CAPITULO 11: NACIDA Y PROTEGIDA
Elsa y Leo, con sus poderes recuperados, combatían al monstruo. Los demás se encargaban de irlo hiriendo mientras ellas lo inmovilizaban con sus ataques. De pronto, el monstruo parecía más débil y tonto que al principio. Ninguno se detuvo a cuestionarlo hasta que lo hizo Hans.
-¿Qué es lo que sucede?- dijo el rey de Arendelle, deteniéndose un segundo y clavando la espada de Hardrada en el suelo- ¿qué no pelea como hace rato?-
-Noxius desapareció, no está a la vista controlando el monstruo- dijo Elsa, pensativa. Después abrió los ojos desmesuradamente, adivinando donde se encontraba- ¡Sofie!-
Olvidándose de la pelea, Elsa corrió hacia donde estaba escondida Anna, seguida de Leo, quien había escuchado lo que había dicho Elsa, entendiendo que quizá el brujo había ido tras Sofie y Anna. Hans intentó seguirlas, pero el monstruo interpuso una de sus patas en el camino, y no tuvo más remedio que seguir luchando contra él.
Cuando Elsa y Leo llegaron a donde estaba Anna, se la encontraron ovillada en el suelo, abrazando a Sofie con todas sus fuerzas, mientras que Noxius le apuntaba con los dedos.
-Dámela ahora…- dijo el brujo con voz autoritaria.
-¡Deja en paz a mi hija y a mi hermana!- exclamó Elsa.
Noxius la ignoró y siguió caminando hacia Anna, a muy pocos pasos de ella. Elsa se enfureció lanzó su poder contra él, creando un laberinto de espejos hecho de largas láminas hielo con forma rectangular, para evitar que se acercara.
-Leo, usa tus poderes para sacarlas de ahí- le dijo Elsa, mientras seguía agregando láminas de hielo a la complicada estructura que había formado.
Leo asintió. Movió sus manos y levantó a Anna del suelo, que estaba aterrorizada e incapaz de moverse, y la movió a la izquierda de donde se encontraban las dos reinas, alejándola del brujo.
-Oh, no, no lo harás…- dijo la voz de Noxius.
Antes de que Leo pudiera alejar a Anna y a Sofie lo suficiente, una raíz apareció a los pies de Leo y comenzó a enroscarse alrededor de sus pies. Leo se dio cuenta y trató de retirar sus pies de la extraña raíz, la cual después siguió creciendo como si se tratara de un tentáculo y envolvió su cuerpo por completo, rompiendo completamente su concentración para mover a Anna del peligro y le impidió moverse.
-¿Qué es esto…?- comenzó Leo, forcejeando para soltarse, pero era en vano. La raíz era demasiado gruesa, y demasiado fuerte. Leo miró a su alrededor para buscar algo que pudiera mover con sus poderes para ayudarse a soltarse, cuando vio que otra raíz salía del suelo a los pies de la reina de las nieves- ¡Elsa, cuidado!-
Elsa notó que a sus pies salió una raíz similar, y pateó el suelo para congelarla con sus poderes. Funcionó. La raíz se congeló y no siguió creciendo.
Elsa corrió hacia donde estaban Anna y Sofie. Quizá desde ahí podría defenderlas mejor estando cerca, pero Noxius ya se había liberado del laberinto de hielo, rompiendo las paredes heladas de la misma. Elsa volvió a crear una barrera de hielo entre ellos y el brujo. Una nueva raíz, esta vez cubierta de gruesas espinas, surgió de la tierra y, antes de que Elsa pudiera congelarla, envolvió a la reina de las nieves tal y como había hecho con Leo, levantando sus pies unos centímetros del suelo e impidiendo que se moviera.
"No, no, no…", pensó Elsa "no puede acercarse a Sofie, no puede…"
-Suéltame…- dijo Elsa entre dientes, haciendo un gran esfuerzo por soltarse.
-Siento el trato tan brusco, su majestad- dijo Noxius, haciendo una falsa reverencia- pero déjeme decirle que he estado buscando una forma de combinar todos los poderes que existen. Creí que robando sus poderes y tomando los del rey Hardrada y el príncipe Franz iba a ser suficiente… ¡pero esta niña! Esta niña puede usar cualquier poder que se le ponga enfrente, y puede restaurar los poderes perdidos. ¡Es impresionante!-
-No te acerques a ella- dijo Elsa en tono de advertencia, forcejeando para soltarse.
Noxius se echó a reír, ignorando las palabras amenazantes de Elsa, y se acercó nuevamente a Anna.
De pronto, la joven princesa de Arendelle flotó nuevamente en el aire y se alejó lentamente de donde estaba el brujo. Noxius se volvió y vio que Leo había liberado una de sus manos, y estaba usando sus poderes, intentando mover a Anna y a Sofie a un lugar seguro.
-No, te dije que no lo harías- dijo Noxius.
El brujo cerró un puño, y Leo hizo una mueca de dolor, pero se resistió y siguió alejando a Anna del claro tanto como pudo. La raíz se apretó más, y una rama se envolvió alrededor de su muñeca, lo que le imposibilitó mover sus manos para usar sus poderes.
-Por favor, déjala…- pidió Elsa.
Noxius volvió a ignorarla, y siguió caminando a donde Anna había caído. Kristoff llegó corriendo y se interpuso entre Anna y el brujo, con una espada en la mano, pero éste lo hizo a un lado simplemente.
"Anna y Sofie no deberían estar aquí", pensó Elsa mientras seguía retorciéndose, tratando de liberarse. Entre más forcejeaba, sentía que las espinas se hundían en su piel.
-Sofie…- quiso gritar Elsa, casi sin voz.
Noxius se echó a reír una vez que estuvo frente a Anna.
-¿Qué vas a hacer ahora, reina de las nieves?- dijo Noxius, extendiendo su mano hacia la princesa- tu hija es mía…-
Elsa miró con terror como las delgadas manos del brujo obligaron a Anna a darse la vuelta, exponiendo a Sofie. Anna estaba tan horrorizada que no presentó ninguna pelea. Noxius tomó a Sofie de sus brazos con facilidad.
-¡Sofie!- gritó Elsa casi sin voz, horrorizada.
-No te preocupes, Elsa- dijo Noxius, con la pequeña en sus brazos- me aseguraré de decirle que su madre era la legendaria reina de las nieves… y que su padre no era nadie…-
Noxius destapó a Sofie, quitando la manta que la cubría, y con curiosidad tocó la mejilla de la pequeña. Al contacto con la piel blanca de la princesa, el brujo dio un grito de dolor y la soltó, cayendo a los brazos de una sorprendida Anna, que seguía en el suelo.
-¿Qué rayos es esto?- dijo Noxius entre los gritos- ¡esa niña no es normal! ¡Quema!-
Todos miraron sorprendidos. La mano de Noxius comenzó a derretirse como si se tratara de una vela al fuego.
-Es una abominación- dijo Noxius, creando en su mano restante una bola de fuego, dispuesto a lanzarlo contra Anna y Sofie- yo mismo la destruiré…-
-Yo no lo creo- dijo Hans, llegando detrás de él y atravesándolo con la espada que había tomado de Hardrada. El hechicero dio un horrible grito de dolor, que hizo que Anna se ovillara aún más del miedo. Hans la miró con impaciencia- ¡Anna, corre!-
Anna no lo tuvo que escuchar dos veces. Se levantó, puso a Sofie nuevamente entre sus brazos y comenzó a correr lo más rápido que pudo. Pronto llegaron hacia donde corría Jorgen y Ferdinand, quienes se quedaron de pie junto a ella, con sus espadas en la mano, para protegerla. Kristoff se levantó e hizo otro tanto.
El hechicero, mortalmente herido, miró a Hans con odio, y se derritió, convirtiéndose en un líquido color azul oscuro. Su monstruo también se deshizo, y las raíces que habían salido de la tierra y atrapado a Leo y a Elsa desaparecieron, dejándolas libres.
Georg corrió y ayudó a Leo a levantarse, quien solo se frotó las muñecas por el duro agarre de esa horrible planta.
Elsa inmediatamente se levantó por si misma y, a pesar de que tenía varias manchas de sangre en su vestido, probablemente provenientes de heridas hechas con las espinas de la planta, corrió a donde estaba Hans, quien la tomó de la mano para apresurarse a donde estaba Anna con Sofie. Elsa tomó a su hija de manos de Anna y la abrazó con fuerza. Había tenido mucho miedo de que cayera en manos de Noxius. Hans las abrazó también. Todos se levantaron, heridos pero aliviados. Habían ganado.
No pasó mucho tiempo cuando sintieron un fuerte temblor en la tierra. Leo sacudió la cabeza, señalando que ella no lo estaba causando. Se volvieron hacia el norte del bosque, y observaron que varias piedras venían rodando hacia ellos.
-Los trolls- dijo Anna.
-Mi familia- dijo Kristoff, de acuerdo con ella.
Los trolls los rodearon, y Grand Pabbie se detuvo frente a Elsa y a Hans.
-Hemos sentido una gran maldad en este lugar- dijo Gran Pabbie- pero ya ha desaparecido. Si era el hechicero que creo que se encontraba en este sitio, tuvieron mucha suerte-
-Tocó a Sofie- dijo Hans- y se derritió al hacerlo-
-¿Qué fue lo que pasó?- preguntó Elsa, una vez que se sintió aliviada.
Grand Pabbie tocó la frente de Sofie y sonrió.
-Sofie es el núcleo de todos los poderes porque es una pequeña nacida del amor y protegida por amor- dijo Grand Pabbie, mirando sonriendo a Elsa y a Hans- un ser oscuro y malvado como el que enfrentaron no tiene más opción que derretirse ante esa fuerza-
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Los aldeanos y los soldados estuvieron felices y agradecidos de ver a Elsa y a su hija a salvo, que lanzaron gritos de alegría. Elsa, por su parte, les agradeció que la hubieran apoyado en esa batalla, a pesar de que ella había perdido sus poderes y que no podía ayudarlos. Todos se fueron a su casa, felices y satisfechos. Se sentían héroes por haber ayudado a salvar a su reina.
Una vez terminada la pelea, el rey Espen agradeció a los reyes de Arendelle, y anunció que al día siguiente a primera hora volvería a Trondheim con su hermana, para poner en orden su reino de una vez por todas, ahora que estaba libre de las amenazas del rey Hardrada.
Hans invitó a todos los líderes a volver al palacio a descansar. Era muy tarde, y la pelea había sido extenuante. Todos habían sufrido al menos alguna herida leve, así que era necesario que fueran vistos por el médico. Aceptaron y siguieron al rey de Arendelle.
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Cuando volvieron al palacio, Leo decidió darse un baño caliente. Tan pronto se metió a la bañera y empezó a sumergirse entre las burbujas, se abrió precipitadamente la puerta de su habitación, que se encontraba a sus espaldas, y entró Georg. Éste, asustado de ver a la joven e incomodarla, se puso rojo.
-Pe…perdona, Leo, yo…- comenzó a tartamudear.
Leo sonrió para sí misma. Nunca lo había visto ponerse nervioso ante ninguna situación. Se sumergió un poco más, hasta quedar con el agua al cuello y cubierta por las burbujas, y se volvió hacia él.
-Está bien, Georg, no pasó nada, hay bastantes burbujas- dijo ella, sonriéndole para tranquilizarlo- ¿estás bien?-
-S…sí- dijo el príncipe, aún algo nervioso- vine a ver si tú también lo estabas…-
-Lo estoy- dijo la reina de Oeste sonriendo- solo un poco cansada. Creo que golpearé el saco tan pronto salga de esta cosa-
Georg iba a sonreír, pero se entristeció.
-Leo, lo siento mucho- dijo Georg, cabizbajo- ni una sola vez pude protegerte como debería… quizá no soy tan digno de ti como creí-
Leo sonrió. Sabía que no era su culpa, era solo su corona y sus poderes y su facilidad de meterse en problemas. Suspiró.
-Georg, no escogería a nadie más que a ti, ni en un millón de años- dijo ella.
Georg sonrió también y se inclinó hacia la tina para besarla en los labios. Ella recibió el beso con gusto. Cuando se separaron, Georg la miró, acentuó su sonrisa y le dio la espalda.
-¿Qué sucede?- preguntó Leo sin entender.
-Las burbujas se están deshaciendo- dijo Georg.
Alarmada, Leo abrazó sus piernas para cubrirse, y Georg se echó a reír.
-Te daré tiempo, mi reina- dijo el príncipe de las Islas del Sur, saliendo de la habitación- avísame cuando estés lista-
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Ferdinand había pedido ver a Sofie, con la esperanza de recuperar también sus poderes. Cuando Gerda la puso en sus brazos, acompañada por Lydia, el joven sintió que su poder de fuego regresaba, y su cabello volvió a su color normal. Sonrió.
-Gracias, Gerda- dijo, y se volvió a la chica con una sonrisa, mientras le entregaba a la pequeña a la primera- gracias, Lydia…-
Gerda se retiró con Sofie, y Lydia se sentó junto a él.
-Gracias a ti, Ferdinand- dijo Lydia, cabizbaja y un poco apenada- por haberme… salvado de tu hermano. Nunca te lo agradecí, porque me dio miedo volverme a meter en problemas por estar contigo. Lo siento mucho, me arrepiento tanto de lo que hice…-
-Tranquila- dijo Ferdinand, poniéndole una mano en su hombro- creo que todos cometemos errores. Yo cometí muchísimos, y… la verdad tenías razón en alejarte- añadió- fue mi culpa que mi hermano te eligiera como blanco, porque yo… realmente… yo te amo Lydia-
-Y yo a ti, Ferdinand- sonrió ella.
Se sonrieron y acercaron sus rostros para besarse, cuando Gerda volvió a entrar por la puerta. Ambos se separaron y voltearon a otro lado, enrojecidos como tomates. Gerda se dio cuenta de lo que había estado a punto de pasar, y le entregó un papel a Ferdinand, con una sonrisa.
-Esto estaba en el escritorio de su majestad- dijo Gerda- esta dirigido a usted, general Ferdinand, y me pidieron que se lo entregara-
-Gra…gracias, Gerda- dijo Ferdinand, tomando el papel sin mirarla a los ojos.
-Pórtense bien, muchachitos- les advirtió la mujer- Lydia, te espero en diez minutos en la cocina…-
-Sí, señora Gerda- dijo ella.
Gerda sonrió y los dejó solos. Por fin pudieron besarse como querían. Fue un beso inocente y rápido, y ambos se separaron más rojos de lo que habían estado antes. La atención de Ferdinand se fijó en el papel que tenía en la mano. Lo abrió y lo leyó. Era del primer ministro de Troms.
A su alteza el príncipe Ferdinand:
A Ferdinand le pareció gracioso. ¿No estaba enterado el primer ministro que su padre lo había desheredado y quitado el título de príncipe? Quizá tendría que escribirle más tarde y explicarle.
Debido a la muerte del rey Hardrada y del príncipe Franz durante un enfrentamiento en Arendelle, y dado a que usted es el único miembro de la familia real de Troms, es voluntad de todo el reino que usted regrese y asuma la corona como el soberano de nuestro país.
Ferdinand casi se desmaya al leer aquello. ¿Él, era rey de Troms ahora? A los ministros no les había importado lo que dijo su padre. ¡Podía volver a casa!
En caso de negarse a asumir su derecho legítimo, nos veríamos obligados a ofrecer la corona a su pariente mayor más cercano, en este caso, la reina Leo de Oeste. Por favor, responda a la brevedad.
Ferdinand sonrió. Podía volver a su casa. Y ahora que no estaban su padre y su hermano, ahora sí lo podía llamar "hogar". Se volvió hacia Lydia y se lo explicó. Ella lo felicitó con una sonrisa triste.
-Muy bien, Fer… digo, su majestad- dijo ella, algo apenada, levantándose para salir- estoy segura que serás un gran rey…-
Y antes de que pudiera decir nada, Lydia salió, dejando a Ferdinand muy confundido.
Coff… cofff…
Ferdinand inmediatamente se volvió y encendió el fuego en sus manos. Se levantó y buscó en la habitación la fuente de esos extraños sonidos, y la encontró. Abrió uno de los armarios y de él salió un hombre de mediana edad, regordeto, que lo miraba con miedo. Traía uniforme de los sirvientes de los jardines.
-No, señor, por favor no me lastime…- dijo el hombre- soy solo Rufus, uno de los jardineros-
-¿Qué está haciendo aquí?- dijo Ferdinand gravemente- estas habitaciones están muy cerca de las de la reina. No debería estar ni cerca de aquí…-
-No hacía nada, lo juro- aseguró el hombre.
Ferdinand entrecerró los ojos. Ese hombre los estaba espiando. Quizá…
-Y dime, Rufus- dijo Ferdinand, mirándolo sospechosamente- ¿qué fue lo que te prometió mi hermano si me espiabas y le pasabas información de como vencerme?-
-El señor Franz no… digo, nada, señor- dijo Rufus rápidamente- no conozco a su hermano…-
-Yo nunca dije que se llamara Franz- dijo Ferdinand- así que tú eras el espía…- lo tomó del cuello de la camisa y lo alzó en el aire, encendiendo su fuego de manera amenazante- así que, por tu culpa, mi hermano casi lastima a Lydia. ¿Que te ofreció?¿qué?- esto último casi en un grito.
Rufus cerró los ojos, asustado.
-Me ofreció a la chica, sana y salva, a cambio de que encontrara una manera de hacerlo a un lado- dijo Rufus.
Ferdinand se puso rojo de cólera.
-¿Hacerme a un lado?- dijo Ferdinand- ¿contabas con que mi hermano me matara para quedarte con Lydia? Sabes algo, no respondas. En nombre del rey Hans y la reina Elsa, estás arrestado por espía y traidor…-
Y antes de que pudiera responder, Ferdinand lo arrastró hacia los calabozos.
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Tan pronto como volvieron al palacio de Arendelle, Hans estaba en su habitación, ayudando a Elsa a limpiar sus heridas causadas por la raíz llena de espinas. En su desesperación por salvar a Sofie, la joven reina se había movido demasiado y se había causado varias heridas por culpa de esas gruesas espinas que surgían de la raíz y que trataban de aprisionarla.
Elsa estaba sentada sobre la cama, dando la espalda a Hans. Tenía la espalda desnuda hasta la cintura, y se abrazaba las piernas para cubrir su pecho. Cada vez que Hans le ponía el paño de agua tibia para limpiar la herida, ella hacía una mueca de dolor, que su rey intentaba hacerla olvidar con un ligero beso en sus hombros
-Shh, ya casi acabo- susurró a su oído- vas a estar bien-
Elsa sonrió y asintió. Quienes le preocupaba que estuvieran bien, llámese Sofie, Hans y Anna, estaban en ese momento a salvo, muy cerca de ella. La pequeña princesa ahora dormía plácidamente en su cuna junto a la cama de sus padres, después de que Gerda la había llevado con Ferdinand.
-Lo sé- dijo Elsa, sonriendo.
-Listo- dijo Hans, dejando a un lado el paño y tomando una venda limpia para cubrir el torso de la reina, para después ayudarla a ponerse el camisón azul. Hans rió- no me quejo, pero es mas divertido desvestirte…-
Elsa rió también. Ambos estaban agotados por la larga noche. Tras avisar que no los esperaran para el desayuno y, probablemente, la comida, los reyes de Arendelle se metieron a la cama y durmieron casi de inmediato.
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Después de aquella intensa noche, los huéspedes de Arendelle volvieron a sus respectivos reinos. El rey de Trondheim y Ferdinand se fueron haciendo promesas de crear nuevos tratados de comercio con Arendelle. Johannes se recuperó de su herida y volvió a las Islas del Sur junto con sus soldados, de la misma manera que hicieron Rapunzel y Eugene.
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Dos meses después, toda la familia real de Arendelle asistió a la boda de Leo y Georg en Oeste. No es necesario decir que madame Hilda estaba extasiada de que la rebelde reina por fin se hubiera decidido a sentar cabeza.
Jorgen estaba también aliviado de entregar a su hermana porque eso disminuiría sus posibilidades de heredar la corona. De hecho, él nunca pudo entender la obsesión de los príncipes de las Islas del Sur de casarse con alguna reina. Era mucho más cómodo ser príncipe y disfrutar la vida como lo había hecho siempre.
Una sorpresa que se llevaron fue ver que Johannes, el doceavo hermano de Hans, asistió a la boda con la princesa Jorunn. Al parecer, el rey de Trondheim quedó impresionado por el valor del príncipe y almirante de las Islas del Sur, y escribió al rey Oystern pidiéndole que autorice que los visitara. Johannes aún estaba cortejando a Jorunn, pero las cosas parecían muy encaminadas.
Fiel a su promesa, durante la ceremonia, Georg insistió en no ser proclamado rey sino príncipe consorte, aunque ayudaría a su nueva esposa con las responsabilidades del reino.
Durante la fiesta, todos los invitados parecían felices de volverse a encontrar. Merida asistió, junto con sus padres. La reina Elinor preguntó a Leo porqué Jorgen le había enviado una carta a su hija diciéndole de una "aventura". Leo se enrojeció y Merida le hizo unas señales extrañas. Leo se encogió de hombros.
-Perdona, tía, es que iban a visitar la corte unos príncipes- dijo Leo- y Jorgen no recordaba que Merida tiene que casarse con un príncipe escocés. Ya corregimos ese error-
La reina Elinor quedó satisfecha, y tanto Merida como Leo suspiraron aliviadas.
Anna y Kristoff llegaron, llevando de la mano al pequeño Anders quien traía puesto un trajecito como el de su padre y, al igual que su padre, trataba furiosamente de desabotonarlo para estar más cómodo, ante la mirada reprobatoria de su madre.
Elsa y Hans también llegaron con la pequeña Sofie. Aunque había crecido, aún era pequeña y no se podía sentar por ella misma. Eso sí, sonreía a quien la miraba. Elsa le había hecho un pequeño vestido de hielo de color morado, lleno de brillos, y sobre su cabeza tenía una banda con un moño del mismo color.
-¡Sofie!¡Como has crecido!- exclamó Leo al verla- la última vez que te vi cabías en uno de mis brazos…- le tocó la cabeza, y Sofie sonrió- es hermosa, Elsa-
-Gracias- sonrió Elsa- te felicito. Este debe ser un día muy feliz para ti-
-No te lo imaginas- dijo Leo, sonriendo, mirando de reojo a Georg siendo felicitado por Hans.
Nuevamente, los hermanos de Hans estaban buscando alguna princesa soltera para casarse. Hans y Georg se echaron a reír. Johannes, el único que no había estado haciendo eso, fue el primero en toparse con una princesa.
Anna había insistido que Lydia los acompañara a la boda, alegando que Anders causaba mucho alboroto y necesitaría quien lo vigilara, y quizá Elsa también necesitaría algo de ayuda con Sofie. La verdadera intención de la princesa de Arendelle era forzarla a ver nuevamente a Ferdinand.
Durante la fiesta, Anna le prestó un vestido a Lydia e insistió que bajara con ella a la fiesta, por si las dudas Anders no la dejaba divertirse un rato. Tras mucha insistencia de parte de la princesa, Lydia terminó accediendo.
Una vez en el salón de baile, Lydia se sintió fuera de lugar. Sí había asistido a las fiestas en Arendelle, pero solo dejando bocadillos, nunca vestida así como una invitada. Elsa le sonrió al verla para tranquilizarla, y Lydia se acercó.
-Su majestad- dijo Lydia- ¿no necesita ayuda con Sofie?-
-Oh, no te preocupes, Lydia- dijo Elsa, sonriendo- estoy muy bien. ¿Porqué no te diviertes un rato? Te ves muy linda así. Seguro atraparás el ojo de algún chico-
-Gra…gracias- dijo ella, apenada.
-¡Lydia!- exclamó Ferdinand al verla- que gusto verte otra vez-
Lydia se sorprendió al verlo. Por fin todo tuvo sentido. Ferdinand era un rey, de seguro iba a ser invitado a una boda real. De ahí la insistencia de Anna.
-Lo mismo digo, su majestad- dijo Lydia, haciendo una reverencia- lo felicito por su ascenso…-
Ferdinand la miró, algo confundido.
-Lydia, te dije que podías hablarme por mi nombre- dijo el nuevo rey de Troms- ¿porque desapareciste antes de que me fuera? Ni siquiera te despediste-
-No podía- dijo Lydia tristemente- su majestad, yo solo soy una plebeya, no soy digna de…-
-Shhh- dijo Ferdinand, entendiendo lo que quería decir, y poniéndole un dedo sobre los labios- eres la persona más noble, digna y valiosa que conozco- sonrió y tomó su mano- por favor, ven conmigo a Troms y sé mi reina-
Lydia casi se desmaya al escuchar eso.
-¿Qué dices?- dijo ella.
-Lo que oíste- dijo Ferdinand- quiero que te cases conmigo. No quiero a nadie más en el mundo más que a ti-
-Pero Gerda…- dijo Lydia, dudosa- y la princesa Anna…-
-Lo entenderán, si quieres yo les explicaré- dijo Ferdinand- ¿si quieres venir conmigo?-
Lydia sonrió por primera vez en meses.
-Sí, si quiero…- dijo ella.
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Una vez de vuelta en Arendelle, todo volvió a la normalidad. Elsa estaba terminando de redactar una carta antes de presentarla al consejo al día siguiente, cuando Hans hizo a un lado los papeles de su escritorio, se levantó y se puso de rodillas a los pies de Elsa.
-¿Hans?- dijo ella.
Hans puso una cara que era una mezcla de una sonrisa traviesa y una mirada de inocencia, y comenzó a acariciar una de las piernas de la reina a través de la abertura del vestido.
-No otra vez, Hans, sabes que tengo que trabajar- dijo Elsa con convicción, aunque dejó la pluma a un lado y tomó a Hans por los hombros. El rey de Arendelle, sabiendo que había ganado con este gesto, se levantó del suelo y la alzó en brazos.
-Es muy tarde para trabajar, mi reina- dijo Hans, mientras la sacaba de la habitación- esta noche Anna cuida a Sofie, y tu y yo nos dedicaremos a actividades más divertidas-
Elsa sonrió y no protestó. La verdad, contra esos argumentos no podía decir mucho. Le echó los brazos al cuello y lo besó con pasión, haciendo que se detuviera unos segundos a la mitad del pasillo.
-Te amo, Hans- dijo Elsa, una vez que se separaron.
-Y yo te amo a ti, Elsa- dijo Hans- mi reina-
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FIN
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¡Hola! Pues al parecer ya podré salir del búnker y ver la luz del sol. Espero que les haya gustado. Mucho drama en este fic, lo sé. Por solicitud mayoritaria, habrá un par de capítulos de epílogo, así que no coman ansias. Gracias por sus comentarios, y nos leemos pronto.
Abby L.
