Hola, mis queridos lectores. Como dije volvería más rápido de lo que pensaban. De nuevo les pido disculpas por tanta tardanza. Yo no sé ustedes pero yo aún no superó que nuestro querido Gajeel-sama este muerto. ¿Les parecería bien una historia Gale? Espero que me den su opinión y acepto sugerencias. Y por cierto ¿vieron el nuevo omake de Mashima? La idea de la edad de piedra es estupenda, me encanto a pesar de no entender lo que dice (si, yo no hablo japonés) sobre todo la imagen final del capítulo. Ya no los molesto más y disfruten de este capítulo.
Los Personajes de Fairy Tail pertenecen a Hiro Mashima.
Capítulo 10: Un giro Inesperado.
Mi nombre es Juvia Loxar, tengo 20 años. Las cosas en mi vida están yendo bien, bueno supongo que van bien. Han pasado aproximadamente tres semanas desde que fue la presentación de Jellal ante la alta sociedad, todo el mundo lo acepto de maravilla y sin quejas, eso nos hizo muy felices a los Loxar. Él ya había comenzado a manejar el negocio familiar, junto a nuestro padre. Me siento un poco sola en esta casa, si no fuera por la nana, por Meredy y Ultear, que siguen quedándose en casa por un tiempo. Aunque de momento están de vacaciones a Kyoto. Todo por Zeref que cuando tiene un tiempo viene a visitarme. Con respecto a Zeref, todavía no decido si me iré con él a Londres o me quedare junto a Jellal. Así es, ese es el dilema que me atormenta desde hace dos semanas, había decidido que me quedaría junto a Jellal y apoyarlo en lo que fuera necesario, así iba a ser. Hasta que por accidente escuche que a finales de agosto dará inicio el sueño de Zeref. Quiero estar junto a él también, aunque él no me lo ha pedido y se que no lo hará. Zeref me conoce perfectamente, sé que él sabe mis planes de quedarme junto a Jellal, de hecho él aún no me hablaba sobre su muy importante propuesta de trabajo. Me dolía que él no compartiera eso conmigo "Deja de pensar en todo eso, Juvia" me regañe a mi misma.
Tomé mi teléfono celular, eran las 3:00 pm. Me había pasado el día sin hacer nada, tirada en el sofá del recibidor viendo películas de horror, todas ellas casi me causan un ataque cardiaco, pero ninguna que lo consiga atraerme por completo. Decidí ir al parque a caminar un rato. No había mucho que se podía hacer un lunes por la tarde, apague la pantalla plana y me puse de pie dispuesta a darme un baño. Cuando llegue a mi habitación lance mi celular a la cama, mientras me despojó de mi pijama, dejándola todo regada por la habitación. Ya lo recogería más tarde, después de todo solo era un pantalón de pijama y una blusa manga larga de pandas. Tarde en el baño como unos 15 minutos aproximadamente, salí de este envuelta en una bata de baño. ¿Qué debería de usar? Me pregunté de pie frente a mi gran armario, mientras escaneaba con detenimiento toda mi ropa. Es verano y hace calor, usare algo fresco adecuado para la ocasión. Tome un sencillo vestido de tirantes, holgado que llegaba un poco arriba de las rodillas, era de un color beige estampado con diminutas flores de colores, nada llamativo. Acompañado con unos botines de marrón claro. Mi cabello estaba algo desastroso por pasar todo el día en cama sin molestarme en dedicarle al menos un segundo para peinarlo, por lo que lo recogí en un alto moño dejando caer unos mechones en mi rostro. Todo acompañado de mi indispensable collar con el emblema de los Loxar. Ya lista, tome un sencillo bolso y las llaves de mi auto.
Cuando llegaba al recibidor me encontré con mi hermano Jellal, ahora casi ni nos veíamos y las pocas veces que lo hacemos está muy apurado o cansado y no podemos conversar mucho. Lo extraño muchísimo. Él miró en mi dirección sintiendo mi presencia. Levanté mi mano en señal de saludo, él me mostró su perfecta sonrisa y extendió sus brazos en señal de que fuera a darle un abrazo, comencé a bajar corriendo las escaleras para llegar hasta él. A medida que me iba acercando a él podía notar que se veía cansado, su sencillo pero elegante traje estaba incompleto. Se había quitado la parte de arriba, solo conservaba el pantalón y la camisa blanca que traía, tenía los primeros botones abiertos, dándole un aspecto desaliñado y descuidado. En su pecho descansaba el emblema de los Loxar. Cuando por fin llegué junto a Jellal le abrace fuerte, al igual que el a mi. No se supone que así serían los hermanos, yo nunca tuve uno antes pero podía ver cómo se llevaban mis amigos con los suyos y vivían en una constante guerra. Creo que nuestra situación era un poco diferente ya que no hemos tenido suficiente tiempo juntos como para llegar a no soportarnos, aunque la personalidad de Jellal y la mía tienen pocas diferencias, a lo mejor y es por ello que nos llevamos tan bien.
– ¿Como ha estado tu día?– pregunté dando por terminado nuestro abrazo.
– Bastante ocupado– contestó tranquilo– pero nada que no pueda manejar. Nadie dijo que sería fácil suceder el puesto de nuestro padre.
– Tienes razón, aunque por alguna razón...– lo mire de pies a cabeza–...Juvia tiene la sensación de que terminaras sin alguna prenda de ropa ¿No te parece?– Jellal se miró a sí mismo y se rió un poco.
– ¡Ah! Está haciendo mucho calor este verano- ahora me miro de pies a cabeza– y ahora ¿tú a dónde vas con tan poca ropa?.
– Está haciendo mucho calor este verano– repetí, usando su respuesta de hace un minuto a mi favor. Él volvió a reír, luego miro el reloj en su muñeca.
– Se está haciendo tarde, tengo que volver a la oficina– me dio un beso en la frente y comenzó a caminar en dirección al despacho de papá– Vuelve temprano a casa, Juvia– terminó por decir antes de perderse de mi vista.
– ¡Juvia te desea buena suerte en el trabajo!– grité. Jellal rió y rápidamente contestó.
– Gracias– escuche gritar a lo lejos. Salí de casa en dirección al estacionamiento, allí me esperaba mi adorado Camaro. Al subir, lance el pequeño bolso que traía en el asiento del copiloto. El parque al que iría no estabas a más de 10 minutos en auto de casa, en un abrir y cerrar de ojos estaba estacionando de nuevo mi auto. Antes de bajar tome el pequeño bolso, que antes había dejado en el asiento del copiloto. Respire profundo.
– ¡Ah!– el fresco aroma de la naturaleza inundo mis fosas nasales. Me estire para sacarme la pereza de encima, hace días que no recibía la luz del sol tan directamente– ¡Muy bien, Juvia. Es hora de divertirse!– termine por decir. Comencé a caminar por el parque, el vaivén de los árboles refrescaban el ambiente. Habían muchas familias y parejas a pesar de ser lunes. Después de todo estábamos en verano y muchos están de vacaciones. Mientras caminaba un pequeño cachorrito se me acercó y dio un par de vueltas a mi alrededor, arrastraba una paseadora. Me puse de cuclillas para acariciar su cabeza, cuidando que otros tuvieran una panorámica vista de mis calzones.
– Parece que te has escapado, amiguito– le hable al pequeño cachorro mientras acariciaba su cabeza– veamos cual es tu nombre...– tome la pequeña placa que pendía de su collar para ver su nombre. No había terminado de leer el nombre que estaba escrito en la placa, cuando escuche una voz a lo lejos pronunciar dicho nombre.
– ¡Momo! ¡No huyas, Momo!– decía un pequeño niño de cabello negro y ojos azules como el cielo. Cuando llego hasta nosotros, se apoyó en sus rodillas para recuperar el aire.
–¿Estas bien?– pregunte preocupada al niño y tome la paseadora para evitar que el travieso de Momo volviera a escapar. Estoy segura que este pobre niño no daba para otra carrera detrás de su inquieta mascota.
– S-si... R-rin... Es..ta...bi..en– intentaba decir el niño mientras trataba respirar con normalidad. A unos pocos paso se encontraba una banca, tome al niño de la mano y prácticamente lo arrastre hasta la banca.
–A Juvia no le parece que estés muy bien– reclamé. Parecía que iba a colapsar de un momento a otro. Cuando por fin el niño estaba sentado en la banca. El niño se sonrojo por mi comentario– Me llamo Juvia, ¿Cual es tu nombre?– él me miró un poco dudoso, seguro y le habían dicho lo mismo que a todos cuando eramos niños "No hables con extraños". Sonreí un poco para darle tranquilidad, él me devolvió una encantadora sonrisa de esas sin preocupaciones que solo pueden darte los niños.
– Soy Rin. Es un placer conocerte, Juvia-neesan– me tendió su pequeña mano en señal de saludo.
– El placer es de Juvia– dije tomando su mano– Ahora, Rin. Espera aquí un momento a que Juvia vaya por algo de tomar. Al parecer todavía no te encuentras muy bien ¿vale?.
– Rin te acompaña, Juvia nee-san. Mamá dice que un caballero nunca debe dejar de ir sola a una dama– dijo Rin con su encantadora voz. Que niño tan dulce, ojalá mis hijos sean igual que él. Me reí por eso último que pensé. "¿No te parece que es muy pronto para estar pensando en hijos, Juvia?" Me pregunté a mi misma. Disipe todo pensamiento sobre hijos, después de todo, todavía soy muy joven para ello.
– Tú mamá tiene razón, Rin. Y Juvia estaría encantada de que la acompañaras, pero tienes que descansar– Rin infló sus mejillas en señal de inconformidad. "Que adorable" pensé– Juvia vuelve en un minuto ¿vale?– él asintió, pero luego dijo.
– Juvia nee-san, lleve a Momo con usted. Si no la puedo acompañar yo, entonces que lo haga él.
– Esta bien– dije tomando de vuelta la paseadora de Momo. Camine hasta la máquina dispensadora más cercana, desde ella podía ver a Rin balanceando sus aún muy cortas piernas en la banca. "Es un niño muy tranquilo" pensé. Saque un unas cuantas monedas de mi bolso, compre dos aguas saborizadas de limón y toronja. Cuando volvía a la banca una mujer de menos de 30 años se acercaba a Rin, a juzgar por su apariencia era su madre o al menos algún parentesco tenían.
– Con que aquí estabas, Rin– se dirigido a Rin en tono preocupado, la mujer de cabellera negra– me tenias preocupada– justo llegaba al sitio para entregarle el agua a Rin.
– Buenas tardes– salude a la mujer– ¿Cual quieres, Rin?- la mujer me miró desconfiada.
– La de limo...– intento decir Rin, pero fue interrumpido por su madre.
– Te he dicho que no aceptes nada de extraños, Rin–dijo la mamá de Rin molesta, mientras lo tomaba de la mano dispuesta a llevárselo de ahí. Era comprensible ¿no? Una extraña a la cual ella nunca había visto, estaba ofreciéndole una bebida a si hijo– permiso– dijo tomando la paseadora que sostenía en mis manos.
– Pero, mamá.. Ella es Juvia nee-san, no es ningu...– Rin volvió a ser interrumpido por su madre.
– Pero nada, Rin, nos vam...– ahora fue Rin quien interrumpió a su mamá.
– Ella me ayudó, cuando casi me sucede lo mismo que en la escuela el otro día mamá– ella se sorprendió. Se puso de cuclillas para estar a su altura.
– ¿Te sientes bien, Rin?– su tono paso de molestia a preocupación. El asintió, la pelinegra lo abrazó con fuerza– no me des estos sustos– susurro para si misma, cosa que no pasó desapercibida para mi. La mujer se puso de pie– Disculpa por ser tan grosera contigo– se disculpó la mujer.
–N-n-no no se preocupe, señora– negué rápidamente con los brazos– Juvia entiende que usted estaba preocupada por Rin, además Juvia fue una grosera por no presentarse antes– termine de decir nerviosa.
– No te preocupes por eso. Muchísimas gracias por ayudar a mi hijo.
– No es nada. Ten, Rin– entregue el agua sabor a limón a Rin.
– Gracias, señorita Juvia– dijo mientras se volvía a sentar en la banca. La mujer pelinegra extendió su mano hacia mi.
– Un gusto conocerte, Juvia-san. Soy Megumi– dijo amablemente la pelinegra.
– Un placer Megumi-san– dije tomando la mano que me ofrecía. Ambas nos sentamos a cada lado de Rin en la banca. Rin término su agua y comenzó a jugar con Momo.
– No te alejes mucho, Rin– le gritó Megumi.
– Megumi-san, se preocupa mucho por su hijo ¿no es así?– pregunte. Su expresión se desfiguró a una dolorosa.
– Rin no es un niño normal, Juvia-san. Tiene un cuerpo muy débil, debido a que él padece anemia crónica por enfermedad. Su cuerpo no puede resistir mucho la actividad física, justo como cuando lo ayudo, Juvia-san– dijo Megumi con tristeza mirándose las manos. Me quede muda mirándola, no sabía qué decir– aunque eso es por etapas, en las leves solo duerme un poco de más. Pero están las etapas graves, en las que presenta dolores de cabeza, más cansancio e incluso dificultad para respirar. Antes la etapa grave se tardaba más en pasar, pero desde hace un año y medio para acá se presentan con más frecuencia. Los médicos no saben si seguirá empeorando, tengo la esperanza de que no sea así…– respiro profundo– No podría ser un deportista si así él lo desea, ni tampoco ir a la escuela normal– continuó ella– No podrá divertirse en los festivales escolares, y tal vez sea rechazado por los demás niños por ser un niño débil– ella estaba a punto de romper en llanto. Parece ser que ella nunca pudo desahogarse con alguien de su familia ¿y qué mejor que desahogarse con un extraño?
– Se equivoca, Megumi-san. Rin es un niño, muy muy fuerte. Juvia pudo darse cuenta– grite. Ella me miro sorprendida por mi reacción– a pesar de su condición y de que se encuentra un poco mal, se ofrece a ayudar a las personas. Y ¿qué importa si no puede hacer deporte? Existen otros "deportes", Megumi-san– ella me miró extrañada– los que se usa la mente– expliqué. Un ejemplo de ello era Jellal, no es que el tuviera un cuerpo débil o algo por el estilo. Es solo que él prefiere entrenar su mente que su cuerpo– ¿ser rechazado por los demás? Tampoco importa, con tal y tenga uno o dos amigos en los cuales confiar todo va a estar bien, Megumi-san– termine por decir. Tomé una profunda respiración, había hablado como loca sin parar.
– T-tienes razón, Juvia-san– aceptó Megumi llorando– tienes razón. Mi Rin es muy, muy fuerte– sonrió entre lágrimas. Rin se acerco corriendo a su madre.
– Mamá– puso su delicada mano en su rostro– No llores ¿Estás llorando porque porte mal?– pregunto inocente. Ella lo abrazo.
– No, mi amor– dijo Megumi limpiándose las lágrimas– Tú no has hecho nada malo, tú eres un niño muy bueno. Gracias, Juvia-san– negué levemente con la cabeza en respuesta.
– No tiene porque, Megumi-san– conteste acariciando el liso cabello negro de Rin.
– Rin, ya tenemos que irnos a casa– llamo Megumi mirando la hora en su reloj de muñeca.
– Sí, mamá- respondió Rin. Miro en mi dirección y tomó mi mano, su delicada mano se sentía pequeñita entre la mía– Juguemos otra vez, Juvia-nee.
–Cuando quieras , Rin– dije sonriendo, este niño era muy dulce. Me hacía querer abrazarlo como si fuera un oso de peluche, pero me contuve.
– La próxima vez te leeré un libro, Juvia-nee– ¡kya! Eso fue todo lo que me pude resistir a su lindura, será porque este niño me recordó a dos hombres a los que quería muchísimo. Lo abrace fuerte.
– Juvia lo espera con ansias– asegure soltándolo, se me había olvidado que era un niño con un cuerpo débil y lo estaba apretando mucho.
– Mamá, pide a Juvia-nee su número telefónico– le pidió Rin a su madre. Ella se rió por eso pero comenzó a buscar en su cartera.
– Solo tienes 7 años y ya estas pidiendo el teléfono a las chicas– dijo burlona. Rin la miró confundido, seguía siendo un niño y no entendía lo que dijo su madre. Sacó un celular de su cartera y me lo entregó– ¿Si no te importa, Juvia-san?
– En absoluto– contesté mientras guardaba mi número telefónico en el celular de Megumi– no duden en llamarme si necesitan algo– mire seriamente a Megumi, ella me sonrió en señal de agradecimiento y sonrió.
– Nos vemos, Juvia-san– se despidió la pelinegra.
– Bye bye, Juvia nee-san– agito Rin enérgicamente su diminuta mano, en eso Momo se alborotó y comenzó a ladrar moviendo su cola a todos lados, el pequeño cachorro empezó a dar vueltas a mi alrededor haciéndonos un nudo con su paseadora hasta que…
...
Di un largo bostezo mientras iba de camino a mi Lamborghini. Aparcado en el estacionamiento de la agencia, vi la hora en mi reloj de muñeca, eran apenas las 4:00 de la tarde. Con lo eterna que se hizo la última sesión pensaba que ya serían como las 10 de la noche. Estoy exagerando un poco, pero si que serian como las 6 de la tarde, todavía tenía tiempo de ir por ahí antes de la cena. Hoy era el turno de Erza de preparar la cena, ella siempre cocinaba de lo mejor. Bueno solo un par de cosas, pero algo es algo. Saque las llaves del auto del bolsillo trasero de mis jeans. Aborde el auto ¿que haré? ¡Ah sí! iré a por un helado de los del parque, son los mejores helados de por aquí. Además me puedo quedar un rato por ahí a matar el tiempo hasta más tarde. Encendí el auto, mi destino estaba a menos de 15 minutos en auto. Le di volumen al estéreo donde se podía escuchar una de mis bandas favoritas, Maroon 5. Llegue en un abrir y cerrar de ojos al parque. Estaba lleno de gente para ser lunes, pero ya que estamos en verano que importa. Apague el estéreo y baje del auto. Mientras caminaba por el lugar podía ver familias pasando el rato, personas haciendo ejercicio y otras paseando a sus perros e incluso estaba repleto de enamorados, por alguna razón me sentí molesto. Vayan a restregarle su amor a sus abuelas, pegajosos. Una vocecita en mi cabeza me gritó "Sientes envidia de ellos" eso me molestó aún más.
– ¡No me jodas. Maldita sea!– exclamé furioso con esa estúpida vocecita en mi cabeza. Camine rápido para salir del área de los tórtolos. Pase por una máquina de bebidas, me paré a ver si veía algo de mi agrado pero nada que valiera la pena comprar. Seguí caminando y cuando mire al frente vi algo o mejor dicho a alguien por quien sí pagaría lo que sea con tal y sea mía. Si era ella, estaba de espaldas a mí como a unos 10 pasos, aunque estuviera de espaldas yo la reconocería hasta en la luna. Ella iba acompañada de una mujer y un niño a los que nunca había visto, justo en ese momento el perro que traía en niño comenzó a enredarse entre sus piernas con su paseadora sentí envidia por él, aunque también tuve un mal presentimiento que me hizo caminar rápido hasta ella...
...
Cerré los ojos preparándome para la caída cuando perdí el equilibrio a causa del amarre de Momo, pero nunca pasó… ahora estaba apoyada en algo o mejor dicho en alguien, sentí unas grandes manos posadas en mis hombros, al abrir mis ojos me encontré con una Megumi y un Rin alterados.
– Mal perro, Momo, eso no se hace– regañaba Megumi a Momo, este estaba echado al piso con las orejas bajas.
–Casi lastimas a Juvia nee-san– reprendió Rin acompañando a su madre. "Son tan parecidos" pensé y reí un poco.
– No sean tan duros con Momo– les dije con tranquilidad– Juvia se encuentra bien, no ha pasado nada...
- Todo gracias a este amable Joven- interrumpió Megumi sonriendo a la persona que seguía posada tras de mi. La cual no me había molestado en voltear a ver quien era para agradecerle, pero eso no fue necesario. Al solo escuchar su voz, supe a la perfección de quien se trataba.
– No es nada, señora ¿Cómo iba a permitir que esta señorita tan hermosa se lastimara?– Gray. Cómo no reconocer esa voz, he pasado escuchando su voz prácticamente toda mi vida. Ahora si es verdad que no tenía intenciones de voltear.
– ¡Oh!– exclamó sonrojada Megumi– De todas maneras, gracias por ayudar a Juvia-san.
– Muchas gracias, onii-san– dijo Rin haciendo una reverencia– por salvar a Juvia-neesan.
– No hay porque, pequeño– contestó Gray a Rin. Como estaba de espaldas a mi no vi su expresión, pero por su tono de voz imaginó que estaba sonriendo. Pero lo que dijo no pareció gustarle mucho a Rin, infló sus adorables mejillas y dijo en tono molesto.
– Rin no es pequeño– todos reímos un poco.
– Como digas, peq…– Gray no mencionó el tabú que hacía molestar a Rin. Megumi miro la hora.
– ¡Pero que tarde es!– exclamó alarmada– ¡Nos vemos!–se despidió. Tomo a Rin de la mano, quien comenzó a caminar junto a su madre. Detuvo su paso un momento para agitar su mano en forma de despedida.
– ¡Hasta luego, Juvia-neesan!– grito con su dulce voz. Levanté mi mano para corresponder a su despedida, acción que sacudió la mano de Gray de mi hombro derecho. Cuando madre e hijo se habían alejado lo suficiente, Gray hablo.
– ¿Y usted no piensa en dar las gracias, hime-sama?– pregunto Gray en tono burlón.
– Juvia no ha pedido su ayuda, joven. Pero si tanto le quita el sueño mi agradecimiento, no hay que ser descortés– di un paso al frente aún sin voltear a mirarlo– Gracias por su ayuda, nos vemos– comencé a caminar dispuesta a alejarme de él, pero rápidamente fui tomada del brazo.
– A mi me gusta que cuando me hablen me miren a los ojos, hime-sama– repitió con sarcasmo. ¿Este chico no tiene otra cosa mejor que hacer más que joderme la puta vida?. Intente ignorarlo y seguir caminando, pero me fue imposible, ya que me vi obligada a mirarlo a los ojos.
– Parece que la señorita tiene problemas auditivos o simplemente decidió fingir tenerlos ¿acaso estoy equivocado?– ahora nos estábamos mirando fijamente, en una intensa lucha de miradas. No sería yo quien flaqueara primero, no dejaré que este idiota me gane ¡No señor!.
– No estoy en la obligación de hacer caso a sus demandas, joven– respondí burlona. Él arqueo una ceja..
– Señorita, creo que por lo menos me debe eso o se le olvida que su servidor acaba de salvar su bonito trasero de estrellarse contra el piso– dicho eso, apretó mi trasero. Me puse tensa y acto seguido me aleje de él dándole un empujón.
– ¿Que demonios te pasa, idiota?– grité alterada.
...
Creo que había llevado mi juego demasiado lejos, pero ¡oh Dios!. Sí que había valido la pena, ahora mismo no me importaba si me llevaba un ferrocarril a 10.000 kilómetros por hora. Yo moriría feliz, después de todo había tocado su hermoso y perfecto trasero. No demasiado grande pero tampoco pequeño.
– Le ha sentado muy bien el desarrollo, Ju-via-san– dije burlón. Juvia estaba roja de la ira, espere que me golpeara. Pero no paso, sino más bien comenzó a alejarse. Me apure en alcanzarla.
– Esta bien... Lo siento, lo siento, sólo bromeaba– trate de disculparme, llegando a su lado. Ella se giró de forma brusca.
– ¿Te parece la barbaridad que le acabas de hacer a Juvia una broma?– exigió con dureza. Me encogí de hombros, sus usualmente dulces ojos llamearon de furia. Por instinto dí un paso atrás, pero de nuevo no paso nada.. Así era ella, toda una señorita y no una Urraca como la mayoría de las mujeres que conocía. Ella retomó su paso lejos de mi y como un perro detrás de un hueso, la seguí.
–¿Que puedo hacer para obtener tu perdón?– supliqué con ojos de cachorro abandonado, pero ella hizo caso omiso. Estaba tan acostumbrado a que todas las mujeres estuvieran más que dispuestas conmigo, que su indiferencia hería mi orgullo de macho. La tomé del brazo, ella en el acto se detuvo en seco– Te dije que me gusta que me miren cuando hablo– repetí con aspereza. Juvia se volteo clavándome su intensa mirada, cargada de furia.
– ¿Quieres soltar a Juvia, insistente hijo de puta?– musitó fríamente. La frialdad de su voz me estremeció, la había alejado aún más. Juvia no era de las que soltaba tales palabras. De la impresión seguía sin soltar su brazo, aunque no fue necesario ya que ella se soltó a la fuerza de mi. No sin antes decirme nuevamente en un tono para nada amable– Y tienes suerte que no te demande por sexual, que sea la última vez que tocas a Juvia sin su autorización– Se dio la vuelta para irse, dio unos cuantos pasos. Pero a pesar de la mi shock, note que no caminaba como lo hace una persona que está en pleno uso de sus facultades. Así que antes de que tocará el suelo, ya la tenía en mis brazos.
...
Estaba tan furiosa con él que no dude en decirle palabras, que si mi madre estuviera viva le hubiera dado un infarto. Sentía mi cabeza de repente comenzó a palpitar, me alejé de su agarre. Gray me miraba desconcertado, creo que no esperaba que esas palabras salieran de mi boca, pero me valió un carajo si le gustaban o no. Estaba más preocupada por llegar a casa, tomar algo para él dolor de cabeza y caer muerta hasta el otro día. Creo que no di más de 5 pasos, cuando me flaquearon las piernas y no puede ver más nada que pavimento cada vez más cerca.
...
Como pude abrí la puerta de mi auto y deje a Juvia en el asiento del copiloto, me estaba impacientando. Juvia era pálida de por sí, ahora parecía un cadáver. Si no fuera por su respiración, pensarían que había muerto. Me embarque en el auto y conduje al hospital más cercano a toda velocidad.
...
Me encontraba en un café junto a Lucy, habíamos estado hablando toda la tarde. Sobre mi tortuoso compromiso con el único hombre que me sacaba de mis casillas. ¡Ahhh, era tan frustrante! que esto me tuviera tan afectada, cuando él nunca cambiaba su semblante de chico amable, a no. Pero esa no es la verdadera historia, resulta que el muy desgraciado era un amor en nuestras citas en público. En ocasiones me creía su amabilidad, hasta que estábamos tras bambalinas y fuera del foco del público, era un bastardo con complejo de hermano. Si, a eso se debía su hostilidad en mi contra. Yo sabía que Gray había sido un desgraciado con Juvia, pero no por eso lo dejaría de lado y eso es lo que él no me perdona. El ronronear de un motor, bastante conocido para mi me saco de mis tortuosos pensamientos. Mire por el ventanal del café "Hablando del rey de roma" pensé, mientras veia pasar a toda velocidad el Larborghini blanco de Gray.
– ¿Ese no es el auto de Gray?– pregunto Lucy, devolviendo su mirada del ventanal hacia mí. Asentí– parecía bastante apurado ¿pasaría algo malo?– cuestiono preocupada, me encogí de hombros.
– No lo creo, si así fuera mi teléfono ya estuviera chinchando– tomé mi taza de café– Seguro y se hartó de los trajes o el maquillaje de la sección de fotos, ya sabes que si no fuera por mí insistencia y la de su madre, ese chico tendría expuesta su hombría a medio mundo. Acompañado de unas cuantas demandas por acoso sexual– Lucy soltó una sonora carcajada.
– ¡Que cosas dices, Erza!– dejo su capuccino nuevamente en la mesa– aunque tienes razón... Cambiando de tema, quita esa expresión de tu rostro.. No te compliques y disfruta de tu compromiso, la etapa de novios es la mejor. Ya cuando se casen no tendrás la misma libertad– me dedico una cálida sonrisa y me ofreció su mano como apoyo.
– Lo se, pero las cosas son así de hermosas cuando de verdad amas a tu novio y no fue cosa como un simple arreglo de tus padres, decidiendo el destino de sus hijos como si fueran simples muñecos sin vida. Como tú y Natsu, su matrimonio sera uno feliz. A diferencia del mio– dije con pesar.
– ¡Erza!– chilló Lucy sonrojada, y cubriendo su vergüenza con sus manos al igual que una colegiala– Natsu y yo solo somos novios, ni siquiera sabemos si nos casaremos.
– ¡Bah!– bufé– ambas sabemos perfectamente que con lo impredecible que es Natsu, se puede aparecer en este preciso momento con un anillo de compromiso.
– ¿En serio?– pregunto Lucy escandalizada, haciendo un vano intento por peinar con sus manos su enmarañado cabello. Su cabello había tenido mejores días.
– No te lo tomes tan literal– dije con fastidio "El amor te pone idiota" pensé. "¿A quien quieres engañar?" escuché una voz en lo profundo de mi cabeza "Tu sientes envidia de ella, tu también me quisieras estar idiota por el amor" ignore esa molesta voz de mi cabeza, la cual me hacía sentir más miserable.
–Esa fue una broma muy cruel, Erza– se quejó Lucy inflando sus mejillas, viéndose bastante tierna. Abandonando la difícil tarea de arreglar su cabello– ¿que te parece si te invito a cenar?– ánimo– no me gusta que estés tan desanimada.
– Me encantaría– contesté en un tono no muy alegre, aunque se me había levantado un poco el animó. Lucy era una gran amiga, pasar tiempo con ella era reconfortante– Pero tendré que pasar esta vez, hoy me corresponde hacer la cena en casa– recordé– aunque si no tienes ningún inconveniente puedes venir a casa a cenar.
– Claro– dijo tan entusiasta como siempre– sería bueno molestar un rato a Gray– rió.
– Tienes razón– dije poniéndome de pie, para ir a cancelar nuestra cuenta– andando– luego de pagar la cuenta, nos encaminamos a mi automóvil tratando temas triviales.
…
Habían pasado tres semanas desde que había recibido una llamada que iba a cambiar mi vida y ayudarme a cumplir mi sueño. Y no a medias, si no en unos de los bufete de abogados más reconocidos de Londres e incluso Japón. Así papá no se decepcionaría de mi, aún puede sentir la fría y decepcionada mirada que me atravesó cuando le dije que renunciaba a ocupar su puesto, por según él mi "Infantil sueño" que de seguro dejaría a medias cuando encontrará algo mejor con lo que distraerme. Y ahí estaba yo... De nuevo frente a la puerta en la que estuve hace casi 4 años atrás. En el momento en que tome la decisión de ser quien soy ahora.
Flash Back
Las manos me sudaban, mi corazón amenazaba con salir de mi caja torácica. No encontraba las palabras necesarias para controlar la ira de mi padre, pues lo que estaba apunto de soltarle no era algo tan fácil como decirle que mi teléfono se me había caído en una fuente pasando así a mejor vida. De hecho estaba bastante seguro de que con esta terminaría recogiendo limosnas en la calle para vivir, tendría que comer basura y me sería negado volver a casa nunca más. "No seas cobarde y entra de una vez" me ordenó mi enojado subconsciente "Tú no eres un hombre tan indeciso, y no eres de los que le tantas vueltas a los asuntos", "es cierto" me dije a mi mismo, llenándome de valentía y tocando la puerta. Al segundo toque, se escuchó un "adelante" que provino del interior del despacho de papá "¡Por Dios! ¿Que hiciste, idiota?" Me reclame mirando como un estúpido la mano con la que acababa de cavar mi propia tumba, la mísera valentía que hace poco había reunido, había huido de vuelta a un oscuro rincón de mi subconsciente. Cuando estuvo a punto de poner mis piernas a correr lejos de allí, se abrió la puerta del despacho dejándome totalmente el shock.
– ¿Qué sucede, hijo?– pregunto mi padre preocupado al ver mi tonta expresión de pánico. Lucía algo cansado, decía de ser por el trabajo. Vestía unos levi's clásicos y una franela holgada casual, y su largo cabello recogido en un desordenado coleta alta. Quien lo viera no creería que es un exitoso empresario dueño de una de las líneas de concesionarios más famosos de Japón. Aún seguía perplejo frente a él. Su voz me saco de mi ensimismó. Te estoy hablado, Zeref. Lamentablemente tu padre no dispone del tiempo necesario para verte soñar despierto frente a su puerta– Dijo molesto. "¡Genial! Esta era mi oportunidad de huir" pensé resignado.
– N-no es nada, padre– tartamudee– siento haberte molestado cuando estás tan ocupado– "¡Cobarde!" me recrimine a mi mismo. Estaba dispuesto a huir, pero una vez más mi padre me detuvo.
– Te conozco muy bien, hijo– dijo posando su mano en mi hombro y llevándome al interior de su despacho– Y sé que no vendrías a mi oficina a estas horas, si realmente no estuvieras algo muy importante que decirme– me sonrió cálidamente– Soy tu viejo, confía un poco más en mi– esas palabras de aliento me dieron un poco de confianza. Confianza que duró hasta que me miro desde el otro lado de su escritorio, así habían de sentirse todas las personas que negociaban con papá. Intimidados, minimizados con su imponente presencia.
–Espero que expongas tus argumentos, hijo mío– hablo tranquilo a pesar de su imponente presencia. "¡Muy bien, Zeref!" Respiré profundo ¡Es ahora o nunca!
– No voy a ser tu sucesor, padre– solté como un vómito verbal demasiado rápido, estoy seguro ningún ser humano me hubiera entendido. Pero el cambio de su semblante me decía lo contrario, la cálida mirada que me había dedicado hace menos de 2 minutos, se había tornado oscura y sería.
– Espero que lo que estoy escuchando sea un error ocasionado por el cansancio acumulado– inquirió demasiado serio para mi gusto. Pero de mi boca no salieron las palabras que él esperaba escuchar. Se puso de pie, acto que me puso los pelos de punta, cerro los ojos esperando el golpe... Pero nada, papá no era de los que recurría a los golpes. Tenía suficientes armas verbales como para rebajarse al nivel de un bárbaro. En su lugar volvió a posar su mano en mi hombro y me encaminó hasta la puerta y con una voz demasiado condescendiente para mi gusto, dijo– haremos como que está conversación nunca pasó y cuando tu etapa de indecisiones llegue a su fin, vienes ¿te parece?– eso me molesto mucho, no tenía ni idea de cuánto me había costado tomar esta decisión. No porque no tuviera la capacidad de decidir mi futuro, si no por él. Porque no quería herir sus sentimientos, ahora el ofendido era yo.
– ¿Ni siquiera piensas escuchar el motivo por el cuál renunció a ser tu sucesor?- cuestione bastante molesto. Él me miró sorprendido, pero enseguida recuperó la compostura y me soltó algo que me hizo molestar más.
– No vale la pena– comenzó a caminar de nuevo a su asiento– De seguro y es un "Sueño infantil" que tienen los chicos a tu edad. Todos pasamos por eso, hijo– hizo un gesto con su mano restándole importancia, eso hizo que me hirviera más la sangre– De seguro y cuando consigas algo mejor con lo que entretenerte lo dejarás a medias, y eso sería tiempo perdido. Tiempo que tú no tienes– me señaló– tiempo que has de dedicarle al negocio familiar y…
– ¡¿Quieres cerrar la puta boca por un momento, Vejete?!– interrumpí de manera brusca a mi padre, usando palabras para nada agradables. Supe por su cambio de expresión que estaba muy molesto, pues no es para menos, dado que le estaba faltando el respeto. Aún así no flaquee, porque yo estaba aún más molesto con él– se que has de estar molesto, padre. Pero quien tiene derecho a estar molesto aquí soy yo– le solté ya un poco más calmado– Me subestimas, padre. ¿Te he dado motivos para pensar que soy el tipo de chico que deja una cosa a medias?
– No– contestó a secas.
– Entonces, no veo motivo por el cual no puedas tomarme en serio– mi padre relajo los hombros como dándose por vencido.
…
Ahí estaba mi hijo mayor revelándose contra mi. Por un momento imagine al pequeño niño frágil de cabello negro que se la pasaba todo el día leyendo sobre autos en mi despacho. Volví la mirada hacia él, ese niño se había ido y ahora tenía a un hombre frente. Lo miré a los ojos, tenía una tormenta en mi interior, jamás pensé que Zeref me traicionaría de esta manera. Pero la seriedad que demostraban sus pozos negros no me hizo más que darme por vencido "Vamos! No es el fin del mundo" me dijo mi cansado subconsciente "No es como si no tuvieras otro hijo en el cual depositar tus esperanzas", "cierto Natsu" pensé. Lo había olvidado por completo, ese chico era un desastre pero siempre se había mostrado interesado en el negocio familiar.
– ¡Bah! ¡Qué más da! Te escuchó– le solté, su semblante cambio de uno molesto... A uno de seriedad.
– Quiero ser abogado, y dirigir mi propio bufete– dijo muy serio "vaya, vaya. Eso si que no lo esperabamos" me dijo mi voz interior. La resolución de sus palabras me dijo que de verdad no iba a dejar nada a medias y que iba muy en serio.
– No esta mal– dije– más te vale no decepcionarme, Zeref– le advertí tomando el teléfono.
…
Estaba realmente feliz de que mi padre aceptará lo que había decidido hacer con mi vida.
–No esta mal– dijo tranquilo y pensativo, mientras asimilaba lo dicho anteriormente– Más te vale no decepcionarme, Zeref– me advirtió. No tenía la más mínima intensión de hacerlo, pero de igual forma asentí. Lo vi tomar el teléfono de la oficina y marcar un número. Luego de un momento contestaron. Me dispuse a escuchar la conversación de mi padre.
– ¿Como estas?... Bien ¿y tu?... Es mi hijo… No, el mayor, Zeref... Quiere ser abogado… supongo que tienes un espacio para él en tu lugar… va a comenzar ape...– Cuando supe de que iba la conversación de mi padre, con quien diablos sabe quien. Le arrebate el teléfono y tranque la llamada. Mi furia volvió.
– Oye, ¿De qué va esa?– reclamó mi padre.
– Se lo que haces– grité– No voy a aceptar tus influencias para poder cumplir mi sueño...- mi padre me miró sorprendido, supongo que no era normal que yo me alterará tantas veces en un espacio temporal menor al de 30 minutos. Me relaje un poco– Quiero hacerlo por mi mismo.
– ¿Estas seguro?– pregunto inseguro, había de estar de preocupado de no hacerme alterar por milésima vez en el día– Porque sabes que con mis influencias puedas estar en un abrir y cerrar de ojos casi al mando de unos de bufetes de abogados más importantes de Japón– La oferta sonaba tentadora, pero si tenía todo a mis pies como siempre ¿De que serviría mi esfuerzo?.
– Estoy seguro– respondí seguro y sin vacilación alguna en mi voz.
– Si así lo deseas– dijo Igneel– Pero si cambias de opinión puedo volver a hacer una llamada y listo.
–Ya te dije que no. Gracias– dije dispuesto a salir del despacho de mi padre, pero me pare en seco– Gracias por escuchar mis deseos, padre. A pesar de estar tan ocupado– Cuando estaba ya por salir, la voz de papá me detuvo.
– Para eso están los padres ¿no?– me sonrió, pero después su semblante volvió a enseriarse– Ya te lo dije una vez ¿no? No me decepciones, Zeref– advirtió serio– No tendré piedad– Trague grueso. Aún así contesté muy seguro.
– No lo haré, padre– aseguré saliendo de su despacho.
Fin Flash Back
Esta vez entre sin tocar la puerta. Mi padre desde su asiento, volteo a verme. Colgó la llamada que tenía en curso con un "Te llamo luego".
– Zeref– se puso de pie y camino hasta mí– Aún me sorprende cuanto has crecido– pozo su mano en mi cabeza y me alboroto el cabello.
– Es obvio ¿no?– dije apartando su mano de mi ya suficiente rebelde cabello– han pasado dos años o más sin vernos, padre.
– Tienes razón, hijo– dijo recostando su cuerpo en el filo de su escritorio de forma relajada– ¿Como vas con ese sueño tuyo?– pregunto queriendo parecer desinteresado, pero se le notaba a leguas la curiosidad que sentía. No le había comentado a nadie lo de mi propuesta, había decidido que mi padre fuera el primero en saberlo, estoy seguro que eso no lo decepcionaría.
– Bueno...– no se porque me sentía inseguro, después de que hace menos de un minuto estaba seguro de que no se decepcionaría. Supongo que todavía siendo un inmaduro "Sólo dilo y ya, Zeref. ¿Que tan malo puede ser?"– De hecho, de eso quería hablarte, padre... Resulta que me llegó una propuesta de uno de los mejores bufetes de Londres.
– ¿En serio?– pregunto mi padre más emocionado de lo que me esperaba– ¿Quien es el dueño? ¿Cuando fue que paso? ¿Cuando te irás de vuelta a Londres?- me invadió de preguntas.
– Calma, calma, padre– dije intentando traquilizarlo– una a la vez ¿vale?– este asintió– El dueño es Acnologia Black– mi padre pareció reconocer ese nombre porque se mostró sorprendido– recibí una llamada de su parte hace como tres semanas, al parecer a leído mis trabajos y le parecieron brillantes– hice una pausa, mi padre me observaba en silencio esperando a que terminará– y bueno me tengo que ir a finales de agosto– puse una mano en mi nuca nervioso esperando a su respuesta.
–Ese es mi muchacho– dijo abrazándome fuerte, dejándome casi sin aire y por si no fuera poco me dio una palmada en la espalda con la que casi sentí que escupía mis pulmones por la boca. Tosí un poco e Igneel se mostró alterado– ¿Estás bien, muchacho?
– Si, padre– afirme con un poco de dificultad– me alegro de no decepcionarte, padre.
– Tú nunca me has decepcionado, hijo– dijo en un cálido tono paternal. Me sentí muy feliz y por alguna razón me entraron unas incontrolables ganas de ver a Juvia.
– Gracias, padre– le sonríe– ahora me retiro– dije comenzando a caminar a la salida– tengo cosas que hacer.
– Claro, nos vamos para la cena– dijo. Cuando estaba a punto de salir lo escuche decir– Así que Acnologia Black ¿eh?– eso me trajo mala espina. Y con la misma me devolví.
– Ni se te ocurra interferir, Padre– Dije serio y mirándolo a los ojos.
– Tranquilo, hijo. No tengo tales intensiones– respondió estoico. Lo miré desconfiado, cuando estaba por cerrar la puerta la volví a abrir y lo señalé.
– Ni se te ocurra– recalque de nuevo. Me lanzo una bola de papel recién elaborada con algún documento importante, que ya la pobre Secretaría de mi padre tendría que reimprimir.
– Te estas pasando, mocoso– regaño tratando de parecer molesto, pero estaba casi que soltaba la carcajada. Me dispuse a irme a ver a Juvia cuando iba a medio pasillo lo escuche decir.
– ¿Acaso inspiro tan poca confianza?– pregunto al aire. Me reí un poco y seguí con mi camino.
...
Entre por la emergencia de la Clínica Central de Tokyo, en la que estuve hace poco. Juvia no había reaccionado desde lo ocurrido en el parque y eso no me tenía muy tranquilo que se diga.
– ¡Ayuda!– grité lo suficientemente fuerte, en cuestión de segundos ya tenía encima a dos médicos y una enfermera. Subieron a Juvia a una camilla y la llevaron por la puerta de emergencia cuando estaba por entrar la enfermera no me lo permitió.
– Joven, no puede seguir más adelante– me advirtió poniendo sus manos en mi pecho para frenar mi avance. Intenté forcejear con ella, pero pronto aparecieron dos gorilas muy familiares a su auxilio.
– Hasta aquí, muchacho– soltó uno con su gruesa voz.
– No sab...– intenté decir, pero fui interrumpido por el otro gorila.
– "No sabes con quién te metes" era eso lo que ibas a decir, mocoso– me soltó. Eso era justo lo que estaba por decir– Si me pagaran por haber escuchado esa frase salir por la boca de los malcriados niños ricos, tu padre me estaría limpiando el trasero con billetes de 100$– término por decir riendo junto a su compañero. Si no fuera porque estaba preocupado por Juvia hubiera hecho que ese idiota no tuviera un trabajo más en su miserable vida. Intenté zafarme pero fue en vano.
– ¡Juvia!, ¡Juvia!– grité con todas mis fuerzas.
– ¡Joven, guarde silencio!- ordeno una enfermera también conocida para mi– Acompañeme para que registre a la paciente ¿le parece?– asentí y la seguí a su escritorio.
– ¿Cual es el nombre de la chica?– pregunto.
– Juvia Loxar– contesté mirando en la dirección que había visto por última vez a Juvia.
– ¿Edad?– preguntó de vuelta la chica.
– 20– respondí.
– ¿Cual es su parentesco con la paciente?– esa pregunta me descolocó bastante. ¿Que era yo de ella? No podía decir que era el hombre al que ella amo toda su vida y ahora me había dejado por un idiota de cabello oscuro. Tampoco podía decir que era su amigo de infancia, no me dejarían verla cuando despertara.
– Soy... s-su esposo– fue lo que se me ocurrió– S-si, su esposo– me mataría por semejante mentira, pero que más da. La chica me miró desconfiada por mi vacilación pero luego la escuche susurrar "Que más da".
– Firme aquí, señor Loxar– me apunto con su dedo índice la parte de la hoja donde tenía que firma. Ya firmado haciendo unos cambios a mi apellido me mandaron a esperar noticias– Puede sentarse por allá, Joven.
...
– ¡Juvia!, ¡Juvia!– escuche a lo lejos. No reconocía de quien provenía esa voz, pero se escuchaba preocupado. Intenté abrir los ojos, pero era como si tuviera los párpados cocidos.
– ¿Su presión arterial como está?– se escucho una voz masculina.
– Esta baja pero nada grave– contesto otra voz femenina.
– ¿Su pulso?– pregunto de nuevo el hombre desconocido.
– Normal– contestó la chica– No presenta signos de contusiones o heridas internas o maltrato físico alguno– observó.
– ¿Entonces por que no despiertas, cariño?– me dijo el doctor. "¡Aquí estoy! Sólo que me cuesta mucho abrir los ojos" intenté decir pero mis palabras quedaron atrapadas en mi cabeza– A menos que...– fue lo último que escuche decir al hombre antes de perder la consciencia de nuevo.
...
Había pasado alrededor de hora y media desde que Juvia había sido llevada lejos de mí. Tenía mi teléfono entre mis manos, cada minuto pasaba más que lento. ¿Sera que llamó a alguien? Pero ¿A quien? Lo más correcto sería llamar a su familia, pero estoy bastante seguro de que no me la dejarían ver, en especial su imbécil hermano mayor.. Y Erza, bueno llamarla sería como llamar a su familia, literalmente porque ella dentro de poco seria una Loxar. Pero dejando eso de lado, estoy seguro que ella llamaría a Masamune Loxar o peor al imbécil de su prometido, mejor me quedo aquí sólo y espero. No habían transcurrido 10 minutos de mi monologo interno, cuando fui llamado.
– Familiares de la señorita Juvia Loxar– llamo la enfermera que tomó los datos de Juvia. Me fui hasta ella corriendo.
– Si ¿qué paso?, ¿Como esta?– comencé a atacarla con preguntas.
– Vealo usted mismo– dijo sonriente. Me guío hasta la habitación de Juvia.
...
Al fin pude abrir mis ojos, me encontraba por segunda vez en casi un mes en la habitación de un hospital.
– ¿Qué hace Juvia aquí?– pregunte desorientada.
– Te desvaneciste el plena calle, señorita Juvia– explico el mismo tipo que había escuchado hace rato. Era un chico alto, cabello oscuro y piel muy blanca. Parecido a Zeref en ese aspecto, no mayor de 30 años y muy bien parecido. Más de una paciente debía de venir aquí sólo para verlo.
– Ah– fue lo único que salió de mi boca– ¿Más o menos por qué? ¿Es que acaso Juvia tiene una enfermedad terminal?– pregunte temerosa de escuchar eso que muchas personas que atraviesan estas paredes suelen escuchar.
...
Cuando llegaba a la habitación de Juvia escuche su voz. Me sentí feliz de que estuviera bien, pero cuando escuche algo sobre una enfermedad terminal mi alma cayó al piso. Respiré profundo antes de entrar.
– No, señorita Juvia. Usted no posee ninguna enfermedad terminal– No me di cuenta que estaba reteniendo el aire, hasta que al escuchar eso, solté el aire que retenía y me pareció que Juvia hacia lo mismo– Sólo un poco de anemia que se controla con vitaminas, que ya más tarde te recetare– el doctor sintió mi presencia– ¿Usted ha de ser el esposo de esta Señorita?– el semblante de Juvia cambio por completo.
– ¿Esposo?– pregunto exaltada– ¿Cual esposo?– puse mi dedo índice en sus labios para que guardará silencio, si no me sacarían de ahí. De un manoton apartó mi mano. Aún seguía molesta conmigo, se notaba por la mirada de desprecio que me lanzaba sin discriminación alguna.
– Señorita Juvia, mantenga la calma– ordeno el doctor con tranquilidad– No puede alterarse tanto en su estado actual– eso último dicho por el hombre no me dio buena espina en absoluto.
– ¿Estado? ¿Cual estado?– preguntamos Juvia y yo al unísono.
– ¡Felicidades a la joven pareja!– exclamó el doctor con una sonrisa. Por Dios, mi mundo estaba apunto de volverse la peor mierda del mundo.
Hasta aquí el capítulo de hoy ¿qué les ha parecido el inesperado giro de la historia?
Espero que se tomen la molestia de dejarme sus opiniones en un Rewiers, me encanta leerlos.
Nos leemos en el próximo capítulo, Hasta la próxima.
EAUchiha
