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-Los pensamientos pesimistas rondan por tu mente-

-"Seré buen rey"-

-"Seré… ¿buen hermano?"-

-Pensamientos en los cuales nublan a la meta que deseas llegar-

-La libertad-

Capítulo 10.- Suceso inesperado. (Penúltimo capítulo)

Pasaron los días desde la muerte de la científica real. Los monstruos no tomaron bien aquella perdida, tanto ella como sus gobernantes eran sus soportes, y ahora sólo les queda una cosa por la cual seguir.

El ambiente en cada una de las zonas del subsuelo se encontraba tenso, aunque el rey les ha dado esperanza, no les ha sido suficiente para cambiarles su forma de pensar: moriré aquí, nunca veré el sol nuevamente, no queda nada. El único deseo de todos ellos, es salir, salir como lo era antes, ser libres y vivir felices… pero el rey no lo conseguía.

Se llego a pensar entre algunos monstruos el derrocamiento del rey por no cumplir sus promesas, aunque eso les fue imposible ya que "alguien" divulgo el plan, haciendo que algunos de ellos desaparecieran misteriosamente.

Ahora, además de sentirse encerrados, comenzaban a sentir miedo por su propia seguridad. Si, el rey demuestra bondad, pero, ¿en realidad es así? ¿No será sólo una careta para ocultar su verdadero ser?

Algunos de ellos, a pesar de conocer de pequeño al rey, dudaban un poco de su verdadero comportamiento e ideales.

¿Y ese secretario o Lord?

El era completamente distinto al de antes. Ya no era gracioso, se le veía más apagado y cansado. Ya ni su gran confidente, Grillby, le hablaba. No se le veía dormido en cualquier parte, sus chistes se repetían y los nuevos eran bastantes desalentadores.

— ¿Escuchaste lo que dicen mis súbditos? — Hablaba el menor para iniciar una conversación "entre rey y secretario". — He escuchado que soy un pésimo rey.

— ¿Qué dicen que cosa? — Observa al menor, indignado por las palabras que denigraban a su hermano menor. — ¿Quiénes fueron?

— La verdad no lo sé, lo escuche por ahí y lo ignoré. — Confesaba el menor. — Me sorprendí conmigo mismo al darme cuenta que no me hizo sentir mal esas palabras, sentí como si me diese igual. — Recargaba su mentón en la palma de su mano. — Antes trataba con todas mi fuerzas hacerles cambiar de opinión o simplemente trataba de hacer bueno ese comentario aunque no lo fuese. Ahora sólo lo escuche, y lo ignore.

— Papyrus. — Miraba afligido al rey.

— Creo que… ya ni me importa si soy bueno o malo, sólo continuo con esto por pura costumbre. — Fija su vista en su arma de combate. — Me levanto temprano, visto mi uniforme, tomo el desayuno, doy rondines por todo el subsuelo, leo papeles, escucho las peticiones de mis súbditos, sigo viendo papeles… todo eso lo hago una y otra vez, día tras día, sin ningún cambio. De vez en cuando llegan humanos, pero ni siquiera he logrado verlos cuando ya han desaparecido. — Cierra sus cuencas por un momento. — Ahora creo que ya sé porqué dicen que soy un mal rey, nunca hago nada nuevo, nada innovador, nada para hacer que todos seamos libres. Ahora que Alphys no está más es difícil conseguir una manera más para romper la barrera.

— ¿Sigues dispuesto a romperla? — Interrumpía el discurso el mayor.

— Si, lo prometí en mi coronación. Lo único que me queda, es seguir los mismos pasos del anterior rey. — Terminando de hablar, el silencio inundo la sala del trono por unos segundos.

— ¿Qué? — Pregunto exaltado por las últimas palabras escuchadas. — ¿Quieres hacer lo mismo que Asgore?

Asiente ligeramente. — Debí haberlo hecho desde un principio, y no ilusionarme con mis infantiles ideas. Después de todo, ese es el deber del rey, sacrificarse y ensuciar su moral por sus súbditos.

— ¿En verdad quieres hacer eso? — Unas "cuantas gotas de sudor" bajaban por su cráneo, se encontraba nervioso.

— ¿No he sido claro? — Respondía desganado.

— Entonces, no es necesario que hagas ya nada de eso. — Confesaba el mayor.

— ¿Eh? — Se sintió intrigado. — ¿A qué te refieres?

— De eso ya me he adelantado. — Contesta mirando al menor.

— ¿Adelantado en qué? — Preguntaba de nuevo, estaba confundido.

— En recolectar las almas, ya llevamos seis. — Y como sucedió hace unos minutos, la sala se encontraba en silencio.

— ¡¿De nuevo?! ¡De nuevo me has ocultado cosas! — Se levanta de su asiento estrepitosamente. — ¿Dónde las tienes? ¡Dímelo en este mismo instante, te lo ordeno! — Dio una orden el rey.

— En una sala del castillo. — Sus cuencas empezaban a oscurecerse.

— ¿En cuál de todas? Se específico, Sans. — Exigía el menor.

— En el sótano. — Diciendo en qué lugar ocultaba aquello, su hermano menor se dispuso a ir a ese lugar sin decirle nada más.

— Nunca había entrado a este lugar… — Mira los "envases", los cuales tenían como contenido almas humanas. — debí ser más observador y quisquilloso en conocer todos los rincones del castigo, así me hubiese ahorrado de uno de tus tantos secretos. Soy tan idiota.

— No digas eso. — No le gustaba escuchar esas palabras.

— No pedí tu opinión. — Lo ignoro. — Sólo falta una, y cuando la obtengamos, las absorberé y romperé la barrera.

— Es peligroso, tal vez no soportes… — Fue callado por la mirada del menor.

— ¿Qué he dicho?

— …

— ¡Majestad! ¡Majestad! — Se escuchaba gritar a uno de los guardias.

— ¡Aquí estoy! — Respondía al llamado. — ¿Qué sucede?

— ¡Un humano! — Grito lo que había descubierto.

— ¿Otro? — Poso sus manos en "su cadera".

— En realidad… siento haberlo visto antes. — No se encontraba muy seguro de sus palabras.

— ¿Es uno de los que hemos perdido?

— No… — Negaba mientras movía su cabeza a los lados.

— Quieres decir… — El terror inunda su cuerpo poco a poco. — es… — Las palabras no salían.

-¿Mi mejor amigo?-