Con un suspiro dramático y releyendo el articulo vaya dios a saber por cuantas veces Mila por fin tuvo la decencia de dejar aquel ataque de fanatismo y decir algo-Esta es demasiado obvia la verdad-exclama emocionada, parándose de su lugar, dando saltitos como niña chica y señalando su celular como loca.

Debía de admitir que verla de esa manera le resultó algo gracioso al menor, incluso logrando que una pequeña sonrisita se escapara de sus labios –Es más que claro que lo de ustedes surgió poco a poco.

Mila se sentía de nuevo como esa adolescente fanática de los animes yaoi.

Y se sentía muy bien.

Estaba tan ensimismada en imaginarse a los dos chicos haciendo todo tipo de cosas que ignoró por completo la mirada pérdida de su amigo, o el leve sonrojo que estaba empezando a poseer sus mejillas.

Él dejó de lado todo rastro de mal humor y superioridad que había tenido al principio de aquel tonto artículo que pensó que no iba a servir para nada y no pudo dejar de pensar en esos malditos consejos.

Pues de la misma forma que no podía negar todo los puntos anteriores, tampoco podía hacerlo con ese, pues sabía mejor que nadie que aquella amistad había ido mutando con el paso del tiempo.

Al principio, cuando Otabek se lo propuso estaba dudoso, no creía lograr congeniar con el kazajo, y temía sobre toda las cosas que con el tiempo, y la gran distancia que los separaba ellos no llegaran a nada.

Pero ante todo pronóstico funcionó.

Ahora además de no poder imaginarse su vida sin él, contaba como adolescente enamorada los días para verlo y se emocionaba como nunca con sus mensajes.

Yurio sabía, y sentía que podía confiarle su vida, pues no estaría en lugar más seguro que con el kazajo.

Pues ellos estaban para el otro cada vez que lo necesitaban.

En sus felicidades o tristezas, cuando se enojaban, frustraban o alegraba.

Incuso en esos momentos donde solo tenían ganas de dejar todo de lado.

Ellos siempre estaban para el otro, en persona o mediante una pantalla.

Y eso era debido a que su relación cambió.

Yuri sabía que dos años atrás, cuando apenas se conocían, nada podría ser como ahora, pues todo lo que tenían se lo ganaron con años de charlas, bromas y apoyo mutuo.

Y siendo sincero, le gustaba eso, nunca antes lo había pensado, pero le gustaba la idea.

Le gustaba como sonaba en su mente.

Y como se sentía en su corazón.

"Maldita cursilería" pensó al pillarse pensando de esa forma "Es solo tu amigo, entiéndelo, no puedes perderle por juegos de niños como ese"


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