Todos los presentes voltearon sus cabezas, sobresaltados por semejante ruido y la directora McGonagall se incorporó en su asiento, inquieta. Dirigió una mirada inquisitiva al profesor Jeshua que entendió enseguida su petición.

- No os alarméis, iremos a ver qué es lo que ha ocurrido. Quizás ha sido una fuerte ráfaga de viento -intentó tranquilizarlos.

- Continuad con el baile -añadió la directora volviéndose a sentar sin ignorar el temblor que empezó a formarse en su cuerpo. El profesor Jeshua salió de la sala acompañado por dos profesores más. La música volvió a reanudarse tras unos tensos minutos. Horace se acercó a ella, un poco nervioso.

- ¿Te encuentras bien, McGonagall?

- Si… -murmuró- pero tengo un mal presentimiento.

- Yo también lo siento -acordó con firmeza y ella observó a sus compañeros, vislumbrando la preocupación y la inquietud en sus ojos. Algo no iba bien…

El cuerpo de Kylan se tensó de repente aún con Ginny a su lado y Ron a unos metros de él y giró la cabeza hacia atrás, encontrándose con la severa y fría mirada de su amigo Christian. Tragó saliva, sabiendo perfectamente lo que pensaba, con un movimiento de cabeza Christian le indicó que se reuniera con él lo antes posible.

- Tengo que irme… -susurró a Ginny sin mirarla.

- ¿A dónde? McGonagall ha dicho que nos quedemos aquí

- Es importante -insistió y finalmente bajó la mirada e intentó esbozar una suave sonrisa- me ha encantado bailar contigo…

- Será la ultima vez -intervino Ron con un gruñido sin perderse ni un detalle.

- ¡Ron! -lo riñó- ¡basta ya! te estás comportando como un… -medio terminó pero se vio interrumpida por un grito y una especie de rugido. Las chicas lanzaron una exclamación de asombro y ella se pegó instintivamente a Kylan. McGonagall se incorporó de nuevo, con los nervios a flor de piel y todo el profesorado imitó su movimiento. Harry, Hermione, Ron, Ginny, Neville y Luna se miraron detenidamente desde donde estaban, inquietos y sorprendidos por los acontecimientos y al levantar la mirada y cruzarse con la de la directora, supieron que debían hacer algo. De repente, Filch entró precipitadamente y a trompicones en el Gran Comedor, jadeando con dificultad.

- Directora, han robado en su despacho, ¡alguien lo ha abierto! -soltó a bocajarro- es un atentado grave.

- Eso es imposible -replicó McGonagall temiendo lo peor- imposible te digo…

- No, directora, lo he visto con mis propios ojos

- ¿Quién ha sido? -inquirió con voz potente y al instante, otro rugido perforó las paredes del Gran Comedor- mantened la calma, seréis llevados a vuestros dormitorios de inmediato-.

Enseguida los alumnos se amontonaron, tremendamente nerviosos y los profesores dieron instrucciones estrictas de calma y quietud para poder hacerlo todo con orden.

- ¡Directora! -la llamó Harry, golpeándose con los demás para llegar hasta ella.

- Sea lo que sea, señor Potter, la respuesta es no

- Yo secundo la moción a la causa -replicó Hermione pisándole los talones.

- Estáis locos si pensáis que voy a dejaros ir a por esa… criatura -se le ocurrió decir.

- No es la primera vez, ¿no cree? vamos, McGonagall. Esto no puede quedar así.

- Y no van solos -se acopló Ginny con Ron detrás suya

- Nosotros también nos apuntamos -exclamó Neville siendo perseguido por Luna también. En un momento, los seis amigos estaban reunidos frente a McGonagall mirándola con expectación. La directora suspiró largamente y tras unos minutos, cedió.

- Está bien, pero tened cuidado, es peligroso.

- Con Hermione y Ginny es suficiente -se atrevió a bromear Neville.

- Bromas a parte, Longbottom. Todos juntos y volved lo antes posible.

Los chicos asintieron y salieron cuanto antes de la sala siendo absorbidos enseguida por la oscuridad del castillo.

- Luna, ve tú delante. Si ese rugido proviene de algún animal, tú eres la mejor para rastrearlo -le pidió Harry mirando a la joven Ravenclaw.

- Vale -asintió comprendiendo y se posicionó en cabeza. Sacaron sus varitas y utilizaron el hechizo Lumos para arrojar un poco de luz a los pasillos y a las escaleras.

- Hay que ir al segundo piso, se supone que esa cosa estuvo en el despacho de McGonagall -comentó Hermione, quitándose los tacones al igual que las otras chicas para poder caminar mejor aunque fuera descalza.

- Por algún sitio hay que empezar, eso está claro -asintió Harry de acuerdo.

- Pues deprisa -replicó al mismo tiempo que subían las escaleras a toda velocidad. De repente, un silencio se adueñó del ambiente, obligándolos a parar de golpe con las varitas en tensión e instintivamente Harry sujetó con suavidad el brazo de Luna, protector.

- Tranquilo -susurró muy bajito y se acuclilló entonces en el suelo y con ayuda de la varita, se apreciaron surcos de una considerable longitud.

- Yo voy delante -se ofreció Ron al observar como Harry se posicionaba junto a ella para analizar esa marca.

- Te acompaño -discrepó Neville.

- Tened cuidado -musitó Ginny.

- Luna… -murmuró el ojiverde

- Estas marcas… -acarició la dura superficie ahora rasgada- son muy parecidas a las de tu brazo, Harry.

- ¿Cómo lo sabes?

- Son tres surcos y la del centro es más pronunciada que las otras dos. Sin duda alguna, son garras.

Mientras tanto, Ron y Neville caminaban muy lentamente delante de los chicos con las varitas en alto, iluminando el próximo trecho del pasillo con deliberada precaución. Un sudor frío empezaba a acumularse en la frente del pelirrojo y una gota resbaló por su sien.

- Ron… -susurró Neville, tenso y nervioso- no sé tú, pero esto no me gusta.

- ¿Tú también lo sientes?

- Hay algo… aquí… - asintió, tragando saliva- y muy cerca.

- ¿Intensificamos la luz para…? -se vio cortado abruptamente cuando su pie derecho chocó con algo duro y blando a la vez.

- Ron -tartamudeó Neville, señalando en su dirección. El joven Weasley se viró y lo que vio, le dejó petrificado: era un cuerpo, estaba bocabajo con los brazos torcidos hacia atrás y una abundante cantidad de sangre se escapaba de su cuello, tenia la ropa rasgada y a su pierna derecha le faltaba un buen trozo de muslo.

- Dios mío… -musitó el chico, horrorizado. Se atrevió a acercarse y gracias a la luz de la varita, supo reconocer su rostro- el profesor Jeshua de Runas Antiguas…

- Tenemos que decirselo a McGonagall, esto es mas grave de lo que… -comenzó Neville, retrocediendo cuando un feroz gruñido rebotó por las paredes a lo largo de todo el pasillo y una enorme sombra se abalanzó sobre ellos. Dos patas enormes con garras afiladas los tumbó en el suelo con energía y ambos lanzaron una exclamación de sorpresa y horror.

- ¡Everte Statum! -exclamaron Hermione y Ginny al mismo tiempo, reaccionando por instinto al grito de los chicos, alarmadas y sorprendidas. El hechizo potenciado por ambas chicas impactó por completo en el pecho de aquella criatura, ésta volvió a gruñir y retrocedió con violencia, chocando con la barandilla de piedra y precipitándose hacia abajo hasta llegar al Patio de Transformaciones de la planta baja de la escuela. Se escuchó un golpe sordo cuando su cuerpo por fin tocó tierra.

- ¡Joder, qué susto me dio esa bestia! -vociferó un Ron visiblemente alterado al incorporarse.

- ¿Estás bien? -preguntó Luna, preocupada.

- Si, con suerte

- ¿En qué estabas distraído? -le riñó Ginny.

- En esto -señaló el cuerpo inerte del profesor. Hermione se llevó una mano a la boca, aterrorizada.

- ¿Cómo ha ocurrido?

- Eso vamos a preguntarselo a esa bestia -masculló Ron.

- Hay que bajar rápidamente -los interrumpió Harry.

- Eso es fácil -sonrió Luna acercándose a las escaleras- ¡Glisseo!

- Luna, eres la bomba -la alabó Neville y no se cortó un pelo para deslizarse por la escalera, recién convertida en tobogán- ¡yuju!

- Por una vez, le doy la razón a Neville -admitió el pelirrojo sonriendo afablemente a la joven antes de seguirle. Enseguida todos bajaron en un tiempo récord a la planta baja.

- ¡Allí está! -señaló Ginny con el dedo hacia la bestia que se impulsaba con sus patas traseras para avanzar a grandes zancadas, escapando.

- ¡Desmaius! -exclamó Harry, sacudiendo la varita.

- ¡Expulso! -añadió Neville.

- ¡Incarcerous! -replicó Hermione con determinación. Los hechizos de los chicos no lograron alcanzar a la bestia debido a su alta velocidad pero el hechizo conjurado por Hermione fue más efectivo, unas gruesas cuerdas surgieron entre las baldosas de piedra y con un enérgica sacudida, atraparon la pata trasera izquierda del animal, provocando su desequilibrio. La bestia aulló sorprendida y medio cuerpo cayó de lado, situación que las cuerdas aprovecharon para ascender a una velocidad alarmante, creando una cárcel en su peludo y enorme cuerpo.

- Bien hecho, Hermione -la alabó Harry mientras se aproximaban, sintiéndose victoriosos por haber conseguido atrapar a esa criatura que aún no sabían que era. Pero la alegría duró poco, dos enormes sombras aparecieron del cielo y se posicionaron justo enfrente de ellos, impidiéndoles el paso. Entonces un débil haz de luz plateada se deslizó tímidamente por el suelo de piedra, Luna alzó la cabeza presenciando lo que su mente había estado cavilando desde las marcas que había visto en el segundo piso, las nubes de la noche se estaban dispersando y una hermosa luna llena hizo su aparición en todo su esplendor, iluminando a esos dos seres que estaban frente a ellos. Bajo la luz de la luna, sus tamaños y sus volúmenes eran descomunales y sus alturas superaban perfectamente los dos metros, poseían unas fuertes y musculosas patas, sus garras eran letales, afiladas y largas, sus fauces estaban semiabiertas mostrando unos temibles colmillos blancos y sus alargados hocicos, daban a entrever perfectamente que tipo de criaturas eran. Uno de ellos poseía un abundante pelaje blanco y el otro era de un suave marrón color madera.

- Son licántropos -murmuró Hermione, con los nervios en tension y la varita en alto.

- Están muy lejos de casa, ¿no creéis? -bufó Ron.

- Yo no los enfadaría -replicó Neville

- Ya están enfadados -aportó Luna- sus mandíbulas están tensas, van a atacar en cualquier momento. Están resistiéndose al embrujo de la luna llena.

- No podemos quedarnos aquí como idiotas. Hemos atrapado al ladrón

- Piensa las cosas, Ron, no estamos para bromas -le riñó Hermione, asqueada con su falta de razonamiento.

- Vamos, cariño, somos seis contra dos, ¿qué pueden hacernos?

- ¡Cállate, Ron! -explotó entonces una Ginny furiosa alzando la voz más de lo que pretendía. Un error fatal. El licántropo oscuro abrió los ojos con salvajismo y con un gruñido feroz, se abalanzó sobre ella. Harry reaccionó por puro instinto y miedo y de un empujón, apartó a Ginny de las garras de ese animal que casi le arrancó la cabeza.

- ¡Confringo! -contraatacó pero el animal agachó la cabeza, esquivándolo.

- Flipendo -musitó Luna con voz suave. El hechizo golpeó en la cabeza del licántropo que la sacudió, aturdido de repente y sin darse cuenta, aventó a Harry con una pata delantera por los aires y su fino oído captó la intención de la castaña de atacarle y con su peluda y larga cola, enroscó su cintura.

- ¡Hermione! -exclamaron Ron y Harry al mismo tiempo. Mientras tanto, el otro licántropo se encargaba de desatar a su compañero con garras y dientes y en unos minutos ya estaba libre de las cuerdas. Miró fijamente al compañero que luchaba contra los chicos, éste se viró hacia él como si lo hubiera llamado, gruñó y con un salto, se alejó de ellos.

- ¡Se escapan!

De repente, un zumbido perforó el tenso ambiente y una potente luz, proveniente de un hechizo chocó bruscamente contra las baldosas de piedra en la misma dirección que iban los licántropos y una explosión los obligó a retroceder con violencia.

- ¡Directora McGonagall! -exclamó Neville, sorprendido.

- ¡Bombarda Máxima! -pronunció con firmeza y otro brusco estallido provocó la furia entre los licántropos, aislándolos entre ellos- !Accio pergamino!

El licántropo ladrón lanzó una maldición entre dientes cuando el objeto que había robado se agitó entre su pelaje, obedeciendo al llamado de su propietaria pero estaba tan bien sujeto que no respondió al instante, incapaz de llegar a sus manos. Su compañero, el hombre-lobo oscuro, abrió las fauces amenazante hacia McGonagall y la miró con ojos feroces mientras su pelaje se erizaba en señal de furia. La directora le sostuvo la mirada con determinación y fuerza y extendió la varita en su dirección, retándolo. El hombre-lobo blanco gruñó desde lo más profundo de su garganta, imperceptible al oído humano en advertencia.

No lo hagas , te matará

Nos quitará el pergamino, es peligrosa

Precisamente por eso debemos seguir las ordenes estrictas del Macho Alfa

Nunca saldremos de aquí si alguien no la distrae y no podemos llamar a la manada porque provocaríamos una pelea innecesaria y en clara desventaja con tantos magos aquí

No estoy dispuesto a correr ese riesgo

Haré lo que crea conveniente, compañero, pero ese pergamino vale demasiado para que caiga en sus manos nuevamente

Tras estas últimas palabras, volvió su atención hacia McGonagall y con un escalofriante aullido, se abalanzó sobre ella con las garras y las fauces por delante. Muy lentamente, la directora observó cada detalle, cada movimiento, cada expresión de esa terrible y sangrienta criatura que no hizo más que remover en su interior y en su mente indeseables e inolvidables recuerdos, su mirada se endureció y alzó la varita en su dirección al tiempo que pronunciaba el hechizo definitivo:

- Avada Kedavra -musitó y la punta de su varita exhaló una potente corriente de energía sin ninguna piedad hacia el licántropo. Mientras veía a su compañero morir a manos de la directora de Hogwarts, aprovechó esa situación para salir a toda velocidad de aquel lugar en compañía del otro licántropo. Los chicos estaban tan sorprendidos y petrificados contemplando aquella escena tan impactante que no fueron conscientes del escape de los ladrones. Fue Harry quien por fin salió de aquel repentino shock y sacudiendo la cabeza, los persiguió con decisión.

- ¡Harry! -exclamó Luna, despertando también del letargo- espera, ¿qué haces? ¡Harry!

- ¿Te has vuelto loco, Harry? -chilló Hermione.

- ¡Señor Potter, vuelva aquí ahora mismo! -le ordenó McGonagall cuando el pesado cuerpo de la bestia se desplomó sin vida ante ella, ignorándolo. Pero Harry no la escuchó, desapareciendo en la oscuridad.

- ¡Harry! -lo llamó Ron, yendo tras él.

- ¡Señor Weasley!

- Se dirige al Bosque Prohibido -captó Luna preocupada- es el entorno natural de los licántropos, debemos impedirselo.

- No permitiré que corra tal riesgo, señorita Lovegood

- Voy con ella -se ofreció Neville

- Gracias, Neville -sonrió dulcemente.

- Impedid que Potter se interne demasiado en el Bosque, si tenéis que derribarle, hacedlo -ordenó con seriedad.

- Entendido -asintieron y fueron tras Ron y Harry.

- Vosotras os quedaréis aqui -miró a la señorita Weasley y Granger.

- No es justo -replicó Hermione.

- No admitiré replicas, señorita Granger, además no estarán solos -le prometió. Ondeó su varita por encima de su cabeza y un pequeño brillo de color azul relució en la punta, la sacudió hacia adelante en la misma dirección donde se había ido Harry y los demás y una ligera neblina se precipitó al Bosque Prohibido.

Los licántropos le habían sacado una gran ventaja debido a sus grandes habilidades físicas pero Harry no se dio por vencido y no se inmutó cuando los arboles, la maleza y la oscuridad del Bosque Prohibido lo tragó por completo. Débilmente, escuchaba los gritos de sus amigos y conforme avanzaba, las voces se oían cada vez menos. Se vio obligado a aplicar el hechizo Lumos Máxima en varias ocasiones, lanzando bolas de luz en distintas direcciones para poder orientarse mejor en aquella noche fría, apartó los arbustos y tuvo cuidado con los troncos y las ramas mientras corría, a esas alturas su esmoquin estaba sucio y con rasguños pero realmente no le importaba. Volteó la cabeza entonces al escuchar un gruñido y apresuró el paso, tanto que el paisaje se difuminaba más y más a cada paso que daba. La tierra estaba revuelta por las garras de los licántropos, señal inequívoca que habían pasado a toda velocidad, y su inconfundible olor a perro sucio de hace años y años le indicaba a Harry que no estaba muy lejos de, quizás, alcanzarlos. Su pecho subía y bajaba en rápidas convulsiones, pidiendo oxígeno y tuvo que aminorar la marcha un momento, jadeante, los escasos segundos que sus pulmones adquirieron aire fueron suficientes antes de vislumbrar una sombra a lo lejos. Reaccionó sin importarle el temblor de sus piernas de tanto correr.

- ¡Confringo! ¡Desmaius! ¡Bombarda! -recitó el chico a toda velocidad sacudiendo la varita sin puntería. Los hechizos chocaron entre los arboles, destruyeron una roca e incendiaron levemente un trozo de musgo sin acercarse siquiera a ese posible licántropo. Siseó entre dientes mientras la perseguía- ¡Lumos...!

Unas garras aprisionaron la chaqueta de su esmoquin por detrás, interrumpiendo abruptamente la pronunciación de su hechizo y salió despedido hacia atrás, rodando por el suelo. Al intentar ponerse de pie, recuperándose de la sorpresa, las fauces de la bestia se cernieron sobre él a una velocidad de vértigo. Con un brusco y rápido movimiento, deslizó su brazo por la chaqueta rasgada y cubrió el hocico del animal borrándole la visión y se escabulló por debajo de su cuerpo en una improvisada voltereta. El corazón le dio un vuelco, sabiendo perfectamente que podría haber muerto perfectamente en aquella dentellada maligna y salvaje. El hombre-lobo desgarró la chaqueta, apartándola de su rostro y se viró para encarar nuevamente al muchacho en un ronco gruñido. Harry lo apuntó con la varita en un posible intento de amedrentarlo pero en un astuto movimiento, su contrincante hundió las garras en la tierra y le arrojó una nube de polvo que lo obligó a utilizar el brazo para cubrirse, dejándolo en una clara desventaja. No supo cómo pero de repente se encontraba tumbado de espaldas en el suelo, las patas traseras aprisionaban sus muslos y las patas delanteras mantenían sus hombros tan bien afirmados que notó su columna quejarse del dolor. Entonces los lacerantes colmillos de la bestia se clavaron en su hombro izquierdo y no pudo más que abrir la boca y dejar escapar un alarido de dolor que dañó hasta sus propios oídos, su cuerpo se convulsionó contra el musculoso cuerpo del licántropo y sintió algo caliente brotar de su carne.

-¡Harry! -lo llamó incesantemente Ron, derrapando en una pequeña pendiente de tierra. Este chico estaba loco, ¿cómo se le ocurría perseguir solo a esas bestias?. Una tímida luz llamó su atención, Harry ha debido de utilizar Lumos Máxima, pensó, mas aliviado de poder seguir su ubicación sin avanzar a ciegas.

- ¡Ron! ¡Ron! -se oyó la dulce voz de Luna cerca de él.

- ¿Luna?

- Ron -insistió, apareciendo de repente su figura y su largo pelo rubio y sonrió aliviada al verlo- Ron, aquí estás

- Y también yo -intervino Neville, jadeando.

- No deberíais haber venido

- Pues claro que si, Harry está en peligro

- Basta de habladurías, tenemos que encontrar a Harry

- Por ahí -señaló el pelirrojo hacia la esfera de luz- tiene que ser por ahí.

- Vamos -instó Neville empujando suavemente a Luna. La esfera de luz dio lugar a otras esferas idénticas que los guiaron por el oscuro sendero del Bosque Prohibido pero a pesar de ver huellas de zapatos y de garras, no sabían dónde podía estar su amigo.

- ¡Maldición! aquí es muy fácil perderse -se cabreó Ron, levantando tierra de una patada.

- Cálmate, Ron

- No me digas que me calme, Neville. Harry puede estar muerto en estos momentos, ¿sabes?

- Ron -susurró Luna colocando una mano en su hombro con afecto y tranquilidad- encontraremos a Harry, ¿de acuerdo?, no le pasará nada, recuerda que es Harry, no es la primera vez que lucha contra la muerte.

- Eso no cambia nada, no me tranquiliza -apretó la mandíbula, tenso.

- Pues debería, puede que nadie pueda burlar a la muerte pero él lo ha conseguido y no lo ha hecho solo. Lo encontraremos, somos sus amigos -esbozó una dulce y serena sonrisa que derretiría a cualquier iceberg en medio de la Antártida. El alocado latido del corazón de Ron, debido a tanta búsqueda, se ralentizó un momento y seguidamente sufrió un vuelco, latiendo rítmica y agradablemente. Fue como si una carga que no debería llevar se deslizara por cada miembro de su cuerpo, sintiéndose vacío y tranquilo.

- Tienes razón... -tragó saliva en un murmullo. Era una sensación extraña, no sabia como describirla, si es que habían palabras.

- Chicos, mirad -los interrumpió Neville. Ambos jóvenes voltearon sus cabezas al mismo tiempo, al principio no supieron a qué se refería pero entonces una difuminada figura azul celeste ocupó su campo de visión. Tenía una forma de gato con lineas desiguales en su rostro y sus patas marcaban lentos pasos, despidiendo pequeños destellos azules de luz.

- ¿Pero qué...? -quiso preguntar Ron.

- Es el patronus de McGonagall -apuntó Luna en un susurro- nos guiará hasta Harry

- Luna tiene razón -asintió Neville, avanzando- no está aquí por casualidad.

El gato les dirigió una fugaz mirada y realizó un grácil salto por delante de ellos, éstos reaccionaron y no dudaron en seguirlo con precaución por si desaparecía en algún momento. Conforme avanzaban, el ambiente se fue caldeando aún más y el sepulcral silencio sólo era roto por los apresurados pasos de los tres amigos que perseguían al gato, éste se detenía muy de vez en cuando y luego proseguía la marcha.

- ¿Estás seguro de que no nos estamos alejando? -preguntó dudoso mientras saltaba un tronco.

- Esperemos -inquirió Neville y entonces un grito de dolor penetró en sus oídos, provocando que su vello se erizara.

- ¡Harry! -exclamó, nervioso y temblando por la vida de su amigo. El patronus desapareció en una insignificante nube de humo azulada y la escena de Harry y el licantropo encima de él apareció ante sus ojos- ¡Expulso!

La bestia gruñó cuando el hechizo impactó de bruces contra su cuerpo, lanzándolo por los aires unos buenos metros y alejándolo de su presa.

- ¡Confundus! -aportó Luna con destreza.

- Maldita, bestia, ¿cómo te atreves a atacar a mi amigo? -la insultó Ron golpeándola con hechizos una y otra vez. Mientras sus amigos se encargaban del licántropo, Harry se llevó una mano al hombro malherido, ahogando un gemido de dolor e intentó incorporarse de rodillas. Rechinó los dientes y tanteó buscando su varita, murmuró con dificultad unas palabras y una densa capa de una sustancia viscosa y fresca cubrió por completo las heridas de los colmillos del animal, invisible al ojo humano. Una exclamación de sorpresa lo obligó a mirar cómo la bestia atrapaba a Luna con una pata delantera.

- ¡Luna! -gritó con la garganta seca.

- Ah no, eso si que no -sentenció Neville, impulsándose con las piernas para afirmar sus manos a la peluda pata del animal y se incorporó lo justo para pronunciar el hechizo deseado- ¡Sectum!

Un limpio corte rasgó su piel, la criatura aulló y por inercia, soltó a su prisionera agitando su miembro lastimado con violencia, propulsando a Neville hacia atrás.

- ¡Mia! -advirtió Ron, atrapando a Luna entre sus brazos antes de que cayera al suelo pero enseguida vieron con horror unas garras que se cernían sobre ellos.

- ¡Sectumsempra! -logró decir Harry justo a tiempo. El licántropo detuvo su contraataque abruptamente, retrocediendo su cuerpo y aulló de dolor mientras se retorcía, como si miles de cuchillas lo estuvieran desgarrando por dentro. Se desplomó en el suelo, creyendo que si se revolcaba el dolor mitigaría.

- Vamos, deprisa -los animó Neville, levantándose del suelo rápidamente.

- ¿Estás bien?

- Si, gracias Ron -retiró un mechón pelirrojo de su frente y se incorporó, dejándolo sorprendido.

Harry entendió sin necesidad de palabras y extendió la mano en dirección hacia ellos, Neville la colocó encima y Ron y Luna no tardaron en llegar, uniendo todas las manos y desapareciendo rápidamente del Bosque Prohibido en una brusca convulsión de energía.

Aparecieron en el Patio de Transformaciones en otra convulsión ensordecedora y los cuatro amigos se desplomaron sin resistencia en el suelo. Ron y Neville fueron los primeros en incorporarse.

- ¡McGonagall están aquí! -la avisó Hermione mientras corría con Ginny hacia ellos.

- Tenéis un aspecto horrible

- Gracias por la observación, hermanita -le espetó Ron.

- Harry -lo llamó preocupada con el corazón encogido. El chico aún estaba tumbado y una dolorida mueca se dibujaba en sus facciones, dando a entender que el viaje no le había gustado nada.

- Señor Potter -intervino la directora, apartando a sus alumnos con poca delicadeza.

- Estoy bien... -siseó, ayudándose de su brazo derecho para intentar levantarse y enseguida Ron y Neville se ofrecieron a colaborar.

- No, no estás bien, Harry, estás sangrando -lo contradijo Hermione, temblando debido a los acelerados latidos de su corazón, producto irrevocable del miedo que había pasado.

- No es nada, sólo es un rasguño, Hermione -murmuró con voz cansada.

- Longbottom, Weasley, ¿qué ha pasado? -exigió saber McGonagall.

- El licántropo lo estaba atacando cuando lo encontramos, menos mal que su patronus nos guió. Estábamos desesperados -contestó Neville.

- Pero no vimos qué le hizo, estaba oscuro -añadió Ron.

- No me hizo nada, vosotros llegasteis justo a tiempo. Sólo fue un arañazo, nada mas -mintió. Lo que menos quería era preocuparlos a todos y menos por el ataque de ese licántropo, que bien debería estar en la enfermería en aquellos momentos.

- Por su bien, señor Potter, espero que no le haya mordido, ¿me oye? -masculló con paciencia.

- ¿Por qué lo dice, directora?

- ¿Alguna vez atendió a clase, señor Weasley?

- Una mordida de licántropo puede originar unas consecuencias terribles -dijo Luna, aliviando el ambiente con su dulce voz- si un licántropo te muerde, en la próxima luna llena sufrirás la misma transformación que ellos. Pero sólo puede hacerlo un licántropo de alta jerarquía, es decir, el Macho Alfa o sus allegados.

- Exacto, señorita Lovegood.

- ¡Estoy bien! -volvió a insistir el joven- necesito descansar, ha sido una noche muy movida.

- Vaya a la enfermería, señor Potter, hay que asegurarse de que está ileso

- Soltadme, chicos -les pidió mientras afirmaba las plantas de los pies en el suelo y luego miró a la directora a los ojos- míreme, señora, estoy bien, sólo tengo esta sangre del rasguño que le estoy comentando.

- Cálmese, no es necesario que alce la voz. Si es cierto lo que dice, no tengo mas que decir, todos a vuestras habitaciones.

- ¿Qué robaron en su despacho? -la detuvo Hermione de repente, acordándose del robo del ladrón. McGonagall la miró a los ojos con seriedad.

- Ahora mismo no es momento de explicaciones. Es más, creo firmemente que no os incumbe a ninguno de vosotros.

- Yo creo que si nos incumbe

- Pues lamento contradecirla, señorita Granger, pero no es así.

- No trate de ocultarnos nada, señora, ese licántropo llevaba algo en su cuerpo. Tiene que ser algo muy importante como para atreverse a robar en la escuela y en su propio despacho.

- Y sin que nadie lo viese -añadió Ginny, reconociendo ese gran detalle.

- Los licántropos, en especial los hombres-lobos, son poco predecibles y rápidos -informó Luna con sus conocimientos sobre las criaturas mágicas nuevamente.

- Son los más poderosos después de los hombres-tigres -asintió McGonagall con una expresión sombría y ausente- son las bestias mas sanguinarias y crueles que he visto en toda mi vida.

- Habla como si supiera mucho de ellos -observó la castaña.

- Es tarde... -cortó bruscamente la conversación- y debéis iros a la cama ya.

- ¿De verdad cree que vamos a poder dormir después de lo que ha pasado? -la miró Ron, estupefacto- ha muerto el profesor Jeshua, directora, no es ninguna tontería.

- Una pérdida lamentable, eso seguro -inspiró hondo y su sabia mirada los observó a todos, con paciencia, cariño, preocupación, tristeza, temor y desasosiego- venid conmigo...

Ninguno de los chicos se escapó de abrir sus mandíbulas, sorprendidos e impresionados del boquete que el licántropo-ladrón había dejado en la entrada del despacho de la directora.

- Aún sigo sin comprender cómo ha podido entrar, no conozco ningún hechizo que pueda provocar semejante efecto -comentó McGonagall.

- Sin duda alguna, habrá que investigarlo

- Quizá en otro momento, señorita Granger

- Oh, no -musitó entonces Luna, deslizando las palmas de sus manos bajo el cuerpo sin vida del halcón. Tenia una ala completamente desgarrada y el cuerpo poseía la marca de una única garra, suficiente para acabar con su vida- Engels está muerto.

- Fue lo primero que encontré cuando vine hasta aquí -asintió la directora- al parecer intentó avisarme con sus chillidos, siempre lo hace cuando siente que hay peligro o sucede algo importante pero lo mató en cuestión de segundos.

- Es cruel... ¿puedo quedarmelo? -le pidió con una sincera y apagada mirada.

- ¿Serviria de utilidad decirle que no, señorita Lovegood?

- Gracias

- ¿Qué objeto de su despacho podría interesarle a un licántropo? -preguntó Hermione, cambiando de tema.

- Algo que debería haber quedado en el olvido hace mucho muchísimo tiempo

- ¿De cuánto estamos hablando?

- Treinta y siete años aproximadamente.

- Cuando era joven... -murmuró Neville como si no se creyera que la directora hubiese sido joven alguna vez.

- Noto cierto escepticismo en su tono, señor Longbottom

- Lo siento

- ¿Qué paso? -la animó la castaña, prestando mucha atención.

- Hubo una guerra entre magos y licántropos -continuó rodeando su escritorio y tomando asiento, reposó la varita en la mesa y acomodó los dedos de sus manos.

- ¿Magos y licántropos? eso es nuevo.

- De todas las clases que os podáis imaginar, pero los peores eran los hombres-lobos. Con la luna llena, perdían completamente la razón, el sentido de la conciencia y del control. Sobrepasaron los limites y las normas impuestas de Azkaban y se trasladaron al mundo muggle, fue una completa carnicería -suspiró, resistiendo el escalofrío que su cuerpo deseaba sufrir- malos tiempos sin duda, mucha gente murió.

- No me imagino lo duro que debe ser -comentó Ginny con un nudo en el estomago.

- Creo que voy a vomitar... -interrumpió Ron, aguantando las náuseas que experimentaba en aquellos momentos.

- Si hubiera estado allí, señor Weasley, posiblemente ya lo habría hecho -repuso empujando un cubo negro a su alcance justo cuando el chico se doblaba y expulsaba todo lo que llevaba dentro. Neville, Ginny, Hermione, Harry y Luna se cubrieron momentáneamente sus respectivas narices para no tener que soportar el fétido olor del vómito. Cuando terminó, McGonagall le ofreció un pañuelo para que se limpiara y con su varita apuntó al interior del cubo- Tergeo

- Gracias -murmuró un poco mareado.

- ¿Estás mejor? -lo miró Hermione con cariño en sus ojos como si todo su enfado contra él de hacia días se hubiera esfumado.

- Si, mejor -asintió, tranquilizándola.

- Continúe, por favor, ¿qué ocurrió en esa guerra? -se adelantó Harry, ésta vez.

- Toda manada de hombres-lobos tiene un Macho Alfa, debido a su alto liderazgo y su especial habilidad para controlar sus salvajes impulsos lobunos. Sólo los auténticos hombres-lobos son capaces de resistirse a la luna llena y por consiguiente, pueden hacer lo que quieren. Yo conocí a uno en persona, era el licántropo más descomunal y poderoso que había visto en toda mi vida y sólo ansiaba una cosa: la inmunidad.

- ¿La inmunidad a qué?

- A la magia -contestó como si fuera lo más obvio- lo que mas ansían los licántropos es ser inmunes a la magia porque ya son grandes expertos en todo lo referente a lo físico. Nadie les supera en un combate cuerpo a cuerpo, en el arte del sigilo y la estrategia, la destreza, la agilidad, la velocidad y la fuerza bruta. Sin embargo, son vulnerables a la magia.

- ¿Quién ganó esa guerra?

- Nosotros pero fue como si perdiésemos porque el Macho Alfa logró escapar, dejando al resto de la manada a nuestra merced y los encerramos a todos en Askaban.

- ¿Cómo se puede lograr la inmunidad? jamas había oído tal cosa

- Es largo y complejo de explicar, señorita Granger, y no estamos para una clase de teoría.

- Aún no nos ha dicho que fue lo que robo ese hombre-lobo

- Siempre tan perspicaz -esbozó una media sonrisa sin sentirlo de verdad- ¿veis ese baúl negro? dentro contiene algunos pergaminos de gran valor e importancia para el mundo mágico.

- ¿Por qué tendría usted un baúl como ése?

- No voy a responder a esa pregunta, señor Potter. Falta un pergamino en ese baúl.

- Y... ese pergamino contiene... -empezó Hermione adivinando lo que pasaba por la mente de la directora.

- Contiene el secreto para alcanzar la inmunidad -finalizó, dejando escapar una incómoda y preocupante sensación en el ambiente, en aquel despacho y en toda la escuela. Estaban en una situación muy comprometedora y seria.


-AUTORA-

Hola a todos! Disculpen la molestia. Ando muy liada, en parte vida personal, en parte trabajos esporádicos, en parte falta de inspiración lo admito.

Reviews? No? Avadas? Quiero saber vuestra opinión.

Dama Felina