Hola queridos lectores aquí les dejo este capítulo largo… a leer se ha dicho.

.

.

Capítulo 10:

"El Baile"

.

.

La lluvia se precipitaba desesperadamente, era tan densa que impedía tener una buena visión, pero eso no era nada para el príncipe que volaba a toda velocidad rumbo al palacio, mientras volaba, se maldecía así mismo, por su reacción, como era posible que no hubiera asesinado a esa humana, ese era el momento perfecto para acabar con ella. ¿Qué fue lo que le sucedió? ¿Por qué cuando estuvo frente a ella no pudo arrancarle la vida?

Eso era una situación inédita e inexplicable, el príncipe sanguinario, jamás le había perdonado la vida a nadie, por ello todos lo llamaban así, no había nada ni nadie que lo doblegaran; no se comprendía así mismo, porque en ese momento lo único que pudo hacer fue huir…

La princesa Bulma permanecía estupefacta, mojándose con la helada lluvia, permanecía inmóvil, no podía hacer nada ni pensar siquiera, todo había sido tan extraño, primero había evitado que callera por el barranco y segundo le perdonó la vida, sabía que había tenido toda la intención y los deseos desenfrenados por asesinarla, pero él simplemente se fue, dejándola incapaz de actuar, de decir o de hacer algo.

El príncipe cambió de rumbo y voló al lago donde la había sorprendido desnuda, no entendía porque pero no deseaba regresar por ahora al palacio, aterrizó a escasos metros del lago y respiró profundo, tan fuerte que emitió grandes cantidades de energía que levantaron las rocas del lugar y el lago emitió ondas de gran longitud que amenazaron con levantar el agua.

–¡MALDICIÓN! –gritó arrojando toda su furia, eso logró tranquilizarlo un poco.

La princesa reaccionó y cargó con la espada de Vegeta que yacía en los lodazales que se habían formado, Bulma la limpió lo mejor que pudo y decidió regresar a la casona con sus padres…

–Hermana ¿Por qué tardaste tanto?... Ya tenías a nuestros padres preocupados –le regañó Tights.

–Lo siento… es sólo que se complicaron algunas cosas y se alargó el entrenamiento -expresó nerviosa.

–Ah ya veo –dijo la rubia

Su padre salió del salón del brazo junto a su madre.

–Hija, tenemos una noticia… en unas semanas tendremos otra reunión con los saiyajin, se ofrecerá un baile.

–¡¿QUÉEE?! –se sorprendió –Supongo ¿que no fue idea de ellos verdad?-dijo bastante molesta.

–No hija, fue idea de tu hermana Tights… recuerda que después de todo lo que ha pasado, nuestra gente no la está pasando nada bien, debemos continuar con las relaciones diplomáticas y que mejor manera que ésta… los saiyajin desconocen de nuestras costumbres, nacieron para pelear, la mejor manera de tenerlos de nuestro lado es entreteniéndolos y que se adecuen a nuestra forma de vida, una vida más tranquila y cómoda; así podemos irnos ganando adeptos y facilitar la vida de nuestro pueblo, sino podemos expulsarnos de nuestro planeta por lo menos, podremos coexistir en paz.

–Tú sabes lo que pienso al respecto, pero respetaré tu decisión padre –expresó resignada y la verdad no tenía ganas de confrontar nada, estaba exhausta y atónita con lo sucedido.

–Iré a mi alcoba, necesito dormir –se marchó.

El crepúsculo cubrió el lago donde permanecía el príncipe, él estaba sentado en la hojarasca, recargado a un viejo sauce, abrió sus ojos mirando el brillo del agua, había un silencio extremo en ese lugar y sobre todo una calidez sin igual, la lluvia ya había cesado hace unas horas, su traje se había secado, aunque sus botas estaban lodosas, las miró unos instantes y después levantó la mirada nuevamente observando el lago y entonces recordó a la mujer nadando en el lago y emergiendo de éste completamente desnuda, sus pensamientos se detuvieron justo allí, al darse cuenta en lo que estaba pensando se levantó violentamente y se marchó al palacio.

En cuanto llegó observó a Milk, la criada indicándole que pronto servirían la cena, él sólo atino a quitarse las botas y los guantes…

–Deshazte de ellos –le ordenó.

La mujer los miró algo confundida…

–Sólo están un poco sucios, los lavaré muy bien y ya verá que quedarán como nuevos –dijo.

–¡Que no me oíste terrícola, te ordené que te deshicieras de ellos… tíralos a la basura y después quémalos! –le gritó exasperado.

La mujer muerta de miedo asintió.

–¡Como usted diga su alteza! –se marchó despavorida.

Bulma despertó finalmente, ya había oscurecido, había descansado muchas horas, después de todo, bostezó y se irguió en su cama.

–Que bien dormí –lo primero que observó fue la espada de su adversario que estaba al pie de la cama. No pudo evitar recordar lo sucedido…

Vegeta con cada paso que daba, era para ella un paso de agonía a una muerte segura, entonces el sujetó su espada y la izó como si fuera una batuta y se preparó para lanzar el ataque final, cuando la espada se dirigía a la princesa, está tropezó y casi cae a un precipicio…

El príncipe la sujetó fuertemente de la cintura evitando que ésta cayera, pero fue un movimiento tan rápido que sin pensarlo, la atrajo hacia él y sintió las respiraciones y latidos agitados de la princesa, como tumbos estruendosos, ella estaba apoyada en su pecho con su rostro hundido en él, mientras que sus manos habían abrazado su cuello, asustada, él permanecía inmóvil, sin poder romper esa "incómoda" posición; su respiración agitada cedió un poco y entonces dudosa, despegó su rostro del torso del príncipe y subió la mirada a los ojos de éste, él la miró también, ambos lo hacían inermes a todo, la expresión endurecida y diabólica del joven se había disipado, ahora sólo tenía una perpleja, llena de duda; la chica se percató y por primera vez vio esa mirada de ojos negros, distinta, algo que la intrigó a sobremanera, pero no pudo evitar sonrojarse al verse tan cerca de él en esa posición, con un completo extraño que además aborrecía; el príncipe por un momento se perdió en esos ojos azules, bajó la mirada y observó las mejillas sonrojadas de ésta y su confusión aumentó… pero con ella despertó de ese momentáneo letargo y soltó a la chica detrás de él, haciendo que esta cayera de rodillas al pasto.

Auch…-se quejó - se sobó las rodillas y en cuanto se percató que él se dio media vuelta, ella tomó su espada y se puso en guardia para reanudar la batalla.

Él se giró por completo, la observó a la defensiva y la miró por varios minutos sin articular palabra y sin moverse de esa posición, ya no sentía deseos de pelear con ella, ahora su mirada estaba perdida.

¿Por qué te quedas allí parado?… ¡Anda vamos a continuar! –le retó. La miró a los ojos y no podía comprender la valentía de esta, hace unos momentos ella estaba completamente indefensa ante él y ahora había recuperado su valor.

Una onda abrasiva de escalofríos invadió su ser, se sentía tan extraña por recordar eso, pero sobre todo recordaba esos ojos negros profundos que por un momento pudo sentir que no había ninguna fortaleza entre ellos y no parecían ser los de un hombre sanguinario y malvado, más bien parecían los de uno confundido… y de alguien que estaba inmerso en un mar de secretos, secretos que seguramente le atormentaban; en esos momentos no sintió ningún temor, no se sintió amenazaba; esa reflexión la hizo mover su cabeza varias veces a ambos lados como si quisiera dejar de pensar en ello.

–Hmph… ese saiyajin sólo es un salvaje, en el no existe ni un ápice de bondad, seguramente me dejo con vida, porque quiere molestarme, pero no dejaré que me humille ni se burle de mí –decía.

Pasaron un par de días, Tights visitó a Yamcha a su habitación. Le tocó varias veces, hasta que el muchacho finalmente abrió.

–Hola Yamcha, buenos días disculpa que haya venido tan temprano –decía la rubia algo avergonzada.

-Descuide princesa, su presencia siempre es agradable ¿le puedo ayudar en algo?

La rubia se sonrojó y atinó a decir.

–Ehm… muchas gracias Yamcha, vine para invitarte a un baile que se ofrecerá en los próximos días

–¿Un baile? –preguntó algo intrigado.

–Sí es un baile que se ofrecerá en el palacio real del reino del norte –le dijo.

–Ah… en el reino del norte –se desilusionó.

–Su alteza, me apena mucho pero no me agradaría nada convivir con esos salvajes, sabe de antemano que les guardo un profundo resentimiento, además en mis condiciones, no creo conveniente asistir a un baile –dijo apenado.

–Yamcha no digas eso, por favor anímate, a mí me gustaría muchísimo que pudieras venir –sonó convincente.

–¿Su hermana la princesa Bulma asistirá? –preguntó interesado algo que por supuesto no agradó nada a Tights.

–Sí, ella también asistirá, aunque ya la conoces, a ella nunca le han hecho mucha gracia ese tipo de eventos –dijo con percibida molestia.

–Entonces iré su alteza –dijo emocionado –Disculpe mi atrevimiento, pero hace días que no hablo con ella.

–Mi hermana está metida todo el día en su laboratorio y se va largas horas a cabalgar con Helios –agregó.

–Oh ya entiendo…

Vegeta entrenaba al aire libre en los jardines, algunas gotas de sudor, descendieron a su guante, este las miró…

No es posible que un chiquillo de tan sólo cinco años sea tan poderoso, ya asesinó a más de la mitad del escuadrón de entrenamientos especiales, eran guerreros elite, los más poderosos –se quejaba uno de los capitanes de la guardia real, mientras observaba al niño asesinar a uno de sus compañeros a sangre fría, el pequeño arrancó la cabeza de su sirviente y después lanzó un poderoso rayo a través del cristal asesinando al capitán que hace un momento se había quejado, su madre quien tenía a Tarble en brazos, lo observaba completamente seria, no podía ni siquiera parpadear, el niño salió del lugar y ordenó:

–¡Retiren ese cuerpo mal oliente de aquí! -dirigió su mirada a sus guantes ensangrentados –tiren esos guantes.

¿Por qué me desobedeciste? –Le detuvo su madre –Te dije que esta vez no asesinarías a nadie… tu padre y yo te lo prohibimos Vegeta, ¿¡Por qué nos desobedeciste!?

El niño observó a su madre inmutado y le dijo

La vida de esas basuras no valía nada…

Su madre lo miró marcharse completamente desesperada, sólo atinó a respirar profundo.

Vegeta abandonó sus recuerdos y caminó por los pasillos del palacio, chocó con su hermano, iba tan distraído que ni siquiera percibió su presencia.

–¡Quítate de mi camino estorbo! –le gritó a su hermano menor.

–Pero si fuiste tú el que chocó conmigo Vegeta –le respondió molesto.

El saiyajin no le tomó importancia y decidió continuar caminando, pero Tarble lo detuvo.

–Hermano, ¿ya te enteraste? –le dijo.

–No me interesa enterarme de nada, tú sabes que los chismes no se me dan como a ti.

–No se trata de ningún chisme, sólo quería enterarte de que en unos días habrá un baile aquí en el palacio, está invitado el reino de los humanos.

–Hmph ¿para eso me quitaste el tiempo?... no me interesa en lo más mínimo esas tonterías.

–A mí si hijo –emergió su padre.

–Esto sí que no me lo esperaba, de un tiempo para acá te has convertido en un viejo ridículo que gusta de las estupideces de los humanos, no me asombraría que un día traigas a los humanos a vivir aquí y pretendas que nos mezclemos con esas basuras.

El rey rio por los comentarios sarcásticos de su vástago.

–Puedes decir y pensar todo cuanto quieras hijo, pero solo te garantizo que esos humanos fueron los de la idea, además que resulta muy conveniente para nosotros, pretenden mantenernos contentos y darnos por nuestro lado para conservar sus miserables vidas, dejémoslos, finalmente a nosotros no nos afecta eso –dijo el rey.

–Haz lo que quieras padre, yo no participaré en sus ridiculeces.

Tarble quien aprovechó la presencia de su hermano dijo:

–Tómalo por el lado amable, podrás estar cerca de la princesa Bulma –sonrió maliciosa y burlescamente.

Vegeta se giró enfurecido y lo tomó del cuello.

–Escúchame muy bien imbécil, vuelve a decir algún comentario idiota como ese y no la contarás, aquí el único estúpido que cayó de rodillas frente a esa raza inferior fuiste tú –refiriéndose a Tights, lo lanzó contra la pared y se marchó.

El comentario no lastimó para nada a Tarble, pues él sabía muy bien sus sentimientos, además hasta los reconocía, aunque sabía de más que no le hacía mucha gracia a su padre.

En una cabaña abandonada cerca del palacio, Milk servía a Kakaroto decenas de guisos que traía en recipientes, Kakaroto los engullía con singular alegría, finalmente el muchacho lanzó un eructo descomunal, indicativo de que había logrado saciar su hambre.

–¡Delicioso! –decía frotándose la barriga abultada.

–Ay Kakaroto me alegra que te haya gustado –decía muy complacida y con sus mejillas sonrosadas.

–Milk tú eres la mejor, de verdad cocinas delicioso, lo miraba embelesado

–Entonces es verdad, a los hombres se les conquista por el estómago.

–Eh no entiendo lo que quieres decir pero supongo que sí –decía rascándose la cabeza.

–Ay Kakaroto, a veces no pareces un saiyajin, eres bastante inocente.

–¿En verdad lo crees?

–Mhmuju –asentía con la cabeza.

Él se levantó de la silla polvorienta y se acercó a los labios de la joven y los besó, sus labios se sincronizaron aumentando la intensidad y ya no pudieron parar, se deshicieron de sus vestimentas y entre la paja se recostaron besándose con desenfreno, el de los cabellos alborotados acariciaba cada parte del menudo cuerpo de la mujer, esas caricias se intensificaron, lanzando varios jadeos por parte de ambos y esa llama se propagó con más fuerza; Kakaroto se posicionó encima de la mujer y está convencida lo recibió, uniéndose en un solo ser, ambos eran bastante inexpertos, tanto así que Kakaroto desconocía tanto del tema que Milk emitió algunos gemidos de dolor, por la falta de sutileza del joven, pero sin embargo era feliz, se había entregado al hombre que amaba…

Bulma salió a cabalgar con Helios como todos los días y recordó que llevaba días sin ver a Yamcha, se sintió mal consigo misma pues por lo general se veían todos los días.

Se lo encontró caminando y se bajó del azabache para conversar con él.

–Princesa, justamente iba a buscarla, hace varios días que no sé nada de usted –dijo el joven.

–Discúlpame Yamcha es que estuve arreglando unos pendientes, pero aquí estoy…en unos días se va a realizar un baile en el palacio de los saiyajin yo quería in… -el joven la interrumpió.

–Oh sí, su hermana Tights ya me invitó –dijo.

–Ah ya veo –se decepcionó inmensamente. –Ehm… Yamcha hablamos después, recordé que ayudaría a papá con unos encargos, nos vemos después, se retiró muy triste.

La peliazul tomó a su caballo y comenzó a cabalgar a todo galope, sus lágrimas se derramaron sin poder contenerse.

Llegó a la casona y subió corriendo las escaleras, se encerró en su habitación, respirando agitadamente y limpiándose las lágrimas, observó su armario y resopló. Se dirigió a el y lo abrió.

No había ni un solo vestido, sólo pantalones holgados y sus trajes de pelea, nada bonito ni femenino, entonces se le iluminó su mente con una idea, y si le pedía a su madre un vestido o a Tights, quizá ellas podían aconsejarla mejor, salir de compras no era opción, comprar un vestido sabiendo las finanzas actuales de su familia y sobre todo porque esas finanzas que cada vez eran más exiguas, estaban sirviendo para mantener miles de familias humanas que fueron despojadas de todo. Sí, le pediría ayuda a su hermana y a su madre, por primera vez sentía la inquietud de verse bonita, de lucir como una chica. Sonriente se dirigió a la cocina donde su madre estaba junto a la servidumbre, horneando unos deliciosos pastelillos.

–Madre… -dijo emocionada.

Su madre la observó intrigada, mientras dejaba una charola en la barra.

–¿Qué sucede Bulma sucedió algo malo? –preguntó temerosa.

–No madre, vine a pedirte un favor… eh… quería ver si podrías prestarme un vestido, ya sabes que será el baile en unos días y bueno yo no tengo ningún vestido –decía apenada.

–Oh hija, eso no me lo puedo creer, tu queriendo lucir femenina –dijo asombrada su madre, Bulma se sonrojó aún más –Mmm me encantaría ayudarte, pero tú sabes que soy mucho más menuda que tu hermana y tú, seguramente ninguno de mis vestidos te servirán, además están confeccionados para una mujer madura, tu aun eres muy joven, porque no le pides ayuda a tu hermana –le dijo.

–Mmm, está bien, gracias mamá –se retiró algo desilusionada, Tights era su última opción a decir verdad.

Se dirigió al gran salón, donde su hermana tocaba una pieza de piano armoniosamente, le hizo una seña, para interrumpirla.

–¿Qué sucede hermana? –preguntó la mayor.

–Mmm… disculpa que te interrumpa Tights, sólo quería pedirte un gran favor…

–Sí dime ¿de qué se trata? –preguntó.

–Verás es que en unos días es el baile y pues yo… no tengo ningún vestido, tu sabes que a esos eventos sólo se asiste así…

–¿Necesitas que te preste un vestido? –agregó terminando la oración.

–Sí exacto –dijo avergonzada.

–Mmm claro, por mí no hay ningún problema hermanita, pero recuerda que no tenemos las mismas medidas…

–Sí lo sé… pero tú tienes tantos vestidos que seguramente habrá uno que si me quede.

–Porque no vamos a ver –le invitó a seguirla a su habitación.

La rubia abrió su enorme y esplendoroso armario cubierto de hermosos y elegantes vestidos, todos diseños exclusivos de telas finísimas y de todo tipo de estilos y colores, Bulma admiraba asombrada cada ejemplar, podía perderse entre todos ellos, no tenía idea de cuantos vestidos tenía su hermana, pero si eran demasiados. Tights rebuscó entre ellos y del fondo sacó uno que por supuesto como todos estaba confeccionado de una finísima tela, pero su diseño era bastante sencillo y sus colores eran algo opacos y a decir verdad se veía bastante pasado de moda, era algo holgado que asemejaba más a una bata, bastante largo, sin ningún escote o abertura, cerrado hasta al cuello y de manga larga, lo peor de todo es que era estampado de diversos colores opacos, grises, verdes y morados.

Bulma miró el vestido con bastante intriga y le dijo:

–¿Tú crees que ese vestido se vaya a ver bien en mí?

–Claro hermanita, está diseñado para tu tipo de cuerpo y los colores te sentarán muy bien, el azul de tus ojos combina con estos tonos, te verás hermosa –le sonrió con seguridad.

Al ver el rostro de seguridad de su hermana, no pudo más que sentirse segura también y le sonrió.

–Tienes razón, además tú eres la que sabes de modas y esas cosas.

–Sí así es, tu confía en mí hermanita, si te presto algún otro puedes sufrir algún accidente, tú sabes… que termine rompiéndose.

–Sí tienes toda la razón…

La princesa se llevó el vestido a su habitación y suspiró dejándose caer sobre su mullida cama.

–Ese día luciré hermosa para ti Yamcha –decía enamorizcada.

Tights, se sentía un poco mal por su hermana, pero ella amaba a Yamcha y lucharía por él a toda costa.

–Lo siento hermanita, pero en la guerra y el amor todo se vale, esa noche será sólo nuestra.

Los días transcurrieron aceleradamente y el esperado día del baile llegó, la servidumbre preparó el salón principal para el baile que se celebraría, lucía majestuoso; los invitados comenzaron a arribar al evento, por supuesto todos con singular elegancia.

Los príncipes saiyajin y el rey portaban sus atuendos de gala, los tres, vestían muy similar, sólo que los colores cambiaban, Tarble traía una tonalidad gris en su traje, mientras el monarca azul rey y Vegeta un tono azul marino que le resaltaba mucho el color de su piel y lo hacía lucir muy apuesto, por supuesto con su inseparable capa.

–Así que cambiaste de opinión y decidiste acompañarnos –le dijo el rey al mayor de sus vástagos.

–Hmph… por supuesto que no me interesa la reunión, sólo deseo ver con mis propios ojos como te permites seducir por esas cucarachas –rio sarcástico.

El rey lo miró algo molesto, pero decidió no prestarle atención. Observó a su hijo menor impaciente jugando con sus manos. Y es que Tarble estaba muy nervioso, esa noche era muy especial, pues sería aquella noche en la que le confesaría su amor a la princesa Tights, nada le importaba ya, ni el repudio de su padre, ni la muerte misma, el sólo deseaba permitirse ser feliz.

Milk y Kakaroto jugueteaban en la cocina, a escondidas como era costumbre; de pronto cesaron las risas, cuando sintieron unos pasos aproximarse a la cocina y esa presencia pertenecía a Bardock, Kakaroto sintió estremecer todo su interior al ver allí a su padre, rogaba porque no los hubiera descubierto, sabía muy bien lo que le esperaría si eso pasara, Milk estaba aterrorizada, fingía estar meneando la sopa, como si jamás hubiera cruzado palabra con su amante saiyajin.

–Kakaroto ¿¡Qué demonios haces aquí?!... debemos estar escoltando a sus majestades… ¡eres el colmo, otra vez merodeando la cocina!

–Sí padre… lo siento, es que tenía mucha hambre y… -decía casi tartamudeando.

–Deja de darme excusas y vámonos –le regañó severo.

Bulma se miraba al espejo y no sabía porque, pero no le gustaba mucho como se veía, quizá se sentía así porque no estaba acostumbrada a los vestidos y tacones, pero al escuchar afuera la voz de Yamcha sintió una profunda alegría y salió muy contenta.

Allí estaban todos listos esperando a la menor para marcharse al baile, en cuanto bajó de las escaleras todos se quedaron atónitos, ella sonrió ampliamente.

Su madre se llevó la mano a los labios y quizá el más sorprendido de todos era Yamcha que se reverenció ante ella.

–¿Me veo bien? –preguntó, todos se miraron entre sí, su madre iba a sincerarse como de costumbre y emitir su opinión, pero Tights intervino.

-Te ves muy bien Bulma –inmediatamente todos asintieron, acallando la verdad.

Bulma se sintió complacida y sonrió feliz.

-Pero que se quedan mirando vámonos ya –expresó la peliazul.

Iba a acercarse a Yamcha, pero su hermana intervino abruptamente y se colgó del brazo del joven.

–Vamos Yamcha –dijo con su voz angelical y femenina.

La sonrisa de Bulma se desdibujó al instante y caminó después de ellos, tomaron el avión rumbo al palacio saiyajin.

Finalmente llegaron al palacio y arribaron, Tights del brazo de Yamcha, aunque a decir verdad el muchacho se veía bastante incómodo.

Fueron recibidos por la servidumbre y guiados hasta el salón principal donde se llevaría a cabo el baile, quedaron admirados al verlo tan exquisitamente preparado para la ocasión.

Se acercaron a saludar al rey y a sus hijos, por supuesto Vegeta tenía la mirada en otro lugar y una cara de pocos amigos, Tarble al ver a Tights quedó aún más enamorado de la rubia, lucía un vestido rosa pastel de encaje ceñido a su pequeña cintura y con un ligero escote en la espalda que resaltaba su tersa y blanquecina figura, era estraple y de su cintura caía delicadamente dejando observar su delicada figura, unas zapatillas del mismo tono y su cabello recogido en una media cola, ondulada, su cuello estaba adornado por una bella gargantilla con un delicado brillante en el centro y portaba unos guantes que cubrían hasta sus muñecas.

La madre de Bulma siempre lucía hermosa y elegante, lucía un vestido verde esmeralda, corte princesa que hacía juego con su collar y sus aretes de esmeraldas. La última en hacer su aparición fue la princesa Bulma, todos los presentes quedaron mudos al verla, incluyendo al mismísimo Vegeta, que hasta ahora parecía bastante aburrido; la peliazul, lucía el vestido colorido en tres tonalidades, verde, gris y morado, cubriendo su cuello y sus brazos, lucía unas zapatillas de tacón negros que su hermana Tights también le había prestado para la ocasión, parecían ser de unos casi quince centímetros y se observaba su pronunciada dificultad al caminar, como el vestido le había quedado tan holgado, la princesa se había colocado un cinturón que nada tenía que ver con el vestido, haciéndolo lucir aún más excéntrico, su cabello estaba recogido en una cola alta y sólo había coloreado sus labios de tono carmín, todas las miradas estaban puestas en ella, tanto que lograron incomodarla, Vegeta no pudo evitar mirarla de pies a cabeza, como es que pudiera tener tan mal gusto, pensaba. Tarble miró a su hermano y esbozó una ligera sonrisa, aunque su atención se dirigió absoluta al acompañante de Tights, el plebeyo que estaba prestándole su brazo a la mujer que amaba, por supuesto sintió hervir su sangre y no dudo de intervenir de inmediato.

–Su alteza, no sabe cuánto me complace su presencia, podría acompañarme a la pieza que está por comenzar –le ofreció gallardamente su mano.

La princesa lo miró algo indecisa e incómoda.

–Eh su alteza es que yo vengo… -inmediatamente el rey Maximus interrumpió a su hija.

–Tights no puedes negarle una pieza al príncipe Tarble –le incitó a acompañarlo a esa pieza.

La princesa miró a Yamcha unos segundos y no observó reacción alguna en el muchacho, algo que por supuesto le disgustó, pero su padre tenía razón no podía ser descortés con el príncipe y más sabiendo que él siempre había sido todo un caballero con ella, que desde que se conocían se volcaba en detalles y en complacerla.

–De acuerdo su alteza, bailemos –tomó su brazo.

Bulma sonrió ampliamente sin planearlo siquiera, su padre le había obsequiado una gran oportunidad, poder estar cerca de Yamcha, y porque no bailar con el toda la noche como tanto lo había soñado.

Bulma siempre había sido una chica tímida, y no tenía idea cómo hacer para que Yamcha la invitara a bailar, él estaba sentado sin muchos ánimos, sabía que se sentiría fatal por su condición en la piernas, pero podía bailar aunque fuera un poco, por lo menos animarlo y disfrutar de su presencia, por otro lado el chico se debatía entre invitarla a bailar o no, pensaba que podía ser un buen momento para acercarse más a Bulma y confesarle lo que desde hace años sentía por ella y que nunca se había atrevido a decirle, ahora con su cojera se sentía aún más inseguro.

Tarble tomó a Tights de la cintura y ella colocó sus manos en los hombros del saiyajin y bailaron aquella pieza clásica.

–No sabía que fuera tan buen bailarín –dijo la rubia.

–Ni yo mismo lo sabía, estás costumbres son nuevas para nosotros, aunque al estar con una mujer tan bella como usted no existe ningún imposible –la princesa se sonrojó, Tarble podía ser muy directo a veces –Princesa ya no es necesario que me hable con tanta propiedad, me gustaría que me hablara de tu.

–Está bien Tarble, pero con la condición de que tú también me hables de tú –le ofreció la rubio, él sonrió y le dijo:

–Está bien, Tights, te hablaré de tú.

Vegeta observaba a su hermano con indignación, no podía creer que su sangre estuviera mezclándose con una humana, le parecía una aberración.

Maximus y el rey Vegeta intercambiaban una charla de temas políticos y económicos, ambos estaban inmersos en esa conversación, mientras la madre de Bulma degustaba de los deliciosos bocadillos y platicaba con algunos burgueses terrícolas, la mujer se sentía algo apenada por el atuendo de su hija menor y deseaba distraer las miradas sobre de ella.

Bulma se sentó junto a Yamcha y este se ruborizó.

–Es una linda noche no cree –atinó a decir el joven.

–Sí yo creo que ésta será una noche muy especial.

–¿Por qué lo dice su alteza? –preguntó intrigado.

–No lo sé, sólo lo presiento.

Tarble y Tights cesaron de bailar y se dirigieron a la mesa allí estaban Bulma y Yamcha conversando animadamente, algo que enfureció a Tights a sobremanera.

–¿Hermanita, acaso no piensas bailar? -alzó la voz para que dejaran de conversar.

–Ehm… yo bueno yo… -miró a Yamcha e intentó invitarlo a bailar pero extrañamente sus palabras no podían salir de sus labios, Yamcha se dio cuenta que podía aprovechar ese momento, aunque por un lado se sentía inútil y no quería hacer el ridículo y dejar en mal a la princesa, pero deseaba poder estar más cerca de ella.

–Princesa yo quiero pedirle… -intentó terminar la oración, pero Tights interrumpió ágilmente.

–Bulma porque no bailas con el príncipe Vegeta –Vegeta abrió sus ojos al escuchar esa declaración y se quedó perplejo, pero quién demonios se creía esa humana para ofrecer tal cosa, pensó.

Bulma miró con recelo a Vegeta, por supuesto que no quería bailar con él.

Tarble secundó la idea de Tights.

–Me parece una gran idea, porque no bailas con la princesa Bulma hermano –le incitó a sabiendas del espantoso carácter de su hermano y a lo que se estaba arriesgando.

–¡DE NINGUNA MANERA! –dijeron ambos príncipes Bulma y Vegeta, al unísono.

Yamcha interfirió.

–Su alteza –se dirigió a Tights –No creo prudente que la princesa baile con el saiyajin.

–Pero ¿Por qué no? esta reunión es un baile y la mira esta puesta en nosotros, nuestros pueblos desean vernos bailar, ese es el fin –decía.

–Yo no lo veo así Tights, deja eso por la paz –dijo molesta la peliazul.

–Su alteza, si usted me lo permite yo… –Yamcha iba a ofrecerse para bailar con ella, pero una vez más fue interrumpido. Esta vez por el rey Maximus.

–Yo creo que es una excelente idea –dijo el soberano terrícola.

–Yo también lo veo así, Vegeta acompaña a la princesa Bulma –le ordenó severo.

Bulma miró a su padre casi suplicante para que no la obligara.

–Pero padre esto es…

–Hija por favor, nunca me has desobedecido –alzó su voz, la princesa bajó la mirada.

–Me niego, yo me largo de este lugar… -soltó el príncipe casi refunfuñando.

–No puedes desairar a la princesa o acaso no te eduqué para tener una pizca de cortesía –observó la mirada retante de su padre, esa actitud suya cada vez la soportaba menos y estaba a muy poco de hacerlo explotar y cometer alguna locura. Miró a Bulma con frialdad absoluta y se acercó a ella ofreciendo su brazo, no es que estuviera cediendo, era una manera de demostrarles que él no se desbalancearía con tan poco, si deseaban verlo humillado y rendido se quedarían con las ganas.

La peliazul lo miró estupefacta, él estaba ofreciéndole su brazo para ir a bailar, eso sí que la confundía, quería negarse, pero observó el rostro de su padre y comprendió que había sacrificios que tenían que hacerse, tomó su brazo y se dirigieron al centro del salón a bailar la pieza, Tarble de nuevo acaparó a Tights y ambos hermanos se posicionaron al centro para ofrecer una pieza.

El príncipe no tenía idea de esos protocolos y estupideces humanas, pero observó a su hermano y decidió imitarlo para evitar cualquier ridículo, aunque ya sus miradas estaban puestas en ellos por el desastroso atuendo de la princesa y porque era inédito que el príncipe sanguinario fuera a bailar y con una humana; se miraron a los ojos con furia contenida, él la atrajo hacia él y con tal fuerza y violencia que no midió la exigua distancia entre ellos y podía sentir sus latidos y su respiración, eso la hizo sentir algo incomoda, estaban muy muy cerca, ella colocó sus brazos en sus hombros y la música comenzó, eran piezas muy suaves que se bailaban con delicadeza, la princesa estaba batallando a sobremanera por los tacones que ya desde hace rato estaban matándola, Vegeta se sentía profundamente estúpido y ridículo por formar parte de esos espectáculos y literalmente le había tocado bailar con la más fea, sentía las miradas inquisidoras analizándolos, cubriéndolos de críticas, la princesa sentía exactamente lo mismo que él.

Yamcha, los observaba desde la mesa, su mirada estaba fija en ellos, estaba muy molesto, no podía soportar que su princesa estuviera bailando con ese animal, sintió los celos más profundos que jamás pudiera sentir, deseaba ir a golpearlo y llevarse a la princesa de allí, pero no podía hacer nada más que esperar a que terminara la pieza.

Bailaban con algo de dificultad, por los tacones de la princesa, por suerte no lo había pisado, pero poco le faltaba, el silencio era demasiado incomodo se veían tan acartonados, así que la princesa decidió cerrar el silencio intentando charlar con él.

–¿Por qué no me asesinaste?

Vegeta no le contestó nada.

–¿Por qué me perdonaste la vida?… dímelo quiero saberlo –casi le susurraba al oído por la corta distancia entre ellos.

–Porque me dio la gana humana –le contestó descortés como de costumbre.

–Oh vaya que buena contestación, derrochas caballerosidad y buena educación –dijo irónica.

–Y tu buen gusto

–¿Qué dijiste? –dijo muy molesta.

–Por qué no cierras la boca y esperas a que termine esta estupidez –expresó exasperado.

–Sí creo que es lo más prudente se me olvidaba que contigo ni siquiera se puede hablar, eres un insufrible engreído –dijo intentando mirar a otro lado.

Al estar así de cerca de ella pudo distinguir un olor singular que jamás había olido, era un aroma tan suave y tan exquisito a la vez, no podía creer que esa terrícola oliera tan bien, ella en cambio percibió su aroma tan fresco y varonil, sintió nuevamente escalofríos, en esos momentos comenzó a sentirse ya no tan incómoda, era tan extraño, hace un momento era todo lo contrario y ahora parecía como si bailara con alguien que le agradara.

Finalmente la pieza terminó y ambos agradecieron que eso ocurriera, se separaron como dos polos iguales que se repelen con fuerza, cada quien caminó por un rumbo diferente, Tarble se acercó a su hermano y le susurró.

–Hermano lucías tan bien bailando con la princesa Bulma, creo que hacen una excelente pareja –dijo bufoneándose a todas luces de él.

Eso fue algo que desquició a Vegeta y le propinó un durísimo golpe al estómago que casi lo deja inconsciente.

–Cuando eso pase yo dejaré de ser un saiyajin, jamás pondría mis ojos en ninguna terrícola y menos en esa humana -se retiró lejos del salón principal, caminó hacia los jardines con incipiente ira que poco podía contener.

Tarble se tomaba el estómago intentando recuperar el aire.

Yamcha se levantó del asiento y se dirigió a las hermanas, Tights por un momento pensó que le pediría una pieza, pero sucedió todo lo contrario, Yamcha se dirigió a Bulma y fue a ella quién le pidió la pieza.

Bulma aceptó encantada, a pesar de no soportar las zapatillas, bailaron, ella sonreía ampliamente no podía ser más feliz, Tights los miraba desde la mesa conteniendo el llanto que estaba a punto de asomarse, se sentía tan humillada, jamás imaginó que Yamcha preferiría a su hermana, a pesar de lucir tan ridícula; Tarble la sacó de sus pensamientos invitándola a bailar nuevamente. Ella aceptó para estar más cerca de Yamcha y buscar una manera de alejar a su hermana, pero ambos estaban tan inmersos en su mundo de rosa que ni siquiera hablaban sólo bailaban al compás de la música y sonreían, por supuesto lo hacían muy despacio por la cojera de Yamcha.

Ese baile fue un suplicio para Tights, tener que soportar bailar a un lado del hombre que amaba que estaba bailando con su hermana era un infierno en la Tierra, entonces se le ocurrió algo que quizá sacaría a su hermana de la jugada.

–Chicos, Porque no vamos al jardín a descansar un rato, hace mucho calor aquí dentro y me imagino que han de estar también muy exhaustos –ofreció la rubia.

Bulma y Yamcha se miraron y asintieron, Tarble por supuesto también los acompañó. Caminaron hacia los jardines traseros y descansaron en los sillones.

–Que fresca esta la noche –dijo Tights.

–Sí, es una gran noche –le secundó Tarble.

–Tienen toda la razón es una noche excelente –dijo Bulma que por el momento permanecía en las nubes.

De pronto unos sirvientes se acercaron a Tarble y le comunicaron algo.

–Ahora vuelvo, mi padre está buscándome, no tardo –dijo y se marchó.

–Hermanita, estamos algo sedientos, porque no pides que nos traigan unas bebidas, por favor –pidió Tights a su hermana.

–Claro, en seguida vuelvo –se marchó Bulma.

Mientras caminaba observó del otro extremo, a un sirviente con una charola con diversas bebidas que se dirigía hacia el lugar donde estaba Tights y Yamcha, seguramente Tarble lo había mandado, decidió regresar a donde su hermana y su enamorado.

En cuanto escuchó su nombre se detuvo al instante y se escondió detrás de un pilar, para escuchar mejor la conversación. Por supuesto Tights que gozaba de una vista privilegiada ya la había visto dirigirse hacia ellos y aprovechó el momento.

–Pobre de mi hermanita, es mejor no decirle nada sobre su aspecto, nos hizo pasar una gran vergüenza, pero lo que más me duele es que los invitados no le quitaban la vista de encima, se escuchaba el bullicio inflamado de críticas hacia mi hermana, no debe enterarse que se veía tan ridícula… ¿tú qué opinas Yamcha? –el chico no sabía exactamente qué decir, pero a pesar de todo tenía razón.

–Creo que la princesa necesita mucho de su asesoría, para vestirse adecuadamente y lucir linda, es verdad que ella no es tan bella como usted, pero…

–Sí concuerdo contigo Bulma no es nada agraciada ni mucho menos femenina, siempre ha parecido más un muchacho que una señorita y luciendo esos atuendos mucho peor. Ni una sola palabra de esto a mi hermana, no debemos hacerla sentir mal, su autoestima podría verse afectada –incitó.

–Desde luego yo no le diré nada que le pueda dañar…

Las lágrimas de la princesa no dejaban de fluir, con eso le bastaba para darse cuenta que toda su vida iba a ser la poco agraciada de la familia y estaría eternamente condenada a vivir bajo la sombra de su hermana, porque ella era la bella, la virtuosa en la que todos se fijaban, incluyendo el hombre que amaba, que opinaba lo mismo que ella que era fea y no sabía vestir; salió corriendo del lugar, Vegeta estaba recargado de brazos cruzados en unos de los anchos árboles del jardín, había escuchado toda la conversación, desde que habían llegado, pero no la había escuchado porque quisiera hacerlo, no tenía ganas de ser descubierto en ese momento porque no tenía el más mínimo interés por regresar al baile, y accidentalmente escuchó todo, vio a la humana correr llorando como una niña.

La princesa se internó en los jardines y lloraba arrodillada junto a un árbol.

–Soy una tonta, yo sabía que me veía ridícula ¿por qué me deje convencer de ponerme ese horrendo vestido? o más bien es que nada en mí luce bien -lloraba amargamente, se sentía tan humillada y tan triste, jamás había sentido algo así

–Te ves más ridícula llorando, no puedo creer como una guerrera como tú sea tan débil y se ponga llorar como una niña estúpida –salió de la nada el príncipe engreído.

Ella se sorprendió al escucharlo, al principio se asustó porque no se lo esperaba, pero después se enfureció. Se limpió las lágrimas, pero aún seguía llorosa.

–Lo que me faltaba que tú estuvieras aquí para molestarme.

–Hmph, no creí que fueras tan patética.

–Sabes algo príncipe Vegeta, no tengo ganas de discutir contigo, no estoy de humor y si te parezco patética o débil o estúpida o lo que quieras no me importa… adivina algo, aunque no lo parezca soy una mujer y las mujeres lloramos –dijo molesta y con lágrimas en los ojos.

El saiyajin se quedó serio, no imaginaba esa contestación, seguía siendo agresiva, pero ahora lucía frágil, sus ojos azules inmensos brillaban de una manera sin igual, sus mejillas blancas estaban sonrojadas por el llanto y sus labios rojos estaban húmedos, se sentía tan extraño de verla así, era la primera vez que observaba a una mujer llorar de esa manera, quizá nunca había visto a nadie llorar así.

–Bah… entonces eres igual a todas, pensé que eras diferente –dijo seco.

–¿Eh? ¿A qué te refieres?

–A nada humana, sólo eres un ser de raza inferior, por eso estás así y sufres por estupideces

–¿Estupideces?... ¿Quién te crees que eres para venir a decirme todo esto?... que tu no tengas sentimientos y sólo sepas matar es tu problema –decidió marcharse dejando al saiyajin allí, pero se detuvo en cuanto lo escuchó.

–La belleza es algo insignificante niña.

La mujer se giró soltando todo el llanto que luchaba por contener.

–Es muy fácil decirlo, alguien como tú no conoce nada de eso, pero alguien como yo que ha vivido toda su vida siendo comparada por todo el mundo, incluso por mi propia familia, que siempre ha sido la fea, la poco femenina, la del cuerpo deforme, la poco virtuosa, la que nadie se fija, la extraña que le gustan las actividades para varones, la que tardó años para manejar una espada a la perfección, la que nadie absolutamente nadie confiaba y que le llevó más años todavía para pertenecer y convertirse en la almirante elite del ejército terrícola que por cierto ustedes hicieron pedazos y mis soldados perdieron la vida, y se adueñaron de nuestro reino y de nuestro planeta…no sabes cuánto me esforcé para lograr todo eso y sólo he cosechado fracasos… esa soy yo, nada me ha salido bien… -se quebró por completo, por primera vez se había desahogado y dicho todo lo que tenía enterrado en su interior y que no se permitía sacar.

–Y no te has puesto a pensar que te ha pasado todo eso, porque lo has permitido, porque has dejado que los demás te hagan sentir así.

–Déjame en paz, vete por favor – le suplicó.

El príncipe no comprendía como había llegado hasta ese punto de ver a esa mujer que parecía de acero, romperse sin más, por trivialidades, pero entonces se recordó así mismo cuando era un niño y que jamás recibió un halago de su madre, todo lo contrario, siempre criticó duramente y sin contemplaciones cada uno de sus actos, el favorito siempre fue Tarble, por ello el no conocía la ternura y la inocencia de las cosas, no conocía más que asesinar y luchar, esa había sido su vida y entre ellos, como hermanos siempre había existido esa brecha de exigua o nula fraternidad, aunque su padre no se interesaba mucho por Tarble realmente tampoco lo hacía con él, jamás había recibido alguna palabra afectuosa o alguna caricia, su padre era frío y severo y había ocasiones en las que olía su miedo, sabía que muy en el fondo su padre le guardaba temor.

– Los humanos son tan patéticos que le dan valor a las cosas insulsas, lo único verdaderamente importante es tener poder…Sí tu dejas que las palabras de alguien que siente profunda envidia por ti te destruyan ese es tu problema… hay cosas que no dependen del reflejo que se mira a través del espejo, hay cosas que guardan un valor único e importante que es lo que las hace especiales…

Se marchó dejando a la princesa sin palabras…

CONTINUARÁ…


Hola queridos lectores, este capítulo estuvo largo, que les pareció, si todo sale como espero probablemente subiré la próxima actualización en 15 días, sino dentro de un mes como siempre espero que les haya gustado mucho este capítulo, porque yo disfruté muchísimo escribiéndolo. Saludos a todos y un abrazo.

Muchas gracias a los lectores anónimos, a los silenciosos, pero sobre todo a: flor, princess saiyan, bris vernica, anabellgonzalez92, sasukevsnaruto, sofigomez, vegeta briefs, ella123456, arag7, MBLMA, paula, Nyrak, Majo29.

MBLMA: Hola bienvenida, Muchas gracias por leer. Un abrazo.

Paula: Bienvenida, muchas gracias por tu comentarios, me alegra que te esté gustando la historia no la dejes de leer. Saludos y un abrazo.

Nyrak: Hola Bienvenido (a) Espero no haberte desvelado mucho y ojalá te guste este capítulo no dejes de leer. Saludos y un fuerte abrazo.

Les debo las repuestas a sus comentarios, en el próximo se las despejo, para que por favor junten todas sus preguntas y se las responderé en el siguiente. Muchas gracias y hasta pronto.