XI

Gin se separó de ella, girando la cara con una mejilla colorada.

Sonrió maliciosamente.

–Puedes decir que ellos eran unas ratas –murmuró Sherry con odio dando varios pasos hacia atrás –, pero tú eres igual que ellos.

–Tienes suerte de que no logro cabrearme contigo, si no te habría roto esa mano tan fina que tienes.

Intentó correr hacia la salida pero Gin, más ágil, la agarró del brazo y de la cintura para que no se alejara de él.

La puerta de la habitación se abrió de par en par.

–Jefe… –Vodka se hallaba sorprendido al ver la situación, la joven científica se hallaba aterrorizada entre los brazos de Gin.

–Vodka, vete a la habitación de Sherry a dormir esta noche, ella se quedara aquí –murmuró fríamente sin mirarle, respirando cerca del cuello de la chica –, cómo puedes ver estamos ocupados...

–Vodka… –susurró la chica en forma de ayuda.

Pero el hombre agachó la mirada, no podía llevarle la contraria a su superior.

–De acuerdo –asintió con la cabeza cerrando la puerta tras de sí.

Gin se apretó más a ella.

–¿Por dónde nos habíamos quedado? –se divertía apoyando a Sherry contra una pared –, he matado a más inocentes de lo que puedes imaginarte, mentido y engañado a las personas que creen que confió en ellas, robado a personas que no tenían nada, sobornado a la gente para no mostrar sus peores secretos, extorsionado a personas que apenas conozco, pero nunca he violado a una mujer.

–Gin… por favor… no soy un objeto…

Gin colocó una de sus manos en la barbilla de la chica, alzando su rostro para ver mejor esos ojos azules aterrados.

–¿Piensas que te veo así?

Sherry no contestó, sentía como temblaban sus piernas, con la sensación de que iba desmayarse de un momento a otro.

–Yo…

–¿Crees que no me importas? –le miraba con aquellos fríos ojos verdes – Sherry, llega a ser otra la que me pide ayuda y ya estaría su esquela en todos los periódicos de Japón.

Miró hacía un lado, no tenía el valor para replicarle. En verdad todos le temían por su personalidad, tan frío y calculador, pero con ella era algo distinto, Gin estuvo cuando le necesitaba… y aunque lo contase a alguien de la Organización, no la creerían.

–¿Sigues pensando que te veo como un simple objeto? –preguntó de mala manera.

–No… –susurró sinceramente sin mirarle.

–¿Me temes?

Le miró fijamente, como siempre el hombre tenía el rostro frío y serio pero aún así quería estar con él.

–No.

Gin acercó su rostro al de ella. Sus labios apenas se rozaban.

–¿Confías en mi?

–Sí –sollozó, todo lo que le estaba diciendo era verdad…

–Bien –alargó uno de sus brazos hacia el interruptor y apagó la luz de la habitación, colocando nuevamente su mano en la cintura de la chica.

En aquella oscuridad absoluta, los ojos de Sherry no se adaptaban, no podía ver su rostro. Estaba muy nerviosa y su cuerpo no paraba de temblar. Entonces notó como las manos de Gin se colaban por dentro del yukata y acariciaban suavemente su piel, calmándola lentamente, estrechándola más a su cuerpo. Aunque sabía que era él en ningún momento se sintió incomoda, todo lo contrario, se sentía protegida entre sus brazos…

Una de sus manos salió del yukata y la utilizó para tomar del mentón a Sherry, y así besarla con más facilidad.

''No puedo seguir huyendo…'' pensó cerrando lentamente los ojos y dejando que finalmente la cosa fuera a más.

Durante aquel largo beso, Gin desabrochó lentamente el yukata de la joven para que cayera al suelo, dejándola solo con la ropa interior.

–Eres mía… –un frío y dominante susurro salió de la boca de Gin que a ella no le intimidó. Colocó sus labios en el fino cuello de Sherry para pasar su lengua en ella, saboreando su presa, tumbándola lentamente para colocarse sobre ella.

La fuerte sensación en el cuello provocó una corriente de placer que recorría su cuerpo, por lo que se agarró fuertemente a los hombros del hombre de negro. Su corazón iba a cien por hora y el calor del cuerpo de Gin la envolvía completamente. Una cálida mano recorrió su cintura y la incorporó pocos centímetros del futón para acceder mejor a la parte trasera del sostén. Escuchaba la respiración acelerada de Gin cerca de su oído.

Sherry acercó sus labios a los de él aceptando ese beso, quitando él mismo el cinturón de su yukata para que cayera también. Ahora estaban en igualdad de condiciones.

Estaba muy nerviosa, cuerpo con cuerpo sentía como el hombre acariciaba uno de sus pechos; para disfrutar de los tímidos gemidos que la joven emitía como respuesta. Gin bajó su rostro, lamiendo el rosado pezón de la chica, la excitante corriente hizo que el gemido fuera más fuerte.

Ésta apenas podía incorporarse él pesaba muchísimo más que ella, sus cuerpos se rozaban mezclando su calor y sudor, su cuerpo ardía con aquellos sentimientos que nunca había experimentado. Gin colocó una de sus piernas entre las de ella para que se abriera un poco más mientras con la mano izquierda dibujaba su contorno, bajando las manos primero por sus costillas, dibujando la línea de su cintura y acercándose a las caderas… Cuanto más se acercaba a la zona clave, más tensa se ponía la joven, apenas quedaba una prenda de ropa por quitar.

Coló ágilmente su mano por bajo aquella prenda, mientras con su otra mano alzaba el rostro de ella para que ambos rostros se tocaran. Sus cabellos plateados rozaban la cara de Sherry, apenas podía verla con la luz de la luna, pero si podía escucharla.

Gin juntó su mejilla con la de ella, la respiración era muy acelerada, haciendo que este se excitara y rozara el húmedo sexo de la chica con uno de sus dedos. Ella gimió y la erección de Gin creció. Su inocencia le excitaba muchísimo, le encantaba la idea de catar el nuevo vino.

–Gin… –un débil susurró se escuchó en la habitación.

–Todavía no, quiero divertirme un poco más.

Introdujo uno de sus dedos dentro de Sherry, era cálido y húmedo pero estrecho.

–Relájate o te haré mucho daño –movió uno de sus dedos, acariciando una de sus paredes interiores provocando que ella gimiera arañando su espalda. Gin sintió como su sexo se movía, joder, le estaba volviendo loco, quería dominarla ya.

–Lo intento…

Las paredes se estrechaban más ante el extraño invasor.

–Joder Sherry –se quitó la ropa interior sin sacar la otra mano del interior de la chica, liberando su palpitante sexo –, te lo advertí.

La joven gemía cerrando los ojos sintiendo como los dedos de Gin volvía a moverse dentro de ella, tocando todo su ser. Era una sensación tan nueva para ella. Acariciaba con sus finas manos la fuerte espada de Gin, escuchando su respiración acelerada, sabía que se estaba controlando.

Gin se incorporó un momento para hacer que la chica doblara sus rodillas y abriera más las piernas. Se situó entre ellas, acercando su miembro a la entrada de la joven. No podía soportar más la espera, y sabiendo que dolería lo mejor era ser rápido de una sola vez. Un instante después, un grito resonó en la habitación. Sherry se agarró con fuerza a las sabanas, esta vez no de placer si no por el dolor, dolía demasiado. Casi no podía respirar... Pero Gin la acalló con sus labios, besándola con dulzura para intentar que pasase el dolor mientras permanecía quieto en su interior esperando a que la joven se acostumbrase a la intromisión.

Se habían vuelto uno…

Ésta cerró fuertemente los ojos provocando que unas pequeñas lágrimas cayeran por sus mejillas al ver que el dolor no cedía. No podía gritar, Gin dominaba su boca como el resto de su cuerpo e impedía que cerrara las piernas, solo podía sacar su tensión arañando la espalda de él.

Gin separó los labios de ella, respirando, por una vez la luz de la luna permitió verse los rostros y su alrededor.

–Bienvenida al mundo de los adultos –lamió una de las lágrimas, disfrutando como su sexo era envuelto por el cuerpo de Sherry –, intenta respirar profundamente y el dolor pasará. Te empezará a gustar…

–No me gusta demasiado –se sinceró, todo le dolía demasiado, agradeció que le diera un respiro.

–Te acabarás acostumbrando –apretó con delicadeza uno de los pezones de la joven. Está gimió y un pequeño latido golpeó su sexo – aunque hoy quien más lo disfrutará seré yo.

La chica abrió la boca para replicarle pero este se lo impidió rápidamente con un beso, sintió como se retiraba pero volvía con una pequeña embestida. La pausa se había acabado.

Una detrás de otra, las embestidas cada vez eran más rápidas y seguidas, Sherry intentaba liberarse de sus labios y moverse pero Gin la tenía bien agarrada por las caderas, colocándoselas a su propio gusto. Solo podía mirar su cara de esfuerzo junto a la satisfacción por cada movimiento que hacía. Hasta que finalmente se liberó de sus labios.

–Gin… –colocó su pálida mano es su mejilla, se estaba acostumbrando a ese dolor con pequeños momentos de placer. Gin aceptó el gesto colocando su mano sobre la de ella.

Nunca le había visto tan vulnerable, tan cansado…

Embistió una última vez, con todas sus fuerzas mientras explotaba en su interior dejándose llevar por todo tipo de sensaciones y cayendo finalmente en los brazos de la joven.