Notas de la traductora: ¡Nuevo capítulo! ¡Disfrútenlo!
Disclaimer: The Mortal Instruments y sus personajes pertenecen a la gran Cassandra Clare y esta historia en particular pertenece a la maravillosa Brittanysway.
Advertencias: Futuro contenido sexual. Agresión, abuso y violación. / Diferencia de edad entre Alec y Magnus.
XI. Ser diferente es normal
Suspiré sobre mi pupitre mientras veía a la Señora Fray, quien estaba escribiendo algo en la pizarra. Realmente no quería venir hoy a la escuela. Mis caderas me seguían doliendo y podía sentir la quemadura contra la tela de mis pantalones y camisa. Fruncí el ceño y bajé la mirada hacia mis dedos que estaban sobre la mesa. Sentía un manojo de nervios. Hice cosas que no tenía idea que estaba haciendo y cada vez que alguien venía detrás de mí daba un salto. Quizás Valentine había logrado que le tuviera miedo al toque de otras personas. Alcé la mirada de nuevo y miré a Jace, quien estaba sentado con sus brazos cruzados sobre su pecho. Su camisa blanca se adecuaba a sus músculos perfectamente y su pantalón azul oscuro le quedaba algo suelto, mostrando algo de piel desnuda. Se giró y me vio mirándolo. Llevó una mano a su boca y fingió un bostezo. Sonreí y bajé la mirada esperando que la Señora Fray no se hubiera dado cuenta.
Los grandes ventanales dejaban entrar una pequeña cantidad de luz solar a la sala de clases y había una de aquellas ventanas abierta al final del aula, dejando que una brisa de viento entrara. Cerré los ojos e inhalé de aquella brisa. Era dulce y pura. Casi la misma esencia del césped recién podado, sumado al olor a humedad. Era el mismo aroma que sentí en el parque aquel día cuando fui a ver a Magnus. Recuerdo perfectamente cuando llegó. Él olía tan dulce, podía sentir el aroma de pan recién horneado, haciéndome olvidar el olor a humedad. No pude evitar sonreír ante el recuerdo. Tenía la imagen en mi cabeza, escuchando las gotas de lluvia caer al suelo y sobre mí, haciéndome temblar y poniéndome aún más nervioso. Magnus se había parado frente a mí, erguido, fuerte, empapado y con una sonrisa en su cara. La lluvia hizo que luciera aún más apuesto al hacer que su cabello cayera sobre su rostro en pequeños mechones. Lucía más joven de lo usual. Y cuando finalmente me tocó sentí que estaba a punto de volar lejos, justo como quería hacer ahora. Sentí como que desaparecía y como si no tuviera que preocuparme por nada. Abrí los ojos y suspiré con preocupación, sintiendo que todos estaban mirándome, como si supieran que había algo malo conmigo. O peor aún, como si supieran que yo no era como ellos – que no era normal. Apreté mis manos ante aquel pensamiento. Yo era como los otros. Era humano, con dos ojos, una nariz y una boca. Tenía un corazón y sentimientos. Puedo sentir dolor y amor. Simplemente sentía amor hacia una persona incorrecta. Una persona a quien no podría sostenerle la mano y besar en un lugar público o tener hijos. Esa era la única cosa en donde no era normal. Pero no hay ninguna ley diciendo que no puedo sostener la mano o besar a alguien en público sólo porque somos del mismo género y además, siempre podría adoptar. Es normal para una pareja hacer esas cosas. Soy normal.
Escuché la campana sonar y me levanté de mi asiento para empezar a guardar mis cosas. Sólo quería salir de allí.
—Señor Lightwood —me quedé inmóvil y me di vuelta lentamente, viendo a la Señora Fray parada frente a mí. Su largo cabello rojo estaba recogido en un moño desordenado y estaba usando una blusa con una chaqueta negra. Parpadeé con sorpresa y acomodé mi bolso sobre mi hombro.
—Joce… —dudé—. ¿Señora Fray?
—¿Cómo te va? —preguntó en voz baja y se apoyó en la mesa detrás de ella. Miré sobre su hombro y vi a Jace mirándome con una mirada inquisitiva. Le sonreí y le hice una seña para que se adelantara.
—Bien —contesté con una mirada curiosa. Ella sonrió, pareciendo un poco indecisa.
—Pareciste un poco distante hoy —comentó—. ¿Cómo están las cosas en casa?
Parpadeé y no pude evitar desviar la mirada.
—Bien —murmuré y volví a mirarla—. ¿Cómo están las cosas en su casa?
Sé que no debí haber preguntado eso. Sabía cómo eran las cosas en su casa. La Señora Fray estaba casada con el Señor Morgenstern, pero ella no había tomado su apellido por una tradición de su familia. Y entonces llegaron Sebastian y Clary y las cosas empezaron a cambiar. Valentine empezó a golpear a Sebastian diciendo que estaba bien dejar a los niños saber quién estaba a cargo y Clary se libró de aquello debido a su madre. Jocelyn recibió los golpes que estaban destinados a Clary. La gente sabía que ocurría, pero no decían nada porque le temían a Valentine… Ahora yo también le temía.
Jocelyn sonrió levemente y miró sus manos. Empezó a jugar con el anillo dorado, deslizándolo sobre su dedo de arriba abajo.
—Lo siento —me disculpé y estuve a punto de tocar su hombro, pero me detuve—. No debí haber dicho eso. Fue…
Levantó su mano para detenerme y me miró. Sus ojos brillaban y parecía que estuviera a punto de llorar, haciendo que mi corazón diera un vuelco. Siempre que estoy cerca de esa familia suceden cosas malas, los hombres me amenazan y yo hago llorar a las mujeres.
—No debí entrometerme en tus asuntos personales. Tu familia… —se detuvo y tocó mi hombro haciéndome saltar. Vi la sorpresa en sus ojos sin esperar que yo hiciera eso—. Lo siento por lo que mi marido te hizo anoche, Alexander.
Sacudí mi cabeza con sorpresa y llevé mi mano detrás de mi cuello.
—¿Gracias? —repliqué inseguro—. Mira, Jocelyn. No necesitas disculparte.
Jocelyn sonrió con tristeza y alejó su mano. Sabía que no necesitaba decir nada porque ella sabe que Valentine me había hecho algo, pero no sabía qué. Se dio la vuelta y antes de que empezara a alejarse, pregunté:
—¿Sabes dónde está tu hija? —se giró y me miró fijamente.
—¿Clarissa? —me preguntó sorprendida—. Bueno, ella tenía clases de inglés con el profesor Garroway en el segundo piso, pero creo que estará en la sala de arte.
—¿Sala de arte? Pero es la hora de almuerzo…
Jocelyn sonrió y me acompañó hasta la puerta para luego cerrarla detrás de nosotros.
—Ella siempre come allí cuando Simon no está en la escuela.
XxXxX
La sala de arte estaba abajo en el sótano. El pasillo siempre era gris, frío y lleno de olor de pintura fresca. Agarré la manilla de la puerta y la abrí lentamente, siendo cegado por una potente luz. El salón tenía las murallas amarillas con manchas de pintura en cada una de ellas. En el centro había un taburete y a su alrededor habían 17 caballetes y sillas. Di otro paso cerrando la puerta detrás de mí. Había mesas con diferentes cubos de pintura y había manchas de pintura en cada cosa del aula. Toqué la hoja de una planta que estaba sobre una mesa, viendo que un poco de pintura roja estaba cubriendo el verde de la hoja.
—¿Quién está ahí?
Levanté la mirada y vi a una chica sentada de espaldas a mí. Su largo cabello caía como olas de fuego. Llevaba puesto un top verde, unos pantalones ajustados y unas Converse verdes con una mancha amarilla en la parte del tobillo. Su cabeza se ladeó un poco y pude ver que estaba pintando, pero no pude ver qué.
—Alec —dije dando otro paso—. Alec Lightwood.
Mi voz había sonado vacilante. No debí haber venido aquí, en este momento sólo quería huir.
Clary se dio la vuelta y sus ojos se abrieron como platos cuando finalmente nuestras miradas se encontraron.
—¿Alec? —se levantó de su silla y caminó hacia su bolso con rapidez.
Di otro paso hacia ella.
—No te vayas —dije mirando sus ojos verdes. Ella parecía asustada, mirándome como si fuera un demonio que venía a hacerle daño—. Sólo quiero hablar —Clary parpadeó y bajó la mirada, acomodándose el bolso en el hombro—. Por favor.
Finalmente suspiró y me miró.
—¿Qué quieres? —espetó.
Su voz me estremeció y casi di un paso hacia atrás, pero logré mantenerme firme.
—Lo siento —dije con una mano detrás de mi cuello— por lo que hice cuatro años atrás. Ir a tu casa y gritarte como un loco celoso. No merecías eso. Yo sólo estaba pasando por un mal momento, pero todo está resuelto ahora. Así que vine a disculparme —mis últimas palabras salieron en un susurro. Ella simplemente se quedó parada mirándome, sin decir nada ni moverse, casi parecía que no respiraba—. ¿Clary? Di algo.
Finalmente exhaló y parpadeó un par de veces antes de responder.
—¿Vienes aquí luego de cuatro años para decir que lo sientes? —inquirió dando un paso hacia mí—. ¿Por qué ahora? ¿Por qué no tres años atrás? ¿O dos? ¿O uno? ¿O una semana atrás? ¿Qué hizo que vinieras ahora a decir que lo sientes y después de tanto tiempo?
Dejé caer mi mano de mi cuello a mi cadera, tocando la quemadura a través de la tela de mi camisa.
—Porque al fin puedo hacerlo —contesté y Clary bajó la mirada—. Era un niño estúpido y no sabía lo que significaban mis sentimientos en ese entonces. Y todavía no estoy seguro porque estropeé todo. Siempre estropeo las cosas. Primero tú, luego Magnus, mis padres y a mí mismo. Nunca puedo hacer las cosas bien, pero sé que si hacía esto, al menos sabría que hice algo bien. Sé que todavía te importa Jace y a Jace todavía le importas. No digo que ustedes dos tengan que salir hoy o mañana, pero no quiero que sigan escondiéndose del otro.
Justo como yo necesito dejar de esconderme.
Clary se llevó una mano a la cabeza, la deslizó por su cabello rojo y abrió su boca para decir algo.
—También hablaré con Jace —me apresuré a decir interrumpiendo lo que sea que se disponía a contestar—. Le contaré todo. Y probablemente me odiará después, pero… —me encogí de hombros— da igual.
Todos me odian de todos modos, así que, ¿por qué no agregar a otra persona a la lista? Mi cuerpo se tensó y me estremecí al sentir la fría brisa contra mi piel.
—Alec —dijo Clary finalmente. Sonrió y se acercó a mí para luego tocarme el hombro con su mano—. ¿Quién es Magnus?
Parpadeé. ¿Eso era lo que ella quería saber? Vine hasta aquí a disculparme y decirle cómo siempre arruino todo y ella quiere saber quién es Magnus. Ahora mismo no recuerdo haber mencionado su nombre. Debí haberlo dicho en algún momento en el que hablé, porque dije todo muy rápido.
—Él… —no sabía quién o qué era para mí—. No lo sé. ¿Por qué quieres saber?
—Porque dijiste que estaba todo resuelto —dijo ladeando su cabeza a un lado—. Y porque antes eras un niño estúpido que no entendía sus propios sentimientos.
—Magnus es simplemente alguien que conocí en un restaurante —respondí—. No es nadie especial —Clary levantó una ceja con incredulidad. Suspiré y me sonrojé—. Digamos que me ayudó a entenderme.
Clary alejó su mano de mi hombro y agarró la correa de su bolso.
—Sabes… siempre supe que eras diferente —dijo haciéndome sonrojar aún más—. Sabía que te gustaba Jace y que te molestaba que yo y Jace pudiéramos tener lo que tú querías tener con él.
—Entonces, ¿por qué no dijiste nada? —pregunté—. Pudiste haber dicho algo y no estaríamos aquí ahora.
—Era una niña, Alec. Y tú eras mi amigo y la forma en que gritaste me molestó. Pero cuando empezaste a amenazarme me asustaste y pensé que si te enfrentaba, me dejarías sola. Y lo hiciste —sonrió levemente luciendo incómoda. Podía recordar claramente cuando ella me abofeteó en la mejilla. Estuvo roja por una semana—. Estaba tan molesta que no podía hablarle a Jace porque no quería seguir molestándote. Y al final simplemente olvidé todo y empecé a vivir mi propia vida. Pero me alegro de que estés aquí, Alec —sonrió deslumbrantemente y mordió su labio inferior—. Me alegro que finalmente pudiste encontrarte contigo mismo. Y respecto a Jace, no tienes que decirle nada por el momento. No lo hagas por mí, sino por ti mismo.
Caminó a mi lado y me giré para agarrarle la muñeca.
—¿Qué hay de nosotros? —pregunté—. ¿Somos amigos de nuevo? O…
Clary se liberó de mi agarre y se encogió de hombros.
—¿Qué tal si nos tomamos las cosas con calma y dejamos que el tiempo nos muestre lo que somos?
Sonreí y asentí.
Clary siempre fue buena con las palabras y siempre sabía qué decir o qué hacer. Hace las cosas mucho más fáciles. Caminó hacia la puerta y agarró la manilla.
—Alec —dijo en un susurro, pero algo en su voz hizo que alzara mi mirada con los ojos entrecerrados—. Lo siento por lo que mi padre te hizo anoche. Lo siento por todo lo que dijo o te hizo sentir. Pero nunca pienses que no perteneces al resto de nosotros porque eres diferente. Ser diferente es normal.
Notas finales: Sinceramente, Clary es la primera mujer protagonista de un libro que me agrada, pero encuentro que no la reflejaron bien en la serie :( Es más, Clary (la de la serie) me cae mal. No me gusta su actitud :/ La Clary de los libros era mas comprensiva, más agradable y menos impulsiva, así que, a todos los que ven la serie y no han leído los libros, les recomiendo que los lean :) Valen mucho la pena, son mis favoritos. (OJO: no estoy diciendo que la serie es mala, me encanta la serie, es Clary la que me molesta... y un poco los padres de Alec jaja)
En fin, quiero darle el agradecimiento a todas las personas que se molestan en escribir un comentario. ¡Son mi fuente de energía para continuar!
Bye bye!
