Amar de Lejos

Capítulo 11

Ganando confianza

-Deberíamos hablar con McGonagall- soltó Severus de pronto, mientras desayunaban en la cama un domingo por la mañana-. Creo que ya está sospechando.

-Sí, también lo creo- convino Hermione, encaramando medio cuerpo encima del profesor para alcanzar un vaso de leche de la bandeja-. ¿Cómo se lo irá a tomar?- Él se encogió de hombros y le dio un sorbo a su café.

-Si no le parece bien, se puede ir al diablo- respondió. La bruja lo miró con reproche, aunque había una pequeña sonrisa en su rostro-. Es en serio. ¿Qué le importa a ella lo que hagamos?

-Bueno... tienes razón.- Se produjo un momento de silencio, y después, Hermione añadió:-. Va a ser más problemático contarle a Alex- dijo, tranquilamente.

Snape se quedó quieto, con el tenedor suspendido en el aire. Sabía perfectamente que el chico no debería ser un obstáculo para sacar adelante su relación con Hermione, pero, aun así, le inquietaba un poco que pudiesen surgir conflictos debido a esto. Lógicamente, el hijo de ella sería prioridad ante todo, y él no tenía intenciones de cambiar aquello. Había decidido que tenía que ser más amable con el mocoso... pero no hallaba la forma hacerlo sin que pareciera que estaba favoreciéndolo frente a los otros alumnos. Hermione no quería que lo hiciera; sin embargo, él sentía que era su obligación.

Dejó esos pensamientos de lado para seguir comiendo.

-¿Cuándo lo haremos?- quiso saber el profesor Snape, mirando de reojo a Hermione y su ridículo camisón floreado.

-Hoy- respondió ella en el acto. El mago alzó las cejas, luego asintió.

-Bien. Iré a darme una ducha- sentenció, al tiempo que le entregaba la bandeja a la mujer. Corrió el cobertor y se levantó.

-¿No vas a comerte los huevos?- preguntó Hermione, en su voz se notaba la esperanza de que él dijera que no.

-No, te los regalo.- Sonrió de lado cuando vio que ella ponía cara de infantil felicidad y comenzaba a pinchar los huevos fritos.

Llevaban alrededor un mes saliendo a escondidas. Aunque, a decir verdad, no se estaban escondiendo, simplemente mantenían las demostraciones físicas en privado, ya que era más que evidente la repentina gran cercanía entre ellos. Muchos rumores ya se esparcían tanto entre profesores como alumnos, pero como nadie los había visto juntos de una manera comprometedora, sólo se quedaba en eso.

A Snape ya no le importaba que lo supieran, es más, lo deseaba. Se moría de ganas por ver en el piso las mandíbulas de todos cuando se enteraran de que él, justamente él, había conquistado a Hermione Granger, la bruja por la que muchos hombres y alumnos babeaban. Porque estaba al tanto de que los sacos de hormonas descontroladas que tenía por alumnos miraban de forma poco decorosa a la mujer, escuchó más de alguna conversación entre ellos, y se le inflaba el ego cada vez que oía comentarios acerca de lo guapa que era la profesora Granger. Claro que algunas veces le daban ganas de romperles la nariz con sus propios puños debido al lenguaje soez que empleaban.

Bueno, a ver si se atrevían a seguir hablando así cuando supieran que Hermione era suya.


-Adelante.- Se escuchó la voz de McGonagall desde el interior del despacho. Snape abrió la puerta, dejando que Hermione pasara primero y luego entró él.

Lo primero en lo que se fijó, incluso antes de mirar a la directora, fue el retrato colgado detrás de ésta. Casi suspiró de alivio en cuanto vio que Dumbledore no se encontraba allí. Una molestia menos, se dijo.

McGonagall, sentada tras su escritorio, los miró superficialmente, antes de continuar leyendo unos informes que había sobre la mesa, mientras hacía un gesto con su mano para que tomaran asiento frente a ella. Pasados unos minutos, Minerva se enderezó en su silla y los miró alternadamente.

-Severus, Hermione- dijo a modo de saludo-. ¿En qué los puedo ayudar? ¿Pasó algo?

-No, todo está bien- comenzó hablando Hermione, con inusual timidez. Severus la vio de refilón y notó que apenas podía mantenerle la mirada a la directora-. Sólo queríamos hablar una cosa con usted.

McGonagall agachó ligeramente la cabeza y la observó por encima de sus gafas. De pronto, los tres tuvieron la sensación de que Hermione volvía a ser una alumna que se acobardaba ante su presencia. Snape carraspeó audiblemente para diluir el incómodo y abrupto silencio.

-¿Y bien?- preguntó entonces la anciana bruja, esta vez posando los ojos en el profesor de Pociones.

-Minerva, Hermione y yo estamos juntos- declaró Severus, pero como McGonagall no daba luces de comprender cabalmente sus palabras, se vio obligado a agregar:-. Como pareja.- La directora lo miró a los ojos un buen rato, con los labios rectos y apretados, y Snape imaginó que estaba procesando la información.

Según él, nada en su contrato le impedía mantener una relación amorosa con una compañera de trabajo, lo que sí estaba prohibido eran las relaciones entre profesores y alumnos, y entre director y subalterno. O eso creía recodar, puesto que no había leído los contratos en los últimos años.

-Enhorabuena, me alegro por ustedes- manifestó uniformemente después de algunos segundos. Hermione suspiró inaudiblemente, y la otra bruja dejó de prestarles atención para ordenar los pergaminos y guardarlos en una gaveta del escritorio.

Severus y Hermione cruzaron una rápida mirada.

-Gracias- artículo Hermione, sonriendo relajada. Minerva elevó una mirada alegre hacia ella, pero no parecía que tuviera algo qué añadir.

-¿No tienes nada más que decir?- cuestionó Severus. La falta de reacción de Minerva lo estaba irritando, pues sabía que no era posible que hubiera sido así de sencillo.

-No, Severus- contestó la mujer-. Ustedes son adultos y, por lo que he visto, se llevan bastante bien. Hacen linda pareja.- Hermione dejó escapar una risita risueña, mientras que Severus resopló y apartó la vista a otro sitio-. Lo único que les podría pedir es que no sean demasiado impetuosos con las muestras afectivas enfrente de los alumnos. Nada más.

Snape se sintió aún más irritado cuando el calor trepó por sus mejillas. Se había ruborizado irremediablemente a vista y paciencia de McGonagall.

-Bueno, eso es todo- espetó el hombre, al tiempo que se ponía de pie, seguido por Hermione, y le daba la espalda a Minerva.

-Hay otra cosa- expresó la directora, antes de que alcanzaran la puerta. Hermione se volteó y él permaneció quieto como una piedra-. Es bueno verlos felices.

-Gracias, profesora- repitió Hermione.

Severus gruñó y atravesó el umbral de la puerta, tan molesto que olvidó dejar pasar a Hermione primero. Porque cuando se lo proponía, podía ser un caballero ejemplar. La esperó a los pies de las escaleras de caracol, ella bajaba muy contenta y satisfecha.

-Qué bueno que todo salió bien- dijo Hermione una vez que llegó a su lado-. McGonagall estaba tan seria que pensé que nos iba a despedir.

-Bah, ella siempre es seria- bufó Severus, y Hermione le lanzó una mirada significativa, como diciéndole "tú también"-. Pero en fin...

-Iré a buscar a Alex- sentenció ella, inhalando profundamente.

-¿Quieres que vaya contigo?- se ofreció Severus, pero la mujer negó con la cabeza y le sonrió.

-No, preferiría hablar a solas con él.

-Está bien, ¿nos vemos en el almuerzo?- Hermione asintió, se paró en las puntas de sus pies y le dio un corto beso en los labios, después dio media vuelta y tomó el camino hacia la torre de Gryffindor.

Severus, sabiéndose sonrojado en mitad del corredor, se encaminó a su despacho. Hermione era una mujer muy efusiva, así que él tendría que acostumbrarse pronto a sus continuas muestras de afecto en público. No se estaba quejando, sólo que él era... reservado.


-¿Cómo te fue?- quiso saber el profesor Snape, cuando Hermione llegó al Gran Comedor y se sentó a un lado de él.

-Bien, supongo- respondió, sin mirarlo a los ojos. Severus estudió sus movimientos, eran algo torpes y nerviosos.

-¿Qué tan bien?- siguió interrogando, pero ella evitaba su mirada poniendo comida en su plato.

-Bien, Severus, sólo bien- dijo bruscamente Hermione. Él eligió el silencio esta vez, no iba a ponerse a discutir frente a todo el colegio.

No había que ser un genio para darse cuenta del mal humor de Hermione. Severus se extrañó, ya que ella estaba bastante alegre en la mañana. Obviamente la conversación con su hijo no tuvo que haber sido del todo grata.

El profesor Snape buscó al chico entre el mar de alumnos; ahí estaba, comiendo, con la cabeza baja y expresión de disgusto. De pronto, Alex giró el cuello lentamente y se encontró de bruces con la mirada fija de su profesor. El muchacho apartó sus ojos enseguida, tomó su tenedor y empezó a machacar la comida, su enfado era notorio.

Severus suspiró. No le hacía gracia ser el culpable de una pelea entre Hermione y su hijo, sentía que debía ser él quien arreglara las cosas. Sonaba un poco absurdo en su mente, pero iba a intentarlo.

-Hermione- habló en voz baja, inclinándose unos cuantos centímetros-. No comas.

-¿Qué? ¿Por qué?- inquirió ella, y miró su plato con desconfianza.

-Vamos a otra parte.- Hermione lo observó en silencio-. Te invito a almorzar a Hogsmeade- aclaró Severus, pero Hermione sacudió la cabeza en negación.

-No, gracias, no tengo ganas.

Snape gruñó por lo bajo y le tomó la mano, a lo que ella le dirigió una mirada de absoluto asombro.

-Vamos- insistió el mago, soltándola y poniéndose de pie.

Hermione lo siguió de cerca, pero se detuvo en cuanto salieron del salón.

-Severus, en verdad no tengo muchas ganas de salir ahora- murmuró. Él se aproximó y la agarró de la barbilla para que lo viera a los ojos.

-Te hará bien- repuso, dejando una suave caricia en su mejilla. Los mirones podían irse al diablo. Las comisuras de los labios de Hermione se alzaron en una sonrisa cálida.

-Bueno... vamos- concedió finalmente.

Severus tenía una apremiante necesidad de hacerla sentir mejor, así que, a pesar de la incomodidad que le producían las miradas de los chiquillos que pasaban por su lado, la tomó de la mano, entrelazando sus dedos con los de ella, y reanudó el camino al pueblo.


Entraron en Las Tres Escobas, y cada uno pidió el platillo del día, que consistía en carne de cordero en su salsa y puré de patatas. Él, además, ordenó una botella de vino de elfo.

-Salud- brindó el profesor, luego de verter vino en las copas. Hermione lo miró a los ojos mientras brindaban-. ¿Ves que no era tan mala idea salir un rato?- preguntó Severus.

-No... Gracias- masculló Hermione. Parecía menos desanimada, pero Snape conocía muy bien sus expresiones, y supo que todavía había algo que la atormentaba.

Dejó pasar unos minutos, quizá después de comer un poco se le subiera el ánimo. Mientras tanto, la observó disimuladamente al mismo tiempo que se preguntaba cómo arreglar la situación. Él no se llevaba bien con el muchacho, eso era un hecho irrefutable. Alex era desordenado, no muy estudioso y tenía momentos de rebeldía que ya le habían valido un par de castigos, aunque él no lo había castigado personalmente. En su clase, sin embargo, se mostraba más atento, pero no lo suficiente como para ganarse la estima del profesor. Si el chico no ponía de su parte, era poco lo que podía hacer Severus.

Tal vez tenía que dejar de verlo como un alumno...

-Está muy rico- dijo la mujer. Severus asintió con lentitud, respiró hondo y preguntó:

-Ahora... ¿puedo saber qué fue lo que pasó?- Hermione bajó la vista, pero no respondió. Él no insistiría más si Hermione no quería que se entrometiera. Después de todo, era algo privado entre ella y su hijo.

-Es sólo que... Alex no está muy contento con esto- confesó, con los ojos clavados en sus propias manos. Snape se lo suponía, pero no por eso era más alentador-. De hecho, no está nada contento... No imaginé que se lo iba a tomar tan mal...

-¿Así de mal?- inquirió Severus, sólo por decir algo.

-Sí, así de mal.- Hermione dejó los cubiertos encima de la mesa y se restregó la cara-. No le agradas... dice que no está dispuesto a aceptar lo nuestro, que se burlarán de él... que te prefiero a ti- terminó de hablar con gran pesar. Snape se sintió horrible. Le dio un pequeño sorbo al vino, como si éste ayudara a disolver la amargura en su garganta.

-¿Y qué le dijiste?

-Que tiene que aceptarlo, porque yo estoy en todo mi derecho de rehacer mi vida- respondió Hermione, sonriendo tristemente-. Fue peor.- Suspiró y se agarró la cabeza con las dos manos, apoyando los codos en la mesa-. Siempre es lo mismo, pero nunca lo había visto tan enojado... y no quiero hacerte pasar por esto...

-A ver, Hermione, no sigas- la atajó Severus, entendiendo el punto-. La frustración de tu hijo es comprensible... No le caigo bien, porque en clases es... un poco desordenado, y no puedo hacer nada si él no coopera.- La mujer apretó los labios y bajó la vista-. Sin embargo... podría intentar hacerle ver las cosas de otro modo, podría hablar con él.

-¿Harías eso?- preguntó Hermione, dudosa.

-Sí... si te parece bien.- Ella lo miró con una expresión de gratitud infinita, y Severus tuvo la leve sospecha de que ninguno de sus antiguas parejas había sugerido aquello. Se preguntó cómo un hombre podría despreciar la oportunidad de estar con ella por una cosa tan absurda. Bueno, muchos le tenían pavor al compromiso... como él, antes.

-Sería genial- manifestó la bruja, y le acarició el dorso de la mano a Snape, que respondió sonriéndole brevemente.

-Y... ¿vas a querer postre?


Convenientemente, Severus tenía clases con Alex a primera hora de la mañana. La noche anterior, Hermione había querido dormir sola en su habitación, por lo que él tuvo la libertad y tiempo suficientes para pensar bien cómo plantearía la situación. No debía ser demasiado brusco ni frío con el muchacho, pondría todo de su parte para no intimidarlo.

La clase transcurrió sin problemas, pero él notaba el fastidio en el chico, que evitaba mirarlo por todos los medios, estaba excepcionalmente callado... y algo triste. Eso sí que no era bueno.

-Weasley- llamó Snape lo más suavemente que pudo, una vez que la hora finalizó.

-¡¿Qué?!- bramó el muchacho, recibiendo una mirada admonitoria de su profesor.

-Quédate- ordenó, mientras se sentaba tras su escritorio y lo observaba acercarse arrastrando los pies-. Siéntate.

-¿Qué hice ahora?- preguntó de malas maneras Alex. Severus esperó a que todos los alumnos abandonaran el aula para hablar.

-Voy a pasar por alto tus insolencias... solamente porque hay algo más importante que debemos tratar.- Notó cómo el semblante del chico se transformaba de enfado a incomprensión-. Supe que tu madre habló contigo.- Alex asintió una vez con la cabeza, escapando a su mirada-, y que tú estás en desacuerdo con lo que contó... ¿o estoy equivocado?

-No- susurró el joven Gryffindor.

-Eso está bien- admitió Severus, y Alex alzó un rostro perplejo-. No siempre vas a estar de acuerdo con las decisiones que ella tome...- Apoyó los brazos en la mesa y entrecruzó los dedos-. Pero tienes que aceptar que es una mujer adulta que puede manejar su vida como considere mejor.- Hizo una pausa, para cerciorarse que estaba dándose a entender perfectamente-. Supongo que la quieres mucho, ¿verdad?

-Sí- dijo Alex en voz baja.

-Yo también la quiero- declaró el profesor Snape, sintiéndoes un tanto abochornado-. Y por eso, tú y yo tenemos que comprometernos a algo... ¿estás dispuesto?- Aguardó una respuesta, pero el chico no se la daba, simplemente se quedó mirando al piso y apretando la mandíbula-. Alex, ¿estás dispuesto?- repitió. Creía que usar su nombre serviría para entrar en confianza.

-Sí... claro.- Severus tomó aire.

-Entonces... ¿nos comprometemos a tratar de llevarnos bien?- Alex lo observó con aprensión por unos segundos-. No estoy diciendo que seamos amigos, sólo que seamos más amables el uno con el otro.- Como el silencio prevalecía, continuó:-. Mira, yo no te odio ni nada parecido, soy igual de estricto con todos mis alumnos, así que no pienses que tengo algo contra ti. Pero sí voy a ser más amistoso contigo fuera de clase.- El muchacho se veía confundido, y no se decidía a abrir la boca-. Lo quieras o no, vamos a tener que convivir fuera de este castillo... y será mucho más fácil si comenzamos desde ahora a dejar de lado nuestras diferencias... Al menos, hazlo por tu madre, yo no te puedo obligar.

-Está bien- masculló al fin. Sin embargo, luego de un momento, levantó la cabeza y, manteniéndole una mirada valerosa que Snape nunca le había visto, dijo:-. Pero usted... no tiene que ser como los otros...- Severus frunció el ceño y entrecerró los ojos.

-¿Qué quieres decir?

-Que... usted- balbuceó el muchacho, indeciso pero corajudo-. Usted prometa que no la va a hacer sufrir.- Snape sintió como si le hubiesen dado un golpe en el pecho-. Porque si lo hace... no me va a importar que sea mi profesor o que sea más grande que yo... Le voy a hacer la vida imposible, como sea...- Ante la evidente preocupación de Alex por su madre, Severus no pudo hacer más que sonreír de lado. Era bueno que alguien protegiera a Hermione, aunque ese alguien fuese un niño de once años que lo estaba amenazando-. Es en serio.

-Sí, lo sé... y me parece un buen trato- manifestó, Alex lo seguía mirando con fuego en sus ojos azules-. Nos llevaremos bien, ninguno hablará nada malo del otro frente a ella, y si yo llegara a hacerla sufrir... tú me torturarás como te plazca. ¿Hecho?- Snape extendió su mano derecha, y el chico la miró como si fuera lo más raro del mundo. Finalmente, después de dudar un minuto, estrechó la mano de su profesor y la soltó casi al instante.

-Bien- dijo Snape, sonriendo apenas-. Que no se te olvide. Puedes irte.- Alex asintió rápidamente con la cabeza, se puso de pie y caminó hacia la puerta, pero antes de salir, miró una última vez al hombre.

-Profesor.- Severus lo miró atentamente-. ¿Podría... no decírselo a mi mamá?

-Soy una tumba- respondió él. Alex esbozó una pequeña sonrisa en agradecimiento y se retiró.


A lo largo del día, tanto Severus como Hermione fueron felicitados por los otros profesores, que, como era de esperar, se enteraron en un santiamén. Al parecer, McGonagall se había dado el trabajo de esparcir el chisme. Lógicamente, los alumnos también lo supieron, de modo que, para la hora de la cena, todo Hogwarts hablaba de ellos. Los más incrédulos, miraban insistentemente a la pareja, buscando corroborar la información, pero ellos mantenían una distancia respetuosa, nada de besos ni abrazos. Lo peor que podían hacer era alimentar al monstruo de los chismes.

Hermione sólo se reía cuando los alumnos se le acercaban para preguntarle si era verdad, y Snape comenzaba a pensar que ella estaba disfrutando de lo lindo todo el interés generado. Algunos creían que el romance había nacido durante la época en la que Hermione era estudiante, lo que, de ser cierto, resultaría una bomba. Pero como no había hechos que lo aseguraran, y porque era una tremenda mentira, Severus no se preocupaba por eso.


-Qué día, ¿no?- comentó Hermione esa noche. Él acababa de llegar a su despacho y descansaba en un sofá-. Tienes que admitir que la cena fue muy graciosa... Todos pendientes de nosotros, esperando una escena romántica.- Severus resopló y cerró los ojos, mientras apoyaba la cabeza en el respaldo del sillón.

-Sí, muy gracioso- dijo sarcásticamente. Sintió cómo ella se sentaba a su lado y se acomodaba en su pecho.

-Oye, y... ¿hablaste con Alex?- preguntó ella con cautela.

-Sí.

-¿Y?- Severus despegó los párpados y la miró de reojo.

-Quedamos en buenos términos.

-Ah... ¿qué significa eso?- quiso saber Hermione, separándose de él para verlo mejor. Snape se enderezó.

-Que hablamos de hombre a hombre, sin insultos y sin rencores.- Hermione alzó las cejas.

-Vaya...- Se quedaron en silencio algunos segundos, mientras ella abría y cerraba la boca-. ¿Qué le dijiste?- preguntó entonces.

-No puedo decírtelo, Hermione, prometí no hacerlo- sentenció Severus, cruzándose de brazos.

-Vamos.- Ella lo abrazó y le dio un beso cerca de la oreja, a sabiendas de que eso lo volvía loco. Pero él se mantuvo estoico en su postura-. Dime.

-No.

-¡Soy su madre!- soltó Hermione, olvidándose de la dulzura de hacía un instante.

-Sí, pero no voy a romper la poca confianza que me gané- replicó el mago. Hablaba muy en serio, y ella pudo darse cuenta, ya que movió la cabeza afirmativamente y volvió a abrazarlo, recargándose en su hombro. Él descruzó los brazos y la envolvió con ellos-. Las cosas irán mejor... te lo aseguro.- Hermione le acarició delicadamente la mejilla, él giró el cuello para mirarla de frente.

-Eres el mejor- musitó la bruja, se inclinó y le dio un largo beso en los labios. Severus sonrió espontáneamente, respondiendo al beso.

Lucharía hasta sus últimas fuerzas para mantener a Hermione a su lado, porque ella, sus besos, sus caricias, sus palabras y sus sonrisas valían todos los sacrificios... Y su hijo también.


Como podrán notar, se está desarrollando la conclusión de la historia. Creo que quedan dos capítulos más para el final. Sé que muchas de ustedes odian a Ron, y odian también la idea de que Hermione haya tenido un hijo con él, pero ya sabrán en qué circunstancias se dio todo.

Severus está esforzándose por quedarse con ella, aun si tiene que empezar a llevarse bien con su hijo (y aceptar que Ron, quien nunca le agradó, es su padre). Me gusta imaginarme a Severus en papel paterno con un hijo que no es suyo (mi mente a veces demuestra que no está bien xD), pero así es como expresa el amor que siente por Hermione, que está dispuesto a todo por ella.

En fin... espero les guste este capítulo :)

Muchas gracias por leer y dejarme sus reviews.

¡Hasta la próxima!

¡Besos!

Vrunetti.