dcromeor, Blanca vive para eso. Nada le importa más.
guest... eso nunca se sabe. Este es el final así que, hazte una idea.
En el infierno, Kykyo... en el infierno.
Regina Mills
_ Voy a matarla… te juro que voy a matarla._ La mano de Emma resonó cuando golpeó la mesa._ Voy a sacarle ese corazón suyo y lo voy a aplastar con mi bota.
Tenía los ojos encendidos, y respiraba con dificultad. Estaba, en apariencia, henchida de furia. Daba la impresión de que iba a empezar a sonar como una tetera en cualquier momento. Mis dedos pasaron por mi pelo mientras me lo colocaba. Emma necesitaba calmarse, pero no sabía cómo ayudarla.
_ Lleva tratando arruinarme la vida desde que era una adolescente._ Dijo, dejándose caer sobre el sofá.
_ Supongo que desde que me conociste a mí._ Me senté con ella._ Así que es culpa mía…
_ No, no te hagas eso._ Dijo, cogiendo mi mano._ Tú no has hecho una sola cosa mala hacia mí desde que te conozco.
_ Sin mí no habrías tenido que lanzar una maldición… ni tendrías todos estos…
_ Regina, no sé cómo sería mi vida sin ti. Pero no quiero saberlo. No cambiaría nada de lo que ya he vivido._ Cogió mi mano y la besó con dulzura.
Me mordí el labio. Nunca había escuchado a alguien hablar con el corazón de esa manera. No de mí, al menos. Yo pensaba que Ely me quería, pero dudaba que fuese capaz de hacer las cosas que Emma había hecho por mí.
_ Relájate, ¿Vale?_ Le pedí, intentando mantenerme serena._ Encontraremos a Gina. No puede haberla sacado de la ciudad. Piensa… ¿Dónde la escondería?
_ En el bosque._ Dijo, sin duda._ La encontraría en cualquier otro lugar. Es donde podría esconderse.
_ ¿Y no se te ocurre nada para encontrarla?_ Le acaricié el pelo.
Notaba que Emma empezaba a relajarse. Y la necesitaba relajada, para que pensase las cosas con detenimiento.
_ Un hechizo de localización…_ Murmuró._ Con uno de sus uniformes…
_ Que lista eres._ Le dije, besando su mejilla.
_ Sólo cuando tú estás cerca._ Dijo, en un susurro._ Vamos a por nuestra niña.
Emma Swan
Demasiados descuidos. No esperaba que Blanca cometiese tantos, ni tan siquiera con las prisas. Y por eso, cuando llegamos a la cabaña frente al lago, sentí tensión. Cuando Regina se acercó a la puerta, se lo impedí.
_ No, yo voy primero._ Le dije, protectora.
Y fue una estupenda idea porque lo primero que escuché cuando entré fue un sonido de clic, y acto seguido uno de los dolores más intensos que había sentido en toda mi vida. Había pisado un cepo para osos. Me desplomé, notando cómo me nublaba la visión. Si Regina no me hubiese sujetado habría caído sobre el suelo sin más.
_ ¡Emma!_ Gritó, ayudándome a tumbarme.
No vi a Blanca ni a Gina, pero lo cierto es que empezaba a ver sólo borrones.
Regina Mills
Los ojos de Emma empezaron a anegarse de lágrimas. Yo intentaba abrir el cepo. Había sangre por todas partes. Mi pulso estaba acelerado.
_ No… no… no…_ Repetía.
Conseguí abrir el cepo, pero eso no mejoró las cosas. La sangre comenzó a brotar aún más fuerte. Emma se iba a morir. Mis manos estaban llenas de sangre, y mi rostro se manchaba también. Abracé a Emma y le di un beso en los labios.
_ Ojalá supiera cómo ayudarte…
Y vino a mí. Una imagen. Mis manos puestas sobre una herida, y cómo esta se cerraba. Miré a Emma, y puse las manos sobre su pierna. Mi mano brilló y la herida de Emma comenzó a cerrarse. Empezaba a sentir cansancio.
Y a medida que las heridas se iban cerrando, mi mente se iba llenando. Llenando de recuerdos, de traiciones… y de corazones arrancados. Había muchos recuerdos dolorosos. Recuerdos que lamentaba recuperar. Pero detenerme me arrebataría a Emma.
Emma… los recuerdos comenzaron a ser distintos cuando ella apareció en ellos. Al principio una adolescente muy viva, y luego una mujer madura y fuerte, una que quería luchar por mí. Una sonrisa comenzó a apoderarse de mis labios mientras las últimas heridas de Emma terminaban de cerrarse. La rubia abrió los ojo, algo confundida.
Pasó su mano por el pantalón, metiendo los dedos entre los agujeros para comprobar que efectivamente estaba curada por completo. Yo la tomé del rostro y la besé con intensidad. Ella rodeó mi cintura y por un segundo nos quedamos congeladas, concentradas sólo en nuestro beso.
_ Mi reina…_ Susurró, mirándome.
_ Sí… soy yo._ Dije, mirándola.
Emma se echó a llorar, y me abrazó con fuerza. Yo le devolví el gesto, acariciando su pelo con dulzura. Notaba una oleada de amor, más intenso que nunca, que se proyectaba hacia Emma.
_ Te he echado tanto de menos…_ Dijo, en un murmullo.
_ ¿Ha merecido la pena?_ Pregunté, sin soltar mis dedos de los hilos de oro de su pelo.
_ Cada segundo.
_ Siento interrumpir…
No sabía en qué momento había aparecido Blanca, pero en parte me alegraba. No por ella, más bien porque mi hija estaba tras ella. Blanca no la dejaba pasar.
_ Ahora que estáis las dos aquí ya puedo tomarme mi venganza.
_ No voy a permitir que…
_ No, Emma._ Sonreí._ Me ocupo yo, mi vida.
Le besé la mano y me puse cara a cara con Blanca.
_ Adelante._ Le dije con toda la tranquilidad del mundo._ Véngate.
_ Si crees que no voy a hacerlo, te equivocas._ Dijo, sacando de un cajón un chuchillo oxidado._ Por fin puedo mirar a la reina a los ojos mientras la mato.
_ Debe ser como mirarse a un espejo._ Dije. Me mantuve relajada, como si lo que decía no fuese conmigo._ Como tu madrastra es un orgullo ver cómo te has vuelto exactamente igual que yo.
_ No digas estupideces._ Dijo, acercándome el cuchillo._ Yo no me parezco en nada a ti…
_ ¿Tú crees?_ Aproveché un momento de distracción para atravesar su pecho con mi mano.
Di un tirón y extraje su corazón. Un corazón rebosante de negrura, en el que apenas quedaba un punto rojo que estaba a punto de ser consumido por las tinieblas. Blanca dejó caer el cuchillo, aterrada ante la realidad. Gina aprovechó para escaparse y se colocó tras Emma para que la protegiese.
Volví a colocarlo en su pecho y ella se dejó caer sobre la silla. Temblaba de puro terror, y tengo que reconocer que lo disfruté un poco.
_ Emma y yo vamos a casarnos. Acéptalo si alguna vez has sido la princesa que tus libros dicen que eres.
3 semanas después…
Emma Swan
Sentía muchos nervios mientras me ajustaba mi vestido. El mío era de un color salmón. Regina iría de blanco. Nos habíamos visto hace muy poco y sin embargo sentía que hacía una eternidad que no estábamos juntas. Allí estaba, frente al altar. El hada azul me sonreía, parecía que ella había aceptado por fin lo que significaba Regina para mí. Me sorprendió ver a mi madre sentada en la última fila.
Estaba taciturna, como llevaba esas tres semanas. David estaba saliendo con Kathryn, y ella se había quedado sola. Había intentado acercarme, pero ella seguía ofuscada. Cuando las puertas se abrieron, sin embargo, mis ojos se centraron en Regina.
Llevaba un vestido precioso. Su cabello estaba peinado en hondas, casi rizado. Nunca la había visto así. Estaba preciosa. No era la primera vez que me sentía corriente a su lado. Estaba claro que ella era mucho más guapa que yo.
_ Hola…_ La saludé, algo acongojada.
El hada azul hablaba, y yo mantenía la vista en Regina. El la riqueza y en la pobreza… en la salud y en la enfermedad. Sí, lo cierto es que aceptaba todo aquello. Después de todo lo que habíamos vivido, el matrimonio no era algo que me aterrase precisamente.
_ ¿Aceptas a Regina como tu legítima esposa?
_ Sí quiero._ Dije, con energía.
_ Y tú, Regina. ¿Aceptas a Emma como tu legítima esposa?_ Preguntó.
Yo me quedé mirando a Regina, que sonrió de oreja a oreja antes de contestar.
_ Sí quiero._ Contestó, sin dejar de mirarme a los ojos.
_ Las novias pueden besarse.
Le pedí al hada que no pronunciase específicamente la parte en la que preguntaba si alguien se oponía. No quería que mi madre alzase su voz para impedir nuestro matrimonio. Regina se acercó y me dio un beso casto y tierno. Gina estaba entre las dos, con un pequeño cojín con los anillos. Los intercambiamos, y no pude evitar sentir un chispazo al colocar el anillo sobre el dedo de la mujer que, por fin, tras tantos años, era mi esposa.
La cogí de la mano y salimos, recibiendo una lluvia de arroz sobre nuestras cabezas. Gina nos siguió, saltando al asiento trasero de mi coche. Regina se sentó a mi lado y me cogió la mano. Nos esperaba un nuevo futuro, las tres juntas.
Fin
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Era una noche fría. La taberna estaba en silencio mientras las dos mujeres de piel tostada entraban en ella cubiertas con pesados abrigos. Sin embargo, nada más entrar se despojaron de ellos y dejaron sus cabelleras pelirrojas libres. Hubo un susurro, y ambas se volvieron a otra mujer que, cubierta aún con una capucha, las estaba observando.
_ ¿Qué hacéis? Tapaos._ Dijo, muy seria._ Como ella se entere de que estáis aquí… no quiero pensarlo.
_ ¿Ella?_ Preguntaron las dos mujeres al unísono._ ¿De quién hablas?
_ De… bueno, si no recuerdo mal, su nombre es Emma. Está buscando a las nuestras, a las de nuestra raza.
_ Tendría que estar muy loca para molestarnos._ La mujer alzó una ceja._ ¿Y qué se supone que busca?
_ Quiere rescatar a la princesa._ Continuó la encapuchada._ Y para ello… busca a los líderes de las cuatro grandes tribus.
_ ¿Rescatar a la princesa? ¿De las manos de la hija de Ganon? No creo que tengamos que preocuparnos por alguien así._ La muchacha, la más joven de las tres, rio._ A estas alturas será un cadáver.
_ Yo no estaría tan segura._ la encapuchada tembló un poco y, por instinto, se llevó una mano a su ojo izquierdo, que estaba ciego, y sobre el que se localizaba una enorme cicatriz._ Yo misma la vi destruir a un guardián… Su arco se rompió y clavó sus flechas con sus propias manos en el ojo de la bestia hasta que paró de moverse.
_ Eso es imposible._ La mayor habló esta vez._ Nadie puede destruir un guardián… y mucho menos con un puñado de flechas.
_ ¡Lo vi con mis propios ojos!_ Contestó su interlocura._ Me costó uno de ellos. Esa chica no es una Hyliana cualquiera.
_ ¿Qué pretendes sugerir?
_ ¿Y si es ella? ¿Y si se trata de la heroína de la leyenda?_ Cuando la capucha cayó, la mujer tragó saliva.
_ Pues bien por ella… ¿Qué tiene eso que ver con nosotras?_ La menor se cruzó de brazos.
_ Ella sabe que la tribu gerudo es la cuna de Ganondorf._ La mayor se quedó en silencio por unos instantes._ ¿Acaso crees que nos guarda rencor?
_ Por nuestro bien… espero que no._ La mujer tuerca se giró, apartando la vista de su ojo sano de la otra._ No me gustaría terminar atravesada por la espada destructora del mal.
Hubo un instante de silencio y acto seguido, el suelo tembló. Hubo una pausa, y acto seguido, otro temblor. Se repetían a intervalos casi regulares.
_ Son pisadas…_ La mayor desenfundó la lanza que llevaba a su espalda._ Esperadme aquí.
La mujer salió, precipitadamente. Su deber pasaba por salvar a aquellas que se encontraba bajo su mando. Sin embargo, al salir se arrepintió de encontrarse sola. Llovía, y las enormes pisadas de una mole de roca del tamaño de la posada de la que acababa de salir provocaban que se formasen charcos sobre un suelo embarrado. La mujer del desierto sintió miedo.
La gigantesca criatura ni tan siquiera poseía una cabeza. Era tan sólo una enorme roca que poseía enormes brazos hechos de piedras de tamaño más reducido. En la parte superior se intuía una pequeña gema, pero nada más.
La mujer aferró la lanza con todas sus fuerzas, lanzó un grito de guerra y trató de clavarla en la superficie de aquella criatura. El resultado no fue el esperado, y el monstruo la lanzó por los aires con un gesto que más de uno habría calificado de desganado. Adolorida, trató de levantarse, sujetándose en la lanza.
Fue entonces cuando, a través de la tormenta escuchó el silbido de una flecha. La saeta golpeó a la criatura, y una corriente eléctrica la envolvió. La criatura no poseía boca alguna, pero la mujer pudo ver cómo el ataque lo dejaba tocado cuando una de sus extremidades se hizo trizas. Alzó la vista, llevada por el instinto, y vio a una hyliana descender en lo que parecía un ala delta. Llevaba un martillo que cayó con toda su potencia sobre la gema de la criatura. Cuando la gema se rompió el resto de piedras cayeron al suelo, convertidas en un montón de rocas sin el más mínimo peligro.
La mujer, que llevaba el martillo en la mano izquierda, se lo colocó a la espalda y me miró. Pudo ver una enorme determinación en sus ojos azules. En esa misma mano observó, por un segundo, brillar un símbolo. Un triángulo apilado sobre otros dos. La mujer se acercó a ella. Había algo en la rubia que le resultaba imponente, desafiante. Sin embargo, cuando abrió, lo hizo con amabilidad.
_ Me gustaría saber si usted sabe algo sobre la Líder de las gerudo, por favor.
