La pequeña niña de ojos grandes y verdes disfrutaba de sentarse frente al hermoso lago de cristal, recargando su espalda contra el tronco de un pequeño árbol y ver el reflejo del cielo en el agua, casi como si el propio cielo estuviera ahí abajo. Estando en ese sitio, parecía que nada era imposible. Si en ese lugar el cielo podía verse sin voltear hacía arriba¿Por qué tendríamos que pensar que algo en este mundo era imposible?
Esa era la forma de pensar de esa persona que la acompañaba, sentada a su lado bajo el mismo árbol, admirando el mismo reflejo. Los ojos entre violetas y azul de la joven reflejaban cierta inocencia que la otra siempre disfrutaba admirar.
- ¿Lo has hecho de nuevo Jury? – Preguntó la chica de cabello morado oscuro sin quitar su atención del lago frente a ellos. Su compañera rápidamente la volvió a ver con confusión.
- ¿A que te refieres? – Le preguntó la chica de ojos verdes.
- ¿Has vuelto a hacer otro milagro como el de la otra ocasión?
- ¿Otra vez con eso? – La joven suspiró ante la pregunta y bajó la mirada. – Ya te dije que no fue un milagro…
- A mí no me engañas… - Rió divertida la joven de ojos violeta. – Algún día yo también quiero lograrlo… algún día…
Al mismo tiempo que esos recuerdos venían a su mente, la joven de cabellos anaranjados veía a través de la ventana de la gran edificación en la que residía, admirando como las gotas de agua escurrían por el cristal y se perdían en el marco inferior. El cielo estaba completamente oscuro, y la lluvia caía sin cesar desde hace algunos minutos. Su recuerdo terminó con esas palabras que se repetían constantemente, "Algún día". Mientras las pronunciaba en voz baja sólo para sus oídos, la joven acercaba su mano izquierda hacía el colgante de oro que adornaba su cuello, un pequeño relicario con una rosa de adorno…
La Rosa Blanca
Capitulo 11: El Antiguo Milagro
El cielo permaneció nublado prácticamente todo el día, pero no había caído ni una gota desde la noche. Ya era viernes, pero no cualquier viernes, era el viernes anterior a la primera y temida semana de exámenes, que comenzaría justo el lunes. A lo largo de cinco días, se llevarían a acabo examen tras examen. Esto ponía nervioso a la mayoría, en especial para aquellos que eran de nuevo ingreso.
Con el día nublado y la hora de salida prácticamente sobre ellos, los alumnos de la secundaria Othori parecen estar algo ansioso. Varios de seguro irán a realizar alguna actividad ese día, ya que el fin de semana de seguro tendrían que ocupar su tiempo para estudiar.
Algunos alumnos en particular tenían otras preocupaciones además de los exámenes, entre ellos el coro de la secundaria. El domingo se iba a llevar a acabo un festival especial, cuya sede iba a ser justamente la academia. Iban a participar algunas escuelas y diversos grupos musicales, y se darían algunos premios al mejor grupo, al mejor solo, a la mejor dirección, entre otras cosas. Por esta razón el Salón de Música se hallaba muy ajetreado, con diferentes alumnos y alumnas yendo de un lado a otro.
Entre todos los chicos, sentada en el asiento frente al piano, se encontraba la única adulta, una mujer de cabello castaño oscuro, largo y sujeto con una coleta, que tocaba el piano con delicadeza al tiempo que una alumna de cabellos rubios cantaba a su lado al compás de la melodía que ella tocaba.
- ¿Quieres entrar al club de música? – Preguntó extrañada la mujer en el piano, volteando a ver con sus ojos oscuros a la chica que le hablaba, esto sin dejar de tocar ni un sólo momento.
Parada a su lado se encuentra una visitante, una chica del primer grado, de cabello castaño claro y ojos verdes. La chica había traído consigo los papeles que le habían dado en la dirección con respecto a su materia optativa.
- Sí. – Contestó algo nerviosa la chica. – Me dijeron que aún había algunos cupos…
La mujer desvió drásticamente su atención a la chica que cantaba del otro lado, dándole rápidamente unas indicaciones para que subiera su tono. Una vez realizada la indicación, se volvió hacía el piano.
- Bueno, así es. – Le contestó mientras tocaba. – Aunque ya la mayoría de los grupos especiales están formados… Además, ya van a ser los primeros exámenes señorita¿por qué te reportas hasta ahora?
- Hubo algunos problemas con mi ingreso profesora… - Intentó explicar la alumna de ojos verdes.
Sakura se sentía algo apenada. Las clases ya habían empezado hace más de mes y medio, y Sakura apenas había cumplido su segunda semana ahí. Aún así, apenas se estaba presentando para tomar su materia optativa. Parecía algo difícil de creer, en especial para Kero, pero en contra de todas las expectativas o predicciones, no había escogido algún deporte. Al final, ella había optado por el club de Música.
Posiblemente no había escogido el mejor día para ir a hablar con la maestra encargada. Todo el salón de música estaba en constante movimiento en esos momentos, y a pesar de que la mujer estaba ocupada en otras cosas, intentaba atenderla.
- ¡Sakura! – Escuchó de pronto que una voz familiar pronunciaba su nombre entre todo el alboroto. Lentamente se giró hacía atrás, encontrándose como lo esperaba con el rostro blanco de su amiga Tomoyo. – ¿Qué haces aquí?
La joven de ojos azules se le acercó sonriente. Por su parte, la maestra dejó de tocar el piano. Le dijo algunas cosas a la alumna rubia, que después se inclinó hacía adelante como agradecimiento y se retiró.
- ¿La conoces Daidouji? – Preguntó la maestra, poniéndose de pie.
- Sí maestra. Es mi amiga Sakura, también es de Tomoeda.
- ¿Enserio, eso no lo sabía. – La profesora centró sus ojos negros sobre Sakura. La alumna comenzó a sentirse algo incómoda ante su mirada. – Bueno, me estaba diciendo que acababa de escoger Música como su materia opcional.
- ¿Enserio! – Tomoyo se giró rápido hacía su amiga, con un singular brillo de alegría en los ojos. – ¡Eso es fantástico Sakura, ahora podremos estar juntas incluso después de clases…
- Sí, eso creo… - Intentó decir Sakura, algo asustada por la emoción de compañera.
- No te emociones tanto Daidouji. – Comentó la maestra. – Las prácticas del coro no están siempre relacionadas con el resto de los grupos. – La mujer se volvió de nuevo a Sakura. – Bueno señorita… normalmente no debería aceptar a una alumna después de casi dos meses, pero bueno, si es una orden de la dirección no puedo hacer nada al respecto. Yo soy la maestra Sasaki encargada del área de música. En este club se imparten algunas clases en general para todos aquellos que eligieron Música, pero a su vez hay alumnos que se especializan en un instrumento en especial o en el canto, y llevan una práctica diferente. Por ejemplo, Daidouji está en el coro.
- ¿Y debo de elegir algún instrumento…?
- ¿Has tocado alguno en el pasado?
Sakura meditó un poco antes de contestar la pregunta. No era precisamente buena en el canto, no se podía igualar nunca a su amiga. Posiblemente el único instrumento que había tocado era la flauta…
- ¿No tenías un piano en tu casa Sakura? – Le comentó Tomoyo, devolviéndola por unos momentos a la realidad.
- Sí, pero yo nunca aprendí a usarlo bien. Mi hermano sabía tocar alguna melodías, pero yo sólo he tocado el piano en una ocasión creo…
La joven recordaba que ese piano rara vez era tocado en su casa, en especial desde la muerte de su madre. Su padre y su hermano decían que ella acostumbraba tocarlo, pero ella la verdad no recordaba ninguna ocasión en que la hubiera oído, posiblemente porque era muy pequeña. Su hermano sabía tocarlo, pero no estaba segura de que tanto. La única vez que ella se animó a tocar el piano, no había sido el de su casa, pero lo había tocado gracias a su amigo Eriol, quien le enseñó una hermosa melodía, la cual la usó como un regalo para sus Cartas. Eso ya había sido hace más de un año.
- En la primaria tocábamos la flauta. – Contestó Sakura después de un rato.
- ¡Es cierto, casi lo había olvidado. – Exclamó Tomoyo al recordar lo mismo que su amiga.
- ¿Flauta¿y que tan buena eras? – Preguntó con seriedad la maestra Sasaki.
- Bueno, no mucho… pero la clase de música me gustaban mucho…
La maestra alzó su cabeza un poco, y guardó silencio mientras pensaba profundamente en algo. Sin bajar la mirada ni un momento, comenzó a caminar hacía un lado del salón. Sakura y Tomoyo la siguieron con la vista.
La profesora de música comenzó a buscar algo en unos estantes. Después de unos segundos, se volteó hacía ambas chicas, trayendo en sus manos una caja larga de color blanco.
- ¿Has tocado algo como esto? – Le preguntó a Sakura al tiempo que abría la caja para mostrar su contenido.
Adentro de la caja, puesto sobre un material rojizo de apariencia acolchonada, se encontraba un objeto largo, de un color metálico. Sakura se dio cuenta de que se trataba de una flauta, con agujeros para los dedos, y su forma era casi como la de una obra de arte.
- ¡Es hermosa! – Exclamó la hechicera tras contemplarla durante algún tiempo. – Pero no es como las que tocábamos en la escuela.
- Lo supuse. – Mencionó divertida la maestra. – Este tipo de flauta es diferente a la que normalmente utilizan en las primarias. Como ves, tiene la boquilla en un costado, en lugar de un extremo, pero las bases para su uso con prácticamente las mismas. Tiene dieciséis agujeros a lo largo de cuerpo, y está hecha de un material metálico en lugar de madera. Es conocida como Flauta Travesera. ¿Te gustaría aprender a tocarla?
- Sí. – Exclamó ferviente la joven castaña.
- Bien…
La maestra cerró drásticamente la caja y regresó al lugar de donde la había sacado, guardándola de nuevo. Para cuando la maestra se volvió hacía ellas, llevaba en sus manos otros dos objetos diferentes. Uno de ellos era una flauta, también con la boquilla en un costado de su cuerpo, pero elaborada totalmente de madera a diferencia de la otra. El segundo objeto era un libro, de pasta azul con unas letras amarillas en la portada.
- Por lo pronto te prestaré ésta de madera para que practiques y este libro. – Informó la mujer, entregándole ambas cosas.
Sakura contempló la flauta de madera que le acababan de dar por unos instantes. En parte era similar a la que usaba en la primaria, pero era algo más larga, y además tenía la misma característica de que no se tocaba de un extremo.
- Los horarios de las clases están en la pizarra afuera del salón. – Le informó la maestra al tiempo que regresaba al piano. – No tengo mucha tolerancia con los retrasos¿de acuerdo?
- Sí, está bien. – Afirmó la joven apenada, interpretando que de seguro hacía referencia al hecho de que se había inscrito tarde al curso.
Un par de alumnas se le acercaron rápidamente a la profesora, lo que de inmediato llamó a su atención.
Sakura contempló de nuevo el instrumento en sus manos y luego vio el libro que le había prestado. El título era "Bases de la Flauta". De seguro era una guía general para aprender a tocarla, aunque ella ya había tocado flauta en el pasado.
- ¿Crees que pueda aprender a tocarla Tomoyo? – Le preguntó con algo de preocupación a su antigua compañera de primaria.
- Por supuesto que sí Sakura. – Le afirmó que su habitual júbilo. – Tú puedes lograr todo lo que te propongas, y tú lo sabes…
- Daidouji… - Llamó de pronto la maestra Sasaki desde el asiento del piano. – Ven aquí un momento.
- Enseguida voy. – Contestó con afabilidad la joven de cabellos oscuros. – Sakura, Espérame unos minutos y nos vamos juntas¿sí?
- Sí. – Contestó Sakura, al tiempo que su amiga iba hacia donde estaba la maestra. Sakura por su parte salió unos momentos al pasillo.
Después de terminar con algunos asuntos que tenían que ver antes del festival, Tomoyo se despidió de su maestra y de sus compañeras, para no hacer esperar más a su amiga Sakura.
Ambas chicas comenzaron a caminar juntas en dirección a la salida de la escuela. Kotori se había ido temprano, y Sakura se había quedado para arreglar el asunto de su materia optativa. Había pensando que se tendría que regresar sola, pero no fue así ya que se encontró con Tomoyo, quien también estaba arreglando otros asuntos.
- ¿Esa señora es la maestra que Mikki dijo que era la única que entendía el arte o algo así? – Comentó Sakura, haciendo memoria con respecto a la plática que había tenido algunos días atrás.
- Sí, ella es la maestra Sasaki. – Le contestó Tomoyo sonriente.
A simple vista a Sakura la maestra le había parecido algo exigente. Era aún muy pronto para juzgarla, pero al parecer no le había gustado del todo que se hubiera presentado tan tarde. De seguro en esos momentos la profesora tenía una muy mala imagen de ella. Pero la joven castaña prefirió no pensar más en eso y tocar otro tema. Al recordar la plática con Mikki en la cafetería, también recordó como surgió el tema de la maestra en aquella ocasión. Mikki había comentado que a Tomoyo le habían asignado un solo en un festival que estaba apunto de suceder.
- El domingo es tu presentación¿Cierto? – Preguntó Sakura luego de recordarlo.
- Así es. – Comentó Tomoyo. – ¿Podrás asistir, al siguiente día comienzan los exámenes.
- Eso no importa. No me perdería de ninguna manera el verte cantar.
- ¡Eso me da mucha alegría! – El rostro de la chica de ojos azules se adornó con una gran sonrisa y sus ojos volvieron a brillar como antes. – Y ya que irás, aprovecharé para presentarte a alguien.
- ¿A quién? – Preguntó algo extrañada la chica de ojos verdes.
- A un nuevo amigo que hice hace poco.
- ¿Un amigo?
- El domingo lo sabrás… - Tomoyo rió divertida, mientras Sakura no entendía muy bien la diversión.
Ahora recordaba que Tomoyo ya le había comentado sobre un nuevo "amigo" que había hecho, pero hasta ese día nunca lo había visto, ni siquiera sabía su nombre. Sakura no podía evitar tener curiosidad sobre quién sería ese misterioso amigo.
- ¿Y estás lista para los exámenes? – Cuestionó la joven Daidouji cambiando el tema repentinamente.
- Sí, bueno eso creo… Además, Mikki me ha sido de mucha ayuda con el estudio, y no creo tener problemas.
En cuanto los labios de la hechicera mencionar el nombre del chico de cabellos azules, el rostro de Tomoyo se apagó lentamente. Como por arte de magia, su sonrisa se esfumó, al igual que el brillo de sus ojos. La joven desvió su mirada hacía abajo, mientras seguía caminando.
- Hablando de Mikki… ¿Cómo están tus heridas? – Le preguntó a su amiga sin voltear a verla.
Sakura se sorprendió un poco ante la nueva postura tan extraña que había tomado su amiga. Como lo había prometido hace unos días, le había contado todo lo ocurrido en su último duelo, incluyendo que había sido contra Mikki y la herida que había recibido. Como lo esperaba, Tomoyo se había preocupado mucho por ella, y aunque intentara tranquilizarla, sabía que su amiga seguiría pensando en ello.
En esta ocasión no había recibido muchas heridas, pero la de su costado izquierdo había sido muy grave. Por suerte, al parecer Mikki poseía ciertos poderes curativos, magia de curación que servía para aliviar heridas y demás. Sin embargo, esta magia tenía sus límites y no era capaz de curar por completo a una persona. Se podría decir que más bien ayudaba a que el cuerpo sanara rápido. En ese momento ya se encontraba totalmente bien, a excepción de la última herida que había recibido. Además de que era algo grave, Mikki había usado cierta magia en su espada para realizarla, y al parecer las heridas hechas con magia eran más complicadas de curar. Aún así la magia curativa del chico había ayudado a que la herida no se complicara y su vida no corriera ningún peligro, y eso en parte era un gran logro.
- No te preocupes. – Comentó Sakura, intentando sonreír para no preocuparla más. – Gracias a los poderes Mikki me encuentro bien… - La joven se detuvo unos momentos y bajó la mirada. – Es extraño, pero también parece que mis poderes mágicos de alguna manera están ayudando a que mis heridas se curen más rápido que antes, o al menos eso dice Kero. Mi brazo ya está prácticamente bien… - De pronto, inconscientemente la joven dirigió su mano derecha hacía la región en la que había recibido la última estocada. Aún bajo su uniforme llevaba un vendaje sobre la herida. – Pero la herida de mi costado fue más grave, y aún no cicatriza del todo.
- No debiste haber venido a la escuela estos días. Debiste de reposar la herida hasta que cicatrizara bien.
- No, estoy bien. – Exclamó Sakura, recuperando de nuevo la alegría. – Además no me puedo dar el lujo de faltar a clases en estos momentos. Pude haber recibido un daño más grande tras ella, pero gracias a la magia de Mikki parece que no pasará a mayores.
- Considerando que fue él quien la provocó… - El comentario de Tomoyo fue acompañado de un cierto resentimiento oculto entre las palabras. Sakura se extrañó de escuchar ese tipo de cosas dichas por su compañera.
- ¿No me digas que tú también te pondrás en su contra Tomoyo, Kero prácticamente ya lo marcó de su enemigo declarado, en parte por haberme hecho esta herida, y también porque lo derrotó en los videojuegos. – Sakura intentó reír un poco ante el último comentario, pero al parecer Tomoyo no lo compartió.
Sakura se sintió incomoda. Comenzó a pensar que talvez no había sido buena idea el contarle lo ocurrido a Tomoyo. Además de que la había preocupado, parecía que ahora Tomoyo no veía con buenos ojos a Mikki, posiblemente enojada por lo que le hizo. Kero no era tanto problema, desde que le puso los ojos encima no le había agradado. Pero se veía que la joven Daidouji y él eran amigo, o al menos se llevaban bien, y posiblemente ahora Tomoyo le dejaría de hablar o algo parecido. Esperaba que no fuera así, ya que Tomoyo no era esa clase de persona.
Por otra parte, tal vez tampoco hubiera sido bueno que se lo ocultara. Después de todo le había hecho una promesa, de que pasara lo que pasara se lo contaría todo a ella, y no sería correcto el romperla. Tenía la esperanza de que todo eso no se fuera a mayores.
En el transcurso de su caminata, ambas chicas pasaron por enfrente del gimnasio de la Academia. Desde su interior surgían varios sonidos, voces y algunos gritos. Sin embargo, justo cuando pasaban por la puerta abierta del lugar, un sonido paralizó por completo a Sakura, de tal manera que se paró de golpe. Era el sonido similar al de dos objetos metálicos chocando. Pero Sakura en esos momentos pareció reconocer exactamente de lo que se trataba.
Lentamente se giró hacía su diestra. En el interior del gimnasio había varios alumnos, admirando lo que ocurría en medio de todos. Sobre una plataforma azulada, se encontraban dos personas, vistiendo un traje de color blanco y verde claro que les cubría por completo todo el cuerpo. En el rostro usaban una careta blanca que les cubría por completo toda la parte delantera de la cabeza. El sonido que había escuchado era justo el que ella creía: el choque de dos espadas, tal y como lo había escuchado en la arena las últimas ocasiones. Ambos estaban practicando con sus espadas, intentando tocar al contrario.
- ¿Qué está pasando? – Preguntó algo sorprendida Sakura sin quitar sus ojos de ambos.
- Parece que el club de esgrima empezó temprano su práctica. – Comentó Tomoyo.
- ¿Club de esgrima?
Había escuchado hablar de la esgrima de competencia, la esgrima que se enseña en las escuelas o salones de armas con el propósito de competir. Había visto algo sobre ello en la televisión, pero nunca había visto de frente a dos esgrimistas. Sin pensarlo en verdad, ambas chicas se acercaron, juntándose con el resto de la multitud que miraba el combate.
Con un último toque, uno de los dos se colocó como ganador. La pelea se detuvo, acompañada de una serie de aplausos del resto del grupo y de algunos espectadores. El perdedor del combate hizo un gesto de respeto hacía su adversario y luego se retiró, siendo suplantado por otro retador que portaba el mismo traje.
Sakura miraba con curiosidad los movimientos que realizaban las personas en el área. Sentía como algo la llamaba a ver eso. Lo más seguro es que tuviera que ver con los duelos que había tenido en la arena, pero no estaba segura de por que ello provocaría ese sentimiento. Tomoyo notó la expresión atenta de los ojos de Sakura al ver el duelo frente a ella. La joven posó sus ojos azules en el mismo lugar.
- ¿Así son los duelos en los que te enfrentas Sakura? – Preguntó Tomoyo en voz baja para que nadie más que ella lo oyera.
- No… no son así…- Fue la respuesta corta de la chica.
No era como los duelos que ella había tenido, no se le comparaban. Aquí los oponentes usaban una protección, y se veía a simple vista que sus movimientos y su área de acción estaban limitados por reglas o normas. Los duelos que se llevaban en la arena no eran para nada parecidos.
Una vez más, la misma persona que había ganado el duelo anterior alcanzó al adversario dándole tres toques, y el desafío terminó. Una vez más el triunfo fue celebrado por varios aplausos.
- ¡Sakura-san¡Daidouji-san! – Escuchan de pronto Sakura y Tomoyo que alguien las llamaba.
Al ver a las dos en el gimnasio, Mikki se apartó del lugar en el que admiraba los duelos y se les acercó con una sonrisa. Al mismo tiempo, otro retador tomaba el lugar adecuado para pelear con el ganador. El chico de cabellos azules usaba el mismo traje blanco y verde claro que usaban el resto de los miembros del club, y llevaba su careta debajo de su brazo izquierdo.
- ¡Es Mikki! – Exclamó Sakura al verlo. El chico se paró frente a ambas, saludándolas con amabilidad.
- ¿Cómo están?
- Bien, gracias. – Contestó Sakura con cortesía, pero Tomoyo pareció no decir nada por unos instantes.
Mikki notó que Tomoyo lo veía con cierta seriedad. Luego de unos segundos, regresó el saludo, pero se notaba cierta inconformidad en su voz al momento de decirlo. Mikki ya había notado que Daidouji se portaba muy extraño con él en los últimos días, pero él sabía muy bien a que se debía.
- Ahora recuerdo que tú estás en el Club de Esgrima. – Comentó Sakura, haciendo de nuevo memoria.
- Sí, aunque no soy tan bueno como algunos. – Comentó el chico, volviéndose hacía la ojos verdes. Al regresar la atención hacía Sakura, notó el objeto alargado de madera que sobresalía de su mochila. – ¿Y esa flauta?
Al escuchar la pregunta, Sakura volteó rápido hacía el lugar en donde había guardado el instrumento. No se había dado cuenta de que había quedado hacía afuera.
- Me la prestó la maestra de Música. – Contestó la joven, sacándola por unos momentos.
- ¿Escogiste Música como extracurricular? – Los ojos de Mikki se llenaron de asombro al oírlo. Últimamente todo el mundo reaccionaba de alguna manera singular al momento de que se enteraban de ello.
- Sí… espero poder aprender.
- No te preocupes, no es tan difícil como crees.
Mikki sintió una mezcla de sentimientos. En parte le agradaba la idea de que hubiera elegido incursionarse en la música, nadie más que él conocía la belleza que se podía encontrar por medio de su práctica, no importaba con que instrumento lo hiciera. Por otro lado, en el fondo deseaba que Sakura se uniera al club de esgrima. Tenía algunas habilidades que había visto durante su duelo y que le hubieran servido mucho en ese club. Además de que practicando esgrima, tal vez no tendría tantos problemas en los Duelos por la Doncella de Blanco, pues él sabía que las cosas no se iban a poner más fáciles para ella, sino todo lo contrario.
Mikki fue sacado de sus pensamientos, al escuchar los aplausos y los gritos de la multitud tras decidir el ganador de otro desafío. Era el mismo peleador de las otras veces, y una vez más había ganado. Mikki sonrió para si mismo mientras lo veía.
- ¡Ese chico ha ganado todos los duelos! – Exclamó sorprendida Tomoyo.
- No es un chico. – Comentó divertido el joven Kaoru.
Una vez que el retador se retiró de la pista, ningún otro tomó su lugar. El ganador de los últimos asaltos acercó su mano izquierda hacía la careta con la intención de retirarla. Lo primero que se asomó por debajo de ella fueron los largos cabellos anaranjados que salieron hacia el exterior en cuanto fueron liberados. Fueron seguidos por la piel clara de su rostro y por último los grandes ojos verde oscuro.
Sakura se sobresaltó al verla. Era una chica, aparentemente de tercer grado, pero no era cualquiera. Sakura ya la había visto antes, la misma noche en la que conoció a Mikki en el Salón de la Luna.
Touga caminó hacía el frente, parándose en medio de ambos. Llevó sus manos hacía atrás de su espalda y luego se giró hacía las dos jóvenes.
- Kinomoto Sakura… - Comenzó a decirle con una sonrisa. – Déjame presentarte al resto del Consejo Estudiantil...
- Yo soy Arisugawa Jury, capitana del Equipo de Esgrima. – Mencionó la joven de anaranjado.
- Yo soy Kaoru Mikki, miembro del Equipo de Esgrima, pero también participó en ocasiones con el Club de Música. – Agregó inmediatamente después el chico de azul.
- Yo soy Touga Kiryuu, miembro del Club de Kendo, y Presidente actual del Consejo. – Comentó por último el chico vestido por completo de blanco. – Aunque tú y yo ya nos habíamos presentado antes.
- Mucho gusto. – Respondió Sakura, tratando de ser amable, aunque en el fondo no podía ocultar su sorpresa o reacción. – ¿Todos ustedes son…?
- ¿Duelistas? – Interrumpió la joven de cabello naranja, y de inmediato alzó su mano izquierda, mostrando sin problema la sortija con el Sello de la Rosa en ella. Sakura se quedó impactada al ver de nuevo a una persona con ese objeto…
- ¡Esa chica! – Exclamó sorprendida la joven castaña en voz baja. Ella también era miembro del Consejo Estudiantil, y sino mal recordaba también usaba la misma sortija del Sello de la Rosa… por lo tanto era otro Duelista.
- Jury Arisugawa… la capitana del club. – Mencionó Mikki al notar la expresión en el rostro de Sakura.
Alumna del salón 3-A, miembro activo del Consejo Estudiantil, capitana del equipo de esgrima, hermosa, elegante e inteligente, esa era la famosa Jury Arisugawa. Por lo menos en su club, no existía algún espadachín que la derrotara. Sus habilidades con la espada, y con casi todo lo que hacía, la hacían temida y respetada. La apodaban "El Príncipe", ya que decían que aunque era tan elegante y hermosa como una princesa, su fuerza y determinación la hacían más bien parecer un príncipe.
Era sabido por algunos que no era originaria de Hooshi. Al igual que Mikki, venía de otra ciudad, pero no todo sabían de qué ciudad era.
- ¿Qué sucede¿No hay nadie más que quiera retarme por hoy? – Preguntó con elocuencia la capitana dirigiéndose hacía los miembros del club.
Todos los miembros del club se miraban las caras, esperando encontrar a algún valiente que se atreviera a retar al Príncipe, después de que había derrotado a cinco retadores seguidos sin recibir ni un toque. Ese día en especial la capitana parecía estar con más energías que nunca. Entre los miembros del club era sabido que normalmente la capitana comenzaba a pelear de esa manera tan extraordinaria cuando se acercaba una competencia "importante", pero hasta donde ellos sabían ese no era el caso, o al menos eso creían...
Jury suspiró decepcionada al ver la poca participación de sus chicos. Aún no se sentía conforme como para dejar su entrenamiento. Comenzó a recorrer el sitio con la vista buscando a Mikki, de seguro él estaría dispuesto a pelear con ella, después de todo era el único que le seguía el ritmo. Los ojos de la joven encontraron a la persona que buscaba, pero al hallarlo también se posaron en algo más interesante: la chica de cabello castaño que lo acompañaba.
No estuvo segura al principio en cuanto la vio, pero luego se dio cuenta de que se trataba de la Nueva Rosa, la chica Kinomoto. Jury sonrió satisfecha ante las casualidades de la vida; justamente estaba pensando en esa persona…
- ¿Qué tal tú? – Preguntó la joven en el área, extendiendo su brazo hacía el frente para apuntar a la chica con su espada.
Sakura se sintió intimidad al sentir la punta del arma y los ojos de la capitana señalando hacía ella al mismo tiempo.
- ¿Yo! – Preguntó exaltada. Mikki también compartió esa reacción¿en qué estaba pensando Jury?
- Por supuesto. – Afirmó con cierta burla la chica de ojos profundos y verdes. – ¿O acaso me dirás que nunca has hecho algo como esto?
- ¡Jury-san! – Gritó sobresaltado Mikki al escuchar esas palabras.
La capitana se le quedó contemplando por un largo rato, esperando alguna respuesta. Mikki intentaba decir o hacer algo. No era posible que Jury sugiriera algo como eso. Posiblemente se trataba de algún tipo de provocación o algo similar.
Al mismo tiempo, el resto de los presentes se extrañó por completo de lo que ocurría. No entendían porque la capitana del club retaba a una persona de entre la multitud, y en especial a esa chica que prácticamente nadie había visto antes. Por unos momentos todo el lugar se sumió únicamente en mormullos.
Mientras todos tenían su atención puesta en la pista y en la chica que había recibido ese extraño desafío, en la parte superior del gimnasio, donde algunos espectadores veían desde ahí los partidos y competencias, unos pasos se acercaban al barandal de dicha parte, hasta que la vista de aquella persona tuvo completa apreciación de lo que ocurría. Su mano izquierda se alzó lentamente, colocándose sobre el brandal. En ese momento se ve que el dedo anular de la mano izquierda era adornado por una sortija de color negro, con un sello azul oscuro.
- ¡Si ella no acepta, yo lo haré con gusto! – Se escuchó en todo el gimnasio que una voz gritaba desde las alturas.
Los ojos de Jury se abrieron por completo en cuanto percibió esa voz. Pareció quedarse congelada por unos segundos antes de poder reaccionar por completo. Las miradas de todos los presentes se giraron de golpe hacía el lugar de donde provenían esas palabras. Después de unos segundos de no hacer nada, la joven de cabellos naranja se giró rápidamente hacía la misma dirección que el resto de los presentes.
Sus ojos verdes se posaron de golpe ante aquella persona. Mirándola fijamente desde lo alto, se encontraba una joven, de unos quince o dieciséis años, que aparentemente era una alumna, pero no vestía el uniforme. Su cabello era de un tono entre morado y rojo oscuro que le llegaba hasta los hombros. Sus ojos eran entre violeta y azul, con una expresión ladina en ellos que casi daba miedo. Vestía un traje de color marrón oscuro, que a simple vista era muy similar en apariencia al traje que usaban los miembros del consejo. Consistía de un saco largo que le llegaba por debajo de las rodillas como el de ellos, pero en lugar de ser de blanco era de un color marrón oscuro, con el mismo adorno dorado en las hombreras. Llevaba además unos pantalones blancos y unas botas altas de color negro.
A su lado se encontraba otra persona, aunque permanecía unos pasos atrás de ella. Era una joven, aparentemente de unos trece años, de piel ligeramente morena y cabello corto en un tono púrpura claro, casi blanco. Sus ojos eran grandes en un verde esmeralda. Ella si vestía el mismo uniforme que el resto de las alumnas. Aún así, la atención de todos estaba puesta en la chica que se encontraba hasta el frente.
- ¡Es Takatsuki del club de pintura! – Exclamaron algunos en el gimnasio. – Y también es miembro del Círculo de la Rosa Negra¿o no?
- "¡Oh no!" – Pensó preocupado el joven Kaoru, más preocupado que sorprendido.
Sakura y Tomoyo también habían volteado a verla. Las jóvenes de Tomoeda se extrañaron ante la nueva presencia. En parte llamaba la atención el traje que poseía, diferente al uniforme y similar al que usan los miembros del Consejo Estudiantil, pero no era el mismo traje, y además se suponía que la única mujer del consejo era precisamente Arisugawa Jury, por lo que esa chica en definitiva no era del consejo¿entonces quién era?
- "¿Quién es esa persona?" – Se preguntaba Sakura mientras la admiraba.
La expresión de Jury al observar a esa persona se tornó algo dura. Ambas chicas se miraban fijamente la una a la otra, como si incluso a su distancia ya estuvieran peleando. Mikki notó que esto podría desencadenarse en algo muy peligroso, por lo que decidió actuar antes de que algo malo pasara.
- ¡No¡Espero Jury-san! – Dijo en voz alta el chico de cabellos azules, al tiempo que se aproximaba rápidamente a la arena. – Yo pelearé contigo las veces que desees…
La mujer del traje marrón desde su posición miró de reojo al chico de ojos azules, y luego miró con indiferencia a Sakura, que estaba parada entre la multitud, como si estuviera viendo algo totalmente insignificante. Jury por su parte, no apartó sus ojos de ella ni un momento, ni siquiera teniendo a Mikki a su lado.
- No… está bien… - Comentó la capitana de pronto, comenzando a desviar su atención hacía otro lado. – Comencemos con la práctica.
Todos los miembros del club de Esgrima se pusieron de pie y se dispusieron a obedecer a su capitán. Una vez terminado los enfrentamientos, varios de los espectadores comenzaron a retirarse. Por su parte, aquella joven que estaba en la parte superior del gimnasio, pareció insatisfecha ante el resultado.
- Andando Mamiya. – Ordenó la joven mientras comenzaba su marcha.
- Sí señorita… - Contestó la chica de piel morena que estaba a su lado, siguiéndola por detrás.
Mikki suspiro aliviado al ver que la chica de ojos violeta se retiraba y Jury parecía tranquilizarse. Antes de unirse al resto de su grupo, se acercó a Tomoyo y Sakura, mientras ésta última parecía tener la mirada perdida en el suelo.
- Siento eso. – Les comentó Mikki estando frente a ellas.
- ¿He?... Descuida. – Contestó apresurada la joven, volviendo a la realidad.
- Y dime¿sabes tocar bien la flauta Sakura?
- Un poco. Aún recuerdo lo que aprendí en la primaria, pero en realidad nunca fui muy buena… creo que ya te lo había comentado.
- Si lo deseas puedo ayudarte hoy con tu práctica de flauta, así podrías comenzar a practicar después por tu cuenta.
- Gracias, pero no tienes que molestarte…
- No es ninguna molestia. – Mikki rió ante el comentario de la joven Kinomoto. – Iré después de la práctica si no te molesta, además de que no tengo planes para esta tarde.
Uno de los miembros del club llamó al chico por su nombre, lo que le indicaba que tenía que unirse a la práctica. Sin decir más, el chico se retiró del sitio. Mikki ya se había tomado muchas molestias en ayudarla, y no le agradaba que ahora también la ayudara en la flauta. Posiblemente se seguía sintiendo mal por el duelo. Se veía a simple vista que era muy diferente al capitán Sainoji.
Tomoyo había estado en silencio todos esos momentos. Una vez que todo se calmó, volteó a ver extrañada la singular sonrisa que surgió en el rostro de Sakura. La joven de ojos azules bajó un poco la mirada, pero después de unos segundos no pudo evitar alzarla de nuevo en dirección al lugar en el que estaban paradas aquella chica de traje marrón y también la otra persona que la acompañaba. Sin embargo, para cuando volteó hacía ahí, ambas habían desaparecido.
No sabía porque, pero había sentido algo extraño al verlas…
La chica de cabello morado salió del gimnasio y comenzó a caminar por los jardines de la escuela. La joven de cabello claro la seguía sin pronunciar ni una sola palabra. En ese momento, la joven que iba hasta adelante se paró de golpe y alzó su cabeza. Un par de pájaros pequeños con plumajes rojos sobrevolaban por encima de ella. Una sonrisa alegre surgió de sus labios y alzó su mano izquierda hacía ellos.
Como por arte de magia, uno de los pájaros bajó hacía ella y se posó sobre sus dedos. La joven bajó su mano y comenzó a acariciar a la pequeña ave. La otra ave pareció seguir a su compañero, y lentamente se posó sobre el hombro izquierdo de la joven.
- Hola pequeños. – Dijo la chica con dulzura. – ¿Qué hacen fuera de sus casas¿no ven que dentro de poco va a llover?
Las aves parecían estar en total confianza con esa chica, como si se tratara de un animal más. La joven por su parte, parecía arreglárselas para hacer que no huyeran de ella. Su acompañante la observaba unos pasos alejadas, con una expresión seria en el rostro. De pronto, la joven morena se gira hacía atrás al escuchar unos pasos cercanos. La otra parece no notar a esa tercera persona, hasta que su voz se hace presente.
- Los pájaros parecen quererte. – Escucha de pronto que una voz firme pronuncia a sus espaldas. La joven de marrón sonríe y voltea a ver de reojo por encima de su hombro izquierdo.
Tal y como le esperaba se trataba de esa persona, un chico alto de complexión delgada, de cabello en un tono rosa blanco, y vestimenta prácticamente igual a la suya, pero su saco era de color azul. Souji Mikage, el miembro principal del Círculo de la Rosa Negra.
- Siempre tuve facilidad con los animales, aún desde pequeña. – Le comentó la joven a su vez, girándose de nuevo hacía el ave en su mano. Después de unos segundos, alza de nuevo su brazo, haciendo que ambos pájaros salieran volando.
La joven de cabellos morados se sentó a la sombra de uno de los árboles cercanos, mientras el recién llegado permanecía de pie recargado en uno de los lados del tronco. La tercera persona, la chica de cabellos claros, estaba alejada, viendo a lo lejos a un grupo de chicos que jugaban en la cancha de soccer.
Los ojos violeta de la joven sentada reflejaban cierta sorpresa al tiempo que se posaban sobre esa foto que le había entregado Mikage, en la cual aparecía una única persona vistiendo el uniforme femenino de la Academia.
- ¿Es ella? – Preguntó extrañada la chica sin quitar sus ojos de la foto.
- Se llama "Kinomoto" del salón 1-B de Secundaria. – Informó el chico de azul, teniendo su mirada puesta en la joven de piel morena a lo lejos.
Por su parte, la alumna de traje marrón observó por unos instantes más la foto, como intentando asegurarse de que era la persona que ella creía.
- Sí, la acabo de ver justamente el día de hoy. – Comentó con seriedad. – Casi tiene un encuentro con Jury en el gimnasio, pero no se dio. No creí que se tratara de ella, no viste como el resto.
- Se incorporó tarde a las clases. Además, aunque sea una Rosa Blanca, no creo que la vayan a incluir como parte del consejo, o al menos no por ahora.
- Honestamente a simple vista me pareció una chiquilla tonta e insignificante. – Comentó la joven con cierta diversión.
- Tal vez lo sea, pero tú más que nadie debería de saber el no dejarse llevar por las primeras impresiones. Además, en el duelo que vi demostró tener algunos poderes prometedores.
- ¿Prometedores dices? es extraño que hables así de una persona Mikage. Debe de ser buena.
- No te ilusiones mucho.
La joven rió divertida ante la actitud de su compañero. En efecto él no era la clase de persona que acostumbraba decir con frecuencia comentarios buenos sobre los demás. De seguro había visto algo especial en esta chica para que ameritara ese comentario. Después de todo tendría que tener algo especial para en esos momentos ser el Príncipe de Blanco, y eso ella lo sabía mejor que nadie…
- Así que esta chica le ganó al Capitán Sainoji del Equipo de Kendo. – Comentó divertida admirando la foto. – ¿Qué tal le habrá caído eso a su ego?... Y bien¿Cuándo la comenzaremos a retar? Supongo que no querrás ser el primero en hacerlo.
- Por el momento no lo haremos. – La respuesta del chico la dejó sorprendida. Él por su parte no esperó a que ella le dijera algo y pasó a explicarse. – En estos instantes Himemiya y yo estamos haciendo una investigación en torno a esta chica.
- ¿Y eso para qué?
- Sólo quiero estar seguro de algo antes de que comencemos a participar en los Duelos por la Doncella de Blanco. No nos tomará mucho. Además, recuerda que aún faltan tres Rosas Negras en florecer.
- ¿Y si en el transcurso del tiempo en el que ustedes hacen eso alguien como Jury gana a la Doncella?
- Si eso pasa seremos los primeros en retar al nuevo poseedor.
Una vez la joven de cabellos morados rió ante las palabras del chico. Era espectacular ver como todo lo pensaba con tanto cuidado en tantas ocasiones, pero había otras donde las cosas las tomaba tan a la ligera y sin la menor importancia. Era un misterio para ella cual era la jerarquía de prioridades para el cabecilla del círculo de la rosa negra.
- Como quieras entonces. – Agregó al tiempo que se ponía de pie. – Tú sabes que haré lo que me pidas Mikage. Pero si esa mocosa me llega a molestar en algún momento, no me contendré las ganas de practicar con ella.
- Asegúrate que eso sea en la Arena. – Comentó él, volteándola a ver reojo.
- Por supuesto.
El chico sonrió con ligereza y volvió su atención al frente, mirando la cancha de soccer. Algunos alumnos se movían de un lugar a otro en ella, intentando robarles el balón a sus adversarios. Por unos instantes permaneció en silencio muy pensativo.
- La verdad es que me parece que ya he visto a esta chica antes. – Mencionó de pronto, prácticamente de la nada.
- ¿A sí¿En dónde? – Preguntó su acompañante.
- En la Torre de Tokio. – Fue la respuesta corta y simple que dio a la pregunta, la cual al parecer la chica de ojos violetas no pareció entender.
- ¿La Torre de Tokio?...
Ya en la tarde, el cielo nublado ahora fue acompañado por el resonar de los relámpagos y el resplandor perdido entre las nubes. Ahora era más evidente que la lluvia terminaría por caer dentro de poco, como se había esperado todo ese tiempo.
Como lo había prometido, después de la práctica de esgrima, Mikki había acudido al Dormitorio D-3 con Sakura. En su habitación del segundo piso se encontraban tres personas: Sakura, Mikki y también Kero, que para variar se entretenía con los videojuegos de Mikki e intentaba no ponerle el menor caso a la presencia del chico de azul en el cuarto. Era más que evidente la nueva actitud que Kerberos había tomado.
Mikki y Sakura estaban sentados en la mesa baja del cuarto, cada uno en un extremo separado de la distancia corta de la misma. Mikki sostenía la flauta con ambas manos, al tiempo que comenzaba a darle algunas explicaciones a la joven castaña.
- En los instrumento de cuerda como la guitarra, o también en los teclados como el Piano, el movimiento primordial es el de las manos, que es el que crea el ritmo. – Explica el joven Kaoru con cuidado. – En los instrumentos de aire como la flauta también se usan las manos como puedes ver. – Al tiempo que decía estas palabras, Mikki movía sus dedos por los agujeros del cuerpo de la flauta. – Sin embargo, el punto primordial de estos instrumentos se encuentra en el esfuerzo que haces con tu boca y tu propio aire.
Mikki alzó la flauta hacía él y acercó la boquilla que estaba en uno de los costados a su boca, haciendo que la flauta quedara a lo largo hacía su derecha. En ese momento comenzó a soplar por la boquilla, y acompañado por unos movimientos lentos de sus dedos comenzó a interpretar una pequeña melodía.
Sakura se quedó sorprendida al ver esto. Era impresionante ver que fuera tan bueno con el piano, y además también pudiera tocar la flauta, y sin olvidar que también practicaba esgrima. ¿Cuántos talentos tendría escondidos? Luego de tocar por unos segundos, Mikki se detuvo y alzó la mirada algo apenado.
- Lo siento, olvidaba que no eras una novata y que ya había tocado la flauta antes. – Comentó el chico con vergüenza al darse cuenta de que estaba diciendo las cosas como si le hablara a una principiante.
- No, descuida. – Dijo la chica con alegría. – Tampoco soy muy experta. Además ya ha pasado tiempo desde la última vez que toque la flauta, así que creo que sería bueno empezar desde el principio.
- Muy bien, como desees. Como sabrás, la respiración es importante para tocar la flauta, así como lo es para la mayoría de los deportes. – Mikki comenzó a ponerse de pie y le indicó a Sakura que también lo hiciera. – Tienes que tener una buena respiración, por eso consideró es bueno comenzar la práctica haciendo unos ejercicios básicos de respiración¿te parece?
- Sí, de acuerdo. – La joven se puso de pie, lista para hacer lo que Mikki le dijera.
Mikki cerró unos momentos los ojos y luego comenzó a alzar lentamente los brazos en forma de círculo, hasta que sus manos se juntaron por encima de su cabeza. Al mismo tiempo, tomaba aire por la nariz. Luego, comenzó a bajar de nuevo los brazos, soltando todo el aire por la boca.
- Inhala por la nariz y exhala por la boca al tiempo que mueves los brazos así. – Le instruyó Mikki luego de realizarlo.
Sakura intentó repetir el movimiento de Mikki con cuidado. Era muy parecido a varios ejercicios de respiración que había hecho en las clases de deportes y en otro tipo de actividades.
- La respiración también es importante en la magia. – Agregó Mikki con elocuencia. – ¿No es así Kerberos-san?
El chico se giró hacía el ser mágico al mismo tiempo que hacía esa pregunta. Kerberos por su parte no pareció agradarle en lo más mínimo que ese sujeto le dirigiera la palabra. No despegó sus ojos de la pantalla de un sólo momento. Sakura estaba apunto de decirle algo por su actitud, pero el guardián se le adelantó.
- Me sorprende que hayas elegido entrar a música. – Comentó el ser mágico, al mismo tiempo que se movía de un lado a otro aplastando los botones del control. – Siempre fuiste una chica muy deportista.
- Eso ya lo sé. – Comentó Sakura, deteniendo el ejercicio por unos momentos. – Pero al escuchar como Mikki y Kotori tocaban el piano… sentí algo que no había sentido en mucho tiempo. Por eso quiero intentar tocar algún instrumento.
- Respira. – Dijo Mikki, pidiéndole de esa manera que continuara.
El chico se sentó de nuevo en el suelo y miraba como Sakura realizaba su ejercicio con cuidado. De un momento a otro, Mikki cruzó sus manos al frente y bajó la mirada. Seguía algo pensativo sobre lo ocurrido en el gimnasio.
- ¿Qué tal tú? – Preguntó la joven en el área, extendiendo su brazo hacía el frente para apuntar a la chica con su espada.
Sakura se sintió intimidad al sentir la punta del arma y los ojos de la capitana señalando hacía ella al mismo tiempo.
- ¿Yo! – Preguntó exaltada. Mikki también compartió esa reacción¿en qué estaba pensando Jury?
- Por supuesto. – Afirmó con cierta burla la chica de ojos profundos y verdes. – ¿O acaso me dirás que nunca has hecho algo como esto?
- ¡Jury-san! – Gritó sobresaltado Mikki al escuchar esas palabras.
La capitana se le quedó contemplando por un largo rato, esperando alguna respuesta. Mikki intentaba decir o hacer algo.
Era más que evidente, al menos para ellos, de lo que Jury hablaba pero a él no le pareció el mejor lugar para hacer ese tipo de comentario. Además, había puesto a Sakura en una situación algo complicada. No quería imaginarse que hubiera pasado si Sakura aceptaba. Por encima de todo, las cosas no se habían puesto muy bien cuando llegó esa otra chica.
- Lamento lo ocurrido en la escuela. – Escuchó de pronto Sakura que Mikki le decía con seriedad. La joven se detuvo para oírlo. – Jury normalmente es una chica muy sensata, pero a veces dice cosas muy soberbias. Además, hay algunas ocasiones donde no puedes anticipar en lo más mínimo que es lo que va a hacer… - Mikki rió divertido ante su propio comentario. – Por eso en ese momento quise evitar que cometiera alguna locura.
- ¿A que te refieres con una locura? – Preguntó extrañada la chica, mientras se sentaba.
- Nada… son sólo cosas. – Comentó el chico, intentando evitar el tema.
La chica lo miró extrañada. Parecía que había algo que le preocupaba, pero no estaba segura de que se trataba. Tal vez con eso de "locura" se referiría al reto que ella le había lanzando enfrente a todos, o talvez a la presencia de la otra chica.
- Oye Mikki… - Comentó la joven de Tomoeda, llamando de nuevo su atención. – ¿Tú conoces a esa chica que apareció en el gimnasio? – Mikki se exaltó un poco al oír la pregunta. Prácticamente la chica le había leído el pensamiento. – Me pareció que ella y la superior se conocían… además¿por qué no usaba el uniforme, creí que sólo el Consejo Estudiantil podía venir con un uniforme diferente.
Mikki dudó un poco contestar la pregunta. No le agradaba la idea de hablar de otras personas, además tenía que ser algo cuidadoso con las cosas que decía.
- Esa chica que estaba hoy en el gimnasio se llama "Takatsuki Shiori". – Contestó con seriedad el chico de Kyoto.
Sakura se sorprendió de golpe al oírlo. Ese nombre pareció rebotar en su cabeza, hasta que vino a su mente. Ese nombre ya lo había visto en alguna parte, pero no estaba segura de donde.
- Supongo que has visto el mural cerca de la cafetería. Fue pintado por ella misma, hace menos de un año.
Sakura recordó de nuevo la mañana de hace algunos días, el día en que conoció a Mikki, y también el día en el que estudiaron ahí en su dormitorio. Recordó que cuando ella, Kotori y Tomoyo caminaban, antes de encontrarse con Mikki, había visto ese mural que parecía una puesta de sol. Sí, ahí había leído ese nombre, "Takatsuki Shiori".
- Ella es una de los tantos genios artísticos que hay en la academia. Su arte es la pintura. – Mikki se detuvo unos momentos antes de continuar. – No estoy muy seguro de cómo estuvieron las cosas entre ella y Jury, pero según tengo entendido ellas dos eran grandes amigas en el pasado. Pero ahora se encuentran distanciadas…
- ¿Y eso porqué?
Mikki de nuevo dudo en seguir hablando. En realidad él no conocía una respuesta concisa a esa pregunta. Él conocía a Jury desde hace poco, un poco más de medio año más o menos. En estos momentos él conocía la situación actual de las dos chicas, pero la verdad era que no sabía nada de su pasado, y menos el porque se separaron, más que puras especulaciones. No era correcto hablar de la vida de las demás personas, en especial si no estabas seguro de lo que iba a decir.
- La verdad es que no lo sé. – Le contestó. – Jury no es la clase de persona que cuenta su pasado a cualquiera. Es una persona con un carácter muy fuerte, aunque creo que eso ya lo notaste. – De pronto, el chico bajó la mirada y sonrió divertido ante sus pensamientos. – Pero si la conoces bien te darás cuenta de que tiene un buen corazón. Claro que a ella no le gusta mucho demostrarlo.
De un momento a otro en el tiempo en el que los chicos hablaban, el juego de Kero terminó, colocando al guardián en la victoria. Aunque hubiera ganado, parecía que no estaba de humor para celebrar en esos momentos. El ser amarillo se elevó lentamente en el aire y comenzó a moverse hacía la puerta del cuarto. Antes de salir, volteó a ver hacía donde se encontraba su dueña y su visita.
- Voy abajo… - Informó con algo de desgano, para luego salir de la habitación.
Sakura seguía molesta por esa actitud que Kero había tomado. Prácticamente había estado con una actitud muy agresiva desde que llegaron a ese lugar, o más bien todo eso había comenzado desde el primer duelo que tuvo. Sakura entendía el hecho de que se preocupara por ella y que no le gustara que se lastimara, pero aún así su nueva forma de ser no dejaba de molestarle.
- Creo que Kerberos se encuentra molesto conmigo. – Comentó Mikki con una sonrisa que aún siendo sonrisa reflejaba cierta seriedad. – Daidouji tampoco parece tratarme de la misma manera últimamente.
- Lo lamento, es mi culpa. – Se disculpó la chica, sabiendo muy bien a que se debía todo eso.
- Están enojados conmigo por lo que hice¿verdad? Descuida, me lo merezco…
Sí, Mikki también sabía a que se debía su actitud. En parte estaba arrepentido por haber lastimado a Sakura durante su duelo y haberla puesto peligro. Sin embargo, el chico sabía muy bien que no estaba arrepentido de haberla retado y de haber tenido ese desafío… en ese aspecto, no había nada de que arrepentirse…
Jury Arisugawa se encontraba caminando por el camino de cemento que llevaba hacía la cafetería de la escuela. Sostenía su maletín de la escuela con la mano derecha, mientras de su hombro izquierdo colgaba la maleta deportiva en donde traía sus cosas del club de esgrima, como su traje y su espada de entrenamiento. Normalmente los miembros del club dejaban ese tipo de cosas en los casilleros de los vestidores, pero la capitana acostumbraba entrenar incluso afuera de la escuela, en la Mansión de la Rosa donde residían los miembros del Consejo Estudiantil.
En su trayecto, sus ojos se encontraron con la pared que estaba a un lado de la cafetería, donde reposaba aquella pintura desde hace ya un año o talvez un poco menos. La joven se detuvo y contempló la pintura por unos instantes. "El Atardecer de los Milagros" era el título que su autora había usado para su mural, ella lo conocía incluso antes de que estuviera pintado en esa escuela. Todos los que la veían lograban ver el lago, los árboles, el atardecer, las aves, las figuras que comprendían la obra. Sin embargo, por su parte, Jury era capaz de ver en esa pintura cosas que los demás no lograban apreciar. Era prácticamente imposible para ella el no hacerlo…
Estando en el estudio de su amigo, la joven de trece años posó sus ojos sobre un dibujo que estaba colocado sobre algunos libros en una mesa. El dibujo estaba en una hoja blanca, y consistía en un atardecer que se veía desde la orilla del lago a la que ellas llamaban "El Lago de Cristal". De seguro se trataba del dibujo que la había visto hacer el otro día, pero no tenía idea en ese momento de que iba a ser un regalo. Con letra cursiva en una esquina estaba escrito: "de Shiori para Ruka".
- ¿Estás viendo el dibujo que Shiori? – Escuchó la joven que la voz del dueño del estudio pronunciaba al tiempo que entraba a en la habitación con un par de libros bajo su brazo derecho.
El chico era unos dos años mayor que ella, a simple vista de complexión delgada, aunque sus hombros eran algo anchos. Su cabello era corto y de un color azul oscuro, así como sus ojos. Vestía una desalineada camisa blanca y unos pantalones negros. La joven lo volteó a ver con cuidado, y se olvidó del dibujo.
- No es el mejor lugar para guardar algo como esto. – Comentó la joven de cabellos anaranjados, casi como regaño.
- Lo sé. – Contestó él con una sonrisa inocente. – Pero en estos momentos estoy arreglando el estudio. Como puedes ver está algo desordenado.
La verdad era muy extraño ver arreglado ese lugar. El estudio no era muy grande, o al menos todas las cosas que en él había lo hacían parecer pequeño. Sólo había una ventana, ubicada en la pared contraria a la puerta, pero siempre estaba tapada por las cortinas. Había dos libreros grandes y uno pequeño colocado a lado de la puerta, y los tres casi siempre estaban llenos por completo de libros de diferentes portadas y colores, e incluso diferentes idiomas, pero en esos momentos los libros estaban dispersos en varios puntos del cuarto. Había un escritorio de madera con una silla de tapiz rojizo, y una mesa que aparentemente era de centro al igual que dos sillones para una persona, aunque en esos momentos la mesa y los sillones estaban llenos de libros.
- A ti también te regaló uno hace poco¿o no? – Le preguntó el joven mientras se sentaba en la silla de su escritorio.
- Sí, uno de mí pero en versión historieta. – Contestó la chica. – Dice que sería un personaje perfecto para un manga.
El chico rió un poco al escuchar esas palabras.
- Shiori parece admirarte mucho Jury. – Comentó Ruka desde su asiento.
- Supongo, pero no entiendo aún el porque. – La joven se giró de nuevo hacía el dibujo del paisaje y lo alzó con sus manos para verlo más de cerca. – Ella cree que puedo hacer milagros.
- ¿Y no es así?
- ¿Tú también Ruka? – Le chica lo volteó a ver por encima de su hombro con una cara de enojo.
- Perdóname. Pero ya te había dicho en el pasado que tú no eras una chica normal¿lo recuerdas?
- Tú y Shiori tampoco son normales. – Comentó, volviéndose al dibujo. – Esta ciudad no es normal… ya no veo nada de raro en todo eso.
- No me refería precisamente a eso. – El chico abrió uno de los libros que traía y acercó hacía él una libreta en la que comenzó a hacer algunas anotaciones. – Lo creas o no, tú posees algo especial que Shiori ha estado buscando desde hace mucho tiempo.
Jury se quedó confundida al escuchar esas palabras. Jamás había comprendido que era lo que Ruka quería decir con ellas…
Mientras admiraba el mural, Jury no pudo evitar recordar esa escena del pasado. Una vez que su recuerdo acabó, la joven desvió su cabeza hacía lado y bajo la vista con cuidado.
- ¿Algo especial? – Mencionó en voz baja con algo de desgano. – Cómo no…
- ¿Jury? – Exclamó una voz a sus espaldas. La joven reaccionó de golpe, girándose lo más rápido que pudo.
Detrás de ella, sus ojos divisaron al Delegado del Consejo Estudiantil, cubierto por un amplio paraguas rojizo sobre su cabeza, mientras que en su otra mano sostenía su mochila. Sujeto a la mochila se encontraba otra sobrilla, pero ésta era de color blanco. El presidente se le acercó con cuidado y alzó su mano derecha al frente, mostrándole la sombrilla extra.
- ¿No te parece que va a llover dentro de poco? – Preguntó el chico de ojos azules con una sonrisa, al tiempo que se comenzaban a apreciar como unas delicadas gotas empezaban a caer.
Jury admiró la sombrilla unos segundos y luego extendió su mano izquierda hacía el frente para tomarla.
- Gracias Touga. – Agradeció la capitana del club de esgrima, más por obligación que por gusto.
La lluvia se soltó de golpe azotando la ciudad. No era muy fuerte, pero lo suficiente para que la gente necesitara refugiarse de ella. Touga y Jury caminaban justo hacía la salida de la escuela, refugiándose cada uno en su respectiva sombrilla.
- Escuché lo que pasó en el gimnasio. – Comentó el presidente abriendo de esa manera la plática.
- ¿Era verdad eso de que tenías contactos por toda la escuela? – Cuestionó no muy convencida la capitana.
- Digamos que no fue del todo una exageración. – Rió Touga ante su propio comentario. – Pero también se enteró nuestro "querido" presidente.
- Me sorprende. ¿Aún faltando a clases se entera de todo?
- Dice que no es sensato tener un conflicto con las Rosas Negras en estos momentos. Los Duelos por la Doncella de Blanco están empezando y tenemos que estar alerta. También supe que casi retas a la Nueva Rosa en esgrima.
- No veo porque eso debería de interesarles.
- La herida que recibió de Mikki aún no está del todo curada, o al menos eso informó él.
- Lo supuse, se veía algo profunda. Pero esa no es excusa…
Touga miró de reojo a su compañera del consejo. Su mirada estaba centrada al frente, firme y segura como siempre. Touga sonrió con malicia después de un rato y giró de nuevo su mirada en el camino.
- ¿Acaso quieres retar a la chica a un duelo de verdad? – Le preguntó con sarcasmo, pero Jury no pareció mutarse.
- Derrotó a Mikki, pero esa victoria no fue del todo justa, y tú lo sabes. – Comentó con seriedad la capitana.
- Todos perdemos a causa de nuestras debilidades. No creo que la Nueva Rosa haya querido aprovecharse de las de nuestro compañero.
- Sea como sea, lo estoy considerando.
Tal y como lo esperaba. Después de todo ella misma había comentado algo parecido en el momento en el que veían el duelo de Mikki. Hasta el momento no tenían nada conciso con respecto a los poderes que esta chica podía desencadenar durante los duelos, pero Touga no dejaba de tener curiosidad de saber que era lo que sucedería cuando esos poderes chocaran contra los de su compañera. Jury era sin lugar a duda uno de los mejores duelistas, sobre todo en su velocidad. Sería interesante ver como se enfrentaba a esta nueva rosa.
- ¿Y como te sentiste de ver al Príncipe de Negro otra vez? – Comentó con cierto humor el chico de cabellos rojizos, volteando al frente. Jury pareció reaccionar con la pregunta y se paró en seco. – Te encontrabas de pie frente a su mural. Sólo vas a verlo cuando piensas en ella…
- No sé de que estás hablando. – Le contestó la joven con dureza. – ¿Acaso ustedes dos me están espiando?
- No te pongas así. – El delegado rió divertido ante esa reacción por parte de la esgrimita. – Lo creas o no, hay detalles más importantes que han llamado nuestra atención. Hasta ahora ninguna de las cuatro Rosas Negras que hay en la Academia ha intentado retar a la Nueva Rosa, a pesar de que de seguro recibieron la carta anunciando el inicio de los Duelos por la Doncella de Blanco.
- Tal vez esperen a ver como nos va a nosotros. – Mencionó la joven, reanudando su marcha. – Tal vez le tengan miedo sólo porque venció a Sainoji y a Mikki.
- No creo que "miedo" sea la palabra. – Respondió Touga, caminando a su lado. – Otro tema importante es que según parece la última Rosa Blanca está a punto de florecer.
Los ojos de Jury se abrieron por completo al escuchar esa afirmación.
- ¿Te refieres a…!
El joven afirmó con la cabeza lentamente.
- Si deseas retar a la chica será mejor que sea pronto…
Mikki se había retirado tiempo después de que la lluvia empezó. A pesar de que Sakura le pidió que esperara a que ésta se calmara, el chico insistió en irse, ya que al parecer tenía otras cosas que hacer que no había anticipado en un principio. Alguien le había hablado a su celular como la otra noche, y eso hizo que se retirara.
La joven de Tomoeda ahora se encontraba sola en su habitación. Kotori iba a salir a comprar algunos víveres a la tienda y Sakura se había ofrecido a acompañarla, especialmente por la lluvia que caía. Para protegerse, la castaña se estaba colocando un impermeable blanco que se había comprado hace algunos meses para la época de lluvia. Además por supuesto, tendría que recurrir a una sombrilla para proteger su cabeza. Intentaba arreglarse rápido para no hacer esperar mucho a su compañera.
En ese momento, la pequeña figura de Kero penetra en el interior de la habitación, manteniéndose elevado.
- ¿Ya se fue ese sujeto? – Preguntó con desganó el guardián.
- Se llama "Mikki". – Contestó disgustada su dueña, al tiempo que se arreglaba un poco el cabello. – Y no me agrada que te portes tan grosero con él, en especial después de que te prestó sus juegos.
- No tiene nada que ver una cosa con la otra. Además, yo no se los pedí, él los ofreció.
- Pues no sé porque dices que te cae tan mal… la noche después del duelo estabas muy a gusto jugando con él en cuanto me desperté.
- ¡Eso no significa nada! – Gritó el guardián con enfado, y luego se giró hacía el lado contrario. – También jugué una vez con Spi, pero eso no quiere decir que me caía bien.
- ¿Spi? – Sakura dejó el cepillo en su lugar y se quedó algo seria al escuchar ese nombre.
"Spi" era la forma con la que algunos llamaban a Spinelsun, uno de los guardianes que acompañaba a Eriol Hirakizawa, la reencarnación del antiguo Mago Clow. Lo había conocido cuando estaban en quinto grado de primaria. Él llegó a Japón después de las vacaciones de verano, aparentemente como cualquier alumno normal. Luego descubriría que no era del todo normal, pues ese chico tan misterioso resultó ser la reencarnación de Clow, el hechicero que creo las cartas mágicas que ella misma había atrapado.
Era extraño que una vez más esa persona viniera a su mente. De hecho había pensado en él hace algunas horas, recordando que él había sido la persona que le enseñó aquella melodía, la única que ha tocado en el piano. Eriol le había causado varios problemas en aquel tiempo, todo con la intención de que se presionara así misma y cambiara todas las cartas a su nombre. Sin embargo, al final de cuentas, el chico originario de Inglaterra se transformó en un gran amigo para la castaña. Aún recordaba los consejos y las cosas que el chico había compartido con ella. Le había sido de mucha ayuda en varias ocasiones. Era algo extraño en su forma de ser, pero era una buena persona. No había tenido noticias de él en mucho tiempo. ¿Qué habrá sido del chico?
- Oye Sakura¿me estás escuchando? – Le pregunta con insistencia el guardián Kerberos al notar a su ama con la mirada perdida en el aire y la atención en otra cosa.
- ¿He? – Preguntó desorientada al volver a la realidad. Kero simplemente suspiró.
- No tienes remedio Sakurita. – Se dijo así mismo mientras bajaba la mirada y se volteaba hacía otro lado. – Al menos el tal Mikki es algo amable y te ayuda con tus estudios y demás… Pero si volviera a ver al patán ese de cabello verde… - Una gran vena de enojo adornó la cabeza redonda del guardián y sus ojos se marcaron con furia. – ¡Te juró que se arrepentiría mil veces por lo que te hizo!
Las palabras del capitán del equipo de kendo fueron interrumpidas de golpe por un fuerte estornudo que casi lo sacudió de su asiento.
- Salud. – Exclamó el Presidente Touga, mientras seguía conduciendo.
Touga y Sainoji se encontraban a bordo del convertible rojo del presidente, dirigiéndose hacía la Mansión de la Rosa. El dueño del carro iba en el asiento del piloto, mientras que su compañero estaba a su lado en el del copiloto. Normalmente Sainoji no aceptaría viajar en el carro del Delegado tan fácil, pero las condiciones del clima no le dejaban muchas opciones. Por la misma razón, la capota del auto estaba extendida sobre ellos.
- ¡Esta maldita lluvia! – Maldijo el chico de cabellos verdosos con rabia. – Voy a terminar resfriándome, y todo por tus reuniones.
- No te quejes. Casi nunca asistes, y no es mi culpa que esté lloviendo el día en que decides maravillarnos con tu presencia. – Comentó el presidente con burla.
- Muy gracioso.
El capitán alzó su mirada hacía el parabrisas. Los limpiados del auto se movían de un lado a otro, limpiando el vidrio para que el conductor pudiera ver a la perfección el camino por el que transitaba. Sainoji aguardó un poco antes de retomar de nuevo lo que estaba diciendo hace unos momentos.
- En todo caso, aunque la chiquilla haya vencido a Mikki, Jury no es alguien fácil. De seguro tras haber visto mi duelo y el de Mikki, ya tiene en su mente una o dos formas de acabar con ella rápidamente.
- Y no podemos olvidar que a diferencia de Mikki, Jury no es exactamente la persona más amable dentro de las Rosas Blancas… bueno, a excepción de ti amigo.
- Lo tomaré como algo bueno viniendo de ti. – Sainoji sonrió satisfecho, mientras seguía viendo hacía el frente. – Quiero ver ese duelo…
El automóvil rojizo continuó por su camino, abriéndose paso por las gotas de agua que caían sobre él…
Como estaba planeado, Sakura y Kotori habían ido a comprar algunos víveres a pesar de la lluvia. La tienda donde normalmente compraban los alimentos era en un pequeño mini súper que se encontraba cerca de la Academia. Era frecuentado en varias ocasiones por algunos alumnos de Othori en busca de algo para calmar su hambre. Pero también vendían las cosas esenciales, como verduras y demás alimentos.
Kotori se encontraba revisando los productos de la sección de verduras, intentando escoger los mejores. La joven también se encontraba abrigada a causa de la lluvia.
- Veamos… - Decía en voz baja la Doncella, mientras revisaba con cuidado cada uno de los alimentos. – ¿qué necesitaré para preparar la cena?
- ¿Te falta algo más Kotori? – Le preguntó su acompañante, que cargaba en su brazo derecho la canasta con los víveres. Hasta entonces sólo llevaban un par de latas, un cartón de huevos y leche.
Kotori parecía ser muy minuciosa en todo lo que hacía, y escoger la comida que comprar no era la excepción. Alzó su mirada un poco, meditando al respecto.
- Señorita Sakura¿no le gustaría comer una lasaña? – Le preguntó la joven de ojos castaños, girándose hacía ella con una sonrisa.
- ¿Lasaña¿no es algo complicada de preparar?
- No mucho. Tal vez la prepare mañana, después de todo es sábado. Enseguida vuelvo.
Kotori caminó apresurada hacía otro lado de la tienda. Mientras la veía alejarse, Sakura sonrió para si misma. Se había dado cuenta de que prácticamente ya se había acostumbrado a la forma de ser de Kotori. Ya había pasado medio mes o tal vez más desde que se conocieron y comenzaron a compartir su habitación. Aunque al principio la joven de Tomoeda se confundía por la actitud de la chica Monou, actualmente convivían muy bien. Nunca pensó que al venir a esa ciudad se haría de una nueva "amiga".
Amigos… una palabra que le traía muchas alegrías y a la vez muchos recuerdos tristes. No había pasado mucho tiempo desde esa época en la que la joven había sufrido tanta desesperación y soledad, misma que incluso había dejado algunas marcas en ella. Prefería no recordar ese entonces. Ahora tenía que pensar en otras cosas. No tenía sentido pensar en las cosas tristes de otro tiempo.
Las puertas electrónicas de la entrada principal se abren en cuanto una persona intenta entrar en el establecimiento. Sakura no le pone atención, y ni siquiera voltea a ver al principio.
- ¡Senpai! – Exclama la joven que se encontraba en el mostrador. Esto llamó de pronto la atención de la joven de ojos verdes. – ¡Qué sorpresa!
- Ni tanto. – Dijo la voz de la persona recién llegada. La voz le pareció familiar al instante. – Sólo vine a comprar un bocadillo.
La hechicera se giró lentamente hacía la entrada. La persona parada frente a las puertas eléctricas, que se cerraban tras ella, vestía un saco blanco y largo y unos pantalones anaranjados. En cuanto estuvo bajo el techo de la tienda, guardó la sombrilla blanca que traía consigo.
Era de nuevo esa chica de ojos verdes, Arisugawa Jury del club de esgrima. La acababa de ver hace un par de horas, y ahora la veía una vez más.
- Creí que la Escuela le proporcionaba todo a los miembros del Consejo. – Comentó la joven encargada desde el mostrador de la tienda. La joven aún portaba el uniforme de la Academia.
- Así es, pero a veces me apetece comer algo de mi propio dinero. – Comentó la capitana, revisando los estantes. – Además, estando en una casa con puros hombres, no se puede confiar mucho en varios aspectos.
La estudiante rió un poco ante el comentario de la superior.
Los miembros del Consejo Estudiantil se habían reunido todos después de clases, no en el Balcón de la Rosa, sino en el estacionamiento de la Academia junto al auto de Touga. No era una reunión importante ni nada parecido. De hecho sólo habían estado Touga, Jury y Sainoji. Mikki se encontraba en el dormitorio de Sakura, y no tenía caso llamarlo con ese clima. Touga le informaría de lo dicho cuando estuvieran en la Mansión de la Rosa.
No habían hablado de nada en especial. Comentaron el encuentro en el gimnasio, y sobre todo sobre el siguiente duelo… Jury le había entregado su mochila y su maleta deportiva a Touga para que se la llevara en su auto. Ella por su parte tomó la sombrilla blanca que el chico le había prestado y había salido a dar la vuelta.
La capitana buscaba entre los estantes algo como papas fritas o algún otro producto que calmara su antojo. De pronto, percibe de inmediato que alguien la observa. Lentamente alza su vista en dirección a donde se encuentra Sakura. La joven se sobresaltó al sentir la mirada tan seria de la superior, y rápidamente desvió su vista hacía otro lado. Jury la miró largo rato con una expresión severa, pero después de unos segundos adornó su rostro con una sonrisa ligera.
Tomó al azar una bolsa de papas fritas chica y caminó hacía la caja registradora. Sakura miró por encima de su hombro como la chica sacaba un poco de dinero y se lo entregaba a la encargada.
- Aquí tiene Senpai. – Dijo la chica, entregándole su cambio.
- Gracias… - Exclamó la joven de saco blanco, dándose la vuelta hacía la salida.
- ¡Mucha suerte en los exámenes del lunes!
- Igualmente.
La capitana tomó la sombrilla que traía con ella y salió por las puertas eléctricas que se abrían ante ella y se cerraban a sus espaldas.
Sakura había volteado a verla una vez más cuado ésta estaba saliendo. Admiró las puertas cerradas por unos instantes. Esa chica igual que el resto del consejo no era una persona común. La joven de Tomoeda no podía evitar preguntarse que clase de poderes tenía esa persona.
De pronto, Kotori se acercó hacía ella rápidamente.
- Mire señorita Sakura… - Exclamó la joven, mostrándole un pan que traía consigo. – Este pan dulce se parece al joven Kerberos.
Sakura miró el dulce que Kotori traía consigo. Tenía la forma de una cabeza redonda con dos orejas, similar efectivamente a la cabeza de Kero. Una risa ligera se hizo presente en ella al verlo, cambiando casi por completo su estado.
Afuera de la tienda se encontraban dos maquinas de videojuegos donde algunos de los clientes iban a jugar un rato. Las máquinas estaban debajo de un pequeño techo, por lo que no eran tocadas por la lluvia. Era de esperarse que nadie estuviera ahí por el clima, pero sí había alguien, parado frente a la maquina que estaba a la izquierda de la entrada.
Jury se había parado unos momentos a jugar en ella después de salir de la tienda. Sobre el tablero había colocado su bolsa de papas, la cual estaba casi intacta. El juego era uno de peleas, común y corriente como tantos que había visto antes. Dos personajes irreales y hechos virtualmente peleando entre ellos siendo controlados por otro ser "superior". Esa era la manera en la que su antiguo amigo de su ciudad natal describía los videojuegos, como un juego en miniatura para ser Dios. Ella por su parte no se molestaba en analizar tanto ese asunto. De hecho se reía de lo efímero de esa diversión.
Los videojuegos no eran exactamente lo suyo. Siempre había preferido la recreación física. Pero pese a todo, era buena en ello, como en todo lo que hacía. Mikki era mejor que ella obviamente, y de hecho era mejor que el resto de los miembros del Consejo, en especial que Sainoji. Pero ella le ganaba en esgrima, aunque tenía que admitir que dentro del club era el único que realmente podía hacerle frente.
La joven de cabellos anaranjados movía la palanca negra con su mano derecha y su personaje respondía al instante a sus movimientos. Presionaba los botones con la mano contraria y éste golpeaba o daba alguna patada. Después de unos momentos, la barra de vida de su contrario se convirtió en rojo, y el enemigo cayó derrotado. Jury admiró la pantalla por unos instantes sin decir nada.
- ¡Gracias por todo! – Se escuchó que una voz exclamaba muy cerca de la puerta desde el interior de la tienda.
Las puertas electrónicas se abrieron por si solas. Sakura y Kotori salieron, cargando con ellas las bolsas con víveres. En cuanto salían, Sakura observó a la persona frente a la máquina de juegos, quien las volteó a ver de reojo desde su posición. Ella creía que ya se había ido, y se sorprendió de verla ahí todavía.
- El clima no está muy bien como para que dos jovencitas salgan solas a comprar víveres. – Comentó la capitana del club de esgrima, introduciendo su mano al bolsillo de su pantalón.
Kotori no había notado la presencia de la superior hasta que ésta les dirigió la palabra.
- ¡Buenas Tardes superior Jury! – Saludó la Doncella de Blanco con su habitual amabilidad.
El saludo de Kotori no fue contestado de la misma manera. Jury la volteó a ver con indiferencia, mirada que incómodo de inmediato a la castaña y la hizo bajar su cabeza. Sakura percibió esta acción en el instante.
Jury sacó algunas monedas de su bolsillo y pasó a introducirlas en la máquina. Una vez hecho, alzó su vista hacía Sakura, sonriéndole con astucia.
- ¿Quieres jugar un poco? – Le preguntó la capitana a la ojos verdes.
- Yo no soy muy buena par ese tipo de cosas… - Le contestó con timidez la castaña. Jury pareció no hacer el menor caso a esas palabras.
- No te pregunté si eras buena. – Mencionó al tiempo que volvía su atención al juego.
Sakura percibió que esa petición no era del todo una petición. Además al parecer había puesto dinero para que dos jugaran, y no sería bueno ser descortés. No muy convencida, se acercó a la maquina, dejando sus bolsas a un lado.
Jury había elegido ya a su personaje, un hombre de cabellos rubios y un traje al estilo de karate rojo. Sakura ni siquiera conocía el juego, por lo que eligió un personaje cualquiera, y escogió a una chica de cabellos castaños con un traje azul. Una vez elegidos los personajes de cada una comenzó la pelea. Kotori se limitó a observar alejada.
Una foto de cada personaje apareció en la pantalla junto con sus nombres. El escenario de combate parecía ser sobre una construcción larga de piedra sobre unas montañas, que bien podría ser la Muralla China. En cuento el encuentro dio inicio, el personaje de Jury se lanzó en contra del de Sakura sin ningún aviso. La joven castaña tuvo una reacción tardía. La verdad no sabía que tenía que aplastar, pero sabía por supuesto que se tenía que mover con la palanca y que los botones harían que el personaje hiciera algo. A Jury pareció no importarle la situación del oponente y continuó.
- Si no mal recuerdo, tu nombre es "Kinomoto"¿Cierto? – Preguntó la superior sin quitar sus ojos del juego.
- Sí… así es… - Contestó Sakura, intentado evitar los golpes moviendo rápidamente la palanca.
- Me quería disculpar por lo que ocurrió en el gimnasio. Creo que me dejé llevar…
Sakura se extrañó de esa disculpa. No esperaba que se fuera a disculpar, especialmente porque no había hecho en realidad nada.
- Descuide… no fue nada…
- Pero… no puedo evitar decir que me sentí decepcionada… - Mencionó de pronto como si nada.
De nuevo Sakura se confundió. De pronto, su personaje cae al suelo derrotado, sin haber tocado casi nada a su oponente. La joven se sintió apenada.
- Con el botón azul lanzas golpes y con el rojo las patas, puedes saltar moviendo la palanca para arriba. – Le comentó la joven de anaranjado sin apartar la vista de la pantalla. De pronto, pareció que el juego volvió a empezar. – Aún queda el segundo Round.
Como la capitana indicó, el juego reinició para el segundo asalto. Sakura intentó recordar los botones que le había dicho para poder jugar mejor, pero de nuevo Jury comenzó tomando de inmediato la iniciativa.
- Decepcionada pues esperaba ver tus habilidades. – Mencionó Jury mientras jugaba. – Luego de verte vencer a Sainoji y a Mikki, esperaba ver algo "impresionante". Pero no pude… supongo que eso me pasa por impaciente.
Kotori se sobresaltó de golpe al escuchar esas palabras. Sakura por su parte también pareció reaccionar, desviando por completo su atención de la pelea en la pantalla. El personaje de la esgrimita terminó por acabar a su personaje con varios golpes, y de nuevo el combate terminó, indicando la victoria de Jury.
La capitana percibió la reacción de las chicas pero no les puso la menor atención. Rápidamente introdujo su mano de nuevo a su bolsillo para sacar algunas otras monedas.
- Te daré la revancha. – Le mencionó mientras introducía las monedas en la ranura de la máquina.
La superior ni siquiera le había preguntado si deseaba seguir jugando. Sólo introdujo las monedas de nuevo para tener una revancha para el personaje de Sakura. Una vez más los dos se pusieron de pie listos para combatir. Sakura por simple reflejó tomó de nuevo la palanca y acercó su otra mano a los botones.
- ¿Puedo preguntarte algo? – Preguntó Jury mientras jugaba. – ¿Por qué viniste a esta Academia y porque compites en los Duelos? – Sakura se confundió por la pregunta, pero intentó no distraerse en esa ocasión. – Hasta donde sé…. ni siquiera sabes porque portas esa sortija en tu dedo.
La joven intentó no dejar los controles al momento de responder esa pregunta, la cual de hecho no tenía una respuesta clara. De seguro ella lo sabía y por ello le hacía esa pregunta. Lo único que en esos momentos se le ocurría era mencionar el motivo por el que vino a la Academia.
- ¿Por qué lo hago?... Yo quiero averiguar la verdad de algo… - Contestó Sakura no muy segura al respecto.
- ¿La verdad, eso me suena a una excusa… - Mencionó la capitana con severidad. – ¿Cuál es el motivo por el que deseas obtener el Poder para Revolucionar al Mundo?
- ¿Motivo?
Jury guardó silencio unos momentos. Hasta el momento parecía tener ventaja frente al personaje de Sakura, pero a diferencia de la pelea anterior la card captor parece estar haciendo las cosas mucho mejor. De hecho ya le había dado algunos golpes.
- El Poder para Revolucionar al Mundo es el poder que hará todos tus deseos realidad – Comenzó a decir con seriedad sin apartar su vista del juego. Sakura se quedó extrañada ante la afirmación. – hará que lo imaginable se haga realidad, podría incluso destruir al Mundo o crear uno nuevo. Eso es por lo que peleamos. Todos los que peleamos en estos duelos tenemos un sueño que alcanzar, un deseo que queremos hacer realidad con ese poder ¿sabes cual es el tuyo?
- ¿Deseo? – Sakura se vio muy confundida ante todo lo que la capitana acababa de compartir con ella.
El Poder para Revolucionar al mundo, esas palabras que ya le habían mencionado antes en varias ocasiones, ahora le estaban diciendo de que se trataba. Aún así, no terminaba por entenderlo.
Jury pareció notar como la chica parecía completamente ignorante de lo que le decía. De pronto, la joven de anaranjado pareció a sentirse molesta por esa manera de ser.
- Si no sabes que deseas, que es lo que quieres, o que es lo que buscas, no tiene sentido que portes esa sortija y pelees en los duelos como el Príncipe de Blanco… si no sabes que es lo que estás haciendo¡Deberías de haberte arrancado tu rosa en el primer duelo!
Las últimas palabras que la capitana pronunció fueron acompañadas de un cierto tono de disgusto. Esta reacción pareció provocar que por accidente no presionara el botón que quería, y por lo tanto su personaje no hizo lo que ella deseaba. Sakura no notó eso, pero de inmediato hizo que su personaje se lanzara al ataque, atacando al de su contrincante. Dio dos golpes con el mismo botón, y la barra de vida de Jury se puso totalmente roja.
El primer encuentro de la revancha había sido ganado por Sakura. Ni siquiera la propia castaña podía creerlo. Jury apartó sus manos de los controles lentamente, continuando observando la pantalla del juego. Aún quedaba un segundo asalto, pero parecía que Jury ya no tenía las intenciones de seguir jugando.
- ¿Crees en los milagros? – Preguntó de pronto la superior sin razón. De nuevo, la ojos verdes no comprendió el porque de la pregunta. Jury continuó sin esperar una respuesta. – Porqué yo no, y me niego a pensar que la forma en la que derrotaste a Sainoji y a Mikki fue "Milagrosa"… no fue más que suerte.
Sin previo aviso, la joven de cabellos ondulados alzó su mano izquierda y la colocó contra el cristal de la pantalla del juego, abriendo por completo su palma y pegándola a la pantalla. Los ojos de Sakura se posaron sin remedio sobre la sortija del Sello de la Rosa.
- Espero que no tengas nada que hacer esta noche. – Afirmó con sarcasmo. – Te reto a un Duelo por la Doncella de Blanco niñita… y cambio de ello apuesto mi Derecho al Reto.
Sakura se quedó atónita ante esas palabras. Sus ojos verdes contemplaban la mano de la capitana sobre el cristal, y sobre todo la sortija blanca que la adornaba. Jury se mantuvo firme y no le importó la reacción de la receptora de su desafío. Retiró su mano del cristal de la pantalla y se dio la media vuelta. Dejó las papas fritas que había comprado sobre la máquina y sólo tomó su sombrilla.
- Te espero en la Arena… - Afirmó la joven mientras se retiraba, dejando a sus espaldas a la sorprendida joven de ojos verdes.
Kotori se le acercó con cuidado una vez que la capitana se fue. Sakura estaba de pie totalmente silenciosa, con su mirada en la pantalla, como si aún continuara ahí la mano de la capitana. Los dos personajes del juego estaban moviéndose en su lugar, esperando a sus jugadores, mientras el reloj corría, pero ninguno era movido.
- No… no otra vez… - Se dijo en voz baja la joven de Tomoeda después de unos segundos. Lentamente alzó su mano derecha y la colocó en su costado izquierdo, donde se encontraba su herida…
FIN DEL CAPITULO 11
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Sakura: ¡No es posible¿Otro Duelo¿y ahora con esa Joven del Equipo de Esgrima¿Qué voy a hacer, mis heridas aún no se curan…¡Necesito un Milagro!
Jury: Los Milagros no existen… Quiero ver todas tus habilidades. Si logras derrotarme de una manera "Milagrosa", creeré en tu Poder.
Kotori: La Princesa que se transformó en príncipe para hacer los milagros realidad… y el Príncipe que los hará aparecer…
Sakura: No se pierdan el próximo capitulo de "La Rosa Blanca"… ¡El Mundo yo voy a Cambiar!
Capitulo 12: El Nuevo Milagro
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