Sakura Kinomoto asegura que su clima preferido, es el domingo. Soleado, nublado, frío, lluvioso domingo. Cuando es libre de los tediosos deberes escolares y puede ocupar su cabeza en todo lo demás.
Le encantaba cuando podía despertar a la hora en que su pereza se agota y sus ojos se alumbran, cuando era libre de tomar el desayuno a las dos de la tarde y la comida a las dos y media, Le gustaba estar en su cuarto, comiendo golosinas con su gato y leyendo libros que la mantenían abstraída de la realidad, reuniendo las palabras que cree, serán importantes en su vida.
Le gustaba todo eso, en un domingo cualquiera. Y lo dice en tiempo pasado, porque ha descubierto nuevas actividades que le gustan aun más.
Ha descubierto cuanto le gusta tomar la mano de Shaoran. Caminar junto a él por las calles, rodeados de desconocidos, sintiéndose parte del mundo.
Sentarse muy cerca de Shaoran, mientras beben chocolate caliente y esperan a que el dulce les llegue a los ojos. Para cuando han terminado la bebida, les basta una mirada para llenarse del calor que les inunda las mejillas.
Abrazar a Shaoran, mientras esperan el autobús a un nuevo destino, se detienen un momento a admirar el lago o simplemente observan con interés los miles de aparadores de las tiendas. Las joyas, la ropa, la comida, el postre para aquella niña rubia, la tienda de mascotas, las miles de sonrisas complacidas.
Estaba a punto de nevar, tenían la nariz roja y las manos unidas, cuando decidieron que tenían hambre.
Hablaban, en todo momento y sobre todos los detalles, pues ahora se sentían parte del gran escenario y podían notar las peculiaridades del mundo.
"¿Las meseras tendrán siempre esa expresión en la cara?" Pregunta Sakura, un vez que recibe su orden de ramen. Comenzaba a plantearse la posibilidad de no huir al circo y mejor ser mesera, la chica que los atendía parecía tener una sonrisa eterna. Quizá le pagaban por tener buena cara.
"Espero que no. Podría llegar a perder un diente y con ello el empleo." Le respondió Shaoran, incomodo con la sonrisa eterna de la chica morena.
Comieron, ambos disfrutando y compartiendo sus platillos favoritos, preguntándose cómo sería estar en ese preciso momento en Italia, sentados en algún lugar, pidiendo una enorme pizza verdadera. Hablando con esa tonada tan peculiar y con alguna otra mesera rubia de eterna sonrisa y quizá nariz asomada. Les parecía tan pequeño el mundo.
Después de comer regresan a los puestos, esta vez con intención de entrar en los que más les interesen, aunque después de entrar al primero comienzan a pensar que es una mala idea.
Un tiempo atrás, podían entrar a cualquier tienda sin ser fastidiados. Es cambio ahora, simplemente con acercarse un poco a cualquier tienda, los vendedores los llenan de atenciones, preguntas y frases convincentes. No les permiten apreciar los artículos, ni la tienda, ni el día.
¿Por qué tenía que ser así? ¿Es que ahora lucían tan mayores, tan poderosos como para comprar el estado completo?
La curiosidad siempre es más grande que el temor y ambos terminan entrando a un local de antigüedades. Sienten un gran alivio al ver que la dueña es una amable anciana, que se limita a sonreír y observarlos desde el mostrador.
Se dejan las manos por un momento, para explorar cada uno el interesante lugar.
Shaoran encuentra de inmediato un enorme fonógrafo, miles de viniles y una colección de relojes de bolsillo. Casi nadie lo sabe, pero le encanta el sonido de esas viejas maquinas. Tanto la música de un buen disco, como el clic-clac de los viejos relojes, le recuerdan a su abuelo.
Aquel gran hombre, de espalda ancha, barba larga y palabras sabias. Shaoran extraña los días de verano, en que le permitían salir al campo con el abuelo, tirarse en el pasto, pasar toda la tarde comiendo moras y escuchando los viejos viniles.
Mientras tanto, Sakura no puede evitar ir directo a la sección de libros. Hay tanto que siente que la vista no le alcanza para explorar todos los títulos, portadas y formas.
Para Sakura Kinomoto no existe mayor tesoro que una "Primera edición". Disfruta el olor de las viejas y amarillentas páginas, porque asegura que sólo así se mantiene el significado de las letras.
Comienza a buscar títulos, autores, temas, envuelta en la maravilla de cada libro. Absorta en su pequeña burbuja, tanto que casi se olvida de Shaoran.
Y solo casi, porque en cuanto regresa de su pequeño paraíso, deja del lado lo libros y lo encuentra con la mirada. Está en la caja, platicando con la amable anciana.
Antes de llegar a su lado, Sakura observa discretamente el precio de aquel enorme fonógrafo y los viniles. Pasa saliva algo pesado y se promete ahorrar la mesada, sin comprar golosinas por algún tiempo. Quizá Kero no la perdone, pero un regalo así haría a Shaoran feliz.
Hacen una reverencia antes de salir de la tienda y regresan al mundo real. Ese, en el cual comienza a caer la noche y Sakura debe volver a casa antes de las siete, así que se toman de nuevo la mano y caminan hacia la parada del autobús.
No hablan mucho, pues con el fin del día latente se dan cuenta de esa sensación en la boca del estomago, caen en cuenta de lo que han hecho.
Han tenido su primera cita.
Han caminado todo el día de la mano, hablado sobre sus vidas, sus secretos, han compartido gustos, han ido a comer juntos. Han conocido otro poco de la ciudad, al tiempo que conocían más uno del otro.
No se miran, pero comparten la emoción apretando un poco más sus manos, dando los pasos restantes hasta la vacía parada del autobús.
Entonces, justo antes de llegar, Sakura recuerda el deseo en sus sueños adolescentes.
No puede evitarlo, necesita saber que tan grande puede llegar a ser lo que siente por Shaoran.
"Espera…"
"¿Pasa algo?"
"Solo… tu quédate aquí, quietito." Le dice, mientras lo acomoda estratégicamente frente a la banqueta y con las mejillas rosas, se sube ella a la misma.
Una vez estando a su altura, baja un poco la bufanda de Shaoran, hasta poder ver su cara, con los labios y la nariz roja por el frio.
Sakura hace a un lado su propia bufanda, gira la cabeza de un lado a otro para asegurarse de que no perderán el autobús y termina la inspección en la mirada de él. Ambos saben lo que sigue, pueden verlo en la mirada del otro y sentirlo en el aire. Ambos comparten la duda en sueños y es momento de aclarar sus dedeos.
Sakura acuna el rostro de Shaoran en sus pequeñas manos, invitándolo a acercarse los pasos restantes y acortar lo que pareciera un abismo entre sus labios.
Se besan, con toda la ternura que cabe en la inexperiencia y el deseo más fiel. Con algo de miedo, timidez, memorizando el sabor del otro y disfrutando la exquisitez del contacto.
Sakura se permite abrazar a Shaoran por el cuello, esperando así aplazar el momento de separarse y soltarlo solo hasta que se sienta llena de él, aunque sabe que eso tardaría demasiado.
Shaoran la toma por la cintura, sintiendo toda la menudez de Sakura bajo sus manos, disfrutando el suave contacto y las cosquillas que le dan la pequeña nariz de ella contra la suya.
Saben que es momento de parar, así que aun con los rostros cerca y los labios apenas tocándose dan un largo suspiro, tratando de memorizar el aroma de su beso.
Es increíble el entorno que han creado. Quizá esto no era como ellos pensaban. El estar juntos no significaba perder sus pequeños mundos individuales, sino que ahora ambos complementaban algo completamente distinto y mágico, mil veces mejor a lo que estaban viviendo antes.
"Sakura."
Apenas abre los ojos, Sakura ve la mirada de Shaoran. Sabe que hay algo que sigue, pero no está segura de saber que, solo tiene esa pequeña incertidumbre que la llena de dudas y emoción.
"Escucha, yo no sé cómo se hace esto… es decir, no soy bueno con las palabras… soy torpe y rojo, es decir, me sonrojas, así que solo lo diré…"
Por un momento se separan, sintiendo que sus pequeños corazones explotarían muy pronto, siguiendo el mismo y desesperado compas.
Shaoran saca del bolsillo de su chaqueta una pequeña caja color rosa, sin mayor adorno que una pequeña flor por encima.
"Sakura, eres la chica más especial que he conocido. Eres encantadora, tierna, diferente… estas llena de un mundo en el que quiero entrar… y sé que decir que me gustas es demasiado obvio ahora, pero no puedo dejarlo pasar…"
Toma un pequeño respiro, le sorprende que el calor de su cara no derrita la nieve que comienza a caer sobre ambos, mientras coloca la pequeña caja en las manos de ella.
"¿Quieres ser mi novia, Sakura Kinomoto?"
El corazón de Sakura se encoje. Dentro del caja encuentra un dije, en forma de llave con un corazón alado. Ella cree que se trata de la llave para entrar al corazón de Shaoran, pero se ríe internamente por las cursilerías que puede llegar a pensar. Sus ojos comienzan a nublarse, siente que romperá en llanto porque tanta ternura no cabe en su pequeño pecho, así que antes de que Shaoran la vea llorar se lanza a sus brazos en un pequeño brinco.
"Te quiero mucho Shaoran, claro que quiero."
Y él la recibe en brazos, agradeciendo mentalmente a aquella anciana en el puesto de antigüedades. Ha sido la mejor compra que ha hecho en la vida, ya después se compraría los viniles.
Porque la castaña que tenía en brazos es de esas chicas que no se encuentran dos veces en la vida, la anciana se lo había dicho claramente.
Porque el destino pocas veces es tan preciso y tan amable, así que no podía despreciar la oportunidad que hoy le daba.
Después de todo ¿a quién no le gustaría encontrarse con tan fabuloso destino, como lo es el amor?
¡Hola!
Bueno, esta vez les tengo la primera cita de Shaoran y Sakura... y para ser sincera, es lo más cursi que he escrito hasta ahora, en toda mi vida jaja. ¿Qué les ha parecido? En lo personal, me siento muy contenta cuando escribo esta historia en especifico, es divertido jugar con tanta ternura... aunque siento que últimamente ando mal en la redacción jaja -_-
Me hacen muy feliz cuando comentan, favean, siguen la historia y me aman *n* bueno no, pero sí JAJA.
Por cierto, quiero agradecer en especial a Cristi-Aiko113... es que ella siempre me deja los comentarios más lindos, en verdad me animas ¡Gracias! :D
Nos leemos pronto (:
