Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
.
.
Capítulo XI
Quédate
.
oOo
— ¡Estoy muerta!— exclamó Ino Yamanaka al aire, extendiendo los brazos para exagerar un poco más la situación, haciendo que Gaara esbozara una ligera sonrisa de medio lado— En verdad es agotador esto de organizar una boda... De haber sabido que sería así lo hubiera pensado dos veces antes de haber aceptado.
— ¿Te arrepientes?― preguntó su prometido y, aunque había usado su tono frío habitual, Ino, que ya lo conocía lo suficiente, pudo entrever el temor tras esas palabras.
Y sonrió, abrazándolo por el cuello para besarlo y disipar cualquier miedo.
— ¡Claro que no, Gaara-kun!― rió, pegando su mejilla a la suya― A veces dices cada cosa.
―Es que... No quiero perderte, Ino― admitió el Kage en voz baja, apenas en un susurro que le hizo borrar su sonrisa.
―No vas a perderme, Gaara. ¡Vamos a casarnos en unas semanas! Además, sabes que te amo.
El líder de Suna la miró fijo, sin ninguna expresión, cosa que, de forma inconsistente, le ocasionó une escalofrío a la heredera Yamanaka.
―Lo sé― respondió tras unos segundos de introspección, apretando ligeramente el agarre des su mano― Por eso mataría a cualquiera que intentara apartarte de mi lado.
Ino parpadeó, tardando un momento en comprender sus palabras, y, nuevamente de forma inconsciente, soltó la mano de su prometido y dio un paso hacia atrás.
― ¿Qué?― inquirió, sonriendo con nerviosismo mal disimulado― ¿De qué estás hablando?
El Kazekage volvió a mirarla fijo, de esa forma que hacía imposible adivinar en qué estaba pensando. Y a Ino, aunque quiso evitarlo, se le erizó la piel.
―No es nada― discurrió después de un rato de tenso silencio, volviendo a tomar su mano para caminar― Sólo pensaba en los hombres que habían intentado secuestrarte para hacerme daño. Jamás dejaré que algo así pase de nuevo.
La joven Kunoichi frunció el ceño ante la respuesta, pero no replicó. Abrazó a Gaara de lado y siguió caminando con él, observando las vacías calles de la aldea iluminadas sólo por farolas de luz amarillenta, hasta que algo llamó su atención, haciendo que todo su cuerpo se estremeciera.
— ¿Qué pasa?
Ino arrugó el entrecejo y soltó la mano de su prometido otra vez, bajando la cabeza.
—Ah... Es que olvidé terminar los libros de la florería para llevárselos a mi padre... Ya sabes, se acerca el fin de mes y debemos hacer cuentas...
— ¿Y?
—Que debería ir a buscarlos— comentó, torciendo los labios con disgusto— Fue una irresponsabilidad mía. Estoy a cargo de las finanzas.
—Está bien. Te acompaño.
— ¡No!— saltó de inmediato, sorprendiendo a Gaara por su evidente incomodidad al mencionar eso— Estás tan cansado como yo, y esto fue mi error— dijo ella, esbozando su sonrisa más perfecta— Jamás me sentiría bien conmigo misma si te desvelas haciendo números por mi culpa... Además, mañana es la asunción de Kakashi-San y debes estar ahí.
Gaara se cruzó de brazos.
— ¿Por qué no quieres que te acompañe?
—No es eso... Es que de verdad me preocupa tu salud. Y si empiezo a acapararte antes de casarnos, ¿qué dirá la gente de mí?
—No me importa lo que la gente diga. Vamos.
—Pero a mí sí— lo interrumpió ella, negándose a caminar— Debes ir a descansar, y lo harás así tenga que llamar a Temari para que venga a buscarte.
Ante eso, Gaara pareció flanquear, e incluso mostrarse de nuevo temeroso. E Ino sonrió, satisfecha por su habilidad de controlar cualquier situación.
—De acuerdo. Pero llámame cuando llegues a tu casa.
—Lo haré, cariño— lo besó— Te veré mañana en la fiesta.
Se despidieron con un beso y un inesperado y posesivo abrazo de parte del Kazekage.
Ino se quedó de pie en medio de la calle, despidiéndose con una mano hasta que perdió su presencia; entonces se echó a correr hacia la florería de su familia, sin sorprenderse al encontrar una sombra oscura recargada contra la persiana, esperándola.
—Te oí, así que vine hasta aquí— dijo Sasuke Uchiha, metiendo las manos en las bolsas de sus pantalones, con su expresión indiferente habitual.
—Lo sé. Pude sentir tu presencia siguiéndome desde Ichiraku— respondió ella, en tono cansado— ¿Qué quieres?
Sasuke levantó la mirada un momento, posando sus ojos oscuros como la misma noche en ella, causando que algo se le removiera en su interior.
—Hablar— dijo con simpleza, e Ino frunció el ceño.
— ¿Hablar? Tú y yo no tenemos nada de qué hablar— fingió demencia, jugando distraídamente con un mechón de cabello.
—Tú sabes que eso es mentira.
La joven rubia separó los labios para replicar, pero los cerró casi de inmediato; luego volvió a abrirlos, con el ceño fruncido, pero de nuevo no dijo nada. Dio un par de nerviosos pasos por la calle desierta, jugó con su cabello por un rato y miró hacia todos lados en busca de testigos. Al final, suspiró en señal de rendición, mordiéndose el labio inferior con inquietud.
—Está bien, pero no aquí. Vamos.
Con un movimiento de cabeza lo guió hacia la puerta trasera de la florería, que se apresuró a abrir con el juego de llaves que su padre escondía en un recoveco en la pared.
La puerta se abrió con un sonido hueco, dándoles paso al depósito de materiales y macetas de la tienda. Ino encendió la luz y sin esperar se giró hacia él, notablemente ansiosa.
—Pasa.
Sasuke asintió en silencio, indicándole que entrara primero con una seña, luego entró también y cerró la puerta tras de sí, sumiéndolos a ambos en un tenso silencio, el mismo al que debían enfrentarse cuando recién se habían conocido.
Pero Sasuke no era un cobarde, y si había decidido rebajarse e ir a buscar a la heredera Yamanaka para aclarar aquella situación de una vez era porque iba a hacerlo.
O se volvería loco.
—El otro día, en el techo del hospital...— comenzó, algo dudoso e incómodo. Ino lo miró, abriendo los ojos como si le hubiera dicho la peor de las groserías.
—No debió pasar. Olvida eso— intentó zanjar el asunto, aunque de nuevo no podía esconder lo ansioso de su voz. Y su interrupción molestó al siempre desdeñoso Uchiha, que quiso replicar como era debido y mandarla al infierno de una vez. No obstante, cuando separó los labios para hablar, no fue con alguno de sus acostumbrados insultos, sino que algo le hizo cambiar de opinión a último momento, y una parte suya, la que casi nunca escuchaba, contestó por él, con tal sinceridad que incluso él mismo se vio sorprendido al oír su voz:
—No... puedo— admitió, aún en contra de sus deseos, tomando a Ino por sorpresa— Y... No quiero.
Por primera vez estaba siendo sincero, sincero del todo, hablando sin ninguna clase de reserva, sintiéndose vulnerable ante aquella mujer que no hacía más que perturbar su vida, pero, al mismo tiempo, darle una razón para vivir.
—Sasuke...— susurró Ino, completamente contrariada.
—No entiendo qué fue lo que me hiciste, pero yo...no puedo... No dejo de pensar...en...ti. Y eso me molesta, me irrita. Y al mismo tiempo me hace tener algo porqué levantarme en las mañanas... Yo...
Aquello era sumamente difícil de admitir para él, e Ino lo entendió, sin embargo, estaba demasiado lejos de sentirse halagada o feliz por esas palabras que en otro tiempo tanto había ansiado. Y dándose la vuelta se alejó tanto de él como aquel reducido espacio se lo permitía, sin demostrar absolutamente nada.
—Ya... Sasuke, ¿te sientes bien? Porque no creo que me hayas estado siguiendo todo éste tiempo para...
— ¡Maldición, Yamanaka! ¡Cierra la boca y escucha, maldita sea!— ladró, acortando la distancia para sujetarla por los hombros y obligarla a enfrentar su mirada.
— ¡Suéltame!— protestó ella, pero de inmediato volvió a verse prisionera de aquellos profundos y oscuros pozos de soledad que eran sus ojos negros, y toda su fuerza de voluntad desapareció en el aire— Sasuke, por favor— murmuró, casi en un ruego.
—Creo que me gustas— le soltó sin más, sin rodeos ni más vueltas; directo y brutal como él era.
E Ino, por primera vez en mucho tiempo sintió que enrojecía de pies a cabeza, al mismo tiempo que había una verdadera revolución en su estómago.
"Las viejas mariposas", no pudo evitar pensar, sintiéndose como si el corazón fuera a salir de su pecho en cualquier momento.
—Sasuke...— susurró, llevando una mano hasta su barbilla fuerte y masculina— Sasuke, no es correcto... Yo...
Los dos se miraron fijamente a los ojos, tan cerca como era posible, e Ino se quedó repentinamente callada. Y todo ocurrió demasiado rápido como para darse cuenta, sin que pudiera saber si había sido él o ella misma quien había unido sus labios. Pero, ¿qué importaba eso ahora?
A diferencia del que se habían dado en el hospital, aquel beso fue de cero a cien en un segundo. Sasuke atrapó sus muslos con sus manos e Ino rodeó su cintura con sus piernas, abrazándose a su cuello para hacer aún más profundo el contacto. Él empezó a colar sus inexpertas manos bajo la tela de su blusa y a mover sus caderas contra la pelvis femenina, como si una parte de él hasta entonces desconocida se hubiera liberado al fin después de años de represión.
Ino enredó sus dedos en los sedosos cabellos negros casi con desesperación, tomando una profunda bocanada de aire entre beso y beso. Sasuke sujetó su espalda con una mano y la pegó mucho más a su cuerpo, sintiendo como algo en su parte baja comenzaba a despertar. Y con sus manos, torpes en esos menesteres, rozó uno de los senos de la muchacha por debajo de la prenda interior de encaje que los cubría, provocando que ella se estremeciera y lo apartara empujándolo por los hombros, haciendo que trastabillara hacia atrás.
Confuso, la miró con el ceño fruncido, pidiendo una explicación, y verla así, con el largo cabello rubio y la ropa desordenados, los labios entreabiertos y las mejillas arreboladas, hizo que pensara que jamás había visto imagen más perfecta y hermosa.
Sorprendentemente lo aceptó. Deseaba a Ino Yamanaka mucho más de lo que deseaba la vida.
Ino lo miró, y de inmediato desvió la vista, pasando junto a él como un vendaval para salir del depósito, dejándolo sólo y más confundido que antes.
—Yamanaka— la llamó, saliendo inmediatamente tras ella, tomándola por el codo para detenerla.
— ¡Déjame!
Sasuke lo hizo, frunciendo las cejas con enojo, pero sin dar su brazo a torcer.
Si Yamanaka era terca, pues él lo era mucho más.
—Debemos hablar sobre lo que sucedió hace un momento— le dijo, severo e impasible.
Ino se pasó una mano por el cabello y soltó una risita irónica.
—Así que ahora sí me quieres hablar... Lástima, porque yo no. Déjame ir.
— ¡Maldita sea, deja de ser tan infantil!
— ¡Yo no soy infantil! ¡Tú eres un idiota!
— ¡Me enamoré! ¡Sólo puedo pensar en ti! ¡No sé cómo ni porqué, pero me enamoré de ti!
—No te creo. Déjame ir.
— ¡Ya acepté que me gustas! ¡¿Qué más quieres de mí?!
— ¡Quiero que salgas de mi cabeza!— le gritó, completamente rendida— Quiero que entiendas que voy a casarme con el hombre de mis sueños y no pienso arruinarlo por una simple sombra de un amor infantil... Quiero que dejes de buscarme y seguirme porque ya lloré demasiado por ti, y juré no volver a hacerlo... Y ahora vienes de la nada, asegurando que te gusto de la noche a la mañana. Pues permíteme dudarlo, porque tú nunca has amado ni amarás a...
— ¡Cierra la boca!— la amenazó, perdiendo toda compostura a la vez que la sujetaba del cuello en un acto meramente impulsivo, haciendo que Ino se callara debido a la sorpresa, pero eso no le hizo perder su aire desafiante. Al darse cuenta de lo que hacía, Sasuke la soltó, escondiendo las manos tras la espalda mientras retrocedía, desentendiéndose de su anterior comportamiento, pero sin emitir palabra alguna.
Ino tosió y se sujetó la garganta por acto reflejo, molesta.
—Las cosas son como son, no como quieres que sean— murmuró luego de un silencio incómodo, y, sin esperar una nueva reacción de su parte se dio la vuelta, dando el primer paso para marcharse.
—Yamanaka, esp...
— ¿Sasuke?— la Kunoichi se detuvo escuchar aquel grito ahogado de dolor, abriendo los ojos con desconcierto ante la escena— ¡Sasuke!
El aludido se tambaleó hacia adelante, y ese grito con su nombre fue lo último que escuchó antes de que todo se volviera oscuro.
oOo
— ¿Segura de que está bien?
—Sí, solo es una ligera infección por una herida que no se ha estado sanando y comprometía a su prótesis... Pero ahora que ha sido reemplazada estará mejor por la mañana.
Suigetsu asintió y soltó un suave suspiro.
—De acuerdo. Si quieres puedes irte. Yo lo cuidaré. Después de todo, éste idiota sigue siendo mi líder... Sólo debe morder a Karin y estará como nuevo.
—No— la rapidez y brusquedad con la que dijo aquello la sorprendió incluso a ella misma— Ustedes no pueden estar a solas... Además, yo soy su médico. Me haré cargo de él.
El espadachín la miró, entre sorprendido y confuso.
—Si tú dices...— se encogió de hombros, divertido— Solo no dejes que muera por venganza. Aún me debe dinero.
Ino asintió con una sonrisa y luego Suigetsu se fue de la habitación, dejándola a solas con Sasuke.
Cansada, suspiró y se acercó a la cama del inconsciente muchacho, mojando el paño una vez más para secarle el sudor del rostro y cuello, poniéndolo sobre su cabeza luego, quitando algunos cabellos azabaches con su mano libre. Ahora tenía sentido su comportamiento de la noche anterior, provocado por la fiebre alta y la infección, de otra forma Sasuke jamás le hubiera dicho todas esas cosas; Ino se reprendió mentalmente por no haberlo notado, soltando un suspiro de frustración mientras seguía limpiando el sudor de la frente del ex renegado. Y sin darse cuenta se quedó contemplando el semblante del que fuera su amor de infancia, notando lo sereno, vulnerable y hasta tierno que se veía así, con los ojos cerrados y la mandíbula relajada. Entonces sus dedos cobraron vida propia y comenzaron a acariciar su rostro, y tuvo que ahogar un grito de sorpresa cuando su mano fue capturada por los fuertes dedos del joven Uchiha.
— ¿Qué pasó?— inquirió, éste abriendo los ojos con una expresión que oscilaba entre adormilado y confundido, volviendo a cerrarlos de inmediato.
Ino suspiró, liberando su mano poco a poco, sin poder controlar su genio.
—Te desmayaste. Y casi sufriste de una septicemia por no ir a las sanaciones. Idiota.
Sasuke abrió los ojos solo un momento, como si fuera una tarea sumamente difícil, y los cerró de nuevo.
—Cierra la boca. Había olvidado lo molesto de tu voz.
—Tonto engreído...— quiso sonar molesta, pero se sentía tan feliz por verlo de nuevo recuperado que no pudo lograrlo; y eso la incomodó de sobremanera— ¿Tienes hambre? Déjame ir por...
—No— la detuvo él, tomándola con firmeza por el brazo— No te vayas— pidió, casi sin fuerzas— Quédate un poco más.
Ino dudó, más incómoda si eso era posible. Su mente le gritaba que se fuera ahora sin dudarlo, pero, en cambio, se acomodó junto a él sobre la cama, pero a la mayor distancia que pudo.
No podía dejarlo, no mientras estuviera en ése estado en parte por culpa suya por no haberse asegurado de que fuera a sus revisiones como era debido. Después de todo, seguía siendo responsable por él.
—Listo. Ya está.
—Háblame— pidió él. Ino frunció el ceño.
—Creí que mi voz era molesta— refutó, divertida; Sasuke bufó— ¿De qué quieres que te hable?
—Lo que sea. Solo... Hazme saber que sigues aquí.
—Bueno, mi boda está casi lista, y...
—De eso no— la cortó, brusco, e Ino tuvo que reprimir una risilla— Háblame del día que nos conocimos.
— ¿El día que nos conocimos?
— ¿No lo recuerdas?— Sasuke rió socarronamente—Fue la primera vez que entré a la florería... Tendríamos unos tres o cuatro...— Ino enarcó una ceja y trató de recordar, sorprendida— Mi hermano y yo habíamos juntado unas cuantas monedas para comprarle un regalo a nuestra madre y me llevó a la florería de tu familia. Tú estabas ahí, con tu vestido rosa y tus enormes ojos verdes aprendiendo a hacer arreglos florales...
— ¿Cómo recuerdas todo eso?
—Recuerdo que pensé que eras la niña más bonita que había visto en mi vida— siguió él, ignorando su pregunta, hablando casi consigo mismo— Tú me sonreíste y creo que hasta pensé que me casaría contigo... Luego se lo dije a Itachi, y él a Shisui; y Shisui al resto del clan Uchiha— Sasuke frunció el ceño, rememorando lo sucedido— Me convertí en la burla de la familia y entonces juré que nunca más miraría a otra niña, porque solo ocasionaban problemas— rió débilmente— Has sido un dolor de cabeza incluso antes de conocerte... Y yo soy tu dolor de cabeza ahora.
Ino sonrió y se acurrucó un poco más cerca de él.
—Sí, lo eres. Eres mi mayor dolor de cabeza. Llegaste de nuevo a mi vida cuando creí que todo estaba solucionado... Y mira. Aquí estamos.
—Hmp— Sasuke cerró los ojos y suspiró, moviendo su mano hasta encontrar la de Ino, quien la apretó con fuerza, sin repelerlo— Estar contigo es como estar con Itachi, pero de una forma diferente— resolvió en voz baja, volteando el rostro para mirarla fijamente a los ojos. La vulnerabilidad se notaba como nunca en su rostro— Y tengo miedo.
— ¿De qué?— inquirió la muchacha con suavidad, acariciándole la mejilla con una mano. ¿Cómo no rendirse ante aquel Sasuke tan vulnerable y dócil?
Sasuke suspiró y se acercó un poco más a ella, metiendo el rostro en el espacio formado por su hombro y cabeza, aspirando su aroma. Era claro que aún tenía una fiebre demasiado alta.
—De que tú también me dejes— le dijo, con voz apenas audible y casi hablándole al oído. E Ino giró su cuerpo y tomó su rostro entre sus manos para volver a mirarlo a la cara. Sin saber porqué estaba llorando.
—Nunca— le dijo, depositando un tierno beso en su frente.
oOo
Cuando Ino despertó del sueño más maravilloso que había tenido en años era casi medianoche, y no fue ella quien se obligó a abrir los ojos, sino más bien su instinto de experimentada Jōnin.
Sasuke seguía dormido, aferrándose con ambas manos a su cintura mientras ella descansaba la cabeza en su pecho, y aunque la posición era demasiado incómoda y personal, por unos segundos se dio el gusto de sentirse bien estando así, con él. Unos segundos que le parecieron eternos, hasta que lo sintió.
Era el chakra de su prometido, estaba segura cuando sintió esa alteración, y apenas había tenido el tiempo suficiente de moverse lo más lejos posible cuando el mismísimo Sabaku no Gaara se apareció en un remolino de arena que entró por la ventana, tan sigilosamente que Sasuke, quizá también a causa de su estado, ni siquiera se movió.
Gaara se presentó ante ella en su clásica pose, con los brazos cruzados y el mentón en alto. Primero, sin decir nada, la miró con esa expresión de serenidad absoluta que aún a ella le helaba la sangre, y luego posó sus ojos fríos y carentes de cualquier clase de emoción en Sasuke, concentrándose en el durante varios segundos, analizando las vendas ensangrentadas y paños húmedos que aún estaban junto a la cama. Eso pareció serenar el flujo de su energía, aunque no lo suficiente para Ino.
—Gaara...
— ¿Qué le pasó?— preguntó éste, señalando a Sasuke con su mirada glacial, la misma que tanto había aterrorizado a Ino la primera vez que lo había visto, cuando apenas tenían doce años de edad. Pero a pesar de eso se obligó a sí misma a recordar que él seguía siendo Gaara, su Gaara, y que por nada del mundo la dañaría. Ni a Sasuke.
Suspiró hondo y se acomodó un poco el largo cabello rubio, tratando de dejarlo como siempre.
—Está... Tuvo una fiebre muy alta a causa de una infección en la prótesis que Lady Tsunade hizo para él, y que estuvo a punto de ser muy severa.
— ¿Ya está mejor?
—Sí. Sólo...necesitaba unas curaciones. Ése era mi trabajo. Pero con lo de la boda...
—Entiendo. ¿Debes pasar toda la noche con él?
— ¿Eh? Oh, no será necesario... Ya está mejor.
— ¿Vienes a mi apartamento?
Ino sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Si bien Gaara nunca había sido un hombre se frases largas, sus preguntas tan directas y concisas estaban poniéndola nerviosas.
—S-Sí. Claro que sí— procuró sonreírle y portarse como la Ino seductora de siempre, pero la situación estaba a punto de desbordarla.
Gaara descruzó los brazos un momento y volvió a mirar al inconsciente joven Uchiha, quien apenas si se había movido desde que él había llegado.
Una vez que la curiosidad del Kazekage con respecto al ex fugitivo pareció saciada, su postura se relajó considerablemente, e Ino volvió a respirar con calma.
—Bien— Gaara se acercó a ella y sorpresivamente la besó con pasión; Ino se sorprendió, pero no le desagradó la sensación de que fuera él quien la buscara, aunque procuró interrumpir el beso rápido antes de que pudieran despertar a Sasuke. No le pareció correcto, y tenía la sensación de que al último Uchiha tampoco le gustaría encontrarse con esa escena al abrir los ojos. Pero Gaara la abrazó con fuerza e insistió en el beso mientras una nube de arena los envolvía a ambos, y cuando ésta se dispersó los dos estaban sobre el suelo de su habitación.
Al notarlo Ino se permitió moverse con más libertad y soltó los amarres de la armadura de su prometido, colando las manos bajo su túnica con deseo mientras Gaara se deshacía de su falda más larga y paseaba sus frías manos por sus muslos, enviando pequeñas descargas a su espina.
Ino no dejaba de sonreírle en el beso, y fue ella misma quien siguió desnudándose; entonces Gaara se detuvo abruptamente, manteniéndola muy cerca con su agarre en su cintura, tan cerca que no había espacio ni para un alfiler entre ellos.
—Te amo, Ino— le dijo. No era la primera vez que le decía aquello, pero eran contadas las ocasiones en que lo había hecho, así que la Kunoichi, olvidándose de Sasuke por completo, procuró disfrutar al máximo de ese pequeño momento con el hombre con el que había elegido pasar el resto de su vida.
—Y yo a ti— respondió, besándolo, pero él no respondió, sino que siguió mirándola fijamente a los ojos.
—Lo sé. Por eso ya no quiero estar lejos de ti. Nunca más— le soltó, sorprendiéndola.
Ino automáticamente frunció el ceño, como si de esa forma pudiera comprender mejor la situación.
— ¿Qué...?
—Ven conmigo— la interrumpió el Kazekage, apretando sus manos— Ven a esta gira conmigo y así terminaremos de organizarlo todo juntos y ya no volveremos a separarnos. Te quiero conmigo, a mi lado. Solo así podré asegurarme de que nada malo te pase.
La Kunoichi de la hoja guardó un profundo silencio, todavía sorprendida por todas esas inesperadas palabras. Pero aunque amaba a Gaara hacía tiempo habían tomado una decisión al respecto, y más que nunca no quería dejar Konoha.
—Gaara...— ella suspiró y lo miró a los ojos; sin razón, un par de lágrimas corrieron por sus mejillas— No puedo— dijo, tan bajito que él apenas la escuchó— No puedo irme... No ahora.
Gaara la soltó y se dio la vuelta con violencia. La arena temblaba peligrosamente a sus pies.
—Es por Uchiha Sasuke, ¿verdad?
Ino parpadeó y lo miró, sorprendida.
—No. ¿Por qué dices eso?— él no respondió, así como tampoco la miró a la cara— ¿Es eso? ¿Crees que tengo algo con Sasuke?
—No. Creo que él está interesado en ti— corrigió, sereno pero al mismo tiempo había intranquilidad en sus ojos— Y sé que tú lo amaste antes de estar conmigo.
— ¡Pero ése fue solo un amor de niños!— dijo Ino, soltando una risita nerviosa que de inmediato transformó en un gesto de preocupación— No es justo... Yo te amo. Voy a dejarlo todo por ti, mi carrera, mis amigos, mi familia, ¡mi hogar! De verdad te amo, Gaara, pero no es justo que los últimos meses que podré estar con mi familia y mis amigos me los arrebates por celos. ¡Al único hombre que amo es a ti! Pero, aunque ya te elegí una vez por sobre todo, no me obligues a tener que volver a elegir porque como te estás portando no sé si ganarías...— advirtió, y la voz se le quebró en la última palabra. Gaara pareció despertar de una ensoñación entonces, porque su rostro se mostró en verdad afectado por las palabras de su novia, pero sobre todo arrepentido.
—Yo... Lo siento— le dijo, sujetando su rostro con algo de inseguridad, pero procurando transmitir todos sus sentimientos con ese gesto— Lo lamento, Ino. Yo... Supongo que...tengo miedo de que tú también te vayas, igual que todas las personas que he amado...
Ino lo abrazó y besó, escondiendo en su hombro aquella mueca de culpa que invadió sus facciones.
—Nunca me perderás. También te amo, Gaara. Y me casaré contigo.
Gaara suspiró contra su cabello y la sujetó con un poco más de fuerza, como si no quisiera dejarla ir jamás.
—Jamás he amado tanto a nadie— dijo, sin romper el abrazo— Si te perdiera no podría tolerarlo... No lo resistiría.
—Pero nunca me perderás. Ni por Sasuke ni por nadie— aseveró ella, y lo besó— Yo te amo a ti. Y quiero casarme contigo.
Gaara la besó, y ella le correspondió el gesto, abrazándolo como si quisiera fundirse en una sola persona. Y él la llevó hasta la cama, donde una vez más la hizo suya, como si fuera la última vez.
oOo
El viento cálido y austero trajo consigo unas cuantas hojas secas que lo golpearon en el rostro, haciéndole fruncir el ceño. El sol casi caía y la temperatura era extrañamente cálida y agradable para dar un paseo, razón que justificaba la presencia de Ino allí, tan cerca del que solía ser el campo de entrenamiento de su viejo equipo. Sin embargo, conociéndola como la conocía, si ella estaba allí, escondiendo su presencia como una fugitiva, no debía ser nada bueno.
—Tsk. Hasta que te encuentro, mujer problematica...— suspiró Shikamaru Nara, tirando su cigarrillo lo más lejos posible para disipar los últimos rastros de humo con la palma de su mano— ¿De quién te escondes?
Ino, que sintió la rama sobre la que estaba sentada balancearse bajo el peso de otra persona, se giró a mirarlo brevemente y regresó la vista al atardecer casi con urgencia.
— ¿Qué haces aquí?— refutó, esquivando su pregunta.
Shikamaru torció los labios y con pesadez se dejó caer a su lado, llevándose una rodilla al pecho.
—Estaba en los laboratorios de las montañas con Hinata. Cuando íbamos de regreso a la aldea activó su Byakugan y te encontró aquí. Pero no empieces con evasivas, problemática.
— ¿No crees que Hinata y tú pasan demasiado tiempo juntos últimamente?
—No, y te dije que sin evasivas— refunfuñó el controlador de sombras, frunciendo el ceño con hastío— ¿Qué no tenías que elegir el banquete para la boda o algo así? Temari debe estar buscándote como loca...
—No... No tenía ganas. Quiero descansar un rato.
— ¿De quién? ¿De tu boda, o de Gaara?— le soltó, perspicaz.
Ino lo miró, sorprendida aunque no demasiado. Su amigo era un genio, después de todo.
Una sombra de vergüenza pasó por su rostro durante un momento, pero, suspirando, dijo algo que, definitivamente, Shikamaru no estaba esperando:
—Shika, ¿es posible sentir que te enamoras de una persona cuando ya estás comprometida con alguien? Es decir, darte cuenta de que hay alguien más que a pesar de todo es perfecto para ti...
Shikamaru parpadeó, confundido, y adoptó una pose pensativa, tomándose su tiempo para contestar, no sin antes soltar un largo, cansado y profundo suspiro.
No había persona en el mundo que conociera a Ino más que él; y, si bien no habían hablado mucho en las últimas semanas, ella era trasparente como el cristal. Shikamaru no necesitaba escucharlo de su boca para saber qué era lo que pasaba por su mente, así cómo quién era el principal culpable. Y no era que le agradara Sasuke Uchiha; si le preguntaban, prefería mil veces más a Gaara, pero, si era él quien sería capaz de hacer a su amiga feliz no sería él quien se interpondría en el camino.
Por muy problemático que aquello fuera.
—Así que de eso se trata...— murmuró, con mil y una ideas bulliendo en su mente, listo para regañar a su desequilibrada amiga. Sin embargo, algo en el rostro inquieto y compungido de Ino le hizo pensar y medir muy bien lo que diría a continuación. Y volvió a suspirar. ¿Por qué las relaciones humanas eran tan difíciles y problemáticas?— Ino... No es que yo sepa mucho del tema, pero... Creo que si de verdad estás enamorada de alguien no te permites encontrar la perfección en otra persona.
Ino lo miró, con los ojos llenos de lágrimas que querían salir. No necesitaba decir nada, Shikamaru (igual que Chōji) la entendía sin necesidad de palabras.
—Oh, Shika...— su amiga lo abrazó con fuerza, llorando contra su pecho, y él le regresó el gesto sin dudarlo— ¿Crees que se pueda amar a dos personas?
—Amar, sí. Estar enamorado no...— le dijo, casi con una calma extrema. Luego suspiró y cerró los ojos un momento, protegiéndolos del brillo del atardecer— Maldición... Sabía que algo pasaba. Tú eres una problemática nata, Ino. Y me extrañaría mucho que dejes de causarme dolores de cabeza justamente ahora— musitó el ninja de las sombras, repantigándose en su lugar con pereza— Por cierto, si esto en verdad es por quién imagino, tal vez deberías hablarlo con Gaara. Él no dice mucho pero no es idiota. Creo que ya sabe, o al menos intuye que algo ha cambiado.
Su mejor amiga intentó sonreírle, y suspiró, mirándolo de esa forma que Shikamaru sabía que le traería problemas.
—Shika... Tú jamás me mentirías, ¿verdad?— tanteó el terreno. Shikamaru, una vez más, predijo el peligro, pero se contuvo con todas sus fuerzas de salir corriendo, completamente resignado.
Sé que me voy a arrepentir, pensó, suspirando una última vez antes de hablar:
—Ya. Suéltalo.
Ino se mordió le labio inferior y apretó los puños sobre las rodillas, jugando con el dobladillo de los pantaloncillos grises que llevaba bajo ella larga falda púrpura.
— ¿Tú crees (y no quiero que te contengas en tu respuesta), crees que hago lo correcto al casarme?
El joven Nara se mostró incómodo por esa duda, mas no sorprendido.
Bufó disimuladamente y sacó un cigarrillo de su chaleco para llevárselo a los labios, frunciendo el ceño.
— ¿Qué demonios, Ino? ¿Qué bicho te picó ahora? ¡Estamos a sólo semanas de tu boda!
Ino frunció el ceño también con esa respuesta, cogiendo aire para inflar las mejillas en un gesto demasiado pueril.
— ¡Lo sé! ¡Pero, como mi mejor amigo, quiero que me digas si estoy haciendo lo correcto!— insistió con tono irritado, retorciéndose las manos y frunciendo mucho más las cejas rubias.
Shikamaru se arrepintió pronto de no haber huido, pero no dejó que Ino lo notara. Como su mejor amigo sabía que ella debía estar demasiado perturbada como para hacerle esa pregunta. Así que, tomando una profunda inhalada de humo de tabaco, se tomó un momento para pensar lo que diría a continuación y así no enfadar mucho más a su irritable amiga.
—Para contestar, habría que tener muchas cosas en cuenta— dijo con cautela, recordando una charla que tiempo atrás había tenido con Hinata acerca del amor, así como todas las cosas que ella había asegurado que uno debía conocer para saber si estaba enamorado; entonces, cauteloso aún, continuó:— Y no es que sea un experto, pero, ante todo, ¿amas a Gaara?
—¡Por supuesto que sí!
El manipulador de sombras se frotó la barbilla, dando otra pitada a su cigarro.
—¿Por qué lo amas, Ino?— le soltó sin rodeos, mirándola fijamente cuando ella frunció mucho más el entrecejo.
— ¡¿Qué clase de pregunta es esa, Nara?! Lo amo, y punto.
Shikamaru frunció el ceño también, taimado.
—No basta. Dime porqué.
Ino quiso discutir, pero se contuvo. A fin de responderle se lo pensó por un momento.
—Porque es un gran hombre, muy apuesto y me gusta estar con él.
—Malo…— comentó su amigo, torciendo los labios. Ino frunció el ceño.
— Y porque es joven e importante.
—Peor.
—Y porque él me ama— insistió ella, ligeramente enfurruñada.
—Eso no tiene nada que ver.
—Y porque con él seré muy feliz, me dará la vida de una verdadera princesa y seré la mujer más envidiada del mundo ninja, y porque estaré orgullosa de tener un esposo como él.
Shikamaru abrió los ojos con sorpresa y luego volvió a entrecerrarlos con desconfianza.
—Eso es lo peor de todo. ¿Acaso te das cuenta de lo vanidoso que suena todo lo que acabas de decirme? ¿Qué pasó contigo? Creí que hacía rato habías enviado a la Ino vanidosa y egoísta lejos. Francamente me desconcierta.
— ¡Es porque tus preguntas tontas me incomodan!— estalló la chica, levantándose de un salto— Por las razones que sean, ¡amo a Gaara y él me ama a mí! ¿Acaso no sufrí ya suficiente por amores no correspondidos? ¡¿Por qué te empeñas tanto en arruinar mi compromiso, Sasuke?!
Shikamaru pestañeó, de verdad sorprendido esa vez, e Ino, con la respiración agitada, no tardó en darse cuenta de su error. No obstante, tal vez demasiado abochornada o molesta consigo misma por ese descuido, guardó silencio con las mejillas encendidas como lumbre.
El joven Nara, en cambio, suspiró una vez más mientras se levantaba como si su cuerpo pesara horrores.
—Ahí está tu respuesta— le dijo al pasar por su lado, tirando su cigarrillo antes de marcharse.
oOo
Más tarde, ése día, luego de pasar a ver a Gaara a la Torre del Hokage, Ino se sorprendió al encontrar a una furiosa Tenten en la puerta de su casa.
—Voy a matarlo— fue lo primero que dijo su amiga al verla, tirando de sus trenzas con rabia. E Ino no necesitó preguntar a quién se refería. Cansada tanto física como mentalmente, preguntó:
— ¿Qué hizo ahora?
—Mejor dicho, qué NO hizo— bufó la muchacha, aún más molesta— Antes era igual de egocéntrico y despectivo pero al menos mantenía el respeto. ¡¿Sabes qué es lo último?! El imbécil se niega a que entre a su estúpida casa, y de nada sirve que lo amenace con la prisión. Y eso no es todo. Ni siquiera deja que Sakura pase para hacerle las curaciones. Digo, no me importa si muere, aunque yo me vería mal. Y Sakura no se está tomando su rechazo muy bien que digamos. Hoy estuvo a punto de partir la casa en dos con su fuerza bruta cuando no quiso abrirnos la puerta... ¡Es estresante! Y, y sé que me pediste un favor, pero si no haces algo que lo haga cooperar juro que voy a matarlo, y lo voy a disfrutar— amenazó, e Ino sabía que no exageraba— No sé que hiciste para domar a la fiera en primer lugar, pero a ti es a la única que no le ha hecho la vida tan miserable. O al menos eres la única que ha podido resistirlo. ¡Argh! No tienes una idea de cuánto odio a ese imbécil...
Ino escuchó cada palabra con atención, tratando de mantenerse serena e impasible usando su mejor faceta profesional. Suspiró profundamente y retuvo el aire unos segundos, procurando sonreír con amabilidad.
—Está bien. Hablaré con él... Mañana. Ahora debo...
—No. Soluciona eso hoy o yo me largo, ¿oíste?— amenazó la kunoichi de cabello castaño, dándose media vuelta, pero sin marcharse aún— Y suerte para conseguir un reemplazo y organizar tu boda, porque en ésta aldea quienes no le temen a Sasuke Uchiha quieren matarlo, así que no será tarea fácil.
—Lo sé, yo... Prometo solucionarlo, pero, por favor, Tenten, necesito que sigas vigilándolo por mí...
Tenten se giró a verla una vez más y entornó la mirada.
—No hasta que cambie de actitud. Ya sabes qué hacer. Llámame cuando lo arregles— Y dejándola con la palabra en la boca la experta en armas dio la vuelta y se fue.
Ino bufó, exasperada, y cambió el rumbo hacia lo que antes había sido el Distrito Uchiha, tardando unos pocos minutos en llegar al final de la calle donde Sasuke vivía. Una vez allí aceleró el paso, notando que cerca de la casa había un enorme cráter en el suelo, claramente obra de la horrible y furiosa mano de Sakura, pero ella no se veía por ningún lado, e Ino no sintió su presencia cerca.
Encontró a Sasuke en la parte trasera de su residencia, contemplando el estanque en silencio, muy tranquilo y pensativo, como si nada hubiera pasado y no tuviera un hoyo del tamaño de las cabezas de los Hokages frente a su casa. Él no se giró a verla, pero Ino supo que sabía de su presencia, incluso le pareció que estaba esperándola. Eso no le sorprendió, pero sí la incomodó bastante.
—Sabía que ibas a venir— le dijo con descaro, confirmando así sus dudas.
Ino frunció el ceño, molesta, pero no dijo nada al respecto, lo que no iba con ella. En cambio, optó por hacerse la distraída.
—Tenten me dijo que estás causando problemas...— Sasuke abrió los ojos y la miró, frunciendo las cejas— ¿Qué está pasando contigo?
—Nada. Jamás en mi vida me he sentido tan feliz— le dio por su lado, volviendo a ignorarla— Y si era solo eso lo que querías decir lárgate. Odio a los cobardes.
Eso, lejos de molestarla, le dolió.
Sabía que él tenía razón. La atracción entre ambos era más que evidente, no podía seguir negándolo aunque le temiera a aquellos sentimientos que por años había creído olvidados.
Y así prefería que se quedaran, porque Sasuke había tenido su oportunidad y había decido no tomarla sin siquiera tenerla en cuenta, y ahora, después de tantos años al fin había encontrado a alguien que cumplía todas sus expectativas románticas, y que la amaba como nadie. Algo seguro y tangible. Tenía a Gaara, que, aunque serio, tímido y reservado, era capaz de darle la Luna y las estrellas con tal de verla sonreír. Sasuke, en cambio, incluso antes de notar que existía ya le hacía daño, y estaba volviendo a hacérselo, mucho más daño que nunca.
—Sasuke, por favor...
— ¿Por favor qué? ¿Qué haces aquí de todos modos?— le espetó el heredero Uchiha, parándose para caminar, furioso, hacia ella— ¡Largo! Tu presencia me fastidia.
—Sasuke...
— ¿Qué no oyes? Regresa a tu casa perfecta, con tu estúpido novio perfecto, y déjame solo. Estaba mucho mejor antes de que llegaras, y lo estaré cuando te vayas y nunca, ni tú ni él, vuelvan a pisar mi propiedad.
Eso la hizo reaccionar al instante.
—Estabas despierto— susurró, sintiéndose, por alguna razón, más incómoda que molesta.
—Tu vida personal no me interesa— le dijo Sasuke, tan frío como un témpano de hielo— Puedes revolcarte con tu novio o con quien quieras, pero siempre lejos de mí. ¡Te quiero fuera de mi casa!
— ¡Eres un...!— reuniendo una buena cantidad de chakra en su mano intentó abofetearlo, pero, con un esfuerzo notable debido a la sorpresa, Sasuke la detuvo, deslizándose unos cuantos metros sobre el suelo a causa de la fuerza que Ino había ejercido— ¡Suéltame!
El chakra de Ino comenzó a manifestarse de una forma agresiva, y entonces, sin mucho esfuerzo, antes de que las cosas se pusieran en serio bravas, Sasuke la levantó del suelo, recorriendo los pocos metros que los separaban del estanque de su casa para, sin previo aviso, arrojar a una furiosa Ino al agua, haciéndola detener el flujo de energía debido a la sorpresa.
—A ver si el agua te quita lo molesta— le escuchó decir, a pesar de lo afectada que estaba por el inesperado chapuzón.
— ¡Idiota!
Ino, con una velocidad que ciertamente él no sabía que poseía, se puso en pie sobre la superficie del estanque y, sin que pudiera prever sus movimientos por segunda vez, le asestó un golpe de puño en la quijada que lo envió contra la barda de su casa (que se hizo añicos) y cerca de cien metros fuera del territorio Uchiha, causando que la tierra se abriera en dos debido al roce de su cuerpo.
Entonces, tremendamente sorprendida por su propio accionar y fuerza, de inmediato corrió hacia él.
— ¡Sasuke!— gritó a la carrera al verlo al final de un recién removido sendero de tierra y destrozos, pero se detuvo al verlo parándose con algo de dificultad al principio, comenzando a sentir un miedo real ante la represalia que tomaría contra ella. Y cuando Sasuke, con un notable mogollón en la mandíbula y un hilillo de sangre en la boca, se sacudió la tierra y empezó a caminar con paso decidido hacia ella, sin darse cuenta adoptó una pose defensiva, preparada para usar su Ninjutsu ante cualquier posible ataque. Sin embargo, al llegar a su lado, acomodándose el hueso del hombro en el proceso, Sasuke ni siquiera la miró. En silencio, el último Uchiha caminó erguido de regreso a su casa, dándole la espalda.
Y para Ino, extrañamente, eso fue mil veces peor que le gritara o le regresara el golpe.
Habían avanzado tanto en su relación que no podría tolerar la indiferencia de Sasuke otra vez.
—Sasuke— lo llamó, y no obtuvo respuesta— ¡Sasuke, lo siento! No tenía idea de que mi fuerza... He estado entrenando con Sakura cómo concentrar mi chakra en ataque, y no creí que fuera a tener resultados... Lo lamento. No quise golpearte tan fuerte, por favor...
El joven Uchiha se detuvo un momento. Ino pensó que iba a decirle algo, pero sólo se tomó unos segundos para inspeccionar su cerca de madera deshecha; luego reanudó el camino, limpiándose las astillas del rostro con una mano.
— ¡Sasuke!
Ino corrió hacia él y le apretó el brazo con fuerza, obligándolo a detenerse, con la mirada más dura que jamás le había dirigido, haciéndola sentirse más pequeña e indefensa que nunca. Y, cuando iba a reiterarle sus desesperadas disculpas, de la misma forma en que la había arrojado al agua, inesperadamente y sin aviso, Sasuke la besó con fiereza.
La heredera Yamanaka, anonadada, como primer medida intentó alejarlo, pero cuando Sasuke tomó su cintura con sus fuertes brazos sintió como si las piernas se le hubieran vuelto gelatina, y se le hizo imposible seguir luchando contra aquel deseo.
Enredando los dedos en aquellos cabellos del color de la noche, Ino se entregó por completo a esas maravillosas mariposas que una vez más revolucionaban su interior.
Con Sasuke, con un simple beso, sentía mucho más que con cualquier otra persona; incluso que con Gaara, y eso le asustó, pero sus sentidos estaban tan embotados por el aroma masculino de Sasuke, y aquel sabor a menta entremezclada con el sabor de su sangre, había terminado por arrebatarle la poca cordura que le quedaba.
Y cuando el dueño del Sharingan la apretó mucho más contra sí, dejó escapar un gemido de lo más profundo de su garganta, sintiéndose, aunque fuera por un momento, como en el cielo.
Ése Sasuke era mucho más apasionado que el apático que siempre le mostraba al mundo, y eso le gustó. Demasiado. Que sólo fuera así por ella, para ella, hizo que todo su mundo se derrumbara y volviera a levantarse en un segundo. Era el sabor de la victoria, de la felicidad. No era solo pasión y deseo. Era... Amor. E Ino se regañó mentalmente por pensar en eso, y haciendo un enorme esfuerzo se separó de él, aunque Sasuke no la dejó apartarse demasiado.
—Esto está mal— suspiró ella, separando sus labios sólo por un segundo para tomar aire y dejar de pensar en cosas que no iban al caso.
El joven Uchiha, con tanta dulzura que no parecía ser él mismo, le acomodó un mechón de cabello tras la oreja, acariciando su mejilla en el proceso.
—Lo sé— dijo, volviendo a besarla. Pero Ino había recuperado su voz, y ya no volvería a perderla tan fácilmente.
—Sasuke...— lo besó— No es correcto...
—También lo sé— él la besó de nuevo, con mucha más pasión— Y no me importa.
—Pero yo...
—Yamanaka.
— ¿Sí?
—Por una vez en tu vida, cállate
Ella ya no dijo nada. Acomodándose entre sus fuertes brazos, colocó las manos tras el cuello de Sasuke y le permitió seguir besándola.
Ya no tenía caso luchar. Deseaba a Sasuke aún más de lo que alguna vez había deseado estar con alguien. Eran sentimientos muy profundos que durante años habían estado guardados en lo más profundo de su corazón, y que ahora, con un solo beso, volvían a resurgir como si nunca se hubieran ido.
Y volvía a ser aquella niña de doce años enamorada del chico más frío, serio y popular de la academia, aquella adolescente de quince que había llorado desconsoladamente por el destino de ese mismo chico, que se había vuelto un criminal que había traicionado a su propia la aldea.
No estaba bien, no era correcto, pero a esa Ino no le importaba. Había esperado tanto tiempo por estar de esa forma con él que no podía pensar en nada más, igual que cuando Gaara la besaba y borraba de ella aquel amor que alguna vez había sentido por Sasuke.
Todo era tan confuso, pero se sentía tan bien...
Sasuke sabía a menta y licor, y era un experto besando, cosa extraña teniendo en cuenta que nunca lo había visto con otras mujeres; pero claro, como todo en él incluso sus besos debían ser perfectos. No obstante, aunque aquel momento también lo era, parecía que no se conformaría con solo unos minutos de besos en el jardín de su casa, ya que casi sin darse cuenta Sasuke la había llevado al interior de su sala, acomodándola delicadamente sobre un desvaído sofá de tres cuerpos, sin romper el contacto con sus labios para evitar que escapara.
Cuando intentó torpemente comenzar a desnudarla Ino, alarmada de pronto, lo detuvo.
—No— pidió, con los labios hinchados y la respiración agitada. Sasuke la miró, sin entender—Por favor, solo...— Ino bajó la mirada con pena. Y él al fin pareció comprender sus acciones. Sasuke conocía esa mirada de culpa, y aunque no estaba dispuesto a dejarla ir la entendía.
—Tranquila— susurró, besándole la oreja derecha con ternura, diciéndole de esa forma que respetaría sus deseos, pero también que no la dejaría marcharse hasta que saciara su necesidad de estar con ella.
La besó una vez más, con tanta ternura que Ino se sintió repentinamente flotando en el aire.
—Solo quiero... Quiero que te quedes a mi lado. Aunque sea solo por esta noche. Por favor... Quédate conmigo.
Ino lo miró, profundamente conmovida, y aunque su mente seguía diciendo que aquello no era correcto, algo dentro de su pecho la obligaba a quedarse.
Y ahora fue ella quien alzó la cabeza y lo besó, acomodándose entre sus brazos para recargar la cabeza en su pecho y quedarse juntos sobre el sofá, compartiendo todos los besos y caricias que tal vez nunca podrían volver a compartir.
Y ninguno de los dos, tan concentrados en los labios del otro, se dieron cuenta de que alguien estaba observándolos.
oOo
Ninguno durmió esa noche, a pesar de que ya no se besaban ni hablaban; solamente se quedaron abrazados y en silencio en la oscuridad hasta que el amanecer empezó a asomarse, y aquel momento que habían tenido a desvanecerse.
Sasuke solo miraba al techo, con un brazo alrededor de la pequeña cintura de la heredera Yamanaka y el otro recargado sobre su frente, sin saber dónde más ponerlo. Su cabeza era un hervidero de ideas y pensamientos confusos, recuerdos de todo lo que había pasado en esos últimos días, y de lo mucho que le había afectado.
Él siempre había sido un solitario, sobre todo luego de perder a su familia, pero no se sentía así cuando Ino posaba sus labios sobre los suyos. Esos momentos eran los únicos en los que la soledad le pesaba, y eso era lo más extraño que le había sucedido en la vida, aún más que aquella olvidada sed de venganza hacia Itachi.
Y al recordar a su hermano no pudo evitar pensar en lo mucho que necesitaba uno de sus consejos ahora, las palabras de alguien que lo reconfortaran en medio de aquella extraña situación. Itachi era bueno en eso, igual que Ino también lo era a veces. Había muchas cosas que le recordaban a Itachi en ella, y eso era extraño, pero no le desagradaba del todo. De esa forma se sentía menos solo, y no le gustaba esa idea, pero ya era demasiado tarde para hacer algo, se dijo.
Estaba demasiado cómodo en esa posición, recostado con ella, sin siquiera tocarla o besarla. Le bastaba solo tenerla cerca, y eso era quizás lo más peligroso de todo, porque él la necesitaba, pero Ino no a él.
Y, como parecía ser costumbre en ella, fue la primera en levantarse del sofá y separarse mientras se acomodaba la ropa y el cabello.
— ¿Adónde vas?— preguntó él, aunque no era necesario. Pero necesitaba oír la respuesta, así tal vez podría resignarse de una vez con ella.
—A casa.
Él asintió. Ya no tenía deseos de hablar ni de estar allí, pero no pudo dejar las cosas como estaban; necesitaba hacer algo.
— ¿No quieres comer algo o...?
—Esto no es un juego, Sasuke— lo interrumpió ella, siendo mucho más severa de lo que había sido horas antes. Sasuke la miró, extrañado por el cambio en su comportamiento, aunque tampoco podía decir que no lo entendía.
—Lo sé.
—No, no lo sabes, porque para ti soy solo una más a quien olvidar cuando salga por esa puerta.
— ¿Quién dijo que yo quiero que sea así?— refutó, molesto. Luego bajó la vista, pensativo e indeciso, como si le costara horrores decir lo que de verdad pensaba, aunque así lo hizo— ¿Y si no quiero que termine?— murmuró, acercándose a ella lentamente hasta volver a colocar sus fuertes manos alrededor de su cuerpo— ¿Y si no dejo que te vayas?
Ino lo miró, atónita pues él ya no tenía fiebre y era completamente consciente de sus actos; pero no tardó en bajar la cabeza, suspirando.
—No es... Sasuke, entre tú y yo no puede haber nada porque voy a casarme. Por favor, olvídalo.
Él se apartó de inmediato, aunque por su rostro inexpresivo era imposible saber si estaba herido o molesto por sus palabras. Sin embargo, no hubo reproches, excusas ni ruegos. Sasuke dio un paso hacia atrás y volvió a mirarla con la cabeza bien en alto.
—Como quieras— le dijo, siendo completamente indiferente. Tanto que hizo que Ino se sintiera herida.
— ¿Qué?— parpadeó con confusión, invirtiendo los roles.
Sasuke, tan sereno y distante como siempre, se encogió de hombros.
—No voy a suplicar a nadie nunca. Mucho menos a ti— le dijo, dándole la espalda— Será como tú quieras. De cualquier forma nada pasó.
Ino abrió los ojos con sorpresa, y se mordió la lengua para no decirle nada y dejarlo ir.
oOo
Pasó toda una semana sin ninguna clase de incidentes.
Karin, siempre supervisada por Tenten y para disgusto de Sakura, había tomado las riendas de la recuperación de su ex líder y Sasuke ya no había ocasionado problemas con ninguna de las dos. Ino ya no había vuelto a aparecerse por el Distrito Uchiha ni por la florería, y solo se había dedicado por completo a los detalles de su boda y a su prometido como si nada hubiera pasado, repitiéndose cada noche que eso era lo mejor, y resistiendo las extrañas ganas que surgían en su interior de ir a ver a Sasuke.
Esa semana fue, por partes iguales, la más tranquila y la más inquietante de los últimos meses. Con Gaara todo era maravilloso, le permitía a Ino soñar con la vida de princesa que siempre había querido, pero aunque en verdad era feliz con él había algo que le faltaba, era esa pasión arrolladora y desbordante que Sasuke le provocaba con solo un roce de sus labios, con el delicado toque de aquellas manos que tantas vidas habían arrebatado. Gaara y él eran muy parecidos. No solo por sus tormentosos pasados, sino también por lo que los dos, aunque de formas distintas, provocaban en ella.
Uno era el cariño, la tranquilidad y la seguridad; el otro era la pasión, la intensidad y la aventura.
Pero no importaba lo que Sasuke le provocase, sino la vida estable y feliz que Gaara podía darle. ¿Qué podía ofrecerle Sasuke Uchiha? Más allá de no tener dinero ni estabilidad emocional, él realmente no era una persona de fiar. Ino no lo conocía como a Gaara, no tenía idea de lo que podía pasar por su mente y no estaba dispuesta a arriesgar todo lo que había conseguido por algo tan improbable y que seguramente no podría tener ningún futuro.
Su mejor elección sería siempre Gaara, aquel hombre que la amaba como nunca nadie lo había hecho. Lo que sentía por Sasuke ya había desaparecido una vez, ¿por qué no podría volver a pasar? Esa era otra cosa de la que intentaba convencerse cada día desde hacía una semana.
Pero el tiempo se había escurrido prácticamente como arena entre sus dedos, y había llegado el día en que el Kazekage de Suna debía volver a partir, dejándola atrás por última vez antes de convertirla en su esposa. Quizá por eso su ida era el doble de emotiva para ella, porque la próxima vez que lo vería sería frente al altar, antes de marcharse de la aldea que la había visto nacer para siempre, despidiéndose así de una larga y satisfactoria carrera como Jōnin y ninja médico de la Hoja, del húmedo aire del clima del País del Fuego y de sus amigos. A partir se entonces sería solo una compañera, el apoyo incondicional de uno de los Kages más poderosos del mundo ninja.
La última noche antes de la despedida, Gaara y ella hicieron el amor hasta perder el aliento, repitiéndose el uno al otro lo mucho que se amaban, y para Ino, estando sólo con él, no había nadie ni nada más.
Por la mañana, el Kazekage se despertó con el alba y miró a Ino, que dormía entre sus brazos, completamente desnuda.
Se levantó de la cama sin despertarla y se vistió en silencio, dejándole una nota sobre la mesa de noche antes de besar su frente y salir de la habitación.
Sus hermanos, que ya lo esperaban en la entrada a la aldea, sonrieron al verlo y se desperezaron. Naruto también estaba allí, así que Gaara intercambió algunos comentarios breves y se despidió, pidiéndole que cuidara muy bien de Ino en su ausencia.
Cuando salieron de Konoha, Gaara se dio la vuelta y observó las enormes puertas en silencio y muy quieto.
—Adelántense— ordenó. Kankurō y Temari se encogieron de hombros y obedecieron sin rechistar, acelerando el paso hasta dejarlo atrás, solo en medio del camino.
—Seguirás en Konoha— murmuró Gaara una vez que estuvo completamente a solas, hablándole a la nada.
Sin embargo, una cazadora ANBU rápidamente salió de su escondite y se arrodilló a sus pies, llevándose una mano al pecho en señal de respeto, asintiendo con sumisión.
—Sí, señor. ¿Alguna orden especial?
Gaara la miró de soslayo y regresó la vista al frente.
—Sólo una— hizo una pausa y siguió mirando la imagen de Konoha en el horizonte, y sin dejar de mirar la aldea habló, con voz severa— Quiero que mates a Sasuke Uchiha.
La mujer no se movió ni un ápice, así como tampoco vaciló en su respuesta mientras pronunciaba su reverencia:
—Así se hará, Lord Kazekage.
oOo
.
Continuará...
.
N del A:
Hola, amigos/as.
Aquí estoy para mostrarles que no he abandonado el fic. Calculo que quedan unos cinco capítulos más. En el próximo habrá lemmon.
Éste capítulo sin duda va dedicado para mi querida amiga Inochan! Ves cómo me inspiró tu review? Jajaja
Espero sus tomatazos, saludos!
H.S.
