Capítulo X: La revelación del pergamino de Rein y Riu Taisho.
La mañana no se hacia es esperar y un chico de cabello plateado se levantaba del cómodo árbol en el cual, había dormido tan tranquilamente.
— ¡Hummm que bien dormí!, ahora iré a la aldea—decía Inuyasha el cual estaba emocionado por ver a sus amigos, pero en especial al pequeño Shippo.
Inuyasha saltaba por los árboles cuando de pronto pudo ver a Shippo junto con Kaede el traía en sus manos un cántaro con agua mientras la anciana llevaba unas plantas medicinales.
— ¡Inuyasha!.— gritaba el pequeño Kitsune al ver a su mejor amigo llegar y se lanzaba a los brazos del hanyou. Pero ante el grito de Shippo salieron de su casa Miroku y Sango.
— Hola a todos—decía muy tranquilo Inuyasha—¿En donde esta Rin?—preguntaba el hanyou al ver que no estaba por ningún lado la pequeña niña, mientras tenia en brazos a Shippo, cosa que no pasó desapercibida por los presentes.
— Rin está con mis hijas, fueron a jugar junto con los otros niños de la aldea—decía una despreocupada Sango.
— Fehh, tendré que ir a verla luego, por ahora debo decirles que Kagome ya esta entrenando en las montañas del Oeste con esos monjes—decía un poco cabizbajo Inuyasha.
— ¿Seguiste a la señorita Kagome aunque ella te lo prohibió?, eres un Tonto, no sabes que por acompañarla tal vez esos monjes no la entrenarían, sabes muy bien que ellos odian a todo ser sobrenatural—decía muy enojado Miroku.
— Fehh claro que la seguí, Sesshomaru la atacó varias veces por querer entrar a sus tierras, por eso no podía dejarla sola—decía muy molesto Inuyasha, mientras pensaba, "estos que se creen debo proteger a mi mujer de cualquier peligro".
— Bueno pero dinos Inuyasha como pudo entrar Kagome al campo que protegía a esas montañas—preguntaba la anciana Kaede, ella sabía que el viaje era peligroso, pero lo importante del viaje era que Kagome atravesara el campo de protección.
— Se los contaré en la casa ya que tengo mucha hambre—decía Inuyasha.
Al entrar a la casa Kaede le sirvió un gran tazón de arroz y unos pescados a Inuyasha.
— Bueno, Kagome no llegó sola a esas montañas, un monje fue por ella cuando estábamos en las fronteras del territorio del oeste, y el la llevó a esas montañas, creo que se llamaba Seiya—decía Inuyasha mientras devoraba todo lo que le servían de comer.
— Eso no es posible—decía muy sorprendida Kaede,—ninguno de los maestros Yamabushi ha salido de ese campo en los últimos 110 años.
— Pues no creo que sea un maestro el que fue a traer a Kagome, más bien parecía un aprendíz—decía algo molesto al recordar que Kagome se encontraba con ese tipo entrenando.
— Inuyasha, dime ese monje era guapo—preguntaba muy curiosa Sango—Ya que si es guapo tal vez Kagome decida quedarse con el ¿no lo crees Miroku?
— Perro tonto, por que dejaste que Kagomesita se fuera con ese tal Seiya, no vez que tal vez se enamore de el, y se olvide de mi—decía entre sollozos Shippo.
— ¡CALLATE!, no digas tonterías Shippo—decía muy furioso Inuyasha mientras le daba un coscorrón al pequeño kitsune.
— Debo decirles que Kagome me pidió que les dijera, que ella cumpliría su promesa de regresar a la aldea para protegerlos, además Shippo ella jamás se olvidaría de ti y por eso me pidió que los cuidara mientras ella no este en la aldea, por ahora quiero ir a darme un baño—Inuyasha se levantó y se dirigió a la puerta de la casa y antes de salir dijo—por cierto Shippo mañana empezaré a entrenarte para que te conviertas en un gran guerrero—dicho esto Inuyasha salió de la casa.
El pequeño kitsune se quedó hecho una piedra, mientras una gota de sudor caía por su nuca.
— "Ese perro tonto me va a matar con su entrenamiento, Kagomesita por favor no tardes mucho"—pensaba Shippo, ya que se imaginaba los métodos medievales que utilizaría Inuyasha para entrenarlo.
En el palacio del la Luna del Oeste se encontraba un peli plateado, caminando elegantemente por los pasillos hasta llegar a un gran salón. Sesshomaru, era recibido por todos sus sirvientes y en especial por Jaken.
— Amo bonito, los comandantes de su ejército ya están en la sala de visitas—decía el pequeño youkai verde dando varias reverencias.
— Jaken, no molestes, diles que los veré en dos horas—Sesshomaru se dedicó a pensar en como recuperar los pergaminos que le fueron arrebatados hace 110 años y también en como destruir el campo de energía sin la necesidad de pedir ayuda de esa guardiana. Pero su mente le jugó una mala pasada al recordar la imagen de una mujer que hizo cambiar el rumbo de sus pensamientos.
— Esa insignificante mujer, ya lleva un mes en esas montañas, no esperaré ni un segundo más para entrenar, se que ella se volverá muy fuerte y será una digna contrincante pero no dejaré que ella destruya a mi raza—pensaba el Taiyoukai.
Pasadas las dos horas los comandantes del ejército de Sesshomaru entraron al gran salón.
— Buen día mi Lord— decían los comandantes mientras daban una pequeña reverencia, cuando vieron a Sesshomaru.
— No veo que tiene de buenos, todos ustedes son unos incompetentes, la miko pudo entrar a esas montañas hace un mes días y ninguno de ustedes fue capaz de atraparla—decía el Lord mientras se sentaba en su cómoda silla.
— Mi Lord, ninguno de nosotros pudo detectar la esencia de esa sacerdotisa y el del monje que vio usted—decía Yukionna la comandante del batallón de las nieves perpetuas.
— Bueno ahora ya no se puede hacer nada, pero quiero que ustedes se queden en el castillo ya que desde hoy ustedes entrenarán conmigo, se que ninguno es digno de ser contrincante mío pero como son los comandantes de mi ejercito me imagino que deben ser los mejores que hay en mis tierras, así que mañana cada uno de ustedes entrenará conmigo por 2 horas.
— Como usted diga amo Sesshomaru—decían los comandantes.
— Amo Sesshomaru, por que de pronto decidió entrenar, con los comandantes de su ejército—decía Jaken con mucha curiosidad, en el tiempo que llevaba al servicio de Sesshomaru nunca lo había visto entrenar con otros youkais, es más a su amo le gustaba entrenar solo.
— Jaken será mejor que te calles si no quieres que te mate en este instante—respondió Sesshomaru con su voz inquebrantable y con una mirada asesina, el pobre Jaken se quedó pasmado del miedo, y no era que no lo haya visto enojado antes, pero esta vez era diferente estaba totalmente furioso por la pregunta hecha por el, además que tenia razón en algo, Sesshomaru quería entrenar arduamente ya que sabia que enfrentarse con una miko era peligroso y más si sus poderes purificadores eras muy poderosos, el no dudaba que Kagome seria una gran contrincante.
— Escúchenme bien todos, no quiero que retiren la guardia que está en el campo, de ahora en adelante cualquiera que trate de entrar o salir de ese campo será mi prisionero y tendrán que traerlo con vida, espero que no fallen por que si me entero que salió otro monje de ese lugar cavarán su propia tumba, ahora quiero que se marchen, Jaken les dirá a que hora entrenaré con cada uno—Sesshomaru se levantó de su asiento y se dirigió a su habitación sin decir nada más.
Los días pasaban relativamente rápido y no era para menos, la miko había permanecido en ese templo por dos años y once meses, en el cual ya había podido leer los otros dos pergaminos que faltaban, pero todo lo mantenía en secreto y no es que no confiara en sus maestros o en Seiya, pero es que ella quería planear una estrategia para unir a los 4 Lords de las tierras del Japón y a los maestros Yamabushi, sabia que era un gran desafío ya que Sesshomaru era un Taiyoukai que odiaba a los humanos y por ende no protegería según él a" Seres desagradables e insignificantes".
Kagome había mejorado mucho en este tiempo de hecho los maestros Yamabushi se sorprendieron al ver sus repentinos poderes, y era lógico cada vez que descifraba un pergamino nuevos poderes crecían en ella.
— Kagome, ya no tienes tiempo para descifrar los pergaminos, y todavía no logras leer ni uno solo, por lo visto tendrás que destruir a todo ser sobrenatural—decía un preocupado Seiya, mientras tomaba con sus manos la bandeja en donde le había traído su cena a Kagome.
— Lo se Seiya, la verdad es que no quisiera hacerlo, pero el pacto es irrompible, por cierto necesito que hables con el maestro Taiyokan quiero hablar con él, antes de que empiece mi entrenamiento con el maestro Uesugi—decía Kagome muy decidida en dos días daría a conocer lo que contenían los pergaminos, y sabía muy bien que necesitaba de toda la ayuda posible para unir fuerzas para derrotar a Lucifer.
— Hasta luego Seiya y gracias por traerme mi cena—decía Kagome, ella ya extrañaba salir y disfrutar de la libertad de la cual fue privada, pero todavía le faltaban 3 años más de entrenamiento.
— Que descanses Kagome y no te preocupes ahora mismo voy hablar con el maestro Taiyokan—decía Seiya son una sonrisa en su rostro.
— Gracias Seiya.
Kagome se dirigió a su habitación, realmente el día había sido muy largo y estaba cansada, todavía no podía creer que haya sobrevivido tres años de intenso entrenamiento, en todo este tiempo jamás salió de las montañas, es más ni siquiera salió del templo del Yin y el Yan, al principio pensó que por lo menos saldría alrededor de las montañas pero eso nunca ocurrió.
— Chicos no saben cuanto los extraño, mis días en este lugar son relativamente largos, y aunque he mejorado bastante y ahora soy una sacerdotisa poderosa, daría todo lo que he entrenado por verlos una vez más y salir a recorrer todo el Japón como cuando buscábamos los fragmentos de Shikon, solo espero que se encuentren bien—dijo en voz alta mientras se quedaba profundamente dormida.
Al día siguiente, como siempre, a la primera persona que veía al despertar era a Seiya, el cual se encargaba de llevarle su desayuno.
— Buenos días princesa, tu príncipe te trajo tu desayuno real—decía un divertido Seiya.
— Buenos días príncipe Seiya, ¿has venido a rescatarme de esta linda cárcel?, o ¿es que todavía no vences al dragón Taiyokan?, si eso es verdad me decepcionas—decía Kagome mientras controlaba las ganas de carcajearse, Seiya se había convertido en un amigo muy querido para Kagome, al principio pensó que Seiya quería que fuera su mujer, pero después se dio cuenta que la trataba como si fuera su hermana, y eso a Kagome la tenia más que contenta.
— Siento desilusionarte pero todavía falta otros tres años para que pueda vencer a ese dragón por ahora solo queda que disfrutes tu linda cárcel por un poco más—decía Seiya mientras llevaba el desayuno de Kagome al dojo.
— Ahhh, sabes Seiya, espero convencer al maestro Taiyokan que me deje por lo menos lo que resta de estos tres años un día libre por semana—decía algo cansada la miko.
— No creo que lo convenzas pero si te da ese día ¿que harías?—preguntaba un poco curioso Seiya.
— Creo que por lo menos salir un rato alrededor de las montañas, deseo ver las estrellas y la luna hace tiempo que no las veo—decía muy triste Kagome, y no era para menos, sabía que se hacia de noche por que se obscurecía el templo y cuando amanecía había mucha luz, pero en ese lugar no se podían ver las estrellas ni la luna, es más ni el sol.
— Bueno si te da permiso yo mismo te acompañaré y haremos un día de campo ¿qué te parece princesa?—decía muy animado Seiya.
— Me parece perfecto, bueno solo hay que esperar que el maestro Taiyokan me de permiso.
En eso entró el maestro Hiroo, para empezar sus clases.
— Que bueno que lo veo maestro Hiroo, tengo una propuesta que hacerle—decía muy seria Kagome, cosa que el maestro Hiroo sabia que significaba problemas.
— Dime Kagome, ¿que es le que me quieres pedir?
— Bueno yo quiero pedirle que cuando salga de este lugar me acompañe a ver a un viejo amigo para que me haga una espada la cual tenga poderes espirituales, ya que la necesitaré—decía Kagome muy seria, de hecho ya estaba planeando eso desde que leyó el segundo pergamino.
— Si claro Kagome pero a que viene esa petición todavía te faltan tres años más de entrenamiento para poder salir de estas montañas—decía un poco sorprendido por la petición de la chica el maestro Hiroo
— Se que es muy pronto, pero créame muy pronto sabrá por que de mi petición—decía muy decidida Kagome mientras se levantaba y se dirigía al jardín—Bueno pues vamos a entrenar—Kagome salió del dojo seguida de Seiya y de Hiroo.
La práctica ya había terminado y ahora era turno de entrenar con el maestro Uesugi, pero antes de que se fuera Seiya, Kagome lo detuvo y le pidió algo.
— Seiya, necesito que me hagas un favor, hace tiempo me enseñó el maestro Leyasu Tokogawa, a hacer unas pulseras de protección, y bueno quiero pedirte que me traigas los cristales de amatista, y las perlas huecas, además del hilo de plata para poder hacer estas pulseras, sabes bien que el masestro Leyasu no es muy amable conmigo desde que uno de mis conjuros lo atrapó en un bola de energía y no pudo salir por dos días.
— Si, me acuerdo que el maestro Leyasu estaba furioso contigo, ya que tu no pudiste deshacer el conjuro luego y se quedó atrapado dos días en este templo.—Seiya se reía un poco mientras Kagome se puso roja de la pena.
— Si bueno por eso es que no se las he pedido a el, pero dime me las traerás, necesito que me traigas material para hacer 10 pulseras es decir 50 amatistas y 10 perlas huecas ¿Lo harás?—decía Kagome mostrándole a Seiya una carita de niña regañada.
— Está bien te las traeré pero será hasta la hora de la comida ok Kagome ahora tengo que irme—Seiya salió del templo y Kagome se dirigió al dojo.
Al entrar al dojo, Kagome se puso en posición para meditar, de hecho casi siempre lo hacia en el jardín pero ahora estaba esperando al maestro Taiyokan.
— Veo que me estabas esperando Kagome, dime ¿de que quieres hablar conmigo?—decía el maestro Taiyokan mientras se sentaba enfrente de Kagome tomando la misma posición de meditación.
— Bueno sensei Taiyokan, el motivo por el cual lo he llamado, es por los pergaminos de la guardiana de la luz.—decía Kagome la cual hizo una pausa a propósito para ver que le contestaba al maestro Taiyokan.
— Ya te habías tardado en hablar del tema, hace tiempo que no me preguntabas sobre los pergaminos, pero por lo visto no has podido leer ninguno, y el tiempo ya casi se acaba, por ello he decidido que mañana se haga el ritual para convertirte en la guardiana de la luz del otro mundo, debo decirte que si en dos años y ll meses no has podido leerlos no podrás hacerlo en 30 días, así que no voy a esperar más tiempo para hacer el ritual.
— Mi respuesta ante eso es NO, y no podrá reprocharme nada, ya que desde hace un año se que es lo que contiene cada uno de los pergaminos, como usted ya me dijo no esperaré más tiempo para revelarles a todos ustedes mis planes y el contenido de esos pergaminos, así que mañana necesito que todos los maestros se reúnan aquí, pasada la media noche, mañana no entrenaré con nadie ya que planeo tomar el día para hacer unas cosas.
— No puede ser cierto, sabes que si mientes el pacto que hicimos acabará con tu vida—decía el maestro Taiyokan el cual estaba bastante furioso.
— Es cierto y el motivo por el cual no le he dicho nada, es que tenia que planear todo lo que de ahora en adelante voy hacer, pero por ahora no le diré nada más, créame que lo que le digo es cierto y por el pacto hecho por ustedes tendrán que hacer lo que yo les pida a partir de ahora —decía muy decidida y seria Kagome.
— Nosotros haremos lo que nos pidas, pero sabes que tu responsabilidad es proteger a los humanos antes que a los seres sobrenaturales, ahora estamos en tus manos y espero que no nos defraudes—decía muy sorprendido Taiyokan.
— No lo haré se lo prometo, daré mi vida si es necesario para lograr mi objetivo—decía Kagome mientras se levantaba y se dirigía al jardín para ir con el maestro Uesugi el cual ya había llegado.
Las cosas en esos dos meses y medio desde que la miko se internó en esas montañas, no habían cambiado mucho, en el sengoku, Sesshomaru entrenaba todos los días con los comandantes de su ejército, y solo en dos ocasiones fue a visitar a Rin, por cierto que eso no le gustó a cierto Hanyou.
Flash Back
Precisamente un mes atrás, Sesshomaru había decidido ir a ver a su hija, pero al llegar a la aldea se topó con Inuyasha el cual no lo recibió de una manera amistosa.
— ¿Qué haces aquí?, como te atreves a venir a esta aldea después de que atacaste a Kagome—Inuyasha desfundó a Tensseiga para poder atacara Sesshomaru.
— Yo puedo ir y venir por donde me plazca hibrido—respondía un tranquilo Taiyoukai.
— Sesshomaru sama ¿es cierto que lastimó a Kagome?—Rin había escuchado la discusión entre los dos hermanos, y sus ojos se pusieron vidriosos, ya que su papá había roto la promesa de cuidar de Kagome si ella necesitaba ayuda.
— Rin vámonos tenemos mucho de que hablar—dijo Sesshomaru ignorando completamente a Inuyasha.
— Tu no te llevas a Rin a ningún lado, Kagome, me hizo prometer que la cuidaría y yo no confío en ti, además tu siempre dices que odias a los humanos—Inuyasha no olvidaba que el taiyoukai hirió a su amada miko.
— Cállate, insignificante híbrido, en este mismo momento Rin se irá conmigo a mi castillo, y si te interpones, morirás por desafiarme—Sesshomaru estaba a punto de desenfundar a Bakusaiga, pero el pedido de su hija lo hizo desistir.
— Por favor Sesshomaru sama vámonos y por favor tío Inuyasha no pelee, no creo que a Kagome sama le gustaría que se pelaran siendo hermanos—dijo Rin con un tono de tristeza tan grande que Inuyasha tuvo que guardar su espada.
— Rin prométeme que te cuidarás, no quiero faltar a la promesa que le hice a Kagome—Inuyasha se encariñó mucho con Rin, sabia que su hermano no le haría daño pero tampoco confiaba en el plenamente.
Sesshomaru solo caminó y Rin lo siguió, ya estando un poco lejos de la aldea Rin decidió hablar con su padre.
— Papá es cierto lo que dijo Inuyasha—pregunto un poco indecisa Rin.
— Si, pero lo hice por que no creo que sea bueno que ella esté en esas montañas—dijo el taiyokai sin mirar a Rin
— Entiendo—dijo Rin y todo el camino de regreso al castillo la niña no dijo nada ya que ni siquiera Sesshomaru permitió a Rin despedirse de sus amigos.
Fin del Flash Back
— Por el estúpido de mi hermano Rin no me habla, pero se que pronto se le pasara el enojo yo jamás pido disculpas, además la culpa la tiene esa tonta miko por desafiarme tanto—decía el taiyoukai mientras entraba a su dojo para entrenar con uno de los comandantes.
Kagome terminaba su entrenamiento con el maestro Leyasu Tokowaga, de hecho ya les había avisado el maestro Taiyokan que tendrían una reunión todos los maestros Yamabushi con Kagome y también estaba incluido Seiya, y todos empezaban hacerle preguntas queriendo saber que planes tenía la miko para derrotar a Lucifer.
— Princesa, porque no me dijiste que ya habías leído todos los pergaminos, eras muy mala conmigo y eso que soy tu mejor amigo—decía Seiya con cara de borrego a medio morir.
— Lo siento Seiya pero la verdad era necesario, pero ya no me preguntes más, por cierto ¿trajiste lo que te pedí?—preguntaba Kagome algo emocionada.
— Humm, no debería de haberlo traído ya que tu no confías en mi, pero para que veas que yo si te soy fiel, he traído lo que me has pedido, por cierto me dijo el maestro Taiyokan que no quieres entrenar el día de mañana, ¿me puedes decir que vas hacer o me vas a dejar con la duda?—decía Seiya un poco molesto al ver que Kagome le ocultaba muchas cosas.
— Claro Seiya, mira me tardaré casi todo el día en hacer las pulseras de protección ya que intento entregarlas mañana a sus respectivos dueños—decía Kagome con una gran sonrisa en su rostro.
Después de comer la miko siguió con su entrenamiento, no sin antes ser cuestionada por cada uno de sus maestros, pero Kagome nunca respondió sus preguntas.
A la mañana siguiente Seiya entró para dejarle su desayuno a Kagome pero por órdenes del maestro Taiyokan no tendría que hablar con la miko.
Mientras tanto Kagome ya había salido de bañarse y se dirigió al dojo para desayunar, después de eso se dirigió al pequeño altar y ahí paso el resto del día haciendo las pulseras protectoras.
La noche comenzó a caer y la miko se preparó para la reunión que tendría con los maestros Yamabushi. Al salir de su habitación ya los maestros se encontraban en el dojo.
— Buenas noches senseis, necesito que me sigan—los maestros se levantaron y siguieron a la miko, esta se dirigía al lago del Yin y el Yan.
— Bueno primero que nada, debo decirles el porque no les dije nada acerca de los pergaminos de la guardiana de la luz y sus descendientes, y eso es porque aunque ustedes no lo crean tenemos que unir fuerzas con los Lords Taiyokais de las regiones del Japón es decir tenemos que formar una alianza, para vencer a Lucifer.
— Eso jamás, no te entrenamos para que nos traiciones, sé muy bien que no te gustó el hecho de tener que matar a todo ser sobrenatural, pero eso es una completa estupidez, tu deber es cuidar de los humanos y por kamisama que lo harás Kagome—decía muy furioso y amenazante el maestro Leyasu
— No es ninguna estupidez y si me permiten voy a demostrar que lo que digo es totalmente necesario para acabar con Lucifer—decía una muy alterada Kagome.
Kagome se dirigió hacia el lago y empezó a meterse dentro de el, los maestros Yamabushi no podían creer lo que veían sus ojos, ningún humano era capaz de entrar a ese lago, ya que en el brotaban las energías que formaban el mundo, ningún corazón era tan fuerte como para soportar tanta maldad y luz al mismo tiempo, por lo visto la miko podía mantenerlas en un estado neutral. La miko al llegar al centro del lago sacó de sus ropas los pergaminos, primero leyó el de la guardiana de la luz, ante este los maestros Yamabushi entendían que tendrían que unir fuerzas con los dirigentes de cada región, pero todavía tenía dudas, las cuales serian aclaradas después de que la miko les leyera los otros pergaminos.
Pergamino de Rein-Taisho.
Mi vida empezó cuando por fin escapé del infierno, yo deseaba tener una vida de paz, la cual nunca llegó hasta que encontré a la mujer que me hizo sonreír otra vez, su nombre era Hirushi, ella era la guardiana de la luz del otro mundo, gracias a ella me convertí en el Lord de las Tierras del Oeste, y por ello estoy muy agradecido con ella. Para ayudarla a pelear contra los demonios que mataban humanos, decidí ir con mi gran amigo Totosai, el cual es un magnifico herrero, y le pedí que me forjara una espada la cual me ayudaría a proteger humanos y youkais buenos, el nombre de esa espada es colmillo de luz negra (ó senkoseiga) durante mucho tiempo fuimos felices juntos y después la hice mi mujer, y nació mi primogénito y único hijo Riu-Taisho, el cual nos llenó de felicidad a Hirushi y a mí. Pero con él, se creó una nueva raza de demonios los cuales fueron llamados Taiyokais, mi hijo era muy frío y calculador, de hecho escondía cualquier sentimiento humano que pudiera tener y eso me alteró ya que el sería mi heredero pero si él no era capaz de proteger a los humanos, jamás le dejaría las tierras del Oeste.
Cuando mi hijo cumplió los 250 años de edad, Lucifer mandó a los demonios de las almas perdidas para atacarnos, pero eso no fue lo peor si no que muchos humanos fueron asesinados por ello y sus almas fueron robadas para crear nuevos demonios, Hirushi intervino en esa pelea y por suerte no todas las almas cayeron en manos de Lucifer. Por órdenes de Kamisama, Hirushi, nos recomendó a los Lords de las 4 regiones unirnos a ella y derrotar a Lucifer para sellarlo y así evitar más guerras entre los dos mundos, pero en esa batalla mi querida Hirushi murió al sellar a Lucifer, mi espada sirvió para lograr hacer un sello con su poder, el cual solo se desvanecería, si demonios llegaban a matar a humanos en cantidades alarmantes, pero gracias al pacto firmado entre cada dirigente youkai, protegeríamos a los humanos a costa de nuestra vida, para evitar que ese sello se rompiera.
Yo me sentí muy mal al ver que mi querida Hirushi murió en esa batalla y al parecer mi hijo empezó a respetar a los humanos y apreciar sus vidas, a él le heredé mi reino y mi espada senkoseiga, para que siguiera protegiendo a los humanos, y lo raro de esto, es que si pudo manejar esa espada ya que ningún humano puede tomar esa espada sin ser herido por la energía maligna y ningún youkai puede tocarla ya que esa espada solo la puede tomar un yokai que quiera y respete a los humano, al parecer senkoseiga reconoció a mí heredero como su nuevo heredero y estoy muy orgulloso de mi hijo Riu-Taisho.
Fin del Pergamino de Rein Taisho.
Kagome no dejó pasar mucho tiempo y empezó a leer el pergamino de Riu-Taisho.
Pergamino de Riu-Taisho.
Al morir mi madre Hirushi, me di cuenta que la vida de los humanos es muy importante ya que mi padre fue creado gracias a las almas humanas, durante la pelea que sostuvimos con Lucifer, me di cuenta que el odio y la sed de poder puede corromper hasta el corazón más puro ya que mi madre fue puesta a prueba por Lucifer el cual intentó corromper su corazón y al no lograrlo mi madre pudo sellarlo. Lástima que en esa batalla mi madre muriera y es que realmente fue una guerra atroz, gracias a la protección que nos brindó mi madre, los Lords de las 3 regiones, mi padre y yo, salimos con vida del mismo infierno.
Cuando mi padre estaba a punto de morir me dijo, que en sus sueños mi madre le comunicó que los sellos se romperían si los youkais seguían matando a lo humanos, y que si no queríamos que esa batalla se repitiera tendríamos que protegerlos, claro que yo lo hice por muchos años gracias a la espada senkoseiga. Yo me enamoré y viví mucho tiempo al lado de mi mujer Shiona, y tuvimos un hijo al que llamé Inu-Taisho, el cual era muy terco y sobretodo soberbio, odiaba tener que proteger a los humanos y pensaba que todos tendrían que besar el suelo por donde pasaba, muchas veces lo reprendí, hasta que le conté lo sucedido varios años atrás. Pero pese a mis esfuerzos él no cambió, yo quedé muy herido al combatir contra unos youkais que vinieron de China, y a pesar de estar en mi lecho de muerte, le comenté a Inu que los sellos se romperían en el quinto tiempo, y que si no quería que sus descendientes tuvieran que enfrentarse contra Lucifer tenía que cambiar su actitud referente a los humanos, antes de morir le dije que tomara a senkoseiga, la cual lo rechazó por completo, así que decidí llevármela al más allá hasta que naciera el sucesor de las tierras del Oeste, que fuera capaz de manejar a senkoseiga, ya que si caía en manos de los demonios de las almas perdidas, podrían destruirla y se rompería el sello que se hizo con esa espada, lo cual sería el fin de los humanos, ya que Lucifer saldría del Infierno para acabar con toda la vida que existe.
Si mis sucesores pueden leer este pergamino, déjenme decirles que en uno de mis sueños mi madre me dijo, que la canción seria cantada por la nueva guardiana de la luz, en las puertas del infierno para abrirlas y calmar la ira de Lucifer, pero el precio que se pide es muy alto, la nueva guardiana morirá si logra terminar la canción, pero sellará a Lucifer hasta el término de la humanidad, y así evitar una nueva guerra.
Fin del Pergamino del Riu-Taisho
Al terminar los maestros vieron como Kagome pisaba las energías sin hundirse dentro del lago, al llegar a la orilla del lago Kagome solo dijo:
— Escúchenme, mañana iré con el viejo Totosai, pediré que me forje una espada e iré a visitar a mis amigos para darles las pulseras de protección que hice el día de hoy y por último iré a visitar a Sesshomaru a su castillo, para convencerlo de que me entregue los otros dos pergaminos que faltan y rogar para que ese Taiyokai testarudo se una a nosotros y venzamos a Lucifer—dicho esto la miko empezó a comentarles a los maestros Yamabushi sus planes, no sin antes decirles—por ahora no podemos hacer el ritual para que me convierta en la guardiana de la luz del otro mundo, cuando los descendientes de Hirushi me revelaron el contenido de los pergaminos me dijeron, que Lucifer ya está tratando de atacar en el otro mundo para posesionarse de almas humanas y que dentro de 6 días sería el primer ataque en este mundo y el primer lugar que atacarán es las tierras del norte cerca del pozo que une las épocas.
Kagome pasó toda lo noche explicándole a los maestros Yamabushi sus planes para unir a los 4 lord de las regiones del Japón, pero sabía muy bien que si no convencía a Sesshomaru sus esfuerzos serían inútiles, ya que sin las espada senkoseiga, no podrían sellar de nuevo a Lucifer, y nada más los descendientes de la casa de la Luna son los únicos que pueden usar esa espada.
Continuara…..
