Bueno, este capítulo es un poco corto, pero porque no es importante. Lo bueno viene después xD. Aunque creo que explicaría algunas cosas, pero en fin. Lamento que sea corto, es que no he podido ampliarlo más. Tengo la cabeza seca, con tanto examen tanta mierda final. En fin, me dejo de tanto palabreríp.
Capítulo 11: Su hogar, ¿mi hogar?
Llevaba un par de horas caminando. A estas horas suponía que ya debía estar cerca de su querida aldea. Sonrió y aspiró el exquisitito aroma a primavera que arrastró la suave brisa que acaba de mecer sus cabellos. Levantó el rostro, y por entre los árboles, a los lejos, ya asomaba la punta del edificio más alto de la Aldea Oculta de La Hoja.
El silencio fue interrumpido por el sonido de algún matorral. La chica se puso en alerta mirando hacia todos los lados. Sacó un kunai de su bolsita, y lo empuñó en modo defensa. Inspeccionó el lugar, buscando alguna señal. Entonces sintió como se acercaba. Esquivó el kunai que le fue lanzado a tiempo, dando un salto hacia atrás. Ubicó su vista en aquel punto y de entre los arbustos apareció la sobra de un hombre. No lo distinguió, la falta de sol oscurecía su rostro.
– ¿Quién eres? –preguntó a aquel sujeto.
– ¿Qué no me recuerdas? –preguntó dejando que el sol le aclara el rostro, y ella le mirara totalmente sorprendida.
– ¿Qué haces aquí?
.
.
.
.
Caminaba despreocupado por las calles de la villa. Libro en alto, y mano libre en bolsillo. Sonreía tontamente de vez en cuando y se sonrojaba. Saludaba con su mano libre a quién conociera que le pasara por delante y volvía a su pose despreocupada. Entonces algo llamó su atención. Bajó el libro y centró su vista en algún punto a lo lejos, donde se podía observar apenas la enorme puerta de la entrada a Konoha. Sacó un reloj de su bolsillo y lo observó detenidamente.
–Hmm –se rascó la barbilla–. Supongo que eso debe ser –se dijo así mismo mientras giraba sobre sus talones y cambiaba la dirección–. Supongo que hoy será un día movidito.
.
.
.
.
– ¿Qué haces aquí?
– ¿Qué no está claro? –dijo como si fuera lo más obvio del mundo.
– Rechazaste mi oferta –reprochó.
– Cambié de opinión.
– Eso mismo dijiste la última vez –volvió a reprochar y el bufó.
– Volví a cambiar de opinión –se justificó hartándose de que no hubiese dado saltos de alegría en vez de estarle pidiendo una explicación que hasta el mismo desconocía.
– ¿Estás seguro? ¿Seguro que no vas a acobardarte, otra vez? –dijo mirándole con desconfianza.
– Puedes estar tranquila –le contestó con seriedad.
–Vamos –invitó ella echando a andar y el solo la siguió.
.
.
.
.
Esa era una mañana verdaderamente aburrida. Los dos porteros de las enormes puertas de Konoha, bostezaban mientras intentaban entretenerse en vano. La brisa primaveral que siempre soplaba en el país del fuego agraviaba la situación y provocaba un sueño que podría poner en peligro la vida de los ciudadanos si se acercaba algún enemigo.
Uno de los porteros, con una venda que le tapaba parte del tabique de la nariz y las mejillas, jugaba con un pequeño guindajo en su boca, moviéndolo de un lado a otro. El otro, llevaba su mano apoyada en la barra frente a donde se encontraba sentado, a la vez sujetándose la cabeza. Este lanzaba con su mano libre una piedra al aire.
– Tsk, ¿por qué seguimos en este trabajo Izumo, compañero? –preguntó el de la matita.
– Eso mismo llevo preguntándome toda mi vida, Kotetzu –respondió el otro.
– ¿No deberíamos jubilarnos ya? –preguntó Kotetzu dando un enorme bostezo–. Llevamos más de 20 años en este trabajo. Nos merecemos un descanso.
– Tsk, todavía somos muy jóvenes para jubilarnos Kotetzu –le dijo cansado Izumo.
– Sí pero…
– Espera –fue interrumpido por Izumo que levantó una mano a la altura de su boca–. Alguien se acerca a la entrada.
– ¿Enemigo? –preguntó el otro poniéndose en alerta.
– No lo creo, esa chacra se me hace conocido.
Los dos afinaron la vista hacia la lejanía que se extendía más allá de la entrada. Dos figuras borrosas se acercaban, y ambos intentaban identificar a lo lejos de quienes se trataba.
– Ese cabello… –identificó Izumo.
– Ha vuelto –articuló Kotetzu sorprendido.
A lo lejos, aunque ya no tanto, la pelo rosa sonreía abiertamente al distinguir a lo lejos la entrada de su preciada aldea. La había extrañado. Todo de ella. Ese clima primaveral y templado que la caracterizaba y siempre estaba latente. Ni frío ni calor, lo justo para estar fresco. Los peculiares sonidos de sus compañeros haciendo alboroto. Las llegadas tarde y escusas de su sensei; a su mejor amigo. Avanzaba con lenta desesperación fingida. Intentaba que sus piernas no la traicionaran y comenzaran a correr por su cuenta, para alcanzar lo más rápido posible aquel suelo que a pesar de no poseer ninguna diferencia física que hiciese la diferencia le hacía sentir más segura que en cualquier castillo blindado.
Sin embargo nuestro otro personaje no se encontraba exactamente tan gustoso como la Haruno. Sentía miedo. Observaba como esa enorme puerta se acercaba cada vez, haciéndose más grande. ¿Qué haría ahora? Por su parte, en contraste con la Haruno, sus piernas estaban a punto de hacerle dar media vuelta y alejarse, para seguir con la antes decisiva idea de no volver a pisar nunca más aquella aldea que tanto odiaba y que le traía tantos recuerdos que le revolvían el estómago, dándole ganas de vomitar toda la rabia que los antiguos consejos le hicieron acumular.
Estaba llegando a aquella aldea que el pasado intentó destruir, y un miedo intenso le carcomía por dentro. ¿Cómo actuar? ¿Qué hacer? ¿Qué decir una vez frente de esas personas que aún le provocaban ''asco''? Observó a su compañera, sonriendo y perdida en sus pensamientos, lo cual un poco le molestó, puesto que tanto tiempo sin verla, ya no le era tan fácil distinguir sus emociones, no como antes. Mucho antes.
– ¡Sakura-san ha vuelto! –exclamó Izumo poniéndose de pie.
– Hola Izumo-san, Kotetzu-san –saludó con una enorme sonrisa Sakura, extrañaba a los dos ''enérgicos'' e inseparables compañeros.
– Sakura-san cuanto tiempo –se unió Kotetzu.
– Mucho tiempo, si. Lo siento. Tal vez me pasé un poco –dijo ella.
– El Hokage-sama estará muy emocionado de volver a verla –comentó Izumo.
– De hecho voy directo hacia allá para dar el informe –dijo a punto de volver a caminar.
– ¿Y él? –preguntó Kotetzu viendo a Tetsu.
– Viene conmigo –informó la chica–. Hasta pronto.
–Hasta pronto –dijeron los porteros al unísono.
Sakura comenzó a caminar, seguida de Tetsu completamente desconcertado. Algo recordaba a esos dos, los porteros encargados de vigilar la entrada de Konoha. Los que no estaban aquel día que se marchó de la aldea. Detrás de ella solo la veía caminar, solo su espalda. Notaba como giraba el rostro a cada lado constantemente. Cuando lograba ver su perfil, notaba la enorme sonrisa de satisfacción que mostraba por regresar a su aldea. Él ignorando olímpicamente todas las emociones que sentía en ese momento, producto de tales condiciones en que se encontraba, solo se limitaba a observar de reojo sus alrededores.
La aldea no estaba nada a como la recordaba. ¿Qué va a estar? ¿Qué no recordaba que la había destruido la última vez que se pasó por ella? Sonrió con ironía. Para luego apretar los dientes con molestia. Observaba de reojo a cada persona. No se le perdía una. No se le perdía un gesto, una palabra, incluso podía leer sus mentes, oler sus emociones. Pareciera que nadie recordaba nada de lo ocurrido 5 años atrás. Sonreían, conversaban animadamente, atendían sus negocios con felicidad y energías, atendían a sus familias. Enojo, envidia. Seguían sus vidas como si nada. Habían olvidado todo. Se comportaban como si nunca nada hubiera ocurrido, como si la guerra hubiera sido una simple pesadilla. La envidia le producía un intenso malestar que a duras penas sus nervios podían controlar. Ellos podían olvidar el pasado; sabían olvidar, sin embargo él, aún no podía deshacerse de sus lamentaciones.
Estaba tan concentrado, que notó tarde que ella se había parado. La observó desde sus espaldas, con la cabeza alzada, observando hacia arriba. También miró hacia arriba para encontrarse con la enorme torre roja del Hokage. Por su cabeza pasaron leves y borrosas imágenes de un edificio totalmente diferente, pero que conservaba casi la misma estructura geométrica que la actual. Volvió a andar, y él la imitó. Pero ella volvió a parar.
– Debe informar de mi llegada –se dirigió hacia él–. Creo que será mejor que me esperes aquí –habló esperando su aceptación–. Yo le hablaré a Naruto de ti.
– Hmp –solo asintió y ella le sonrió.
– No me tardo –informó y procedió a subir las escaleras.
Subió las anchas escaleras con calma hasta llegar a la puerta que daba al interior del enorme edificio. Todo estaba exactamente igual que hace 2 años. Las paredes conservaban ese oscuro color marrón. Solo sus paso resonaban en tan desolado pasillo. Llegó a su destino y tragó grueso, aunque con una enorme sonrisa. Suspiró y acto seguido dio dos suaves golpes. Escuchó esa voz que comenzaba a hacerle hervir las células. Abrió suavemente la puerta y con la más sincera sonrisa que pudieron dibujar sus labios.
– Hola, Naruto –el susodicho levantó rápidamente la cara de las hojas que firmaba.
– ¡Sakura-chan!
.
.
.
.
Él seguía observando los alrededores que sus ojos podían captar. Los ojos ''normales'' eran muy limitados, solo alcanzaba a observar lo mínimo. No había pasado ni un minuto, y ya se estaba aburriendo. Él no era del tipo que ''esperaba pacientemente''. No se quedaría ahí solo esperando. Así que, como de alguna forma quería enterarse de lo que pasaría en esa oficina, miró hacia arriba, analizando detenidamente cada ventana. Sonrió de lado al encontrar la que buscaba. Su intuición no podía fallar. Nunca lo hacía. De un salto llegó hasta el cristal. Pasó totalmente desapercibido. Su velocidad era notable. Allí concentró sus ojos, para captar cada detalle de lo que se acontecía en la habitación.
.
.
.
.
– ¡Sakura-chan! ¡Sakura-chan! –exclama el rubiales emocionado, mientras daba vueltas en los aires a Sakura, mientras la apretaba fuertemente contra su pecho.
– Naruto también te extrañé, pero me estas ahogando –dijo ella divertida.
– Lo siento Sakura-chan pero es que ha pasado tanto tiempo –se quejó mientras la bajaba pero aun así seguía estrechándola contra sí.
– Lo siento mucho, no quise dejarte solo tanto tiempo –se disculpó aún entre sus brazos–. Pero se me fue el tiempo, cuando vine a darme cuenta…
– No me tienes que dar explicaciones, Sakura-chan, te comprendo –la interrumpió para consolarla, mientras ella se estrechaba contra su pecho.
– Te eché de menos…
– Tenía tantas ganas de volver a verte Sakura-chan –confesó susurrando–. De volver a tocarte –entonces se separó de ella, y le miró tiernamente–. De volver a… –bajó sus ojos.
.
.
.
.
Nunca imaginó que las cosas irían por ese camino. Era inesperado, sorpresivo, arrasador. Esperó cualquier cosa menos eso. ¿Por qué no le golpeaba? ¿Por qué no le gritaba? ¿Por qué estaba besando a Naruto?
Unas ganas desquiciantes de romper esa ventana y asesinar a cuanto ser viviente se encontrara en aquella habitación se apoderaron de él, con la misma rapidez que una gota de lluvia golpea el asfalto. La rabia se apoderó de él con la misma facilidad que se canta mal una canción, cuando vio como ambos dentro se juntaban sus labios. Él la sostenía de la cintura, ella enrollaba sus brazos en su cuello, y correspondía gustosa. Esos labios besados por aquel que antes se hizo llamar mejor amigo e incluso hermano, devoraba, porque eso hacía, esos labios que por derecho le pertenecían.
Conteniendo toda la rabia que sentía, y conteniendo su instinto asesino saltó una vez más de la ventana, al suelo. Ignorando lo que antes había presenciado, se alejó de la escena del acto. Dijo que la esperaría y ella le dijo que no se tardaba, pero por el rumbo que iban las cosas, prefería alejarse de allí.
.
.
.
.
Al cabo de un tiempo se separaron, pero aún siento el sabor del contrario en sus labios. Se miraron, ella descifró en su mirada que su ''amigo'' en verdad le había extrañado. Sakura sintió por un momento la necesidad de prolongar la situación, pero recordó que tenía a alguien esperando.
– Naruto debo irme –pronunció provocando que él la soltara–. Pero antes tengo que decirte que no he venido sola.
– ¿Ah, no?
– He traído a alguien que conocí allá, y que ha venido antes a la aldea. Le traeré acá para que le abras el expediente.
– Ne, Sakura-chan, no tengo ganas de eso ahora. Tráelo más tarde.
– Está bien, Naruto –dijo con un hondo suspiro–. Me voy entonces.
– Claro, Sakura-chan, debes estar cansada –dijo comprensivo, aunque en cierto modo decepcionado.
– Te veo mañana si –dijo ella saliendo ya de la oficina.
– Hasta mañana Sakura-chan.
Salió de la oficina de su mejor amigo y Hokage dando un hondo suspiro. Se llevó las manos a los labios y sonrió contra sus dedos. Pero recordó enseguida de quien le esperaba. Se dispuso a bajar a donde Tetsu supuestamente le esperaba. Llegó al pie de las enormes escaleras, pero él no estaba.
