Capitulo 11: Bajo la lluvia
Justo tras el partido, y durante todo el tiempo que restaba de día, el equipo de los Corazones de fuego lo dedicó a acompañar a su amiga y compañera de equipo Air en su habitación en el centro Pokémon. Ahora que el torneo había acabado, nada les impedía prestar absoluta atención al cuidado de su fiel centrocampista.
Air, a pesar de la dura reprimenda por parte no solo de Lovaura, sino de su enfermera asignada, trataba de quitarle algo de hierro al asunto. Sabía que había obrado mal, pero sus impulsos eran irrefrenables. Mostraba temple, pero en el fondo no tenía tanta paciencia.
No obstante, parecía que el sobre esfuerzo que realizó en el partido, no le había supuesto mucho problema a su salud, pues la enfermera, tras darle un pequeño tratamiento, dejó caer que probablemente al día siguiente y bajo recomendación de no jugar partidos por unos pocos días de reposo, la podrían dar el alta medica y empezar a hacer vida normal de nuevo.
Evra, era el único Pokémon de la habitación con la cabeza agachada. Sin reírse, sin participar en nada que el equipo hacía. Ember ya se había percatado, pero por miedo a molestarle mas, solo le dirigía pequeñas preguntas de cuando en cuando para ver si se animaba a conversar. Finalmente, fue Summy quien se acercó a su lado con una pelotita.
-¿Juegas? –Es lo único que le preguntó sonriente, acercándole la pelotita hasta su hocico.
Evra, se mantuvo unos segundos en silencio antes de contestar. No mostraba la seguridad habitual. Finalmente, accedió, pero no parecía demasiado contento. –De acuerdo. Un poquitín.
-¿Ocurre algo Evra? No te ves bien. –Los actos de Summy habían logrado impulsar la valentía de Ember, que interrumpiendo el tema de conversación actual, preguntó al pequeño Eevee.
-Bueno. Para ser sinceros… Sí que pasa. –Daba unos toques a la pelotita de Summy con su cabeza mientras hablaba. –Con respecto a lo que sucedió en nuestro partido, la ruptura del equipo y todo lo que conlleva…
-¿Qué es eso que tanto te preocupa pues? Si es por temor a que no te perdone alguien de este equipo, creo que es obvio que te preocupas por nada. –Air era quien continuaba aquella conversación.
-No. Claro que no es eso, Air. Me alegra mucho que hayamos podido conectar tan bien entre todos. De verdad. –Dejando caer la pelotita al suelo, continúo hablando. –Pero ahora que te han dado el alta medica, te reincorporaras al equipo, y yo habré cumplido el contrato.
-¿Quiere eso decir que… nos dejas? –A pesar de solo haber colaborado en dos partidos, Ember parecía haber cogido cariño y confianza con aquel Eevee rápidamente. Para él, era parte del equipo.
-Ese es el asunto. Tanto Lektor como Ina nos dejaron atrás a Clara y a mí. Yo he estado visitando a Clara estos días. Se la ve bastante alicaída. Creo que la traición de nuestros ex compañeros la ha superado. –Se giró para mirar por la ventana con los ojos un poco humedecidos por las lágrimas que trataba desesperadamente ocultar. –No me siento bien pensando en abandonarla tampoco. Es muy presuntuosa, pero es una buena Raticate.
-Pero no tenéis un equipo al cual representar… -Ember empezaba a sentirse mal por el también. –Bueno, siempre podéis venir con nosotros y ser miembros de nuestro equipo.
-Nada me gustaría más Ember. Sinceramente, me encantaría seguir jugando con vosotros… Pero no creo que Clara piense igual. No ahora al menos. –Ya no soportaba contener sus lágrimas, y se giró a sus amigos. –No puedo seguir jugando con vosotros, sin abandonarla a ella a su suerte.
-Eso dice mucho de ti Evra. Dice mucho y nada malo de ti. Tienes un grandísimo corazón. –Lovaura se puso a su lado y le abrazo para consolarle. No le gustaba ver llorar a otros. –No tienes nada que lamentar. Yo creo que tu forma de actuar es muy noble.
-Es tal y como dice Lovaura. No negaré que a todos los que formamos este equipo nos gustaría que jugases mas con nosotros, pero aunque eso nos haga felices, no podemos forzarte a elegir y pasar malos ratos por tus decisiones. –Air, volvía a hablar como una autentica líder. Se notaba que tenia madera de capitana.
-¿No… os molesta? ¿De verdad? –Evra miró a los ojos de Lovaura en la primera pregunta y a los de Air en la segunda.
-En este equipo nos preocupamos por los sentimientos de los Pokémon que lo conforman. Tú has estado con nosotros, y nos preocupamos por ti. Porque eres nuestro amigo. Comprendemos tu postura de no querer dejar de lado a Clara, y nadie te va a animar a lo contrario. Siempre queda tiempo para el futuro después de todo. –Ember sonreía junto a sus compañeros tratando de frenar las lágrimas y el llanto de su amigo.
-Ember… Chicos… Gracias. Gracias por haberme aceptado como un igual en vuestro equipo, y gracias por ser tan comprensivos. Sois definitivamente un equipo como pocos. –Dedicó una sonrisa triste a los demás mientras se frotaba sus ojos con sus patitas.
-Gracias a ti por socorrernos cuando necesitábamos ayuda. Te estaremos eternamente agradecidos. Y por supuesto, esperamos ansiosos el día en el que podamos volver a enfrentarnos. –Ember le estrechaba la pata mientras dedicaba aquellas últimas palabras al Eevee.
-Bueno… Creo que ahora… Debo subir a ver a Clara… -Rompiendo el incomodo silencio que se había creado y con extrema timidez, Evra pensó que debía retirarse cuanto antes. –Debe de estar esperándome.
-Buena suerte en tu aventura Evra. Hasta pronto. –Ember, al igual que sus compañeros, fue despidiéndose de él mientras le deseaba la mejor de las fortunas. Sabía en el fondo de su corazón que volverían a encontrarse en algún momento del gran torneo de la isla. Y ansiaba que ese momento llegase.
Tras la marcha emotiva de Evra, el equipo continuó como buenamente pudieron sus conversaciones. El próximo destino era el tema prioritario a tratar. No había un torneo en los pueblos vecinos, así que les tocaría recorrer un buen camino antes de alcanzar el siguiente.
-Tenemos dos opciones viables ahora mismo según el mapa y la información que nos han facilitado en la recepción del estadio. Podemos ir hacia una ciudad costera de nombre Ciudad Pleamar o hacia un pueblo en la ladera de una montaña llamada Pueblo Arroyo. Ambas tienen un torneo en fechas parecidas. La primera de ellas es en dos semanas desde hoy, y el segundo es en diecisiete días. Según los cálculos estimados por la recepcionista, se tardarían alrededor de una semana en llegar a cualquiera de las dos a buen ritmo y sin desvíos.
-Hemos visto mucho mar de camino a esta isla, sugiero ir al monte para variar. –Mussel indicaba con su dedo la ciudad en la ladera.
-A mi no me parece mala idea tampoco. Cualquiera de las dos es bonita de ver. En Pueblo Arroyo hay además unas ruinas bastante antiguas. No es que sea una arqueóloga ni nada por el estilo, pero me gustan. –Lovaura era la más entendida del equipo sobre la isla Atea, así que gran parte de lo que decía, tenía mucho peso en la decisión.
-La tranquilidad del monte es muy beneficiosa para el espíritu. Me gusta como suena todo lo que decís. –Air también daba su visto bueno mientras se imaginaba un montón de arboles y zonas verdes en las cuales perderse.
-Pues decidido queda. Aunque dijese de ir a la playa seguiría estando en desventaja numérica con vosotros. Iremos a Pueblo Arroyo. Saldremos mañana por la mañana, asi que debemos dormir todo lo que podamos para tener fuerzas. –Ember daba carpetazo al plan. Irían a visitar una ciudad al borde una montaña un poco mas hacia el norte de donde estaban. Estaba ansioso porque llegase el día siguiente para poder emprender el viaje junto con sus amigos, pero se lo reservó para si mismo.
A diferencia del día anterior, en el que se podía disfrutar de un sol caluroso como el de un día de verano, ese día tocaba un cielo bastante nuboso. Podía apreciarse el sol entre algunas nubes, pero el tiempo no presagiaba nada bueno.
Los miembros del equipo habían comprado antes de salir de la ciudad un poco de ropa para el mal tiempo. En el peor de los casos, podrían resfriarse por un diluvio, y eso perjudicaría al equipo como unidad.
-Espero que no nos caiga el chaparrón. Esto está bastante feo. ¿No podía haber llovido ayer durante el torneo? –Air protestaba por la lluvia. Algo poco habitual en ella.
-Si no hubieses pasado tanto tiempo limpiándote las plumas en el centro Pokémon, ahora no tendrías que tener tanto cuidado, Air. –Lovaura había estado ayudándola a prepararse, y la pequeña ave había insistido en que la ayudase a cepillarse las plumas. Por alguna razón, quería estar reluciente ese día, pero nadie sabía por qué. Probablemente capricho.
-Bueno. ¿Y qué? Yo también tengo derecho a ir mona de vez en cuando. –De manera preventiva echó un ojo a Mussel, quien estaba riéndose y a punto de abrir la boca para decir algo. –Tu calladito, que te veo venir.
-Pero si no he dicho nada. Ni que fuera a decir algo por lo de ir mona… -Guiñaba un ojo el Machop mientras caminaba despreocupado.
-Bueno, nuestro primer objetivo es alcanzar Pueblo Terra, un pequeño pueblo a dos días de viaje más o menos. Después pondremos rumbo por el noreste hacia nuestro siguiente destino. ¡Vamos equipo! –Ember dio unas pocas instrucciones a Summy y Air para que hiciesen de guías y se situó tras ellos junto con Lovaura y Mussel.
-Me pregunto que tipo de partidos tendremos en nuestro siguiente torneo… Espero no volver a cruzarme con ese Spinda bailarín jamás. –Summy parecía muy disgustado recordando el Danza Caos. Pensar en el ridículo que pudo llegar a hacer en el partido mientras la confusión, le hacía temblar.
-Sean quienes sean, seguro que están bien entrenados, no podemos bajar la guardia. –Ember respondía la pregunta de su amigo. –Lo que me recuerda… Lovaura, ¿te animas a probar un poco tú también? Ya se que eres enfermera, pero si pasa otra vez algún problema como el del partido contra Evra y los suyos, necesitaremos ayuda.
-¿Eh? Ah… Bueno… No se. –Desde luego, la idea la echaba para atrás. –No valgo para esto capitán.
-No lo sabrás si no lo intentas, ¿no? Ademas, no es como si te fuera a ver el público, de momento hablamos de que pruebes a entrenar con nosotros. –Ember trataba de convencer a la Audino que estaba sudando a mares de los nervios.
-Bueno… Quizás un poco… Pero no se si podré hacer algo útil… -Cada vez mas nerviosa, acabó tropezándose y cayendo hacia delante.
-No le tengas miedo. El fútbol Pokémon es divertido. Esa sensación de coger la pelota y rematar con todas tus fuerzas para reventar la red de la portería… ¡Es genial! –Mussel la ayudaba a levantarse antes de hacer que perdiese confianza en si misma.
-No me gusta la posición de delantera… Preferiría quedarme en la defensa… Si tuviese que jugar… -Empezaba a tartamudear.
-¡Entonces yo puedo enseñarte todo lo que necesites! –Summy se giró y comenzó a caminar de espaldas. –No te preocupes, seguro que algo puedes hacer. –Le decía el pequeño Sentret sonriente, haciendo que la asustada y nerviosa Audino se relajase un poco.
-De acuerdo… Gracias.
-Ya veras como acabas cogiendo gusto. –Mussel también la intentaba animar sonriente.
-Si el deporte me gusta. Me encanta ver jugar a los demás… Pero no me gusta jugar. No se hacerlo. –Lovaura volvía a hacer hincapié en su problema. Todos sabían que a ella le encantaba ver jugar, por algo eligió ser enfermera asistente de un equipo.
-Para eso estamos nosotros. Para enseñarte. Ademas, tú nos ayudas mucho con tus habilidades de curación. Nosotros te tenemos que corresponder de alguna forma. ¿Y qué mejor forma que enseñándote a jugar? –Air también se había animado a dedicarle unas palabras. El equipo entero se había volcado en enseñarla a jugar.
-Bueno… Si insistís… Haré cuanto este en mis manos. –Acabó aceptando nerviosa.
Las horas pasaban y cuando llevaban aproximadamente medio día de trayecto, pudieron comprobar como el cielo nuboso, empezaba a nublarse aun más con nubes mas oscuras. El chaparrón era inminente. Air alertó de que la más que garantizada lluvia caería enseguida y de que debían buscar un refugio.
-¿Pero dónde vamos a resguardarnos de la lluvia? ¡Estamos en pleno camino escarpado! –Mussel protestaba. No había nada cerca que pudiera resguardarle de la lluvia.
-Pues tendremos que correr para encontrar algo… Tal vez en aquella montaña encontremos alguna cueva. –Ember señaló una pequeña montaña a no más de diez minutos de donde se encontraban. Con suerte, allí podrían encontrar algo. Además, pasar por ahí estaba por su ruta. Tarde o temprano llegarían.
-Pues apresurémonos. No sabría decir cuanto estará lloviendo. –Comentó Air y acto seguido, el equipo entero comenzó a correr. Mussel disfrutaba, pues para él era un entrenamiento más, pero Lovaura no estaba acostumbrada a correr, se notaba que su cuerpo no estaba preparado para el ejercicio físico. Ember, se situó a su lado para darle apoyo.
-Vamos Lovaura. No tienes porque seguir el ritmo del resto. Puedes hacerlo.
-Gracias capitán. –Respondía la Audino mientras el resto se alejaban poco a poco.
-¡Chicos! ¡Id adelantándoos! ¡Os alcanzaremos enseguida! –Ember les gritaba para que no se preocupasen, y sus compañeros respondieron con una afirmación mientras seguían hacia delante.
-Tomate esto como tu primer entrenamiento. Correr es un ejercicio básico para un jugador. No se trata de agotarse en un instante por acelerar rápidamente, sino de ser capaz de gestionar tus energías mientras corres. Así que si ves que te cansas, reduce el ritmo. No te preocupes.
Los consejos de Ember eran para Lovaura palabras que aun carecían de mucho sentido. No se veía capaz de aguantar lo suficiente como para llegar a la cueva, ni mucho menos de saber como gestionar sus fuerzas.
-No se… Si podré…
-Te acompañaré hasta que lleguemos. No te preocupes. Como capitán, es mi deber preocuparme por mis compañeros. Ademas, tú eres mi amiga también. ¿Como no voy a ayudarte? –Ember la sonreía, provocando que ella se sintiese algo mas a gusto y segura.
-Muchas gracias Ember. Haré todo lo que pueda. –Le agradecía con otra sonrisa en la cara.
-Ese es el espíritu. La montaña esta bastante cerca. Hagamos el mejor de nuestros esfuerzos.
No tardó mas de cinco minutos en empezar a llover, tanto Summy, como Air y Mussel habían llegado a la montaña con el tiempo justo, ahora solo debían buscar una cueva. Nadie les garantizaba que hubiese una, pero necesitaban resguardarse.
-Que suerte la nuestra. No hemos encontrado ningún lugar para refugiarnos. Jo. Ya podemos rogar para encontrar algo. –Summy se venía abajo al sentir como las gotas de lluvia caían en su cabeza.
-No desistas Summy. Seguro que hay algo. –Air reconfortaba al pequeño Sentret mientras agudizaba la vista en busca de alguna cueva.
-Todo esto de buscar refugio me parece genial… Pero ¿Alguien ha pensado en si estará habitada por algún Pokémon con pocas ganas de tener visita? –Mussel, por una vez, hacía una pregunta de lo mas interesante. Pues ambos amigos se quedaron sin saber que responder.
-Tendremos que arriesgar. Al menos, deberemos de intentarlo. –Air seguía empeñada en encontrar un hueco. Summy simplemente asintió ante la afirmación de la Taillow.
-Espero que no tarden demasiado. Esto tiene pinta de empeorar bastante. –A pesar de que solo caían gotas y no había empezado a caer el chaparrón, Summy podía presagiar una bonita y larga lluvia.
La suerte en cambio les sonrió, pues fueron capaces de encontrar una apertura en la montaña. Una cueva oscura y húmeda que no permitía ver nada y daba la sensación de estar con mala compañía. Era la típica caverna de algún Pokémon malhechor.
-La suerte que acabamos de tener no es normal. ¡Nos hemos librado de la lluvia por poco!-Fueron las primeras palabras de Summy dentro de la oscura caverna, antes incluso de darse cuenta de donde estaban. El eco que acompañó sus palabras, le hizo reaccionar y mirar a su alrededor.
-Bueno, pero ya estamos a cubierto, que es lo que importa. –Al darse cuenta del tremendo eco que había en esa cueva, Mussel también se sorprendió. -¡Pedazo de cueva! Mucho mejor de lo que esperaba…
-Casi seria mejor que fuese pequeñita, menos posibilidades de Pokémon agresivos. Sed cautelosos y tratad de no gritar mucho. –Air aterrizaba sobre una roca hablando en un tono bastante más bajo del habitual. En ese instante se empezó a escuchar el ruido de las gotas de agua al chocar contra el suelo con mas intensidad.
-Justitos, justitos. Pero me preocupan el capitán y Lovaura. Espero que estén al caer,porque si no… -Mussel miraba a la lejanía, pero no podía ver nada a través de los arboles que estaban frente a la cueva. –Me quedaré en la entrada por si les veo. No creo que sean videntes y puedan encontrarnos.
Mientras hacía guardia, pudo escuchar voces que se acercaban apresuradas. Esperaba que fuesen sus amigos, pero la cantidad de pasos que chapoteaban en el fangoso suelo de las cercanías eran de mas de dos Pokémon. Venía un grupo de al menos tres.
La cara de Mussel se tornó sorpresa cuanto vio como por el lado opuesto al que ellos habían llegado a la cueva, cuatro Pokémon entraban a la cueva en busca de cobijo sin reparar en él. Cuatro Pokémon que él reconoció y no esperaba encontrar en aquel lugar. Les siguió dentro de la cueva.
-Menos mal que había una cueva cerca. Gracias por buscar una Magno. –Una voz un pelin infantil sonó por la cueva, procedía de un pequeño Cubchoo. Air y Summy se quedaron mirando a aquel grupo de cuatro sorprendidos.
-No hay de que Haru. –El timbre metálico del Metang que les acompañaba resonó mas fuerte aun dentro de la cueva. No parecían haberles visto todavía. Air siseo con su pico para que guardasen silencio antes de dirigirles la palabra en tono reducido.
-¡No gritéis! ¡Podríais estar molestando a los Pokémon que puedan habitar la cueva!
-¡Ah! ¡Un fantasma! –Haciendo caso omiso a las palabras de la Taillow, el pequeño Magby pegó un grito enorme y se escondió tras el Elekid. El cuarto miembro del equipo. –Por favor. No nos hagas daño…
-Agni… No hay ningún fantasma. Es una Taillow. No tienes de que asustarte. –El mismo Elekid tuvo que hacer ver al asustado Pokémon ígneo que en efecto no había fantasmas. –Debes dejar de asustarte por todo colega. –Le reconfortó acariciándole.
-¡Eh! ¡Yo os conozco! ¡Vosotros participasteis en el torneo Urdiz! Sois un equipo de fútbol Pokémon, ¿verdad? –Mussel era ahora quien hablaba. Acercandose por detrás de ellos, pues aun no había entrado lo suficiente.
-¿Eh? ¡Ah! Sí… Sí lo somos. Ventisca Ardiente es nuestro nombre. –El Cubchoo de nombre Haru dirigía el grupo. –Yo soy su capitán… Haru. Un placer. ¿Vosotros también lo sois? ¿Eres tú el capitán?
-Somos un equipo, sí. El Corazones de fuego. Pero no soy el capitán. De hecho, nuestro capitán aun no ha llegado. Esta aun ahí afuera. Pero supongo que tardaran poco. –Señaló hacia el exterior de la cueva mientras se acercaba a la misma.
En ese instante, una sombra sobrevoló a toda velocidad el trecho desde una rama de un árbol cercano, hasta un saliente por encima de la cueva dejando caer una nota escrita en un papel humedecido por la lluvia. Mussel vio que algo se movia, pero no llegó a identificar que era.
-¡Chicos! ¡Es terrible! –Entró gritando en la cueva con cara de preocupación haciendo caso omiso a la instrucción de Air de mantener el tono bajo.
-¡Ya vale de gritar! –Air gritó aun mas fuerte al ver que nadie la hacía caso. -¿Tanto cuesta mantener la voz bajita? –Se la notaba muy enfadada. A punto de explotar de rabia.
-No es el momento Air. Han secuestrado a Ember y Lovaura. ¡Un grupo que actúa bajo el nombre de Sharp Claw ha raptado a nuestros compañeros! –La cara de los Pokémon allí presentes, se tornó en sorpresa por parte de algunos y terror por parte de otros. Summy tras unos instantes se echó a llorar al pensar en su mejor amigo.
-¡Por Arceus! ¡Tenemos que encontrarlos! –Tragándose su rabia, Air no pudo mas que ponerse a pensar en un plan. –Debe haber algo que podamos hacer…
-Aquí dice que los tienen en la cima de esta montaña. Solo debemos escalar hasta allí… Y no dice nada mas. Supongo que si son meros bandidos querrán algo a cambio, probablemente dinero… pero no lo se. –Una vez mas, Mussel hablaba para terminar de leer los detalles de la nota dejada por aquel grupo. Acto tras el cual rompió la nota, dejando clara su frustración. –¡Rayos! ¡No debimos dejarles a su ritmo! ¡Debimos seguir con ellos!
-Tenemos que apresurarnos, de poco servirá quedarnos aquí. Debemos subir hasta arriba a por ellos. Diluvie o no. –Air se había armado de valor. Odiaba a los bandidos, así que con confianza alzó el vuelo.
Mientras el equipo discutía que hacer, los integrantes del Ventisca Ardiente hablaban entre si sobre la situación. No les gustaban tales actos bandalicos, y creían poder ser utiles para la causa. Asi que tras ponerse de acuerdo y asentir a favor de la misma decisión, Haru se acercó a Mussel dispuesto a hablar.
-Esto… Podéis contar con nosotros también. No podemos quedarnos de brazos cruzados viendo como unos bandidos secuestran a Pokémon indefensos. Si nos permitis… Queremos ayudaros a rescatarles. Entre todos podremos hacer algo mas grande aun. Desconocemos cuantos son, asi que los números son importantes.
-¡El capitán no es un Pokémon indefenso! –Summy, cegado por la frustración y el miedo, solo pudo captar la frase negativa entre las buenas y humildes palabras de Haru. Su llanto era difícilmente frenable. Air, redujo altura de vuelo para posarse entre sus orejas y acariciarlas con sus alas.
-Summy, tranquilo. No ha querido decir lo que has entendido. Si trabajamos entre todos podemos rescatarles. –Cual madre, las palabras de Air se habían tornado dulces y suaves. Al menos en la medida de que podía controlarse. Siempre que veía mal al joven Sentret, sentía la necesidad de protegerlo maternalmente.
-Lo siento… No pretendía ofenderte. No pienso que vuestro capitán no pueda defenderse, es mas, seguro que esta haciendo todo lo posible por defender a vuestra compañera. –Haru, a pesar de no necesitar hacerlo, se disculpó formalmente con Summy.
-Lo sé. La culpa es mía… Estoy demasiado preocupado por ellos. Ademas, Ember es mi mejor amigo. No quiero que le pase nada. –Summy agachaba sus orejas en señal de arrepentimiento por gritar al pequeño Cubchoo.
-Demonos prisa pues. Nuestros compañeros nos esperan. ¡Vamos a la cima! –Mussel comenzó a correr hacia el exterior, seguido de todos los demás. Pero salir con prisas y sin analizar el terreno les presentaba diversos problemas. Las rocas resbalaban y la tierra se había convertido en barro a raíz del aguacero que caía.
Mussel se valía de si mismo para escalar. Se impulsaba por las rocas sin resbalarse haciendo gala de un equilibrio casi perfecto. Magno cargaba con sus compañeros de equipo y Summy en su cabeza, y Air volaba cerca de ellos. La lluvia era intensa, pero al menos no estaba combinada con el viento.
Summy se percató de que a su compañera de equipo le costaba mantener el ritmo de vuelo. No solo necesitaba algo mas de descanso medico, sino que la lluvia había humedecido tanto sus plumas que el peso de las mismas podría haberse duplicado. Sin embargo, admiraba el esfuerzo de la misma, pues a pesar de todo, aguantaba el tipo hasta subir a la cima.
La cúspide de la montaña era bastante rocosa. Piedras puntiagudas salían del suelo haciendo el terreno muy poco uniforme. Se habían formado charcos de agua debido a la copiosa lluvia y entre todo aquel paisaje, vislumbraron dos cuerpos bastante grandes tirados en el barro.
-¡Capitán! –Summy salió corriendo hacia ellos sin dudarlo ni un instante. Saltando desde la cabeza del Metang y casi estamparse contra el suelo debido a un resbalón, corrió lo mas rápido que pudo hasta sus amigos.
-¡Summy! ¡Espera! ¡Podrian seguir por aquí! –Air le gritó entre jadeos tras posarse en el suelo, pero era inútil. Ya se había alejado demasiado como para que su voz, en aquel entonces fatigada, le alcanzase entre el sonido de la lluvia.
Una sombra saltó hacia él desde detrás de una roca golpeándole y derribándole hacia atrás con un puñetazo directo a su tripa. No le dio tiempo siquiera a quejarse, aquel Pokémon con una capucha y garras afiladas, se le puso encima y le acercó las garras al circulo dibujado de su cuerpecito.
-No te muevas… O lamentaras haberlo hecho. –Susurró cerca de las enormes orejas del Sentret antes de hacer un gesto a otro encapuchado detrás de otra roca. Debía de ser una especie de clave, pues instantes después un grupo de cinco Pokémon más salieron de detrás de sus escondites y se acercaron lo suficiente al grupo para que fuesen audibles.
-¡Somos los Sharp Claw, bandidos de esta montaña y sus alrededores! ¡Por haber entrado en nuestro territorio, deberéis de darnos todo lo que tengáis encima! –Uno de ellos, que tenía una voz ladina y perversa, les señaló sin quitarse su capucha. Era el mas pequeño de los Pokémon que se presentaban ante ellos. –Si os negáis… Vuestros amigos pasaran un mal rato…
Observaron aterrados como las garras del Pokémon que estaba sobre Summy se aproximaban mas al centro de su cuerpo. Agni estaba asustado tras Eze, quien tampoco sabía bien que hacer. Incluso Haru dudaba de la situación. Magno era el único que aparentaba estar normal. Los Metang y su familia evolutiva eran de todo menos expresivos.
-¡Sois unos cobardes! ¡Atacáis a Pokémon inocentes y los usáis para sobornar a sus amigos! ¡Decidamos esto con un partido! ¡Os demostraremos de que somos capaces! –Mussel, lleno de rabia, dio un par de pasos al frente inspirando un poco de seguridad en Air, quien alzó el vuelo para ponerse a su lado.
-¿Partido? ¿De esa basura que jugais? No. Aquí se hacen las cosas de otra manera. Os lo volveré a repetir, y será la ultima vez. Dadnos todo lo que tengáis. ¡Ya! –El líder de aquella banda, sonaba cada vez mas impacentado, pues indicó al opresor de Summy que le pinchase un poco con sus garras. Solo entonces la voz del Sentret pudo oírse por encima de la lluvia.
-Malditos… Air. ¿Se te ocurre algo? No podemos dejar esto así. –Mussel no sabía que hacer. Si atacaba, Summy podría acabar gravemente herido. Contenerse la rabia le costaba horrores.
-No. Nada de nada. Nada que nos permita salvarlos sin rendirnos… Dejame que piense un poco más. –Air, nerviosa, trataba de pensar en algo para salir del paso, pero no tenía tiempo para pensar con claridad, y eso la desconcentraba más aun si cabe.
En ese momento, Ember empezó a recobrar el sentido. Se empezó a mover y poco a poco a abrir los ojos. Veía sombras desfiguradas entre una cortina difusa. Pero al tiempo que la lluvia le empapaba, comenzó a notarse más y más despierto. Hasta el punto en el que desde el suelo, fue capaz de identificar quienes estaban allí y que estaba pasando.
-¿Summy? ¿Qué estas…? –La voz del capitán del Corazones de fuego se ahogo al darse cuenta de que estaban siendo atacados. Tanto él y Lovaura, como su amigo Summy y a lo lejos el resto de sus amigos.
Estas palabras, alertaron al esbirro que atacaba a Summy, quien desvió la mirada para asegurarse de que todo estaba bajo control. Estaban tardando demasiado en saquear a esos Pokémon.
Magno, fue el único del grupo que se percató de este detalle. Entendió que algo había distraído y llamado la atención del secuaz de aquella sombra líder del Sharp Claw.
-Deberiamos rendirnos… No merece la pena alargar esto. No nos van a devolver a vuestros amigos hasta que les demos todo. –El Metang, separándose de los suyos, se acercó a Mussel y Air.
-¿Estas loco? ¡Jamas nos vamos a rendir ante Pokémon así! –Mussel se le encaró mirándole crudamente a los ojos apenas expresivos de Magno.
-¿Tan poco aprecias a tus amigos? ¿Eres tan cabezón como para arriesgar sus vidas? –Magno pronunciaba unas palabras duras con respecto al prepotente Machop. Las mas duras que cualquiera de los presentes había oído jamás.
-Yo… No he querido decir eso… ¡Deja de decir esas tonterías! –Sin saber como salir del aprieto, Mussel parecía al borde de un ataque de nervios e íra.
Magno, al instante, le agarró del brazo y le elevó en el aire. –Eres demasiado descuidado. Desde que te he visto por primera vez, no hoy, sino en el torneo… Ya dabas muestras de ser muy individualista. Así que si tan decidido lo tienes… Si de verdad crees que tu plan merece la pena… ¡Hazlo como mejor lo sepas! –Con un rápido y potente movimiento rotativo, arrojó al delantero de los Corazones de fuego mas allá de los bandidos. iba directo hacia el agresor de Summy. Las caras de sorpresa de los Pokémon presentes eran de un valor incalculable.
-¿Pero qué…? –El pequeño líder de los Sharp Claw tardó mas de lo que desearía en reaccionar. –¡Puma! ¡Matalo! ¡Rápido! –A pesar de la orden, el encapuchado que estaba encargándose de Summy, no logró reaccionar a tiempo. Mantener vigilado a Ember le había hecho perder atención sobre lo que le habían ordenado previamente.
Para cuando fue capaz de procesar la orden, Mussel estaba ya demasiado cerca de él, pero no estaba en posición de atacar. Veía el suelo demasiado cerca, así que se cubrió la cabeza ante el inminente choque contra el mismo.
La trayectoria del lanzamiento hacía imposible al encapuchado de nombre Puma acatar la ultima orden de su jefe a tiempo para evitar el golpe, así que se alejó de los cuerpos de los Pokémon.
Tan pronto Summy vio que su atacante se alejaba. Se levantó y corrió tan rápido como pudo presa del miedo junto a Ember, que se estaba incorporando aun. Lovaura seguía sin dar señales de vida. Por su parte, Mussel acabó rodando bruscamente por el suelo hasta chocar con una roca. Provocando que el Machop soltase un quejido audible.
¡Malditos! ¡A por ellos! –El líder del grupo de bandidos saltó hacia Los jóvenes Agni y Eze, pero Magno se interpuso y propinó un potente golpe con su brazo izquierdo mientras este se recubría más notablemente de metal.
-¡Garra Metal! –El impacto fue lo suficientemente potente como para noquearle. Debió de resultarle muy eficaz al pequeño líder. Mientras tanto, otros dos bandidos se abalanzaron sobre Haru y Air.
-¡Haru levanta tus brazos! –Air había cogido carrerilla para lanzarse hacia el Cubchoo, dando clara evidencia al pequeño osezno de que planeaba hacer. Sin rechistar, levantó sus bracitos, e instantes después, se elevó en el aire mientras Air le agarraba tan fuerte como podía de sus brazos.
Ember ya se había recuperado lo suficiente como para ver a Puma correr hacia Mussel, que estaba completamente mareado. No iba a permitírselo tan fácilmente. -¡Nitrocarga! ¡No voy a dejar que le pongas una zarpa encima! –Con la velocidad extra adquirida por su fuego, logró impactar con el Pokémon enemigo antes de que arañase a Mussel. Ademas, logró prender fuego a su capucha provocando que Puma, se la quitase apresuradamente asustado por las llamas.
Tan pronto la capucha cayó al suelo, se apagó por la humedad del mismo y la lluvia que aun caía, dejando visible el cuerpo de un Ursaring enfadado. Muy enfadado. Imponía mucho mas sin la capucha que con ella.
-Maldición… Malditos seáis… ¡Retirada! –El capitán de aquel grupo de bandidos se recuperó malamente del golpe de Magno y trató de correr. Tuvo que ser socorrido por otro de sus aliados para poder huir. -¡Esta nos la pagáis!
En cuanto los bandidos desaparecieron, solo quedo el ruido de la lluvia. Tardaron unos pocos segundos en relajarse y reaccionar sobre lo mas importante en aquel entonces. Coger a sus amigos y bajar al resguardo de la cueva una vez más.
En esa segunda ocasión, se vieron forzados a realizar otro viaje montaña arriba. Pues el peso que Magno podía llevar, era ampliamente superado por todos aquellos Pokémon juntos. Así que tras realizar los dos viajes y juntarse todos en la cueva. Llegó el momento de relajarse y aclarar todo lo sucedido.
Agni, prendió unas ramitas y unas pocas hojas que el viento había metido dentro de la cueva para hacer una pequeña fogata en la cual calentarse del frio causado por la lluvia. Sabían que era posible que alguno hubiese cogido un resfriado y lo estuviese incubando.
Lovaura había empezado a moverse al poco tiempo de llegar a la cueva, sin embargo, aun no había vuelto en si. Mussel, tras recuperarse del mareo y tener unos cuantos rasguños en su dura piel, mantenía una intensa discusión con Magno por la forma en la cual le había tratado.
Este ultimo, alegaba que dado que se había percatado de la distracción de Puma, necesitaban una forma de causar caos entre sus filas. Explicó que aun no poseía poderes psíquicos, y que la única forma de pillarles desprevenidos, era haciendo algo totalmente inesperado.
Haru explicaba a Air como Magno era el cerebro del equipo y que si bien había actuado de esa manera tan alocada, era un pokémon inteligente y cauto. Aunque no parecía terminar de convencerla.
Por ultimo, Ember se sentó al fuego junto a Summy, que le tenía agarrado con fuerza, aun algo asustado. Aquella experiencia fue bastante traumatica para todos, pero sabían que ya había pasado, que ya estaban todos juntos de nuevo. Ahora solo faltaba dejar que pasase el tiempo y todos se relajasen.
-Al fin despiertas… Menos mal que estas bien. –Haru hablaba en un tono dulce a la Audino que al fin habría los ojos. -Teníamos algo de miedo, pero ahora que estas despierta… Ya no hay nada que temer.
-¿Qué ha pasado? Recuerdo... el bosque... ¡Ember! -Exclamó enérgica de pronto.
-No te preocupes Lovaura. Estoy aquí. Estoy bien. ¿Qué tal tú? -Respondió Ember acercándose a ella junto al resto de Pokémon.
-Aun algo confundida... Pero creo que bien. Ya ha pasado todo, ¿no? -Podía notarse en la cara que mostraba que aun tenía miedo. Solo Ember había tenido ocasión de experimentar el terror de ser agredido junto con ella.
-No te fuerces. Ya ha pasado todo. Estas a salvo. -La abrazó para darle seguridad.
-¿Pero quienes eran en realidad estos Pokémon? Decían llamarse Sharp Claw, pero jamas he oído hablar de ellos. -Eze preguntaba abiertamente. -Si que dijeron que eran bandidos, pero... Debe haber algo mas. ¿O solo yo lo pienso?
-No. Nos prometieron venganza. Si solo fueran bandidos de esta tierra, no nos perseguirían. Pero no se que mas podrá haber detrás de esto. -Air analizaba la situación con cuidado de no olvidarse ningún detalle.
-Esto va para ambos equipos. Debemos extremar precauciones de ahora en adelante. Aun nos falta un buen camino hasta el siguiente pueblo. Propongo dormir aquí. Nos aseguraremos de que no nos molesten cerrando la cueva y haciendo un poco de vigilancia. -Ember sugería una propuesta algo arriesgada. Mussel quiso hablar, pero poco tardó en darse cuenta de que era o dormir en la calle, o en la cueva. Y la cueva daba clara protección.
-Mejor no pensemos en todo esto. Los Sharp Claw ahora mismo no están, y dudo que nos ataquen de nuevo estando en grupo todos y sin rehenes en su poder. Cenemos juntos ya que estamos. No todos los equipos comparten experiencias como esta. -Haru trataba de sonar convincente para el resto y hacía su mejor esfuerzo por alegrar a todos.
-Tienes razón. Llevamos demasiado estrés encima. Relajémonos todo lo que podamos. -Magno secundaba la moción de su capitán.
Finalmente, todos asintieron y en la medida de lo posible tratarían de disfrutar entre ellos contando anécdotas de equipo y sueños alrededor de una pequeña hogera. Deseando siempre en lo más profundo de sus corazones, que esa noche fuese una noche tranquila y relajante.
