Sweet Dreams
"Y ese meneíto, y ese meneíto, ¡y ese meneíto, meneíto, meneíto! (Sí, voy a ser payaso sin fronteras. ¡YEHA!) ¡Que toma tá!"
Aquí tenemos por fin, el Capítulo 11. (Qué vendría a ser equis-palito, pa' los que entienden...) Repite conmigo: no puedo agenciarme a historias en época de exámenes. Venga, los dos juntos, together: no puedo agenciarme a…
¡Buenas tardes, buenos días, buenas noches (¿Qué haces que no estás durmiendo? ¿¡Qué haces!? Deja de estudiar, ¡vas a morir desquiciado! ¡TEN CUIDA-OK NO. Estudia y sé alguien de provecho, no como Bell. Taco Bell… Mmm… Rico.) a todos! Doy gracias porque aun sigas leyendo hasta aquí, ¡nivel 10 superado chicos! (GIVE ME FIVE! GIVE ME FIVE!) ¡Úa, úa! Ejem, espero que os guste. (¿Es ya 2036?)
Una última cosa, podéis saltároslo si queréis, (que te lo saltes) pa' enfriarnos un poco: pelirosa, ojigrisáceo, ojiverde, ojiambar, ojirojo, peliverde, peligris, peliazul, pelimoreno/negro, peliceniza y peliblanco… A ver si así queda claro: (Mordamos el puño.) No existe. NO-EXISTE. ¡NO EXISTE! También hay valientes, ¡que lo escriben separado!Oh sí: ¡Peli rosa! ¡Oji verde! (¡Éxtasis!) (Insert TITANIC music: My heart will go on.) ¡Y NOOOOOO UUUUH OOOOH, EXIIIISSSSTEEEEE EEEEEH, NOOOO OOOH NO UH OOOH! ¡Cada vez que alguien lo pone, la gente sangra por los ojos y muere-un-lindo-gatito! (¿Quieres ciegos sangrantes y gatos muertos? ¡No!) Sé que te quita de poner descripciones, pero no tenemos cinco años por favor (gugu-tata-ajoo). Mejé. (Y ALBINO ES CON B, ¡CON B! Soul, no es "alvino". Porque NO EXISTE. Y "al vino", ¡es color vino, por San pito pato!) Sí, he dicho pito. (El Team Rocket, ¡despega de nuevo!)
¡Marge, cambia de canal!
Bell Star y ¡Feliz Navidad!
"Oh, Sweet Dreams are made of these. Who am I to disagree?"
Música para escuchar hoy:
Lithium
"No podré aguantarlo."
"Me pregunto:"
"Algo está mal, conmigo mismo."
"Litio."
"No quieras encerrarme en mi interior."
"Litio."
"No quiero olvidar como se siente sin..."
"Litio…"
"Quiero permanecer enamorado, de mi tristeza."
"Pero no dejaré,"
"que me hunda esta vez."
(Evanescence)
A Norma…
Capítulo 11
2003.
Death City
—Vamos Patty, ¡atrápala! —la señora Star se alzaba en el salón de su casa con la escoba de paja en mano—. ¡Atrapa a ese monstruo!
—¡Voy, voy, voy! —Patty abría los brazos—. ¡Ven, que te voy a dar un abrazo!
Ambas chillaban, corriendo descalzas por toda la casa. Si no se apuraban en atrapar al pollo, la señora Star llegaría tarde al trabajo.
—¡Joder, cómo pesa esto! —gritaba Kilik adolorido, dejó las tres cajas en el suelo y entró en la habitación de su amigo—. Estoy seguro de que Patty podría llevar todas las cajas, y que demonios, a nosotros también en el otro brazo —reía, sentándose en la cama de Black Star con una caja pequeña entre las manos—. A tu madre le gusta esclavizar personas.
Mientras, los chicos tenían otra ardua labor en manos.
—¿Y todas estas cajas? —Harvar preguntaba remangándose, levantando el polvo de la superficie de las cajas marrones. Se sentó al borde del colchón donde descansaba Black Star—. ¿Te vas de casa, vas a montar un castillo, o cómo?
—Sí, no y no otra vez —Black Star se rascaba la nuca, intentaba reírse, pero su voz era pesada, tosca y seca. Le dolía el simple hecho de pronunciar dos frases seguidas—… Mi madre quiere limpiar la buhardilla —su madre siempre quería limpiar, dejémoslo en claro—. Dice que está llena de trastos que no uso —volvía a toser de nuevo, tapándose la boca con el puño.
Harvar y Kilik le daban palmaditas "suaves" en la espalda.
—Es que está llena de trastos que no usas —Harvar asentía con sinceridad.
—Pero son mis trastos —actuaba Black Star berreando, sonándose la nariz con un poco de papel de rollo ya casi gastado…
Kilik y Harvar dejaban los ojos en blanco, era raro ver a Black Star actuando así. Por suerte no se enfermaba fácilmente, podía llegar a ser bastante insoportable. Pero siempre divertido.
—Pues vas a tener que elegir qué quieres y que no —retaban ambos amigos al compás—. Ya que te hemos bajado nosotros las malditas cajas, al menos haz que sirva para algo.
—Jo.
Black Star cerraba los ojos, adolorido, echándose hacia atrás sobre todas las mantas con las que su madre le había amordazado para que no se levantase de su alcoba. Abrió los brazos de par en par.
"—Tengo fuerza de pedo, y es un pedo muy flojo." Pensaba para sí mismo, avergonzado. Se reía solo.
—¿No decías que estabas cansado de no hacer nada? —Kilik le trae de vuelta a la realidad, sonriente. Le levanta poco a poco, aferrándose al cuello de su camiseta vieja—. Pues toma, empieza por aquí.
Dejando a Black Star sentado de una vez, le enseña dejándole entre las manos la pequeña caja marrón que ha encontrado en el desván. Black se hace con ella, la zarandea varias veces y consigue leer en el dorso: "Fotos Black primaria."
—Oh, no…
Black Star fruncía el ceño, observando una a una, las sonrisas pillas de esos maleantes.
—¿Cómo osáis? —Black Star les maldecía, dejando la caja a un lado—. Monstruos…
—Tché, tché, tché —Kilik negaba con el dedo, dejando la caja en sus rodillas—. ¿Haces los honores? —alzó las cejas castañas.
—Tíos, esto no —Black se negaba en rotundo, mareándose de tanto mover la cabeza—. Es mi etapa oscura.
—Ah, ¿pero no lo sigue siendo? —Harvar silbó. Recibiendo un cojín aéreo por parte del enfermo—. Venga, ¡ábrelo, queremos verlo!
Black suspiraba: "si no lo hago yo, lo harán ellos igualmente."
—Menudos amigos de mierda estáis hechos —hinchaba las mejillas.
—Sí, pero no encontrarás ningunos amigos de mierda mejores —los dos sonrieron.
Era un buen punto.
—También es verdad —Black apretó los dientes y comenzó a abrir las solapas de la caja, el polvo le recibió con gusto, haciéndole estornudar—. ¡Atchú!
—¡Salud! —ambos gritaron, posando un papel frente a su nariz. Se reunieron veloces, al lado de Black Star.
Él sorbió por la nariz, sacando montones y montones de fotos guardadas con dos gomas a los lados, como si fueran cromos de béisbol. Harvar y Kilik le arrebataban una tras otra según él pasaba cada imagen, intentando esconder las fotografías embarazosas inútilmente. Los amigos son como los padres, te regañan, no te ayudan a estudiar y te avergüenzan cuando la ocasión les da baza, la diferencia sólo está en la edad.
—Eh, en esa estoy con Liz, ¡la quiero! —Harvar se hacía con la foto de la primavera de los once años. Liz le dio un beso en los morros sin que nadie se lo esperase—. ¡La foto, la foto quiero decir!
Black Star no se dio cuenta hasta después de unos segundos de aquella acción, de que Harvar le había quitado la foto de las manos. Tenía una lentitud pasmosa. Le asustaba incluso. Revolvió la cabeza como los perros.
—Sí, sí, y una leche —Kilik se reía a carcajada limpia, tirándose sobre la cama, viendo como Harvar se ponía rojo como un tomate por momentos—. Estas son de cuando ganamos el campeonato infantil de béisbol —chillaba contento, cotilleando foto tras foto. Se había puesto melancólico—, joder, acababan de nacer mis dos hermanos. ¿Cuánto tiempo hace ya de eso?
—¿No sabes cuándo nacieron tus hermanos? —Harvar levantaba las cejas, sorprendido. Kilik respondía, alzando ambos hombros y moviendo la cabeza de lado a lado. Harvar aprovechaba para arrebatarle las fotos al moreno, ambos peleaban como niños pequeños—. ¡Trae!
—Lo estoy viendo yo, cara culo —Harvar amenazaba dándole de manotazos. Si seguían así, no tardarían en romperlas por la mitad—. ¡Quita, quita!
—Eh, eh —Black Star ponía una mueca.
Estaba tan agotado que no le apetecía si quiera intentar separarles. No sabía quién estaba robándole la fuerza, pero como se enterase de quien era, le iba a partir la jeta como una sandía.
De entre esa dura batalla de idiotas, una foto flotante escapaba de entre sus feroces fauces, yendo a parar a las piernas cruzadas de Black. Bajó la cabeza, sujetando la foto con los dedos.
—Este es…
Black Star observaba la foto con esos ojos verdes, brillantes y vidriosos. En la imagen se podía ver al joven entrenador Sid siendo arrollado por dos filas de niños sonrientes, vestidos con un uniforme a rayas azules y una gran gorra con una calavera como escudo del Shibusen; se abrazaban saltando eufóricos con los bates y los guantes delante de las gradas, por haber ganado el trofeo de primaria que Black Star alzaba en medio de todos.
—¿Por qué llevaba yo el trofeo? —Black Star pregunta en voz alta, frunciendo el ceño confundido, enseña la foto.
—¿Eh? —Kilik y Harvar se detienen al instante, a punto de darse puñetazos.
Observando la imagen, la cara y la nariz roja de Black.
—Soul era el capitán, ¿por qué alzo yo el trofeo en la foto?
Su amigo Soul salía justo a su lado, abrazándose, pasándose los brazos tras la espalda. Ambos sujetaban con una mano un bate de madera con varias firmas y garabatos pintados. Él era el capitán, el más rápido. Él llevaba la banda negra, no Black Star.
—Bueno, ya conoces a Soul—Kilik mantenía un semblante serio que decaía por momentos—. Seguro que te pusiste pesado y él te dejo hacer lo que querías, como siempre…
Sin darse cuenta, y engañado por la alta fiebre, Black Star estaba recordando una pequeña historia que comenzó hace ya la friolera, de ocho largos años. Buscó con la mirada algo por toda la habitación, recordó cómo conoció a Soul y a su hermano Ragnarok. Ellos fueron sus primeros amigos. El principio de todo, el alfa del omega.
Comenzaron siendo tres, después cuatro. Y al final quedaron cuatro separados, quizá tres.
Quizá, no fuera quien es él ahora si no hubiese sido por Soul. Por su amigo Soul.
Esas palabras rebotaban en su cabeza, una y otra vez. Punzándole como el filo de un cuchillo clavado en el pecho, le impedía respirar.
Amigo.
Casas de muñecas
(Segunda parte)
—¡Presidenta! —la señora Star chillaba, sacando a Black Star de sus pensamientos—. Estúpido pollo, ¡vuélvete al corral!
—¡La tengo, la tengo! —la voz de Patty, las pisadas de Patty y las caídas de Patty, se oían por toda la casa—. No la tengo…
—¿Black Star? ¿Estás bien? —Kilik pasaba una mano morena delante de los ojos de Black—. Eo.
—¿En qué mundo estás, tío? —Harvar murmuraba en una risa sorda, se guardaba la foto de Liz en el bolsillo sin que nadie mirase—. No te nos mueras todavía.
—Lo siento, estaba —Black negaba con la cabeza, falseando con una sonrisa a medio hacer—… Pensando en mis cosas…
—¿Pensando, tú? ¡Dios mío Harvar, está muy enfermo! —Harvar al oír aquello le plantó un manotazo en la frente a Black, haciendo que éste se tambaleara sentado.
—¡Lo hemos perdido! —y Kilik se tapaba la cara con las manos, fingiendo un llanto catastrófico—. Era tan joven, ¡y tan tonto!
Se desternillaban delante de la cara del enfermo.
—Que os den por culo.
Black Star apretaba la mandíbula, oprimiendo los labios. Kilik y Harvar podían llegar a estar realmente "locos" sin necesidad de fármacos o alcohol. Él sigue observando aquella foto con añoranza. "Me estoy haciendo viejo para esto." Piensa él.
Nada parece ser capaz de detener las risas de sus amigos hasta que, de pronto, suena el timbre…
—¿Viene alguien más? —pregunta Black, levantando las cejas.
—Serán las chicas —Harvar rebota en el colchón de Black Star.
—¡Voy yo! —la voz de la señora Star se escucha desde la entrada, como una niña pequeña.
Antes de abrir la puerta, la madre de Black se coloca las zapatillas con los dedos desde el talón, se pone el abrigo sin abotonarlo y se hace una pequeña coleta. Las prisas la dominan por completo. Patty ha capturado (o ahorcado) a la gallina y se acerca a despedir a la madre de Black Star al portón, con Presidenta en brazos y una gran sonrisa.
—Vienen Tsubaki y Maka —silbaba Kilik irradiando felicidad—. Liz no ha podido venir, ya sabes —el moreno posaba de una forma demasiado snob, imitando a Liz—, sus compras, su manicura, su grasas vegetales, es como el presidente —la imitaba a la perfección con una lima imaginaria—. Siempre ocupada y dando recados a los demás, por cierto, "que te mejores cría cuervos" de su parte.
—Que encantadora —Black ladeaba la cabeza, con una gran sonrisa…
Liz es así, desde pequeñita, lo aceptan. No se puede cambiar ni hacer devoluciones. Más que una princesa era la reina de lo materialista.
—Eh, no te metas con ella —Harvar golpea a Kilik de un suave empujón en el pecho con la palma de la mano, dando excusas baratas mientras se pone rojo como un tomate—. Tiene que cuidarse… Es normal, es una chica con sus… Cosas de chica. Y… Eso.
Podemos dar por sentado que a Harvar le gusta Liz, desde hace años, milenios, antes de que se creara la tierra ya se sabía. Él único que no se ha dado cuenta es Harvar.
—¿Eh? —Kilik se carcajea en silencio con una risa sorda ante tal escena de peloteo extremo—. Tío, ¡estás baboseándolo todo! ¡Lo vas a dejar perdido!
—¡Cierra la boca!
Mientras Kilik y Harvar se gritaban él uno al otro, otra vez, (no pueden estar juntos, pero tampoco separados) Black Star trata de escuchar otra conversación más lejana.
—Hola, muy bue —saluda la señora Star, dejando que el frío habite en la pequeña casa al mover el pomo a la derecha. Lo que ve, la deja paralizada, tanto, que no logra terminar palabra—… Soul.
—Hola.
"Tú no eres una chica." Piensa Black Star, llenando los pulmones de aire.
Black no tardó en tropezar mientras hacía el intento de escapar de la cama como una oruga. Su madre se había asegurado de amarrarlo bien con las mantas y las sábanas, podía entenderla, la última vez que le dio uno de sus poco comunes resfriados acabó en el hospital, pero esto era un caso de extrema necesidad humana. Kilik y Harvar tampoco eran de mucha ayuda, seguían discutiendo como dos niños pequeños.
Tan sólo se sorprendieron cuando Black saltó del colchón pasando por entre los dos, en un amago de detenerlo, ambos le sujetaron de la camiseta por la espalda.
—¿A dónde vas tan rápido "Correcaminos"? —Kilik le preguntaba
"¿En serio? ¿Correcaminos? ¿Y ellos quiénes son? ¿Los Coyotes?" Black Star dejaba los ojos en blanco. Y después, imprevisiblemente, giró el cuello hasta encontrarse con sus captores.
Golpeándoles con el codo en las costillas. Le soltaron en el acto, llevándose las manos al pecho, les había dolido hasta en el alma. Black echó a correr en menos que canta un gallo, oyendo varios insultos incongruentes a sus espaldas.
Por algo estaba en el club de boxeo. Y en de fútbol. Y en el de béisbol también. Había hecho tanto kárate de pequeño que ya hasta lo aborrecía. Y dejó el atletismo porque ya era el más rápido de todo el colegio, o casi.
Dando tumbos por la casa, chocando y sujetándose en las paredes, tenía que alcanzar la puerta fuese como fuese.
—¡Ay! —la señora Star dejaba escapar un grito animal, un chillido propio de una hembra en celo al ver a uno de sus retoños. En este caso Soul, entre sus brazos. Y a Soul no le gustan los abrazos, pero viniendo de la señora Star, negarte simboliza el peor de los castigos en este mundo—. ¡Cuánto me alegro de verte! Ya me dijo Black Star que habías salido, pero no me lo creía, tenía que verlo por mí misma. Pensaba ir a veros pronto.
—Yo también —Soul intentaba gesticular con la boca, atrapado por completo, hasta los brazos alzados—… Pero no puedo… Respirar…
—Perdona, es la emoción.
Se disculpa la señora Star. Por el pasillo se escuchan las pisadas de seis piernas corriendo a toda velocidad, pero no son del todo seis piernas, dos son patas de una gallina. Patty derrapa por el salón con los brazos abiertos tras Presidenta. Se ha vuelto a escapar. Agachada, alcanza la puerta y atrapa al pollo, que se ha quedado estupefacto en la entrada. La rubia sonríe mientras Soul y la señora Star observan a la gallina atentamente. Y entonces sucede.
Soul mira al pollo, y el pollo mira a Soul. "Presidenta ha visto la luz." Y salta, escapando del asfixiante abrazo de Patty, como la paloma que alza el vuelo en nombre de la paz, para alcanzar el pecho del albino.
—Eh —murmura Soul poniendo una mueca incomprensiva, con el pollo en brazos—… Vale…
La señora Star y Patty, que por fin se ha dado cuenta de que alguien ha llamado a la puerta, comienzan a reírse sin parar.
—Eso es amor a primera vista —Patty aún se carcajea de cuclillas en el suelo. Se levanta y se dirige hacia el albino, éste alza la ceja asintiendo avergonzado—. Siempre te han querido los animales, eh —le da un beso en la mejilla y sonríe.
Soul está aún más avergonzado, si cupiera la posibilidad. A los pocos segundos llega un Black Star agotado y jadeante, agarrándose a las mangas de la blusa de Patty, ella le sujeta. Aún no era capaz de articular palabra.
—Nosotras también estamos aquí —Maka sonreía, saliendo detrás de la espalda de Soul—. Somos sus guardaespaldas.
Ella a un lado y Tsubaki al otro.
—Muy buenas —saludaba la morena.
—Sí, ya —Soul rueda los ojos, llenos de sarcasmo. Presidenta ladea la cabeza, sujeta entre sus brazos—. Nunca he ido más seguro.
—Te quejarás de nuestra buena compañía —Maka le sacaba la lengua, y Soul apartaba la mirada. El pollo también, estaban compenetrados.
—En serio —la madre de Black Star, apretaba las mejillas del albino—. Me alegro de que estés bien.
Soul asintió varias veces con nerviosismo, revolviéndose el pelo tras la nuca con la mano.
—Me tengo que ir —susurró…
—¿Tan pronto? —tanto Patty como la señora Star, fruncieron el ceño con disgusto—. Pero…
—Sí —Soul intentaba sonreír, pero no podía. Levantó a la gallina en el aire, entregándosela a la señora Star—… Os devuelvo el pollo…
Black Star aparecía en escena al lado de su madre, tras respirar un poco de aire como es debido. La señora Star le dirige miradas envenenadas por haberse levantado de la cama mientras Presidenta se negaba a aceptar otros brazos que no fueran los de su amado, aleteando hasta tocar el suelo con las patas. Espero en la puerta, con el pico alzado.
"Esa gallina sabe lo que quiere." Pensaba Maka, asomando la cabeza.
—Es Presidenta, ¿no te acuerdas de el-
Black Star detiene a su madre, dándola un ligero codazo en el abdomen, le dirige una mirada asustada y niega con la cabeza. La señora Star se muerde los labios al instante.
—No, lo siento —Soul responde con los ojos llenos de brillo. Estaba mirando al frente, pero parecía estar observando otro lugar, otro paisaje—… Adiós —parpadeó varias veces, y lanzó una mirada seria y segura al semblante de Black—, que te mejores.
Black Star asentía lentamente con la cabeza, totalmente embobado. Susurrando un: "gracias…" Con aquella voz rasgada por su enfermedad. Ambos susurraban con un odio creciente en su interior: "—Tú… —Tú…"
Delante de su madre no podía ser maleducado, una vez ella se fuera podía empezar a hablar como el diablo y tratar de destruir el mundo, por ejemplo. Soul se dio la vuelta, escapándose. Entre medias de Maka y Tsubaki. La rubia y delgada comenzó a hinchar los mofletes de aire, esto no era lo que ella esperaba.
—Hasta luego cielo, ¡cuídate vale! —la señora Star le gritaba alzando los brazos, sonriente, a pesar de estar a escasos metros del albino—. ¡Dale recuerdos de mí parte a tu padre y a Wes!
—Oh no —la morena se crispó en un instante—, ahora que lo menciona—Tsubaki rebuscaba en su mochila como el minero busca diamantes. Los demás, curiosos, la penetraban con la mirada sin saber de qué estaba hablando—… Yo también he de irme.
—¿Por qué? —Maka lloriqueaba.
—Perdonadme, ¡pero he olvidado que debía volver hoy a casa temprano! —Tsubaki hacia una pequeña reverencia, su ánimo y su voz decaían por momentos. Para ella se trataba de un gesto realmente feo hacia Black Star y su familia, hacia sus amigos—. ¡Lo siento de verás!
—Tranquila, cariño.
La señora Star era conocida por ser una hippie. Pero también era bastante comprensiva, los amigos de su hijo, eran sus hijos adoptivos. Y no es que Tsubaki fuese una mala chica, al revés, la adoraba.
—Toma —Tsubaki sacaba de su mochila un pequeño Obento de color negro y se lo mostraba a Black Star con la cabeza agachada, abochornada—, lo he hecho para ti. Tienes que alimentarte bien, ¿de acuerdo?
Patty y la madre de Black Star tosían sin cesar de una forma demasiado deliberada, intentando desenroscar el embotamiento de su amigo e hijo hacia aquella chica. El chico del cabello azul, parpadeó seriamente sin sentido.
Incluso la gallina saltaba, y Maka asentía imaginándose cosas que no debía imaginar, pero como era más inocente de lo que aparentaba no pensó en la idea de que tal vez a las dos les gustaba el mismo chico.
—Oh, ¡oh, sí! ¡Muchas gracias!
Respondía Black con la misma reverencia de agradecimiento y un gran entusiasmo. Para ellos hacer ese gesto era algo normal, lo llevaban en la sangre, en sus raíces. Maka no lo entendía demasiado bien, no había pasado tanto tiempo como para tener esa costumbre nipona. Pero si comprendía la felicidad de Black Star al ver que por fin podría comer algo que no fuese sólo verde. Y más verde.
—¿Vienes o qué? —llamaba a la morena la voz del albino.
Soul la había estado esperando tras la verja. Maka hinchó las mejillas de nuevo por alguna razón y Tsubaki se dio la vuelta para marcharse a su lado, (al lado de Soul) tras despedirse de todos los presentes, incluso la gallina, que perduraba en la idea inicial de perseguir a Soul hasta la mismísima muerte. Patty tuvo que arrancarla de entre los pantalones del albino.
Por una razón desconocida para Maka, esa gallina le quería.
—A —Black Star tapó uno de sus estornudos con el brazo, hacía demasiado frío para él—… ¡Atchú!
Patty le acarició la espalda lentamente, en círculos.
—Por cierto —la señora Star gruñó entre dientes, cerrando la puerta, invitando a entrar a Maka—, ¿¡tú qué haces fuera de la cama!?
—Es que se nos ha escapado —Kilik y Harvar aparecían en el salón, tirándose algunos cojines a la cara con instinto asesino—. Ha ido como una bala.
Kilik rememoró el gesto de "la bala" con el brazo. Recibieron un regaño gratis de la señora Star.
—Eso ha sonado bastante a un harem masculino —Maka dejaba su mochila sobre una silla, quitándose el abrigo…
Todos se rieron ante el comentario de Maka. Y la madre de Black Star se volvía loca al verla con falda en pleno invierno. "—¡¿Pero chiquilla, a dónde vas?!"
—No podréis retenerme para siempre —Black Star se indignaba de brazos cruzados y con la cabeza altiva.
—Es un espíritu libre —Patty danzaba por el salón, saltando. A su rollo—. Como la ballena esa, Willy.
Dejó escapar a Presidenta una vez la puerta estuviese cerrada, la dejó corretear triste y sola sin su amado Soul. Se encontraba cohibida, acababa de perder a su amor albino.
—¿Acabas de comparar este cuerpo serrano con una ballena? —Black Star se señaló a sí mismo con las dos manos, recibiendo un abucheo y un disparo de cojín en el culo por ser tan ególatra, de parte de sus dos amigos que saltaban por encima del sofá—. ¡Eh! —se quejó, pidiendo venganza.
Patty recogió los cojines del suelo y se los lanzó con fuerza a ambos chicos.
—¡No Patty, no! —gritaron a carcajada limpia. Patty se subía encima de los dos. Se cayeron sobre la mesa del café—. ¡Ten piedad!
Maka se sujetaba el estómago de la risa sorda que le entró.
—¿Qué no puedo retenerte, dices? —la señora Star amenazaba con la mirada, volviendo al hilo de la cuestión.
Black Star sonrió ligeramente asustado, dirigiendo la vista plenamente en Maka.
—Has venido.
—Te lo prometí —se llevaba las manos, juntándolas tras la espalda. Formando una sonrisa casi perfecta entre sus labios—, y Maka Albarn no falla una promesa.
—Pues —Black Star hizo una pausa, sin saber que decir. Asintiendo, una risa traviesa y dulce salió de su boca sin su permiso—… Como mola Maka Albarn. ¿No?
La rubia se ruborizó al segundo, impactada por como cualquier palabra que soltase ese chico podía hacerla sentir de tal forma que un volcán explotaba en su interior. Indefensa al desastre inminente de la lava al arrasarlo todo.
—¿Te encuentras mejor? —Maka pregunta cariñosamente.
—De muerte. ¡Podría hacer lo que fuese! —Black Star volvía a toser desenfrenadamente. Kilik llegaba saltando tras el sofá; le sujetó pasando el brazo bajo sus axilas—. Lo que fuese…
—Aun así no me lo destrocéis muy pronto, por favor —la señora Star recogía su bolso, llamándoles a todos con el dedo alzado. Se echaba colonia en las muñecas—. Necesito a alguien que dé de comer a las gallinas —sonreía con picardía, haciéndole un pequeño guiño a todos los chicos de la sala.
"—Escalofriante..." Harvar y Black Star pensaban como una sola persona.
"—Pues está muy buena." Pensaba Kilik. "—Sí…" Asentía para sí mismo, mordiéndose el labio inferior.
Black Star se llevó una mano a la frente, sintiendo como quemaba. La señora Star se marchaba por la puerta escondida en el calor de una pasmina azul claro.
—¡Portaos bien, nada de drogas y no me incendiéis la casa! —chilló alto y claro como un animal, después volvió a sonreír y la puerta se cerró—. ¡Un besito!
—¿Por qué ha dicho —Maka comenzó a preguntar, con los ojos desorbitados…
—No quieras saberlo…
Respondieron los demás al unísono, desviando la mirada con picardía.
Maka.
La tarde se me pasó más rápido de lo que esperaba. Hacia bastante tiempo que no quedaba con tanta gente, desde que me mudé, prácticamente. Y en mi colegio anterior no es que me sobrasen los amigos; a esos pocos que tenía les echo de menos. En mi colegio anterior había un detector de metales, con eso puedo simplificarlo en poco tiempo.
Como dicen, no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Sea bueno o sea malo.
Patty me caía bien, me dio su número de teléfono. Yo no se lo pedí, me robó la mochila, puso su nombre y su número en todas las hojas del final de mis cuadernos de anillas. Si Black Star de por sí ya era toda una pieza, sus amigos no se quedaban atrás. Kilik y Harvar no paraban de hacerme reír. Lo mejor sin duda fue cuando cogieron la ropa de la señora Star y se pusieron a imitar a Medusa.
"—¡Mara! ¿Ya estás hablando otra vez, Masa? ¡Deja de interrumpir mi clase! Es que de verdad Mapa, de verdad. Así no se puede, Mata, así no. ¡Me lleváis todos por la calle de la amargura! ¡Makarena!"
De vez en cuando los cuatro soltaban sin querer un ligero, "Te acuerdas de ese momento en el que…", en el que yo no tenía ni idea de lo que estaban hablando. Y me perdía como una aguja en un pajar. Pero hacían lo posible por mantener el hilo de la conversación conmigo, ni preguntaban mucho ni me dejaban de lado. A primera vista, me sentía bien. Descolocada, divertida, pero bien.
—Bueno, nosotros nos vamos ya, es la hora de cenar —Kilik murmuraba, le sonaban las tripas y cenar en casa de la "vegetariana antri grasas trans" señora Star no era una opción—. Si mañana sigues mal avísanos, ¿vale?
—Ponte bueno Black Star —Patty le llenaba la cara de besos asesinos.
Era como la hermana pequeña que nunca tuve.
—Sí, sí. Sólo me dais dolores de cabeza, largaos de una vez pesados.
—Maka, ¿te acompañamos a casa? —Kilik me preguntaba con el abrigo puesto.
—Pues yo —me cortaron en el acto…
—No, ¿verdad? —Harvar respondió por mí, malamente, y se dirigieron a la puerta como alma que lleva el diablo—. Pues nada, hasta luego.
—Ya nos veremos Maka —Patty hacia el signo del teléfono con la mano, mordiéndose la lengua. A penas era sacada por la puerta por Kilik y Harvar, quienes sonreían de una forma muy picaresca.
—¡Patty, venga! —se reían ambos falsamente, empujándola. Patty saludaba—. Vamos…
"¿Para qué preguntan si luego se van sin darme elección?" Cerraron la puerta tras de sí, pero aún podía oír algunos gritos y risas extrañas venir tras ella.
—Pues no sé que hacer, debería irme ya, Spirit me va a matar lentamente a este paso —me abrochaba los botones del abrigo poco a poco, con nerviosismo, hasta que caí en la cuenta y dejé el último botón desabrochado, dirigiéndole la vista a Black Star—. No estoy segura. ¿Te encuentras bien como para quedarte solo?
—Maka —apoyando las rodillas en el sofá, me agarraba del abrigo con una mano, tirando de él, de mí, con suavidad…
No le hacía falta hablar para saber lo que quería, su cara lo decía todo.
"¿Te quedas conmigo?"
Harvar, Kilik, "mensaje recibido."
Llamé a mi padre para soltarle que me había quedado en casa de una amiga a cenar, a pasar la noche en su casa, y que volvería por la mañana sin falta. Empezaba a pensar que esos tres, incluso Tsubaki (Soul no, porque es así de impresentable) me habían dejado a mí la última, me habían hecho todo un complot para quedarme aquí. Con él, lo presentía. Encerrona.
Pero después de todo, desde un comienzo esto era lo que mi padre quería, ¿no es así?
—Sí, sí, se queda a dormir. No hay problema. Maka es una niña muy buena —él asentía a punto de perder la compostura, sentí ganas de matarlo pero me daba risa verle hablando como una maruja. O Black Star era realmente bueno poniendo voz de arpía, o mi padre un poco estúpido. (O las dos cosas.)
Oía a mi padre en la otra línea del teléfono.
"—Señora Nakatsukasa… Suena usted un poco rara…"
—Sí, sí, es que estoy un poco acatarrada, sabe —Black Star tosió en el teléfono con la boca abierta, como un perro viejo soltando flemas invisibles y los ojos como platos—. Ay, por Dios…
Spirit aceptó finalmente, le advertí sobre la comida que le había dejado esta mañana en la nevera para él y para el perro, y a duras penas, colgó el teléfono después de decirme que me quería durante tres minutos a moco colgando, deseándole una gran mejoría a la "madre inventada de Tsubaki" que habíamos creado.
—Gracias —él repitió el numerito de la tos de zombie malvado—, un placer. Adiós.
Black Star suspiró derrotado, colgando el teléfono en la pared.
—Podías haber hecho de padre.
—Uh. Tarde —Black Star alzó los hombros, más contento que nunca.
Nos quedamos en silencio, llegaba el momento crucial. "¿Qué hago ahora?" Lo que se me ocurrió fue partir de la única cosa que se me da bien.
—Te has perdido varias clases. ¿Quieres que te ayude a repasar?
Black Star se rió sujetándose el estómago y el pecho. Después se rascó la nuca, viendo que yo no me reía con él. No pillo el chiste.
—Pero, espera, espera —alzaba los brazos—, espera. Estudiar en plan 'lo que estoy pensando', ¿o en plan de verdad?
—¿En qué? —enarqué las cejas.
"¿Plan?"
—Ya sabes —juntó las manos en la espalda, formando una sonrisa picaresca en el rostro. Se movía de lado a lado—… Cosas…
—No, no sé a qué te refieres —negué con la cabeza, evitándolo. Roja y rosa como un atardecer.
Sí que sabía lo que se proponía. O la guarra idea que tenía en mente. O a lo mejor era yo la mal pensada, la que se imaginaba a sí misma golpeando a Black Star en el culo con una regla de un metro.
"Aborten, aborten. No puedes golpearle con un libro, está enfermo Maka. Témplate." Tampoco me desagradaba mucho la idea. "¡Témplate!"
Black Star abrió los ojos como platos viendo el hecho de que estaba sacando los libros de mi bolso-guion-mochila, y le invitaba a sentarse en la silla del comedor.
—Pero —se acercaba lentamente como un animal herido, sin parpadear. Totalmente en shock, se sentaba y hacia el amago de abrir un libro. Levanté una ceja. Él estaba fingiendo que la tapa pesaba una tonelada—… Pero estoy malito, Maka.
Volvía a toser, al principio de mentira. Luego casi se ahoga. Es capaz de cortarse con el papel…
—Está bien —cerré el libro de matemáticas—… Hagamos… Otra cosa.
—¡Sí! —levantó los puños en el aire como una animadora.
Muestro una media sonrisa, viéndole saltar de alegría: "—Que pronto te has recuperado."
Nos pusimos a ver una película de entre las cientas más piratas que había, pero salió al azar "La liga de los hombres extraordinarios" porque ninguno nos decidíamos, escondidos en un par de mantas comiendo pan de pipas. El largometraje estaba lleno de efectos especiales que dañaban la vista, pero era aceptable. La verdad es que no le estaba prestando atención, no a ello.
Black Star daba bostezo tras bostezo, le había casi obligado a tomarse uno de sus decenas de jarabes amargos y ahora se le caía la cabeza a ratos. Sobre mi hombro.
—Te vas a quedar dormido —golpeé suavemente su cabeza con la mía, primer aviso.
—Que no —negaba con la cabeza una y otra vez, intentado despejarse. Su voz se volvía pastosa—… Pero que conste que yo quería ver Buscando a Nemo.
Junté los labios con fuerza, reteniendo la risa. Parecía realmente un niño pequeño y adorable. Y quisquilloso.
—¿Mío, mío, mío, mío? —Black Star me hacía cosquillas pinchándome con los dedos en las costillas, imitando a las Gaviotas de dicha película de animación sobre peces perdidos, tiburones "pecefistas" y un dentista secuestrador—. ¿Mío?
Le doy varios golpecitos con el mando de la televisión en la cabeza. Segundo aviso.
Pasados veinte minutos empecé a hablarle sin recibir respuesta, y lo que predije se había cumplido.
—¿Black Star? —susurré.
Totalmente sopa, encima de mi hombro. Como no podía coger aire por la nariz, respiraba por la boca haciendo un sonido bastante gracioso. No era un ronquido, sino más bien un jadeo. Dejé holgar mi cabeza sobre la suya. Iba a dar el tercer aviso, pero no quería molestarlo. Me sentía cómoda de esta forma. Está caliente, y aunque me cueste admitirlo: en muchos sentidos. No era peligroso.
Su pelo era grueso, sano y fuerte. Me daba envidia, ni siquiera sabía si ese era su color de pelo natural. La película terminó y ni siquiera podría dar un resumen decente ya que no me he fijado en ella lo más mínimo. Apago la tele sin moverme del sitio.
Me siento culpable, pero no puedo evitar seguir acariciando el cabello de Black Star. De la raíz a las puntas, es una droga.
—Oye, rollito de canela —cuando soy yo la que planea despertarlo despacio, él empieza hablar con una voz tenue—… ¿Qué hacía Soul viniendo con vosotras? Con, dos bellezones como vosotras.
Me sorprende al instante al oír su voz y no soy capaz de contestar algo coherente, (¿por qué no para de decirme esas cosas? Así la que no va a poder respirar voy a ser yo, y será algo triste de ver.) Hasta que, simplemente sale de mi boca:
—Le secuestramos —asiento.
—¿Eh?
Me observa con aquellos ojos verdes, levantando la cabeza. Los suyos son mucho más claros que los míos. Quedamos a la misma altura sobre el sofá.
—Quiero decir, le pregunté si quería venir a verte. Y él dijo que sí. Aunque no sé para qué, porque al final —jugaba con mis dedos, con la manta falsa de piel marrón—… Ha demostrado que no tiene alma —lo cual es bastante contradictorio, sabiendo cómo se llama. A su madre debió hacerle gracia.
Black Star me ausculta con la mirada y comienza a reírse sin parar, acompañado de varias sacudidas de tos seca. Poso mi mano sobre su hombro. Lleva una especie de pantalón gris, de chándal. Y una camiseta de una banda.
—Sí, la verdad es que es bastante malo —me da la razón, y asiente del mismo modo. Recoge mi manta caída con las manos y me rodea con ella—. Pero ha venido —se lo repite a sí mismo, como si no se lo creyera del todo. Después le insulta cambiando el semblante, se carcajea—, que hijo de perra…
Ladeo ligeramente la cabeza, sin comprender un ápice. Él sonríe, llevando la mirada a un punto fijo de la mesa del café. Está mal de la sesera, le está afectando.
—Oye, Black Star —apoyo la cabeza en el respaldo del sofá. Mejilla contra mullido. Él hace lo mismo. Es mi turno—… Me dijiste que se lo preguntara a él, él me dijo que te lo preguntara a ti. Y me estáis volviendo loca, sabes. No me parece una cosa tan ma-
Antes de terminar la oración ya ha vuelto a acercar sus labios a los míos y nos estamos besando. Se me cierran los ojos. Porque esta vez no era un pico, no era un beso primerizo, ni siquiera un beso de despedida. Ni mucho menos. Era la madre de todos los besos. Un morreo en toda regla.
Pero si yo estaba hablando tranquilamente, ¿cuándo ha pasado esto?
Tan solo logro a pronunciar dos palabras con los ojos como platos y los pelos hechos un gurruño.
—¿Qué-qué haces?
Me llevo la manga del jersey a la boca y remuevo todo rastro de saliva caliente.
—Es que no te callabas —alza los hombros como si nada y comienza a jugar con una de mis coletas—… Continua, perdona.
Una parte sigilosa y tímida de mí desea que me trague la tierra, y mientras, la otra llena de libido desea más, más. Si me dejo llevar a la primera de cambio, esto no saldrá bien. Me estoy volviendo loca, pero logro atinar:
—Vale, no te voy a regañar por eso —pero porque me ha gustado muchísimo. Él silva con gozo—. Pero me gustaría saber, ¿por qué os lleváis tan mal Soul y tú?
Sonríe y echa la cabeza hacia atrás, al mantenerse callado varias ideas de lo que él pueda pensar de mí, vuelan por mi mente: "Maka, que pesada eres." "Que bien besa." "Tengo hambre. ¿Me como a la gallina?" "No. Que me da gases." Zarandeo el cuello, quitándome esas ideas de la cabeza.
—Porque me odia —él dice, finalmente. Deteniéndome. Su semblante es serio, pero a la vez cansado—. Me odia muchísimo.
"Pues nada, ya somos dos. Cuatro, si cuentas a Wes y a Eruka. Cinco con su padre, y siete mil millones de personas en el mundo. No está nada mal."
Con la boca en forma de piñón. Le pincho.
—Maka es… Es muy complicado. No le des importancia —recoge un cojín mullido del suelo, lo espachurra y me lo lanza a las rodillas—. Además, ¿por qué tienes tanto interés? —recuesta la nuca en el respaldo del sillón—. ¿Está apagada la tele? —frunce el ceño, extrañado. Descansando el mentón en la palma de la mano derecha.
"¿Se acaba de enterar ahora?"
—El otro día te dije que me lo pensaría —se me atragantan las palabras, llamo su atención, y logró el valor de decirlas—, ¿verdad?
—Sí, cierto —traga saliva, levanta una ceja azulada—. No dirás que te estoy atosigando —se acuerda—. Porque yo —¡se acuerda!—…
Black mira para otro lado, llena un moflete de aire y dirige los labios en sentido contrario.
"—Menuda pareja somos tú y yo."
—Claro que no —más bien, es al revés, yo soy la que atosiga—, pero aún me lo estoy pensando y si te soy sincera, me —Black Star esconde la cabeza entre los hombros y medio cuerpo en el sofá. Cierro los párpados con fuerza—… Me gustaría darte una oportunidad, sabes. Ver como funcionamos, tú… Y yo —"ya está. Ya lo he dicho".
Ya no hay vuelta atrás.
—¿En serio? —su cuello se alza como una tortuga, erguido de espalda entera.
Asentí, roja como un tomate.
—Si… Si vamos a —"yo quería decirlo, pero no me salía". Él al menos no se ríe de mí, me observa con los ojos bien abiertos. ¿Por qué tiene que tener unos ojos tan bonitos? ¿Por qué, por qué?—, eso… Eso…
—¿Eso, qué? —sus dos cejas se levantan, su mentón decae.
Y su mente ha de estar diciendo: dilo, dilo, dilo.
—¡A salir juntos —lo grito como si me hubiesen dado un empujón, como si me estuviese cayendo por las escaleras. "Gracias amigo invisible y aleatorio."—, idiota! —me arden las mejillas.
El murmura algo entre dientes en un gruñido. Quizá esperaba otra cosa, y espero que no sea lo que me imagino. O tal vez sí.
—Ya, es que —lleva los dos iris verdes, de lado a lado de forma sospechosa. Y lo dice como si nada, y éste es el chico que me gusta—… Quería oírtelo decir a ti —sonrió de oreja a oreja—. Aunque pensé que ibas a decir otra cosa —lo sabía.
Abrí los ojos asustada, tanto que me dolió. Él levantó los brazos al ver mi reacción, haciéndose el inocente.
Carraspeé.
—Si vamos a —aún me costaba decirlo. Me había enamorado de Black Star a primera vista—… Salir juntos, me gustaría que al menos tuvieses confianza en mí. Los dos me caéis bien.
—¿Los dos? ¿Soul te cae bien? ¿Ese demonio blanco? —él negaba con la cabeza, con los ojos como platos. Subía los pies sobre el asiento, rascándose con los dedos de éstos el talón—. ¿De qué piso te has caído Maka? —bromeaba.
Y yo me pregunto: ¿Dónde se ha ido todo el respeto que le tenía? Parece que no, pero está realmente ofuscado o enfadado en este momento. Lo esconde. Y no quiere decirlo, no es él Black Star que yo conozco. Aunque tampoco es que lo conozca desde hace mucho tiempo, le daré el beneficio de la duda.
—Sí… Y de ninguno. No sabría cómo explicártelo —me tiraba de las coletas, haciéndole reír entre tanta confusión. "En serio, no lo sabía. Pero lo necesitaba"—, y además es mi vecino y quiero llevarme de buenas con él —dije, como un sargento mayor—. ¿Entendido?
No suelo caerle demasiado bien a la gente de mi alrededor. Y si alguna vez necesito algo, quiero saber que tengo a alguien cerca que pueda ayudarme. Seré egoísta, pero es lo que pienso de verdad. Es mejor llevarte bien con tus amigos, y más con tus… Enemigos albinos.
—Si tanta importancia le das —suspira derrotado y rueda los ojos. "Maka vuelve a ganar otro asalto"—... Era mi mejor amigo, el primer amigo que tuve cuando me mudé aquí desde Japón — Black empezó a relatar, moviendo el trasero me arrejunté con él, hombro con hombro. Cadera con cadera—. El problema en sí, quizá viene de más atrás, pero hace ya varios años, la madre de Soul murió.
—…
Me quedé totalmente muda. Recordaba la conversación que tuve con el señor Evans hace unos días:
—Tiene una casa muy bonita. Ojalá la mía fuera la mitad de espectacular que ésta —dejaba salir mis pensamientos mientras luchaba por no acabar engullida por aquel sofá caníbal—. La señora Evans ha de estar encantada.
Le di un nuevo mordisco a una galleta de mantequilla.
—Eh —el señor Evans se quedó callado un instante—… Bueno, verás…
(Como he podido ser tan estúpida, acabo de conseguir el récord Guinness en "la mayor cagada monumental de la historia del ser humano." Y ni siquiera me he esforzado, soy la vergüenza de los premios absurdos.)
Por eso tiene tan pocas fotos en su casa, por eso él es así de apático. En cierto modo le comprendo. Y demasiado bien. Tanto que me asusta…
Black Star continuó hablando con seriedad y mocos secos y transparentes pegados en las fosas nasales que intentaba aspirar o toser. Frotaba su brazo contra el mío para saber si seguía en este planeta.
—Su hermano también salió —"¿Wes?" Me mordí los pase una servilleta para que se sonara—, mal parado. Desde entonces Soul cambió mucho, él ya no… Ya no era él mismo. Para ese entonces yo todavía no me había dado cuenta de muchas cosas, fui muy gilipollas pero él tampoco se quedó corto, joder —dio un chasquido con la lengua. Se estaba cabreando de verdad—. Hizo cosas que no tenía que haber hecho, yo hice cosas que no debí haber hecho, nos distanciamos y se fue todo a la mierda, si te he visto no me acuerdo —dio una patada a la mesa de cristal con odio en la mirada—. Y…
Se calló de repente, blanco y rígido como el papel. No tenía color en el rostro. Las pupilas se le dilataron bajo la tenue luz de la lámpara de pie.
—¿Black Star? —pregunto alarmada. Él busca mi brazo sin apartar la mirada, mi mano. La agarra con fuerza, le sujeto mientras se está cayendo de espaldas contra el sofá. Intentaba decirme algo pero no lograba pronunciar dos sílabas, estaba nervioso. Comenzó a transpirar demasiado deprisa por la boca—. ¿Estás bien?
"No, idiota. Claro que no está bien." Me digo a mí misma.
Niego con la cabeza, me sobrepongo encima de él y le zarandeo los hombros. Se llevaba una mano al pecho, arrugando la camiseta con las uñas.
No podía respirar. Se estaba ahogando.
Soul.
El sábado por la mañana se presenta tranquilo. Wes seguía durmiendo, ha vuelto tarde a casa tras pasar la noche fuera y Eruka no vendrá a verle, a verles a todos, hasta dentro de horas. Lo que es para el albino menor, toda una bendición divina.
"Paz." Piensa Soul, mirando la pared. La chimenea está puesta y la televisión encendida, aunque no la esté viendo ni escuchando. Es un mal gasto, pero evita que Soul piense más de lo debido. Hace un fondo invisible de ruido olvidado. "Aprende a dejar la mente en blanco, concéntrate, pero concéntrate en la nada. Visualízala." Stein se lo había dicho un millar de veces.
—Estúpido Stein.
El albino está tirado en la gruesa alfombra de pelo con la gata ronroneando y saltando por encima de él. Lleva un cascabel enorme y plateado con una cinta roja rodeándola el cuello. No deja de sonar, pero no incomoda. A Soul se le cierran los párpados irremediablemente mientras acaricia el lomo de Blair, no es que se haya levantado temprano, directamente no ha dormido nada.
Hoy los consejos no valían un rábano. Lleva toda la noche dándole vueltas a la cabeza. Se lleva las manos a las sienes. Hace varios días, desde que Stein le cambio la medicación, no oye voces. La mala al menos no. No ha vuelto. Le duele el cuerpo, se siente demasiado pesado, pero absurdamente tranquilo. Hasta ayer.
Intenta recordar algo, pero no averigua de que pueda tratarse. Una chispa se ha encendido dentro de su cerebro. Y la inseguridad, "ha dado voto de aparición en este entierro."
El señor Evans aparece vestido con una camisa y unos pantalones, bajando por las escaleras. Siempre va de traje. Con su blanca coleta, larga y lisa. Da un pequeño saludo mañanero acompañado de un bostezo. Se rasca el cuello. Soul levanta el brazo como un vago signo de demostrar que sigue con vida.
—¿Has desayunado?
Soul se da la vuelta en el suelo, dándole la espalda como respuesta. Un gemido lastimero.
El señor Evans da un chasquido con la lengua, ya sabe la respuesta. Le advierte a su hijo que como no se plante en la cocina en tres segundos y medio, la gata irá derechita a la perrera. Aunque Soul sabe que su padre no es capaz de hacerle eso a un animal, también sabe que puede ponerse realmente pesado. Accede y se levanta con dolores en todos los huesos, seguido por Blair.
No se trataba de que a Soul le desagradase desayunar, tenía hambre. No le daba asco la comida, quizá tenía un problema con "el hecho de no querer engordar". En el fondo lo sabía. Pero "el hecho de comer" para él significaba otra cosa: "no puedes comerte las pastillas con el estómago vacío." Esa regla se convierte en una suma, donde comida más estómago lleno es igual a pastillas. Y muchas. Su sentido del gusto estaba estropeado, el sabor del metal no le era apetecible todos los días.
"—Tienes que tomártelas, tienes que comer."
"—No quiero."
"—Pues habrá que pincharte. Tú eliges."
"—Sólo tienen que mantenerte con vida. Tú en sí, les das igual."
Soul daba un resoplido, sin llamar demasiado la atención de su padre. Estaba borroso, a veces preferiría no pensar con claridad. Porque recordar cosas, como hacerlas, aprenderlas, volver a vivirlas. Le daba pánico, un ataque de pánico. Miedo del miedo.
El señor Evans ya está cocinando o trasteando con los alimentos, cuando Soul se sienta en la silla, dejando caer el mentón sobre la mesa de la cocina. Blair ha ido derecha a su tazón de leche que el padre de Soul habrá llenado con el cartón.
—Pon la mesa Soul—su padre le da una orden sin siquiera tener que mirarle, alargando las palabras.
"—Lleva otra vez ese estúpido delantal." Piensa Soul, haciéndole caso entre quejidos. El albino jefe le revuelve el pelo cuando pasa a su lado a por los cubiertos que están guardados en el cajón de arriba. "—¿Cuchillos que no cortan? Que novedad."
Ambos escuchan un ruido. Varios. El sonido de alguien que se ha tropezado por las escaleras, Soul y su padre se miran el uno al otro: "—Está despierto."
Wes se levanta, totalmente adormilado. Aparece por la puerta de la cocina trotando como un cervatillo, el olor a beicon le habrá atraído como las abejas a la miel. Se golpea el dedo meñique del pie con la pata de la mesa. Maldice a los cuatro vientos. "—Lo de todas las mañanas…" Suspira Soul, dejando los platos y los vasos sobre la mesa junto al zumo, la leche más unas cuantas tostadas sin quemar, esta vez.
—¡Puta esquina! —grita Wes saltando a la pata coja. El señor Evans no puede evitar reírse mientras fríe con la ayuda de la espátula en la sartén sobre la vitro-cerámica.
Soul se sienta, y repite la misma posición que hizo al entrar en la cocina por primera vez en la mañana.
"La esquina es la más puta del lugar."
Finalmente Wes se sienta en la silla del comedor en frente de su hermano, con un bol lleno de cereales con forma de aros de colores diversos y el móvil en la mano, "mandándose mensajitos con Eruka." Soul quiere vomitar.
"—Te kiero cari."
"—Y yo a ti, xurri."
Según Soul: el simple hecho de estar alejados minutos ya les resulta caótico o inhumano. No saben lo que es el espacio propio. Comparten la misma burbuja desde hace años.
Wes hace crujir su cuello y sus hombros, al compás que destroza los cereales con las muelas. Soul se da cuenta de que Wes está más fuerte cada día. Observa la comida, observa la mesa, se da cabezazos contra ella.
—¿Vas a desayunar eso? —pregunta el señor Evans a su hijo mayor mientras éste se mete una cuchara repleta de cereales en la boca. El padre levanta una ceja—. ¿Por qué no sales fuera e intentas comerte un arcoíris? —su padre deja caer en el plato de Wes un par de huevos con beicon de la sartén, mientras la sujeta por el mango.
Soul sabe que es el siguiente.
—Sí hombre, y que el duende irlandés que cuida su caldero de oro al final me dé una paliza —Wes se daba sentido a sí mismo. Al menos no lo dijo con la boca llena, pero casi—. Necesito azúcar.
Y siguió comiendo. Toda la comida para dentro. Sin ascos. Más mensajitos, más sonrisitas. Más corazoncitos.
—Soul, podías tomar ejemplo de tu hermano. Aunque sólo sea en este sentido.
"—Ya empezamos." El dolor de cabeza de Soul, se hacía más y más grande. Como un gigantesco monstruo alimentado con malas expectativas.
—No debería responder, pero lo voy a hacer —Soul levanta la cabeza, sujetándose al borde de la mesa con ambas manos—. Wes come como un maldito elefante. No soy un elefante —su mirada rezongaba ira contenida—. No me hables.
El señor Evans rueda los ojos con pesadez, como venganza por hablarle así a su padre. Le echa otra loncha de beicon a la sartén con huevos. Soul se está muriendo por dentro mientras se acongoja, escondiendo el cuello entre los hombros como una tortuga frente al depredador. Aguantar a Soul no ha de ser sencillo. Y menos por las mañanas.
—Si empezamos a hablar de animales, yo creo que tú eres un león Soul —Wes se metía entre ambos para quitarle importancia al asunto, o simplemente metía baza con una sonrisa en los labios—. Por la melena que tienes. Las gatas te aman y eres más vago que las piedras. Pero el rey de las bestias es el elefante. Sin duda —asintió, dándose aires ególatras. Soul levantó las cejas blancas—. Además, el miembro viril de los elefantes es gigantesco.
El señor Evans escupió para otro lado el zumo que bebía mientras cocinaba. Por poco se le quemaba la comida, apagó el fuego. Wes continuó:
—Incluso pueden usarlo para sostenerse y rascarse el estómago. Gracias Soul —Wes sonreía, terminándose el bol de cereales. Visto y no visto. Como un perrito. A su hermano menor le entraron escalofríos. La pregunta era, "¿cómo sabía Wes todo eso?" Su padre pone demasiado el canal del National Geographic con ellos presentes y este es el resultado. Pero Wes escucha lo que le interesa—. Soy maravilloso, y te aguantas.
Fin del comunicado. "—Bonito discurso."
—Wes —Soul deja el tenedor sobre el mantel lentamente, se está pensando el hecho de apuñalarlo en un ojo—. Estamos comiendo.
—Cierto —su padre sonreía. Los dos a juego.
Echaba más comida en el plato de su hijo mediano. Soul suspiraba derrotado. Huevos revueltos, igual que su cerebro. Misma forma, sabor asqueroso. No debería haber abierto la boca, lo sabe. Comienza a tragar tirado, medio cuerpo, sobre la mesa. Como si se tratase de gravilla. A los tres bocados decide desistir.
—¿Tan horrible te resulta, Soul? —su padre le preguntaba preocupado, deshaciéndose del delantal de su madre. Wes le traía su taza de café del microondas, y se sentaba en la encimera a hablar con Eruka. "El último que se levanta de la mesa es el que la recoge." Siempre es Soul.
—No quiero —Soul retiraba el plato con la mano. Las escondía bajo en los bolsillos. Deseando que su padre se apiadara de él y se comiera "sus sobras"…
"—No quiero." Es una frase que tiene memorizada desde hace tiempo. Le dolía el estómago. Su padre se sentaba junto a él, acercando una silla. Dejaba el café de lado para recoger los cubiertos de Soul, pinchaba la comida en el plato, poniéndoselo delante de la boca. Como si fuese un bebé.
Soul le miraba como un cachorro abandonado pero eso no funcionaría con el señor Evans. Le tenía calado. No pensaba abrir la boca, negaba con la cabeza. La mantenía sellada como una tumba. Pero su padre tampoco pensaba apartar la comida, es más, empujaba el cubierto contra sus labios. Llenándole los morros de aceite.
—Verás —el señor Evans lo dejó caer sutilmente, sin retirar el tenedor—, he oído que ahora en el hospital te dan más sal para echarle a la comida. En pequeñas bolsitas.
Soul abrió los ojos como platos, aterrorizado. En eso sí que su padre no bromeaba un ápice. Abrió la boca, tragándose su orgullo con ello. Y le quitó los cubiertos a su padre, en lo que sería una bofetada.
—Tú me has obligado a decirlo —el adulto levantó los brazos, marchándose a leer el periódico con la taza de café en mano o lo que serían, sus pilas para todo el día, o hasta el próximo café. Soul masticaba a lentos mordiscos, a duras penas ya llevaba la mitad del plato. Blair se había ido a dormir la mona a otra de las sillas y no podía darle su desayuno. Aunque Soul pensaba que podía conseguir comerse la comida esta vez. Era una prueba. Su padre se acerca a al hermano mayor en la encimera y le susurra en un silencioso murmuro—. Wes, A roja y B verde doble.
El albino menor se crispó en un instante al oír ese mandato. Wes asintió, dirigió la mirada a su hermano y levantó los hombros. Susurrándole palabras incomprensibles. Soul movía la cabeza de lado a lado con una velocidad terrorífica. Pero a Wes no le quedaba otra que ir a donde él sabía que tenía que ir, a coger lo que él sabía que tenía que coger. Vamos, al armario secreto de las pastillas (cuya procedencia es secreta).
—No, ¡B verde doble no! —Soul gritó con temor, dando un puñetazo a la mesa. Su padre suspiraba con derrota: "el habla en símbolos ya no sirve para ocultárselo". Llena un vaso de agua enorme y lo planta frente a Soul—. ¿Por qué dos de Litio? ¡Sólo tomo una! —explicaba el pequeño, alterado.
—Stein dice que dos, y dos serán a partir de ahora —explica el señor Evans, con calma—. No, no, no, no —el señor Evans negaba con el dedo a medida que Soul suplicaba y gritaba—. Punto.
"Punto." Siempre era el mismo resultado para Soul. Se estaba poniendo nervioso. Comenzó a mirar a todos lados en busca de ayuda. Quería salir corriendo, su padre seguía hablando pero él no estaba escuchando una palabra.
—Ni que fuéramos a matarte, por Dios.
Al oír aquello de refilón, hizo el astuto amago de levantarse de la silla, pero su padre fue más rápido y le agarró del brazo con fuerza. Le sentó en la silla bruscamente, de un estirón.
Después en la comida vendrían otras más, en la cena vendrían otras más. Más, más, más. A la semana siguiente le subirían la dosis. No se acababa nunca. Nunca para Soul.
—¡Soul!
Le temblaban los labios como dos barras de mantequilla cuando Wes llegó con las cápsulas en la mano.
No había escapatoria posible. Se las tuvo que tomar, a la fuerza. Esta vez no tuvo que gritar. El señor Evans había dejado a su hijo tumbado en el sofá para que se tranquilizase, y de ahí no se había movido. Su padre se fue a su despacho, subiendo las escaleras. Tampoco había salido. Estaba furioso con Soul, porque hiciese lo que hiciese era un caso perdido. O eso era lo que Soul pensaba.
Se llevaba las manos a la cara, tumbado de lado observaba la tele sin siquiera verla, sintiéndose rígido, flexionó las piernas entumecidas. Estaban echando una tal "Encarni, la televidente del canal cinco que lleva un pañal en la cabeza." Nunca acertaba ni una, pero la mujer lo intentaba:
—¿Hay una mujer en tu vida? —Encarni sacaba una carta.
—No —la voz masculina hablaba por el telefonillo, perdiendo dinero segundo tras segundo.
—¿No? ¿Hay un hombre en tu vida?
—Sí. Ya le he dicho que soy gay —Encarni enseñó los dientes—. Yo quería saber sobre mis finanzas.
—No, tus finanzas van mal. Abandona el sector secundario, va de capa caída.
—Y dale. Que yo tengo una carnicería —el hombre colgó.
Tenía la vista cansada. Quizá él debería ponerse a estudiar algo, (y no acabar como Encarni), hacer algo productivo, pero simplemente no estaba de humor. Le costaba mucho concentrarse para leer una página seguida y no hacer el ridículo, como para estudiarse un tema entero de la materia que fuese, y las pastillas le dejaban fuera de combate durante un largo rato.
"No tienes ganas de nada." Soul suspiraba, a medida que escuchaba unos pasos acercársele. Quería hundirse. No quería verle, se giró rápidamente en el sofá, observando la esquina del respaldo con los ojos abiertos y enrojecidos. Wes alcanza su posición y se sienta de golpe en el sillón haciéndole rebotar varias veces. Cambia de canal y pone la MTV, baja el volumen.
—¿Vas a quedarte ahí todo el día? —Wes susurraba con cierta pesadez, le revolvía el pelo—. Eruka vendrá con Noah más tarde, ¿vale? Me va a ayudar a poner la canasta en la puerta del garaje. ¿Te parece? —el hermano mayor preguntó, pellizcando los pies del pequeño, de buen humor—. Te estoy hablando.
Wes hablaba y hablaba pero Soul no respondía. Ni siquiera le miraba. Era como si su boca, su cerebro, no quisieran contestarle.
—No te pongas así con nosotros —echaba la cabeza hacia atrás sobre el respaldo del sofá, zarandeando las rodillas de Soul. Le repetía lo mismo de todos los días—, bicho. Lo hacemos por tu bien.
—Lárgate —decía el menor cansado.
Soul le dio varias patadas en el culo para echarlo del sofá. Wes levantó los brazos, cayéndose al suelo de bruces. Sin insultos, sin nada más. Sólo quería estar solo y no tenía fuerzas para subir las escaleras. Se negaba a pedirle ayuda a Wes, no para eso. "Que él hiciera lo que le diese la gana."
—Vale, vale —se sacudió el pantalón y se marchó con varios papeles de la universidad entre las manos. Y el móvil, para seguir hablando con Eruka. Le dirigió una mirada infantil a su hermano pequeño—. Cascarrabias.
El albino menor se hizo un ovillo. Le había entrado sueño, una gran morriña por su cama. "Nada más tomarse las pastillas, que casualidad." Escondiendo la cabeza entre los cojines, se quedó dormido sin darse cuenta.
Durmiendo de un tirón, al poco rato comenzó a oír voces. Pero no estaban en su cabeza. Eran voces demasiado conocidas. Su padre y Wes estaban gritando por algo, algo a lo que no estaba atento porque el sueño le vencía a cada rato.
—¿Qué es esto? —preguntó el señor Evans, palabra, por palabra. El sonido del movimiento de un papel molestó al enfermo.
Soul se contrajo al instante en el sillón del salón, ahí seguía. Levantó la frente con el cabello revuelto, pegado en sus mejillas. Al mirar al reloj de la pared ya era medio día. Observó adormilado, la cara enfadada de su padre acercándose. A su hermano dando brincos a su espalda para detenerle.
—Lo siento, intenté esconderla, pero lo ha descubierto —el mayor pedía perdón con las manos juntas, formando un pequeño rezo. "Wes podía ser a veces un buen hermano." Pensaba Soul. Incluso había borrado los mensajes que el director había dejado en el contestador telefónico—… Nuestro padre lo huele.
—Bueno, si mi memoria no falla esta vez, yo diría que es —Soul se restregó los nudillos por los lagrimales. Despejándose—… Una carta.
—Imbécil, ¿qué haces? —Wes temeroso de la salud mental de su hermano, le susurraba a su lado encima del respaldo del sofá, entre dientes—. No le vaciles…
—Oh muy bien, eres muy listo.
—Se intenta.
Soul apartaba una manta, dejándola en el suelo. Alguien se la debía haber puesto encima cuando se quedó amodorrado.
—¿Y sabes también lo que hay dentro? —el señor Evans ladeaba la cabeza. Se agachó, quedando al mismo nivel que Soul.
—Eh… Pues-
—Ni se te ocurra responderme "Letras" —advirtió señalándole—, porque te mato aquí mismo.
—Iba a decir una hoja, pero en fin.
El albino menor dirige la vista a la mesa, comienza a arañarla sin razón con el tenedor que se había traído de la cocina esta mañana. Porque sí, no quería soltarlo. "Si la Sirenita podía peinarse con esto, él puede estropear mesas."
—¡Soul! —el señor Evans gritó enfurecido, crispando de pies a cabeza, a ambos adolescentes en el salón de casa.
Planta la carta de un golpe en la mesa, frunciendo el ceño como si sus cejas albinas estuviesen juntas de por vida. Soul no se inmuta un ápice ante él, baja la cabeza.
—Es una carta, ¡del colegio! —el grito rotundo de su padre, hace que Soul se estremezca—. Resulta, que mi hijo ha asistido sin mi permiso, a un colegio que mira tú por donde: ¡estoy pagándolo y no tenía ni idea! —el señor Evans dirigió raudo la vista a su hijo mayor, experto en copiar firmas desde prescolar. Wes levanta los brazos, demostrando su inocencia—. Y además, por si fuera poco, tengo que ir a una reunión, del instituto al que te dije que no fueras, y que estoy pagando, ¡porque te han puesto un parte grave!
Soul escuchó atento sin parpadear una sola vez. Wes y su padre temieron lo peor por un momento, hasta que finalmente el menor de los albinos reaccionó y levantó los hombros como si nada, pronunciando:
—Vaya, lo siento por ese hijo.
Espacio Beru*:
*Para los que no habéis entendido la parte del Litio. El litio es un medicamento que se usa para tratar (ya lo explique antes pero lo vuelvo a explicar porque es importante, soy espesial) enfermedades como la esquizofrenia, enfermedades sanguíneas o las depresiones, incluso en niños. El Litio relaja literalmente, es un agente anti-maníaco (Suena tan mal que hasta a Soul le da miedo). Cuando piensas demasiado, cuando tu cerebro trabaja demasiado, por así decirlo, el Litio elimina esa actividad anormal en el cerebro. (Bell informándose, a tope.) Ya os seguiré contando más. (More, more, more.)
Este capítulo (y el siguiente) ha sido muy especial para mí, (¿Presidenta in love? ¡La gallina que cambio el mundo!) el escribirlo. Tenía el guion escrito desde hace mucho, no es que haya cambiado nada, en absoluto. (Las partes de Soul, (que difícil es hacer a Soul…) las de Maka son un cachondeo sin límites, baje Dios y lo vea. ¡Baja Dios, baja que te lo exijo!) Pero he sentido algo que en otros capítulos no (Y lo que os queda, ya veréis. SiSoyMalaYQuéLeVoyAHacerEhEhEh (?)). Porque últimamente no es que los buenos sucesos se hayan apiadado de mí, y los accidentes pasan. (Y son unos hijos de perra. ¿Me habéis oído accidentes? Lo sois, y no es justo.(¡Alamerdé!)) Enfadados o no la gente se marcha. Y aquello que pensábamos que siempre iba a estar ahí, se va. Quered mucho a las personas que de verdad os quieran, porque son los que de verdad se quedan, no permanezcáis enfadados por tonterías, porque al final no vale la pena.
(¡Y aquí termina el sermón del día, vi-va!) Like the city can't hold uuuuuuus! Ejem. Me ha quedado tan, pero tan-tan largo este capítulo que lo voy a dividir. La continuación si dios (Momo) y los reviews lo quieren. Vendrá próxima. (Mecano: "Soy sólo una (mala) persona, sólo soy una (mala) persona. Aaah.")
Ya os dije que a partir de este punto, empezamos una etapa nueva. (¿Dudas, consternaciones, pollos, demandas legales? Review Please.) No tengo nada más que decir (por ahora), este fic está en marcha y no piensa parar.
Dejar reviews me motiva a continuar, (mentira, ¡el que escribe es mi perro Momo, yo sólo soy la marca! Yiajaja. Ejem.) y mucho... ¡Gracias a todos por leer, por los farolitos, digo favoritos y los follo, digo los follows. (Uuuh.) Sí, eso. Toma pimpollo, te regalo una adivinanza:
"Soy el lazo más unido,"
"y el eslabón más potente."
"Mi lenguaje es el afecto,"
"y hago más noble a la gente."
Nos vemos en el próximo capítulo de Sweet Dreams: (¡Va a haber un regalo para sus menesteres!) And all my people say: nana nana nanananá.
Capítulo 12.
Casa de muñecas. Tercera (y última) parte.
A los que habéis empezado el curso, ánimo compañeros. Grandes batallas trajeron grandes logros. Y a los que seguís de vacaciones, cabronazos. ¡A disfrutar! (Kisses.)
