Disclaimer: The story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the plot belongs to LyricalKris. I just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la trama de LyricalKris, solo me adjudico la traducción.


Este capítulo lo betearon Yani y Meli, betas de Élite Fanfiction ( www facebook com / groups / elite . fanfiction / )


Capítulo 10

—Luces disgustado, conocido.

La voz de Bella sacó a Edward de sus pensamientos malhumorados. Ella tenía razón, él estaba irritado, pero cuando la vio, sonrió. Ella estaba sentada en el escalón de su tráiler, bebiendo una taza de café.

—Amiga —dijo él—. La próxima vez que te tomes dos días libres, realmente deberías avisarme.

—Aww… —Ella meneó sus cejas hacia él—. ¿Alguien me extrañó?

Para ese momento él ya había llegado al tráiler y se había parado frente a ella, así que Bella lo miraba directamente. En lugar de responder desde esa distancia respetuosa, él apoyó su brazo en la barandilla del tráiler y se inclinó más cerca.

—Siempre te extraño —dijo, su voz fue tan baja que ella tuvo que estirarse más para escucharlo. Eso hizo que sus rostros estuvieran cerca. Muy cerca. Ella inclinó su cabeza hacia arriba y se congeló. Los ojos de él bajaron hacia los labios de ella.

No tomaría nada cerrar la distancia entre ellos y sería un alivio dulce besarla. Ella también lo sabía. Él escuchó la forma en que ella tomó una respiración rápida y cuando él levantó sus ojos otra vez hacia los de ella, pudo ver que lucía tan deslumbrada como él se sentía.

—Por supuesto que te extrañé —dijo, su voz ronca.

Él estiró su mano, tomando la taza de café de las manos de ella y dando un gran paso hacia atrás.

—Nadie más me trae café —dijo, manteniendo su voz serena, pretendiendo que su cabeza no estaba girando.

Ella lo observó y la expresión de sorpresa en su rostro lo hizo reír. Ella estrechó los ojos.

—Oye —protestó varios segundos demasiado tarde. Se paró y se lanzó hacia él, sus manos estiradas para recuperar el café—. Eso es mío.

Él bailó fuera de su alcance.

—No se aceptan devoluciones. No es mi culpa que dejes tu café si aún no lo has terminado.

—Estás lleno de mierda, Cullen. —Ella hizo otro intento de agarrar el café que él esquivó—. Hay como veinte personas en este set que te traerían café, incluyendo tu asistente personal. Esa es su función principal. E incluso si no puedes encontrar a una de esas veinte personas, tú podrías hacer como hacemos todas las personas que no somos importantes. Lleva tu feliz trasero hacia servicio de catering y toma lo que sea que quieras tomar. De ahí saqué mi bebida. —Ella hizo un intento final de agarrar su café, pero él la esquivó otra vez.

—Bueno, no seas perezosa, jovencita. Si quieres café, deja de quejarte conmigo y empieza a caminar. El servicio de catering no está muy lejos. —Él se apoyó contra su tráiler y tomó un trago del café.

Y lo escupió.

—Ugh —dijo, tosiendo porque algo se había ido por el lado incorrecto—. Esto no es café.

Bella sonrió.

—Esta es la segunda vez que tratas de escupir sobre mí. Es un hábito asqueroso, Cullen. Muy poco atractivo. Tienen una sección especial en uno de los tabloides para los hábitos desagradables de las celebridades. Puedes estar ahí con la foto de Jennifer Lawrence metiéndose el dedo en la nariz.

Le devolvió la taza, queriendo esa horrible cosa lejos de él.

—Esto es jodidamente asqueroso. ¿Qué demonios es?

—Ah, quién sabe —dijo con un encogimiento de hombros—. Es verde. Lo puse en una taza de café así no tendría que mirarlo. Es un purificador, un batido de esos para perder peso con un montón de ingredientes asquerosos. Los demás estaban delirando sobre esto y tuve curiosidad. Un par de semanas con esta cosa ayuda a quemar grasas o algo así.

—Inducir al vómito no es una forma saludable de perder peso. —Él la tomó del brazo y la hizo girar.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó ella.

—Tratando de encontrar el peso que estás tratando de perder.

Ella bufó.

—Solo estás tratando de observar mi trasero otra vez.

—Quédate quieta. Casi termino mi examinación. —Él hizo que ella le diera la espalda otra vez y sacudió la cabeza—. Nop. El único exceso de grasa que encuentro está en los pechos y en el culo. Tengo que decir, en mi opinión profesional, que la pérdida de peso en esas áreas no es aconsejable.

Bella rodó los ojos.

—Eres un sinvergüenza, campeón. Un maldito pervertido.

—Hablando en serio, no deberías poner en riesgo tu salud bebiendo mierdas como esa. Realmente estoy preocupado por ti. Como amigo.

—Eh. —Ella se encogió de hombros—. Solo tenía curiosidad. Te digo que se está extendiendo como fuego entre el equipo. No quería que me dejaran de lado.

—No seas una seguidora, Swan. —Le tocó la barbilla—. O al menos que sea algo que se sienta o sepa bien.

Él giró su cuello, mirando alrededor. Como ella había dicho, había un montón de personas alrededor a los que podía mandar a buscar café, incluyendo a su asistente personal. Le hizo señas al hombre.

—Oye, hombre. Mi amiga exigente aquí está interesada en lo popular aquí. ¿Qué tal si nos consigues un par de pumpkin spice lattes? No los comunes. Estoy hablando de los de Starbucks. Queremos la experiencia completa.

—¿Debería traerles Uggs* entonces? —preguntó el hombre.

Edward bufó.

—Solo los lattes por ahora. No somos tan geniales.

Bella sacudió la cabeza, siguiéndolo dentro del tráiler. Él la frenó en la puerta, sus manos sobre los hombros de ella.

—Oye, señorita acosadora, ¿dije que podías pasar?

Ella lo frenó con una expresión fría.

—No, pero me ordenaste un latte.

—Oh, demonios. —Él suspiró dramáticamente y dio un paso al costado, manteniendo la puerta abierta para ella—. Aquí voy otra vez, cavando mi propia tumba, sometiéndome a tu compañía.

—Estás sufriendo, ¿no?

—Frecuentemente. —Edward se sentó en su sillón reclinable, desplomándose y frotándose los ojos—. En realidad, Bella, no sé si seré una buena compañía hoy. Estos imbéciles cambiaron el guión otra vez y tengo diez páginas nuevas que memorizar. Bueno, no son cien por ciento nuevas, lo que casi es peor. Son tan similares al guión original que es más complicado Y filmamos esta escena mañana en la noche. Esa es la razón por la que estoy aquí hoy aunque ellos están filmando al personaje principal y su grupo. Gianna y yo tenemos que repasar la nueva coreografía.

—Caminar y hablar. Eso tal vez requiera más talento del que posees, viejo. —Bella estaba caminando sin rumbo en el tráiler mientras hablaban.

Edward bufó.

—Qué divertido. Excepto que no es hablar. Es amenazar.

—¿Amenazar?

Él levantó la cabeza.

—Ya sabes. Diálogos amenazantes y acción. No soy el superhéroe. Soy el chico malo, ¿recuerdas?

—Buena suerte logrando eso, blandengue.

—Oye, soy intimidante. Te intimidé el día que nos conocimos. Soy el bastardo cruel que arrojó a una joven mujer por las escaleras, entre otras cosas. ¿Estás diciendo que no me encontraste amenazador para nada?

Ella le sonrió.

—Ni siquiera un poquito, pero tal vez soy un poco parcial. Nadie podría tenerte miedo si han visto tus movimientos de baile. —Ella pretendió agitarse, su sonrisa volviéndose traviesa.

Edward sostuvo su mirada, las ruedas girando en su cabeza. Él respiró profundo y cuando exhaló, dejó que la persona en la que se había estado convirtiendo las últimas semanas saliera a la superficie. Su personaje era un sádico, un idiota malvado. Había frialdad y maldad en su mirada, y él pudo ver el momento en que Bella miró al monstruo observándola. El cuerpo de ella se puso rígido, se congeló como un ciervo ante unos faros.

Los ojos de él sostuvieron los de ella, él se levantó suavemente de su silla.

—Bueno, bueno, bueno… —dijo, el principio del monólogo que había estado practicando toda la mañana—. Aquí estás y sin tus poderes. Solo una niña tonta jugando con cosas que no puedes comprender.

Él dio pasos medidos hacia ella y vio el conflicto en sus ojos. Como si quisiera estar divertida. Como si quisiera desestimarlo, pero él estaba poniéndola nerviosa. A medida que él se aproximaba, ella retrocedía, alejándose, pero él se acercó, rápido como un relámpago. La agarró de la muñeca y la giró, poniendo su brazo alrededor del pecho de ella, mientras empujaba su espalda hacia él.

—Dime algo, niñita. —Él usó su cabeza para forzar a la de ella a hacerse a un lado, sus labios estaban contra la oreja de ella cuando habló. El cuerpo de ella se sacudió, pero el agarre de él era firme, manteniendo su brazo contra su lado—. Yo soy el loco, ¿cierto? —Él apretó sus dientes—. Entonces, ¿por qué insistes en molestarme?

Obviamente, Bella no sabía el diálogo. Ella no llenó el pequeño silencio que él dejó, escuchando la voz de Gianna en su cabeza. Cuando él aflojó su agarre, ella dio el paso que Gianna habría dado, girando hacia un lado para evitarlo. Él la agarró con facilidad.

—¿Dónde crees que vas, niñita? —Él hizo girar a Bella y la empujó contra la pared. Él cuerpo de él llenó el espacio entre ellos, apretándose fuertemente contra ella. Tiró su brazo sobre el pecho de ella, su codo subiendo bajo su cuello, forzándola a levantar la cabeza. Con su mano libre, él tomó la barbilla de ella de forma brusca. Podía sentir la vibración del sonido que ella hizo con la parte trasera de su garganta—. Has sido un dolor en mi trasero durante siete meses y ahora solo quieres escaparte de mí. Yo creo que no.

Él se inclinó, quedando cara a cara con ella.

—Te tengo ahora. Y tendrás que pagar.

Ese debería haber sido el final del juego. Edward sabía sin duda que se había dejado llevar, metido en el diálogo y en el personaje. Él debía haber dado un paso atrás inmediatamente, sonreír y regodearse. No era intimidante, sí claro. Él podía ver el temor en sus ojos, la vulnerabilidad.

Él debía haber dado un paso atrás, pero el poder del momento lo tenía. El aire estaba cargado, pesado y cada parte del cuerpo de ella estaba contra el de él. Sabía que no la estaba lastimando, nunca la lastimaría, y aunque había temor en sus ojos, también había deseo. Era el mismo deseo que lo había llenado a él, haciendo imposible que retrocediera, alejándose de ella. No podía dejarla ir.

Él quería poseerla. No como su personaje lo haría. No ser su dueño o dominarla. Quería ser parte de ella. Él la deseaba tanto que no podía respirar ni pensar.

El silencio se extendió y cuando sus pulmones empezaron a quemar, trató de controlarse a sí mismo. Él se tiró para atrás solo un poco, no estaba listo para dejarla ir, pero se estaba preparando para hacerlo.

—Bella —dijo con voz ronca—. No sé qué…

Ella no lo dejó terminar. Sus manos fueron al cabello de él, empujándolo hacia ella. Ella fue tan ruda con él como él había sido con ella solo un momento antes. Ella lo besó. Lo besó con fuerza, dejando escapar un gemido desesperado mientras lo hacía. La boca de él respondió antes de que su cuerpo pudiera entender qué estaba pasando. Él le devolvió el beso, sus labios moviéndose sobre los de ella. Ella lo acercaba hacia su cuerpo y él hacía lo mismo, devorándose.

Oh, esa definitivamente no era la forma en la que iba el guion.

Bella lo empujó y Edward tropezó hacia atrás. Ahora ella era la que tenía el control total. Los dedos de ella agarraron la camisa de él, su agarre fuerte. Ella caminó hacia adelante, forzándolo a retroceder. Era desconcertante, pero a él no le importaba. No podía importarle nada excepto la forma en que los labios de ella se sentían contra los de él.

Edward sintió que la parte de atrás de sus piernas golpeaban algo —el sofá— y se sentó con fuerza. Ella estaba sobre él en un instante, a horcajadas sobre su regazo, continuando su ataque a su boca. Las manos de él se movieron, inseguras de qué hacer. Sin romper el beso, ella tomó su mano y la guió hacia sus pechos.

Eso fue todo lo que él necesitó saber. Dejó que su otra mano se envolviera alrededor de su cintura, sosteniéndola. Eso era todo lo que él había querido desde la primera vez que posó sus ojos sobre ella, y ella era perfecta en sus brazos. Todos sus sentidos estaban inundados. Sentirla… el sabor de su lengua, la esencia de su piel. Todo lo que sabía era ella.

La puerta de su tráiler se abrió.

—Oye, jefe. Tengo tu… ¡Ahh!

Todos jadearon, Edward, Bella y el asistente desafortunado. Hubo un ruido y salpicaduras cuando los lattes cayeron al suelo. Él cuerpo de Bella se tensó y Edward instintivamente apretó sus brazos a su alrededor.

—Mierda. Joder —dijo el asistente—. Lo siento. Yo… Yo le traeré otro —tartamudeó y salió por la puerta en el siguiente latido de corazón, dejándolos en un silencio incómodo.

Después de los tres segundos más largos de la vida de Edward, Bella suspiró. Para sorpresa de él, en lugar de salir de encima de él, ella se inclinó hacia adelante, su frente contra la de él.

—Bueno, demonios.

Tímidamente, él apoyó su mano sobre la piel en la parte baja de su espalda, debajo de su camiseta.

—Uh, sí —dijo amablemente.

Ella levantó su cabeza y lo contempló con una mirada divertida.

—Te dije que no eres intimidante. Se suponía que tenía que sentirme amenazada, no que tenía que excitarme.

Edward la observó por un segundo. Sus labios se curvaron y cayeron, se curvaron y cayeron, porque no tenía ni idea de cómo interpretar la situación o a esa mujer loca. Al final, él soltó una risita. Dejó escapar una risa y después gruñó porque la forma en la que ella se estaba moviendo sobre su regazo no le estaba haciendo ningún favor.

Ella se aclaró la garganta y se deslizó hacia atrás, saliendo de su regazo y parándose.

—Este lugar huele a calabaza ahora —dijo, girándose y entrando al baño. Salió un momento después con un puñado de toallas de papel.

Edward tragó con fuerza, tratando de despejar su mente y volver al presente.

—No tienes que hacer eso —dijo él, uniéndose a ella mientras ella se arrodillada junto al desastre.

Ella lo miró y alzó las cejas.

—No, supongo que no. Pero lo estoy haciendo de todas formas.

Él bufó, ayudándola a limpiar el desastre. Él aire entre ellos había cambiado otra vez. Estaba electrificado y sobrecalentado, y, demonios, él no podía pensar en otra cosa que no fuera tenerla en sus brazos otra vez. Tenía miedo de mirarla porque si lo hacía, su voluntad se quebraría…

Un golpe en la puerta justo junto a sus cabezas los hizo saltar.

—Oye, Edward, ¿estás ahí? ¿Quieres repasar el diálogo?

Edward cerró los ojos brevemente y se paró. Miró a Bella disculpándose y ella le dirigió una sonrisa pequeña, casi tímida, y se encogió de hombros. Él abrió la puerta.

—Oh. Hola, Bella —dijo Gianna, sus ojos yendo entre ambos. Edward se preguntó cómo se verían. Las mejillas de Bella estaban completamente rojas, sus ojos brillantes y su cabello desordenado. No podía imaginarse que él luciera mucho mejor—. Puedo volver más tarde.

—No, no —dijo Bella, mirando alrededor como si se estuviese olvidando algo—. Sólo estaba pasando el rato. Los dejaré trabajar.

—¿Estás segura? —preguntó Gianna. Ella lucía divertida.

—Sí. Edward justo me estaba diciendo que tienen nuevos diálogos.

Gianna bufó.

—Oh, lo sé, ¿cierto? Contrario a lo que todos creen, o al menos el idiota de ese director cree, no soy un robot. ¿No podríamos tener el fin de semana para memorizar esta mierda?

—Escuché que él es un poco difícil con eso —dijo Bella, dirigiéndole una sonrisa de apoyó—. Saldré de su camino así ustedes pueden trabajar.

—Realmente no tienes que irte —dijo Gianna—. Podrías ayudarnos si quieres.

—Nah. No es mi área, ¿sabes? Yo me ocuparé de las travesuras. Ustedes quédense con el papeleo. —Ella les guiñó un ojo.

—Está bien. La fiesta sigue en pie este fin de semana, ¿cierto?

—Por lo que sé. Es la fiesta de Alice, no mía, pero sí.

—Necesito un buen trago.

—Eso puedo prometértelo —dijo Bella con una sonrisa—. En fin, buena suerte. —Ella miró a Edward y él podía jurar de que sus mejillas se sonrojaron—. Te veré por ahí.

Después se fue, dejando a Edward distraído y confundido. Gianna se carcajeó.

—¿Qué? —preguntó él.

Ella le dirigió una mirada inocente.

—No dije nada. —Ella frunció el ceño—. ¿Por qué demonios huele como calabaza y café aquí?


*Cuando Edward le dice al asistente que quiere la experiencia completa y él le ofrece unas Uggs (que son esas botas que tienen peluchito, pueden googlearlas si no saben cuáles son), se refiere (según lo que pude goglear) que hay cierto estereotipo que dice que a las chicas blancas les gusta ir a Starbucks, tomar lattes y usas Uggs. Así que por eso la experiencia completa incluiría esas tres cosas.


¡Hola¡

Sé que tardó un poco más esta actualización, pero al menos ya estoy de vuelta...

¿Qué les ha parecido el capítulo? Sí, sí, sí... al fin se besaron, ¡y qué besos!

¿Me cuentan sus opiniones en los comentarios?

Gracias por los comentarios: lizdayanna, Yoliki, jupy, tulgarita, krisr0405, bbluelilas, Tata XOXO, pera l.t, Noelia, carolaaproboste.v, freedom2604, LicetSalvatore, Tecupi, terewee, LissaPattinsonCullen, Pili y Jane Bells.

¡Gracias por leer!