Disclaimer: D. Gray man no me pertenece.
―Dialogo de los personajes―
Énfasis
Pensamientos de los Personajes y Sueños
Voz de la Inocencia
Cap. 11: Juntos y Separados
Escucha el tenue pero recurrente sonido de algo arrastrarse por el suelo, lentamente más cerca hacia donde ella está. No sabe lo que es, pero aun así se niega a dejar de escucharlo incesante a cada momento. Es familiar, es frío y al mismo tiempo cálido, como cuando comes algo agridulce y no estás seguro de que sentiste más, si fue el amargo o el dulce.
Aunque la combinación de ambos es lo que te anima a seguir intentando descifrar el sabor más fuerte y negar al segundo. Como un color gris, no te gusta el gris, quieres clasificarlo como claro u oscuro, como un color pálido o uno fuerte.
Porque quieres que sea o más negro, o más blanco. No te agrada el intermedio.
Y pese a todo, quieres descifrar el provenir del sonido que te llama de la manera más extraña y bizarra. Es el susurro de un sueño, el susurro de que algo está cerca y vendrá por ti cuando menos lo esperas. Se levanta casi por inercia, con la mirada perdida en el techo del lugar. Sus iris violeta pasean por el techo perfectamente pintado de un melón color pastel, lleva una mano hacia arriba y la extiende, casi como queriendo sujetar el techo o el aire que la separa de lo más alto de la habitación.
Pero por más que extiende la mano no va alcanzarlo, son dos metros más de separación entre su mano y el frío tacto de la pintura melón. Aunque conoce que esa ridícula parodia de pensamientos esconde algo muchísimo más significativo.
Esconde el hecho de que aún no he logrado alcanzar mi verdadero deseo. ―pensó, cerrando de nuevo los ojos para rememorar lo acontecido el día anterior.
Abre los ojos, esta vez con más pesadez, se sienta sobre el mullido colchón y mira las palmas de sus manos con aburrimiento.
― ¿Cuál de todos fue? ― se pregunta.
Remueve las sabanas y se pone de pie, acostumbrándose a la sensación de pesadez recorrer sus piernas por momentos. Camina descalza hacia el ventanal de la habitación, corre las delgadas cortinas blancas, notando el tenue color violeta oscuro mezclarse con un celeste claro, producto del amanecer inminente tras los vidrios. Toma el seguro de la puerta, mira hacia afuera y se anima a probar. Esta abierto.
El frío viento mañanero azoto la fragilidad de su cuerpo, tiembla un poco y sale al balcón. El escenario del amanecer la conmueve. La abundancia de arboles en la lejanía le asegura que está en un lugar apartado, oculto, pero también hermoso a la vista.
―Igual a aquellos días en los techos de la Orden― dijo, alzando los brazos para sentir la brisa extenderse por su cuerpo.
Es el mismo viento, la misma luz mañanera, el mismo amanecer. Solo son diferentes lugares.
―Puede ser similar, pero el gris no es blanco ni negro.― rememorara. Aquellas palabras le sonaron algo duras al principio, pero… en la situación actual sería lo más indicado a seguir. Apoya sus brazos por sobre el filo del balcón y con total calma da varios respiros. Necesita pensar con claridad y sin sesgos de juicio.
La sensación del uniforme de exorcista sobre su piel trae una vieja rutina, tan odiada como apreciada. Da media vuelta, dejando la luz entrar tras su espalda, el amanecer está comenzando. Cierra las puertas y aún con las cortinas abiertas se asoma hasta la cama. Se sienta y extrae un pequeño trozo de papel. Una hoja redoblada escondida justo debajo del símbolo de plata de la rosa blanca.
El papel arrugado es abierto, mostrando una serie de cosas enlistadas, algunas de ellas tachadas. Lenalee aprieta con fuerza la mano sobre las sabanas al confirmar que ahora la rutina se ha vuelto dolorosa.
―Estaré bien, es solo… solo algo sin mayor importancia. ― se dice a sí misma, en un intento por reconfortarse sin ceder ante el dolor. Redobla de nuevo el papel y se dispone a investigar la habitación en donde está. Hay una gran cama, a un lado un velador de noche, cerca al ventanal esta un gran armario. Al otro extremo hay una ventana más pequeña, justo bajo la cual hay un cómodo sitio para recostarse bajo la caricia de la luz del día. También hay dos puertas, una de las cuales supone debe de ser la salida. Camina hasta la desconocida puerta, dejando el papel dentro de la cómoda al lado de la cama, abre la puerta y descubre un pulcro baño de porcelanita crema.
Nota las toallas perfectamente acomodadas a un extremo, los útiles de aseo personal y tras ver su rostro algo cansado a través del espejo sobre el lavado, decide darse un baño. Sale del baño y va directamente al armario, tal y como supone, hay una gran variedad de atuendos femeninos, verifica todo y son de su talla. Capta entonces una nota pegada sobre el interior de la puerta del armario.
"Le pedí a Lou Fa que comprara ropa para ti, espero sea de tu agrado"
La caballerosa forma de expresarse es sin duda del Walker. Lenalee no puede evitar sonreír por unos segundos, deja la nota en el mismo lugar donde la encontró y tras sacar algunas prendas se dirigió al baño. Se quitó el uniforme de exorcista, abrió el grifo de agua caliente y se relajó bajo la corriente de agua.
Los pensamientos la inundan bajo el caliente chorro. Cierra los ojos y tras un largo suspiro deja que el agua de directamente en su rostro. Tras lo que le dijo al peliblanco habría que asumir las consecuencias. Le había dicho que le diría todo lo que quisiera saber, pero, ¿en realidad podría hacer eso?
Se cubría su rostro y tras un rato bajo el agua caliente miró de vuelta a sus pes, tras escuchar un sonido de algo quebrarse. La sorpresa al ver sus tobillos la deja muda.
― ¿Es esto parte de mi "madurez"?― preguntó.
Los aros de inocencia se quiebran lentamente, desasiéndose bajo el agua caliente como sangre liquida. Pedazo a pedazo los aros desparecen de sus piernas, ante un tenue brillo de los estigmas en sus pies.
La Lee se sujeta los tobillos, asustada por lo que puede venir tras el extraño suceso. Lo sabía, ya había pasado antes. Y lo que está por venir es un dolor agudo que recorre todos sus nervios.
―… Kain… ― murmuró, recordando como en cada uno de esos altercados el de ojos azules la ayuda y mitiga su dolor. El agua caliente sigue cayendo, Lenalee aumenta la presión de caída del agua, intentando hacer el mayor ruido para que sus gemidos de dolor no logren ser escuchados.
Te necesito, Kain.
Pero tras caer el último pedazo de cristal entre el agua y deshacerse, el aterrorizante dolor no llega a su cuerpo.
Tu inocencia ha madurado.
― ¿Me quieren decir que… no necesito mis Dark Boots? ― preguntó al aire, esperando una respuesta. El agua rojiza de entre sus tobillos desaparece poco a poco, mientras una sonrisa nostálgica se asomo por los labios de Lenalee.
Tras unos minutos el baño termina, Lenalee sale del baño con la toalla alrededor de su cuerpo y una atada a su cabello. Se seca con cuidado y comienza a vestirse. Una sudadera pegada de color blanco, una falda blanca no muy corta y termina con unas largas medias grises. La peliverde se observa con cuidado, notando que la ultima marca de la activación completa aun sigue en su cuerpo, a lo largo de la parte posterior de su pierna izquierda hasta su rodilla.
El silencio que envuelve la habitación tiene un ligero terror oculto a la simple vista, un temor que es palpable en la piel de la joven Lee. Aun así, se anima a levantar la mirada hacia el techo y estira nuevamente su brazo.
―Tranquila, Lenalee. Aún puedo hacerlo, todavía… puedo hacerlo. ― se animó. Los ojos se cristalizaron, queriendo dejar las gruesas lágrimas caer. Trago fuerte, buscando calmar su desolado corazón, pero el sonido del golpe de la puerta la alertó.
―Lenalee, soy yo, Allen. ¿Puedo pasar? ― preguntó el peliblanco, tras la puerta.
La exorcista se mantuvo callada por unos segundos, indecisa sobre la respuesta.
¿Allen?
Allen Walker…es solo… Allen Walker.
― ¿Lenalee, estás despierta?― preguntó el joven, al no escucharla responder.
―Pasa.
Sus labios pronunciaron la respuesta casi como si ya lo hubiera dicho antes, y del solo hecho, la joven se atemorizó. Se llevo una mano a la boca, indecisa por no saber si fue la decisión más correcta. El cerrojo se abrió, mostrando al Walker entrar de espaldas, vestido en una lustrosa camisa blanca con un chaleco negro encima; unos pantalones de vestir negro y unas botas cortas de igual color. En sus manos trae una bandeja con un apetitoso desayuno que consiste en un jugo de naranja, un café, y dos tostadas perfectamente acomodados al lado de un huevo revuelto.
―Buenos días, Lenalee. Te traje el desayuno. ― dijo, con una amable sonrisa en los labios.
Lenalee se mantuvo en silencio, mirando con cuidado la pulcra figura de su compañero. Algo dentro de su pecho, se quebró al hacerlo.
―Buenos días. ― responde.
Es solo…Allen Walker.
―Debes estar agotada, podrás descansar luego de desayunar si quieres. ― Le aconsejo, observando la cautelosa mirada de su compañera. Aún no está del todo segura de cómo debe proceder con el Walker, y quizás, tardaría mucho en averiguarlo.
―Lo pensare.
Se sentó con cuidado sobre la cama, apoyando su espalda por sobre el cabezal. Allen deposita la bandeja sobre el velador junto a ella, para luego quedarse de pie un momento.
―Esperare por ti, no quiero incomodarte ahora. ― dijo, con un tono galante.
Lenalee le observó, entrecerrando la mirada ante el tono tan amable y cuidadoso que tiene hacia ella. Puede notarlo, no quiere presionarla.
Su voz, me recuerda tantas cosas.
―Quédate ― pidió, ni bien el Walker dio un paso lejos de ella. Allen volteó asombrado. ―Quédate, Allen.
Quiero entender que eres realmente, Allen.
― ¿Estás segura?
―Solo quédate.― insistió. Una sonrisa esperanzadora se asomo por el rostro del Walker. Miró alrededor de la habitación y al no divisar una silla alzó su mano derecha en un gesto vago. Lenalee le observó curiosa, un simple movimiento y, en apenas un segundo, casi como magia, una silla aparece a su lado.
Son varias cosas las que has aprendido, pero también son muchas las que desconoces.
El Walker se sentó a su lado, mientras ella come en silencio. No dicen nada, o tienen temor de mencionar una palabra, sumidos en el silencio que estruja sus mentes llevándolos a la inquieta inseguridad. Lenalee bebió el último trago del jugo, mirando por sobre sus piernas el plato casi vacío donde estaban las tostadas y los huevos revueltos.
Es ahora o nunca.
― ¿Qué quieres que te diga?― preguntó, mirando el desayuno que está encima de sus piernas a medio terminar. Su pregunta es tan directa que por un momento saca de balance el estado mental de su compañero, quién se repone y mira la seria expresión de la joven.
―Todo, quiero saber todo. ― le respondió el peliblanco. Ella le volvió a ver, esta vez, directo a los ojos.
El todo es demasiado para ti, Allen.
― ¿Podre confiar de vuelta en ti? ― Le pregunta, notando la tenue duda en los ojos grises.
―Por supuesto. Lo único que deseo es terminar esta guerra, tanto como tú, Lenalee.
La respuesta parece demasiado buena para ser real, Lenalee deja el plato sobre la bandeja, ya aún con el vaso en su mano, se levanta de la cama, separándose del Walker hasta llegar al gran ventanal de la habitación. Observa con cuidado el borroso paisaje tras las cortinas blancas, tras ella, Allen se levanta de su asiento, decidido a seguir la conversación con su compañera.
― ¿De qué manera piensas terminar la guerra, Allen? ― pregunta, perdiendo la vista por el borroso paisaje.
―Derrotare al Conde y al Noé, a los enemigos de la Orden Oscura. Yo sigo siendo un exorcista, no pienso traicionarlos. Te lo dije esa noche, ustedes son mi familia.
La sinceridad en sus palabras causa un agudo dolor en el pecho de Lenalee, puede verlo, retazos de aquel trágico día en el cual su mundo termino desquebrajado e irreparable. El día que su vida se condeno a estar vacía.
―Quiero trabajar junto a la Orden para ganar esta guerra, no busco ir en su contra. ― explicó.
La Lee no voltea, y cierra unas más gruesas y grandes cortinas crema que tapan toda la luz de la habitación, sumiéndolos apenas por un tenue brillo amarillento que se cola por entre las telas. Se gira, directamente hacia el joven, debe probar muchas cosas y mentir por otras.
―Lamento que… yo ya no pueda confiar en ti. ― dijo, soltando el vaso.
El crujido del vidrio roto contra el suelo es el sonido de alerta para las emociones del Walker, quién aguardo una pizca quebradiza de esperanza para con su compañera. Lenalee le muestra una sonrisa triste, agachándose a tomar un fragmento de vidrio roto del suelo.
―No me está permitido, quizás si hubieras llegado antes, podríamos volver a como éramos. ― comentó, con los ojos cristalizados por la tristeza. ―Somos diferentes ahora, Allen.
―…Lenalee…
―Déjame explicarte, Allen. La realidad en la que vivimos ahora. ― expresó, fijando su vista en el vidrio que sostiene. ―Quizás así si lo comprendas mejor.
Y con fuerza, corta su muñeca izquierda, justo sobre su vena. La sangre salpica con fuerza, ante la estupefacta expresión del Walker.
― ¡Lenalee! ― grita, dando un paso hacia ella.
― ¡No vengas!― musita la Lee, soltando el vidrio para sujetar su muñeca con una mueca de dolor. ― Es peligroso.
Su voz sale infundida por el tenue y creciente dolor que corre por su mano izquierda, la sangre sigue cayendo, casi como un torrente. El Walker da más pasos hacia ella, dispuesto a ayudarla.
― ¡No te acerques!
― ¡Madre!
El grito agudo de múltiples voces llena la habitación, causando un dolor profundo en la cabeza del Walker. Levanta la vista, sosteniendo su cabeza, y allí frente suyo, están las mismas almas que observó la noche anterior con su ojo izquierdo.
La marca maldita reaparece sobre su piel, al igual que el color negro en su pupila izquierda, ahoga el gemido de sorpresa, notando como la piel en su brazo derecho comienza a teñirse de un color gris, expandiéndose hasta detenerse a la altura de su cuello.
―Es necesario para que lo comprendas.― le dijo, al notar como los rastros de materia oscura se alojan en el cuerpo del peliblanco.
― ¡Madre!
El grito de las voces se repite, mientras la sangre que corre por la muñeca de la Lee se detiene, cubriendo su piel con una capa verdosa. Lenalee extiende su brazo, mostrándole al ex exorcista como la herida se cierra automáticamente.
―Lenalee… tú…
―Tal y como te lo contaron, me he convertido en la "Conexión de Inocencia". Soy el puente entre los fragmentos del cubo y los exorcistas compatibles. Allen, observa con cuidado. ― le aconsejó. ― Las almas que puedes ver, son los fragmentos que residen en mi cuerpo.
―Los fragmentos de… inocencia. ― musito asombrado, se mantuvo más calmado, una vez su cuerpo se acostumbro a la fuerte presencia de Inocencia ante él. El escenario ante sus ojos es más que deslumbrante, una capa traslucida pero brillante se cierne por sobre los hombros de Lenalee, y a su alrededor, puede observar muchísimas más personas, todas vestidas de blanco y con una capucha sobre la cabeza. Diferentes personas, de diferentes edades, diferentes rasgos y géneros, todos juntos a su alrededor, irradiando la misma luz verdosa por la piel. ― ¿Quiénes?
―Ellos son las almas de los fragmentos de inocencia. Son cada fragmento, y yo soy quién tiene un contrato con cada uno. ― mencionó, mirando a sus lados con una sonrisa. Las personas a su lado, entre la mayoría, los más pequeños ríen y se acercan corriendo hacia ella, sosteniéndose de sus piernas. Los demás por su parte, mantienen una mirada fría contra Allen.
― ¡Por fin, Madre! ¡Estamos juntos! ― gritaron emocionados los siete niños que la rodearon, envueltos en sus brillantes capas blancas. ― ¡Hemos esperado tanto! ¡Madre! ¡Madre!
Lenalee sonrió a los pequeños, acariciando sus cabezas suavemente mientras se mantiene atenta a las acciones de los mayores, que la resguardan a la espera de cualquier acción del Walker.
―Calma, niños, podremos celebrar todo lo que deseen después. Ahora, yo…
―Madre― le llamó uno de los del grupo, bajando su capucha para mostrar un rostro de piel oscura y mirada miel. ―Este sujeto… conoces las reglas, sabes bien quién es.
Lenalee trago duro, apartando a los niños de su lado. Los pequeños insistieron y negaron con la cabeza, a lo que Lenalee solo les sonrió y volvió a apartarse, dirigiendo su mirada hacia el Walker.
―Lo sé, pero… quiero hacer un pedido.
―…Lenalee…― le llamó el Walker, la simple mención de su nombre puso a los entes de inocencia en alerta.
La misma alma de rostro oscuro se dirigió nuevamente a Lenalee, esta vez, con un tono más sereno y frío.
―Este hombre representa el odio que albergamos, nosotros no cederemos, tu pedido no tiene fundamentos aquí. Madre, tú deber para con nosotros es matarle.
―Ustedes son los que buscan matarla, no yo. ― respondió el Walker, con la mirada fija en todos los fragmentos que se mantienen furiosos ante él. ― Son ustedes quienes quieren lastimarla, Inocencias.
―Allen…
La voz salió tan llena de rencor que por un momento la hizo dudar, sin embargo, la fuerza en su mirada regresó al ver la expresión preocupada de Allen, y se adelanto hacia él.
¿Por qué Allen? ¿Por qué estás tan nervioso por mi salud? Tú… me dejaste… por ti es que yo…
Pero… aun así… tú… ¡¿Por qué?
― ¡Madre! ¡Aléjate de ese hombre! ― Le llamaron los pequeños, corriendo hacia ella hasta ser detenidos por una mujer joven.
―No has cambiado, sigues siendo… la misma mujer de la que me enamore.
―He tomado una decisión. ― manifestó, quedando apenas a un par de pasos de Allen, se giró, enfrentando las confundidas expresiones de las inocencias. ― Pude comprenderlo cuando mi propia inocencia me fue arrebatada. ― dijo con nostalgia.
Allen bajo la mirada hacia sus tobillos, notando que las argollas rojizas no están más en sus piernas.
―Es por tu propio bien, Madre. Nosotros solo…
―Lo sé, se que hacen todo por mi seguridad. Pero esta vez, yo haré algo más por la seguridad de ustedes. ― dijo con una amplia sonrisa en el rostro. ― Esta vez, yo escogeré que seguir.
Las inocencias se miraron entre irritadas y angustiadas, con pleno conocimiento de la petición de su contratista. Los niños más pequeños negaron con su cabeza, clamando a gritos que reconsiderara la opinión.
― ¡Madre! ¡No! ¡Nosotros te protegeremos! ¡Es un Noé! ¡Nuestro enemigo!
―No podemos estar de acuerdo con tu locura.
―Tu petición es denegada, no consentiremos este plan sin el consentimiento de los demás, nuestro deber es protegerte.
―Y además, la tarea aquí es… asesinarlo. ― mencionó una de ellas. Lenalee mantuvo la mirada firme contra ellos, escuchando como dan la mayoría un par de pasos hacia ellos.
Es mi decisión.
―Lenalee, retrocede, es peligroso ellos vienen tras de mí, puedo manejarlo. ― dijo el peliblanco, tomando el hombro de la fémina. Lenalee le volteó a ver, con el rostro tranquilo.
―Es más que solo tu seguridad, Allen. ― Respondió― Esto es mi voluntad contra la de ellos.
― ¿Madre?
Abrió los brazos, mostrando una posición firme de defensa para el peliblanco que está detrás de él.
―Mi petición es aliarme con Allen Walker, el músico y poseedor del espíritu del 14th Noé, sin importar si ustedes están de acuerdo, inocencias.
El silencio se cernió sobre ellos, mientras las almas se observan, buscando una solución al hecho. No pueden herirla, es su salvación, su madre, su esperanza; pero ceder es… ponerla en peligro.
― ¿Estas consciente de lo que implica? Sabes que puede traicionarte de nuevo.
Lenalee asintió con la cabeza, lo sabe, y le aterra de sobremanera que ocurra. Que el hombre al que decide aliarse la apuñale por la espalda en cualquier momento.
―Lo sé.
―…Lenalee… tú…
Las inocencias asienten en silencio, dejando un susurro vagar por la mente de la Lee.
Este deseo tuyo te será concedido, bajo un gran costo.
―Entendido― se limitó a responder. Las inocencias se mantienen firmes, y comienzan a desvanecerse en un polvo verdoso hasta retomar las formas de fragmentos. Lenalee sonríe ante el juicio ganado, y voltea a tomar la mano del peliblanco.
―Deberías alejarte un poco. ― le pide. Allen retrocede, notando como los fragmentos se arremolinan alrededor de la exorcista y una a uno se adentra bajo su piel.
Cada fragmento parece causar dolor en la joven, cada fragmento que entra a su cuerpo simula ser una espada que se clava y el cuerpo de la Lee se resiente de sobremanera a cada golpe, hasta dejarla arrodillada sobre el suelo. El brillo de la capa traslucida se desvanece, dejando su silueta algo cansada sobre el suelo. Allen se acerca, tomando a Lenalee por los hombros. Un dolor se extiende por su corazón tras su reciente descubrimiento.
― ¿Es esto la primera fase del Proyecto "Eva"? ― pregunta.
Lenalee agacha la vista, incapaz de encontrar la fuerza para ser sincera. Allen toma su mano, apretándola, quiere saber la verdad. La mirada morada se cristaliza un poco, debe de ser sincera al menos en una parte.
―…Si…― confiesa. Allen apoya su cabeza contra la de ella, nervioso y asustado.
―Treinta y ocho… treinta ocho inocencias en tu cuerpo. Lenalee, ¿Por qué tú? ― expresa, abrazando el cuerpo de su compañera contra su pecho.
El calor del pecho del Walker le impide ser mas especifica, no quiere decir más, no quiere herirlo más. No importa cuando él le haya lastimado, solo desea que el temblor que recorre a Allen se detenga y la preocupación que invade cada poro de su cuerpo se extinga.
Lenalee… ¿Qué te han hecho? Lenalee… quiero salvarte…
No deseo esto para ti, Allen. Porque a mi manera… yo también quiero protegerte.
―Debes dejarme volver, Allen. ―dijo, juntando sus brazos alrededor de él. Allen se sorprendió al principio, dejando que su compañera le abrazara sin responder aún ante las palabras mencionadas. Sintió sus cálidas manos acomodarse en su espalda, en una caricia materna y azorante.
―No puedo hacerlo― le respondió, alejando su cuerpo del de ella. Lenalee llevo sus manos hacia el rostro del Walker hasta dejarlas sobre sus mejillas. Mirándose fijamente el uno al otro, sin soltarse. ―No te dejaré volver.
―Debes. ― insiste. Acerca su rostro al del ojigris, dejándole ver las leves marcas que comienzan a extenderse por su cuello. ― Estoy dispuesta a hacer un trato contigo. Fue por esa razón que he silenciado a las inocencias que residen en mí.
Debo cumplir mi misión.
― ¿Qué clase de trato?― preguntó, notando la seriedad en los ojos de Lenalee.
―Confesión por confesión. Yo responderé tus preguntas sobre la Orden, y tú me dirás todos los secretos que ocultaste tras tu partida.
Una sonrisa sorpresiva se expandió por el rostro de Allen. Sin duda Lenalee había adquirido una personalidad más irónica y agresiva tras su marcha de la Orden.
― ¿Secretos? ¿Cómo qué? ― preguntó, tratando de aligerar el ambiente entre ellos.
Lenalee se acerco más hacia él, pasando los brazos por su espalda hasta posicionar su rostro a solo centímetros del suyo. La respiración de ambos se mezcla en un afrodisiaco aliento que causa unos profundos sonrojos en ambos.
Mi misión es…descubrir tu verdadero yo de nuevo.
La mano pálida de la fémina se estira por la espalda, en una caricia tentadora. Su palma gira, señalando directamente a la puerta de salida por la que vino el peliblanco con el desayuno. El iris violeta muestra una fiereza inquebrantable, mientras un residuo verdoso se filtra por ellos―
―Dime Allen…
Allen siente como ella se apoya contra él, su mano intenta sujetar el brazo de su compañera para detenerla, algo no está bien y puede sentirlo en ese brillo verde opaco que se asoma por los ojos de Lenalee.
―Espera.― musita, más la Lee lo jala hacia atrás, posicionándose sobre él.
Entonces puede notar como en la muñeca de su compañera un brillo azulado se acumula.
― ¿Por qué?― susurra ella, acercando su rostro al de su compañero.
La energía materializada en su mano se dispara contra la puerta, creando una explosión que descubre tras la madera destrozada la figura de un hombre de cabellos rubios.
― ¿Por qué estás colaborando con Link en nuestra contra? ― preguntó, dejando un tono dolido escapar de sus labios.
El grupo está reunido no muy lejos de su punto de encuentro, dentro de una iglesia con apenas un sacerdote y una monja haciéndoles compañía. Todos llevan unas gabardinas negras, y debajo los lustrosos uniformes de exorcistas. Separados en dos notorios grupos, a un lado está la pareja de Haru y Amaya, mientras en el otro extremo están Kanda, Lavi y Chaoji.
―Ya está todo listo, la puerta se abrirá en unos segundos. ―menciona el padre, acercándose al grupo.
― ¿Cómo es que se transportan ahora de país a país?― pregunta Lavi a Chaoji con una mirada curiosa.
― ¿No lo sabes? ― exclama Chaoji asombrado. ―Creí que inocencia le contó sobre eso.
―Ah, no, apenas y me conto varios detalles sobre los miembros, necesitare mas información. ― dijo con desgano Lavi. ― ¿Y bien? ¿Cómo se transportan?
Chaoji extiende una sonrisa y nota como tras pocos segundos una grieta se abre en el aire. Lavi y Kanda mantienen una expresión de sorpresa ante el hecho.
―Ya es hora, debemos volver rápido a la Orden. ― dijo Haru, acercando con Amaya hacia la grieta. ― Deben activar sus inocencias para poder entrar. ― menciona, mirando a los dos re integrados exorcistas.
―Kanda-san, Lavi-san esta es la nueva habilidad que obtuvo Miranda Lotto cuando el Time Record evoluciono al tipo cristal. ― afirmó Chaoji, descubriendo la túnica negra de sus brazos.
La grieta se alarga en el aire, como si fuera vidrio quebrado, pronto se abre dejando ver un espacio dorado a través de la grieta que se expande hacia los lados. Finalmente el espacio deja ver una gran puerta con un fondo dorado y negro antes los ojos asombrados del japonés y junior.
―Dimension Gate― le llamó Amaya.
―Esta es la puerta dimensional similar a las entradas del Arca que Miranda-san desarrollo para la Orden. ― afirmó el ex marinero con una sonrisa debajo de su máscara negra. ― Bien, deben activar sus inocencias para entrar.
Lavi y Kanda intercambian miradas, dudosos sobre el consejo de su ex compañero de batallas. Haru y Amaya son los primeros en acercarse, bajo la atenta mirada de los otros tres exorcistas.
―Parece que aún dudan de nosotros, hermanos. ―menciono con gracia Amaya. ―Haru, vámonos, quiero ver cómo está Kazuo.
El rubio asintió ante su petición y bajo su capucha para mostrar los rizos rubios mecerse ante la activación de su inocencia. El brillo verdoso de sus pupilas y en su pecho se volvió intenso por un par de segundos, hasta que el fragmento de inocencia terminó de expandirse ligeramente sobre su piel.
―Hidden Order, activada. ― susurró Haru, levantando la mirada hacia arriba ante la nueva sensación de poder. Amaya remeció su hombro, invitándolo a seguirla dentro de la puerta dimensional, y ambos pasaron ante la analizadora presencia de Kanda y Lavi.
― ¿Sentiste eso? ― pregunto el pelirrojo a su compañero. Kanda asintió.
―Una nueva corriente de inocencia, es más fuerte que las ves que peleamos.
Chaoji voltea hacia ellos, con la mirada algo confusa tras escuchar sus comentarios.
―Es verdad, ustedes aún no han sido conectados― susurro.
― ¿Conectados? ¿Qué quieres decir? ― preguntó el Bookman.
― ¡ah! Disculpen, creo que lo mejor sería esperar a regresar, estoy seguro que en la Orden les explicaran mejor que yo. Vamos, rápido o la puerta se cerrara.
Chaoji se acerco a la puerta, jalando al par tras suyo hasta detenerse frente al portal.
― ¡Brazos del Bautismo! ― exclama, sintiendo la misma onda de poder recorrer sus manos hasta convertirse en un par de guantes con círculos sobre los nudillos. En ese momento tanto Lavi y Kanda notan el par de estigmas que sobresalen justo debajo de sus muñecas, sobre sus venas. ― ¡Vamos, Kanda-san, Lavi-san, de vuelta!
Ambos se miran entre entusiasmados y confundidos. Han escogido volver a la Orden que apenas hacía varios días intento asesinarlos y ahora, regresan para salvarlos y ser parte de ellos.
―Vamos Yuu, no tenemos de otra. Además, mi posición es mas incomoda que la tuya. ― dice gracioso. ― Tenemos que seguir.
Kanda hace un gesto de fastidio y dirige su mirada al impaciente Chaoji.
―Como digas, estúpido conejo.
Los pasos aburridos sobre el sendero de tierra dan fin al descubrir el final del camino, los ojos dorados de quién da el paseo miran alrededor en busca de alguna pista, pero lo único que encuentra es el vasto paisaje de arboles y mas naturaleza.
―Ese estúpido de Wisely, hacerme venir hasta a aquí. ― dijo con molestia. ―Bien, deben estar más ocultos a la vista, por ahora tomare un descanso.
Lleva sus manos a su cabello negro y con un chasquido de dedos un ejército de entes oscuros y ojos rojizos aparece detrás de él con una brillante marca negra de estrella sobre sus frentes.
―Revisen todo, quiero que encuentren a esa mujer. ― ordenó.
La risa de los akumas se torna oscura, pero antes de su partida la rápida intervención de su amo los detiene.
―Llévense a las Tease con ustedes, y recuerden… ― dijo, dejando las mariposas de materia oscura escapar de sus manos en gran cantidad. ― La quiero con vida.
Y tras la última orden, todos los akumas se dispersan con una mariposa oscura cada uno, llenando el ambiente de naturaleza en un terreno de maldad y oscuridad pura. Tykki toma la cajetilla de cigarrillos del bolsillo de su saco, se lleva uno a la boca y lo prende. Inspira profundo dejando el humo llenar sus sentidos. Exhala el humo y tras observar el brillante amanecer que se muestra en el cielo, sus ojos recuerdan una macabra escena a plena luz de la noche.
Siente la sangre sobre sus manos, el sonido de los golpes que caen sobre el cuerpo y los gritos que llenan el pequeño campo cercado. Se limita a observar a la mujer que ahora está siendo torturada por dos de sus parientes, mientras él se desase de los buscadores que tenía como compañía. Liquida al último arrancado el corazón aún latiente de su pecho y se lo entrega a sus mascotas mariposa como comida.
― ¡Argh!
―Que frágil es el cuerpo humano, mira que sin usar mucha fuerza ya te herimos bastante.― menciona el hombre del monóculo, observando el cuerpo herido y ensangrentado de la mujer frente suyo. A su lado, Lulubell detiene el ataque del látigo que sostiene.
―Deberíamos llevarla con el maestro.
― ¡Lulubell!― le llama Tykki, acercándose a ver el cruel entretenimiento de sus hermanos. ― Le diremos al Conde después. Yo me hare cargo de ella por ahora.
La extraña solicitud del Mikk causa una cara graciosa en Dessire, quién se acerca con una expresión coqueta hacia él.
― ¿Qué ocurre, Tykki? ¿Por qué quieres a esta exorcista? ― pregunta.
―No es tu asunto― respondió, quitándose a su hermano de encima y caminando hacia el frágil cuerpo que se encuentra en el suelo.
Envuelta entre la tierra y la sangre, el uniforme roto por los ataques del Noé y con heridas dolorosas por su piel. Su cuerpo se cubre como puede, tratando de evitar los latigazos que se ensañaron sobre su espalda. Tykki camina lento, escuchando la partida de sus hermanos y se deja ganar por la curiosidad.
Se agacha al lado del cuerpo, notando tras los cortos cabellos verdosos la expresión semi consciente de ella. Sus ojos morados lucen desorbitados y opacos, sus mejillas muestran el rastro de las lágrimas y sus labios resecos por el sabor metálico de la sangre se abren al notar la presencia del Noé a su lado.
―I…no…cen…cia ― musita y un brillo rojizo se nota por sus tobillos.
―Eso que haces es peligroso, ojou-san.
―Ino…cencia…
Pero el brillo se convierte pronto en un agudo grito de dolor. Pues, las antes argollas en sus tobillos son ahora polvo y los estigmas sangran en exceso. Su inocencia ya ha sido destruida, pero aún así ella sigue intentando invocarla.
―Este es el final, exorcista. ― sentencia el pelinegro, materializando una mariposa en su mano para posarla sobre el pecho de la joven.
El cuerpo encogido de lado se estremece al sentir la mariposa adentrarse lento en su pecho, un quejido de dolor escapa de sus labios, siendo observando por Tykki.
―Nosotros ganamos, tú eres la última exorcista, la Orden ha sido derrotada.
Lenalee escucha de manera vaga las palabras del Noé. Este mantiene una expresión serena mientras ve como su mascota se adentra en la piel de la fémina, tras unos minutos la mariposa emerge del pecho de la mujer, envuelta en sangre.
―Ya acabo, estás muerta.
Nota el cuerpo en el suelo y la sensación de culpa recorre su mente, no puede evitar sentir pena por ella. Levanta el cuerpo entre sus brazos y casi al instante puede sentir el cosquilleo de una mano apretar su traje blanco. Baja la mirada sorprendido, y nota entonces que el agujero de las Tease se cierra de a pocos, dejando a la exorcista unos atisbos de conciencia.
―Sálvate… Allen-kun…― susurra, antes de caer de vuelta a la inocencia total.
La puerta del Arca negra se abre ante el Noé, pero decide que mejor será declinar por un tiempo. Después de todo, tiene una fuente de diversión más interesante con la que tratar.
―Cuidare de ti por un rato, aunque… deberás de morir luego.
El recuerdo le trae la sensación de la sangre gotear sobre sus dedos, al igual que el rostro adolorido de aquella jovencita. Necesita saber sobre la "inmortal" jovencita que hacía ya bastante no había visto. Después de todo, el último recuerdo que consiguió de su partida definitiva fue verla caer por un acantilado.
― ¿En verdad estás viva, Lenalee-chan?
― ¿A dónde va, Inspector?
La pregunta resuena en el aire, mientras la figura del descorazonado Leverrier se estremece al escuchar la profunda voz del espectro tras suyo. Voltea y nota la pulcra y altiva figura del "cardenal" a su espalda. La puerta de su hospedaje secreto es cerrada por las manos del apócrifo, acabando con la única ruta de escape del lugar.
― ¿Cómo lo supiste?
―Siempre creí que nunca se pondría bajo mi mando tan dócilmente como lo hizo. Su personalidad no se lo permite, y no me equivoque. ― responde con una sonrisa. ― Ahora, cuénteme, ¿esta su subordinado cuidando bien del 14th?
El tono sarcástico causa una mueca de sorpresa en Leverrier, quién intenta mantener su mente lo más calmada posible.
― ¿Crees que te lo diré?
―Sería lo más sensato en su situación, recuerde que tengo el control de los miembros humanos en la Orden. ― aconsejó.
―Ha, lamento decepcionarte pero no me sometí a tu experimento de lealtad. No tengo pensado morir en tus manos, Apócrifo.
La respuesta es acompañada por la aparición de cinco miembros de Crow a espaldas del supervisor, todos con poses amenazadoras hacia el ente de inocencia. El apócrifo emite una sonrisa amable, divertido por la situación en la que se encuentra.
―Ahora preguntare yo, Inspector. ― exclama, observando con los ojos completamente negros a los miembros de Crow que se lanzan sobre él. ― ¿Cree que dejaría a humanos tontos manipular materia oscura a su gusto?
― ¡¿Qué quieres decir? ― gritó el humano, observando como los de Crow emiten la materia oscura contaminando la piel del cardenal de estrellas negras. ― ¡Yo gano! ¡Yo tengo el control de esta guerra santa! ¡No los Noé ni la Inocencia! ¡Soy yo, un humano!
Los gritos frenéticos del Inspector llenan la sala mientras los miembros de Crow engullen al Apócrifo como si se tratara de comida, el veneno de la materia oscura se expande rápidamente por su cuerpo, convirtiéndose en el escenario del asesinato del Cardenal, todo frente a los ojos extasiados de Leverrier.
―Humano arrogante.
El sonido de la voz proviene del cuerpo despedazado del Apócrifo, quién se levanta del suelo rodeado de los miembros de Crow, todos ellos inmóviles ante su presencia.
―Creer que puedes controlar a Dios y a los demonios, que locura la tuya. ― dijo.
― ¡¿Qué esperan? ¡Mátenlo! ― ordena a gritos, observando a los miembros de Crow sin moverse. Una risa escapa de los labios del ser sagrado y con un simple susurro los cuerpos de Crown se ven envueltos en una luz brillante verdosa que termina por hacerlos explotar ante Leverrier.
―Deje un poco de polvo de inocencia en todos los miembros de Crow, puedo hacerlos volar cuando quiera. Con sus cuerpos llenos de materia oscura, una simple partícula de inocencia los acaba al acto. Ahora, ¿Qué decías sobre el control de esta guerra? ― dijo con gracia, dejando ver su verdadera figura.
El ambiente cargado de intenciones asesinas envolvió por completo el cuerpo de Leverrier, sumiéndolo bajo el control completo del poderío del Apócrifo.
―Bien, Inspector. Hable ahora, antes de que acabe con su vida.
―Es inútil, no sé de que hablas. ― responde, tratando de controlar el temblor en su cuerpo.
― ¿Intentas negar todo en tus últimos minutos? Muy mal, pero creo que lo que te diré hará que confieses. ― musita, señalando a Leverrier.
―No hay nada lo suficientemente valioso. ― refuta con firmeza.
―Quizás, déjeme intentar. ¿No es Howard Link alguien importante para usted?
― ¡Él está muerto!
― ¿De verdad? Extraño, ahora tengo a Lenalee Lee cerca de un Howard Link que está con vida. ― menciona con gracia, acercándose hasta él. Su voz se torna fría y peligrosa mientras con total hermetismo le susurra al oído. ―Puedo hacer que lo mate cuando quiera. Si eso pasara, todo sería como debería ser, Howard Link estaría muerto en verdad.
―Lenalee Lee es incapaz de algo así, no puede herir a sus camaradas, va contra su naturaleza. ¡Además ella está siendo resguardada por los exorcistas!
―Si hubiera estado más tiempo en la Orden en vez de huir se hubiera enterado, el 14 th se la llevó, pero supongo que eso estaba en su plan. Aunque… eso también significa que Link y Lenalee han hecho contacto. Se imagina que pasara… ella estará muy asombrada cuando lea las verdaderas intenciones de Howard Likn y su conexión con el 14th.
El profundo y oscuro aliento del Apócrifo se torna pronto en una sensación de peligro. Leverrier saca el arma de su cinturón, disparando repetidas veces contra el Apócrifo, mas las balas son expulsadas del cuerpo sin hacer daño alguno.
―Lenalee Lee es la escogida, nuestra conexión, yo soy el protector. Con el proyecto en marcha nuestros poderes aumentan, y las habilidades de ella… también.
― ¿Q-Quieres decir que esa niña…?
―En esencia, ha obtenido la habilidad para distinguir quién es peligroso para la Inocencia y quién no. Lo que pone a tu subordinado… como un candidato a ser asesinado por traición.
La expresión de terror en los ojos de Link no tiene paga alguna, esta infundido del terror tras observar los iris esmeralda de los ojos de la Lee. Podía sentirlo, como su alma se estruja en pánico, desosiego y soledad. Es como si miles de manos te jalaran directo a un abismo de agonía eterna.
¡Qué me ha hecho!
Su cuerpo tiembla de manera violenta sobre el suelo, con los retazos de la puerta a sus lados, producto de la violenta explosión que casi le impacto de no ser porque se aparto. Fue lo más cauteloso posible, solo por precaución anulo cualquier sonido que pudiera ser escuchado, cualquier rastro que confesara su intromisión cerca de la habitación. Su misión estaba en juego, y saber los datos que la Lee podía traer a su beneficio serian de gran ayuda.
Pero… todo salió mal.
Escucho los murmullos de ambos y luego solo el murmullo de la Lee en su cabeza.
Te encontré, Link.
Y casi al instante se aparto de la puerta antes de que esta explotara. Sus ojos encontraron el extraño y enigmático esmeralda en la peliverde, y asombrado mantuvo la mirada con ella. Cuanto se arrepentía en esos momentos por hacerlo, por esa causa, su alma ahora se estremece en la tortura más agobiante que jamás imagino.
Los iris esmeralda se concentran en las facciones aterradas de Link, Allen nota pronto el hecho y recuerda la advertencia de los científicos respecto al contacto con Lenalee. Jala la muñeca de su compañera trayendo toda su atención hacia él y cubre sus ojos con la otra mano.
―Detente, Lenalee. Lo estás lastimando.
Allen sostiene a su compañera, se voltea a ver al aterrado Link y pregunta.
― ¿Estás bien? ¿Estás herido?
Link sale de su asombro y gira el rostro. Por unos largos segundos, parecía que lo único en la gran habitación eran los amenazantes iris esmeralda.
―Estoy… bien. Solo… sus ojos por un momento…olvídalo. ―se resigno, levantándose del suelo. ― Estaré abajo, ten cuidado con ella. ― aconseja, retirándose por el corredor.
Los pasos se vuelven más lejanos, Allen regresa su atención a la joven que tiene sujeta y puede notar que ella no se ha movido ni un milímetro. Remueve su mano con cuidado y Lenalee parpadea suave, recuperando el color morado en sus ojos.
―No tenías que ser tan agresiva, bastaba con pedirme que Link se fuera de aquí.
―No lo hubiese sido si tú no hubieras mentido en primer lugar. Además no es algo que pueda controlar, los pensamientos de Link eran demasiado fuertes y terminaron por despertar el instinto de juicio de las inocencias. ― musito, levantados del Walker.
― ¿Leíste los pensamientos de Link? ― pregunta asombrado. Lenalee lo ve con aburrimiento, como si la pregunta fuera demasiado obvia.
―Las máscaras que se utilizan dentro de la Orden, la razón por la que no me ven a los ojos es esa. Cuando me convertí en la Conexión de inocencia el instinto de juicio se activa, juzga a cualquier ser vivo cerca, busca saber si va o no en contra de las ordenanzas de Dios. ― explicó, mirando el lugar donde antes estaba la puerta y ahora solo quedan retazos. ―Ahora, con las inocencias silenciadas ese instinto es menos manejable.
― ¿Eso incluye también a Kain Knight?
La mención del nombre de su guardián remece los sentidos de Lenalee, quién voltea a ver como Allen se levanta del suelo y muestra una mirada serena y demandante ante ella. No quiere responder, su corazón le dice que no lo haga, que no hable de Kain.
Porque si lo hace… podría sentir la debilidad de su ser de nuevo.
―Respóndeme, Lenalee.
―No diré nada sobre él o la Orden, tú me estás ocultando cosas, no puedo confiar en ti.
― ¿Me responderías si te las dijera?
Lenalee mantuvo la vista fija en él. Cuanto detesta tener que intercambiar cosas de esa forma, cuanto odia no tener el valor de abrazarlo y olvidar los viejos dolores.
Cuánto quisiera poder regresar en el tiempo.
―De acuerdo. ― responde. ― Hagamos un trato, yo responderé tus preguntas y tú las mías. Sin mentiras.
Y al mismo tiempo que mantiene la oferta levanta la mano, lista para estrechar la de su compañero. Allen toma su mano, aceptando sus condiciones.
―De acuerdo.
Sujeta su mano con firmeza, atrayéndola para que le siga, ella duda un poco y se deja llevar por él, hasta dejar la habitación y caminar por el corredor.
La calidez de las manos de Allen, me es tan… agradable.
Allen, quiero contarte mucho. Quiero preguntar mucho, yo… quiero seguir a tu lado un poco más.
―Allen― llamó, captando la atención del joven. ―Es enserio… lo que te dije hace rato.
―Tranquila, no pienso mentirte. ― contesta, con una sonrisa de aquellas despreocupadas.
―No es eso.
― ¿Entonces?
―No puedes tenerme aquí por siempre, en algún momento yo debo regresar a la Orden.
No importa cuánto anhele estar a tu lado, estar juntos está prohibido.
―Lo resolveremos cuando sea el momento, por ahora solo quiero saber todo sobre ti.
El sonrojo invadió rápido las mejillas de la Lee, mientras ambos reanudan su caminata hacia el primer piso de la gran mansión.
Yo también quiero saber sobre ti, Allen.
*Avance*
La llegada de Kanda y Lavi a la orden trae múltiples sorpresas tanto a los miembros de la Orden como a los exorcistas, ahora con un nuevo líder el plan debe iniciar. Mientras para Lenalee, los secretos de Allen pueden llegar a ser demasiados para soportar.
Hola a todos, ha pasado tiempo. =)
Como siempre yo me demoro un montón en actualizar pero créanme cuando les digo que intento hacerlo cuando estoy inspirada y posee el tiempo para ello. Espero que les haya gustado mucho el capitulo, aunque está ligeramente más corto con referencia al anterior, aun así, espero sea de su completo agrado. Un gran abrazo a todos aquellos que comentan y son tan amables de agregar este fic a sus favoritos, me alegra que este trabajo les guste.
Todos disfruten de una buena semana santa y también esfuércense al máximo cada día. ¡Yo también lo hago! ¡Ya supere dos exámenes y se me vienen tres en una semana! ¡Me esforzare! Cuídense muchísimo queridos lectores :3
