En la SS Tomoyo estaba en lo que antes era el dúo Terminal, antes de que fuera destruido. A su espalda apareció su compañero vizard. Se quedó mirando al cielo mientras su compañera estaba en cuclillas mirando al suelo.

- ¿Cómo está la cosa?- preguntó la vizard.

- La 12 y la 4 son las que más energía tienen en su parte de la barrera, la que menos es la 11 y la 7. El resto se la distribuyen como pueden quedándose más o menos de manera equitativa. Nosotros deberíamos reforzar la 12, la 4 y la 10 por igual y el resto aumentar lo suficiente el poder de la barrera para que no puedan colarse más hollows.

- ¿Por qué la 12, la 10 y la 4¿Qué tienen de especial?

- La 12 es un armero casi, está repleto de todo tipo de armas. La 4 es de los curadores, y la10 he encontrado un archivo extenso sobre kidohs y sus usos. Por ese motivo.

- Pues vale. Comencemos de una vez.- Tomoyo se extrajo del bolsillo de sus vaqueros ajustados negros un papel doblado en cuatro partes que mostraba un esquema aéreo del Seireitei.

- Recuerda lo que hemos dicho y las zonas a reforzar.

- Si, si, odio ocuparme de la defensa, lástima que para este kidoh necesitemos ser dos- refunfuñó la joven.

Ambos clavaron sus zampakutohs en la hoja y liberaron su reiatsu. Este se canalizó hasta la barrera que protegía el seireitei y se unió a ella, reforzándola y mejorándola. Todos los shinigamis miraron aquella extraña magia y se preguntaron si de verdad podían confiar en ellos. Pero, de todas formas, se verían obligados a hacerlo. Eran órdenes.

Los vizard terminaron el kidoh extraño justo cuando una nueva figura avanzaba hacia la corte de los espíritus puros. Una mujer oscura, de cabello castaño recogido en cientos de trenzas que le caían por debajo de los hombros. Vestía una simple camisa y unos pantalones marrones un poco descoloridos. Y de su cinturón, a la izquierda, colgaba una katana de forma casi vertical.

- Ha llegado- dijo Setsu.

- Ya lo he notado, le cortaran el paso, ve a saludarla Ichimura-kun- planteó Tomoyo con una sonrisa picara.

- La Dama de las Sombras.

- Esa broma no tiene gracia porque la mayoría no hemos leído La Torre Oscura, Ichimura-kun...

- Son muchas coincidencias. Su nombre, su aspecto, su carácter…

- Si, pero tiene las dos piernas. Ve a recibirla antes de que la paren como nos hicieron a nosotros.

Setsu asintió, neutral como siempre, y de un par de shumpas llegó hasta donde un grupo de shinigamis retenían a su recién llegada compañera. Este se acercó y les apartó con cuidado de su camino. Hizo una reverencia formal y saludo a la mujer.

- Encantado de volverte a ver, Dean-sama

- Tesoro, llámame Susannah- le respondió con una gentil y hermosa sonrisa.

- Es una vizard como mi compañera y yo mismo. Dejadla pasar.- dijo dirigiéndose a los shinigamis. Estos refunfuñaron antes de obedecer y apartarse de su camino. La pareja paseo un pequeño trecho sin hablar, hasta convencerse que nadie les escuchaba.

- Veo que ya habéis reforzado la barrera. Me alegro. ¿Qué resta por hacer?- preguntó Sussanah Dean.

- Tú y yo tenemos que encargarnos de la protección de los distintos distritos del rukongai. Yamada-kun se encargara de entrenar a los shinigami para que puedan hacer algo contra los arrancares. También buscara potenciales. De estos se encargaran los que lleguen más adelante.

- Entendido. Pues vayamos al rukongai. ¿Nos dividiremos para cubrir más terreno?- Setsu asintió- Ya veo, pues en marcha cariño, cuanto antes empecemos antes terminaremos- concluyo sin que la sonrisa abandonara sus labios.

Tomoyo, mientras tanto, estaba reunida con Yamamoto Genryusai por la siguiente fase de su labor. Este pensó la cuestión durante unos minutos y al final accedió.

- Una última cosa, no quiero solo shinigamis rasos, quiero oficiales y los capitanes más débiles también.

- Está bien. El capitán Hitsugaya Toushirou y los tenientes Abarai Renji, Hinamori Momo y Kira Izuru. Al resto no lo comprometeré.

- Me bastan.- la vizard se encaminó hasta la puerta. El comandante intercambio una rápida mirada con su teniente.

- No ha cambiado nada, sigue siendo tan creída y maleducada que hace 100 años, cuando la vimos por última vez.

-Y ya entonces era vizard.

Tomoyo llegó a una gran explanada en la que se habían reunido rápidamente todos los shinigamis a los que se iba a entrenar. La vizard les observó durante unos instantes y cabeceó. Cuanto debilucho. Ni los que son de la 11 parecen estar a la altura… Bueno, veamos si puedo obrar el milagro.