Disclaimer: Sobre advertencia, no hay engaño; INK no me pertenece.
Novia imperfecta
por MissKaro
Capítulo 11
En el horno… ¿del verano?
—¡KOTOKO-CHAN!
Naoki se tensó al escuchar el llamado de su madre, sintiéndose internamente fastidiado. Kotoko, por su parte, pestañeó repetidamente hasta abrir los ojos asombrada, con el rostro medio arrebolado.
Sus labios, que estaban prácticamente unidos, se separaron y los dos se quedaron mirando unos segundos.
—¡Tengo que irme! —Ella se apartó con expresión alarmada—. ¡Oba-sama quiere que le ayude a hacer la cena! —comunicó y la vio mover sus manos y ojos de forma desesperada, como si se debatiera entre quedarse en la habitación o acompañar a su madre. —Ahora que ya no trabajaré por las tardes, quiere que le ayude en lo que queda de vacaciones… Debí hacer caso a Kin-chan y continuar en el restaurante donde trabajábamos, pero era muy agotador y quería tener tiempo para verte y ya conseguí el dinero que necesitaba. Creo que él no, pero lo he visto más a él en este verano y…
—Ve —refunfuñó él, cortándola para que no diera rienda suelta a sus pensamientos en voz alta, ya que le había ofrecido la información que quería.
Ella asintió y salió como un rayo de la habitación, al escuchar otra vez a su madre.
Él se quedó pensando, no entendiendo por qué se sentía frustrado, si prefería estar solo y no tenerla a ella molestando, ocupando su tiempo. No sabía ni por qué había sentido la inclinación de besarla; momentáneamente pasó un pensamiento de agradecerle de aquel modo, pero luego solo pudo ver su rostro anhelante y actuó de esa manera.
Qué fastidioso. El que Kotoko le diera ese regalo, pensado específicamente para él y haber notado que ella prestó atención a él —y lo que hizo para dárselo—, ocasionaron ese breve momento de confusión.
Se encogió de hombros, tratando así de despegar esa sensación dentro, y pensó en lo que ella había dicho.
Pasó esas tardes trabajando para conseguir el dinero con el que le daría un regalo; al parecer, Ikezawa también estuvo en el mismo sitio y por ello coincidían esas horas, entendía que la acompañaba al salir de noche. Además, el bocón aprovecharía cualquier momento para poner en marcha sus "artimañas" y desbaratar sus planes, con el fin de cumplir lo que había visto en su cuaderno, de tener a Kotoko.
Mala suerte para Ikezawa, que Kotoko lo prefiriera a él y se hubiera adelantado, con sus propios propósitos para ella; ya compenetrada bien con su familia y estilo de vida, lo que quería.
Bufó y se dio una palmada contra la frente, porque se la merecía.
Había pensado como idiota.
Todo porque había visto cómo se ponían en peligro sus planes.
Por un tiempo había olvidado que a Kotoko la tenía encandilada con él, de modo que el idiota bocón no podía quitarle a la novia que tenía escogida y que ya era un hecho en su vida.
Suspiró de alivio, Kotoko seguía comiendo de su mano, aunque debía tener especial cuidado de Ikezawa, insistía demasiado en arruinar su cometido, todo por atraer a su novia.
Debería tener una charla seria con él y ponerle un alto, pero temía ya que con su idiotez no tuviera sentido, así como que los intercambios en el pasado con Ikezawa no habían servido mucho para detenerlo. Sí, solo se mantendría atento.
Esa vez Kotoko no era el problema. Era el otro quien se entrometía en su vida y en sus planes.
Dio otro suspiro y se giró en la silla, para observar el regalo de Kotoko. Verlo y saber qué significaba, le causaba satisfacción y otra sensación indefinida, pero se quedó con la primera, convenientemente.
[…]
El martes durante la media tarde, después de la retirada de Kotoko a su habitación, para corregir las tareas que tenía mal, Naoki se encontró colocando una pieza en la popa del barco que empezaba a adquirir forma en el fondo de la botella.
Su hermano observaba con gran interés, desde su cama, recostado boca abajo y apoyado en las palmas de sus manos.
—Onii-chan, ¿cuándo compraste eso? —La voz de su madre estuvo a punto de fastidiarle, por su súbita aparición, pero él suspiró y logró equilibrar su mano.
—Kotoko —respondió, terminando con esa pieza, apartándose de la mesa.
Se dio vuelta en la silla y encaró a su progenitora.
—Ella trabajó y con el dinero le regaló eso a onii-chan —rellenó su hermano, quien había colocado específicamente eso en su cuaderno de observación, con algunas anotaciones favorables.
Aun la molestaba, mas lo hacía de una manera graciosa, no algo desdeñosa, como era antes.
—¡Oh, vaya! —Su madre juntó ambas manos y las llevó a un costado de su rostro, a manera de adoración—. Por eso trabajó tan duro estas semanas y tuvo que soportar a ese admirador suyo, que piensa que puede competir contra onii-chan.
Naoki puso los ojos en blanco.
—Es un regalo caro —observó su madre en voz alta, compartiendo la opinión que él tuvo y acrecentó esa extraña sensación dentro, que volvía cuando estaba cerca del barco—. ¡Kotoko-chan es una novia espléndida!
Él no estaba con ánimos de escuchar a su madre lisonjearla. —¿Qué se te ofrece, okaa-san? —cuestionó secamente y ella parpadeó antes de sonreír ampliamente.
—¿Cuándo terminas tu entrenamiento de tenis? —preguntó.
—Mañana.
—¡Perfecto! —exclamó ella. —Solo faltas tú.
Ni se molestó en preguntar qué idea tenía ahora, pues se lo diría.
—¡Tendremos unas vacaciones en familia! —anunció su madre, animada. —Los papás pueden tomarse unos días y ni tú ni Kotoko-chan tienen otros planes, y ella y su padre no han estado por allí. Iremos el fin de semana cerca de Nikko, habrá balnearios, templos, lagos y estaremos en cabañas, haremos fogata por la noche. ¡Nos divertiremos!
Yuuki se incorporó y pareció emocionado por la salida. Naoki se encogió de hombros, sabía que cuando su madre ya tenía puesta una idea demasiado en mente, llevarle la contraria era sinónimo de insistencia.
Además, la ocasión en que estuvieron por allí fue de menos de un día, debido a que surgió en su padre una emergencia laboral, y no hubo otra oportunidad para ir allí.
—Bien —masculló luego de unos segundos y volvió a lo suyo.
[…]
El viernes, Yuuki y Kotoko parecieron dos niños excitados observando a través de la ventana del tren, pero ahora lucían mucho peor que eso mientras el encargado del sitio los dirigía a los seis a las cabañas familiares en el complejo turístico. Su madre había encontrado, con poca antelación —si es que no llevaba meses en ello—, el lugar perfecto, la mayor de las cabañas, con tres habitaciones.
Kotoko y su hermano, él y Shigeo-san, compartirían dormitorio, el modo más aceptable de ubicarlos; seguramente su madre no conseguía la manera de convencer al padre de Kotoko, o era él quien tenía malos pensamientos de sus oscuras formas de proceder.
Admitía que el sitio no estaba mal y era un lugar agradable en ese año, en que las temperaturas del verano en la ciudad habían incrementado mucho, haciendo insoportable la época (el producto de los cambios medioambientales, sin duda, ocasionados por la mano humana inconsciente).
El complejo se encontraba en una zona montañosa, rodeada de árboles y mantos acuíferos, que hacían una bella estampa a la vista del observador y las cabañas de madera, con aspecto semejante a las casas tradicionales japonesas, se mezclaban adecuadamente con el ambiente, perdiéndose con sus colores verdosos, marrones y cremosos, entre los árboles del paisaje. La vida animal, en forma de aves, peces y mamíferos pequeños, sobresalía también.
Y el aire, era más puro que en la ciudad.
No estaban muy lejos del centro de Nikko, pero era diferente encontrarse en medio de un entorno natural.
—Dejen sus pertenencias porque vamos a salir —instruyó su madre con gran entusiasmo—. Iremos en el autobús a visitar el Santuario Toshogu mientras haya luz, recorremos el puente Shinkyo y por la noche disfrutaremos de las aguas termales. ¿No les parece estupendo?
Los demás, a excepción de Naoki, asintieron. Él, suspiró. La idea de su madre de ir a un sitio tranquilo a relajarse, era ésa, hacerles dar vueltas. Tampoco era que pasaría toda la visita encerrado en la cabaña, cuando los alrededores prometían al ser lo suficientemente agradables para pasar el rato, aun con la sensación leve de calor.
Quizá el día de mañana se daría una escapada solitaria y disfrutaría de la tranquilidad que podía proveer el pequeño bosque y el estanque cercano al complejo, que el encargado, al enseñarles el mapa, había revelado como el sitio menos concurrido del lugar, ya que los turistas preferían visitar los lagos de por ahí.
Así sería una buena salida de descanso. Sin madre y novia detrás de él.
Cargó con su pequeño bolso al interior de la habitación que les indicaron y dejó que Shigeo-san escogiera la cama que deseara, que fue la más alejada de la ventana.
En el dormitorio había dos simples camas gemelas de tamaño individual, con sábanas de una tonalidad clara de azul; también se encontraron con un pequeño armario y una mesa de noche entre las dos camas, sobre la que había una lámpara.
Allí no había mesa ni silla, pues se encontraban en la sala de estar fuera, donde había un sillón y dos sofás frente a una chimenea que debía ser usada en invierno.
Esa vez, el baño sería compartido entre los seis. Ya vería lo aparatoso que sería eso.
—Naoki —habló Shigeo-san.
—¿Sí? —preguntó volteando a verlo, tras sacar una camisa de su bolso para colgarla en el armario y no se arrugara más.
—Quería hablar contigo a solas. —Shigeo-san se sentó en la cama que escogió y Naoki lo imitó, en la propia. Después asintió—. Deseo darte las gracias por lo bueno que has sido con Kotoko —dijo en un tono formal. Luego sonrió y rascó su nuca—. Confieso que al principio tuve mis reservas sobre vivir en donde habitaba el novio de mi hija —era comprensible—, pero he comprobado totalmente lo que te dije que me parecías, un buen muchacho, y que estar contigo ha influido favorablemente en Kotoko.
Shigeo-san suspiró.
—Nunca creí que ella escogería un novio correcto y me sorprendió. —Naoki pensó que ella podía ser muy aguzada en ese respecto, aunque él había tenido más que ver en formar la relación, sus intenciones meras cuestiones prácticas, de provecho para él, y que a ella la beneficiaban… Además que le concedía tener a quien admiraba.
Ella ganaba mucho con él.
—Temía que el amigo de Kotoko, Kin-chan, que nos visitó cuando nos mudamos, fuese la clase de chico que le entusiasmara; ella es, bueno —carraspeó—, tú sabes cómo es —los dos rieron en voz baja—. Y ese chico es igual que Kotoko y mi hija necesitaba conocer a alguien más serio, que también le importe. No iba a oponerme a lo que ella escogiera si le daba felicidad, mientras fuese un joven aceptable; pero me alegro que seas tú. El tiempo que sea, por supuesto —agregó Shigeo-san al final, porque parecía una entrega formal de mano.
Si su madre era peor y no disimulaba, él no tenía por qué sentir vergüenza.
Naoki esbozó una ligera sonrisa a su suegro, le agradaba el padre de su novia.
—Oji-san, no tengo intenciones pasajeras con Kotoko —comentó con sinceridad.
Shigeo-san abrió un poco más los ojos durante un segundo y luego asintió en silencio, poniéndose en pie y dándole una palmada en el hombro.
—Vamos, seguro nos están esperando —le dijo.
Ambos se dirigieron a la salida de la habitación.
Naoki sintió como que algo importante había trascendido en ese momento, que no alcanzó a definir con exactitud. Tal vez era el esclarecimiento a Shigeo-san de su futura unión.
Sin embargo, sabía que sus palabras eran más que ciertas; ya había tenido la oportunidad de ver cómo podía ser con ellos dos en su familia, en los cuatro meses que llevaban conviviendo juntos. Estúpida o no, Kotoko había sido una buena elección para alcanzar el cometido que su padre le diera y, con Shigeo-san, era un buen eslabón en los Irie. Su madre había dicho lo correcto al describir esos días como unas vacaciones en familia.
[…]
Más tarde, ya habían pasado tiempo recorriendo el santuario Toshogu, una joya de la arquitectura japonesa, con sus detalles en oro, sus impresionantes paneles y las numerosas esculturas, entre las que estaban los "Tres monos sabios"*; también habían recorrido brevemente el santuario Futarasan y el mausoleo Taiyuin, cerca del principal; tomado su almuerzo en uno de los restaurantes locales y presentado sus respetos en el templo.
En el presente, se encontraban en el puente Shinkyo que, en su majestuosidad roja, representaba a las "dos serpientes" que habían servido al ermitaño para cruzar al río Daiya, divisor de los dos campos de la zona. Había leído la información en los folletos, y su madre la repitió mientras narraba en voz alta.
—Onii-chan, posa para la foto. ¡Sonríe! —pidió su madre, mientras se encontraban en medio del puente, donde hizo que Kotoko y él se ubicaran, con el sol del atardecer a sus espaldas. —¡Quiero una perfecta fotografía romántica de los dos! —dijo ella antes de presionar el botón de la cámara innumerables veces—. ¡Onii-chan, sonríe! ¡Kotoko-chan, tú estás perfecta! —Sintió a la aludida reír, así como la tenía sujetada por los hombros, a exigencia (y amenaza) de su madre, tampoco era que negarse fuese para su beneficio, con su familia observándole.
En ese momento, su padre se acercó a hablar a su esposa en el oído, interrumpiendo su sesión. Él se entretuvo bajando la mirada y observar a Kotoko, quien en el transcurso del día se había comportado en su habitual ensoñación, dejando salir sus pueriles actitudes entre ratos, incluso cuando su madre se esforzaba en adquirir ropa para ella que la hacía ver de una edad mayor.
Tenía un vestido blanco con forma redondeada en su busto, y un listón rosa en el talle, ajustando la prenda debajo de sus pechos, cayendo libremente hasta la rodilla, permitiendo que la falda se moviera con el aire. Kotoko utilizaba un sombrero y no podía verle bien el rostro, pero de los lados sobresalían las dos trenzas largas que se hizo, que caían sobre sus clavículas y entre momentos le hacían cosquillas a su brazo descubierto, por él tener una camisa de mangas cortas.
Escuchó el sonido de la cámara de su madre y devolvió la vista al frente. —¡Ya tengo la foto perfecta! —Soltó ella con un chillido, y Naoki sintió su párpado temblar. —Ahora todos acérquense para una fotografía familiar, y después serán las individuales.
Su madre le pidió a un turista joven, de aspecto occidental, que le tomara un par de fotografías a todos y el otro asintió, respondiendo en el mismo inglés que su interlocutora empleó para cuestionar.
—Una bonita familia —dijo el muchacho al terminar, obsequiando una mirada a Kotoko con sus orbes cerúleos—. Hermosa y encantadora hija —agregó, y se alejó a continuar con su grupo de amigos.
Naoki alcanzó a ver que Kotoko, habiendo mejorado sus habilidades en el idioma, gracias a él, se sonrojó.
—Un inglés muy agradable —opinó su madre, nombrando la nacionalidad que podía determinarse con el marcado acento británico.
Agradable. Seguro, se dijo él, sarcástico.
Su madre continuó haciendo fotografías a los demás hasta que señaló era hora de regresar, para disfrutar de las aguas termales.
[…]
A la mañana siguiente, del sábado, Naoki no estaba de tan buen humor, aunque habría sido de esperarse luego de las relajantes aguas. Pese a que las zonas donde se bañaron estaban separadas, su madre se encargó de irritar su baño, mientras los demás varones se habían retirado a la cabaña, aduciendo agotamiento.
De algún modo, su progenitora había sabido, tras la pared que separaba el espacio de baño de hombres y mujeres, que solo él se encontraba ahí.
Mientras él quería relajarse, ella profirió a gritos, que quiso ignorar y realmente trató, acerca de los generosos atributos que le eran visibles de Kotoko, con lo afortunado que sería onii-chan de verlos, aun con los quejidos de abochornamiento de la susodicha. Había dado una descripción algo detallada, en tamaño, forma y color, que su mente captó —aunque no quiso y, para su mala suerte, no iba a ser posible de olvidar—, antes de darse por vencido y decidir retirarse.
Su madre estimuló sus pensamientos y una parte de su cabeza que creía tenía en control, después de su incidente con el método de protección, haciéndole sentir de una forma incómoda, con la pura insinuación. Lo cual, era ilógico y estúpido. Ella le arruinó la posibilidad de dormir desde que su cabeza tocara la almohada, retrasando su sueño hasta que el agotamiento y la distracción, que consiguió en los ronquidos de Shigeo-san, pudieron más.
—Parece que la cama de onii-chan no era muy cómoda para dormir.
El comentario de su madre, probablemente de ver las bolsas oscuras bajo sus ojos, le hizo fruncir el ceño, sin siquiera mirarla. Ella se hallaba junto a su padre, en la mesa redonda, a su derecha estaba Yuuki y luego Kotoko.
—Qué raro, mi cama era muy agradable —dijo Shigeo-san, a su izquierda, después de que todos agradecieran por la comida del desayuno.
—La mía también, dormí tranquilamente —comentó Kotoko, a quien ese momento él quería evitar, al igual que su madre. Lo malo era tenerla a su lado. —Descansé como un bebé.
—Roncando como un ogro —puntualizó Yuuki, con una mueca divertida. —Y babeando.
—¡Yo no ronco! —replicó Kotoko, sin hacer caso a la otra acusación; fuese por cierta o que no escuchó.
—Y hablas dormida —agregó su hermano, riendo. Naoki puso los ojos en blanco, mientras los demás reían divertidos de la infantil pelea fraternal, como las llamaba su madre.
A él le daba la impresión que ponía mucho interés en ella.
Yuuki hizo una pausa a sus carcajadas. —Decías... —Rió. —Naoki-kun, por favor. Será divertido.
Él se tensó en medio de una mordida; lo último que quería escuchar eran frases sugestivas, aunque a los otros le causara gracia. Por no dormir bien, no estaba al cien de sus capacidades.
—¡Oye, no tienes que repetir todo! —se quejó Kotoko agitando a su hermano, que continuaba riendo. —Yo no te espié mientras dormías.
—Porque te tiraste a la cama nada más entrar con ese pijama tan chiquito que compraste en la sección de niña.
Naoki apretó los dientes.
—¡Yuuki! —Kotoko chilló, los demás comensales en el restaurante giraron en dirección al escándalo que ella hizo, haciéndola encogerse en su asiento—. Retira eso —amenazó, con ojos entrecerrados.
Los adultos no hacían nada por intervenir.
—No, no dejas dormir. —Yuuki le sacó la lengua a su novia, que alzó su puño.
—Serás mentiroso, no tienes cara de falta de sueño —gruñó Kotoko y se acercó a su ototo para hacerle cosquillas, en una actitud pueril.
—Terminen de comer, niños —llamó la atención su madre—, que hoy haremos un recorrido por el lago Yunoko, pescaremos y exploraremos, y en la noche dejaremos nuestra fogata —compartió su plan del día—. Para mañana dejaremos la visita al teleférico para ver el lago Chuzenji y las Cascadas e iremos al parque de Tobu y Edomura, y compraremos —terminó.
Kotoko y Yuuki asintieron y volvieron a sus alimentos.
Naoki no se sentía con ganas de ir al lago en esos momentos o andar de aventurero. —Me les uniré por la noche en la fogata —musitó, con un poco de arrepentimiento de alejarse, pero si no lo hacía sería peor, porque se presentaría como una compañía mala.
—¿Onii-chan? —preguntó su madre, en tono tranquilo.
—No me apetece seguir los planes del día —comunicó—, quiero pasear por los alrededores y descansar un rato.
Los ojos de su madre brillaron y asintió. Quizá si no estuviera tan irritado, le habría extrañado su falta de insistencia.
[…]
Naoki caminó en calma disfrutando del follaje verde que le rodeaba, calculando en su mente la distancia, atento a su alrededor para llegar al estanque y sentarse un rato a relajarse cerca de la orilla.
Era tranquilo encontrarse solo, sin presencias tediosas e inoportunas en la periferia, aspirando el aire con aroma a pino, acebo y picea y andando con ropa ligera ante el calor, no abrasante, pero notorio, que había en el ambiente.
Había estado un tiempo descansando en la habitación y luego había decidido salir, lo que demostró ser una buena idea, y ahora que se dirigía al estanque, esperaba poder encontrarse con alguna especie vegetal o animal interesante en rededor, como las que vio en el libro de botánica en el lobby principal del complejo.
Escuchó un sonido de movimiento de hojas y se preguntó si habría algún roedor rondando, buscando entre los arbustos. Premeditadamente, había usado un sendero en el bosque, para dirigirse al estanque, en lugar del camino principal. Al preguntar, no lo habían visto mal, porque era imposible perderse por ahí. Pero, de cualquier forma, estaba bien que les avisara, para tenerlo en cuenta.
Tampoco era como si fuese posible recorrer el lugar en círculos, los árboles planifolios de hoja caduca y de coníferas perennifolias, podían distinguirse con sus frondosas copas y sus diferentes texturas de madera, además de las plantas y flores en el suelo que no seguían un mismo patrón. Probablemente, algún idiota se perdería si iba muy distraído, pero en sus desvaríos llegaría al camino principal y se ubicaría.
Llegó a los casi ochocientos metros que separaban de su cabaña el estanque y vio que a dos pasos había una pendiente ligera; ya veía el agua cristalina brillar, con el reflejo del sol, que se asomaba entre los árboles que rodeaban el espacio del estanque dando sombra a la orilla y manteniendo a temperatura el agua. Dio un paso con cuidado al inicio de la pendiente, no mencionada por el encargado, que le recordaría cuando lo viera, por si otro imitaba su iniciativa. Debía descender atento.
—¡Naoki-kun! —Se sobresaltó al escuchar en su espalda la voz estridente de Kotoko y, de algún modo —dígase la torpeza de ella—, se encontró girando lo que quedaba de la pendiente, sin poder detenerse, con el cuerpo de su novia rodando con él.
Hizo el intento de meter las manos, pero Kotoko lo impulsó con un empujón, directo al agua.
Apenas y cerró los ojos.
Se sumergió al agua templada y sus manos tocaron el fondo de tierra sin dificultad, logrando que fácilmente se arrodillara sobre la superficie, para escupir un poco del agua que entró a su boca, con sabor no muy agradable.
Apartaba sus cabellos de su frente cuando escuchó los lloriqueos de Kotoko.
—¡Naoki-kun! ¡No puedo! ¡Sálvame! —Se puso en pie con rapidez, llegándole el agua hasta un poco debajo de las rodillas y la buscó, pensando en que estaba en peligro por alguna planta acuática, pero la vio un poco alejada de él —ni se preguntó cómo llegó ahí—, manoteando y pataleando ridículamente, sin recordar que sabía nadar.
Arrugó la nariz. Por culpa de esa tonta se había empapado. ¿Y qué rayos hacía ahí! ¿Por qué, maldita sea, lo seguía?
¿Qué no le podía dar un momento de paz?
—¡Idiota! —gritó y ella dejó de moverse—. ¡Puedes hacer pie! —espetó dando un paso hacia ella, con ganas de sacudirla. Quería poner las manos en sus hombros y zarandearla hasta que pudiera aprender a dejarlo en paz, no meterse en sus asuntos ni estorbar en sus pensamientos.
Ella se envaró en el agua, que llegó hasta la mitad de su vientre, y dio dos pasos a él, deteniéndose al cruzar la vista consigo.
La observó sintiendo enojo y bajó la mirada a los hombros que quería agitar, en los que puso sus manos, pero vio algo en ella que llamó su atención, impidiéndole moverla como quería.
La blusa amarilla sin mangas que cargaba, se pegaba a ella como una segunda piel a su cuerpo y el agua la había transparentado al punto de notar que sobresalían dos puntas erguidas en su parte frontal, que percibió, sintiendo un súbito enojo, no estaba cubierta por la barrera de un sujetador.
Esa inconsciente.
Una llama se prendió en su cabeza y apretó los dientes por la estupidez de ella. —¡Naoki-kun! —Ella removió sus hombros como si estuviera incómoda y él notó que apretaba sus manos, también vio que su torso también hacía otros movimientos atrayentes a sus ojos.
Sin pensarlo mucho, llevó su boca a la de ella, para castigarla con un beso dirigido por los pensamientos que surgían de pensar lo que podría orillar ella con su inconsciencia en los demás visitantes, como podría ser ese inglés que la miró con apreciación del día anterior.
Su novia debía aprender a no exponerse a esa clase de sujetos.
Kotoko soltó un gemido entre su cuerpo y él la acercó hacia sí, sin saber qué tenía ella que sus labios fueron agitándose con menor rapidez y furia, moviéndose sobre los de ella de un modo que acompañaba bien a la calidez que sentía en el ambiente.
Ladeó más su rostro a la derecha y un impulso lo llevó a entreabrir la boca para hacer surgir su lengua y tocar los labios de Kotoko, que abrió su cavidad y él tocó la humedad de la lengua de ella.
Le recorrió un escalofrío y sintió el aguijonazo de su conciencia llamando.
Se separó de ella, asqueado consigo mismo, y la miró con desdén.
Puso distancia entre los dos y se quitó la camisa superior que portaba, sobre su camiseta blanca. Estaba mojada, pero serviría para cubrirla de los ojos curiosos hasta llegar a la cabaña.
—Cúbrete —bramó extendiéndole a ella la camisa y se dio vuelta para ir a la orilla—. ¿Qué esperas! —soltó cuando no la escuchó siguiéndole, ni iba a mirarla—. No te quedes atrás, que te pierdes.
Ella, otra vez, había llegado para arruinarle su preciada paz.
Solo que, en esa ocasión, él estaba asombrado de su descomunal reacción a ella.
Un beso enardecido.
*El mono que no habla, el que no oye, y el que no ve.
NA: ¡Saludos!
Ese final, para la pobre de Kotoko, deja con un mal sabor de boca :S
Pero bueno, el que la tuvo interesante fue Irie.
Les confieso que me arriesgué con algunas escenas aquí... Eso de que las palabras de su madre, en las aguas termales, provocaran algo en él, bueno, me deja vacilando, pero ya saben, yo me justifico con que es su punto de vista y nadie más que él lo sabe ja,ja.
Avanzando, ¿alguien más huele los planes de Noriko-san? Quizá él no se entere, pero los demás podemos afirmar que sí. Aunque ella se estaría muriendo de saber lo que interrumpió, con tanto que desea que esos dos estén más juntitos. Ay, señora Irie, un poco más y su hijo caía.
Las vacaciones no han terminado, y falta ver qué hará Naoki después de esto. ¿Se resarcirá? ¿O lo empeorará más? (¡Qué divertido es ya saberlo!)
Ya para ir cerrando, chiquitines, ¿no se les antoja escribir sobre INK? Hay tantas ganas de ver material nuevo :3 - Yo también les invito a pasarse por mi nuevo fic, si solo siguen este, será corto, y pueden verlo en mi perfil.
Hasta aquí mi reporte, y gracias a todos por leer.
Abrazos, Karo.
Caro: Yo fascinada con que te encante, linda. Otra vez miércoles, y es fenomenal encontrarte por aquí. Espero que todo lo que está por venir sea de tu gusto.
adriana bulla: Tú eres muy buena para subir el ego a alguien, ¡me encantas! Muchas gracias, es fascinante que te guste, y quedan bastantes capítulos, así que podrás entretenerte más todavía... que espero sean de tu gusto. Y, de cualquier modo, sigo escribiendo otras cosas, para las que estás invitada :) (¿Algo que te interese leer? A ver si puedo escribirlo en OS - con mi mejor intento). Hasta la próxima :)
Extracto del capítulo 12:
—¡Eh, Naoki-kun! ¡Te desperté! —exclamó Kotoko, empezando a temblar. La linterna cayó al suelo y él se puso de pie.
—¿Con qué permiso has entrado?
—Je, je —soltó ella.
—¿Y qué pretendías? —cuestionó, aproximándose a ella hasta quedar a un palmo de distancia, divisando a medias su rostro, en la penumbra.
—Yo venía… eh, no… es… para… tú… —tartajeó ella.
Naoki se inclinó a su rostro, entretenido por su nerviosismo. —¿Qué buscabas?
—Tú… eh… yo.
La sujetó del brazo y la hizo caer en la cama, debajo de su cuerpo, permaneciendo sobre ella sin hacer contacto entre los dos.
—¿Acaso era esto? —susurró, viendo en la penumbra cómo los orbes de ella incrementaban su tamaño, a la vez que tragaba saliva.
Ya se imaginarán de qué va el capítulo je,je. El próximo miércoles nos vemos con: Una probada de normalidad
