Capítulo X

Corriendo hacia el amanecer.

Unas horas más tarde se vio a Gaara y a Kiba charlando animadamente mientras caminaban por un boulevard, Akamaru llevaba en su hocico la calabaza del de la arena y los jóvenes daban tumbos por doquier.

La velada había transcurrido de manera tal que, una vez idas las chicas, los muchachos entregaron todo de sí en una competencia de licor. Al final nadie supo quien fue el ganador pero resultó que Kiba y Gaara se hicieron amigos entrañables.

Aquella noche Temari y Kankuro pasaron toda la noche conferenciando acerca de paradero de su onichan, mientras este analizaba junto a su nuevo amigo las bondades de la colección de cepillos caninos de Kiba, más tarde se juntaron para sopesar detenidamente el balance nutricional de los piensos Purina y Dog Chow. Finalmente concluyeron la noche, componiendo una elegía que cantaba la desgracia de Gaara, a quien no se le permitió nunca en su vida tener un perro.

La mañana siguiente fue algo confusa para el Kazekage, no solo ignoraba que clase de cama era esta tan peluda, sino también donde se hallaba. Primero descubrió que no dormía en ningún tipo de cama turca o extranjera, descansaba sobre un perrazo color algodón. Después vio por entre una especie de bruma a un muchacho con la cara emborronada de rojo y se preguntó como escondía Kankuro aquel perro. Miró y remiró con mucha atención y cuando la bruma se disipó un poco vio que el muchacho no era Kankuro y no estaba en su hotel.

Kiba por su parte, solo lamentó dormirse sin desmaquillarse. No tardó mucho en hacer levantar a Gaara, meterlo azoradamente en el baño y largarse a buscar el desayuno. Para cuando regresó se encontró a un Kazekage completamente consciente y muy amigable.

Lo siento, creo que mi mamá solo hizo bolas de arroz de atún. ¿Te gustan? Yo prefiero las de carne, comiendo atún me siento como un gato.

La verdad es que yo también me siento así cuando las como, pero ¿Qué más da?, estoy hambriento. Oye Kiba san, creo que alguien dijo anoche que tu equipo era entrenamientodependiente ¿Qué querían decir con eso?

Pues creo que significa que todos están asombrados de lo mucho que entrenamos, somos un equipo de especialistas.- respondió muy ufano, mientras compartía sus alimentos con Akamaru.

¡Qué divertido! Por una vez me gustaría ver como es un entrenamiento normal, mis hermanos no entrenan nunca conmigo y la verdad es que yo no entreno mucho.

Muy bien entonces está acordado. Apresúrate, hoy me he retrasado mucho.

Dicho esto, Kiba saltó al baño llenó de una energía misteriosa. Afortunadamente Gaara era un Jinchuriki y su energía no se agotaba con facilidad. Estaba vestido con la ropa de Kiba, es decir, llevaba jeans, franela oscura y una gran chaqueta ribeteada con una piel que le hacía cosquillas en el cuello. Lo que no le quedó nunca claro fue como salir a la calle sin delinearse los ojos, se sintió avergonzado de pedir el maquillaje de la madre de Kiba así que se conformó con quedarse con el rostro limpio por una vez en su vida.

Kiba, apenas se hubo bañado y cambiado, arrastró a Gaara a la calle. El entrenamiento acababa de comenzar. Apenas Kiba puso un pie en la casa salió disparado en dirección a la salida del sol como si no tuviera resaca; Gaara trato de trotar un poco pero Akamaru se encargo de hacer que tomara el ritmo cuando se arrojó contra él con las fauces abiertas de par en par. El trío corrió y corrió, sin detenerse y sin perder el aliento durante un período de tiempo cercano a la media hora, momento en que se les unió una misteriosa figura ataviada con sobretodo y lentes oscuros.

Buenos días Kiba, ¿Cómo estuvo la reunión de anoche?

¡Salvaje!... estuve a punto de reventar. Fue el Kazekage. Por cierto, quiso venir a entrenar con nosotros hoy. Debe estar allá atrás. ¡GAARA!

El pelirrojo, afectado por el alcohol apenas si podía seguir el ritmo de aquella carrera frenética, llevaba rato corriendo tras la cola de Akamaru sin poder pasar al animal. Observó la conversación de los compañeros allá adelante y se preguntó cómo podían hablar corriendo de aquella manera.

Shino, intrigado. se retraso un poco para ir a saludar al Kazekage.

Hola es un placer, apresúrate o te llenaras de polvo.- Le señaló la polvareda que levantaba las patas de Akamaru.

Gaara no dijo nada, ni aceleró el paso, de manera que Shino le tomó del brazo y lo arrastro consigo hasta llegar otra vez a la cabecera de la carrera, repentinamente Kiba soltó un silbido largo y agudo de sorpresa, acababa de ver la cabellera negra y ondeante de Hinata quien corría más adelante. De inmediato Gaara recuperó el ritmo, cobrando animo, incluso Akamaru pareció alegrarse, se escucharon sus ladridos regocijados mientras el grupo se adentraba en un bosque y empezaba a trepar a las copas de los arboles.

Al principio no lo notaron pero por alguna razón los tres chicos se sonrojaron al alcanzar a Hinata. La kunoichi los recibió con un cálido "Buenos días" y una sugestiva sonrisa.