Gracias a Bells Masen Cullen por betear el capítulo. (Suerte en los finales! ;) )


Capítulo 11

La maldita reunión con los capataces de la obra había sido un auténtico desastre. Últimamente no había nada que me saliera bien. Había pasado toda la mañana entre ladrillos y cemento, con el casco y unas botas de seguridad muy incómodas puestas. Después de enseñarme lo poco que habían hecho, nos enfrascamos en una discusión que no tenía fin.

Y tras discutir durante toda la mañana y parte de la tarde, llegamos a un acuerdo.

Llegué completamente agotada al apartamento; sólo me apetecía darme una larga ducha y meterme en la cama. El sonido de mi teléfono móvil me sacó de mi ensimismamiento.

- Swan – ladré.

- He oído que estás en la gran manzana.

- ¿Qué quieres, Rose? No estoy teniendo un buen día. – Me tumbé boca arriba sobre la cama.

- Sal esta noche por ahí y pásatelo bien. Estoy segura de que así tu ánimo se levantara. – Se rió entre dientes. – Llévate a Edward, estoy segura de que no se negará. – Rió más fuerte.

- Me alegra que mi mal día resulte tan gracioso para ti. ¿Qué quieres? – Me tapé el rostro con el brazo.

No lo iba a decir en voz alta, pero el plan de Rosalie sonaba muy bien a pesar de lo cansada que estaba.

- Emmett me ha invitado a salir.

- ¿Qué problema hay con eso?

Aunque aun no habíamos descubierto nada sobre él, no veía con malos ojos que mi amiga se divirtiera un poco.

- No me fio de él.

- Entonces no salgas.

- No sé como negarme sin parecer grosera.

- Simplemente dile que no y punto.

- Eso es ser grosera, Bella.

Rodé los ojos.

- Dile que no te apetece.

- No sé…

- Rose, dile que no y ya está. ¡Joder! Es simple.

- No todas las mujeres somos tan seguras como tú – bufó.

- No es ser segura, es simplemente una respuesta.

- No eres de mucha ayuda con este tema, Bells.

- Llama a mi madre, ella seguro que sabe aconsejarte. – Reí divertida.

- Olvídalo – suspiró. – Al menos haz lo que yo te digo y sal por ahí.

- Me lo pensaré. – Aparté el brazo del rostro y me incorporé quedando sentada. – Mañana vuelvo a Seattle, te llamo en cuanto mis pies toquen tierra.

- De acuerdo. Hasta mañana, Bella.

- Adiós, Rose.

Después de ducharme, me enfundé un bonito vestido y unos zapatos a juego y salí de la habitación, cogiendo antes un abrigo. Tenía una cosa clara, esa noche iba a salir a despejar mi mente antes de regresar a Seattle y meterme de lleno en el trabajo.

Bajé las escaleras con la esperanza de encontrarme con Masen. Entré en la cocina para coger una botella de agua antes de ir hacia el salón, donde se escuchaban ruidos. Abrí la botella de agua y le pegué un sorbo, pero el líquido se me atascó en la garganta al ver la imagen que tenía delante.

Masen estaba haciendo flexiones – sin tela alguna sobre su pecho – y desde donde me encontraba podía ver como los músculos de su espalda se contraían y se estiraban con cada movimiento. Mi tos a causa del agua atorada en la garganta le hizo levantar la cabeza y mirarme sorprendido. Casi no me dio tiempo a seguir tosiendo cuando él se levantó y se acercó rápidamente a mí para golpearme suavemente la espalda.

- ¿Mejor? – preguntó cuando dejé de toser.

- Sí. – Ni siquiera yo reconocí mi propia voz.

- ¿Está segura?

Me aclaré la garganta y mi voz salió más legible.

- Sí, Masen, estoy bien. – Me aparté de él y caminé hasta el sofá, donde me senté para recuperar un poco la respiración.

Masen se acercó a mí y se sentó a mi lado. Después de estar unos segundos en silencio, se giró hacia a mí y habló.

- ¿Va a salir? – Miró mi atuendo rápidamente.

- Sí y tú lo harás conmigo.

- ¿Aviso también a Jared? – Se levantó.

- No. Sólo seremos tú y yo. – Asintió con la cabeza. – Ve a ducharte, ponte un traje y baja.

- De acuerdo – dijo antes de desaparecer del salón.

Fuimos a cenar a uno de los restaurantes más lujosos de Nueva York. Masen se sorprendió cuando le pedí que me acompañara y, tras una severa mirada de mi parte para que no discutiera, se sentó a mi lado, pero no paraba de mirar a nuestro alrededor y me estaba poniendo nerviosa.

Alargué la mano por encima de la mesa y cogí la suya que descansaba al lado de su plato.

- Relájate – le pedí.

- No puedo.

- ¿Por qué? – Aparté la mano de la suya y seguí comiendo.

- Porque debería de estar atento a lo que pasa a su alrededor y no sentado en la mesa y disfrutando de una buena cena – explicó. – Tendría que estar haciendo mi trabajo – murmuró mirándome fijamente.

- Lo estás haciendo. – Me encogí de hombros. – Estás aquí conmigo, ¿no?

- Si al menos Jared nos hubiera acompañado… – bufó.

- ¿Qué problema tienes? – Empezaba a enfadarme. ¿Tan complicado era disfrutar de una maldita cena?

Cuando vi que no iba a contestar, agarré mi bolso y saqué unos cuantos billetes de cincuenta dólares. Los lancé encima de la mesa.

- Nos vamos – anuncié, levantándome de la silla.

Masen suspiró aliviado y se levantó rápidamente de la suya. Caminó detrás de mí por todo el restaurante hasta la puerta de salida; una vez fuera anduvimos hasta nuestro coche. El trayecto hasta casa fue en un silencio tenso. Entendía que quisiera hacer bien su trabajo pero yo… yo sólo quería…

Gruñí como si fuera una perra y lo miré de reojo; sus manos agarraban el volante fuertemente y no apartaba la mirada de la carretera. Bufé apartando los ojos de él y me centré en el paisaje.

Cuando llegamos al edificio, salí del coche sin esperar a que él me abriera la puerta. Caminé con paso fuerte y decidido hasta el ascensor y pulsé repetidas veces el botón a la espera de que así el maldito pequeño cubículo bajara antes.

Estaba realmente enfadada con él y encima iba a tener que compartir el maldito ascensor con su aroma inundado mis fosas nasales… como si no hubiese tenido suficiente en el coche.

- Se va a hacer daño en el dedo como siga presionando así el botón – dijo Masen detrás de mí.

- ¡Vete a la mierda! – dije entre dientes.

La puerta del ascensor se abrió y no tardé ni dos segundos en entrar en él. Presioné de la misma forma el botón del último piso y esperé impacientemente a que las puertas se cerraran.

- Porque presione así el botón no significa que vaya a subir más rápido.

¡Me lo cargaba!

Me giré bruscamente y lo encaré.

- ¿Qué coño pasa contigo? – Pinché su pecho con el dedo índice.

- ¿Qué quiere decir? – preguntó extrañado, echándose hacia atrás los pocos centímetros que le separaban de la pared del ascensor.

- ¡Llevas toda la puta noche tocándome los cojones a dos manos, Masen! – bramé.

- ¿Qué? – inquirió incrédulo.

- Lo que oyes. – Seguí pinchando su pecho. – Me tienes tan mosqueada que…

- Se pasa el día mosqueada, Srta. Swan.

¿Qué?

¿Cómo se atrevía?

- Retira lo que acabas de decir. – Me daba exactamente igual los centímetros de altura que me sacaba. A mí nadie me toreaba y él no iba a ser la excepción.

- ¿Qué quiere de mí, Srta. Swan? – Me eché hacia atrás, sorprendida por el cambio de tema.

- ¿Qué? – susurré.

- ¿Qué es lo que busca en mí? Porque realmente estoy confundido con toda la situación.

Nos quedamos mirándonos a los ojos durante lo que duró el trayecto hasta el último piso. Cuando las puertas se abrieron y vio que no iba a decir nada – porque realmente no sabía qué contestarle, - trató de esquivarme para salir; puse la mano en su pecho y lo empujé lo suficientemente fuerte para que su espalda chocara contra la pared del ascensor. Y entonces me lancé a por sus labios.

Mi boca chocó contra la suya bruscamente, tanto que me hice daño con sus dientes. Metí la lengua en su boca cuando jadeó por la impresión y me apoderé de la suya. Sus manos agarraron mis hombros y me separó lentamente.

¡No!

Necesitaba follármelo ya. Tenía las bragas tan empapadas que…

Su mano agarró la mía y, tras darle al botón para que se abrieran de nuevo las puertas del ascensor, me arrastró hasta casa. Abrió la puerta con la llave de repuesto que le di cuando llegamos y siguió tirando de mí hasta que llegamos a su habitación.

- ¿Esto es lo que quiere? – preguntó tirando de mi mano para que quedara frente a él.

¿Eso era lo que quería?

¡Joder! En esos momentos… ¡Sí!

Asentí con la cabeza, sintiéndome incapaz de hablar.

- Bien.

Sus manos se posaron en mi cadera y su boca se apoderó de la mía. Me empujó sin separar nuestras bocas hasta que mis piernas chocaron contra la cama. Separó sus labios de los míos y me dio la vuelta quedando de espaldas a él.

Tragué con dificultad.

Me ponía mucho que trabajara tan rápido y sin juegos previos, no los iba a necesitar de todos modos.

- Inclínese – ordenó cogiendo mi cuello desde atrás y empujándome hacia abajo, tuve que apoyarme con las manos sobre el colchón.

No me dio tiempo a replicas, alzó el vestido hasta mi cintura, su mano se coló entre mis piernas a medio abrir y arrancó mis braguitas. Sus dedos tantearon mi entrada impacientemente; frotó de arriba abajo, lubricándoselos con mis flujos, y cuando menos me lo esperaba introdujo dos en mi interior.

- Joder – siseé de puro placer.

Sus dedos trabajaron en mí poco tiempo, muy poco tiempo para mi gusto. Cuando mejor estaba, su mano me abandonó.

- No se mueva. – Miré por encima de mi hombro para ver que hacía. – Mire para adelante – sus ojos quemaron los míos.

- No.

- Srta. Swan – dijo entre dientes. – Mire para adelante.

- No me des órdenes, Masen. – Intenté incorporarme pero su mano sobre mi espalda me lo impidió.

- No se mueva.

- No… - Agarró mi pelo y tiró de él provocando que mi cabeza se inclinara hacía atrás y me pusiera recta, completamente de pie, mi espalda contra su pecho.

- Quieta – murmuró en mi oreja antes de morder el lóbulo.

Volvió a empujarme hacia abajo, coloqué las manos sobre el colchón y esperé a que hiciera lo que fuese que estaba haciendo. Escuché como rasgaba algo, separó más mis piernas con las suyas y, tras unos segundos de autentica agonía, se introdujo en mi.

- Dios – jadeé echando la cabeza hacia atrás.

Agarró a mis caderas y se retiró poco a poco de mí para después volver a meterse rápido y fuertemente. Mi cuerpo se impulsó hacía adelante por culpa de su fuerte embestida. Me mordí el labio para evitar gemir.

- ¿Es así como le gusta, Srta. Swan? – Agarró mi cabello y tiró de él igual que antes; mi cuerpo se alzó hacía él. - ¿Le gusta así, Srta. Swan? - ¿No podía dejar los formalismos ni aquí? – Contesta – ordenó.

- No acato órdenes, Sr. Masen – recalqué su nombre.

- En estos momentos los papeles están intercambiados – murmuró amenazante en mi oído. Apartó la mano de mi cadera para posarla sobre mi muslo y alzarme la pierna hasta que mi pie estuvo sobre la cama. – Yo estoy al mando.

- No te lo crees ni tú – dije entre dientes.

Rodeó mi cintura con su brazo y me pegó más a él.

- Intenta moverte – dijo antes de penetrarme otra vez. – Inténtalo – volvió a ordenar.

- No quiero, estoy bien así – contesté con una sonrisa.

- No lo haces porque no puedes moverte. – Apretó más su abrazo en mi cintura y tiró más de mi pelo.

Echó mi cabeza hacia un lado dejando más accesible mi cuello. Inclinó la cabeza y posó sus labios en la vena palpitante del cuello, dándome un casto beso antes de morderme fuerte. Gemí en alto y no me dio tiempo a reaccionar cuando deshizo el abrazo a mi cintura para apoyar la mano en mi baja espalda para empujarme e inclinarme hacia abajo, otra vez. Apoyé las manos sobre el colchón y cerré los ojos completamente abrumada a causa del placer de sus embestidas, que desde que se había introducido en mí no había detenido.

Su mano se trasladó de mi espalda a la cadera hasta llegar a mi vientre. La dejó ahí unos segundos antes de deslizarla hasta mi entrepierna. Separó más mis labios inferiores y presionó sobre mi clítoris.

- Joder – gemí apretando las sabanas y cerrando las manos en puños. – No pares – jadeé.

Sus embestidas fueron aumentando de rapidez y dureza. Estaba tan excitada que mis paredes se comenzaron a cerrar alrededor de su polla cuando sus dedos pellizcaron mi clítoris y tiró de él. Los espasmos de mi cuerpo no se hicieron esperar cuando el orgasmo me golpeó; eché la cabeza hacia atrás y gemí alto mientras me corría.

Dejé caer la cabeza cuando mi cuerpo dejó de temblar. Agradecí internamente que Masen estuviera agarrándome para mantenerme quieta y en la posición que había estado durante todo este tiempo, evitando que mi cuerpo debilitado cayera al suelo. Él siguió sus embestidas unos segundos más hasta que por fin llegó a su propio orgasmo.

Se apartó, saliendo de mí pero sin soltarme.

- ¿Puede sostenerse? – preguntó.

- Sí – murmuré, bajando la pierna de la cama y apoyándome sobre mis dos pies.

El vestido volvió a su lugar.

- Bien. – Quitó sus manos de mi cuerpo y sentí como se alejaba un poco más. – Espero que haya disfrutado de… del ejercicio, Srta. Swan. – Me giré lentamente hacia él. – Puede quedarse en esta habitación, yo dormiré en el sofá del salón. – Se quitó el condón y se guardó su polla semi-erecta dentro de los bóxers.

- No es necesario. – Caminé lentamente hasta él. – Me voy a mi habitación, tú descansa aquí. – Me alcé sobre la puntas de mis pies y besé castamente sus labios.

No respondió el beso y tampoco me importó. Yo ya había tenido lo que necesitaba esta noche y me iba a ir contenta a dormir.

- Hasta mañana, Edward – me despedí, caminando hasta la puerta de su habitación.

- Adiós, Srta. Swan.


¡Hola!

Espero que hayáis disfrutado del capítulo.

Gracias por los reviews, alertas, favoritos y por leer ^^

Nos leemos

¡Un abrazo!