Muchas gracias a todos los que han comentado y a quienes me tienen en favoritos. Lamento mucho demorar tanto en actualizar, pero he tenido montones de cosas por hacer :)

Tonks llamó a la puerta del departamento de Remus por tercera vez sin obtener respuesta alguna. Se preguntó donde se habría metido Lupin; que ella supiera, él no tenía ninguna misión esa noche. Sacó su varita y abrió la puerta con un ligero movimiento, esperaba que Remus no se enojara por su intromisión en caso de que estuviese dormido.

—¿Remus?

Caminó por el oscuro departamento hasta llegar al cuarto de Remus. Aparentemente estaba vacío, así que decidió irse e intentar comunicarse con él a través de una lechuza. Un gruñido proveniente de algún lugar detrás suyo la hizo volverse rápidamente. Allí, encorvado en el umbral de la puerta, estaba Remus; pero no su Remus normal, si no el Remus lobo que surgía cada mes en luna llena.

—R-Remus —Tonks retrocedió asustada levantando su varita —. Soy yo, Tonks.

El hombre lobo gruñó con sus enormes fauces abiertas goteando saliva. Se acercó a ella con fuertes pasos elevando el tono de sus gruñidos. Las piernas de Tonks dieron con la cama perdiendo el equilibrio y cayendo de espaldas sobre el colchón. El hombre lobo saltó sobre ella gruñendo descontroladamente, preparado para morder.

—REMUS, NO —chilló Tonks aterrorizada. Había olvidado mirar el calendario lunar ese mes. Era una idiota al no haberse percatado de que esa noche era luna llena, y ahora moriría por su estupidez.

El lobo se detuvo antes de llegar a tocarla con los dientes. Parecía estar haciendo un gran esfuerzo por no morderla, y Tonks comprendió que algo de su Remus estaba dentro de esa bestia salvaje.

—Tranquilo —susurró Tonks con un hilo de voz —. Soy yo, Remus, cálmate.

El hombre lobo gimió un par de veces como un cachorro regañado antes de soltar un sonoro aullido. Se bajó de la cama de un salto y corrió a cuatro patas hacia el baño en medio de chillidos colmados de dolor.

Sabía que por más que quisiera no podría ayudarlo, así que levantándose de la cama, puso pies en polvorosa y salió del departamento no sin antes cerrar la puerta con un hechizo. Suspiró aliviada por su buena suerte y se recostó contra la pared del pasillo, respirando como si nunca lo hubiese hecho antes. Ella era el ser humano más idiota sobre la faz de la tierra. Solo ella salía con un licántropo y no se fijaba en las fechas en que había luna llena. No quería ni pensar en lo que habría sentido Remus si la mataba por accidente.

En su lupina mente todo era un caos. Estaba encogido en el baño sintiendo algo que lo hacía miserable, pero aún no comprendía qué. Solo pensaba en la muchacha bonita a la que casi había mordido, sabía que estaba mal morder a esa mujer porque un profundo dolor se extendió por su pecho cuando intento hacerlo. Era como si la conociese de algún lado, pero no recordaba de donde conocía a la mujer bonita, él solo quería comer y la mujer era comida, pero sentía algo por esa comida, como si fuese especial.

Aulló desconsoladamente, con el sonido retumbando a su alrededor debido al eco. Quería comer, quería rasgar, desgarrar, morder; lo necesitaba, él necesitaba morder. Sacudió la cabeza entre lastimeros gimoteos tratando de apartar la angustia de su pecho. La mujer causaba esa angustia, pero no podía lastimar a la mujer para calmarla; solo podía dejar que pasara sola, pero dolía dejar que pasara sola.

Ella dijo un nombre, ella le dijo Remus; él sabía que era Remus, conocía eso de sí mismo, y conocía el dolor. Era todo lo que conocía: su nombre y su dolor, además de su deseo de morder, el cual le causaba mucho daño si no lo cumplía. Volvió a aullar ansiando ver la luna; si viera la luna quizás el dolor se calmaría, pero entonces lastimaría a la mujer bonita y eso no podía hacerlo. Se hizo un ovillo en el suelo, bufando debido a la fría baldosa, y rogó que el dolor pasara rápido.

Tonks pasó el resto de la noche esperando en el pasillo del piso donde vivía Remus. Quería ver como se encontraba después de esa noche; él no estaría bajo los efectos de la luna durante el día, así que estaría a salvo. Abrió la puerta de la entrada y asomó la cabeza aguzando el oído, sabiendo que al menor gruñido tendría que salir pitando. No escuchó nada, así que entró sigilosamente, dirigiéndose a la habitación del hombre.

—No deberías estar aquí.

Dio un brinco al escuchar la voz de Remus tras ella. No lo había visto, ni mucho menos sentido. Se giró para encararlo. Jamás lo había visto con un aspecto tan enfermizo como esa mañana: sus ojos estaban hundidos y unas enormes ojeras los rodeaban; se veía más delgado y lleno de cortes y moretones; y la palidez de su piel le daba la apariencia de un cadáver desangrado.

—Oh, mi Dios —Tonks se llevó la mano a la boca —. ¿Estás bien?

—Perfectamente, como siempre —Remus hablaba de una forma extraña. Parecía frio e indiferente —. Pero me gustaría estar solo, así que por favor vete y no vuelvas —señaló la puerta de entrada con un brusco movimiento de cabeza.

Tonks parpadeó un par de veces sintiendo que su corazón se estrechaba en su pecho.

—Quería saber cómo estabas…

—NO QUIERO QUE VENGAS A COMPROBAR MI ESTADO DE SALUD —gritó Remus con una fuerza que aparentemente no tenia.

El grito la tomó completamente por sorpresa, haciendo que se estremeciera.

—Remus…

—ERES TONTA, TONKS —chilló el hombre con los ojos brillantes —. ¿Cómo no pensaste en que podría haberte matado? —lo último lo dijo con un hilo de voz, como si la sola idea lo espantase.

—No recordaba que era luna llena —murmuró Tonks abatida.

Remus se pasó las manos por su canoso pelo en un desesperado gesto.

—Pude haberte matado —se recriminó el hombre —. Por eso no quería que estuviésemos juntos. Es demasiado peligroso. Soy demasiado peligroso.

—Remus…

El hombre levantó la mano en señal de que guardara silencio. Negó con la cabeza y sus ojos se empañaron.

—No más, Tonks —dijo frunciendo el ceño —. Esto no puede continuar, no puedo seguir poniéndote en peligro. Sólo vete y que todo vuelva a su curso normal.

—No quiero eso, Remus —Tonks sentía un enorme dolor en su garganta y una fuerte opresión en el pecho —. Quiero estar contigo. Esto fue solo un accidente, no volverá a ocurrir, tendré cuidado con eso…

—¡NO!, no, no, no —Remus negó con la cabeza —. No hay más nosotros. Nunca debió haber un nosotros; soy pobre, viejo y encima un licántropo que puede morderte o matarte en cualquier momento.

—Eso no tiene importancia.

—Para mí sí —Remus se cruzó de brazos —. Por favor vete antes de que tenga que obligarte a hacerlo.

—Remus…

—No estoy bromeando, Tonks.

Tonks asintió y salió rápidamente del apartamento del hombre; no quería desmoronarse frente a él, porque de una u otra forma, algo dentro de ella le decía que esta vez era definitivo, que él jamás la querría cerca.

Bajó las escaleras del edificio a la carrera y se desapareció rumbo a su departamento. Reapareció frente a su puerta de entrada sin percatarse del reguero de sangre que comenzaba a extenderse desde su muslo izquierdo hasta su bota. Abrió la puerta con mucha dificultad a causa de su temblorosa mano y entró a trompicones, comenzando a sentir un dolor agudo proveniente de su pierna; cerró la puerta y fue a dejarse caer en uno de sus sillones.

Revisó su pierna izquierda maldiciendo: se había escindido por falta de concentración. Echó la cabeza hacia atrás recostándola en el sillón; no recordaba ningún hechizo para frenar el sangrado y mucho menos para sellar heridas. Se levantó y caminó cojeando rumbo a su dormitorio. Una vez allí, rebuscó en la gaveta de su mesa de noche con el fin de hallar la esencia de díctamo que guardaba para emergencias. Dio con ella y se deshizo de sus botas y su ensangrentado pantalón. La herida parecía fea; era bastante profunda y tendría unos ocho centímetros de extensión. Destapó la botella de díctamo y dejó caer varias gotas sin ningún miramiento, observando como la herida comenzaba a sellarse a medida que nueva piel la recubría; sin duda tendría una mancha bastante grande en su pierna como recuerdo de su ruptura con Remus.

Todo había estado medianamente bien hasta que recordó a Lupin. Arrojó la botella a través de la habitación, ignorando el ruido de cristal al quebrarse y se arrojó de cara a la cama, llorando como una niña pequeña; sus sollozos habrían asustado a cualquiera si su apartamento no estuviera mágicamente insonorizado.

Si era peligroso siendo un lobo transformado, no se imaginaba como llegaría a ser uno borracho. Remus se tambaleaba por toda su sala con una botella de whisky de fuego en una mano, mientras se limpiaba las lágrimas con la otra. Si alguien lo viese se daría cuenta de lo ridículo que podría llegar a ser el correcto Remus Lupin, llorando por una mujer a la que él mismo había alejado por miedo a matarla. Soltó una sonora carcajada que le habría erizado los pelos a Voldemort (en caso de que tuviese), para posteriormente aullar como si se hubiese transformado un par de horas antes de que oscureciera. Se dejó caer de culo al suelo en medio de sollozos ahogados, por fin estaba sintiendo todo el dolor acumulado en las últimas semanas; ahora la ruptura con Tonks le traía nuevamente la certeza de que estaba absolutamente solo en el mundo, sin padres, sin amigos, sin nada.

Se echó de espaldas al suelo, sintiendo pena de sí mismo, de lo patético que debía verse allí con una botella casi vacía a su lado y con los ojos rojos e hinchados de llorar como una jodida magdalena. James le habría dicho que se comportaba como una niñita y Sirius, aunque lo comprendería un poco más debido a su pasado con Alice, también lo estaría reprendiendo por cretino; después de todo estaba haciendo lo correcto ¿o no? ¿Dejar a Tonks para mantenerla a salvo de sí mismo era lo correcto? La única respuesta que le venía a la mente era "sí", una y mil veces "sí", era lo más sensato para ambos. Ella se merecía a alguien joven que le pudiese dar todo lo que se merecía, no un viejo de treinta y seis años que se transforma en lobo una vez al mes.

—Tonks —murmuró con un hilo de voz antes de caer profundamente dormido.