Capitulo 10

Nanoha se lanzó a sus brazos nada más verla, nadie, ni siquiera ella podía describir lo que significaba volver a estar con Fate-chan, era algo maravilloso, un sueño, un...

-¿Fate-chan?

Ella seguía en su postura normal, no dijo nada, ni siquiera la abrazaba y eso golpeó a Nanoha con tanta fuerza que amenazó con tirarla al suelo y dejarla debil allí.

-¿Que...?

-Vamonos, Clyde.-susurro la Enforcer.

Nanoha miro al hombre al que Fate-chan había hablado, le sonaba mucho pero no lograba saber quien era, aunque en aquel momento no le importaba, ella solo tenía en mente a Fate-chan y lo que ella estaba haciendo.

-Fate-chan, soy Nanoha.-susurro ella.

-Se quien eres, pero la verdad es que no tengo tiempo para ti ahora.-le dijo la rubia.

Touché.

Eso había dolido, mucho más de lo que Nanoha estaba dispuesta ha admitir, pero sabía a lo que se refería, ella no la quería perdonar por lo que había pasado entre ellas, algo que había hecho mucho daño a Fate-chan, ella había hecho daño a Fate-chan.

-Se que estas dolida pero necesito que me escuches.-dijo Nanoha.

Cogió su mano, necesitaba hacerle entender que le regalaba su libertad si era necesario para tenerla de nuevo en sus brazos, lo daría todo, todo.

-Sueltame.-susurro Fate.

-Pero Fate-chan, tienes que oirme...

Fate se soltó de su agarre duramente, sorprendiendo a la instructora que la miraba con incredulidad y sorpresa, la miraba como si no la conociera de nada.

-Fate-chan...

-Clyde, vamos.

-Pero Fate, ella...-le dijo el hombre.

Sin darle tiempo a nada más comenzó a caminar sin rumbo fijo mientras Nanoha la miraba, ahogando su dolor, se lo merecía, se merecía todo el desprecio que ella le pudiera dar, al fin y al cabo, ella había dañado primero.

-Fate-chan, espera, tengo algo para ti.-susurro Nanoha.

Entonces ella se detuvo y Nanoha se acerco apoyando su cabeza contra la espalda de la rubia mientras ponía sus manos delante de ella para que pudiera ver lo que le iba a entregar.

-¿Sir?

-Bardiche...-susurro Fate.

La rubia lo recogió entre sus manos mientras unas gotas caían sobre el dispositivo metalico y lo abrazaba contra su pecho sonriendo.

Por lo menos, no lo perderás todo.

-Gracias, Nanoha.-le dijo Fate.

-Escuchame, por favor.-le dijo Nanoha.

Pero la rubia se separo de ella y siguió andando, dejando a Clyde y Nanoha atrás, dejando un corazón roto con una fuerte determinación detrás.

Te recuperare, Fate-chan, cueste lo que cueste.


No puede ser y lo sabes.

Eso se repetía una y otra vez Fate mientras caminaba en busca de la ayuda que necesitaba, podía sentir a Clyde cerca de ella y Bardiche la iba guiando a traves del camino pero se sentía terriblemente sola.

Su corazón le dolía, mucho más de lo que ella pensaba que podía doler, todo lo que deseaba era volver en sus pasos y abrazar a Nanoha, llenarla de besos y decirle que sería comprensiva con su espacio.

Se estaba muriendo por ella.

-Fate...¿estas bien?

Podía notar la mirada de Clyde sobre ella, preocupada, ella misma estaba preocupada por sus reacciones, por la manera en la que estaba llevando esto.

¿Me estaré quedando sin sentimientos?

-Fate para, estas llorando.-le dijo Clyde.

Y ella se detuvo, llevandose las manos a la cara para notar el líquido que bajaba de sus ojos en cascada sin que ella se hubiera dado cuenta.

Estaba llorando.

-Fate...-susurro Clyde.

-No puedo...-susurro ella entonces.

Entonces cayo de rodillas al suelo, no podía, no debía amarla, pero su corazón no escuchaba a su cabeza, ni al destino, ella amaba a Nanoha con todo lo que tenía y seguramente lo seguiría haciendo hasta el final de sus días.

-Tranquila...

Clyde se arrodillo a su lado y la abrazo intentando mitigar su dolor, pero nada podría evitar que su corazón se rompiera de aquella manera tan cruel, Nanoha y ella no podían estar juntas, no cuando algo más grande que todo lo que tenían se interponía entre ellas.

-La amo, Clyde, con todo mi corazón, pero no puedo tenerla.-sollozo Fate.

-Lo siento, Fate.-susurro Clyde.

Y ella lloró, porque sabía que no había nada que hacer, al final tendría que dejar a Nanoha atrás cuando se fuera y ella debería seguir su camino.

Es mejor así, Testarossa, ella no se entregaría a ti completamente, Nanoha siempre ha sido y siempre será libre y ni tu puedes cambiar eso ni tu destino.

Su mente le gritaba aquella frase, una parte oscura y que ella odiaba le decía que Nanoha no sería suya aunque quisiera, no del todo, al fin y al cabo, amaba demasiado ser libre y ella tenía un destino que cumplir.

-¿Fate?-preguntó Clyde.

Ella se seco las lágrimas antes de sonreir y levantarse del suelo con una resolución, dolía perder a Nanoha por su destino y la libertad de ella, pero debía ser así, por el bien de las dos y de toda la gente que dependía de ellas.

Al final no estabais destinadas a estar juntas, Testarossa.

-Estoy bien, vamos, tenemos mucho que hacer.-dijo la rubia.

-Pero...-empezó Clyde.

-Por favor, Clyde, no quiero hablar de eso ahora.-susurro Fate.

Clyde pareció entenderla porque no dijo nada más, solo agarro su mano y se puso a caminar hacia donde Bardiche les decía.

-Y...¿donde vamos?-preguntó él.

-Vamos a ver a Chrono Harlaow, el Admirante del que te hable.-dijo ella.

Pudo notar como Clyde se detenía lentamente, su respiración se detuvo y noto su mirada recorriendola como si ella le acabara de decir que iban a matar a alguien.

-¿Como?-susurro él.

Fate sonrió, iba a presenciar el encuentro de un padre perdido con su hijo ya adulto, la sola idea hacia que saltara de alegría.

-Que vamos a ver a Chrono Harlaow.-repitió ella.

-No...no puede ser, no puedo hacerlo.-dijo él.

Comenzó a caminar en dirección contraria mientras Fate sonreía y lo agarraba por el cuello de la camisa, arrastrandolo hacia donde debían ir.

-No te vas a escapar de conocer a tu hijo.-dijo ella.

-Él...él no debe ni acordarse, no debe saber...-tartamudeo Clyde.

-Eso ya lo veremos.-dijo Fate.

Y sin más, se lo llevo hacia la ciudad notando como ya la energía de Nanoha había desaparecido del entorno, probablemente, habría vuelto a casa y su sonrisa se borró de su cara.

Perdoname, Nanoha.


Chrono Harlaow se sentaba en su cama revisando los papeles de la útlima misión que su equipo habia tenido al norte de la ciudad, algo sobre unos ciborgs atacando una ciudad de la Tierra que lo estaba llevando loco.

-Ah...me estoy haciendo viejo.-susurro.

Miro otra vez los papeles, planes de ataque a Mid-Childa, a la Tierra, todo era un complot que, por suerte, pudieron evitar a tiempo.

Por lo menos no tenía que arrepentirse de no llegar a tiempo, otra vez.

Como con Fate.

Entonces sintió un poder fuera de lo común llegar a su casa, un poder que hacía exactamente dos años y seis meses que no sentía y otro poder...

-No puede ser...-susurro.

El otro poder llevaba años, muchos años sin sentirlo y estaba tan lleno de añoranza y miedo que hicieron que su corazón se encogiera.


Fate suspiro, no sabiendo muy bien como enfrentar la situación mientras que Clyde intentaba huir de ella y del encuentro como si fuera una plaga de langostas.

-No puedes escapar eternamente.-dijo la rubia.

-Si puedo, ¿quien dijo que no?-contesto él.

-Bueno, tu querías volver, ahora acepta esto.-le dijo ella.

-Pero Fate, es mi...

Y entonces la puerta se abrió de golpe, Fate pudo sentir que todo se congelaba en el sitio, Clyde, ella misma y la persona que estaban buscando...

Chrono.

-¿Chrono?-pregunto ella.

-Chrono...-susurro Clyde.

Y el joven se quedo allí mismo, mirando como si estuviera viendo fantasmas, deseando que aquello fuera real y no el maldito sueño que tantas noches había tenido.

-¿Papa? ¿Fate?-preguntó incredulo.

Los dos aludidos se quedaron allí mirando antes de sonreir abiertamente y esperar la reacción del joven.

Hasta que Chrono se desmayo.