El universo de Harry Potter, personajes, hechizos, cosas varias y todo lo que reconozcan, es de J.K. Rowling. Este fic está escrito por simple placer y morbo. Muchísimo morbo. Nada más y nada menos.
Título: No fue amortentia.
Beta: FanFiker-FanFinal.
Capítulos: ¿Fics cortos? ¿Eso existe? xDDD
Advertencias: Slash/Lemon/EWE/PWP. Ésta es una historia que narra relaciones homosexuales, malas palabras, un montón de sexo con poca coherencia, doble sentido y muchas cosas pervertidas que podrían crearte un profundo trauma si no eres adepto a ese tipo de lectura. Si no es de tu agrado y has entrado aquí por alguna clase de malicioso error, te pido amablemente que abandones cuanto antes esta historia. ¡Huye! Dicho está; sobre advertencia no hay engaño.
No fue amortentia
Por:
PukitChan
Capítulo 11
La decisión
«En medio de aquel fuerte vendaval que soplaba de frente, lo más que pude hacer fue abrir los ojos, tomar aliento y seguir adelante.»
―Haruki Murakami
A eso de las tres de la mañana de aquel frío sábado, una densa lluvia que duró hasta el anochecer, cayó sobre una gran parte de Inglaterra. El sonido de las gotas golpeando el vidrio de la ventana, fue lo que consiguió despertar a Adam, luego de un sueño repleto de imágenes confusas y recuerdos lejanos. No se lo había dicho a nadie, pero sus memorias, aunque extrañas, comenzaron a aparecer desde el momento en el que aquel hombre rubio llegó a Spem.
Adam apretó sus puños; no era la primera vez que sentía esa interna frustración. Era como si estuviera corriendo tras algo, pero sin importar cuán veloz fuera, no podía alcanzarlo. Sin embargo, Adam sabía que la llave para entender su pasado y, sobre todo, quién había sido antes de Harry, Luna y Spem, la poseía aquel rubio. No podía explicar cómo había llegado a esa aseveración tan profunda. Simplemente era así y nadie podría convencerlo de lo contrario.
Y creyendo en eso, Adam había comenzado a visitarlo. Quizá temblando de miedo, tal vez repitiendo los hábitos ansiosos que quedaron grabados en él desde que había sido torturado, pero intentando comprenderlo. Si bien, durante los días pasados nunca había conseguido aproximarse al rubio a pesar de estar en la misma habitación, presintió que esa madrugada sería diferente.
Animándose entre murmullos a sí mismo, Adam se incorporó de la cama, temblando cuando sus pies tocaron el frío suelo. En la cama vecina, Xavier, el hombre con el que compartía habitación, dormía tan profundamente que ni siquiera escuchó el ruido de Adam cuando azotó la puerta de manera involuntaria: siempre le ocurría porque no sabía medir su fuerza. Por eso había desarrollado el hábito de dejar las puertas abiertas.
Caminó a tientas, apoyándose en la pared para guiarse. A su alrededor, lo único que se escuchaba eran los extraños sonidos de los insectos y la feroz lluvia atacando el techo de la fundación. Confiado, y asegurándose a sí mismo que todo estaría bien, Adam cruzó el lugar, subió las escaleras rechinantes y sujetó el picaporte de la puerta donde descansaba el rubio. Apenas la abrió, el dulce aroma del sándalo acudió a su encuentro. Sin poder evitarlo, pensó en Luna y su costumbre de poner incienso en las habitaciones.
«El sándalo es un aroma tan antiguo como la misma magia» le había dicho ella alguna vez, cuando hizo lo mismo en su habitación. «Ayuda en la armonía del cuerpo y el alma».
Adam no sabía si eso era verdad, pero el aroma le ayudó a controlar el temblor de sus pies y manos. Con su miedo latente, pero apaciguado, él dio los pasos que no se había atrevido a dar en sus visitas anteriores: se acercó a la cama de Draco. Cuando estuvo lo suficientemente cerca para contemplarlo, se sentó en la silla que estaba frente a la cama. Al lado, sobre un pequeño buró, una vela lo alumbraba lo suficiente para que Adam pudiera contemplarlo y analizarlo.
Tratando de ignorar los acelerados latidos de su corazón y el movimiento nervioso de sus pies que había iniciado otra vez, Adam miró las facciones del otro, sorprendido, pero aliviado, de que no despertara. El rubio era un hombre atractivo, algo que no podía evitar notarse, incluso cuando dormía de aquella manera tan tranquila. Por un momento, Adam quiso recargar su oído en el pecho ajeno, solo para comprobar que realmente estaba vivo; había visto dormir a muchas personas, pero nunca con una respiración tan sosegada. Al continuar mirándolo, se dio cuenta de la desordenada venda que cubría su brazo; parecía casi como si alguien la hubiera dejado desarreglada a propósito, como si esperara que Adam viera lo que cubría.
Así fue.
Adam sujetó el brazo e intentó acomodar la venda con sus manos temblorosas, logrando únicamente ver la imagen que se escondía detrás de ellas: era un dibujo, tal vez un tatuaje que alguna herida había deformado hasta que la calavera y la serpiente parecían una unión grotesca y difícil de ver. Curioso, Adam intentó tocarla, pero en un acto reflejo alejó su mano, porque parecía que algo en ese tatuaje parecía atraerlo; era casi como si tuviera vida propia. Como si al tocar la deformada imagen, esta lo arrastraría a un lugar donde no habría regreso. Aterrado por esa sensación, Adam se puso de pie y salió corriendo de la habitación, permitiéndose sentir todo el dolor y el pánico, y también de derramar el llanto que había estado reprimiendo y que agotó la escasa energía mental que poseía.
Adam se desmayó antes de llegar a las escaleras y allí fue donde Luna lo encontró algunas horas después, cuando se dio cuenta de que no estaba en su habitación y acertadamente supuso dónde podría encontrarlo. Con la ayuda de unas enfermeras, consiguió trasladarlo en una camilla hasta su habitación. En Spem era cotidiano que algún paciente escapara de su habitación por la noche, pero era la primera vez que Adam lo hacía.
Cuando llegaron a la habitación, Luna se sentó en la cama, a un lado de Adam, acariciando con ternura su cabello hasta que sintió algo que hacía mucho tiempo no existía en él. Xavier, el compañero de Adam, entrecerró sus ojos al divisarlo y evitó todo contacto con él hasta que logró salir de allí, con la ayuda de una de las enfermeras. Luna sabía que la mayoría de los pacientes de la fundación habían desarrollado, casi de manera involuntaria, una enorme facilidad para reconocer magia oscura, algo que en realidad no debería ser sorprendente, dado que eso los hizo enfermar. Cansada, suspiró. Aunque lo comprendía y sabía que debía ser así, no era sencillo permitir que personas queridas tomaran los caminos más difíciles, sobre todo cuando estos eran los únicos que se podían seguir. Adam cada vez estaba más cerca de Draco y no era por simple casualidad.
—Luna.
Ella levantó la mirada, sin dejar de acariciar el cabello de Adam. Su mirada y sus ojos sonrieron al reconocer a Rolf apoyado en la entrada con una desfachatez tan curiosa que, si eras de las personas que no mirabas más de una vez a otros, no podrías pensar que fuera alguien que pudiera ayudar en Spem.
—¿Sucede algo?
—Depende de cómo quieras tomarlo —murmuró, acariciando su incipiente barba—. Recibí una lechuza de Hermione. Al parecer, Harry se cansó de sus obligadas vacaciones. Llegará hoy, después de su guardia en San Mungo, a eso de las cuatro.
—Él nunca ha sabido descansar —comentó, alejando su mano de Adam y poniéndose de pie. El hombre frunció su ceño, pero no despertó, y cuando Luna se acercó a Rolf, él aún lo miraba a pesar de la distancia.
—Escuché lo que pasó. ¿Está bien?
—Lo estará —afirmó, sujetando la mano de Rolf para darse fuerzas, porque él tenía esa extraordinaria capacidad para apoyar cualquier idea, sin importar cuán ilógica pareciera. La prueba de ello era que estaba allí, con ella, en Spem—. Y si no, encontrará una manera de estarlo.
No pasaron más de tres minutos luego de que Rolf y Luna salieran, cuando Adam despertó desorientado, pero aún con la sensación de pánico corriendo por sus venas. Al encontrarse en su habitación, en un entorno que le era familiar, comenzó a calmarse e intentar comprender todos los pensamientos que iban y venían en su mente con tanta rapidez que pronto tendría un dolor de cabeza. Se cubrió el rostro con ambas manos y ahogó un sollozo que culminó en lágrimas cuando entendió por qué ese hombre le daba tanto miedo: era el que lo había dañado, dejándolo incapacitado para lograr muchas cosas durante lo que le restaba de su vida.
Por más que le insistieron, no se levantó ni comió nada durante las siguientes horas.
Adam no sabía qué hora era ni por qué, maldita sea, interrumpían su sueño, cuando unos grandes dedos palparon su muñeca, intentando encontrar su pulso. De mal humor por el dolor que hacía pulsar su cabeza, abrió un ojo y se encontró con la seria, aunque más descansada, expresión de Harry. Sin embargo, ese día parecía diferente; quizás era por el pantalón tipo militar y la sencilla playera negra que portaba. No estaba acostumbrado a verlo sin algo que lo identificara como el hombre que lo cuidaba. Por un instante, Adam consideró aventar la mano del sanador y volverse a acurrucar, pero el cariño que le tenía le impidió hacerlo. A pesar de lo que muchos se negaran a creer, él sabía que Harry había estado allí, día con día, para apoyarlo.
—Me dijeron que estás en una especie de aislamiento voluntario —musitó Harry, deteniendo sus dedos. Al parecer había descubierto que sí, su corazón seguía latiendo.
—Rolf me dijo que estabas castigado —respondió, sentándose en la cama con la ayuda de Harry, quien sonrió al escucharlo mientras le daba unos golpecitos en la espalda y le pedía respirar con suavidad.
—Nunca he sido bueno siguiendo las reglas… —Luego, lo miró a los ojos y su expresión cambió; ya no era el sanador, sino la persona que se preocupaba por él y que lo había rescatado de las calles—: ¿Qué pasa, Adam?
El aludido miró hacia la ventana. Le sorprendió darse cuenta de que afuera seguía lloviendo y que quizá muy pronto, aquello se convertiría en una tormenta.
—¿Cómo… cómo se llama el hombre rubio que está dormido en el último piso?
Si Harry se sorprendió por su pregunta, supo cómo ocultarlo. Se sentó correctamente y analizó cada detalle de su expresión, como si de esa manera pudiera descifrar qué era lo que atravesaba por su mente. Adam, que nunca antes había recibido una mirada tan intensa de parte de esos ojos verdes, retorció las sábanas y supo de inmediato que no podría mentirle por mucho que su dañada mente intentara hacerlo.
—Yo… —contestó a la muda pregunta—, cuando no hay nadie, lo veo. Y me da miedo… pero sé que nos conocemos y yo solo quería… s-saber…
—Se llama Draco Malfoy —respondió Harry, aunque parecía como si estuvieran arrancándole el más privado de sus secretos desde lo más profundo de su alma. No obstante, y pese a la dureza de su voz, sus ojos seguían brillando con la aceptación de alguien que sabía que no podía retrasar aún más lo inevitable—. Hace algunos años hubo un conflicto en el que muchas personas salieron lastimadas.
—¿Yo? —Harry asintió.
—También tú. —Tras un largo suspiro y apretar sus labios, continuó—: Sigo creyendo que no hubo una victoria, precisamente por todo lo que se perdió. Draco, al igual que muchos otros, fue una pieza más en este problema y se equivocó muchas veces. Hizo cosas terribles para poder sobrevivir… pero también fue por él que muchos otros lograron vivir para poner fin a todo ese conflicto. Él me salvó, quizá aterrado y motivado por la culpa, pero lo hizo. Otra persona en su lugar no lo hubiera hecho.
—¿Es una mala persona?
—Quiero creer que no es malo ni bueno. Simplemente es una persona.
—¿Él… me hizo esto?
Harry tardó en responder, pero cuando lo hizo, su voz mostró la firmeza que no sentía en sus pies.
—Sí, fue él.
Adam agachó su rostro, preguntándose qué clase de persona había sido antes de terminar refugiado en Spem. No sabía cómo había sobrevivido o si tenía una familia. No sabía si allá afuera había alguien esperándolo; alguien que estaba dispuesto a recibirlo con los brazos abiertos, a pesar de lo maltrecho que estaba.
Cuando Adam, con sus pasos temblorosos se incorporó de la cama y empezó a caminar hacia la ventana, Harry no pudo evitar pensar en que nadie, por más que lo intentara, podía escapar de su destino. Y era curioso estar allí, porque solo hasta ese momento, tras esa conversación, Harry se dio cuenta de que Adam y él, de cierta manera, formaban parte de las decisiones de Draco: eran al que dañó y al que salvó.
Al estar seguro de que sus piernas no le fallarían, Harry se incorporó también. Eliminó, una vez más, la distancia que Adam había marcado y tocó su hombro. Ahora, con ambos de pie y mirándose frente a frente, Harry se preguntó qué era lo que debía hacer. ¿Debía permitir que Adam continuara indagando sobre Draco? ¿Y si de algún modo eso dañaba a uno o a ambos?
—Él… tiene algo que me da mucho miedo —musitó. Harry contuvo el aliento; inconscientemente parecía estarse preparando para una última declaración que mermara sus fuerzas—. Tú… también lo t-tienes.
No tuvo tiempo para preguntarle a qué se refería. Pensó en todas las posibilidades, pero no halló una hasta que Adam bajó su mirada y sus temblorosas manos sujetaron el borde de la playera de Harry. Y fue cuando el sanador consiguió comprender sus palabras. Despacio, más bien temeroso, Adam levantó la tela, revelando el fuerte abdomen de Potter, donde, sobre la suave piel, estaba tatuada la Marca Tenebrosa.
La misma que Draco poseía.
Los estudios médicos de Harry sobre la Marca Tenebrosa habían iniciado casi dieciséis meses atrás, cuando fue solicitado por Azkaban para atender a Albert Nott. Si bien, no era la primera vez que ocurría (además de tener especialidad en magia oscura, Potter era uno de los pocos sanadores que se atrevían a atender a Magos Tenebrosos), no dejó de parecerle una llamada extraña. Generalmente los celadores de la prisión eran inmunes a los gritos de dolor y de locura que hacían temblar las paredes; inclusive, para indignación de Harry, podían ser crueles con ellos.
Harry solía atender presos desnutridos y llenos de infecciones. También estaban aquellos que se habían lastimado a sí mismos en sus inútiles intentos de escapar, pero en realidad era más común que él los ayudara en sus últimos momentos de vida. Normalmente, Harry llegaba a una celda y hacía un rápido chequeo, tratando de ignorar el mal olor, las costillas visibles, la sonrisa demente y los ojos inyectados en sangre derramando sus últimas lágrimas. Con un sencillo pase de su varita, el sanador aprendió a reconocer el rostro de una de las muertes más horrendas: había unos latidos suaves, unos labios agrietados y una débil muestra de magia. Luego, sin decir palabras, miraba a los presos y veía en sus ojos todas las vidas que habían destrozado. Algunos se arrepentían; otros no. Incluso hubo quien murmuró el nombre del amor de su vida.
Uno de ellos fue, precisamente, Albert Nott.
Al principio, Harry no lo reconoció. Era normal, por supuesto. Cuando la guerra estalló, e incluso durante las peleas en las que lucharon perteneciendo a bandos enemigos, era un hombre muy distinto. Azkaban, como no podía ser de otra manera, lo había consumido hasta dejarlo en los huesos. Sin embargo, Nott no tenía las características comunes de la muerte de un prisionero; su muerte, supo Harry poco después, era la muerte que provocaba la Marca Tenebrosa. Todo su dolor se esparcía a través de su brazo, donde Potter descubrió que el terrible tatuaje estaba corroyendo la piel, cual mortal ácido. Sus venas se habían tornado completamente negras, y cuando Harry intentó aliviar su agonía, el hombre lo detuvo, murmuró el nombre de su esposa y murió, con la única frase que nunca pudo decirle a su único hijo, atrapada entre sus labios: Perdóname, Theo.
Tras los correspondientes trabajos post-mortem, Harry se ofreció a informar de la muerte de su padre a Theodore Nott. Nunca lo había tratado y jamás le hubo dirigido algún pensamiento, pero había sido parte de su curso durante su estadía en Hogwarts. Theo lo recibió con una fría amabilidad en su mansión, pero siempre prestó atención a cada explicación de Harry, respetándolo como sanador, entendiendo cómo había muerto su padre y cuáles habían sido sus últimas palabras. Cuando todo quedó resuelto y Potter estaba a punto de marcharse, Nott lo detuvo al murmurar:
—Gracias a la memoria de mi madre, y a que el Lord estaba más interesado en humillar a los Malfoy por sus terribles fallas durante la guerra, fue que mi padre consiguió rechazar la propuesta de Lucius acerca de tatuarme la Marca Tenebrosa también, para ser parte de ellos.
Harry recordaba haber guardado silencio, esperando por algún detalle más que le explicara por qué Nott le estaba diciendo aquello. Si existía algo que siempre le había irritado de los Slytherin eran sus mensajes encriptados. ¿Acaso no podían decir simplemente lo que les preocupaba y ya?
—No sé si eso lo vuelve un mejor padre —comentó Harry. Theo, no obstante, cruzó sus brazos y entrecerró sus ojos.
—No todos tuvieron mi suerte, Potter. —Luego, tras una pausa significativa en las que ambos no desviaron sus miradas, porque Harry sintió que lo estaba evaluando para comprobar que era una persona digna de confianza, Nott añadió—: Tal vez la muerte de mi padre sea la que él mismo se buscó, pero hay quienes no la merecen.
—¿La muerte?
—La muerte propiciada por la Marca Tenebrosa —aclaró.
Oportunamente, el elfo que Theo había llamado para acompañar a Harry a la salida de la mansión, en ese momento apareció, impidiéndole cuestionarlo. Sin embargo, aquella última conversación rondó en la mente de Harry durante todo el día, hasta que, atendiendo a uno de sus pacientes, consiguió comprenderlo.
Nott habla de Malfoy. De Draco Malfoy.
Durante esos años, y más veces de las que a Harry le gustaba admitir, Draco había ocupado algunos de sus pensamientos, generalmente cuando sus respectivos trabajos los hacían encontrarse en las distinguidas reuniones celebradas por el Ministerio. Draco siempre se mostraba galante, educado y parecía que su mirada bastaba para encandilar a la mayoría de personas que estaban siempre a su alrededor. Ellos no habían intercambiado, hasta ese momento, los saludos de un par de adultos correspondientes a esos eventos, pero Harry sabía que así fue como nació la tensión sexual que existía entre ellos; siempre a la distancia, siempre mirándose, defendiéndose del otro aunque no hubiera razón para ello. Analizando cada paso, cada detalle, cada movimiento. Eran, después de todo, enemigos. O al menos eso decía su historia y los rumores que corrían por los pasillos del Ministerio.
En una de esas fiestas, Harry pudo observar la manera en la que Draco se detenía solo un momento y, siendo en extremo cuidadoso para que nadie se diera cuenta, apretaba el brazo donde estaba la Marca y fruncía el ceño en una evidente muestra de dolor. Sin embargo, tan rápido o inesperado como había llegado, debió irse porque el rubio no volvió a prestarle atención.
Tal vez para Draco era común que, de tanto en tanto, la Marca Tenebrosa doliera, pero esa noche a Harry lo asaltó el pánico de qué pasaría con el rubio, su némesis favorito, si un día terminaba consumido, al igual que Albert Nott, por la magia oscura de la Marca. Y aunque no fuera de su incumbencia ni Draco lo supiera, Harry sintió revivir sus instintos de héroe al prometerle en silencio que lo libraría de ella.
Tienes derecho a decidir cómo quieres morir, pensó Harry, por eso te salvé del fuego maldito en la Sala de los Menesteres. Por eso borraré ese tatuaje de tu piel.
Y con la misma firmeza con la que se propuso ser sanador, comenzó a investigar las raíces mismas de la magia oscura y los mortífagos. Se apoyó en Hermione y en el Ministro mismo para conseguir que los inefables le permitieran husmear en algunos de sus archivos, y hasta aceptó dar una clase especial en Hogwarts a cambio de llevarse algunos libros de la Sección Prohibida. Le había costado muchos meses de investigación, ensayo y error, pero finalmente consiguió tatuarse la Marca Tenebrosa con, estaba convencido, el mismo proceso con el que Voldemort lo hizo.
El siguiente paso, claro, era desaparecerla por completo. No obstante, cuando sus primeros avances estaban dando resultado, ocurrió lo de Draco y Adam, así que su investigación quedó casi olvidada en un rincón de su oficina. Y ahora estaba allí, recordando todo eso mientras Adam miraba la Marca Tenebrosa que tenía tatuada en su abdomen, intentando tocarla.
Harry contuvo el aliento cuando uno de los temblorosos y fríos dedos de Adam se deslizó por su piel. Fue un contacto electrizante por el ligero estallido que la magia oscura había liberado al intentar defenderse. Y aunque Potter no se sorprendió (Ian y Allison habían experimentado lo mismo cuando iniciaron uno de los primeros procesos curativos), Adam dio un respingo y alejó su mano, asustado por el contacto. El sanador creyó que eso bastaría para saciar su curiosidad, y quizás con un poco de suerte, no volvería a acercarse a Draco, pero Adam rápidamente lo contradijo al volver a acercar su mano, acariciando esta vez la zona donde estaba dibujada la calavera. La recorrió, no con la pasión de un amante, sino con el desesperado deseo de alguien que intentaba comprender cómo es que la vida había pasado sin que él se diera cuenta de ello. Era un momento íntimo, mas no sensual. Y Harry, por un momento, deseó abrazar a Adam y pedirle una disculpa por todo lo que le había hecho pasar en su afán de ayudarlo.
Adam detuvo sus movimientos, pero no alejó su dedo de la Marca. Alzó su rostro y sus ojos, que no tenían esa nube de confusión que Harry se acostumbró a ver, brillaron con seguridad al pronunciar:
—Tienes que desaparecerla, Harry. Debes borrarla para siempre.
Una promesa. Harry ya había olvidado cuántas promesas tenía sobre sus hombros, pero aun así aceptó. En seguida, Adam volteó y su expresión volvió a ser la misma de siempre, la de ese hombre confundido y herido que a veces parecía recordar quién era, pero que nunca duraba demasiado como para hacerle entender cuán dura estaba resultando ser su vida. Sus tics nerviosos volvieron tan rápido que, Harry pensó, había estado viviendo dentro de un milagro.
Adam le lanzó una mirada confundida y miró a su alrededor, parpadeando demasiado rápido. Luego, como si fuera eso lo que habían estado hablando durante los últimos minutos, Adam indicó que estaba bien, que tenía hambre y aceptaría ir al comedor, siempre y cuando fueran Rolf y Luna quienes lo acompañaran. Salió de la habitación, ignorando a Harry con la misma facilidad con la que la lluvia caía del cielo. Al final, cuando Harry comprendió que no obtendría nada presionándolo, decidió visitar a los otros pacientes de Spem para continuar con sus respectivos tratamientos. En la noche, después de la cena, hablaría con Luna de lo que acababa de ocurrir. Seguramente, como casi siempre que hablaba con ella, le ayudaría a esclarecer sus pensamientos.
—Qué lluvia tan desagradable —masculló Harry en voz alta, a nadie en particular, cuando la noche había caído después de ese día particularmente largo. Se sobó la sien, suplicando para que ese dolor de cabeza lo dejara en paz. Sonrió al pensar en la ironía de que, siendo sanador, no pudiera aliviar algo así. Se recargó en la pared más cercana, preguntándose si era por eso por lo que algunas las personas fumaban: para poder remplazar una ansiedad por otra que podían controlar con mayor facilidad. Descompuso su rostro en una mueca desagradable; estaba deseando fumar cuando odiaba el cigarro. Así de desesperado debía estar.
Decidió, al igual que la mayoría de los habitantes en Spem, ir a descansar. Ya habría otro día para pensar.
Al día siguiente, muy temprano y con las últimas gotas de lluvia golpeando el suelo, Harry decidió visitar a Draco. Había estado postergando ese momento a propósito; sin embargo, cuando reunió valor y abrió la puerta de su habitación, no pudo creer lo que sus ojos veían.
Nadie sabía cómo ni en qué momento de la noche ocurrió. Al parecer, simplemente pasó.
En la habitación de Draco, con la palma de la mano sobre la Marca Tenebrosa de su brazo, se encontraba Adam. Un Adam que, al igual que el rubio, estaba profundamente dormido, sin que nada ni nadie consiguiera hacerlo despertar. Un Adam que también decidió encerrarse en su propia realidad.
Tienes que desaparecerla, Harry. Debes borrarla para siempre.
Autora al habla:
¡Hola mis amores! :D! ¿Cómo están, cómo están? Espero que fanfiction no esté dando lata. Se supone que esta actualización tiene que llegar con todas las alertas, así que entrando desde el link es posible que sea leído. xD ¿Ven? ¡Sí sirven las alertas para la historia! XDDD ¡Gracias a todos los que han decidido entonces ponerla en sus alertas! :D!
Bueno, pasando al capítulo, Adam y Draco tenían que encontrar una manera de comunicarse y aquí está. Es un capítulo que reparte muchísima información y espero que no haya soltado demasiada de un solo golpe. ¿Qué opinan? Es uno de los capítulos que más he disfrutado escribir, pero creo que lo veo como la calma que antecede a la tormenta final (¿Otra? xD). Así que :s ¡Crucen sus dedos por rescatar a sus personajes favoritos! xDD
Chicos, chicos, otra cosa que quería agradecerles. ¡Muchas gracias por los más de 200 reviews para esta historia! *0* OMG! Vamos once capítulos y es una cantidad increíble y ustedes saben que siempre me emociona contar con tantísimo apoyo de su parte TTwTT Ninguna experiencia en fanfiction sería igual sin su compañía, lo sabes. ¡Os quiero un montón!
¡Muchas gracias a FanFiker-FanFinal por el beteo! Cielo, miles de flores para ti. Te mereces todo los abrazos de osos y derrame de miel por toda la ayuda. :D
M3liii; ¡hola, cariño! Tienes razón, ha pasado bastante tiempo desde la última vez que nos leímos. La verdad es que se me escapó un poquito (bueno, tal vez bastante) la trama de esta historia, jajajaja. Creo que te doy la razón en que Harry realmente quiere tanto a Draco para preocuparse, pero jo, que el hombre tiene que aprender a cuidarse y no a extralimitarse. ¡Muchas gracias, me alegra muchísimo que hayas disfrutado del final de esa historia, jajaja! Sobre la Sala de los Menesteres, en realidad sí hay una razón por la que Draco optó por encerrarse allí de entre todos lugares, pero revelarlo ahora sería revelar una parte de la trama que vendrá en los siguientes capítulos xD, así que a hacer deducciones. ¡Gracias por toda la paciencia y continuar aquí! ¡Un beso enorme!
Perla; ¡hoooola, Perlita! X3 Ha llegado el punto en el que Harry estorba, JAJAJA. Nah, tiene que cumplir otras obligaciones importantes para la trama, juajua. :D ¡Gracias, amore mío!
¡Muchas gracias a Izlandi, Paulinafujoshi, .3, seremoon, lucas1177, AnataYume, Acantha-27, Kuroneko1490, aoki ashia, xonyaa11, M3lii, Waruteru, Nais24, Persephone Vulturi Uchiha, MaHo Peverell, coptesita, jess Granger s, Perla, Tlacuilo1 por sus reviews genialosos!
¡Gracias por leer, excelente semana! :D
