estaba el trono
-Porque he salvado tu trasero mas veces de las que puedo contar!- exclamó- eso no te parece una buena razón?
-Accidentes…- reclamó Julien apuntando con su dedo- solo han sido accidentes y si no fueras tan paranoico, tal vez ni siquiera pasarían
Esa fue la gota que derramó el vaso. Si tenía que ponerse fea la cosa, se pondría fea.
-No estoy para una discusión Julien, es por tu bien… NO ACEPTARÁS Y PUNTO!
El lémur negro saltó hacia una rama y desapareció mientras el gris hacía lo propio por el otro lado, después de soltar un gritito y arrojar su corona al suelo en un berrinche, antes de tomarla y ponérsela de nuevo para retirarse; el Aye Aye aferró con más fuerza su bastón observando por donde se habían ido el uno y el otro. Aquello no le daba ninguna buena espina.
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Julien avanzaba a paso decidido y fuerte a través de la selva, bastante enojado. Pero quien se creía Suto que era? Bueno, aparte de su pareja y uno de los mejores consejeros que tenía porque funcionaba muy bien como su conciencia, pero aún así… él era el rey! Los espitirus del cielo lo habían decidido de aquella manera y así debía de respetarse el orden.
Si… le mostraría a Suto lo equivocado que estaba y tendría que disculparse con él. Le mostraría que era maduro y un gran lider y tendría que darse cuenta de que sus ordenes tenían que respetarse si o si; además, Suto era un paranoico, nunca confiaba en nadie y cuestionaba todo… pero para eso ya tenía a Maurice, no necesitaba dos Maurices en el clan.
Los árboles se iban haciendo cada vez mas gruesos y sus ramas eran mas espesas por lo cual la luz del sol no llegaba totalmente hasta el suelo; el cola anillada se encogió un poco sobre si mismo, él había elegido un sitio mas amplio e iluminado para su clan, no entendía porque un grupo de lémures escogería algo tan oculto y frio para vivir. A lo mejor y después de aquella reunion, podría enseñarles lo que era una buena iluminación y decoración… necesitaban aire.
Algunos crujidos cercanos lo hicieron detenerse en seco, con una pata levantada y las manos a modo de defensa.
-Qui-quien esta ahí?... SALGA POR ORDEN DEL REY JULIEN!
Nada se movió. El lémur miró a los alrededores una y otra vez, antes de bajar las manos y reir divertido ante su propio miedo.
-Eres un tonto Julien, aquí no hay nada, solo hojas…- hizo un ruido baboso con la lengua, agitando las manos para quitarle importancia, antes de pegar un salto y señalar el suelo- Una hoja! Que miedo!- y después saltó al otro lado de esa misma hoja negando con un dedo- rey Julien, yo se que sus grandes poderes le impiden tener miedo, así que no se asuste con algo como eso- de nuevo hizo el salto al otro lado- pero yo no me asuste, tu si…- y de nuevo- Claro que no, tu si te asustaste…
-Que si!
-Que no!
-Un rey no se asusta de una hoja!
-Quien se asustaría de una pequeña e indefensa hojita!?
Y en eso prosiguió un buen rato sin darse cuenta que diversas sombras se movían, atraídas por la voz del extravagante lémur; este suspiró cansado de su propia actuación, antes de girarse para continuar camino pero se quedó congelado y con los ojos abiertos al escuchar de nuevo, el sonido de pasos cerca de él; de inmediato se abrazo la cola peluda y se puso a temblar.
-Los dos tenemos miedo!- exclamó para si mismo
De poco en poco una figura salió de unos arbustos, lentamente y con una sonrisa que no inspiraba confianza; una cola anillada un poco mas gruesa que Julien avanzaba hacia este, sin quitarle la mirada de encima. El cola anillada suspiró aliviado al ver que era alguien de su especie pero por algun motivo que no supo discernir, no podía dejar de tomarse la cola.
-Hola!- saludó en voz alta con una confianza que en realidad no sentía- yo soy el Rey Julien, señor de…
-Se quien eres- cortó la hembra dejando al otro con un dedo levantado y un poco mas de precaución- eres el lémur que se cree que puede tomar el lugar de las matriarcas… no es asi?- dijo comenzando a rodearlo
De poco en poco, el lémur gris se dio cuenta de que varios de su misma especie, la mayoría hembras lo habian rodeado sin dejarle salida alguna; tragó en seco palideciendo un poco sin poder retroceder o escapar. Trató de sonreir con confianza y se enderezó todo lo que pudo.
-Esto me gusta, es un recibimiento digno de un rey- dijo dando un brinquito mientras juntaba las manos y hacia un nuevo intento de retroceder, frustrado por los cerradas que comenzaban a ser las filas de los otros lémures- porque se juntan tanto, un rey necesita su espacio personal…
-Oh, no te preocupes Julien…- dijo a lémur hembra con los ojos brillando cada vez mas de ansiedad mientras su cuerpo se tensaba; al oir el tuteo, el cola anillada se molestó
-Nadie llama al rey Julien por su nombre sin agregar el…
Pero no pudo continuar. Las risas se hicieron mas grandes cuando se acercaron todavía más al rey lémur que comenzó a creer que después de todo, aquello no había sido tan buena idea.
"Suto" pensó cerrando los ojos.
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Suto estaba regresando al gran baobab donde los demás lémures saltaban y celebraban; quería disculparse con Julien, no había estado correcto que se irritara con este, solo porque nunca pensaba lo peor de los demás; aún era demasiado ingenuo en parte gracias a la sobreprotección de la que gozaba; el mismo se daba cuenta que la mitad de ello era su culpa, por estar siempre detrás de este desde cachorros. Pero ya no podía hacer nada mas que ser paciente y tratar de sacar a su loco novio adelante.
Solo esperaba que lo perdonase rápido, sabía que su Julien tenía demasiado orgullo y siempre prefería que los demás se disculpasen; sonrió ante esto negando con la cabeza, desgraciadamente no podía la mayoría de las veces ponerse firme con el cola anillada.
Lo amaba.
-Suto!- Luminara, una de las hembras jóvenes para quien el lémur negro era como su hermano mayor, llegó corriendo y lo aferró del brazo- tienes que ir rápido a la zona del trono… Maurice teesta buscando!
El aludido frunció el cejo. Lo normal era que Maurice tratara de prescindir de éste en cuanto se pudiese pero el que estuviese buscandolo a la desesperada solo podía significar algo: o que Julienestaba en problemas o que Julien era EL problema y el Aye Aye necesitaba que Suto lo tranquilizace de nuevo.
Rodó los ojos con hastío mientras la hembra tiraba de él para meterle prisa y se encaminaron juntos a la zona principal donde Julien gustaba de mostrar que era el rey, en la cima de su trono tallado; la hembra se detuvo un poco antes de llegar para que el otro avanzase solo, lo cual hizo y se encontró con un Maurice que daba vueltas enloquecido y aferrando su bastón como si se tratase de un salvavidas.
-Maurice?- el lémur negro parpadeó extrañado, Julien no estaba por ningún lado
Al oir su nombre, el Aye Aye levantó las manos y corrió hacia el recién llegado
-Suto, gracias a los espíritus que llegaste- exclamó antes de tomar aire al llegar frente a este
El lémur negro comenzó a preocuparse, aquello definitivamente no era una buena señal
-Donde está Julien, Maurice?- preguntó aprisa, enderezándose y tratando de ver en vano, una cabeza con corona entre las hembras bailarinas; el mas bajito negó con la cabeza
-No lo sé Suto, por eso mismo te estoy buscando… desde que discutieron, nadie lo ha visto!- exclamó expresando la angustia que sentía
Ninguno de los dos necesitaba decir nada; ya presentían donde se encontraba su problemático rey. Raudo, el lémur negro salió disparado hacia las ramas de los árboles, donde sin dejar de moverse soltó un chillido de alarma a todo el clan, para movilizarlo en la dirección por donde iba.
Rogaba que pudiesen llegar a tiempo y se maldecía una y otra vez, por haber dejado solo a su lémur; si no hubiera sido tan idiota y se hubiese quedado a su lado a pesar de estar enojados…
Por favor espíritus. Que le permitieran llegar a tiempo para salvar a su Julien.
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Ya no quería moverse. Ya no podía moverse. Ya hacía mucho rato que el dolor se había vuelto tan intenso que había dejado de sentirlo.
Por un lado cuando recibió los primeros ataques había podido evadirlos con dificultades, pero lo había logrado; las hembras habían saltado sobre él sin tomarse un tiempo de agarrar aire pero haciendo uso de sus habilidades de baile, las esquivaba una tras otra.
Eso hasta que una le gritó porque no se defendiese y él respondió que nunca podría pelear con una mujer.
Grave error.
Si había algo que las hembras aborrecían enormemente, era que las tratasen como el género débil y encima, las llamasen "mujeres", término con el que los humanos llamaban a sus hembras. Había sido la gota que derramó el vaso. Fue la misma Ranavalona quien logró atrapar por encima del hombro al otro cola anillada, que pegó un chillido de susto al sentir los colmillos de aquella adentrándose en su carne; nunca se hubiera esperado que saltase tan alto hasta donde él se encontraba.
Trató de correr hacia un árbol cercano donde logró tomar cierta altura, hasta que un grupo de cinco hembras le saltaron encima, haciendo peso y logrando tumbarlo al duro suelo donde fue recibido por mas lémures enfurecidos; si no terminaba destrozado entre tanta dentellada y desgarrerio, sería un milagro.
En algún momento le pareció que llamaba a gritos a Suto, pero solo recibió como respuesta la risotada de victoria de la matriarca de aquel clan; después de unos momentos en que trataba de defenderse inútilmente se dio cuenta de que ya no veía en absoluto, no sabía si por su sangre o porque realmente lo habían herido de gravedad.
Solo trataba de sobrevivir.
Sobrevivir o morir sin llorar porque un verdadero rey nunca llora.
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El lémur negro corría como alma que llevaba el diablo hasta que a lo lejos escuchó su nombre; si, había sido una vez pero juraría sobre la tumba de sus antepasados que ese había sido Julienllamándolo con el terror impregnado en cada nota de su voz; aumentó la velocidad hasta que pudo distinguir una bola de piel y pelos chillando y gritando: su llamado de matanza.
Como odiaba tener la razón. Y como odiaba no haber tomado precauciones sobre aquello. Si Julien llegaba a morir, sería su culpa y él se mataría lo más dolorosamente que pudiese.
Nunca, nunca se lo iba a perdonar.
Se lanzó en medio de aquella maraña que se movía sobre un cuerpo que apenas y se distinguía por el color ocre que empapaba su pelaje; era evidente que había estado haciendo un sobreesfuerzo por escapar pero no había podido. Estaba muerto? No había tiempo para pensar.
Se hizo un nuevo alboroto de chillidos y ataques, pero esta vez sobre el lémur negro; desafortunadamente para el otro clan, Suto no tenía las mismas inhibiciones de género que detenían al líder del clan del Baobab: en un momento, había puesto fuera de guardia a tres de las hembras mas grandes, dejando a dos severamente heridas.
Lo peor de aquello era pelear con el odio y la furia brotando por cada poro de su piel; había mordidas y ataques por todos lados pero no había tiempo para pensar en que dolía, solo quería sacar aJulien de ahí. Su lógica comenzó a gritarle en un oído de que ambos morirían ahí mismo pero tampoco había tiempo de ser racionales: tenía que sacar al cola anillada si o si y cualquier otro resultado simplemente le era negado a su cerebro.
Se colocó sobre el cuerpo inerte del lémur de la corona y se preparó para otra embestida; pero un grito agudo cruzó totalmente aquella zona, haciendo que los miembros de aquel clan se congelasen un momento en su posición, mirando a todas partes: en un segundo, cientos de lémures de todos los colores y tamaños caían de los arboles, aplastando al otro clan dispuestos a defender a su rey, guiados por Maurice y la Sifaka Luminara.
Apenas y el clan del Makoa había tenido tiempo de reaccionar, los lémures destrozaban todo cuanto encontraban pero los otros, no se iban a retirar sin pelear; a pesar de la superioridad numérica, era evidente que el clan de la hembra Cola Anillada había ido bien preparado para la batalla y por muchos que fuesen, el Clan del Baobab no estaban correctamente sincronizados para una guerra de verdad.
Suto se perdió durante un momento, ante tantos cuerpos que pasaban y se golpeaban por todas partes; él tan solo se agachó sobre su pareja y trató de sentirlo: aún estaba tibio y respiraba aunque con muchas dificultades. Si no se iban pronto, realmente iba a morir.
Algo lo empujó con fuerza de pronto, lanzándolo un poco lejos del Cola Anillada; se enderezó con el miedo brillando en sus rojas orbes al darse cuenta de que Ranavalona lo había hecho a un lado, para acabar con el trabajo. Si Julien moría, todo estaba acabado.
Algo tronó y los lémures se detuvieron en su pelea. Maurice tragó seco y miró a Luminara, que temblaba, herida como estaba pero era la escena delante de ellos lo que la hizo temer; aquello iba a los extremos mas grandes de la raza, solo dado cuando la disputa era demasiado grave como al parecer, había alcanzado la reyerta en aquellos momentos.
El lémur negro depositó en el suelo a la ahora, ex líder del clan Makoa, inerte y con la mirada clavada en sus seguidores que se helaron al darse cuenta de lo que había pasado; Suto se pasó un brazo por la boca, aquel sabor le desagradaba en absoluto y era la primera vez que actuaba así.
Pero era ella o Julien no era verdad? Miró una última vez el cuerpo a sus pies y se enderezó todo lo que pudo, mirando con furia al grupo vencido que se dio cuenta que todo estaba acabado.
-No quiero volver a verlos nunca mas por aquí…- indico muy despacio y en alto para hacerse escuchar- si llego a ver, uno solo de sus miembros cerca de nuestro territorio, los perseguiré y los orillaré al territorio Fossa aún así sea lo último que haga… ha quedado entendido o necesito ser mas explicito?
-Cristalino- dijeron a una serie de murmullos el clan derrotado, antes de salir huyendo despavoridos
Aquel evento solo aumentaría el odio hacia el Clan del Baobab pero al mismo tiempo, disminuiría la tasa de ataques en su contra; desde entonces se dijo que solamente un suicida trataría de asesinar al Rey Julien.
-Esta vivo?- Bára, otra de las hembras del clan se acercó a ver a su rey mientras el lémur negro trataba de encontrar el pulso de Julien; afortunadamente todavía tenía pero por muy poco; Sutogimió desesperado con las manos en el rostro mientras Maurice y otros machos corrían hacia ellos.
-Hay que llevarlo al árbol- dijo rápidamente el Aye Aye colocando una mano en el hombro del otro- trataremos de salvarlo, de acuerdo?
Suto asintió y rápidamente todo el grupo se puso en marcha, cubriendo todo el perímetro por si algún otro clan trataba de aprovechar el momento para atacarles; pero ningúna otra criatura en Madagascar se atrevería en aquellos momentos a desafiar su suerte.
El cola anillada llegó muy frío a la cima del Gran Baobab, donde las hembras mas ancianas y experimentadas se pusieron a la tarea de curar a su malherido rey; dos mas trataron de curar a la pareja del lémur gris pero éste no se dejo. Solo quería estar al lado de Julien todo el tiempo, rogando a todos los dioses de la isla que le permitiesen a su Julien mantenerse fuerte.
Pasó una semana. Julien no despertaba y Suto estaba desesperado; daba vueltas una y otra vez y volvía a sentarse siempre vigilante, sin dormir y sin despegarse del otro. Una noche, el cuerpo del herido rey se había puesto tan helado que las ancianas lo dieron por muerto; el lémur negro se negó a creerlo y se mantuvo recostado sobre el cuerpo del otro, hablándole quedo hasta que recuperó una temperatura mas saludable.
Al fin, una tarde, los ojos ambarinos del lémur de la corona se abrieron despacio para ver a su pareja, que tenía unas ojeras tan grandes que destacaban a pesar de que éste tenía un color negro natural; Julien rió para sus adentros, se veía bastante cómico.
-El rey no puede tener un novio que se vea peor que el rey- dijo con voz ronca el lémur anillado debido al tiempo sin hablar; Suto saltó del susto al darse cuenta de que su pareja había despertado y se acercó mas, tomando su mano y apretándolo
-Lo siento Julien- dijo rápidamente el otro a lo que el rey lo miró confundido- no debí gritarte de esa manera… debí de haber respetado tus órdenes…- negó con la cabeza apesadumbrado a lo que el otro gruñó con molestia en respuesta
-Oh, calla- cerró los ojos frunciendo el cejo- tu no tienes nada que ver… como rey, yo tomé mi propia responsabilidad al ir y aceptar el acuerdo, tu como mi súbdito real, vas aparte y no tienes culpa de nada- movió una mano a lo que Suto tembló
-Sabes que no es cierto, yo…
-Te atreves a desafiar mi declaración?- dijo Julien sin abrir los ojos a lo que Suto suspiró pesadamente y recostó la cabeza al lado de la del otro
-No Jul…
-Perfecto… ahora traeme un juguito de moras que me hace mucha falta
El lémur negro gimió rodando los ojos, antes de ponerse de pie y retirarse apenas unos metros para pedirle a alguien más que buscara el jugo por él; definitivamente, no se iba a separar de su lémur aunque le costase la vida.
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En el zoológico, un nuevo día comenzaba con la bendita noticia de que por lo que parecía un problema con el alcantarillado cercano, el parque no abriría hasta nuevo aviso; Skipper salió de un salto del bunker y se tapó el pico ante el desagradable aroma que flotaba hacia ellos.
-Esto no puede ser…- gruñó con voz pastosa- Kowalski, opciones!
El mas alto asomó la cabeza con una mascara de gas.
-Propongo el uso de ventiladores que tomen el oxigeno de la estratosfera de forma que Pequeño Soldado no se infecte con toda esta porquería de cloaca- terminó golpeteado a lo que el líder de los pingüinos negó con la cabeza
-Ningun costo es demasiado para el pequeño pero tardaría demasiado y necesito una solución ya- dijo Skipper girándose- necesito el Plan B!
-Bueno…- Kowalski salió de un salto de la guarida, llevando al pequeño huevo en su pliegue de piel debajo del vientre… cubierto de una burbuja plástica y llevando una mini máscara de gas
-Perfectamente ajustado… me impresionas- dijo el líder pingüino con una sonrisa autosuficiente y las aletas en los costados; los otros dos salieron con sendas máscaras igual mientras el mas alto sacaba su libreta
-Además le coloqué un filtro de pureza y un medidos cardiaco para saber que esta en perfectas condiciones- explicó el ahora padre mientras mostraba un pequeño control, que hacia "Beep, beep" cada cierto tiempo.
-Este bebe estará realmente bien cuidado- dijo enternecido Cabo mientras se inclinaba a hablarle al huevo mientras Skipper negaba con la cabeza; era lo mismo que pasaron con Huevin, excepto que todavía no estaba muy seguro de ponerle los mismos ejercicios que al patito
Un pequeño estallido a lo lejos alertó a los pingüinos, que se pusieron firmes mirando a la lejanía.
-Hombres, alertas y a discreción, ya, Ya, YA!- exclamó Skipper a lo que Cabo y Rico se deslizaron fuera del hábitat; Kowalski empezó a andar a saltitos con el huevo cuando fue detenido del pecho por la aleta de Skipper- tu no soldado, debes cuidar al pequeño soldado- declaró antes de irse él mismo a atender la emergencia
Kowalski arrojó su libreta al suelo haciendo un berrinche sin moverse
-Santas Singularidades espaciales… porque yo!?
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