Un capítulo más y queda menos
Capítulo Once: Cuesta Abajo
"Más fácil es atrapar a un mentiroso que encerrar a un ladrón" - Proverbio
Era demasiado tarde. Muy tarde y Pepa no sabía nada aún de su pelirroja. La rubia hacía rato que había dejado de prestar
atención a lo que sucedía a su alrededor. Ella todavía estaba en el ex bar de Leo, el Lizarrán junto a la misma Leo, Lola y Sara. Las cuatro mujeres habían estado bastante liadas con todas las cosas que Lola quería cambiar en el bar y para eso le había pedido ayuda a Leo que encantada le había dicho que la ayudaría. Lola pensaba hacer socia a Leo del bar, pero la otra chica desistió aduciendo que se iría de viaje con el dinero que Lola le había pagado por la compra del boliche.
Así que las chicas decidieron comenzar con la retirada de todo lo que pertenecía al Lizarrán para devolvérselo a Leo y dejar sólo las cosas que sí le gustaban del local. No era mucho lo que había que sacar pero sí lo suficiente para que las cuatro se mantuviesen ocupadas en lo suyo por un buen rato, hasta que ya no había nada que hacer. Mesas, sillas y todo tipo enseres del bar fueron o sacados o embalados y las cajas de pronto empezaron a acumularse en el suelo del lugar.
Pepa se había mantenido ocupada evitando pensar en su pelirroja, pero tampoco lo suficiente como para poder relajarse. Y ahora, que mirando a su móvil había visto que eran las once de la noche y pasadas, Pepa estaba empezando a preocuparse por no tener noticias de su mujer.
- ¿Cómo es que todavía no han regresado? - preguntó la rubia más para sí misma que para las tres mujeres - ¿Es que acaso no habéis visto la hora que es? ¡Es tardísimo y no hay noticias de ellos, joder! ¿Es que acaso no piensan llegar esta noche? Las tres se quedaron mirando a Pepa con preocupación. Nadie dijo nada hasta que Sara se atrevió a calmar a su tía pidiéndole más paciencia.
- Sé que estás preocupada Pepa pero tú sabes que este tipo de operativos lleva su tiempo - Sara intentó tranquilizarla masajeando los hombros de Pepa que los tenía totalmente tiesos - Recuerda que Silvia te pidió que confiases en ella y eso debemos hacer, tita, confiar en ellos. Si Silvia te ha dicho que volverá es porque volverá y tú más que nadie sabe que cuando la pelirroja promete algo, lo cumple, ¿Ah que no?
- Es cierto - la rubia tuvo que asentir muy a su pesar - Es cierto Sari, pero es que mira la hora, ya son casi las doce de la noche y ni siquiera sabemos nada desde Comisaría, no nos han informado nada. No sé sobri, pero yo conozco a mi hermano y
estoy segura que algo se está guardando. Además siento una opresión justo aquí - se tocó el corazón - De que algo ha ocurrido y que no nos quieren decir.
Lola escuchaba a Pepa despotricar sabiendo que la rubia tenía razón.
- Esas corazonadas tuyas Pepita llegarán a matarte - dijo para sí misma mirando a las chicas hablar. Ella fue la única que sabía lo que estaba ocurriendo con su hermana y su yerno. Lo sabía porque fue el propio Paco en persona el que la había llamado para avisarle.
La morena había recibido la llamada a su móvil mientras Pepa y Sara estaban ocupadas embalando las cosas del bar a unas cajas, se disculpó con ellas y le hizo un gesto a Leo avisándole que saldría a recibir la llamada en un lugar más privado porque fue eso lo primero que le había pedido Paco cuando Lola le respondió.
- Si estás junto a Sara y a Pepa necesito que salgas para poder seguir hablando - había dicho Paco con seriedad a lo que Lola hizo exactamente eso y salió del bar hasta el trastero del local cerca de la cocina.
- Ya estoy fuera de vista Paco, ¿Qué sucede? ¿Qué ha pasado con Lucas y Silvia? - Lola no tardó en bombardear a su ex marido con preguntas a lo que él respondió con un exabrupto para luego disculparse sabiendo que ella sólo estaba preocupada.
- Esto no se lo he contado ni a Marina Lola así que me tendréis que jurar que no dirás nada de esto a nadie, menos a nuestra hija o a mi hermana - fue lo segundo que le dijo Paco a la morena y Lola se sorprendió al saber que Paco había confiado en ella primero que en su propia esposa para contarle lo que estaba pasando.
- Tranquilo Paco que seré una tumba - prometió la mujer con seriedad intentando calmarse - Sé que las chicas no podrán saber lo que está ocurriendo porque Sara es capaz de ir ella misma a buscar a Lucas a ese bosque y Pepa por supuesto que seguidita va detrás así que dime, ¿Qué es lo que ocurre con los chicos? ¿Están heridos? ¿Están...?
- ¡No! - Paco casi gritó al darse cuenta a dónde iba la morena, se obligó a calmarse para seguir hablando mientras se escondía en su oficina lejos de los agentes que aún quedaban en la Comisaría y de la misma Salgado que estaba ocupada en la sala de juntas revisando el caso una vez más. - No Lola, no ha pasado nada eso, o al menos eso esperamos todos. Pero no sabemos nada de ellos.
Hemos perdido toda la comunicación con Silvia y Lucas desde que entraron a ese maldito bosque. No han servido para nada los micros ni las cámaras Lola, no tenemos nada. Ni una idea de que va esa junta ni si ellos están bien o no.
- ¿Pero cómo pudo haber pasado eso? - preguntó la mujer sonando asombrada - Eso es muy extraño. ¿Y los otros agentes que los acompañaban? ¿Acaso no pueden ellos ir a averiguar lo que está sucediendo?
- He mandado de refuerzo a Aitor y a Rita - dijo el hombre con evidente nerviosismo - Todavía no he sabido nada pero estoy seguro que apenas sepa de algo te avisaré. Por favor Lola te lo ruego, no debes decirle nada a nadie, menos a las chicas sobre lo que pasa con Silvia y Lucas porque se armará la de San Quintín... que nuestra hija es capaz de cometer una locura y a mi hermana le vuelve a dar un jamacuco y yo no quiero...
- Tú quédate tranquilo Paco que yo me preocupo de ellas - Lola lo intentó calmar en tono más suave - Tú sólo preocúpate de hacer llegar con bien a Lucas y Silvia que de tu hermana y de tu hija me encargaré yo.
- Gracias Lola, de verdad gracias - dijo Miranda sonando más tranquilo - Ahora me tengo que ir antes que aparezca Marina y tenga que enfrentarme a ella.
La voz de Paco sonó aterrada y eso hizo sonreír a Lola. La morena se despidió de su ex marido y acabó la llamada con un suspiro melancólico. Era extraño poder hablar con él luego de estar separados por tanto tiempo. Lola no sabía que era lo que aún sentía por el padre de su hija pero tampoco se puso a pensar en ello porque no tenía tiempo. Tenía que fingir que no sabía nada y eso no le costaba demasiado con gente desconocida, pero si era su familia a la que le debía mentir eso era otra cosa. Sobre todo si a la persona que le debía mentir era a su hija y a Pepa que también quería mucho.
- Tal como dice mi hija Pepa no te preocupes y confía en mi hermana que ya llegará - dijo Lola en tono suave aparentando una tranquilidad que no sentía. - Tú sabes que si de malas noticias se trata, esas siempre llegan antes. Y si no hemos sabido nada de ellos hasta ahora eso es porque no ha pasado nada cariño así que intenta calmarte, ¿va? Que preocuparte no te hace bien.
- Quiero irme a casa chicas - Pepa ya no podía seguir acompañada, necesitaba la tranquilidad del trastero para intentar relajarse aunque no sabía muy bien si lo conseguiría estando sola pero necesitaba la soledad.
- Pero tita no creo que... - Sara no veía con buenos ojos que Pepa volviese a la corrala y menos que se quedase a solas con lo nerviosa que estaba.
- No Sara de verdad - insistió la rubia en tono serio jugueteando con la silla de ruedas - Necesito mi espacio si quiero tranquilizarme, necesito estar sola, por favor...
- Disculpad la intromisión pero creo que aquí la Pepi tiene razón - Leo se atrevió a decir de pronto en su acostumbrada manera - Si necesita el espacio que dice, creo que es bueno que se lo den así se despeja la cabeza ¿No?
Sara se quedó mirando a su madre y ésta le dio un guiño resignado que la chica devolvió con un leve asentimiento.
- Está bien larga, te llevaremos de vuelta a la corrala pero con una única condición - aceptó la chica mirando a su tía con severidad -
- Soy toda orejas sobri - le respondió con la misma seriedad pero dejando entrever un leve tono jocoso en sus palabras.
- Que te quedarás tranquila y dejarás de pensar en burradas - le advirtió la joven sin apartar su mirada de la rubia - Y que nos avisarás si empiezas a ponerte demasiado ansiosa. No quiero que te ocurra nada malo tita linda.
La voz de la chica sonó tan infantil que Pepa sólo abrió los brazos dejando que Sara la abrazara. Le prometió a su sobrina que no haría ninguna locura porque quería estar cuerda para ver llegar a su pelirroja. Sara aceptó las palabras de su tía y las tres acompañaron a la rubia a la corrala. Leo regresó al bar luego de despedirse de ellas.
Lola y Sara dejaron a Pepa instalada en el trastero. A ninguna le gustaba ver a la rubia hacinada en aquel lugar pero nada la convenció de dejarlo. Estaba empeñada a manejarse sola aunque fuese en aquella lata de sardinas. El espacio era pequeño pero no tanto como para incomodarse en extremo.
A Pepa le había costado lo suyo despegarse de su sobrina y de Lola pero lo consiguió luego de jurar por todos los ángeles del cielo que se quedaría lo más tranquila posible. Las chicas se despidieron de ella con un beso en la frente y un abrazo, avisándole que estarían en el departamento de Lola a la espera de la llegada de Lucas y de Silvia.
Una vez a solas Pepa por fin pudo respirar. Estaba ahogada por tanta atención y tanta tensión. La opresión que llevaba sintiendo hacía rato en el pecho todavía no se le pasaba, pero sabía que no sacaba nada con enloquecerse.
- Por favor princesa regresa pronto - suplicó en voz baja la chica mirado por la pequeña ventana del trastero que daba al patio - Ya es demasiado tarde para que todavía sigas allá afuera pelirroja, por favor no te olvides que te estoy esperando...
La rubia no iba a poder descansar hasta no ver llegar a su niña sana y salva a la corrala. La chica había comenzado a rezar por el bienestar de su esposa queriendo aferrarse a la cruz de su cuello cuando recordó que la cruz estaba en el cuello de Silvia. Rezó de nuevo esta vez a su nana para que su niña volviese a casa con bien.
Tuvieron que pasar dos angustiantes horas en vela para que Pepa viese cumplido su deseo de ver a Silvia regresar con la banda de la Comisaría junto a Lucas. A quienes no vio con el grupo fueron ni su hermano Paco ni su cuñada.
Pepa había visto a Silvia aparecer en la corrala del brazo de Lucas y ambos parecían bastante "alegres" para su gusto. La rubia salió del trastero recibirlos al mismo tiempo que lo hacían Lola y Sara. Esta última se había casi lanzado a los brazos de su marido alejándolo de Silvia en su emoción.
Sin embargo Lucas no reaccionó de muy buena forma y mantuvo su distancia de Sara. Silvia había hecho lo mismo cuando Pepa había querido abrazarla y no tenía ni idea de por qué los chicos habían reaccionado de esa manera.
- Se ven alegres pero no están en sus cabales - la voz de Rita fue la que había roto la ansiedad de las chicas al ver a sus parejas en ese estado tan extraño.
- Es cierto - Aitor estuvo de acuerdo con Rita - Es una historia larga pero al parecer tanto Silvia como Lucas se han visto expuestos a una especie de alucinógeno que todavía no conocemos.
- ¿Cómo es eso? - Pepa soltó de pronto sonando preocupada - ¿Qué quieres decir Aitor? ¿Qué Lucas y mi pelirroja están colocados? ¿Estás de coña? ¿Qué cojones se fumaron éstos ahora?
- Bueno Pepita que parece que aquí los chicos no se fumaron nada - Rita dijo de pronto en tono serio al ver a Pepa tan nerviosa - Es que parece que los agentes estuvieron expuestos a esos humos tóxicos por la fogata que había encendida en el claro. Ahí estaban todos reunidos rezando o algo así. Que con Aitor tuvimos que sacarlos a escondidas, que casi nos atrapan ese hombre y sus seguidores.
- Rita está en lo cierto Pepa - Aitor confirmó con un asentimiento - Cuando llegamos, ese hijo de puta y el resto de esa panda de gilipollas estaban todos igual de pirados que él y bueno, que Silvia y Lucas tampoco se salvaron.
Pepa miraba a los chicos sin poder creerse las palabras de Aitor. No comprendía cómo habían podido quedar expuestos a esos alucinógenos y que nadie informara del asunto. Pero Pepa no tuvo tiempo de preguntar nada porque en ese momento aparecieron en la corrala Paco y Marina que parecían tan indignados como lo estaba Pepa.
- Lo siento Pepa pero lo ocurrido a Silvia y a Lucas lo hablaremos mañana - fue todo lo que el hombre le había dicho a su hermana cuándo ella le exigió una explicación al estado en el que se encontraba su mujer. La pelirroja estaba totalmente ida, desconectada de todo lo que sucedía a su alrededor y no notó que Pepa se le había acercado y le había hablado. Sólo la siguió cuando la rubia, todavía molesta, le había cogido la mano llevándosela al trastero con ella.
- Si no te dignas a decir nada sobre el asunto está bien hermano - estuvo de acuerdo Pepa a regañadientes - Pero que sepas que esto no se queda así Paco, que sé que nos habéis estado ocultando todo esto y yo necesito saberlo. Me voy a llevar a Silvia al trastero hasta que se le pase el colocón que tiene.
La rubia y la pelirroja desaparecieron tras la puerta del trastero y el resto decidió irse también a sus propias casas, dejando para mañana lo ocurrido aquella noche en el operativo, sobretodo porque sin la versión que debían dar los propios agentes intoxicados, nadie tenía idea de nada de lo que había ocurrido en ese bosque.
Stratta no podía dormir. Mientras descansaba en su habitación luego de la cena y su conversación con el Maestre de la congregación, el italiano se había quedado pensando en las palabras de la anciana protegida de Elizalde. Odiaba a ese tipo de viejas. Esas que parecían tener una especie de sexto sentido con los extraños y sabían más de lo que les convenía. Había conocido a unas cuantas vecchias así en el pasado y prefería deshacerse de ellas antes que consiguieran convencer a alguien de sus premoniciones. Pero el hombre no sabía si podía hacer algo teniendo a Elizalde tan cerca de su cabeza. Era un paso muy arriesgado para él enfrentarse a esa anciana y atacarla haciéndolo pasar por un simple accidente. Además, ella aún no le había dado motivos para asumir un riesgo parecido. O al menos eso pensaba ya que mientras meditaba sobre el asunto, Stratta escuchó ruidos provenientes de la puerta de su habitación.
Con cautela se levantó de la cama quedándose de pie frente a la puerta de madera y azuzó el oído esperando poder descubrir quién podría estar merodeando a esa hora cerca su lugar de descanso. El ruido cesó de pronto y Stratta decidió salir a averiguar qué era lo que le había perturbado.
Sin embargo lo único que vio fue el pasillo oscuro que conducía hasta la Sacristía y que a esa hora estaba vacío. Encogiéndose de hombros Stratta se dispuso a volver nuevamente a su cama, pero se detuvo con brusquedad a mitad de camino al escuchar una voz conocida que lo regañaba en su mismo idioma.
- Tu sei un demone1 - Stratta volteó con brusquedad al escuchar aquellas palabras pero cuando lo hizo no vio a nadie. Sólo notó la silueta de la nona de Elizalde desapareciendo por el corredor hasta la Sacristía y él había decidido seguir a la anciana. Supo entonces que no podía permanecer por más tiempo en aquel lugar. Tenía que desaparecer esa misma noche de Basauri antes de que la vieja decidiera poner en duda su fiabilidad a Elizalde. O era eso o mataba a la vieja y no podía arriesgarse a tener un cadáver más a su haber.
Pensando así fue que Stratta decidió ponerse en marcha agradecido por haber tenido las órdenes de que Elizalde le había mandado para la última misión. Su último viaje era hacia una iglesia en Sevilla. Allí él sabría dónde encontrar a la pelirroja bíblica y esperaba poder hacerse con ella pronto.
Dejó todo lo que no le pertenecía en la habitación y se guardó el arma bajo la túnica. Espero lo suficiente para no alertar a la vieja que sabía que todavía estaba despierta y salió de la habitación rumbo a la iglesia.
Stratta sabía que había una puerta de emergencia por la parte de atrás que podía abrir sin que nadie lo notase. Pero el italiano no contó con que Lucrecia Fuentealba también estuviese en la iglesia, esperando por él.
- Demoni come te non appartengono alla casa di Dio2 - la voz misteriosa de la mujer había roto el silencio sepulcral de la capilla - ¡Fuori di qui, diavolo!3
- ¡Zitto vecchio di merda!4 - el italiano no había querido renunciar a su disfraz tan pronto pero la mujer lo había fastidiado todo. Stratta se acercó a ella para hacerla callar pero la anciana parecía tener el mismo coraje que él y a pesar de sus años lo había enfrentado.
Se trenzaron en una discusión que poco a poco había ido subiendo de tono pero no de volumen hasta que el italiano perdió la paciencia y acabó por atusar la cabeza de la anciana de un sólo golpe con la cacha de su pistola. El monje vio como la anciana caía al suelo de la capilla inconsciente con un golpe sordo. No le había golpeado demasiado fuerte pero el hombre sabía que aquella caída terminaría su trabajo. Intentó no dejar huellas de su presencia en la capilla y en el cuerpo de la anciana. Stratta se acercó hasta la veladora de una estatua de Jesús cogiendo una de las velas con la manga de su túnica y la quebró en el piso al lado de la anciana procurado dejar el suficiente rastro de cera para hacer pasar el homicidio como un accidente. La idea era que Elizalde pensara que su nona había muerto de un golpe en la cabeza al resbalarse con la cera de la vela. La veladora y el piso alrededor de la mujer estaban cubiertos de cera, la justa para cumplir con el engaño.
Cuando Stratta decidió que la escena parecía un accidente fue cuando escapó de la iglesia hacía su último destino, no sin antes persignarse ante la cruz con cruel descaro enfrente del cuerpo muerto de la anciana ítalo-española.
- Un altro morto all'inferno5 - susurró con desprecio mirando a la mujer que yacía a sus pies. Salió de la localidad de Basauri como un completo fantasma amparado en la oscuridad de la noche.
1 Tu sei un demone: Tú eres un demonio
2 Demoni come te non appartengono alla casa di Dio: Los demonios como tú no pertenecen a la casa de Dios.
3 ¡Fuori di qui, diavolo!: ¡Fuera de aquí, diablo!
4 ¡Zitto vecchio di merda!: ¡Cállate vieja de mierda!
5 Un altro morto all'inferno: Un muerto más al infierno.
- Silvia por favor tienes que recostarte, no puedes seguir levantada a esta hora menos en ese estado - Pepa ya no sabía cómo controlar a la loca que parecía su mujer. El extraño alucinógeno que había inhalado era el causante de que la pelirroja estuviera fuera de control, sumiéndose entre un estado de catatonia total a un estado eufórico y furioso en cuestión de minutos. La forense había dejado su estado de catatonia donde apenas se movía y había despertado reconociendo recién la presencia de Pepa. Silvia se había lanzado a los brazos de su esposa queriendo tener intimidad con ella pero la rubia, aunque le había costado lo suyo, la rechazó. Aquel rechazo no le había sentado nada bien y ella se lo había hecho saber con una de sus pataletas.
- Eres una aguafiestas - le había dicho en tono petulante mirando con rabia a Pepa que intentaba sin éxito calmar a su mujer - Bueno aunque no sé por qué me extraña si desde que estás lisiada te has vuelto una gallina. Silvia se puso a imitar a una gallina delante de Pepa pero la rubia la encontró de todo menos divertida. Ella sabía que no debía ofenderse ante las burlas de la pelirroja porque no estaba en sus cabales, pero no podía evitar que sus palabras le dolieran de la manera que le dolían.
- Déjate de chorradas pelirroja que me estás hartando - la amenaza en la voz de Pepa estaba implícita - Deja de joder y ven a la cama ya.
La voz severa de Pepa había hecho el truco y Silvia se quedó tranquila. Silvia se recostó al lado de su esposa pero le dio la espalda. Estaba enojada con la rubia.
- Vamos princesa, lo siento - Pepa se disculpó en tono suave intentando acercarse a su niña - No quise regañarte de esa manera Silvia pero es que te estabas pasando... Sil... ¡Oh Dios...!
Silvia no escuchaba las explicaciones de la rubia. La pelirroja estaba absorta en otra parte de la anatomía de su mujer, una mucho más íntima que se estaba empezando a prender gracias a las caricias que la forense no dejaba de prodigarle.
- ¿En serio princesa? - Pepa le preguntó con sorna intentando no verse afectada por las atenciones que su mujer le estaba prodigando a su sexo ya empapado. - ¿Es que acaso no tienes sueño?
- Sueño es lo que menos siento ahora Pepa - dijo la joven saliendo de su lugar privado para hacer frente a la otra chica - Quieres que te perdone, ¿No?
- Si… pero pelirroja de esta manera no creo... ¡Oh joder...! - Pepa estaba extasiada. Lo que Silvia le estaba haciendo con los dedos y con la lengua la estaban volviendo loca. Se dio cuenta que aunque quisiera, ella era impotente ante las tentadoras caricias y el poder que Silvia tenía sobre su corazón y su cuerpo. Si Silvia se lo pedía ya era de ella, eso nunca pudo evitarlo.
- Por mucho que ame...lo que me estás haciendo princesa... tú y yo habíamos quedado en otra cosa... - Pepa casi no podía hablar debido a su excitación y los gemidos placenteros que se escapaban de sus labios pero intentó con todas sus fuerzas dar a conocer sus deseos. - ¡Oh...por...! ¡Princesa me estás matando...!
Los movimientos de Silvia habían comenzado a ser más frenéticos luego de sentir que le las paredes del sexo de Pepa se habían cerrado alrededor de sus dedos. La pelirroja sabía que sólo bastarían unos cuantos movimientos más y unas caricias a su clítoris para que su chica cayese por el borde pero no quería que eso sucediera aún. Como siempre, Silvia se perdía oyendo a la rubia suplicándole que la llevara a su orgasmo.
- Por favor... por favor princesa te lo ruego, no me tortures así... - se quejó Pepa a punto de acabar desecha entre los brazos de su esposa - te lo ruego mi amor, por favor...
- Amo que me ruegues preciosa - dijo de pronto Silvia emocionada por la reacción apasionada de su mujer a sus caricias - Como puedo hacer contigo lo que yo quiera y ponerte así...
- No jodas Silvia, no te burles que esta es otra que te guardo... - intentó amenazar la rubia sin conseguirlo porque la voz le había salido estrangulada.
Silvia se rió pero no respondió como tampoco cejó en su empeño de hacer llegar a su mujer a un orgasmo demoledor. Lo consiguió otra vez aumentando la rapidez y la presión de sus embestidas llegando hasta ese punto dulce dentro de la rubia que la hacía explotar.
- Voy a reventar princesa...oh Dios... - volvió a quejarse en voz alta y gritó el nombre de su esposa cuando sintió golpear su orgasmo junto sus fluidos producto de su propia excitación. Se aferró al cuerpo de Silvia cuando bajaba de su alta.- No me dejes caer pelirroja por favor... fue la última súplica consciente de Pepa antes de dejarse ir del todo a los brazos de Silvia la que la acunó como siempre con todo su cuerpo protegiendo a Pepa en su estado tan vulnerable.
- Nunca mi amor - le respondió la pelirroja con suavidad acariciando su frente y besando sus labios mientras sentía como el corazón de Pepa que había estado latiendo desaforado, volvía a su estado normal.
Silvia dejó a Pepa recostada, se vistió con una bata y salió del trastero con la cabeza dando vueltas. Justo a tiempo para ver a Lucas en bóxer y camiseta saliendo también de su departamento y ambos se quedaron mirando con la misma duda en sus ojos: ¿Qué carajos había pasado con ellos en ese bosque?
