Capitulo 11
"La cuarta asesina"
Autor: Tiff Dincht
Disclaimer: Bleach no me pertenece ni ninguno de sus personajes, yo solo los uso para desaburrirme.
Ishida Uryuu acababa de colgar el teléfono de la casa de Ichigo. Como era su costumbre, él contestaba todas las llamadas del ojimiel, y esta vez que su compañero debía reposar, lo hacia con gusto.
Las once de la noche...nadie más podía llamar a esa hora (considerando que Ichigo no tenía conocidos, ni familia) más que su jefe. Como se lo había estado esperando desde hacía varios días, pronto realizaría de nuevo otro asesinato. Ese era su trabajo. Ocultarse en las sombras silenciosas, escudriñando escrupulosamente los alrededores, mientras planeaba con astucia su crimen.
Esta vez, su objetivo era otro de los Kuchiki, Kuchiki Kotaro. Por su experiencia anterior, solo sabía que él era tercer hermano de esta familia y que tenía dos hijos, una hermosa morena y un joven sobresaliente en la política. Mala suerte que ninguno de los dos llegara a más de los veinticinco años.
Sin embargo, también le informaron que ese 'trabajo' no sería tan sencillo como los dos anteriores. La policía ya le había puesto vigilancia a toda la casa, y los jóvenes y sus padres jamás salían con menos de una escolta de seis. La mansión estaba más que vigilada durante la noche, cámaras de seguridad, censores de movimiento e identificadores de huellas, eran algunas de las cosas ya dispuestas para la seguridad.
La paga, de acuerdo al trabajo, había aumentado unos cuantos ceros. La vez pasada no habían recibido lo que habían querido en sus cuentas, gracias al pequeño inconveniente de aquel joven ciego, pero aquella nueva misión cubriría con intereses todo aquello que les hubieran pagado, al triple.
¿Compasión de nuevo con alguno de los jóvenes? Ya no. Le había costado mucho dinero a él y a su equipo, y si su jefe se hubiera enterado, adiós también a su estilo de vida.
¡Que bueno que les habían asignado una misión tan pronto! Su compañía había averiguado que la familia entera saldría de la ciudad unos días después, entonces no se esperarían un ataque así de pronto. Aunque (escuchó un estornudo proveniente del cuarto) talvez tampoco era tan buena idea.
Su jefe de misión enfermo. Ya se lo imaginaba estornudándole en la cara a su víctima, ó lo que era peor, que los descubrieran por su causa. No sabía si era tan buena idea el avisarle, sino le decía, se quedaría en casa y no pondría en riesgo la misión, pero sino le decía, recibiría su castigo. Tenía dos opciones: pena de muerte ó enfrentarse a la furia de Kurosaki...no le veía mucha diferencia.
Dejó a un lado su copa de coñac y fijo la vista en la puerta repentinamente, cuando oyó que alguien se acercaba por el pasillo. ¿Sería Senna? Ella siempre llegaba a molestar en los momentos más inesperados. Puso atención. La llave era introducida en la chapa. ¡No podía ser Senna! No pensaba que Ichigo le podría haber dado un duplicado ¡Nunca! Que ella se lo robara era algo más comprensible.
¡Que bueno que él estaba ahí para evitar que molestaran a su amigo!
La puerta por fin se abrió por completo, revelándole al ojiazul una silueta desconocida. Una mujer. La luz del pasillo se encendió de repente, y la mujer que acababa de llegar se dio a conocer.
Ishida sonrió, ya la conocía. Era esa misma chica que había estado dormida en el sillón de Ichigo, el día de su segunda misión. ¿Seguía viviendo ahí eh? ¿Sería por eso que se escuchaba tanto ruido en el apartamento como había dicho Yoruichi?
Observó desde las sombras. La joven nívea se quitó el abrigo y deposito una pequeña maleta a sus pies, suspirando cansada, paso sus delgadas manos por sus cabellos azabaches, y encendió la luz de la sala distraídamente.
Al distinguir la figura del pelinegro sentado en el sillón de enfrente, la joven dio un pequeño respingo, y ahogo con la mano un grito.
-Hola- dijo Ishida amistosamente, tratando de disipar su asombro.
-H-Hola...¿E-Eres amigo de Ichigo?- preguntó inocentemente, pero aun así con cautela.
-Si.-
-Bueno...eh, mucho gusto soy Rukia.- dijo adelantándose unos pasos a él, con la mano extendida.
Ishida se levantó. –Mucho gusto linda, soy Ishida Uryuu.- el pelinegro sonrió coquetamente, como siempre que veía a una joven causando un sonrojo general en el rostro pálido de la amatista.
El joven la vio divertido. Sabía el efecto que causaba en las mujeres, y sin embargo seguía haciendo una y otra vez la misma jugada en contra de ellas, sonriéndose a si mismo por el maravilloso impacto que tenía. En ese aspecto era un vanidoso.
Sus ojos azules se fijaron en ella nuevamente, la observó con detenimiento, y por un momento creyó conocer ese brillo especial en sus ojos, algo que él ya había visto antes.
-¿Te conozco?- le preguntó.
La joven lo miró un momento con detenimiento, y luego sonrió.
-No lo creo, lo recordaría.-
-Si, creo que yo también.- Sin embargo, Ishida sabía que ya la había visto en algún lado...
-Yo...iba a hacer algo de cenar para Ichigol ehh...¿Quisieras acompañarlo?-
-Seria un placer.-
Sin volver a verlo de nuevo, la chica se alejó a paso rápido en dirección a la cocina.
Paredes blancas imposibles de traspasar...una camisa que le impedía el movimiento siempre que salía a disfrutar de la mañana...un psiquiatra que siempre estaba ahí al despuntar el alba con dibujos deformes y preguntas tontas...y sobre todo, esas sombras que no dejaban de acecharlo en la noche.
Esas figuras fantasmales que rondaban a su alrededor como vigilando y tratando de ahuyentar el sueño. Esas cosas horribles que no lo dejaban descansar volvían una y otra vez, justo en el momento en que las luces se apagaban y trataba de cerrar los ojos.
Lo asfixiaban. Le incrustaban las uñas en la garganta vengativamente y le susurraban al oído palabras incoherentes llenas de rencor y odio. Espectros negros rondando alrededor de su cama, señalándolo con dedos acusadores y lanzando lamentos escalofriantes.
Y esas manchas rojas en su cuerpo...esas que nunca desaparecían. Permanecían ahí sin importar cuantas veces las lavara, ó como desgarrara su propia piel en un afán vano para ahuyentarlas. Sangre. Sangre y espectros de sus propias víctimas. Recuerdos pasados transformados en pesadillas...
Como era la costumbre todas las noches, Ichigo despertó sobresaltado de su sueño, con la frente empapada en sudor, la respiración entrecortada y los ojos inquietos, revisando con temor los rincones oscuros de su estancia.
-Otra vez.- susurró a la oscuridad, recordando todas las veces en noches pasadas que había despertado de la misma manera, con la misma sensación en el cuerpo, y el mismo pesar en el alma.
Había sido de esa forma todas las noches desde hacía casi siete años. La misma pesadilla. La misma sensación al despertar. Siempre que pensaba que estaba cayendo en un sueño profundo, aquellas imágenes regresaban para atormentarlo. Era por eso que no le gustaba dormir. Trataba por todos los medios el mantenerse despierto para no soñar...y en cierta medida, había funcionado. Cerraba los ojos, y evitaba su pesadilla, pero no había podido descansar nunca...
Y parecía que esa vez no era la excepción. Los espectros no tendrían compasión de él sólo porque estaba enfermo, cuando él no le había tenido compasión a hombres mayores, mujeres ó niños. Era el castigo que recibía por todos sus años de constante pecado, y aunque deseara deshacerse fervientemente de él, lo seguía aceptando como penitencia.
Ya no quería dormir más, aunque sentía los ojos pesados, los mantendría abiertos para no soñar.
Se levantó de la cama silenciosamente, y salió de la habitación, despidiéndose mentalmente de las sombras que lo invitaban a volver. Volvería algún día, lo sabía muy bien, pero esa noche no.
Al salir, se encontró a Ishida sentado en la mesa observando la televisión, y a Rukia en la cocina, preparando algo sobre la estufa.
Al escuchar ruido, Ishida levantó la vista, y al verlo, ese mismo gesto de preocupación que le había mostrado hacía unas horas, volvió a cruzar por su rostro.
-¿Qué haces levantado?.-exclamó autoritariamente, incorporándose de su asiento.
-Ya no quiero dormir.- susurró el pelinaranja fríamente, pasando al de lentes de largo y sentándose en un sillón.
-Rukia está haciendo la cena, ¿No tienes hambre?-
Ichigo lo volteó a ver fugazmente con rencor, pero después regreso su mirada a la televisión, fingiendo que nada había sucedido.
Un reportaje muy interesante se estaba transmitiendo en ese momento. Un hombre pelinegro de tez blanca y de ojos violetas se paraba frente a la multitud de rostros y cámaras, con una cara seria pero denotaba tristeza.
-¿Cuál es su posición de acuerdo a este nuevo atentado?-
-¿Cree que se trate de una compañía opositora?-
-¿Qué medidas piensa tomar para su seguridad?-
-¿Qué piensa decirle al 'Asesino Ingles' cuando lo enfrente en la corte?-
El hombre se veía abrumado y sin contestar ninguna pregunta, fueron abriéndole paso lentamente por entre los periodistas que se apretujaban a su alrededor, a la salida de la jefatura.
-¿Quién es él?- cuestiono Ishida sin dejar de mirar sus ojos púrpuras.
-Debe ser un Kuchiki.- expresó despectivamente.
-Que ojos tan extraños tiene.- observó el ojiazul.
-Amatistas.- Ichigo se quedó largo rato observando solamente sus ojos. Pensaba en el enorme parecido que tenían con los de su inquilina...
-¡La cena está lista!- se escuchó desde la cocina, y los dos jóvenes se levantaron con premura, apagando la televisión, y olvidando todo lo concerniente al hombre del noticiero.
-Gracias por la comida linda, estuvo deliciosa. Por cierto Kurosaki, tenemos trabajo mañana por la noche, te llamo luego para decirte los detalles, nos vemos.- Ishida salió del departamento ya muy entrada la noche, dejando a Ichigo somnoliento sobre el sillón y a Rukia levantando la mesa.
-¿Por qué no te vas a dormir Ichigo?- preguntó ella mientras llevaba los platos a la cocina, después de ver como el ojimiel empezaba a cabecear.
-No tengo sueño.- el joven permanecía tendido en un sillón amplio, con los ojos fijos en el techo, distrayendo su atención en cualquier cosa, tratando de disipar el sueño creciente en su persona.
-Mentiroso.- la amatista acabó su tarea rápidamente, y se fue a sentar a un lado de él.
-¿Dónde estabas?- preguntó Ichigo sin mucho interés, tratando de mantener los ojos abiertos.
-Fui por algunas cosas a mi casa.-
-¿Hablaste con la policía?-
-Si, lo hice en la mañana, pero parece que no tienen idea de quien pudo ser.-
-Esos nunca saben nada.-
Rukia se quedó callada, Ichigo podía tener un carácter muy duro cuando no se sentía bien ó tenía mucho sueño, como en esos momentos. Volteó su mirada hacia un lado, y encontró sobre una pequeña mesa un libro abierto. ¿Qué otra cosa podía hacer a esas horas y sin molestar a Ichigo? Leer. Tomó el libro entre sus manos, y leyó la portada: 'The Heart in the Iron Mask' un título sin duda prometedor y desconocido, sin pensarlo dos veces, lo abrió en las primeras hojas, y se adentró en la lectura, sin darse cuenta como se sumían los ojos miel en la oscuridad, a su lado.
Los ojos de Ichigo se abrieron a altas horas de la mañana, después de una noche excepcionalmente tranquila. No podía explicar la razón, pero esa vez había dormido sin tener pesadillas ni sueños. Estaba descansado como no le había pasado en muchos años, y no sabía porque...talvez esa fiebre le estaba afectando, ó ese dolor de cabeza la tarde pasada había entorpecido a las sombras toda la noche. Talvez era el sillón, ó la agradable tranquilidad en la que había conciliado el sueño...
Removió la cobija que descansaba sobre sus hombros (que llegó ahí por causas desconocidas para él) y tocó su frente. Aun tenía fiebre, y eso no era nada bueno. Como Ishida le había avisado la noche pasada, iban a tener una nueva misión. Hubiera deseado quedarse en casa y asistir cuando se sintiera mejor, pero le quedaban pocos días antes de que los Kuchiki abandonaran la ciudad.
Un largo suspiro se escuchó a su lado. Al voltear, descubrió que su sueño había sido acompañado toda la noche por la joven, que había caído rendida después de estar leyendo el libro que él mismo había dejado sobre la mesa.
¿Por qué se había quedado a su lado? ¿Se habría preocupado por él? ¿Había decidido acompañarlo en sus largas noches de vigilia? ¿Por qué?
Sintió una rara sensación en el pecho, y sus ojos se suavizaron, mientras la observaba en su profundo sueño...talvez alguien se preocupaba por él...
Sacudió la cabeza fuertemente, tratando de desaparecer los pensamientos que empezaban a brotar sin que él lo quisiera.
No tienes porque preocuparte por ella, recuerda lo que le dijiste a Ishida ayer...
Tratando de no mirarla de nuevo, paso la cobija que él había tenido por encima de sus hombros, y se alejó del lugar, entrando al baño para una ducha rápida. Su frente aun seguía ardiendo, y su visión no era la misma de siempre, sin contar lo extraño de su voz, pero trabajo era trabajo.
Tomó su fiel gabardina del perchero, y después de tomar todas sus cosas de uno de los cajones escondidos detrás del armario, salió de su departamento, dándole una última mirada a la figura que descansaba en el sillón.
Ishida Uryuu había llegado temprano en la mañana, encontrándose con el lugar casi desierto. Mejor para él, así podría disfrutar de la más amplia selección de pastelillos, sin estar peleando por ellos con los demás. Vería a su jefe en cualquier momento para discutir la misión, y le sorprendía que Ichigo aun no hubiera llegado, generalmente siempre era el primero.
En ese preciso momento, la puerta que estaba solo a unos pasos de él, se abrió con un ruido seco, descubriendo a el ojimiel de mirada asesina.
-Pensé que no vendrías.- comentó Ishida, tomando una dona de chocolate y un café.
-No veo la razón.- le respondió el pelinaranja acercándose a la mesa, para su acostumbrado desayuno de pastelillos de fresa (y esta vez si había) y café.
-Con esa chica en casa yo estaría ocupado.- bromeó.
-Cierra la boca.- Ishida se rió.
-Por cierto.-dijo cuando se hubo calmado. -¿Cómo estás?-
-Bien.-
-Si claro, supongo que ese lindo tono carmesí en tus mejillas es muy natural.- replicó en tono sarcástico.
-Es solo un poco de fiebre. Puedo realizar la misión perfectamente.-dijo Ichigo calmadamente, dándole una gran mordida a su pastel.
-Eso espero.-
Un silencio reconfortante se dio entre los dos jóvenes, comieron tranquilamente sus postres favoritos, olvidándose por un momento del peligro que tenían que afrontar esa misma noche.
-Kurosaki ¿Quién es esa mujer?- preguntó Ishida sin voltear a verlo.
-¿Quién?- fingió el otro joven.
-Esa linda chica que vive contigo.-
-Ya sabes quien es.- dijo despreocupadamente, no muy interesado.
-Se que su nombre es Rukia, pero ¿Quién es ella?-
Ichigo se quedó pensando unos momentos. ¿Qué sabía de la vida de esa chica?
-Pues creo que trabaja en una compañía administrando los ingresos o algo así, le gusta leer, los niños ¡Que se yo!-
-¿A penas conoces quien es y la mantienes en tu casa?-
-Le estoy pagando un favor.- se defendió el pelinaranja, con un sentimiento de culpa en la nuca.
-¿Por qué? ¿Qué hizo ella por ti?-
El ojimiel suspiro. -¿Recuerdas esa vez que falle la misión? ¿Esa vez que me quede porque estaba herido?-
-¡Como olvidarlo! ¡Me pase tres noches enteras buscándote!-
-Bueno, hubo una persona que me ayudo cuando ya no tenía esperanza...¿Recuerdas quien era?-
-'Una mujer de hermosos ojos amatistas.'-repitió Ishida, sacando la frase de sus recuerdos.
-Es ella. Desde ese día parece que mi destino era encontrarla en todos lados. Un día fuimos a comer algo y la acompañe a su casa.-
Ishida escuchaba el relato atentamente, pero con incredulidad. ¿Qué demonios era esa inesperada suavidad en sus ojos? ¿En donde había quedado ese gesto frío alrededor de sus labios?
-El lugar estaba destruido, y ella se veía muy asustada. Nunca supe porque. El caso es que le ofrecí mi casa, en recompensa por haberme cuidado esas tres noches. A estado viviendo conmigo desde entonces.-
-Nunca habías llevado a una mujer a tu casa.-
-Lo se.-
-¿Qué está pasando Ichigo?- preguntó Uryuu con seriedad en su rostro, mirando a su amigo detenidamente. –Hablamos apenas ayer, y tu mismo dijiste que no podíamos enamorarnos.-
-No me estoy enamorando.- contestó Ichigo en un susurro, sintiendo un repentino dolor en su pecho.
En ese momento, una chica rubia de largas piernas apareció en la puerta, interrumpiendo la próxima frase de Ishida, llevaba algunos papeles en la mano y un gafete sobre su pecho, les brindó una sonrisa.
-El Sr. Yamamoto los espera.- les comunicó dulcemente, acomodando su falda con nerviosismo.
-Gracias linda.- Ishida le sonrió coquetamente, guiñándole un ojo al pasar a su lado, causando un sonrojo general en su blanco rostro.
-¿Tienes que hacer eso siempre?- preguntó su compañero algo cansado de su actitud.
-¿Qué tiene de malo? Uno tiene que utilizar su carisma cuando se nace con él. ¿Qué harían las mujeres sin mi?- exclamo dramáticamente, recibiendo solo una mirada incrédula.
-Si, como sea.-
Los dos jóvenes entraron silenciosamente a la gran oficina, tratando de enfocar la vista cuando se encontraron con su usual oscuridad.
-Ya estamos aquí señor.- dijo Ishida cuando por fin pudo distinguir la silueta ataviada de un traje negro, y el resplandor rojo de un habano en su boca.
-Kurosaki, Ishida, sabía que podía confiar en ustedes para esta misión tan importante.-dijo aliviado, acomodando sus lentes sobre su nariz, sonriéndoles abiertamente.
-Sabe que puede contar con nosotros para cualquier misión.- comentó Ichigo con voz rasposa.
-¡Ichigo! ¿Estas bien muchacho?- exclamó Yamamoto viéndolo detenidamente. -¿Estas enfermo?-
El ojimiel evito su mirada. –No es nada serio.-
-¿No prefieres quedarte a descansar?-
-No. Quiero estar en esta misión.-
Aunque sabía que Ichigo era el mejor en la compañía entera, en esos momentos podría poner en peligro la misión. Sin embargo, al ver la determinación en su rostro, no pudo negarle su capricho de permanecer dentro.
-Bueno, confío en que lo harás bien.- el hombre tomo un control remoto que estaba sobre su escritorio, y lo apunto a una gran pintura de majestuosos ángeles al otro extremo de la habitación. Con un ligero ruido mecánico, el cuadro se movió de su sitio, revelando una pantalla blanca, que pronto fue iluminada por un proyector con imágenes.
La imagen de cada uno de los Kuchiki fue reflejada en la pantalla, con los datos adjuntos a su lado.
Kuchiki Kotaro: Era el tercero de los hermanos Kuchiki, el encargado de las comunicaciones y la publicidad de la compañía entera. Se encargaba de diseñar casi todos los productos dependiendo de los gustos del público, investigaba los campos de comercio y una que otra vez contrataba a varios publicistas para que lo ayudaran a encontrar nuevas opciones en su campo. A comparación de sus dos hermanos mayores, Kotaro era un hombre noble, honesto y emprendedor en lo que se refería a su trabajo. Era de las únicas personas que no se metían en negocios sucios, y todas las cosas que tenía se las debía a sus años de esfuerzo. No era afectivo con su familia, y en cierta medida odiaba a su hijo 'adoptado' (Renj) ya que lo había despojado sin querer de la parte de la fortuna que le habría tocado si él estuviera muerto. Tenía dos hijos sanguíneos.
Kuchiki Kami: Era la señora de Kotaro. Se dedicaba a las fiestas de alta sociedad y a las reuniones escandalosas con jóvenes casadas de bolsos hinchados. No ponía mucha atención a sus hijos, se había casado muy joven y aún conservando parte de su juventud, prefería salir a divertirse. Sin embargo había permanecido fiel a su esposo, talvez por miedo a perder la herencia que le dejarían, al casarse por bienes separados.
Tyson Kuchiki: El primogénito de la pareja. A sus veintitrés años era ya una persona que ejercía muy bien la abogacía. Seguía estudiando, pero eso no le había impedido ganar casos de los más renombrados en el país, atrapando a criminales y haciendo que los sentenciaran, por lo menos, a cadena perpetua. Era un joven inteligente, astuto y muy observador, ganándose la admiración y envidia de muchos cuarentones de experiencia en su firma.
Hanako Kuchiki: Una jovencita rubia con algunos problemas existenciales. Siempre vestía de negro y gustaba por todos los temas ocultos y la hechicería. Consumía drogas a menudo, y tenía intentos de suicidio en dos ocasiones, recibía ayuda psicológica, y cuando pensaban que empezaba a recuperarse regresaba a su estado anterior.
-¡Que familia!- exclamó Ishida al terminar de leer toda la información, justo en el momento en que cambiaba la diapositiva, para mostrar un plano de la mansión entera.
-Esta misión no puede ser igual a todas las demás. -comenzó Yamamoto. –Como ya se habrán imaginado, la casa no estará sin vigilancia esta vez. Hemos estado investigando, y de hecho tienen más de lo que tiene cualquier embajada del país. No podemos arriesgarnos a entrar como tenemos de costumbre, y tenemos además muy poco tiempo. Reúnanse con Hitsugaya, él les explicara exactamente sus posiciones, y como van a ingresar a la casa sin ser descubiertos. Esta vez, Ichigo te encargarás de Tyson es una persona muy fuerte, Ishida te harás cargo de Kotaro, Hanataro se encargará de la mujer y otra persona se encargará de Hanako, espero que puedan con eso.- el ojiazul y el ambarino asintieron al mismo tiempo. –Su misión empieza alrededor de las 8:00 pm, y deben terminarla antes de las 10:00 pm, a esa hora el trabajo debe de estar hecho ya que se realiza cambio de turno. Urahara los esperará afuera, deben salir sin levantar sospechas ¿Entendido?-
-Entendido.- los dos repitieron al mismo tiempo.
-Esta bien, confío en ustedes.- con un gesto de la mano, les indico que se fueran.
-Por cierto Ichigo.- exclamó antes de que salieran. –No quiero ningún error esta vez.- advirtió con voz peligrosa, dejando a Ichigo muy por detrás de él. Comparado con ese hombre, el inglés era solo un principiante.
Los dos jóvenes salieron de la habitación y suspiraron.
-No se si debamos dejar que otro individuo se meta en una misión tan importante ¿Quién será el cuarto asesino?- inquirió Ishida.
-¿Por qué los hombres siempre creen que hacen el mejor trabajo?-preguntó una voz femenina desde las sombras. -¿Qué te hace pensar que es UN asesino Uryuu?-
Hay no...esa voz...
Una mujer de falda corta y chamarra de cuero que le dejaba un escote grande en su parte superior, salió de la oscuridad, encarando a los dos asesinos con altanería. Una joven alrededor de los veinticinco los observo con ojos esmeralda y con sonrisa maliciosa, de figura esbelta y largas piernas lograba tener a los hombres sin problemas, y más de una vez había tenido a ese joven ojiazul sin mucho trabajo.
-Hola Neliell.- dijo Ishida con voz seductora, sonriéndole como siempre.
-Cuanto tiempo sin vernos Ishida.- susurro ella acercándose peligrosamente al ojiazul, trazando con un dedo el varonil rostro.
-¿Ya terminaron?- exclamó Ichigo exasperado, tratando de romper la melosa escena.
-No te pongas celoso Ichigo ¡También te extrañe mucho!- el semblante maduro de la joven, cambio por uno infantil al mostrar una amplia sonrisa, mientras abrazaba a los dos chicos amistosamente, su actitud peligrosa para con los caballeros, cambiaba mucho cuando se enfrentaba a rostros tan conocidos como aquellos dos.
-Si, como sea.- respondió Ichigo, echándose a andar por el pasillo, con la intención de encontrarse con Hitsugaya.
-No a cambiado nada.- observó Nelliel con las manos en la cintura.
-No te preocupes, te extrañó.-
-Pues no es él quien me preocupa.-
-Yo también te extrañe.-la joven se lanzó a los brazos del pelinegro, plantándole un beso en los labios, que Ishida recibió sin disgusto.
Esa mujer era una amiga muy cercana de Ishida. La había conocido en el orfanato, y desde ese momento habían desarrollado una especie de amistad que había ido madurando con el tiempo, convirtiéndose en amantes. Nell estaba enamorada de él, y aunque sabía que no le regresaban sus sentimientos en la misma medida, aun así disfrutaba de su compañía, y el no había puesto ninguna objeción. Nunca se le había pasado por la cabeza casarse, pero con ese ojiazul a su lado, no estaba muy segura de todas sus acciones.
Muy bien, ahora que tenemos que estar más concentrados en la misión traen a Nelliel...
Ichigo creía que la chica de cabellos verdosos era una persona muy simpática y espontánea, además de la mujer que más meritos tenía en toda la empresa, y la que más misiones completas había logrado, siempre que estaba lejos de Ishida. Él conocía muy bien el amor desmedido que ella sentía hacia su compañero, y las muchas veces que eso había puesto en peligro la misión. Ojala y esa vez fuera una excepción.
El joven entró a una de las puertas, encontrándose con Hitsugaya y Urahara.
-¡Hola jefe!- exclamo Urahara entusiasmado, acercándose a él y dándole una fuerte palmada amistosa en la espalda.
-Hola Kurosaki.-dijo el peliblanco calmadamente, sonriéndole sin dejar de teclear en la computadora.
-¿Ya está todo listo?- preguntó el ingles.
-Si. Solo tenemos que esperar a que lleguen los otros, para poder explicar la misión.-
-Es algo complicada jefe.-sinceró Urahara, bajando la cabeza con desaliento.
-Lo se, y se nos complica más con la compañera con la que trabajaremos.-
-¿Quién?.- preguntaron los dos al unísono.
-Nelliel.- respondió Ichigo con voz grave.
-Hay no.-dijo el peliblanco, sabiendo del romance entre Ishida y ella.
-¿En serio? ¡Que bien! ¡Al fin algo interesante!- exclamo el rubio, toda mujer que llevara falda arriba de la rodilla era alabada por él.
La puerta se abrió de repente, dejando pasar a un joven pelinegro, con la mirada infantil, muy agitado y con el rostro sonrojado.
-¡Llegue!- exclamó Hanatarou, el más joven de la compañía.
-¡Ya era hora!- bromeó Urahara, dándole un abrazo y unos coscorrones.
-Perdón, tenía que acabar con mis tareas.-
-No te preocupes pequeño, no hemos comenzado, Ishida todavía no llega.- respondió el jefe de la misión.
-¡Ichigo-san! ¿Estas enfermo?- preguntó Hanatarou viéndolo incrédulamente.
-Si, un poco.-sinceró el Kurosaki, escondiendo su leve sonrojo en las sombras, gracias a las miradas incrédulas de todos sus compañeros.
-Mi abuela siempre me prepara un té de manzanilla cuando me enfermo, y no me deja salir de la cama, talvez eso...-
Los consejos de salud de Hanatarou se vieron interrumpidos por el abrir de la puerta, dejando pasar a Ishida con una sonrisa en el rostro, y poco después a su compañera.
-¡Nelliel-san!- exclamó el hombre más joven con entusiasmo. -¿Vas a entrar a esta misión?-
La ojiverde asintió sonriéndole al pequeño.
-Después tendrán tiempo para saludarse.-interrumpió Hitsugaya, que había regresado a teclear en la gran computadora. –Tenemos que prepararnos.- los cinco compañeros asintieron.
-Muy bien, entonces, esto es lo que tendrán que hacer...-
Continuara...
Un capitulo mas! Sjdhfajsdfhasd esto se pone interesante…-se echa porras-(¿?) jajaja
Muchisimas gracias por los reviews, me alegra saber que les ha encantado xD y espero que aun me sigan dejando mi alimento diario jojojo
Bueno ya salio una cuarta asesina! Nelliel salio a la luz, la verdad estaba pensando quien podría ser la tercera en discordia pero me dieron la idea de Nell y me gusto aunque es una pareja crack con Ishida, espero les guste xDDD
Y bueno, poco a poco Ichigo se dara cuenta d ela verdadera identidad de Rukia! ¿ustedes que piensa que hara? Tsssskkkkk pronto pronto lo sabran muajajajjaja
Bueno nos leemos en el siguiente cap ¿vale? Y no olviden! Déjenme un review :B jaja
Matte-ne~
LizZ ELric de KIm
