Este es un capítulo un tanto pequeñito, pero es por mucho uno de mis favoritos. En verdad me divertí mucho escribiéndolo pero al mismo tiempo sufría demasiado y no me despegué nunca de mi teclado sino hasta que terminé de escribirlo. Espero que lo disfruten tanto como yo lo hice al escribirlo, al leerlo y al releerlo :D
Capítulo X
Odio
Mierda. Mierda. Mierda. Y cinco veces mierda.
Todo estaba desmoronándose a su alrededor y Jinx sentía que no podía hacer nada sino observar el desastre como una espectadora más, como a través de una pantalla, sin ser capaz de hacer algo al respecto para evitar todos los acontecimientos que se desencadenaron uno tras otro.
Los abogados de la corte le aseguraron a Jinx que ella era inocente y no se le culpaba de encubrir al velocista. También, personal de seguridad nacional, le repitieron unas mil veces que la protegerían pues era seguro que el superhéroe querría dañarla tras los acontecimientos de aquél día. Jinx los empujó a todos lanzando maldiciones. Eran unos inútiles y no hacían más que decir estupideces. Como si ella necesitara que la protegieran, ¡ja!
Idiotas todos.
Como todo el jurado votó también a favor de la culpabilidad de Kid Flash sobre todos los hechos ocurridos, no hubo dudas en el veredicto y la sentencia final. Sin embargo, se inició una investigación para comprobar o refutar lo que Kid Flash dijo con respecto al juez Earl Warren y la supuesta corrupción de la que se le había acusado.
Por otro lado, nadie sabía a dónde había ido Kid Flash pero durante los siete días siguientes todos los departamentos policiacos de todo el mundo se dispusieron a encontrarlo, ofreciendo cuantiosas sumas de dinero a quienes pudieran entregarlo vivo. Incluso, se le pidió a los Jóvenes Titanes que ayudaran a detenerlo, cosa a la que Robin se negó rotundamente, y aunque hubo algunos problemas legales, finalmente resultó que ningún gobierno podía obligarlos a hacer eso porque ellos no trabajaban para nadie. O algo así. El punto era, que Kid Flash se convirtió en uno de los personajes más buscados en todo el mundo, como si en verdad fuera un criminal de talla alta. En los noticieros y periódicos se veía reflejado el miedo de la gente de ser amenazada de nuevo por bombas nucleares que pudieran acabar con la vida sobre la faz de la Tierra, y era por eso que el mundo entero conspiraba en contra del velocista y había grandes disturbios ahí en donde se creía que alguien lo había visto.
Aunque todos ayudaban a su modo, ningún titán parecía muy seguro de haber encontrado la forma de demostrar que Zoom de hecho era Hunter Zolomon, como Wally había afirmado. Parecía que no había ningún hecho o indicio que sustentara la descabellada teoría de Wally, y aunque todos los titanes querían demostrar que su palabra era verdadera, no encontraban la manera de hacerlo y defenderlo. Desesperada, Jinx recurrió a su última fuente de apoyo. Viajó hasta la cárcel de máxima protección en Jump City para menores de edad y pidió un tiempo a solas con Gizmo. Le exigió al enano que encontrara la manera de demostrar la inocencia de Kid Flash.
–¿Y por qué habría de ayudar a ese cabeza de zanahoria? - preguntó con descaro.
–Porque si lo haces, Kid Flash será declarado inocente y tu condena podría reducir notablemente.
–¿Sólo eso? – Gizmo hizo una pedorreta con la lengua – Puedo escapar de aquí cuando quiera.
–Me aseguraré de que tengas una dotada ración de pastelillos de chocolate por un año entero – Jinx no supo de dónde le surgió tal propuesta o de cómo la cumpliría pero ya se las arreglaría.
Gizmo pareció meditarlo con cuidado pero finalmente accedió a regañadientes y consiguió que la dotación de pastelillos durara dos años.
Por otro lado, en los días posteriores al juicio, Robin ordenó que todos los comunicadores T fueran recolectados y destruidos pues habían infiltrado sus líneas de seguridad. Cyborg trabajó duro para crear unos nuevos con una doble barrera de protección, tarea que no le fue fácil, ni siquiera con la ayuda a regañadientes de Gizmo. Por mucho tiempo, Jinx siguió sin recibir un nuevo comunicador, sintiéndose, al igual que el resto de los titanes, un poco aislada, confundida y perdida. Robin tenía que llamarles por teléfono a sus dispositivos personales cuando quería darles una misión urgente.
JInx también se sentía furiosa con Wally porque no le daba ninguna señal de vida, porque recordaba lo que le había dicho el día del juicio cuando le advirtió sobre el soborno, porque recordaba también sus miradas cargadas de enojo mientras declaraba y porque había terminado su relación con ella. ¿Qué no entendía que necesitaba saber si estaba bien o no? ¿Qué no se daba cuenta de que Jinx no había hecho nada más que seguir su sentido común cuando dudó de él? ¿Qué no estaba consciente de que si mentía durante el juicio todo mundo se daría cuenta y no haría sino confirmar que Kid Flash era culpable? ¿Qué no era consciente de que ella lo amaba por encima de todas las cosas?
«Maldita sea, Wally West».
A veces, Jinx se preguntaba si su ex novio no estaría sordo y ciego además de estúpido.
Por encima de todas las cosas, se sentía enojada consigo misma por creerse incapaz de hacer algo realmente útil. No encontraba la manera de ayudar. Declaró por todos los medios de comunicación a su alcance que lo que Kid Flash dijo sobre el corrupto del juez Warren era verdad pues ella misma lo había escuchado y que confiaba plenamente en la teoría del velocista con respecto a Hunter Zolomon, pero parecía ser que la palabra de una ex villana – que era como la prensa se empeñaba en nombrarla – valía lo mismo que si no dijera nada.
También llevó las bolsas con su dinero a examinar a la Torre T con la esperanza de que saliera la huella digital de Zoom, pero todo lo que encontraron fueron las de ella misma y las de Kid Flash.
Todo el estrés hacía que durmiera muy poco o nada en las noches y aunque ya había dejado su trabajo nocturno, se sentía incapaz de descansar adecuadamente. Tampoco sentía hambre ni ganas de hacer lo que normalmente le gustaba, y todo eso repercutía en su energía y su forma de ser. Así que durante el día su mal humor se veía reflejado con toda la gente que le rodeaba, incluso con los inocente clientes de la cafetería que atendía, lo que condujo a su jefe a amenazarla con despedirla si seguía con esa actitud que claramente espantaba a la clientela.
–Jela, deberías relajarte un poco – sugirió Linda, que era una de sus compañeras de trabajo y la única que sabía que en realidad ella era Jinx.
–Sí – la apoyó Alice, otra de sus compañeras –, ¿qué es lo que te ocurre?
–Oh, déjame adivinar – saltó Alexis, su compañero favorito y a quien consideraba casi su amigo –. Rompiste con tu novio, ¿verdad? Por eso ya no viene a visitarte durante tus horas de trabajo.
Alice y Linda se taparon la boca, escandalizadas.
–¿Rompiste con Wally? – preguntó Alice – Jela, pero si está guapísimo.
–Es un idiota – contestó la hechicera, disfrazada como civil, a modo de respuesta mientras se cruzaba de brazos y hacía un puchero.
Aun no lo perdonaba por todo lo que la estaba haciendo sufrir.
–Yo tengo la solución a tus problemas, querida – Alexis le pasó un brazo por los hombros.
–No iré de compras con ustedes, si es lo que estás pensando.
–No, para nada – rio Alexis –. Lo que tú necesitas es una noche de chicas y Alexis.
–¿Qué?
De alguna manera la convencieron para salir a bailar aquella noche. Jinx se había negado hasta el cansancio pero fueron tan insistentes y sus argumentos fueron tan buenos que no le quedó otra alternativa más que aceptar. Sabía que era algo tonto e irresponsable, pero en esos días no podía hacer nada más para ayudar a Wally y probablemente era cierto lo que Alexis decía y todo lo que necesitaba era liberarse un poquito bailando y bebiendo como una adolescente despechada normal lo haría. Para bien o para mal, Linda decidió no acompañarlos, cosa que Jinx agradeció muy en el fondo de su ser porque sabía que a la chica no le entristecía el hecho de que Jinx hubiera cortado con Wally. Así que sólo serían Alice, Alexis y ella.
Se puso un vestido negro corto con mangas caídas y un pequeño escote que dejaban ver la totalidad de sus hombros y el inicio de la línea entre sus senos. Usó unos botines negros de plataforma que reservaba sólo para ocasiones especiales. Se dejó el collar tipo gargantilla que siempre llevaba puesto y por una vez en la vida no tuvo complicaciones para verse como una civil normal pues Cyborg (para animarla por la ruptura con Kid Flash) acababa de regalarle un anillo que al ponérselo la hacía cambiar de apariencia por completo. Todo lo que tuvo que hacer fue arreglarse un poco el ahora castaño cabello para dejarlo suelto y aplicarse maquillaje nocturno que fuera a juego con su vestimenta.
Sus amigos pasaron a recogerla en el auto de Alice.
–Si yo fuera el tarado de tu novio – decretó Alice en cuanto la vio – me tiraría de un precipicio al saber lo que me estoy perdiendo.
–Gracias – replicó Jinx sin estar muy segura de qué más decir –, pero en realidad preferiría ser yo quien lo tirara del precipicio.
Sus amigos rieron.
Lo cierto era que se sentía muy atractiva esa noche y le hubiera encantado que Wally estuviera ahí para halagarla. Seguramente, si lo hacía, Jinx le recordaría que la había cortado y que ahora ya no tenía ningún derecho sobre ella, ni siquiera para mencionarle lo linda que lucía. Y entonces, admiraría, con una mezcla de satisfacción y tristeza, cómo su ex velocista favorito se tiraba de un precipicio y moría arrepentido de haber dejado ir a Jinx.
Pero eso, claramente, no pasaría. El estúpido pelirrojo estaba muy ocupado escondiéndose del mundo entero, y seguramente no tenía tiempo para buscar a la hechicera de la mala suerte, fijarse en su atuendo, ni mucho menos halagarla.
–Por cierto, esta es tuya – Alexis le extendió una identificación falsa donde decía que ella tenía veintiún años y no diecisiete –. La necesitarás.
Tenía razón, en el club no la hubieran dejado entrar si no hubiera demostrado tener veintiún años y jamás le habrían vendido bebidas alcohólicas si no mostraba su credencial.
Al entrar, el volumen de la música le aturdió los oídos y cuando sus ojos se acostumbraron a la escasa luz se dio cuenta de que ese lugar era justo lo que necesitaba para olvidarse un momento de sus penas. Se dirigieron a una mesa redonda, pequeña y alta, y comenzaron a pedir bebidas sin parar aprovechando la promoción de la barra libre. Jinx probó varios tragos de vodka, whisky, tequila y brandy, pero al instante se arrepintió porque se dio cuenta de que al mezclarlos todos sólo había conseguido embriagarse más rápidamente y marearse un poco. No era buena idea embriagar a una hechicera de la mala suerte como ella porque no se sabía lo que podía ocurrir si acaso sus poderes se descontrolaban.
Dio gracias al universo porque sus poderes no eran como los de Raven y no había necesidad de reprimirlos constantemente.
Alice y Alexis estaban tan borrachos como ella pero aun así le aconsejaron parar de tomar, consejo al que Jinx hizo oídos sordos y ellos también.
–¿Saben queeeé? – balbuceó entre gritos para hacerse escuchar, golpeando la mesa con la botella de vidrio y sin querer, viendo saltar chispitas de su propia magia por todos lados – ¡Que Wally se joda! – levantó su cerveza para brindar y al mismo tiempo dejó salir el aire pues sus amigos no se dieron cuenta del pequeño desliz de magia.
–¡Seee! – cantaron a coro Alice y Alexis estrellando sus botellas con la de Jinx y todos le dieron un trago a sus bebidas.
–¡No lo quier'en mi vida! – aseguró y dejó escapar un hipo.
–¡Nooo! – corearon los otros dos.
–¡Soyuna mujer fuerte yinteligente que no necesitaalguien como él! – masculló y entonces se echó a llorar – ¡Lo extraño tanto! ¡Guallyyyy!
Alexis intentó saltar para consolarla pero al bajar de la silla cayó al suelo y empezó a reír de todo lo que pasaba a su alrededor. Alice le dio una cachetada que le volteó la cara hacie el lado opuesto.
–¡Jela Ige Nyan Xelú! ¡Tu maquillaje! – le recriminó.
Jinx entendió que si seguía llorando dejaría de verse asombrosa así que consiguió calmarse. Agarró de la camisa al primer mesero que andaba por ahí.
–Tráeme unnnn… – volteó a ver a Alice en busca de consejo.
–¡Un hombre!
–Sí – la apoyó Jinx –. Tráeme un hombre.
–¿Un qué?
–Y un shot de whisky – pidió y le puso un billete en su mano –. ¡Rápido! – agitó sus dos manos como si estuviera espantando a Señor Vaquito de la cocina de su casa.
El mesero se alejó a toda velocidad. Pusieron una canción que a Jinx normalmente no le gustaba pero no pudo evitar sentirse extasiada con el sonido a todo volumen y las luces de colores parpadeando y bailando por encima de ellos. Se sintió verdaderamente emocionada cuando el volumen de la música le hizo vibrar cada fibra de su ser.
Alexis consiguió ponerse de pie pero seguía riendo como si fuera un loco.
–¡Creo que deberías ponerlo celoso, Jela! – sugirió el muchacho.
Jinx sacó su teléfono celular y consideró la posibilidad de tomarse fotos y subirlas a internet, a su cuenta en Facebook porque sabía que de alguna manera Wally las vería, pero alejó el impulso de idiotez de su cabeza, arrojándole el móvil a Alexis.
–¡No! – la música le entraba por los oídos y le tocaban el alma, inflándole el ánimo de una forma extrañamente agradable – ¿Saben queeeé?
–¿Queeeé? – vocearon a coro otra vez sus amigos.
En ese momento llegó el otro trago de whisky. Jinx se lo tomó en menos de un segundo y sintió su garganta quemarse antes de gritar a pleno pulmón:
–¡Odio a Wally West! ¡Y odio a Linda Bark! – sus amigos gritaron de emoción y se partieron de risa ante su confesión pero brindaron con gusto – Ella quiere robarse a Gually y se cree perfecta. ¡Perra!
–¡Perra! – le siguió Alice alzando su copa otra vez.
–Pero creí que tú le robaste a Wally – replicó Alexis.
–¡Sho no robo! ¡Soy una súpe'roína! – sentenció y posó como lo hacía Superman cuando volaba.
–¡Wooooo! – se emocionó Alexis y esta vez fue el turno de Alice de morir de risa y casi ahogarse en su carcajada.
Jinx, inspirada por su nueva canción favorita, su puso de pie sobre su silla y con ayuda de Alexis se puso a bailar sobre la mesita sin importarle cuanto se balanceaba esta y cuán cerca estaba de perder el equilibrio y quizá también la cabeza.
–I'm on the pursuit of happiness and I know – cantó a los cuatro vientos y no le importó en lo absoluto ser el centro de atención de todos, ni tampoco que odiara esa canción con todo su corazón –, everything that shines ain't always gonna be gold – también empezó a bailar con más energía –, hey! I'll be fine once I get it, I'll be gooooood! – la mesa se reclinó más de la cuenta y Jinx no pudo evitar caer. Sin embargo y para su buena suerte, cayó en los brazos de un muchacho que en aquél momento le pareció el más guapo de todos – ¡Hola! – saludó alegremente y no supo cómo ni por qué pero tomó su cara entre sus manos y lo besó apasionadamente, haciendo que todo mundo a su alrededor gritara y aullara como los homos neandertales que eran.
El desconocido la bajó con cuidado sin dejarla de besar y le rodeó la cintura para pegarla más hacia su propio cuerpo, ignorando al público que los seguía observando. Jinx se separó de él para tomar aire y notó las señas de aprobación que le hacían Alice y Alexis, así que se llevó al tipo al otro lado del club, donde no pudieran verlos. Bailando y besándose, el uno pegado al otro, sintió que una mano de él bajaba por su cintura y se colocaba justo sobre uno de sus glúteos. A Jinx no lo importó demasiado porque estaba muy ebria e hizo lo mismo con su compañero de baile, notando un bultito en su bolsillo trasero que sacó para ver qué era.
–¡Oye! – se quejó el muchacho que seguramente debía ser algunos años más grande que Jinx.
La hechicera examinó la cartera del tipo, así como su identificación, vio algunos dólares y que se llamaba Jason pero le aburrió seguir explorando y se la devolvió. Tan sólo se quedó con la cajetilla de cigarrillos. Sacó uno y se le cayeron tres al suelo.
–¿Tienes encendedor? – preguntó.
–No podemos fumar aquí – le recordó. Jinx hizo el intento de alejarse a buscar un encendedor con alguien más pero el muchacho la detuvo tomándola por el brazo y sacó su encendedor. Cuando Jinx exhaló la primera bocanada de humo le preguntó –. ¿Quién eres?
Jinx extendió los brazos a los lados y exclamó dándose aires de grandeza.
–¡Soy Jinx, l'echicera de la mala suerte! – El tipo pareció encontrar eso muy gracioso porque se empezó a reír. Tal vez estaba tan borracho como ella y era de los que reía de todo – ¿Y tú quién eres?
–¡Red X, tu peor pesadilla! – profirió haciendo el mismo movimiento ridículo que Jinx.
–No, oh. No te creo – canturreó la chica, liberando humo por encima de sus cabezas.
Ella prefería los cigarros mentolados, pero llevaba años sin probar ninguno de ningún tipo así que ese no le desagradó del todo. Sin embargo, pensó que tardaría días para quitarse el mal olor de encima, sobretodo de su cabello.
–Ni yo a ti – el muchacho volvió a pegar a Jinx a su cuerpo y siguió besándola.
–Redex, ¿quieres ser mi novio? – le susurró Jinx al oído.
–Tal vez.
Jinx soltó otra bocanada de humo blanquecino dentro de la boca del tal Jason y luego reanudaron los besos y caricias que se habían visto interrumpidas. Jinx se puso de espaldas al tipo para seguir fumando porque si seguía de frente tendría que besarlo y en ese momento todo lo que quería era terminarse el cigarro. No le importaba que la echaran del club, sólo quería acabárselo. Jason la pegó aún más contra su cuerpo y a los pocos segundos comenzó a subirle la falda del vestido.
–No, aquí no – se quejó Jinx, tirando la colilla de cigarro y pisándolo con su bota.
Jason la empujó hasta la pared más cercana y le acarició los hombros, bajando intencionalmente todavía más las mangas del vestido de Jinx. La hechicera también empezó a desabotonarle la camisa pero se dio cuenta de que seguían rodeados de un montón de gente.
–Ni aquí – reclamó.
Le robó otro cigarro y le ordenó que lo prendiera.
Jason la obedeció y la arrastró hasta el baño de hombres. Entre risas, besos, mordidas, caricias y humo de cigarro, se abrieron camino hasta una caseta y cerraron la puerta tras ellos. Jason se dejó caer sobre la tapadera de la taza de baño y Jinx se posicionó de frente sobre él. Sintió sus besos húmedos en el cuello y peligrosamente cerca de su escote, algunos le dolían un poco y sabía que dejarían una horrorosa marca roja o morada, pero no le importó mucho. También estaban sus manos jugueteando con su cuerpo mientras intentaba abrirle el vestido. Jinx echó la cabeza hacia atrás y se dejó complacer. En su mente imaginaba que Jason tenía el cabello rojo y así disfrutó más el momento. Enredó sus dedos en su cabello para pegar más su boca a la piel de sus clavículas y disfrutar más de sus húmedos besos en el nacimiento de sus senos.
–Oh – gimió –, sigue así, Wally – fue lo que dijo cuando su mano le acariciaba el interior de un muslo.
–¿Qué? – el muchacho detuvo sus labios y sus manos.
Jinx abrió los ojos de par en par al notar su error colosal.
–Dije, sigue así, Jason – repuso con rapidez y antes de que pudiera replicar algo más, se aferró con rudeza a su cabello y lo besó en la boca, permitiendo que sus lenguas jugaran un rato mientras le terminaba de desabrochar la camisa y se abría paso para bajar la cremallera de su pantalón –. ¿Dónde están los condones? – preguntó repartiéndole besos en toda la cara y el cuello, y admirando las manchas de su labial morado por todas partes.
Jason se detuvo.
–Creí que tú traerías.
–No – Jinx se levantó con enfado pues se había arruinado toda la diversión –. Así no.
Abrió la puerta con una patada y bajándose la falda salió de la caseta trastabillando, sólo para encontrarse de frente con un pasmado Wally West.
Oh, no.
No dijo nada porque si abría la boca sería sólo para soltar un eructo o vomitar, y le daba mucha pena el pensar que Wally la viera haciendo eso. Jason salió tras ella y también se quedó asombrado de ver a Wally ahí aunque ni siquiera supiera quién era o qué estaba pasando. Jinx se subió las mangas del vestido y se pasó un mechón de cabello por detrás de la oreja. También se llevó una mano al cuello para disimular las marcas de los besos que seguramente tendría por toda la piel.
Wally la examinó a ella y luego a Jason, y luego de vuelta a ella, con una gran expresión seria y severa. Jinx jamás había sentido un segundo tan largo e incómodo como aquél.
–Estás fumando – Wally le arrebató el cigarro de los dedos y lo arrojó al retrete más cercano.
–Yo se lo di – reclamó Jason y Jinx aprovechó el ruido para abrir la boca y dejar salir el aire, que sonó como un hipo y no como lo había temido.
–Tú cállate – Wally lo golpeó en la cara e hizo que el muchacho cayera sin poder evitarlo, confirmando la suposición de Jinx de que él estaba tan borracho como ella –. Y tú sígueme – tomó a Jinx de la mano y la arrastró fuera de ahí.
–¡Hey, pero éls mi novio! – se quejó la chica al ver a Jason sangrar de la nariz e intentó forcejar para soltarse pero no tuvo éxito – ¡Jason! – le gritó cuando ya estaba por salir del baño – ¡Llámame! – añadió mientras lo veía desaparecer tras la puerta.
Sabía que no tenían sus números y no volverían a verse nunca más en la vida pero quería hacer enojar a Wally tanto como fuera posible.
Salieron al aire frío de la noche y Wally comenzó a quitarse la chamarra que traía encima.
–Toma – dijo extendiéndosela pero Jinx la arrojó al suelo.
–¡No la quiero! – se inclinó hacia él con el dedo índice interponiéndose entre ellos, apuntándolo de manera acusadora y sintiendo más que nunca que todo daba vueltas a su alrededor – No quiero la chamarra ni te quieroa ti.
–Jinx, estás ebria y el frío no hará más que empeorar las cosas – intentó hacerla razonar.
–Estoy harta de ti – lo ignoró la hechicera, intentando golpearlo pero fallando con gracia –. ¿Crees que puedes mirarme feo, acusarme de llamarte loco, desaparecerte por una semana entera sin una sola llamada y volver sólo para seguir arruinando mi noche y mi vida? – Jinx sentía los ojos llenos de lágrimas y las inminentes ganas de vomitar – ¡Te odio! ¡Te odio y no quiero saber nada más de tú ni de tu lindo cabello rojo! ¿Por qué estás aquí en primer lugar?
Wally recogió la chamarra y logró ponérsela encima, bajo las protestas de la chica.
–Me llamó Alice desde tu celular y me dijo que estabas en problemas.
–Esa impía infeliz – Jinx pegó un brinco que le hizo tener arcadas pero se dio cuenta de algo –. ¿Viniste a salvarme?
–Vine porque pensé que algo malo estaba pasando contigo pero lo único malo con lo que me encontré es que te interrumpí la fiesta – soltó con enojo.
–Sí – lo apoyó Jinx, balanceándose porque el suelo se movía dispuesto a tirarla –. Arruinaste mi noche. Y creo que Alice sólo te marcó para que vieras lo bien que me la estaba pasando sin ti, inútil... – Jinx no pudo aguantar más, dobló su cuerpo y vomitó todo el contenido líquido y no tan líquido de su estómago, salpicando accidentalmente los tenis de Wally a pesar de que él se aseguró de dar un brinquito hacia atrás.
–¡Jinx! ¿Estás…? – Jinx tuvo una segunda arcada y terminó de escupir todo el alcohol que no había alcanzado a absorberse en su cuerpo. Wally la sostuvo tomándola de los hombros y le alejó el cabello de la cara.
–Eso es lo que pienso de ti, Wallace Rudolph West – Jinx intentó alejarse unos pasos de él y se tambaleó tanto que tuvo que aferrarse al tronco de un árbol. Sintiendo sus piernas flaquearle se dejó caer sobre sus rodillas y sin dejar de abrazar al árbol, cerró los ojos, dispuesta a dormir a pesar de que la nieve le hizo sentir las piernas desnudas congelarse –. Te odio a ti – dijo mientras se quitaba el anillo que le dio Cyborg y lo guardaba en la chamarra que le dio Wally –, odio a Alice, Alexis y al otro chico que no recuerdo su nombre – soltó un bostezo y un hipo le estremeció el cuerpo –. Pero para que lo sepas, es mi novio y lo amo.
Sintió unas manos cálidas ponerla de pie otra vez.
–Te llevaré a tu departamento, ¿está bien? – dijo la voz de Wally y Jinx consiguió la energía suficiente para mover la cabeza de arriba abajo. Wally hizo que Jinx lo abrazara por la espalda, rodeándole el cuello con sus brazos y él sostuvo sus piernas, una de cada lado –. De verdad creí que algo malo te estaba pasando. Eres una tonta, una gran tonta, Jinx.
–Lo sé – Jinx apoyó su cara en el hombro de Wally y se acomodó para poder dormir en paz –. Pero no más que tú. Sólo no vayas rápido, ¿sí? Odio correr contigo.
–Está bien, pero tardaremos más en llegar – Wally caminaba rápido pero no corría, así que no se mecía tanto y Jinx no se mareaba más de lo que ya estaba –. Jinx ponerte así de ebria fue una estupidez. ¿Qué otras cosas hiciste aparte de tener sexo con un desconocido?
–¡No es un desconocido, es mi novio! – se quejó débilmente y omitió a propósito el sacar a Wally de su error – Y tú lo golpeaste.
–¿Hiciste algo peligroso?
–Quizá – Jinx intentó recordar –. Creo que le dije quién soy a un par de personas.
–Tonta – repitió Wally –. Eres la chica más tonta del mundo.
–¡Y tú el que más odio! – Jinx abrió los ojos de golpe – ¿Dónde estabas?
–Escondiéndome y buscando a Zoom.
–¿Tuviste suerte?
–No – admitió. Jinx soltó una carcajada cansina –. ¿Qué te parece tan gracioso?
–Ahora tú eres el villano y yo la heroína – volvió a reír y cerró los ojos –. Y todavía te odio.
Wally permaneció en silencio y ni siquiera rio un poco. Jinx se quedó dormida y no volvió a vomitar, aunque sí fue consciente de todo el frío que sentía.
–Tus piernas están heladas – observó Wally y comenzó a frotárselas rápidamente con ambas manos para que pudieran calentarse un poco, gesto que Jinx hubiera agradecido enormemente de no ser porque estaba enojada con él y además se sentía a punto de morir –. ¿Segura que no quieres que corra?
–¡No! – clamó la chica, despertando de su breve sueño – Estoy bien. Si lo haces, vomitaré en tu cara.
–No me importa. Vas a enfermarte.
–Si lo haces te odiaré más por el resto de mi vida – repuso.
–No me importa.
Y de verdad no le importó. Wally corrió tan rápido como nunca antes y Jinx soltó un chillido cuando ya estaba en su cálida cama. Por algo Wally le apodaba Slowpoke. Se giró sobre sí misma para vomitar, Wally le puso una cubeta bajo su cara pero todo lo que Jinx consiguió fue escupir lo que le parecieron litros de saliva.
–¡Te odio! – chilló mientras Wally le quitaba los botines y la colocaba debajo de sus cobijas – ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Te odio! – mientras le decía cuánto lo odiaba se agitaba y pataleaba bajo el peso de los cobertores sabiéndose observada por Wally. Pronto se cansó y se sintió con ganas de vomitar otra vez, así que paró – Te odio porque me odias y ya no quieres verme. Te odio porque ya no me amas y yo a ti sí.
–Necesitas descansar – Wally se sentó junto a ella y le pasó una mano por la frente –. Hablaremos en otra ocasión.
–¡No! – se quejó la pelirrosa. Sentía el corazón partido porque Wally no la contradijo diciéndole que todavía la amaba – No sé cuándo volveré a verte.
–Cuando todo esto acabe y sea seguro.
–¿Por qué terminaste conmigo? – Jinx notó la boca de Wally entreabrirse un poco por la sorpresa – ¿Por qué si te sigo importando decidiste dejarme sola?
–Jinx, tomaste mucho. Duérmete ya – Wally hizo el intento de ponerse de pie e irse pero Jinx lo jaló de un brazo y lo tumbó encima de ella.
–Dime – le ordenó y pudo sentir su nariz y su frente rozando las de él, así como el latido de su propio corazón agitarse al mil por hora.
–Te apesta el aliento a alcohol y tabaco.
–¿Por qué te rendiste tan rápido con lo nuestro? Días antes me habías dicho que me amabas.
–Escucha… – Jinx no lo dejó hablar. Lo tomó por la nuca con fuerza y lo obligó a estampar sus labios con los de ella. Al principio, Wally opuso resistencia, pero después siguió los movimientos de los labios de Jinx y ambos compartieron un beso suave y lento hasta que el celular de Wally sonó y el chico corrió a abrir el mensaje –. Debo irme.
–¿Qué pasó? – Jinx intentó sentarse pero Wally la empujó de nuevo contra la cama.
–Tú descansa. Yo me encargaré de esto.
–¿Qué es?
–Zoom – explicó Wally antes de salir corriendo de su habitación, de su departamento y de su vida.
Jinx quiso ponerse de pie, pero se enredó con las cobijas y cayó de bruces al suelo, donde encontró muy cómoda la alfombra de su cuarto y no pudo evitar quedarse dormida a pesar de que su intención era correr a socorrer a Wally.
