Título: La mascota Capítulo 11


El día D, de Despedida, de solteras

La sheriff había peleado durante toda la semana para no tener que celebrar esa fiesta, recalcando que si sucedía nada de boys ni cosas raras; al final la convencieron.

-¿Dónde quieres ir?, -preguntó Ruby maquinando algo.

-No lo sé, ¿un pub?

-¿Quieres hacer algo más original?

-¿En qué estás pensado Ruby?

Bella se aproximó a la barra del Granni´s, Ruby había retomado su puesto y le hablaba con los codos apoyados en la barra, desde el otro lado.

-Hablo de ir al bosque-, le respondió la camarera, Bella la miró curiosa.

-¿Al bosque?-, preguntó.

-Sí, llevarnos alcohol, música, juegos, y mirar a la luna como lobas-, aclaró.

-Sería una despedida muy original, además, tenemos el lago-, sugirió Bella.

-Y podríamos bañarnos desnudas y…

-Ruuuby…-, Emma la detuvo.

Sábado, atardecer en el bosque.

Eran pasadas las ocho y las amigas de Emma hicieron acto de presencia, Ruby con leggies y camiseta veraniega, Bella más sobria, vestido negro, Margaret, que venía en el escarabajo con Emma ataviada con pantalones elegantes y chaleco de punto y su hija y protagonista de la noche llevaba un vestido ceñido de palabra de honor donde se veía un bikini blanco atado al cuello.

Emma había estado dudando en invitar a Mary Margaret o no a la despedida, a fin de cuentas, era su madre, pero que tuviese su misma edad y más inocencia que ella la hacía tomar como una amiga más.

Ya estaban todas, bueno, todas menos…

-¿Y Regina?-, preguntó Emma mirando hacia el camino de arena por donde habían llegado esperando ver el Mercedes de la alcaldesa.

-Me dijo que intentaría pasarse un rato-, dijo Ruby.

-Ah-, la decepción en los ojos de Emma llegó a los de su madre y ésta recordó lo que le contó su marido, las miradas son el espejo del alma.

Tomada la primera copa estaban viendo el sol terminar de caer entre los frondosos pinos, Emma recordó que hacía unos días ella estaba en ese mismo bosque, a unos kilómetros, observando a Regina y Becca reviviendo un tejo,… y luego vino el beso. A veces deseaba que sí, que estuvieran juntas esa dríade y Regina, así no podría excusarse en anular la boda y salir de esa relación que no la terminaba de llenar, pero sabía que de eso suceder, verlas juntas, algo en su interior se rompería, tenía que reconocerlo, y por primera vez lo admitía para sí misma, la quería, y no sólo como amiga o como familia, sino como algo más especial.

La brisa cálida, el cielo despejado y anaranjado con tintes azul oscuro, hielo de sobra y un lago precioso, era todo idílico a pesar de apenas estar oscureciéndose el bosque. Las chicas habían hecho una hoguera y llevaban farolillos que decoraban y de paso iluminaban alrededor de ellas, colgados de las ramas de los árboles más bajos.

Nuevo brindis por la futura esposa y sonrisa simulada de la rubia, estaba feliz por tenerlas, pero le faltaba alguien ahí.

Ruby se había quitado la camiseta e iba en bikini por ahí -va siendo hora de darse un baño, ¿no?-, dijo más alegre de lo normal.

-Hay que vigilarla, que Ruby borracha comete locuras-, avisó Margaret aun con el vaso de tubo medio lleno, no solía beber alcohol pero esa noche estaba haciendo una excepción.

Un ruido se oyó a unos metros, parecía madera crujir, -shhh-, mandó guardar silencio la loba. Un nuevo sonido pero éste más cercano, -¡esperad!-, dijo guiñando los ojos y alzando la nariz.

Silencio.

-Solo huelo a hoguera-, se rió y le entró hipo. Todas se rieron y de repente un meloncillo salió de los arbustos y cruzó frente a ellas asustándolas como si en una película de terror estuvieran, a Belle se le derramó la bebida y a Ruby se le pasó el hipo.

-Era un meloncillo-, Bella se rió. –Estás perdiendo tus facultades Ruby-, se metió con ella, la camarera gruñó y sonrió después.

Emma fue a por hielo a la nevera que estaba a los pies de un pino y al abrir la tapa Regina salió desde atrás del árbol -¡bú!.

La rubia dio un brinco hacia atrás con el que a nada estuvo de acabar en el suelo y la morena se rió, -¡Que susto Regina!-, dijo Emma con su mano en el corazón.

La morena saludó a las chicas con la mano y se apoyó en el árbol -Lo siento Emma, mi Mercedes no está para este tipo de caminos, lo dejé aparcado unos metros más arriba y vine andando-, le guiñó un ojo. Emma sonrió y comenzó a recoger cubitos de hielo. La morena pasó por su lado para ir hacia donde las chicas y entonces ella se fijó en que llevaba un vestido rojo con parte de la espalda descubierta y nada debajo.

-¿Cómo lo estáis pasando?

Emma regresó con hielo en varios vasos y le preguntó a Regina qué quería de beber, -lo que tú quieras.

La dejó confusa, -Lo que yo quiera-, se repitió.

Altiva cogió una botella de whisky y comenzó a rellenar un vaso de tubo, un centímetro, dos, medio vaso, -no te pases-, la frenó. Emma sonrió divertida, -dijiste lo que yo quisiera.

-Pero no cuánto-, la alcaldesa se acercó a ella y le quitó el vaso de las manos rozando sus dedos, los notó cálidos.

Pasó media hora y a Margaret ya se le cerraban los ojos, -mamá, ¿estás bien?, ¿quieres que te lleve a casa?.

Margaret abrió los ojos como si el mismo sol hubiese bajado a la tierra y se le hubiese plantado en enfrente, su voz sonaba adormecida, -no te preocupes cariño, no quiero cortarte la fiesta, voy a acostarme en el coche.

-Pero m…

Para entonces su madre ya había puesto el piloto automático al coche, sacado una manta del maletero y abierto la puerta de atrás.

-Pues bien-, Emma apretó los labios inquieta.

-No te preocupes, yo la vigilaré-, le dijo Regina desde el otro lado de la hoguera.

La rubia le sonrió, pudo verle esos ojos marrones con reflejos de llamas ardientes y le pareció la mujer más misteriosa que había conocido.

Ruby había apurado su tercera copa y con una leve dificultad para pronunciar las erres volvió a sugerir lo del baño a lo que Bella la acompañó enseguida, -sí, por favor, necesito flotar en el agua y que me lleve la corriente.

-No seas dramática amiga-, le dijo la loba, aunque claro está, Bella también había bebido, a unos les da por ponerse cariñosos, y a otros por deprimirse.

Una vez en el agua salpicaron a Emma entre risas incitándola a unirse a ellas. La rubia se empezó a subir el vestido justo frente a Regina, ésta, no sabía por qué, o sí, desvió su mirada y se acercó a la orilla a tocar el agua. Giró el cuello lo justo para ver a Emma alejarse hacia la izquierda donde había como una bajada más prominente y se tiró haciendo una bomba. La vio salir a la superficie con sus largos cabellos mojados y aun tenía en su retina ese bikini blanco y esa piel que imaginó sería tersa y suave, y olería a flores silvestres. Pero también tenía la imagen de su trasero que se contoneaba al andar… "¿Otra vez?", se riñó.

-Vamos Regina, no seas una estirada, tírate al agua-, insistió la morena de largos cabellos y labios rojos.

-No me he traído bikini para tu información-, contestó la alcaldesa arisca, -no sabía que pensabais hacer una pool party o como se diga, -les dijo con los brazos en jarra.

Ruby alzó los brazos, ya con medio cuerpo fuera del agua y todas la miraron.

-No será una despedida de soltera si no hay un striptease-, sugirió picarona.

-¿Qué?, no me voy a desnudar para ti lobita.

Emma miró a Regina con medio rostro hundido en el agua, sus cabellos flotaban alrededor suya y eran iluminados por la hoguera y los farolillos. "¿Y para mí?", pensó.

Rendida, Ruby se sumergió en el agua y al salir comenzó a salpicar a Bella entre risas, era como dos niñas chicas.

Emma observó a la morena apoyada en el capó de uno de los coches bebiendo sola, salió del agua y la morena la miró de arriba a abajo.

La rubia se agachó a coger una de las toallas y se rodeó el cuerpo con ella, se aproximó a Regina y colocó su aun húmeda mano en su brazo –vamos Regina, hazlo por mí-, le dijo mirándola a los ojos con gesto infantil, -vamos, es nues…, es mi noche-, la misma Emma frunció el ceño por lo que casi decía.

Regina podía ver el rubor de sus mejillas, pero era más por el alcohol que por su frase, o eso pensaba.

-De acuerdo-, dijo con voz cercana, -pero…-, se miró el vestido, era ajustado por arriba y vaporo por debajo.

Emma lo comprendió pero el alcohol que llevaba en vena le quitó importancia –es igual, luego lo secas en la candela-, la agarró del brazo y la llevó hacia la orilla donde ella se había tirado, -ven conmigo-.

Ambas cayeron al agua provocando un tsunami a pequeña escala en la orilla, todas acabaron riéndose. La zona no tenía gran profundidad y donde estaban Ruby y Bella se tocaba el suelo.

-Habéis enfurecido a Poseidón-, dijo Ruby algo ida, el vaivén del agua en su estómago relleno de ron y cocacola le estaba subiendo más la borrachera.

La morena nadó un poco lago adentro. –Regina no te elejes mucho, que ya no se ve nada-, le advirtió Emma. Verla ahí sola engullida en la oscuridad del lago le despertaba terror, "¿y si le pasa algo?", se decidió a seguirla.

Llegó un momento en el que si miraba arriba veía estrellas, si miraba atrás al fondo la hoguera, y si miraba al frente…nada.

-¿Regina?, ¿dónde estás?

No obtuvo respuesta.

-¿Regi…-, algo le rozó la pierna.

Un escalofrío recorrió su cuerpo, ¿y si había un monstruo del lago Ness allí y no lo sabían?

-¡Regina!, ¿me oyes?-, volvió a gritar.

Algo como afilado le rozó la zona d las lumbares y se giró asustada mientras trataba d mantenerse a flote.

Estaba asustada, "¿pero quién le mandaría…"

De repente algo salió a flote justo tras de sí haciéndola gritar y espantar a un ganso que navegaba a pocos metros. –era Regina

La morena se rió a carcajadas.

-¿Eras tú?, ¿has sido tú todo este rato?

La morena volvió a reírse , –si…

-Es decir, tú me has tocado la pierna.

-Aham

-Y la espalda-, quiso comprobar.

-Sí-, se rió.

Emma suspiró, -por Dios, menos mal, pensaba que había un monstruo marino o algo.

-Emma, Emma, aquí el único monstruo marino soy yo-, le salpicó de agua tanto que la hizo toser, se volvió a reír.

La rubia negó con la cabeza, reconocía que a pesar de haber pasado pavor al imaginarse en las fauces de un cocodrilo monstruoso le había gustado ver a esa Regina bromista que desconocía.

-¿Para eso nadaste hasta aquí?-, señaló hacia la hoguera para que viese la distancia a la que estaban.

-Puede...-, sonrió, a pesar de todo ella también había bebido.

-Qué, ¿volvemos?

Ya en la orilla encontraron a Ruby sentada fuera con las piernas dentro del agua y Bella tumbada de costado junto a la hoguera, con actitud más seria.

-¿Ya os habéis cansado de jugar?-, dijo Regina aun en el agua.

-Nos apetecía otra copa-, dijo la mujer de Rumple mostrando una copa llena. Ruby la miró y sacando los pies del agua se sentó junto a ella- ¿quieres hablar?, estás seria por Gold ¿verdad?.

Regina y Emma seguían en el agua una junto a la otra, pero esta vez donde tocaban pie. La morena se recogió el pelo mojado en una cola, Emma se fijó en su escote, sus pezones marcados en el vestido rojo y sintió un calor en su vientre a pesar de haberse levantado una pequeña brisa.

Necesitó alejarse un poco de ella y se fue hacia la parte por donde se tiró, que cubría algo más el agua, y apoyando sus codos fuera del agua y agitando sus piernas cual sirena miró a sus amigas, algo le decía que Regina la estaba mirando en ese momento. Se sentía ruborizada.

Pasó un minuto, -¿estás bien?

Emma no esperó tenerla justo tras de sí y soltando sus brazos sin quererlo se sumergió en el agua.

Al salir a la superficie tenía a la morena justo en frente -¿te encuentras bien?-, le dijo acercándose a ella para tocarle la frente pero Emma nadaba lentamente hacia atrás hasta toparse con tierra.

-Estoy perf…, o no-, se tocó la nuca, -vale, ahora no.

Se le había enredado el cabello en las raíces que asomaban por ese pequeño muro de tierra que le había servido de trampolín antes.

-¿Me hablas en serio?-, la morena se rió por la situación.

-Muy graciosa, pero necesito tu ayuda-, le pidió dándose tirones y viendo que no podía alejarse de las ramitas.

-A ver, déjame.

La morena nadó hasta estar junto a Emma y se asomó, desde el lateral no podía ver bien por el resto de las raíces, tocó la rama problemática pero no tenía buen ángulo ni visibilidad, -no puedo hacer nada desde aquí-, silencio, -dame un momento.

Asomó medio cuerpo fuera del agua dejando a Emma la visión de su trasero bajo aquel vestido, prohibido mirar a la derecha o correría el riesgo de ser tocado. Apretó los puños para impedirlo.

Regina le había pedido uno d los farolillos a Ruby, que no dejó ni un segundo la conversación que mantenía con Bella ni su vaso de tubo.

La morena fue testigo de lo complicado que era iluminar y desenredar a la vez si tenía encima que tratar d mantenerse a flote.

-¿Estás bien Regina?-, preguntó al verla agotada.

-Sí, no te preocupes, solo es que …, si no nado me hundo un poco-, se rió junto a su oído y Emma se ruborizó, -soy más bajita que tú...

La rubia miro a su entorno tratando de pensar una solución y lo que se le vino a la mente era… peligroso.

-¿y si…

Su amiga se separó y se puso frente a ella para atenderla mejor.

-¿Y si…-, repitió Regina, esperando la respuesta.

-Ven.

La rubia la agarró de la cintura y la atrajo hacia si hasta poder tocarle ambas piernas, –rodéame con ellas-, le dijo con la voz seria.

-¿Quieres que me suba a horcajadas?-, aclaro la morena con tono incrédulo pero juguetón, el alcohol de nuevo.

-Si no queda otra…, así evitaré que te ahogues el día de mi despedida de soltera.

"No debí nombrar la palabra despedida", se recriminó Emma, pero al contrario de lo que parecía Regina había omitido eso, y estaba escalando el cuerpo de Emma con cuidado, la rubia se estaba agarrando el cabello con una de sus manos mientras que con la otra sujetaba el farolillo. Daba gracias a su altura y que aunque fuese de puntillas, podía mantenerse en pie.

Sentir cómo sus piernas rodeaban su cuerpo la hizo hiperventilar, "por favor que termine rápido o voy a hacerlo, con ella, aquí, y varias veces", pensó la rubia. Sintió cuánto alcohol llevaba en sangre tras ese pensamiento calenturiento.

Lo disimulaba muy bien, pero a la morena el temblaban las manos, más aun cuando sintió su cuerpo resbalarse y una mano de Emma bloqueó la caída apoyándose en la parte baja de su trasero. Sus brazos rodeaban sus hombros y su pecho tocaba el lugar donde está su corazón, lo notó latir aceleradamente y sonrió. "Si alguna vez fuese mío..."

Peleó contra aquella raíz desenredándole el cabello como si estuviera manejando los cables de una bomba, una tan calurosa como el cuerpo de Emma, su piel era tal y como la había imaginado, tersa y suave, por un momento deseo que se le enredara el pelo de nuevo una y mil veces, "qué cruel", se dijo.

-¡Y lo conseguí!-, dijo echándole todo el pelo por encima de sus hombros tapándole el torso, -mira, ahí los tienes, sanos y salvos, bueno, salvos del todo no-, se rió olvidando que aún seguía a horcajadas d ella.

-Uhmmm que bien, gracias, gracias-, dijo con voz placentera. "Muy mal señorita Swan", pensó la alcaldesa.

Se miraron a los ojos unos segundos, en el fondo ninguna de ellas deseaba salir de aquella nube en la que estaban, ese contacto, ese feeling, era como una energía que unida se hacía más fuerte.

La morena sonrió triste y le acarició el cabello que flotaba frente a ella como desenredándolo, lo peinaba con sus dedos, notando los mechones suaves y rubios deslizarse entre ellos. Era una forma de controlarse y la rubia sintió que estaba entrando en una calle sin salida, no había vuelta atrás, no podía estar tan bien junto a ella, era más sueño que realidad. La morena tenía su batalla interior también, pero cuando vio que Emma se disponía a abandonar ese "momento mágico" entre ellas no quiso dejarlo escapar, la agarró de la barbilla y la besó. A Emma eso le pilló de improvisto pero era algo que deseaba tanto que en lugar de separarse lo siguió. Le correspondió con ansias y deseo y ahora era ella la que estaba a horcajadas en ese cuerpo que le llamaba a gritos. Se saborearon, sus lenguas, sus labios, sintiendo que era lo correcto, que eran ellas dos, todo era especial hasta que la morena entrelazó sus dedos con los de ella y palpó el anillo de prometida.

Casi como le diese alergia se separó de ella recuperando el aliento y con la mirada consternada.

La rubia aun tenía la boca semi abierta, como deseosa haber continuado, sus ojos siguieron la mirada de los de Regina, hacia su mano, el anillo. Fue como si la realidad hubiese llamado a la puerta de un mundo de fantasía para llevarla de vuelta.

-Creo que…, me voy a ir a casa, no me encuentro bien-, dijo Regina saliendo del agua.

Despidiéndose con la mano de Ruby y Bella, omitiendo sus preguntas de ¿por qué te vas?, se marchó camino arriba y sin mirar atrás, con el vestido mojado y los zapatos en la mano, como si fuese el paseo de las penas y la melancolía, martillándose con preguntas de "¿cómo he podido olvidar esto?, ¿el por qué estoy aquí?", llegó a su coche decaída y se puso a llorar sobre el volante.

Continuará!

Chicas, éste has sido más largo porque tardaré un poco en actualizar, por suerte a mi pareja le han dado días de vacaciones porque es fiesta de nuevo xD y podemos estar juntos! ^^ entonces no estoy ni en mi casa, he actualizado ahora y ya la semana que viene continúo, el lunes a ser posible, ok? Buen fin de semana!