Alas de libertad

NANATSU NO TAIZAI © NAKABA SUZUKI

Sinopsis: Muchas veces aquello que sales a buscar toda tu vida, como tu alma gemela, puede estar a tu lado y jamás lo notaste. Porque a veces no importa el destino, sino el viaje, el viaje de la libertad de Ban y Elaine.

Nota de la autora: Alas de libertad no descansa, su presunto epílogo ahora es un capítulo más. ¡Habrá más aventuras de Ban y Elaine!


Capítulo 10

Cuando King recibió la llamada de que Elaine estaba en Camelot, pensó que había padecido alguna especie de accidente y necesitaba de su ayuda. Jamás había abandonado tan rápido la plática con un inversionista como en ese momento. Rápidamente, fue hacia el hotel donde se alojaba e ingresó buscando la habitación 245. Especulando algo pésimo, intento conservar su compostura.

No pensó que lo peor sería la noticia de su nuevo cuñado y que esa persona fuera su antiguo compañero de secundaria llamado Ban.

Después de una alterada conversación donde King intentó ahorcar al albino, pero sus flácidos brazos no le hicieron más que cosquillas, pudo entender mejor la situación. Elaine había adquirido los servicios de búsqueda para encontrarse con Hellbram, sin embargo, durante transcurso el tiempo de viaje, descubrieron lo que realmente sentían y anhelaban. Así cada uno pudo declararse a la persona que amaba y el otro se dio cuenta de quién era su verdadera alma gemela. Todo haciendo que, desde hacía ya dos días, la reciente pareja estuviera descansando en la casa del capitán y siendo sugerencia de Elaine ir a Camelot para formalizar la relación delante de su hermano mayor.

—¿Eso significa que Hellbram ya es historia? —indagó una vez más, no del todo seguro de la situación—. ¿Esto es seguro?

—¡Sí, hermano! Estoy enamorada de Ban. No tengo dudas ni tampoco me voy a aprovechar de él —reafirmó la pequeña mujer sujetando la mano de su pareja con fuerza. Este solo carcajeó—. ¿Por qué esa risa?

—Pasa que, si estuvieras jugando conmigo, haría que igual te enamoraras de mí. Sería divertido intentar modificar tu parecer haciendo alguna de mis jugarretas ¿no crees? —Ban parecía entretenido con la presunta situación—. ¡No pongas esa cara! Sabes que lo haría.

—Pero sería desalmado de mi parte usarte. Además, no me resistiría ante tu mirada —contestó ella acariciando su mejilla. El Zorro Codicioso comenzó a ronronear y parecía un cachorro respondiendo a la caricia—. ¡Ban, compórtate!

—A mí no me importa que tu hermano me vea, al fin de cuentas, es nuestro cuarto —declaró sin más.

—¡Espera un segundo!, ¿acaso ustedes dos… —el rostro de King se tornó rojo de la cólera—. No me digas que…

Ban soltó una risotada ante la cara dolorida de su cuñado. Estaba sacando conclusiones apresuradas y pensaba que ya habían mantenido relaciones siendo que, en realidad, ni siquiera habían pensado en esa posibilidad. En el fondo, ambos lo ansiaban y habían insinuado algo en bromas o cuando las sesiones de besos en el vehículo se pusieron intensas, no obstante, ninguno sentía la necesidad de hacerlo todavía. No todas las demostraciones de amor se basaban en intimar.

—Descuida, King. Todavía no hemos llegado tan lejos —comentó incorporándose de la cama y viendo con seriedad—. No obligaría a Elaine a hacer eso sin su consentimiento. Jamás le haría nada, yo la protegeré. Haré pedazos al que me impida hacerlo.

King observó con cierta consternación a Ban tras su declaración, dejando entrever que estaba preparado en muchas cosas respecto a su relación con su hermana. Eso hizo que reflexionara y creyera que, en verdad, aquel sujeto bastante huraño y arisco tenía buenas intenciones.

Sonriendo con cierta resignación, dijo.

—Está bien, no le veo el problema —y mirando a Ban con seriedad, agregó—. Haz sufrir a mi hermana, aunque sea un poco y te mato. Sin embargo, puedes salir con ella.

—Gracias, hermanito —dijo, haciendo que King se molestara. Elaine solo sonrió levemente mientras Ban se descojonaba de la risa—. ¿Eh? Es mi celular…

—¿Tenias asuntos en Liones?

—No recuerdo nada importante salvo… ¡carajo! —Ban se apartó con rapidez de Elaine y fue hacia al balcón a atender buscando señal. Los Harlequin lo siguieron por detrás—. Ban habla, ¿qué sucede?

Desde el otro lado de la línea parecía que alguien discutía y la expresión abatida dio a atender aún más dicha situación. King le mandó una mirada imprecisa a su hermana que levantó los hombros mostrando que desconocía porque su novio actuaba así. Expectante, el novio de Diane tiró de la camisa de Ban y este solo le chisto con dureza, dando una mirada fatal a su cuñado para que esperara. No conforme con la reprimida del Zorro Codicioso, insistió con la acción hasta que fue arrinconado contra la axila sudada del hombre.

—Ban, ¿estás bien? —susurró Elaine con tranquilidad esperando que así su pareja no se viera alterado.

La pequeña blonda estaba en lo cierto, ante su tono dulce y gentil, el albino la miró con ternura y apretó el altavoz de su celular para que escuchara. También libro a King de su axila.

—¡Eres un cerdo, un horripilante cerdo! —comenzó a quejarse, limpiando su lengua con desagrado—. Creo que voy a vomitar…

Ese chico no ha cambiado, ¿eh?

—No, Zhivago. Sigue siendo la misma delicada pieza de porcelana que en secundaria —comentó a su padre causando risa a todos los presentes, menos del mencionado—. Y dime, ¿crees que estarías dispuesto a recibir a tu hijo callejero con su novia?

Sabes perfectamente que no eres mi hijo callejero, a los tres los quiero por igual. Estoy orgulloso de ti porque has dado un gran paso —King se sorprendió de escuchar al padre adoptivo de Ban. Años atrás, ese hombre sólo era citado como alguien de la misma calaña huraña que sus hijos y esposa. Vaya mentira—. Si desea venir el muchacho de porcelana, también es bienvenido. Hay espacio para todos lo que ayudaron a cambiar tu vida.

—Te hablan, King.

—¡Claro, señor Zhivago! Con gusto iré para su casa. Espero que…

¿Qué acepte a tu novia? Todos son bienvenidos. Solo traigan para tomar y espero que sea una buena cerveza de Vania. Hace mucho tiempo no saboreo una.

—Descuide. Se con quién ir por ese placentero néctar —sonrió con astucia ante unos confundidos Ban y Elaine. King estaba concretando una idea—. Ban, ¿tienes suficiente combustible en tu coche para viajar hacia Conrad?

—Tengo el tanque lleno, pero… ¿qué tienes pensado hacer?

Sin transmitir una respuesta inmediata, King revolvió sus bolsillos, sacó su billetera y de dentro de esta, consiguió una fotografía. Las pupilas de Ban se dilataron el descubrir que contenía la imagen.

—¿Qué te parece si reunimos a los Siete Pecados Capitales?

—¡¿Crees que eso es posible?! —Ban brincó de la cama, pasmado. Eso no podía ser, era…

—Nada es imposible, Ban —King lo observó con el entrecejo arrugado, indiferente—. Según tus propias palabras, hace unos días tu vida era una miseria y fue por algunas decisiones que ahora tienes el corazón de mi hermana y te encuentras mejor.

—Sí, es cierto, pero… —se calló. Decisiones precipitadas habían volcado en la separación de los Siete Pecados Capitales—. ¿Qué pasa si esta decisión no es la correcta?, ¿qué pasa si fallamos?

King torció el gesto, sabía que eso era una posibilidad. Aunque él estuviera allí con Diane y se fueran hasta Conrad por el capitán, Merlín y Escanor, nada aseguraba que la reunión de los siete fuera probable. Si los cálculos no le fallaban, solo había mantenido más contacto con Gowther por estar en la misma ciudad, aunque eso no quitaba que Ban también en Liones, pero jamás se lo había cruzado. De Escanor y Merlín estaba al corriente por el capitán en sus escasas visitas a la capital. Cavilando fríamente, era absurdo.

Pensando cómo alguien de los Seite Pecados Capitales, todo podía suceder.

—Supongo que hay que intentarlo…—reflexiono al final. Jamás iba a adivinar exactamente como Ban se había unido con Elaine y que lo impulso a querer conquistarla, pero estaba firme de que en parte era por esa mente retorcida, pero con buenas intenciones que poseía—. Y si no quieres oírme, al menos escucha a tu voz interior.

—¿Voz interior?

King lo miró con una ceja enarcada.

—Ya sabes, tu voz interior —insistió.

Ban volteó hacía Elaine, enmarañado. Esta realizó un ademán de no entender a su hermano.

—¡Hay, no se hagan los idiotas! Habló de esa voz que te dice que debes hacer cuando no estas confundido o indeciso —King apoyó su índice a la cabeza—. A veces, la mente es demasiado racional y toma demasiadas decisiones correctas —bajo su dedo a la zona del pecho—. Es ahí cuando tu voz interior, que proviene el corazón, puede decidir mejor que tu cerebro.

—Momento, eso serían dos voces interiores. La del cerebro y el del corazón —interrumpió Ban exponiendo una mueca de fastidio ante King. Este refunfuño—. Pero entonces quieres que la oiga y ya, ¿así de fácil?

Harlequin asintió. Zorro Codicioso aspiró aire con fuerza y volteo hacia su novia, tomo su mano con afán y retornó la vista a King. Aflojo el entrecejo y cerró los ojos, reflexionando en su interior. Toda su vida se había construido a base de eventos precipitados y decisiones de último minuto que ni siquiera eran tomadas por él en ocasiones. El cómo había llegado a los brazos de Zhivago y Chika, su cobardía con Elaine en la adolescencia, su repentina y breve historia con Jericó, el reencuentro con Elaine y la investigación de Hellbram. Todas habían sido decisiones tomadas por circunstancias apresuradas, donde accedió o retrocedió sin pensar que pasaría después con él.

Hasta esa vez.

Cuando se vio durmiendo en el lago del amor perdido cerca de Conrad y junto a Elaine, algo cambió. Prefirió decir que la batería estaba fallando y obligarse a pasar un tormento, o no tanto porque se había dado una buena sesión de besos con su mujer, yendo hacia su ciudad natal. Acabo por enfrentar a su pasado y resolverlo, despejando su presente y encaminando su futuro. Todo gracias a aquello resonó dentro de él.

¿Era su voz interior?

¿King no estaba diciendo estupideces después de todo?

Sosteniendo con fuerza la mano de su amada, carraspeó. Contaba con los dedos de su mano los momentos más importantes de su vida y este podría sumarse si todo salía bien. Si tomaba la decisión correcta.

—¿Qué estamos esperando entonces? —soltó, finalmente. Su rostro adornado con la sonrisa de alguien cuya codicia indicaba que una vez que tomaba algo, no lo dejaría ir nunca más. King y Elaine rieron orgullosos ante eso—. Hay un antiguo dueño de taberna al que debemos visitar.


Se asombró enormemente cuando la imagen de un hombre menudo y cabello desordenado ingreso por la puerta principal. Eran apenas las tres de la tarde y sus niños pronto llegarán de clases, ellos se llevarían la misma sorpresa que ella al ver Meliodas tan temprano en la casa.

—Meliodas, ¿qué ocurrió? —increpó su esposa, preocupada. Meliodas continuaba parado en el marco de la puerta sin emitir sonido ni cambiar su expresión sin emoción alguna del rostro—. ¿Te sientes bien?

—¿Yo? Me siento perfectamente, Elizabeth —contestó. Avanzó sin prisa por la sala de estar, observando su hogar. Todo estaba adornado con botellas de alcohol de colección, adornos varios y fotografías. Su graduación, su boda, sus hijos, sus amigos. Su familia—. Solo cerré temprano del taller, ¿acaso eso tiene algo de malo?

Qué su rostro no emitiera lo que sentía molesto a Elizabeth.

—No cierras el taller temprano a menos que me suceda algo a mi o a los niños —el tono de la mujer se oiga molesto. Su esposo lo percibió al mirarla fijo ahora—. ¿Qué tienes?, ¿no vas a decirme nada? —preguntó con impaciencia.

—Elizabeth.

El capitán de los Siete Pecados Capitales se acercó a su esposa con calma. Ella lo observó expectante, él tomó ambas manos y se estiró un poco para besarla lentamente en los labios. Elizabeth se sorprendió ante el arrumaco, pero se lo retribuye pronto. No estaba transmitiendo preocupación o una emoción negativa, al contrario, había una leve agitación que la contagió en un instante. ¿Qué podía haberlo animado tanto como para cerrar su negocio y volver a casa tan repentinamente? Para recibir respuesta, Meliodas se alejó de ella con una pequeña sonrisa adornando su semblante.

—Tenemos que ir a casa —declaró—. Nos están esperando.

—¿Eh? ¿a qué te refieres con que nos están esperando? —Elizabeth lo miró sin comprender. Meliodas marchó hacia el característico mueble abarrotado de adornos innecesarios y abrió uno de los cajones. De allí sacó un viejo cuadro cubierto de polvo, tiro aire sobre este y se lo mostró sin decir nada—. Ellos nos están esperando en casa.

Su esposa cubrió su boca, disimulando su quejido de asombro y emoción. La fotografía era del día de su graduación y ella lo recordaba perfectamente. En algún punto de la fiesta, Diane había insistido con una fotografía de los Siete Pecados Capitales para recordar el momento donde el problemático conjunto había conseguido graduarse, no obstante, Elizabeth se vio arrastrada por ser novia de Meliodas y nadie pareció oponerse a ello.

—Pero, Diane. Ustedes son un grupo y yo… —habría intentado decir.

—¿Qué estás diciendo, su alteza? —recordó que Ban la increpó. Solía referirse a ella como alguien de la realeza debido a situación económica—. Nadie de aquí se opone a estés. Al contrario, creo que todos estamos reunidos gracias a ti.

—¡Es cierto! Sino fuera por tus tutorías al capitán y que todos necesitamos de tu ayuda, no seriamos este grupo —confronta Escanor con sinceridad—. Es más que bienvenida a la fotografía.

Ante sus dudas, Meliodas sencillamente arrastró a Elizabeth a su regazo mientras el resto de sus amigos se acomodaba. Ella se veía incómoda de estar allí todavía, por lo que él habló.

—No tienes que sentirte mal por estar aquí. Eres parte de nosotros, aunque no tengas uno de nuestros apodos —el dragón afianzó el agarre a su, en ese entonces, novia—. No pienses que somos un grupo. Tú me enseñaste que pueden ser más que eso —el fotógrafo llamó su atención—. Mira al frente.

—¿Y qué más pueden ser? —increpó, mirando junto a él.

—Una familia.

—¿Eh?

El resplandor emergió de la cámara, captando el instante en que Elizabeth sonreía y se emocionaba por las palabras de Meliodas. En la actualidad, ese mismo sentimiento se apoderó de ella cuando distinguió que en el marco de su puerta estaban ese conjunto de personajes que se hacían llamar los Siete Pecados Capitales.

Su familia.

Esperanzas de reunirse se albergaron cuando Ban y Elaine volvieron el mismo día en que partieron con el anuncio de que se habían reunido en pareja. El festejo fue en grande y entre palabras de dos amigos borrachos, Meliodas y Ban mencionaron la idea de reunirse con el resto del equipo. Ella había visto esa escena con nostalgia y el deseo se plantó en su mente.

—Su alteza, ¿ahora por qué llora? —preguntó Zorro Codicioso, bromeando.

Elizabeth no evitó incrementar su llanto y abrazar su marido de emoción. Meliodas correspondió el gesto y vio a sus camaradas con una de sus típicas risas.

—Parece que la esposa del capitán si quería que nos reuniéramos —señaló King viendo la escena con alegría—. Eso significa que tendremos cerveza para tu padre, Ban —vio a su cuñado sonreír, satisfecho.

En ese momento, Elaine tomó la mano de Ban. El susodicho se giró hacia su novia.

—Supongo que al final mi voz interior no se equivocó. Esta era la decisión correcta.

Elaine observó a Meliodas y Elizabeth sonreír ante todos.

—Sí, ciertamente lo es.


Ban sonrió complaciente ante el panorama. Su capitán y amigo riendo con su familia, Escanor y Merlín disfrutando de su futuro, Gowther siendo él mismo y debía de admitir que ver a King y Diane también era muy satisfactorio. Todo en el ambiente era de absoluta alegría y buenas sensaciones, alejando cualquier error o emoción negativa del pasado. Cada acción y razonamiento errado estaba olvidado del todo.

Y todo eso gracias a algo que Elaine le había pedido.

—Y yo pensaba rechazarlo —reflexiono con una sonrisa. Su pareja se encontraba hablando con su madre y hermana de algo que por la distancia no podía llegar a escuchar—. Seguro serán cosas sosas de mujeres, uh.

—Bueno, hijo. Tu madre y hermana finalmente hablan con una novia tuya después de mucho tiempo —carcajeo Zhivago ante el comentario.

Lanzó un bufido ante la presencia de su padre. Este recordó esa misma expresión cuando solo era un chiquillo desconfiado al cual le ofrecía un poco de pan tras sacarlo del lago. El tiempo podría pasar y muchas cosas modificarse, pero algunas nadie sería capaz de alterar.

El hombre sonrió con nostalgia.

—¿Puedo sentarme o vas a lanzar esa mirada de nuevo?

El gesto del albino se relajó un poco y cerró sus párpados. Zhivago soltó otra ligera carcajada, se sentó bien cerca pasando su brazo la espalda de su hijo y dando un apretón cariñoso a su hombro. Este le arrojó una mirada aturdida, extrañado.

—¿Qué ocurrirá ahora? —preguntó.

—¿Eh?

—Ban, no seas estúpido —advirtió, un tanto divertido y un tanto serio—. Hace unos días me jurabas que solo tenía ojos para ese chico y hoy vienes con ella declarándose tu pareja y seguramente ya la has apretado en el asiento trasero de tu coche.

Ban dio un largo trago a su bebida.

—Zhivago, sabes que no puedo mentirte si me ves así.

—Lo agradezco. Pero dime, ¿cuáles son tus planes?, ¿llevarla a tu apartamento o que otra cosa tienes en mente? —insistió en saber.

—¡Carajo, Zhivago!, ¿qué demonios pasa aquí? —reprocho con una mueca de desgano—. ¿Desde cuándo te preocupa tanto cuales son mis planes?

—Porque por fin te veo sonriendo de verdad, mocoso malcriado. Te veo realizado como persona y has cumplido una de tus metas al estar con esa muchacha. ¿Sabes cuánto he esperado esto? —la voz de Zhivago cambió repentinamente—. Hijo, confieso que tuve miedo. Miedo de no verte feliz y que estuvieras con el peso del pasado siempre sobre tus hombros. Temí morir sin verte en total plenitud.

—Zhivago…—expresó Ban conteniendo las emociones.

—Prométeme que la cuidaras y me darás nietos lo más rápido posible, ¿sí? Este zorro quiere tener vitalidad cuando sus nietos le pidan llevarlo sobre los hombros —lágrimas brotaban de los ojos de Zhivago.

—Eres un estúpido —Ban lloró y lo abrazo, agradecido. Era una de las mejores cosas que le habían ocurrido en su vida—. Sabes que lo haré. ¡Pero no hables como si fueras a morirte pronto!

—Tendrán que quitarme mi alma y devorarla para que eso ocurra —forzando el gesto un poco más, el padre de Ban agregó—. Si necesitas tu viejo cuarto, solo avisa y te hare llegar algo —murmuró.

—Gracias, quede corto de dinero tras el viaje —comentó con cierta idea trabajando en mente—. Aunque en realidad no había pensado en eso hasta que lo trajiste a colación. Eres una mala influencia, viejo zorro.

Zhivago se separó y se cruzó de brazos. Mirada vagando de aquí por allá en el patio trasero de los Snatch.

—No sé de qué hablas, yo soy un hombre santo y puritano —dijo fingiendo no entender. Lanzó una carcajada limpia después—. El chico de porcelana cree que no le tocaras un cabello, ¿eh?

En ese momento, Elaine volvió su vista hacia el padre e hijo. Sin escrúpulos, Zorro Codicioso le lanzó una mirada sugestiva y llena de perversas intenciones que hicieron que la blonda se sonrojara. Ban soltó una leve carcajada.

—En realidad, cumpliré mi palabra de no tocarle ni un cabello —declaró dándole un trago a su bebida mientras veía el movimiento nervioso de Elaine. Parecía interesada por lo que le había transmitido con sus ojos color carmesí—. Aprovechare el resto del terreno al cual no se me prohibió tocar.

—Bien, has lo que quieras. No soy quién para juzgarte —Zhivago sujeto su botella y le dio un trago—. Un brindis, hijo. ¡Eres libre de hacer lo quieras!

Con una sonrisa socarrona el rostro, el albino también sujeto su botella para chocar.

—En realidad, Zhivago. Soy libre gracias a Elaine —agregó, concluyendo y mirando. Mirando su futuro—. Ella fue quien me liberó.

Y las botellas sonaron.