La Nuvola sarà sempre la triste e solitaria Nuvola.
(La Nube siempre será la triste y solitaria Nube)
- Objetivo 11-
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Bajó del avión apenas se lo habían permitido, odiaba esta clase de situaciones, pero había decidido volver por una simple y llana razón, deseaba seguir adelante. No es como si su hermana alguna vez le haya puesto como castigo el que no amara, eso había sido siempre cosa suya, un lamentable consuelo que necesitó darse para no sentirse tan culpable, tan miserable por su inutilidad. El ser débil. Pero no regresaba sólo para buscar un perdón injustificado, sino para arreglar las cuentas con dos personas en su vida que decidió nunca volver a ver.
Alisto todas sus cosas en su departamento, Hibird no se había alejado de él en todo el camino y parecía tener la meta de no dejarle ni a sol ni sombra, Roll; por el contrario, se mostraba molesto y se negaba a salir de su caja, como había comprobado las primeras noches de su regreso. Necesito alistar todas sus cosas para comenzar su búsqueda. Pero antes, mucho antes, necesitaba visitar un lugar.
Kusakabe estaba enterado de todos los pormenores del viaje del Hibari, incluso del extraño mundo en el que se había visto involucrado su jefe, y le siguió incondicionalmente, tal y como se demostró que haría en un futuro, sabía bien que su líder había regresado de Italia hace casi ya dos semanas, pero casi no le había visto, había asistido esporádicamente a la escuela y a clases, pero decidió esperar a que llegará donde él, además que aquella fecha estaba próxima a llegar. Y fue aquel día cuando le vio fuera del colegio, apoyado de forma ausente en una de las paredes que formaban parte de las murallas del colegio, con su usual vestimenta, con su porte indiferente, quizás lo único que lograba evidenciar como se sentía verdaderamente ese joven eran las nubes plomas que amenazaban con soltar su carga en cualquier momento.
- Kyoya-kun – llegó a su lado, el muchacho solo le miró unos momentos para luego erguirse y comenzar a caminar fuera de las dependencias, Kusakabe no tardó en llegar a su lado y seguirle en silencio.
El lugar se veía igual de sombrío que siempre, el aíre estaba cargado con el olor de las flores, tanto frescas como marchitas, los arboles se erguían orgulloso mientras que el viento mecía sus hojas, dándole una singular tonada al ambiente que rodeaba a aquel lúgubre lugar, en medio de aquel campo de lapidas se podía ver ocasionalmente alguna estatua de algún ángel o algún querubín. Caminaron sin prestar atención a su alrededor, después de todo, sólo les interesaba una de las tantas sepulturas que había en ese recinto, sólo una. Caminando por un sendero invisible llegaron a su destino, una elegante escultura de cemento quedo frete a ellos, cubierta por una singular cerámica que a simple vista parecía un suave polvillo, de un toque plomo totalmente elegante, por un costado una enredadera se afirmaba; dándole un aire más delicado al monumento al tiempo que las flores de dicha planta le daban algo de vida al cuadro. Tallada en la piedra se encontraba el nombre el dueño de dicho lugar.
Hibari Yuka
1996 – 2008
"La más fuerte entre todas,
Aceptó todo con una sonrisa"
Hibari posó una mano sobre la lapida, sus dedos recorrieron la superficie como una sutil caricia que no podía ser entregada de manera directa, se arrodillo y removió las ramas y hojas traídas por el viento, tristemente pudo ver que nadie; aparte de él, había ido a ver la tumba de su hermana, como había sido desde que había fallecido, siempre era el único en ir a verla, además de Kusakabe quien solo iba cuando él estaba presente. Depositó el ramo de narcisos que había comprado en la entrada, la flor favorita de su hermana.
Poco a poco las gotas de lluvia se dejaron caer, al principio débiles, para luego caer con fuerza mojándolos completamente, Kusakabe contemplo a su Líder y amigo, cada año era igual, siempre llovía con fuerza en esta fecha, igual que aquel día, trayendo con más fuerza los fantasmas del pasado. Pero, nadie le preparo para lo siguiente.
- Yuka… - dijo con suavidad el moreno – ha pasado un tiempo… - regalo una nueva caricia a la piedra – he estado ocupado con algunos borregos… - sonrió de costado – ha sido interesante, y he encontrado mucha diversión, tanta… que hasta el dolor se ha comenzado a ir… - elevó su vista al cielo cubierto de nubes – Vengo a disculparme, Yuka.
- ¿Kyoya-san? – el más alto le miró con extrañeza.
- Vengo a romper una promesa… una que se te tenía enfurecida, pero que era la única forma que tenía de sentirme menos miserable, de sentir que tenía algún derecho de estar vivo… - la lluvia cayó con más insistencia – Me he enamorado, Yuka… ¿puedes creerlo? Y esa persona es un estúpido y miedoso herbívoro – su acompañante le miró impresionado, pero no emitió palabra – un herbívoro miedoso… uno torpe, débil… pero que a pesar de todas sus debilidades puede volverse un carnívoro para defender a los que quiere y lo que quiere… y no quiero dejarle ir… por eso, Yuka… - poso su frente en la lapida y cerró los ojos –perdóname por romper mi promesa, perdóname por querer ser feliz, perdóname por aceptar a alguien más que tú en mi mundo, perdóname por haberte hecho sufrir con mi egoísmo, por mi propia satisfacción, haciéndote sentir culpable por un juramente que nunca pediste.
El silencio envolvió el lugar, la lluvia caía sin calma sobre ellos, Kusakabe sonrió y a pesar de estar sorprendido por lo dicho y por las acciones de su líder, se sintió feliz y en calma, ésta sería las pocas veces que vería tan vulnerable al moreno, pero al fin estaba peleando por su felicidad, por fin estaba saliendo de aquel limbo al que había pertenecido toda su vida. Y la lluvia comenzó a menguar, hasta el punto de cesar, dejando que las últimas gotas cayeran sobre el rostro del moreno como si fuera una sutil caricia, y fue así mismo como las nubes comenzaron a abrirse permitiéndole a algunos rayos del sol tocar la tierra. Ahí estaba la respuesta, quizás ninguno relacionó aquel suceso con ellos, pero era la más clara evidencia que pudo haber existido.
Después de aquel día ambos; Kusakabe y Hibari, no aparecieron más por Namimori. Se corrían rumores que ambos pelinegros se habían metido en una banda de Yakuzas, nadie estaba seguro, aunque la personalidad de Hibari podía dar como cierta dicha afirmación, también sus pensamientos y seguridad por la escuela podían refutarlos. Los que pertenecían a su grado sabían que ambos habían dado los exámenes finales antes de tiempo y que habían aprobado con una excelente calificación.
Fue por esa época que Yamamoto y Ryohei habían regresado, ninguno emitió algún comentario sobre lo que sucedía, pero ciertamente cada uno tenía su opinión sobre el tema y quizás el que más cerca estaba de dar con la verdad era el pelinegro. Se había enterado por boca de Dino sobre el pasado que cargaba Hibari en su espalda, y entendía que buscará alguna salida para seguir adelante, sólo esperaba que no llegara demasiado tarde, que no perdiera aquella oportunidad de ser feliz y porque eso también significaba la felicidad de Tsuna.
Era increíble lo difícil que podía resultar encontrar a alguien, en especial alguien como aquella persona. Le detestaba por lo cual el hecho de tener que buscarle era la tarea más desagradable que había tenido que efectuar. Recorrió varias localidades, así mismo tuvo que hablar con diferentes individuos que le desagradaron en sobremanera, en más de una oportunidad su oportunidad de salir de algún grupo se veía vetada por el hecho de que era demasiado bueno en lo que hacía, no era como si se esforzara para alcanzar algún puesto, simplemente desquitaba su frustración con los individuos que se ponían a su paso. Habrá pasado cerca de 3 meses y medio desde su partida de Italia y las respuestas no llegaban hasta que un día supo por medio de unos Yakuzas que una familia de Italia estaba construyendo lo que parecía alguna base en las cercanías de la Ciudad de Namimori, curioso por el evento volvió a su lugar de origen.
Fue su trabajo, cerca de 3 semanas, el estar limpiando la zona de diferentes yakuzas que intentaban en vano destruir los cimientos que serían de gran importancia en el futuro, en verdad no tenía ningún interés en aquella construcción, pero sabía que más adelante aquel lugar se transformaría en cierta forma en su hogar y que sería tan o más importante de lo que fue su quería escuela en el pasado. Nunca se imagino que por medio de estos actos el contacto que tanto había esperado se efectuaría.
"Ven al parque de Namimori en tres días"
No había remitente, no había hora, no había nada, salvo unas palabras vacías que solo pudieran significar una trampa, pero el único que alguna vez en su vida había dado por sentado que haría algo apenas lo dijera era la misma a la que él estaba buscando.
Se presento a las 6 de la mañana en el parque, poca; por no decir ninguna, gente se paseaba por el lugar, la neblina le daba un poco más de secretismo al ambiente. No habrá esperado más de 10 minutos cuando una figura alta e intimidante, con unos fieros ojos se poso frente a él. La mirada fría que expresaba el hombre hubiera podido helar la sangre de cualquiera, cualquiera menos Hibari quien le miraba con insolencia, en sus ojos y su boca se había instado una mueca de burla, una que hizo fruncir el seño al hombre, después de todo espera el reencuentro con aquel sumiso hijo al cual le enseño todo lo necesario para sobrevivir en la vida, todo hasta que se alejo de casa por una tontería.
- Veo que al fin has decidido regresar a mi.
- … - Hibari guardo silencio, simplemente le contempló, busco con sus ojos alguna evidencia de aquello que había estado buscando, esperaba encontrar el mismo dolor y desolación que habían ataco a los suyos por esos largos ya tres años de ausencia, pero no había nada, ni remordimiento por verlo, ni dolor, nada, ni siquiera algún atisbo de reconocimiento. ¿Qué era precisamente lo que buscaba de estar persona? Ya ni lo sabía, ¿por qué le había estado buscando con tanta insistencia? Ah, claro, porque debía olvidar por completo las ataduras que le afirmaban a su pasado y eso también implicaba el rencor que sentía por su padre, eso no significaba que le perdonaría ni que simpatizaría con él, eso nunca, solo quería verlo para demostrarse así mismo que nunca sería como él y que no necesita nada de su persona. Con felicidad pudo comprobar que así era, aquella persona que estaba frente a si no era más que un extraño, no le reconocía, ni siquiera algún sentimiento de afecto había nacido a través del reencuentro. Absolutamente nada.
- … Tú… - iba a comenzar, pero cuando Hibari se puso de pie se calló.
- No hay nada que me interese hablar contigo - sin esperar respuesta se alejó del lugar, sin advertir la mirada fría del sujeto.
Los ataques a la construcción fueron más seguidos e infructíferos, el evento ya era más que nada de molestia, ya que para su malestar, ni siquiera un buen contrincante había aparecido, observó todo el lugar en penumbras, estaba sobre una de las tantas maquinas que había en el lugar, Kusakabe estaba un poco más allá mirando el firmamento. Todo era tranquilo en el lugar hasta que diviso la figura de aquel sujeto, hastiado se encamino a su encuentro.
- Veo que viniste… – habló cuando llegó a su lado, su mirada era altanera junto con una sonrisa de arrogancia, como si esperara haber ganado algún retorcido juego – no te había visto desde hace dos años… - rio divertido ante el cinismo demostrado, tal parecía que para él su encuentro de hace unos días había valido una mierda.
- Incluso ahora carezco de deseos de verte… - el hombre le miró fijo, más que nada molesto.
- Me enteré que entraste en un peculiar juego… - Hibari no dijo nada, por lo que el sujeto prosiguió – retírate inmediatamente - Ante eso Hibari no pudo más que sonreír con diversión.
- Vaya, ¿crees que te haré caso por qué eres tú quien lo dice? – el tono de su voz era divertido.
- Si quieres jugar en éste mundo, sería mejor que lo hicieras para mi beneficio – habló molesto, furioso, sus ojos lo demostraban, no esperaba ese tipo de rebelión del que fue su hijo.
- Corte cualquier lazo contigo hace mucho tiempo – frunció el seño, le molestaba el hecho de que diera por sentado que le seguiría, y entendió por fin que los ataques a la construcción habían cambiado en dirección de probarlo, de comprobarle a ese hombre lo poderoso que se había vuelto y por ende lo beneficioso que sería tenerle a su lado, no había relaciones familiares, ni siquiera algo de remordimiento por el pasado, solo un beneficio actual y egoísta.
- No tengo tiempo para esto – habló enojado. Decidió que no le interesaba más esa plática, por lo que le cortaría de raíz.
- De eso no lo dudo… sólo vine para que dejaras de incordiar mis actividades, no he venido a verte, sólo a advertirte… aléjate de mis asuntos – aunque pudo prever el golpe no lo detuvo, aquello ya no podía lastimarlo.
- Tú no me adviertes nada mocoso… ¡Eres mi hijo! ¡Me debes respeto!
- Yo no respeto a nadie que no sea a mi mismo… - después de eso solo hubo silencio, se giro dándole la espalda, sus negocios habían concluido para siempre – y cuando te lo tuve, te encargaste de matarlo junto con mi hermana… - sin mirar atrás se alejó del lugar, a su encuentro llegó su fiel ave la cual se posó en su hombro, éste era uno de los últimos capítulos de su vida. Y esperaba no volver a verlo, porque sabía que sería su enemigo, y que no sentiría ningún dolor en destruirle por el bien de aquella persona.
El tiempo paso más deprisa, no hubo más eventos que molestaran su rutina, la mitad de sus cuentas habían sido saldadas y ahora solo le faltaba un encuentro, que esperaba no demorara tanto, poco a poco sentía que su mundo se había vuelto un poco vacio, el tiempo pasaba sin darle importancia, se sentía cansado, en cierto modo algo roto. Hasta ahora no había relacionado la importancia que había sido para su vida el castaño herbívoro. Después de meses tras la pista de aquella persona llegó a un lugar que nunca esperó.
Después del encuentro con el que fue su padre se había enterado que su madre le había dejado un año después de la muerte de Yuka, después de ello nadie había sabido nada, por ello tan difícil le fue encontrarla, casi un año de ciudad en ciudad, de pista tras pista que no le llevaban a nada, hasta ahora. No pudo más que sorprenderse y en cierta forma alterarse.
Se encontraba de pie frente a una vieja construcción, elegante, pero al mismo tiempo humilde, dejando ver los años de sabiduría y solemnidad que cargaba. Había llegado a pensar que la encontraría hasta internada en un manicomio, pero no en un convento. La sola idea le era irreal. A paso inseguro se adentro en la estructura, el lugar era tranquilo y calmo, silencioso y en cierta forma acogedor. Muchas de las religiosas que paseaban por las áreas verdes le quedaron mirando extrañado, después de todo, era muy raro ver a un joven en esos lados, en especial un joven tan guapo como él, que hacía que muchas de las religiosas de primer y segundo año de internado le quedaran viendo embelesadas. El pelinegro no les tomó importancia y se dirigió a la que le habían indicado era la oficina de la directora.
- Comprendo… - habló la religiosa una vez Hibari le haya contado; para su molestia, su relación con una de las internas del lugar.
- ¿Puedo verla?
- Seria ruin de mi parte negarte aquello… tu madre hace 2 años que está con nosotras, llego destrozada y con un enorme sentimiento de culpa que no ha podido ser removido, el que venga uno de sus hijos en su búsqueda hace que me sienta más tranquila.
- … - el joven guardo silencio, debido al giro de los acontecimientos ya no sabía que haría, simplemente quería averiguar si en él aun yacía algún sentimiento de rencor contra aquellas personas o si en ella aun quedaba algún sentimiento, comprobó con su padre que no, pero su madre ahora le mostraba una cara totalmente distinta, una que no estaba preparado para ver.
- Ven, debe estar en su habitación… - sin esperar respuesta salió de la oficina, el pelinegro la siguió en silencio.
Los corredores eran iluminados por los enormes ventanales, los rayos del sol llegaban al lugar dándole una calidez singular, pero a pesar de ello el aspecto austero y solitario del lugar no era removido. En este punto había deseado haber estado en Italia, no haberse alejado, estar cerca de esa persona, pero sabía que su remordimiento pronto le habría hecho regresar, y sabía que era de aquellas personas que no le gustaba entregar algo a medias o algo que pudiera disolverse por su propia culpa. Tan metido estaba en sus pensamientos que apenas reparo cuando se detuvieron frente a una puerta de madera, era antigua, en ella había un hermoso crucifijo. La mujer toco la puerta un par de veces, hasta que del fondo se pudo escuchar una cálida voz diciendo que iría en seguida, su corazón se agito por algún motivo y se sintió inseguro.
La puerta fue abierta y por ella la figura de una hermosa mujer quedo al descubierto, la sonrisa con la que había salido se había desvanecido cuando vio al joven al lado de la madre superiora, sus ojos eran negros como la noche, pero a diferencia del de los hermanos, estos eran más grandes y expresivos, era de facciones finas y elegantes, su cabello era negro como la noche, el cual llevaba en una melena.
Hubo un incomodo silencio en el lugar, hasta que la mujer se lanzo a los brazos del más joven y se ponía llorar desesperada, Hibari se quedo helado frente a aquella reacción. La mujer lloraba sin parar, al tiempo que de sus labios salía una y otra vez la misma palabra "lo lamento". Un extraño calor se instaló en su pecho, uno que le recorrió todo el cuerpo, y por extraño que sonara una sonrisa se formó en sus labios.
- Mamá… - y le abrazo. La mujer comenzó a llorar con más fuerza cuando escuchó aquellas palabras. Había perdido a su hijo muchos antes de perder a su hija, y había sufrido tanto por ello, pero le temía tanto a su padre y al mismo tiempo le amaba tanto que no fue capaz de pelear por ellos, y se odiaba por ello, cuando se dio cuenta de sus errores ya era demasiado tarde, su hija había muerto sola en una fría habitación de un hospital y su hijo se había encerrado en sí mismo sin querer verles nunca más.
- Lo lamento tanto, mi niño, nunca quise abandonarlos, nunca. Fui tan tonta… tanto – apretó más el abrazo, tenía tanto miedo de que todo fuera un juego de su mente. La madre superiora por otro lado había sonreído y se había alejado del lugar dándoles su espacio, había comprobado que en los ojos del joven no había ningún rencor hacía la mujer que le abrazaba con insistencia.
- Ya no importa, mamá… eso… – pensó en su hermana y en esa persona. – eso ya quedo en el pasado.
- Has crecido tanto – sonrió cuando se alejó un poco para verlo – estas tan guapo – acaricio con cariño los negros cabellos de su hijo, y Hibari pudo decir por primera vez que se sintió algo intimidado y cohibido, después de todo ese era el efecto que todas las madres provocaban en sus hijos cuando les elogiaban, le era extraño, pero no desagradable.
- ¿Qué haces aquí?
- Bueno… es una larga historia…
- Vine a buscarte, también tengo una historia que contarte – la mujer sonrió, le hizo pasar a su habitación para que pudieran conversar a gusto.
Estuvieron todo el día hablando, la madre de Hibari le contó lo sucedido cuando dejaron de verse, sus constantes peleas con el que fue su esposo, su dolor, cuanto lo busco, pero nunca lograba dar con él. Su remordimiento y sentimiento de culpa que no le habían permitido ir a ver la tumba de su hija y su internación en el lugar para tratar de limpiar en algo sus pecados, aquellos que no la dejaban tranquila. Hibari le contemplo como si nunca le hubiera visto y comprobó que no había sido el único en sufrir por la muerte de su hermana y que también no había sido el único en no dejarla partir, y quiso que su madre también lo hiciera, que comenzará a avanzar como él lo estaba haciendo ahora.
También contó su historia, desde que los dejo, las cosas que hizo, en quien se convirtió y el mundo que ahora se encontraba participando. Le contó todo sin tapujos, porque a pesar de su cruda personalidad siempre quiso un momento así, un lugar donde no sentirse tan solo y tener el apoyo incondicional de un familiar, porque a pesar de que apreciaba la compañía de Kusakabe, esta no podía ser comparada con esta clase de momentos. Su madre, contrario a lo que pensó, le miraba con orgullo, contenta y al mismo tiempo aliviada de que haya salido con bien de todo en lo que se había involucrado.
- Así que te enamoraste – soltó, cuando terminó de contarle sobre su estadía en Italia.
- ¿Perdón? – dijo extrañado, aquella parte aún no se había narrado y no creía conveniente hacerlo.
- Eres mi hijo, y puedo ver la personalidad que tienes – dijo con una sonrisa – y hablas de una forma tan…. especial, que es fácil darse cuenta… claro, cuando te conocen – aún no podía creer que estuviera conversando tan tranquilamente con su hijo, estaba tan feliz.
- ¿Especial? - no se acordaba de haber empleado algún termino especial con el castaño.
- Si, está el herbívoro albino, el espadachín, el ilusionista de cuarta, el bebé, el caballo, los niños, las chiquillas molestas… y así, pero sólo a uno le hablaste por el nombre "Sawada Tsunayoshi" ¿estoy en lo correcto? – alzo una ceja.
- Estas en lo correcto – la mujer sonrió.
- ¿Y es lindo?
- No responderé a eso – habló incomodo.
Después de ese día Hibari fue cada semana a ver a su madre, cuando se cumplieron los tres meses de visitas esta ultima decidió dejar el convento, ya que su hijo le había propuesto; aunque sonara extraño, vivir juntos nuevamente, pero no en Namimori, porque sabía que su madre aún le temía a su padre y el venirse a este lugar era una forma de escapar de él, sino que en Italia, porque la causa de que haya hecho todo esto era el castaño que ahora vivía en ese país.
En ese tiempo el cabello de Hibari había crecido su resto, así que por consejo de su madre habían ido a un peluquero, fue ahí cuando decidió dejárselo más corto de lo usual. Había adquirido algunos centímetros, dándole una muy buena estatura, mayor a la del promedio de la población japonesa. Así mismo adquirió nuevas ropas y uno que otro traje, ya que el constante uso del uniforme de Namimori había hecho que adquiriera cierto gusto por la ropa formal. En resumidas cuentas se había vuelto un joven muy apuesto, y su madre lo repetía con orgullo.
Estuvieron unos meses en la ciudad de Tokio donde compraron ropas para su madre, también gestionaron la compra de un inmueble en Italia, recibiendo la ayuda de Dino cuando se enteró de lo que hacía, a pesar de que se había reusado su madre le había regañado por no aceptar la amabilidad del joven. El jefe de la familia Cavallone había tratado de ubicar a Hibari durante mucho tiempo, a pesar de que Reborn le había pedido no intervenir, no pudo dejar de preocuparse por el bienestar del que fue y era su pupilo. Por eso, cuando se enteró de que planeaba regresar a Italia; por medio de Kusakabe a quien si había podido contactar, no pudo más que ayudarlo.
Dino, cuando fue a ver a Hibari a Tokio, quedo marcando ocupado cuando vio a la sonriente mujer recibirle, incluso había llegado a pensar que se había equivocado de departamento, pero cuando fue recibido por el ceño fruncido y el característico carácter del joven guardián de la nube supo que estaba en el lugar correcto. Habían dejado todos los asuntos en Japón resueltos, sacado los documentos necesarios.
Es por ello que después de un año y cinco meses de ausencia regresaba al país donde todo había comenzado, y no volvía solo. Tomaron el vuelo en la noche, lo que les permitiría llegar al siguiente día en la tarde. Su madre se encontraba entusiasmada, mientras que Kusakabe, quien también les había acompañado, sonreía contento por la actitud infantil de la mujer.
Después de 16 horas de vuelo el avión llegó al aeropuerto sin problemas. Los primeros en descender fueron Kusakabe y Haruka, la madre de Hibari. El pelinegro había esperado que la mayoría de las personas bajaran, no le gustaba formar parte del ganado de herbívoros como para ir apretándose contra ellos, contrario a su madre quien quería bajar pronto para ver el nuevo país en el que estaba. Caminó sin preocupaciones por el mar de gente, sabía perfectamente que muchos le quedaban viendo, no le molestaba, en realidad le daba exactamente lo mismo.
Sin embargo no pudo evitar quedarse parado cuando sus ojos chocaron con unos castaños que le veían con desconcierto. Y todo regresó, los sentimientos, el remolino de emociones, todo. Y feliz comprobó que sus sospechas eran ciertas. Después de todo aquel beso que se habían dado le había hecho ver lo que sentía y ver lo que el castaño sentía por él. Fue por eso mismo que su determinación en arreglar su pasado había sido tanta, porque tenía la certeza de que sus sentimientos eran mutuos, y feliz comprobó que por los ojos del castaños aún se podía divisar aquel sentimiento tan infinito, y fue eso mismo lo que le hizo prometer que pelearía ante todo, incluso contra el mismo castaño para que estuvieran juntos, era una promesa que ahora se haría así mismo.
- ¿Hibari… san? – aquel susurro le hizo despertar, al tiempo que llamaba la atención de aquellos que le acompañaban haciendo que giraran a verle.
- ¿Qué…? – el albino iba a hablar pero el espadachín le había detenido con un apretón en sus manos. Le miró con reproche por callarlo, pero algo en la mirada del moreno le indico que eso era lo mejor en ese momento.
- ¿Terminaste todo? – la voz del bebé había roto la extraña atmosfera que se había creado.
- Si… - sonrió con superioridad - ya solucione las cuentas que tenía pendientes – Posó nuevamente sus ojos en la figura más pequeña del cuadro, claro está después que la de la única mujer presente. Tsuna se giró con rapidez y a paso rápido salió del lugar, no le detuvo, no tenía el derecho de hacerlo, después de todo tenía que comenzar de cero.
- Décimo… - Gokudera le iba seguir, pero fue detenido por el dialogo de Reborn.
- Te lo advertí Hibari, las cosas no iban a ser como antes… que pudiera ser que te odiara, que no quisiera verte… - el moreno ni se inmuto ante esas palabras.
- Lo sé… - pero venía preparado.
- Ahora todo depende de ti… porque él solo huirá de todo esto… - el otro chico sonrió.
- Te diré una cosa, Bebé. Sabía a qué me enfrentaría y las cosas que tendría que hacer… pero – y comenzó a caminar en dirección contraria sonriendo con autosuficiencia – eso no me va a detener – había regresado para estar con aquel ser que era suyo, no era tan idiota o frívolo para esperar que le recibiera con los brazos abierto o que le perdonara de un día para el otro, que le volviera a permitir estar cerca de él. Pero aún se querían y eso era lo más importante que había descubierto. Si hubiera percibido que el castaño le había olvidado se había rendido sin pelear, pero aquel brillo en sus ojos, le demostró todo lo contrario. Y él no perdía a las presas que se disponía a casar.
Más allá su madre y Kusakabe le esperaban, ambos habían presenciado la escena, pero no dijeron nada, en silencio abandonaron el lugar bajo la atenta mirada del resto de los guardianes, pocos repararon en la presencia de la mujer, pero no dijeron nada, los otros estaba más preocupados por su jefe, ya que para nadie era un secreto que los sentimientos de Tsuna nunca se habían ido y que , lo más probable, es que estos hubiera crecido, solo esperaban que el moreno allá regresado con la intensión de hacerle feliz y no de atormentarlo con su presencia.
Continuará…..
Hola! Primero que nada, no me mate D:
No ha sido mi culpa, lo juro!, Pero este año la universidad esta horrible, no me ha dejado ni ver anime, he estado todos los días estudiando D: es horrible T_T
Sumado además que tuve una falta de inspiración horrible, me costó mucho terminar este capítulo, el poco tiempo y la nada de ingenio no funcionan mucho.
Bueno aclarando algunas cosas, sé que no era el capitulo que esperaban onda un. "A la carga" por parte del pelinegro, pero tenía que poner lo que hizo en su ausencia en Italia, para poder cerrar definitivamente el capítulo de su pasado.
Sobre Haruka, la madre de Hibari, bueno ella originalmente iba a estar muerta, pero como que... era como muy cruel seguir matándole la familia a Hibari, así que cambié los planes, además que me llegó una idea, Ya saben eso de que las suegras interactué con sus yernos funciona 8D. Así que la mamá de Hibari ayudará a este par de tortolos junto a Dino y otros que se irán metiendo xD
Espero que el cap les gustara, y espero no tardar tanto en actualizar y que la madre imaginación no se vaya de paseo una vez más.
=D un saludo a todos los que leen el fic y en especial a aquellos que me dejan sus opiniones y sugerencias, que muchas de ellas son las que a veces me ayudan a salir de sus bloqueos artísticos xDD
Buenos, nos estamos viendo
PD: No se si alguien de los que lee The Angel From Nighmares lee este fic, pero por si acaso informo de paso que no sé si ese fic se seguirá actualizando, simplemente porque Sasuke me cae tan mal que ya no me nace escribir de él y porque en si la historia ya no tiene el flujo de pensamiento y escritura que uso ahora, que lo continuará mostraría una gran diferencia en la narración. Esop
I see you later!
